VAS A SER MÍO QUIERAS O NO
-3ª parte-
Ahora conviven en el mismo espacio con su pareja, adora tener al omega entre sus brazos... Piensa con cierta ironía. Revira los ojos y resopla. Empecemos de nuevo...
Le quitó los sellos que le puso su padre a Izuna, tal como el azabache pidió y ahora, el Uchiha vuelve a tener su chakra y a estar con sus plenas capacidades asesinas a tope, pero tal como prometió no ha causado ninguna molestia, ni discusión con nadie. Lo cierto es que se comporta muy bien; entrena, pasea por el asentamiento Senju, conviven sin querer matarse. Izuna Uchiha es alguien de palabra, como está demostrando.
Su padre no estuvo nada contento con su decisión ni con que le quitara ese sellado sin consultárselo, a él no le importó lo que su progenitor dijera. Podía odiar a los Uchiha y desear su muerte, y vaya que lo deseaba... Pero ese maldito retaco, era su omega, su pareja, su destinado y tenía una compulsión por hacerlo feliz, protegerlo, proveer por él y sabía, muy en el fondo de su corazón, que se podía confiar en la palabra de Izuna. Quien si estuvo muy, muy, muy contento fue el viejo Shion que pudo recuperar su hogar y se lo agradeció tantas veces que al final soltó un gruñido muy irritado para hacerle callar y que dejara de darle las gracias.
Como iba diciendo, se alegraba de compartir su territorio con su pareja, de tenerle por fin cerca, poderle tocar, tenerle entre sus braz... O bueno, tenía un omega entre sus brazos hace apenas unos minutos atrás.
"¡Uchihas!"
Mientras una exhalación irritada salía de sus fosas nasales.
Y es que el muy capullo de Uchiha se había trasladado a su territorio, pero se negaba a dormir con él.
–Confórmate con esto, Senju. No mereces más... –Le había dicho mientras se apropiaba de uno de los mejores cuartos de su hogar... Así con todo el morro del mundo.
–¡Maldita sea Uchiha! ¡Somos pareja ahora, omega!– Era tan irritante su maldita hembra cabezota.
–Y por eso he aceptado compartir este jodido espacio contigo. No pidas peras al olmo.
Y le había cerrado las puertas correderas en las narices. Las puertas correderas de su casa, pues esa era una habitación dentro de SU casa. ¡Su casa! Apretó los puños y achicó los ojos y decidido avanzó para entrar en ese cuarto robado por el que se suponía era su pareja.
–¡Y no te atrevas a ingresar en mi zona sin mi permiso! O no te irá nada bien, "alfa"– Y esa última palabra se la había soltado con recochineo. Eso si, había aumentado su nivel de chakra como forma de amenaza.
Gruñó mientras golpeaba una pared y la agrietaba. Mejor no seguirle el juego a ese maldito omega, SU maldito omega. Pues terminarían peleando y la que saldría malparada sería su casa, además de darle la razón a su padre en que no tendría que haber "liberado" el poder del azabache.
"Quien ríe último ríe mejor"
La "batalla" contra Izuna tendría que ser a base de paciencia y perseverancia... Torres más altas habían caído e Izuna era alguien más bien pequeñito.
La parte positiva es que podían olerse, no como antes que tenía que acercarse a la expropiada casa de Shion de forma furtiva para intentar captar algo del aroma de su molesta pareja. Y... Y esto era algo que le encantaba, ahora follaban. O lo hacían cuando al jodido retaco ese lo deseaba, claro. Izuna le buscaba o le atraía con su excitante aroma y él, como estúpido alfa hormonado, recién enlazado, que creía en los designios del destino y muy sexual, caía como las abejas en la miel. Y aunque gruñía molesto al ver al prepotente omega satisfecho, con esa sonrisita arrogante adornando sus sensuales labios al verle caer, no podía evitar tener coito con su hembra y menos al sentir su excitación, al olfatear su lujuria y necesidad. El condenado olía tan bien.
En cambio al revés no ocurría, le daba tanta rabia eso. Él también tenía sus necesidades y deseaba colmarlas con su omega, pero el muy diablo no caía, no copulaban cuando él lo quería. Liberaba sus feromonas para llamar a su pareja y, el muy desgraciado se largaba a reír mientras se cubría la nariz antes de salir de donde estuviera para no ser tentado por su aroma de macho excitado. Y tampoco respondía al llamado a través de su lazo... Porque descubrió que su "dulce" omega usaba el lazo a conveniencia, ya fuera "abriendo" o "cerrando" sus vías de contacto entre ellos. Era tan exasperante, tan egoísta de su parte.
Y ahora ahí le tenía, entre sus brazos tras una buena sesión de sexo que el azabache había planeado y él, como todo alfa enlazado, cayendo ante la lujuria del que era su hembra. Pero algo ocurría... Normalmente, y después de que el omega viera que le anudaría todas y cada una de las veces que follaran por mucho que se quejara -que se jodiera ese caprichoso-; Izuna no le estaba permitiendo que le tocara, le notaba molesto, tenso y le golpeaba las manos sin permitirle nada, algo que otras veces había consentido mientras estaban abotonados... Joder era casi el único instante en que ese Uchiha le permitía tocarle a su antojo, en que podía tenerle entre sus brazos y "bañarse" en su perfecto aroma, en que colmaba las necesidades que su alfa sentía hacía su pareja omega. En cambio ahora, le pega cuando le pasa una mano por sus costillas buscando llegar a esos botoncitos rosados que le gustaba tocar.
–¿Que mierda tienes ahora?– Con el omega era un paso hacia delante y dos hacia atrás o hacía los lados. Reviró los ojos. Era tan impredecible ese mocoso.
–Sigo siendo un puto esclavo, creo que al menos tengo derecho a decidir sobre mi maldito cuerpo... Senju.– Masculló en un gruñido buscando más distancia.
–Estate quieto imbécil... Nos vas a dañar.
–El único imbécil aquí eres tu. Te he dicho cientos de veces que no me anudes.
–Es lo que hacen los alfas a sus omegas enlazados, Uchiha.
–Cómo si quisiera estar tan pegado a ti... Y encima durante unos minutos. Suficiente tengo con permitirte que me penetres.
–¿Te tengo que agradecer? Pobre Uchiha que se sacrifica... Cuando a mi me parece que lo disfrutas.
–Te parece... Ahí está el quid de todo.
–¿Entonces me debes llamar y me tientas a hacer estas cosas, cómo beneficencia? Pobre de mi alfa que necesita follar, voy a ofrecerle mi culo...– Imitando la voz del Uchiha.
–Yo no hablo así, inepto.– Le gruñó al alfa mirándole de refilón pues lo tenía a la espalda.
–Es lo que acabas de decir. Que no disfrutas del sexo con tu alfa. ¿Entonces ya me dirás por qué acabas de venir a MI cuarto todo excitado y buscándome sino lo disfrutas?
Solo obtuvo un gruñido del omega y un codazo.
–Que no te muevas, o tendremos que ir con mi hermano a que nos sanen y tú, vas a ser el que le explique porque tienes un desgarro en tu entrada.
E Izuna se estuvo quieto, pareciendo que se calmaba o que al menos lo aceptaba. Escuchó un claro resoplido de exasperación.
–Habla ya... No me seas crío.
–No soy un crío, Senju. No me trates como tal.– Le encara, dentro de las posibilidades que les ofrece la situación, está tan molesto que incluso ha activado su sharingan.
Cierra los ojos al ver el peligroso brillo rojizo.
–¡Ju!– Satisfecho de ver el miedo que causa en el albino.– Idiota... Ya veo como confías en mi... Quizás es por eso que sigo siendo un prisionero en vuestro clan... Dime Senju, ¿Me quitaste el sello sólo para que me creyera que no era un esclavo? ¿Pensaste que así me relajaría y os daría lo que buscáis de mi, tú y tu padre?
–¿Un esclavo dices? ¿Acaso no te quite el sello que te impedía usar tu chakra? Y ya que reclamas sobre confianza, ¿Me vas a decir de una jodida vez quien era ese al que mataste?
Tobirama sabía quien era, lo estuvo investigando y descubrió que ese shinobi que Izuna abatió era un espía de Tajima, pero quería oírselo decir al omega mismo. Además había algo que se le escapaba, ¿Por qué el azabache mató al espía de su clan? ¿Acaso era una estratagema de Tajima para que confiasen en Izuna?
Izuna se quedó callado.
–Quieres que responda tus preguntas, pero tu ignoras las mías, Uchiha. Esto no funciona así...
Largos minutos pasaron hasta que al final el azabache abrió la boca.
–Era... Un espía de mi padre... El muy desgraciado me trajo un mensaje de Tajima, "Permite que la rata albina te preñe y una vez lo estés, le mataremos.". No pienso caer en los juegos de mi progenitor, es mi vida y también es mi cuerpo, yo decido si quiero o no engendrar. Y esa decisión no voy a permitir que me la arrebate nadie, tu tampoco Senju.– Amenazó con un gruñido gutural.
– No pensaba hacerlo, Uchiha. Estoy de acuerdo en eso, es el omega el que tiene que decidir si quiere pasar por ese proceso o no, por mucho que me gustaría tener cachorros contigo.
Le miró de refilón y vio la veracidad de sus palabras, camuflando el asombro de saber que el alfa quería formar una familia a su lado, su omega se emocionó por eso. A la vez sabía que el albino era honorable, no desconfiaba en que se la jugaría para conseguir esos propósitos.
–¿Y el tema de que sigas siendo un esclavo?– Después de todo daba total libertad a Izuna, lo cierto es que se negó rotundamente a que Butsuma le pusiera una sombra, o sea alguien que seguiría a Izuna para que no hiciera algo indebido y que le controlara.
–¿Lo preguntas en serio? Esta claro porque lo digo...– Pero Tobirama le había levantado una ceja, ignorando.– No se me permite salir fuera de las murallas del recinto.
–¿Cómo?– Le había quitado el sello... Ya encontraba extraño que el azabache no saliera del clan. ¿Demasiado bonito que lo hiciera porque deseaba estar cerca de él? Si.
–Tus hombres no me dejan salir. Me dicen que no tengo permiso.– Y aunque había deseado partirles la cara, quemarles o torturarles de la peor de las maneras... Había jurado que no causaría mal a nadie de ese lugar. Él era un shinobi honorable y de palabra, aunque creyesen que era poco más que una cucaracha a la que usar... Que algunos de ese clan creyeran tal cosa, tenía claro que la rata albina que tenía como alfa no pensaba eso de él, tampoco su hermano mayor, ni la omega de ese... Los demás eran otro cantar.
Tobirama cerró los ojos con molestia... Su progenitor. Ese era el culpable.
–Vístete.– Ordenó cuando consiguieron separarse.
–No me seas tan bruto.– Se quejó el Uchiha. Molesto porque se atreviera a ordenarle. Aunque fuera su alfa no iba a tolerar esa actitud, y también por el tirón que sintió al sacar Tobirama su pene de dentro suyo, por mucho que su nudo hubiera bajado su hinchazón.
–Perdone usted, princesita Uchiha, no sabía que fuera tan delicado.– Se burló un poco. Sabía que esa queja era más por ofensa ante un mandato que por el dolor.
Izuna le golpeó, de nuevo, y ofendido le había dado la espalda mientras se vestía. Él hace igual para no iniciar una nueva discusión... ¡Uchihas! Son gatos caprichosos, arrogantes y con un orgullo que llega más allá de la luna.
Le lleva delante de los shinobis que custodian la entrada y llama al líder del escuadrón de vigías. Les ordena que a partir de ahora le dejen salir, que Izuna es libre para entrar y salir del recinto a su antojo.
–Pero es una medida de seguridad que los omegas salgan acompañados, de sus alfas o familia.
–Yo no necesito protección.– Sisea arisco el Uchiha. Han vuelto a tocar su orgullo.– A no ser que lo que queráis es proteger al pobre incauto que intente hacerme algo...
El líder de los vigías mira a Izuna, que a activado su sharingan de forma amenazadora. Una mirada roja que promete dolor, mucho dolor, al pobre imbécil que quiera intentar algo en su contra. Retrocede algo atemorizado... Conoce las "gestas" en combate del pequeño omega Uchiha. Tobirama disimula una sonrisa satisfecha, definitivamente Izuna es el indicado, es el omega que necesitaba... Todo y los problemas que le está causando con su terquedad, está agradecido porque el hado entrelazara su vida con el azabache, aunque sea un miembro del clan al que más odia.
–Ya le has oído. Conoces de lo que es capaz... ¿Seguirás con excusas tontas que no sirven para su situación?– Sabía que Torin había sacado a colación la ley que existía en el clan, que era totalmente inválida para un guerrero como era Uchiha Izuna. Y además le estaba diciendo que sabía que había otro motivo.
–Pero Butsuma ha ordenado...– Y ahí estaba la verdadera razón.
–Butsuma no tiene nada a decir en esto, es mi omega y tomo toda la responsabilidad si algo le sucediera.
–Me ofendes, Senju.– Cruzó sus brazos ante su pecho mientras le observaba. En poco tiempo ya habían atacado su orgullo varias veces. Les tendría que meter en una ilusión por capullos.
Ignoró a Izuna... Era muy fácil herir el orgullo de un Uchiha, así que no le preocupaba. Además, esperaba que su pareja entendiera que estaba confiando mucho en él. Él que siempre había obedecido las enseñanzas y ordenes de su progenitor, y en cambio ahora... Lo que hacía para tener feliz a su omega. Su alfa hinchó el pecho satisfecho en su interior; si su omega era feliz, él era feliz. Así de simples eran los machos... Sentía vergüenza de si mismo.
A su alfa interno no le preocupa confiar en Izuna, es su pareja destinada, su omega... Todo lo anterior al momento donde se unieron no le importa, es el pasado y el pasado no tiene cabida en su unión. Pero su parte racional, aunque también tiene esos sentimientos, pues él y su alfa sean uno; no puede olvidar que los Uchiha causaron muchas muertes entre los Senju, que ambos clanes pelearon a muerte y que, aunque Izuna y él sean pareja, otros miembros de ese clan maldito solo quieren poder y para conseguirlo harían cualquier cosa. Por eso mismo, aunque su omega matara a ese espía de su padre, no puede evitar preguntarse, ¿Y si fue teatro? Una pieza que sacrificaron para que confiara en el omega. No sabía hasta que punto Izuna tenía obediencia hacía su progenitor y líder. Pero todo y saber eso y valorar esta opción... Seguiría confiando en el Uchiha por ser su enlazado, le daría libertad y no le pondría vigilancia... Izuna se merecía el beneficio de la duda, por ahora...
Miró a los vigías y estos asintieron.
–Como usted ordene, Tobirama-sama.
–Podéis seguir con vuestras funciones.– En cuanto los shinobis Senju les dejaron a solas.– Solucionado, Uchiha. Ya puedes salir... Pero quiero que dejes de esconder nuestro lazo, que dejes de "cortar" la conexión entre nosotros y no lo hagas de nuevo.
Izuna gruñó y se cruzó de brazos con terquedad. Él se le plantó con firmeza... No pensaba ceder en eso. Estaba dándole mucha credibilidad al azabache, éste también tenía que tener fe en él.
–Estoy confiando mucho en ti y esto tiene que ir en las dos direcciones.
–Yo también en ti.
Le levantó una ceja, interrogante. No veía donde Izuna confiaba en él.
–Me he trasladado a ese nuevo lugar, mi territorio.
–Tsk.– Le hizo una mueca. Ese territorio del que hablaba el omega era su hogar, aunque le alegraba que su pareja considerara su casa como su nuevo territorio. Eso significaba que se sentía muy a gusto allí. -Sigue...
–Te dejo tener sexo conmigo.
Sino fuera alguien serio y, creyera que el Uchiha le estaba bromeando, se reiría.
–Como si tu no lo disfrutaras...
Un nuevo golpe a su estómago le hizo soltar un suspiro adolorido. El muy canijo pegaba fuerte.
–Joder omega, deja de pegarme.
–Es mi forma de mostrar lo que me causas. –Le dijo burlón. –Además te las ganas...
Le gruñó... Pero el muy cabroncete sonrió arrogante.
"Uchihas..."
–El próximo golpe te lo voy a devolver. – Amenazó en vano... Su omega era un fiero guerrero que disfrutaba en la batalla.
–Que miedo rata... –Soltó burlón y en reto.
Como si le preocupara que Tobirama se defendiera... Mejor para él, así se divertiría con una buena pelea. Porque entrenar junto a los demás shinobis de ese clan era decepcionante... Tan débiles... Tan ridículos... Así no había quien evolucionara. Entrenar con mediocres no le haría mejorar y superarse, y él disfrutaba llevando sus capacidades al limite para ser cada día mejor.
–Mira omega, si tanto quieres pelear... Lo haremos. Entrenaremos juntos cada día sin tenernos contemplaciones.
–¿Desde cuando no me he empleado a fondo para hacerte picadillo?
Un nuevo gruñido se escuchó.
–Eres insufrible... –Pero le encantaba que ese maldito azabache fuera de esa forma. Y ver esa nueva faceta que no le conocía le encantaba. –Pero... Quiero que me concedas lo que te he pedido. No voy a ser yo el único que ceda siempre.
Izuna puso una mueca y se cubrió la nariz mientras se abanicaba como queriendo alejar algo que le molestase.
–Córtate un poco, rata.– Había notado cierto aroma excitado saliendo del albino.
–No me cambies de tema, Izuna. Solo hazlo.
Le vio poner una mueca molesta y cruzarse de brazos mientras desviaba la cara, con un ligero tono sonrojado en las mejillas que no pudo disimular por mucho que lo intentó. Y lo sintió... El lazo entre ellos restaurado.
–Prohibido volver a "cortar" la conexión.
–Que si, maldita rata. Joder... Tú si que eres insufrible...
De pronto notaba al omega algo nervioso. Sonrió... Así que también afectaba a su pareja, solo que el muy enano manipulador se dedicaba a poner cara estoica y alejarse, haciéndose el fuerte mientras se burlaba.
– ¿Qué? Joder... Imbécil.– Le masculló... Sabía que el Senju estaba sintiendo eso que hasta ahora se había afanado tanto a esconder.
–Lo sé... Lo noto. Te afecto más de lo que quieres hacerme creer.
–Voy a...
–No, Izuna. No lo harás.– Cortó su vana amenaza, haciendo que se callara.
Y aunque Izuna dijera esas palabras en ese tono molesto, notaba que estaba más avergonzado que otra cosa por saberse descubierto.
Pero había algo más que sentía y hacerlo le hacía feliz; sentía esa chispa cálida que notó el primer día venir del azabache hacia su persona al crear el lazo, pero que Izuna intentaba camuflar con desdén, malhumor y malas palabras. Él también sentía lo mismo por el omega y le mostró que disfrutaba interactuando con él, todo y sus palabras. El Uchiha enrojeció aun más y verlo le encantó, su alfa se sintió satisfecho. Un siseo ofendido salió del azabache y pegando un gran salto, cruzó las murallas alejándose.
–Gallina... –Soltó en mofa por esa huida.
–¿Fue descubierto?
–No me señor, fue Izuna-san quien le mató.
– Mi hijo...– Le acababan de informar de la muerte de Akiko perpetrada por su segundo hijo.
–Así es mi señor.
Tajima apretó un puño con rabia. ¿En que estaba pensando su maldito hijo? No tendría que haberle dado tantas libertades a ese omega, ni permitirle que hiciera lo que le viniera en gana... Así estaba actuando ahora. Un maldito inconsciente y egoísta. Le había dado una orden y en cambio, había matado al mejor de sus espías. Estaba claro que Izuna era un desertor al clan Uchiha... Aunque quizás había actuado de tal forma por haberse visto obligado...
–Vuelve Nato. No actúes. No me defraudes.– Nato realizó una reverencia y desapareció en un shunshin no jutsu.
"Maldito seas Izuna, ¿A que juegas? ¿Tanto te costaba obedecer mi orden? ¿O es que tuviste que asesinarlo por necesidad? Si seguramente sea eso... Después de todo no es tan difícil el abrirte de piernas como un buen omega, ya lo has hecho con esa rata. Ahora solo sería dejar que te preñe... No es tan complicado."
Todo puto omega sabía hacer eso... Poner el culo para sus alfas, gestar y parir cachorros. Pero Izuna le hacía dudar del curso de acción que tomaría, a veces era impredecible... Demasiadas libertades le había dado a alguien de esa maldita casta. Un error que iba a tener que enmendar si Izuna le traicionaba y no le obedecía, solo necesitaba el momento indicado. Si Izuna realmente no cumplía, como ya parecía haber escogido no hacer por su maldito capricho... Se tendría que deshacer de él. No le serviría de nada ya. Pero por ahora le daría el beneficio de la duda, además de que esos malditos Senju tenían a su hijo bien protegido dentro de sus murallas.
Gruñó escuchando a Tajima y desapareció. Quería interceptar a ese otro espía de su mierda líder. Y lo hizo... Y se enteró de todo lo sucedido.
Estaba anocheciendo y podía reconocer que estaba más nervioso de lo que aparentaba. Izuna aun no había vuelto... ¿Y si su omega ya no volvía a su lado? Su alfa se sentía ansioso en su interior, el temor a perder a su terca pareja era mucho. Habían sido grandes enemigos por culpa de las rencillas de sus respectivos clanes... ¿Y si ya no volvía por pesar más ese viejo odio que la unión que programó el destino? Los dos habían estado negándose mutuamente durante mucho tiempo, peleando, luchando por no reconocerse... ¿Y si eso tenía más poder que la misma unión? Después de todo si algo caracterizaba a un Uchiha, era su gran terquedad e Izuna parecía el rey de los cabezotas.
Llevó una mano a su cuello y notó la cicatriz irregular de una marca de dientes... La marca que le hizo Izuna para reclamarlo como suyo. Una marca que los omegas no solían realizar, a no ser que aceptaran que ese era su macho y que deseaban formar una unión real con él... O eso le había explicado el viejo Shion que significaba cuando fue a consultarle. Le había dicho que era igual que la marca que hacían los alfas a sus omegas y, que si un omega devolvía dicha marca, o sea, si marcaba a un alfa, significaba que querían a dicho alfa. Le costaba de creer que Izuna Uchiha sintiera eso por él, aunque a la vez había continuado a su lado y según le había sonsacado, había matado a ese espía de su padre, no solo por molestarse por decirle que se preñara, sino por amenazar de matarle a él. ¿Eso debía significar algo? ¿Él debía significar algo para Izuna? O esa era la esperanza que tenía.
Suspiró calmándose, notando como su corazón se ralentizaba... Le notaba, cada vez más cerca... Estaba volviendo, su omega volvía a él.
–Rata– Que "dulce" era el Uchiha.
–Uchiha.
Mientras le recorría de arriba a abajo para asegurarse que estaba bien por mucho que notara a través del lazo que así era. También sintió cierto sosiego venir del azabache, también se sentía tranquilo al llegar a su lado.
Izuna se detuvo y le miró con cierto asombro. Aun le costaba acostumbrarse al lazo y eso que le llegaba del albino, pero ahora, al tener la conexión entre ellos restaurada, podía notar con total claridad el alivio del alfa. Se giró a mirarle viendo esos ojos rojos brillar con fuerza, aunque su rostro seguía igual de adusto.
-Tu... ¿Me has echado de menos o solo es el alivio de que haya vuelto... Tu pertenecía?
Tobirama le frunció el ceño molesto de que creyera eso de él.
–Cree lo que quieras, maldito Uchiha.– Era tan frustrante que Izuna pensara eso de él. Vale que sobretodo se conocían de sus combates, pero eran grandes shinobis y un buen guerrero era capaz de entenderse con su rival sin necesidad de hablar. Si se podría considerar que lo que había sucedido entre ellos era casi un cortejo, tanto pelear tanto pelear sin nunca herirse seriamente*.
Izuna comprendió el cabreo del albino, estaba siendo injusto con él cuando notaba que se había preocupado de verdad porque tardaba tanto, que Tobirama no le veía como una pertenencia sino como a su pareja. Suspiró y fue a sentarse a la mesa en silencio. Comiendo sin mirar al otro, no sabía como disculparse por esas palabras... Un Uchiha no solía disculparse nunca. La cena transcurrió en silencio, un silencio para nada cómodo, pero que ninguno sabía como romper. Sabían como comprenderse a base de golpes, pero no en una relación, no como una pareja enlazada.
Tobirama terminó primero, recogió lo suyo y lo lavó. Se detuvo antes de retirarse, como queriendo decir algo y al final, con una suave movimiento de cabeza, desistió. Para que abrir la boca, seguro que el Uchiha se lo tomaría a mal y terminarían discutiendo o algo.
Estaba en su cama sin dormir... No tendría que haber mordido a Izuna, había sido un error... Su omega sería más feliz tal como estaba antes, sin tener una atadura con él y continuando con los suyos... Y él, bueno, continuaría solo y conformándose con saciar sus celos con las concubinas del clan. Después de todo era un guerrero y la senda del shinobi solía ser solitaria y sin poder alcanzar la felicidad plena.
La puerta de su cuarto se abrió y miró hacía allí. Unos ojos rojos brillaban en la oscuridad, unos ojos que entraron, cerraron la puerta de nuevo y avanzaron hacía su futón.
–Hoy no tengo ganas, Uchiha. No estoy de humor para sexo.– Dijo con suavidad y algo frio.
Siempre estaba dispuesto para los caprichos de su omega, no tendría que ser así aunque como alfa esa era la realidad. Pero hoy no estaba de humor, se sentía dolido con el otro.
Izuna ignoró al alfa, había ido allí con una idea fija y no iba a cambiar de idea... Esa era su forma de disculparse con el otro. Se arrodilló y abriendo las frazadas se tumbó en ese colchón para luego taparse. Iba a dormir con su pareja, esa era la forma que tenía de decirle a Tobirama que se había equivocado.
Notó el cuerpo cálido compartiendo su mismo futón y como tomaba aire para luego soltarlo con suavidad, seguidamente le notó acomodarse. Le miró y le vio cerrar los ojos tomando una postura para dormir. Izuna iba a dormir con él, su pareja iba por fin a compartir cama con él. Se giró a mirar ese bonito perfil del azabache y con suavidad le pasó una mano por la cintura, el Uchiha no se quejó de esa acción. Cerró los ojos sintiéndose satisfecho y pleno por primera vez desde que terminó el celo de ambos.
Desde ese día habían avanzado un nuevo paso en su relación, habían empezado a dormir juntos compartiendo su futón, también hacían el amor cada día, a veces dos o tres veces diarias... Algo normal en las parejas enlazadas. También entrenaban cada mañana juntos, y tal como dijeron sin tener consideración del otro. La única norma era no herirse de gravedad ni huesos fracturados... Nada que no pudieran evitar pues ambos eran shinobis de alto nivel con un gran control de sus cuerpos y movimientos. Luego él iba a cumplir sus funciones para con su clan e Izuna iba a... Pues iba a donde le diera la gana, era libre para hacerlo y él no restringiría a su omega, era su igual. Además, el Uchiha sabía cuidarse muy bien.
Butsuma ya no decía nada sobre como tratar al omega azabache, parecía que por fin había comprendido que era inútil meterse en la unión que tenía su segundo hijo con ese omega. Sabía que discutiría en vano, pues ninguno de sus hijos estaba dispuesto a cumplir sus peticiones de vigilar al Uchiha ya que tan libre le querían. Tampoco su segundo hijo estaba por la labor de embarazar a su pareja, pues ya habían pasado varios celos juntos y en ninguno de ellos ese caprichoso gato Uchiha quedaba en estado, sabía que era porque se tomaba anticonceptivos. Así que cansado de tener que discutir siempre con sus hijos los había dejado por imposibles. Tampoco seguía al azabache a ningún lugar, ese maldito omega era demasiado bueno y sus hombres siempre volvían diciendo que le habían perdido. Otras veces los encontraba haciendo otras tareas y es ahí donde descubría que el Uchiha había usado su doujutsu para despistar a sus ninjas y que así no le siguieran. Ya no le decía a su hijo que su omega había hecho tal o cual cosa, no servía de nada... Siempre era él el culpable a ojos de Tobirama o Hashirama, que siempre apoyaba a su menor y a su pareja. Y encarar al Uchiha tampoco le servía para nada.
–Díselo a tu hijo.– Le soltaba con arrogancia mientras continuaba con lo suyo, ignorándole.
Así que para su salud, y para no pelear más con sus hijos, era mejor no meterse más... Que hicieran lo que quisieran. Ya terminaría encontrándoselo Tobirama...
Tajima por su parte estaba decidido a llevar a cabo su nuevo plan. Nato le había ido informando, al mantener un perfil bajo no había sido descubierto. Le había confirmado que entre su hijo y esa rata albina se llevaban muy bien y que Izuna seguía sin estar en espera tras los celos, lo que significaba que no cumpliría con la orden que le había dado a través de Akiko. Había tenido la esperanza de que su hijo hubiera atacado y matado a su mejor espía como forma de disimular ante esos Senju y así llevar a termino lo que le había pedido. Pero no era así y él ya no iba a tolerarlo más, lo daba totalmente por perdido. Además ahora tenía la oportunidad perfecta, esos Senju aceptaban tan bien a Izuna, o su ex hijo se había integrado tan bien en esa mierda de clan, que le daban total libertad para salir a su antojo.
–Izuna ha sido un gran fracaso, mi fracaso como padre... Pero voy a ponerle solución.– Miró a Nato y le dio confirmación para actuar, ahora que esos Senju se lo habían servido en bandeja.– Esto se acaba aquí. Esos Senju lo han convertido en uno de ellos y han cometido el error de permitir que uno de sus omegas salga de su zona de protección.
Salió de la zona de mando y llamó a sus mejores guerreros, los más leales a él. Encima era perfecto pues su hijo, su único hijo ahora, había salido a patrullar y aun no volvía.
–Nunca se nos ha conocido por ser débiles, y no toleraría que alguien débil formara parte de nuestras fuerzas, y menos pienso ser yo ese eslabón débil para el clan. No tolero a los que desobedecen mis ordenes y se burlan de nosotros, como alguien está haciendo en estos momentos. Es un gran honor nacer y ser un soldado para el clan Uchiha, pero hay algunos que no consideran tal echo un honor.
Miró a sus hombres notando su cabreo ante ese alguien del cual hablaba su líder... ¿Cómo alguien podría llegar a considerar que no era afortunado por ser Uchiha? ¿Por llevar el abanico en su ropa?
–Tenemos una misión muy importante. Eliminar a un desertor del clan, alguien que ha preferido desoír mis ordenes, alguien que se ha entregado a nuestros mayores enemigos, un Uchiha que mansamente se deja follar por un jodido imbécil Senju y que encima protege a esos putos desgraciados.
–¿Quién mi señor?– Preguntó Rukio con ira.
–Izuna Uchiha.– Los hombres miraron a su líder asombrados, estupefactos por esa información.– Izuna se entregó a la rata albina y formó un lazo con ese hijo de puta. Cada día se abre de piernas y entrega su culo de omega para que ese alfa lo folle, clamando por ser anudado, dejándose llenar del esperma sucio de ese gilipollas para así parirle una mierda de engendro. Izuna Uchiha está siendo desleal al clan... Y como he dicho, yo no soy alguien débil como para permitir tal actitud por mucho que sea sangre de mi sangre.
Los hombres gruñeron ante eso como muestra de rabia, de la repugnancia que saber que uno de los suyos se entregaba al enemigo.
–En vez de preferir a un buen alfa, un verdadero alfa...
–Que bajo ha caído... Preferir esa rata antes que a un buen Uchiha...
–¿Cuáles son las órdenes, mi señor Tajima?
–Ya no hay solución posible para mi hijo Izuna. Es un desertor al clan, es un enemigo... Su castigo es la muerte... Tengo que ser despiadado ante esa forma de proceder de Izuna–Expresó con dureza.– A partir de ahora Izuna Uchiha deja de ser considerado parte del clan para convertirse en enemigo.
–La muerte es un castigo muy leve para la traición de ese omega– Gruñó alguien. Había pretendido al hijo de su señor, pero este le despechó... Y todo para unirse a una rata de mierda como era el Senju albino.
–Por mi como si queréis divertiros con él antes de matarle... Ya no le considero mi hijo, ni alguien del clan... Ahora es sólo un simple omega enemigo.
Los alfas ahí reunidos se relamieron mientras se miraban entre ellos... Todos habían considerado a Izuna Uchiha la más deseable hembra del clan, el mejor partido omega; atractivo, fuerte, con grandes capacidades, mucho chakra, grandes técnicas, con buena genética, astuto, sensual... Todos habían babeado por él y habían pretendido cortejarlo cuando llegara el momento, pero ninguno había conseguido las atenciones del joven. Ahora podrían tenerlo, follarlo, violarlo, disfrutar de ese cuerpo que ya había madurado... Y sin tener que enlazarse, sexo duro con un enemigo antes de darle el golpe de gracia. La excitación, el frenesí sexual, se olió durante unos minutos entre esos alfas ahí reunidos.
Tajima sonrió taimado... Era una lástima perder a alguien como Izuna. Si pudiera lo conservaría y le buscaría un alfa adecuado para conseguir sacarle buenas crías; pero su hijo ya estaba marcado, su hijo era un maldito desobediente y no aceptaría ese trato que le podría ofrecer, su hijo le pelearía y no podía permitir que un omega le retara ante los demás miembros del clan. También sabía que Madara estaría a favor de lo que quisiera hacer su hermano, siempre había sentido un enorme aprecio por su menor y, si dejaba a Izuna vivo, readmitiéndolo en el clan y queriendo obligarle a cumplir sus normas y directrices, acabaría con sus dos hijos en contra suya... Su posición como líder se tambalearía si eso sucedía; no, directamente sería su muerte si se unían. Había tomado la que creía era la decisión correcta, mejor perder a Izuna que morir él o tener que matar a sus dos hijos para que no le asesinaran.
Madara llegó al clan y fue directo con su padre, al cual no halló.
–¿Dónde está mi padre?– Preguntó a un vigía.
–Ha salido con un grupo de shinobis, mi señor Madara.
–¿Han recibido el aviso de algún ataque o provocación de algún rival?
–Alfa... Tengo que hablar contigo, es urgente.– Interrumpió su omega que en cuanto había notado a su enlazado fue a su encuentro.
Madara la miró con seriedad no gustándole haber sido interrumpido, pero al percibir la urgencia de su pareja la encaró. Pronto se encontró estando en su mente con su compañera, que había usado su sharingan en él. De esta forma nadie les interrumpiría y esa conversación sería secreta.
–¿Qué sucede? – No era normal en ella comportarse de esa forma. Entendía que realmente era algo grave y la comprensión llegó rápidamente a él.– Es sobre Tajima...
–Ha recibido la visita de ese espía de nuevo, alfa. Luego ha llamado a shinobis de confianza, se han reunido y se han marchado sin decir nada a nadie. No he encontrado ninguna excusa viable para estar cerca y oír de que hablaban, tampoco para leerles los labios con el sharingan... A todos. Lo único que he captado a sido lo dicho por Takeru: "La muerte es un castigo muy leve para la traición de ese omega".– Le informó a su enlazado.
Madara le había pedido que vigilara a Tajima y eso había hecho. El líder Uchiha era alguien a quien despreciaba por su gran ambición; ser ambicioso era algo común en el mundo que vivían y no tenía porque ser algo negativo si era con cierta mesura, pero ese hombre llegaba ha ver a sus hijos como herramientas para conseguir sus planes. Además como el "gran líder" pensaba que ella era poco más que la pareja de su hijo, no prestaba atención a su presencia y de esta forma podía enterarse de lo que hacía, decía y planeaba, la mayoría de veces.
Madara cortó el genjutsu y parpadeó al estar allí plantado ante su omega, que también le miró esperando.
–Tengo algo importante que hacer. Nos vemos.– Le sonrió con suavidad.
–Ves con cuidado, alfa.
Su macho era fuerte, pero igualmente se preocupaba cuando sabía que se iba a enfrentar a fuertes rivales. Volvió al territorio que compartían con su alfa para cuidar a su cachorro. Rezaría a los dioses porque todo saliera bien. Amaba a su pareja y apreciaba mucho a Izuna.
Izuna había salido de su "nuevo" clan, cada día salía y reconocía los alrededores, a veces se enfrentaba y terminaba con ninjas que estaban cerca del asentamiento Senju y que sabía que no eran aliados de ese clan. Otras veces salía con los shinobis del clan de su pareja a hacer reconocimiento, de esa forma sabía como trabajaban los ninjas del clan Senju y aprendía nuevas formas de luchar, de rastrear. No había querido buscar a su hermano... No se sentía preparado para afrontarle, ¿y si Madara le repudiaba por estar unido a Tobirama y aceptarle tan bien? No, por ahora no era capaz de ver cara a cara a su mayor y reconocer la decepción en esos ojos que admiraba tanto.
Ese día en especifico había salido solo, tenía ganas de estar en soledad y disfrutar de la calma del bosque, quizás encontraría algún despojo de la humanidad que querría retarle al ver que era "un omega desvalido y solo". Pero lo que halló fue otro tipo de criatura repugnante a sus ojos... Otro espía de su padre. Y ahora que podía olfatearle mejor, notaba que ese también había estado dentro de las murallas del clan Senju, lo que significaba que había estado espiándole por petición de su padre.
–Izuna Uchiha... Que bajo has caído abriéndote de piernas para ese albino.
–¿Eso quien lo dice, mi padre? Después de todo era lo que él quería...
–Has desobedecido a tu padre, omega. Él solo quería que te dejaras preñar... Y luego mataras a ese sucio cabrón albino. Pero tu le has decepcionado... Eres una putita más dentro de los que son de tu genero.
Oh si... Le iba a matar y disfrutaría de asesinar a otra de las marionetas de su padre. Salió a por ese espía, que en vez de plantarle cara huyó. Sonrió con cinismo, mucha boquita pero ahí estaba, huyendo de "una putita omega", como le había llamado. No pensaba dejarle escapar, él era Izuna Uchiha y nadie escapaba de sus garras.
Nato corría todo lo que su cuerpo daba, el omega azabache siempre había sido muy veloz, no por nada era el que podía seguirle el ritmo en las peleas al ninja más rápido, Tobirama Senju. El segundo hijo de Tajima estaba cada vez más cerca, apretó los dientes y tensó su cuerpo al máximo, exprimiéndose para conseguir que ese omega no le atrapase y le matase. Sabía que si le atrapaba antes de tiempo, Izuna no caería en la trampa y además sería extremadamente cruel matándole.
Pero lo consiguió, consiguió llegar al punto acordado. Sonrió habiéndolo conseguido, creyéndose salvado y... Eso fue lo último que vieron sus retinas antes de que su cabeza fuera seccionada de su cuerpo.
Miró la cabeza de Nato a sus pies y a su hijo mirándole fijamente con la katana en mano, el filo con la sangre de la victima que se acababa de cobrar. Pateó la cabeza fuera de su vista, era grotesca con esa sonrisa de alivio congelada en sus labios.
–Un espía menos bajo tus ordenes, padre.– Escupió Izuna sin miedo por ver a Tajima frente a él.
–Tampoco es una gran pérdida... – Le restó importancia.
–Diles a tus hombres que salgan. No esconden muy bien su chakra, la verdad.
–Y todo y notarlos has venido. Siempre has sido demasiado pagado de ti mismo, Izuna.
Sus hombres salieron al claro, rodeando al que hasta entonces había considerado un hijo. Once shinobis, contándolo a él.
–Algún día todos tenemos que morir... Y vosotros lo haréis hoy.
Tajima achicó los ojos. Izuna tenía pelotas y era muy buen guerrero... Por eso era una lástima que tuviera que perecer.
–Aun estás a tiempo de recapacitar.
–Ya escogí mi camino, no pienso retractarme de mi decisión.– Había mordido a Tobirama en su celo, ese alfa era suyo y no pensaba negar al que era su pareja destinada porque su padre tuviera uno de sus delirios de grandeza. No permitiría que nadie pusiera una mano encima de su macho, ni tampoco que decidieran por él nunca más.
–Entonces hasta aquí llega tu vida, omega.– Y dio la orden a su escuadrón de atacar.
Las espadas chirriaron al contacto. Izuna era muy rápido, esquivaba, golpeaba con puños y patadas, propinaba tajos con su espada. Dos de sus hombres cayeron, un tercero fue malherido, quedando incapacitado. Se metió en la refriega y paró la katana de su hijo. Alguien consiguió golpear al omega haciendo que cayera al suelo, un tercero se lanzó a retenerlo y fue empalado con la espada que portaba Izuna. Otro de sus hombres fue para golpear al omega antes de que pudiera liberar su katana de ese cuerpo al que había atravesado, le consiguió dar una patada en las costillas. Izuna salió volando por la fuerza de la patada, golpeándose contra unas piedras. Lanzó su espada en la dirección de su hijo y oyó un suave quejido. Le había atravesado el muslo.
Tres de los suyos se lanzaron a atacar al pequeño azabache, este realizó un katon, solo uno de sus shinobis consiguió esquivar la gran bola de fuego. Y ese hombre, demostrando una gran habilidad, hirió con un kunai a su ex hijo entre las costillas, para seguidamente golpearle haciéndole caer al suelo.
–Eres nuestro, omega.– Mientras le plantaba un pie en la espalda para no permitirle movimiento.– Vamos a darte un buen escarmiento... Antes de matarte.
Fue rodeado por cuatro de los hombres de su padre, los que quedaban vivos, mientras su progenitor se quedaba al margen mirándole con desdén.
Unos brazos le sujetaron las muñecas, mientras notaba como tironeaban de sus pantalones buscando desgarrárselos y consiguiéndolo. No pensaba rogarles nada, ni gritar, ni nada. Se quedó mirando a su padre con odio pero sin hacer nada, tampoco podía. Cerró los ojos, aceptando por ahora su destino... Ya bajarían la guardia y tendría su momento, solo tenía que recuperar algo de chakra, reposar unos minutos...
Sintió el cuerpo de ese alfa Uchiha que le había herido en las costillas colocándose encima suyo, le recordaba de cuando en el clan buscaba llamar su atención... Era alguien patético. Notó una presión en su entrada.
–Que ridículo que eres Takeru, esta debe ser la única forma que tienes para conseguir follarte a alguien.
–Cierra la boca gatita, se que te va a gustar. Y cuando termine verás lo que te has perdido por aceptar a esa rata de mierda.
–Lo que me vas a provocar será ganas de vomitar... Tobirama es mil veces más alfa que cualquiera de vosotros.– Se burló haciendo que esos alfas sisearan molestos.
–Eso dices ahora, pero cuando te dejemos bien lleno de esperma seguro que pedirás por más.
Mientras le penetraba con rudeza soltando un gruñido satisfecho. Él por su parte apretó los dientes, no pensaba demostrarles lo que eso le estaba provocando. El dolor de ser abusado por alguien que no era su alfa.
Madara saltó de árbol en árbol, veloz. Tenía que avisar a su hermano aunque eso significase entrar en el clan Senju, siseo un poco en molestia por tener que aguantar a esos, pero por su amado menor haría cualquier cosa.
En tiempo récord se plantó ante las murallas y antes de que dieran el aviso desapareció con un sunshin no jutsu, reapareciendo ante el líder de ese clan y sus dos hijos, Hashirama y Tobirama. Un par de espadas se posaron en su cuello, no hizo nada por contrarrestarlas, en cambio se plantó arrogante y altivo mirando a esos como si fueran cucarachas a sus pies.
–¡Madara!– Se asombró Hashirama mientras preparaba un sello para detener al Uchiha si intentaba algo.
–Menudos cojones tienes, Uchiha de mierda.– Escupió Butsuma.
–Rata, ¿Dónde está Izuna?– Ignorando a los otros dos.
–A ti no te importa, Uchiha. Ahora Izuna forma parte de este clan... Es mi omega.– Lucharía si ese intentaba quitárselo.
–¡Déjate de estupideces! Si quisiera llevarme a Izuna habría venido hace tiempo atrás.– Le gruñó.– ¡Ahora habla, joder!
–Vas a morir Uchiha.– Amenazó el líder Senju. Ese cabrón se creía que se colaría en su clan y encima les daría ordenes.
–Calla, vejestorio. Mi padre ha salido del clan con un batallón de sus hombres de confianza para matar a Izuna por traidor.– Miró al albino.– Si tanto te importa mi hermano, habla ya. Tengo que encontrarle.
Tobirama bajó el arma.
–¡Baje el arma, padre!
–¿Te crees a este Uchiha?
–Yo si, padre.– Contestó Hashirama.
Su segundo hijo asintió, así que terminó bajando su katana.
–Izuna es libre para entrar y salir.– Se concentró en el lazo para ver si notaba cerca a su omega.– No está por aquí.
Se agachó y puso un dedo en el suelo, buscando el chakra de su pareja.
Y lo halló, pero...
Vio como el rostro de la rata albina se crispaba con una ira burbujeante y cruda, como se levantaba y soltaba un potente rugido.
–¿Qué sucede, hermano?– Preguntó Hashirama alarmado por esa reacción.
No había de ser un genio para saber que había sentido el Senju albino. Apretó los puños con rabia. Mientras le veía hacer los sellos. Le puso una mano encima, no pensaba quedarse al margen en lo que le estuviera sucediendo a su hermanito. Notó que Hashirama y Butsuma también ponían sus manos encima del albino antes de que este saltara. Seguramente su hermano Izuna llevaba una marca del Hiraishin no jutsu en su cuerpo.
–Mmm, es una lástima que tengas que morir. Aunque si aceptas a uno de nosotros como a tu nuevo alfa... Y nos juras obediencia, omega.– Jadeó Takeru en su oído sin dejar de moverse– Yo estoy dispuesto a tomarte, aunque estés corrompido.
–No podréis, imbéciles.– Soltó seguro de si mismo.
–¿Y eso por qué?– Izuna tenía un par de narices. Estaba siendo violado, sometido por ellos y le soltaba esa bravuconada.
No respondió a ese cabrón. Esos minutos le habían servido para concentrar su chakra, recuperarse un poco y ahora el mangekyou sharingan se mostraba en sus ojos. Golpeó a Takeru con fuerza con un codo a la vez que giraba, consiguió sacárselo de encima y se levantó, las costillas del Susanoo rodeando su cuerpo. No podía conjurar la forma real del Susanoo pues estaba bastante mal herido y sin el suficiente chakra, pero con eso tendría suficiente para protegerse y luchar contra esos cabrones. Observó con rencor a su padre que se había levantado alterado al ver que se había sobrepuesto a sus hombres.
–Gracias padre por obligarme a matar a mi mejor amigo...– Le sonrió con cinismo. Gracias a Tajima era que tenía el mangekyou.– Con estos ojos mataré a tus hombres y a ti.
Si giró hacía Takeru que estaba aun en el suelo tras haberle golpeado y roto alguna costilla. Le observó con asco, pantalones bajados y pene erecto, ensangrentado por haberle estado penetrando a la fuerza, asomando por entre la ropa. Soltó un profundo gruñido, ese cabrón se había atrevido a violarle y él solo deseaba ser tocado por su macho. Levantó uno de los grandes brazos de su técnica, dispuesto a aplastar a ese maldito gusano putrefacto, mientras los restantes hombres de su progenitor se lo miraban algo atemorizados por lo que les podía hacer.
Cuatro nuevos chakras aparecieron en ese lugar consiguiendo que detuviera sus acciones. Observó asombrado como un fúrico alfa albino se lanzó con un potente rugido a por Takeru y empezó a golpearle una y otra y otra vez. Oyó los huesos crujir desde su posición, Takeru había dejado de soltar quejidos, pero Tobirama no se detenía... La sangre salpicaba su ropa, su rostro, su pelo...
Con un gruñido los Uchiha se pusieron en movimiento, dispuestos a lanzarse contra los recién llegados. Tal como saltó uno de ellos hacía su macho, Izuna lo atrapó con el Susanoo y lo aplastó convirtiéndolo en pulpa humana.
Hashirama no intentó detener a su hermano... No se había de ser un genio para ver que ese alfa Uchiha tenía los pantalones bajados al igual que Izuna, que mostraba signos de abuso y de estar mal herido.
–¿Izuna-san, por favor, me dejarías revisarte y sanarte?– Él no se metería en la batalla, quedaban tres Uchiha a derribar y entre Madara, su padre y hermano eran más que capaces. Su cuñado en cambio requería atención médica urgente.
Pero Izuna estaba mirando a su hermano que también había llegado con los Senju, hasta que desvió la mirada algo avergonzado de que le viera de esa manera.
Butsuma miraba el campo de batalla y como el omega de su hijo había derribado él sólo a ocho rivales... Estando gravemente herido. Era impresionante. Y lo que le cabreó fue ver como uno de esos alfas había forzado al pequeño azabache... Ese omega aunque le sacara de quicio, era la pareja de su hijo y eso le convertía en un Senju más.
–Puto Tajima... Tan despreciable como siempre.– Se encaró con su némesis, pues ese lo había permitido.
–Quítese anciano, yo terminaré con mi progenitor. Es mi deber.– Madara se interpuso y le señaló los dos Uchiha que quedaban con vida y que permanecían en guardia, dispuestos a pelear hasta el final, pues se daban cuenta que su vida estaba en grave peligro.– Si quiere desquitarse... Ahí tiene a esos dos cabrones.
Butsuma renegó, pero entendió que el furioso joven alfa de los Uchiha deseaba cobrarse su venganza contra los actos a traición de su líder. Así que le cumplió el capricho... Pero que no se acostumbrase.
Fue, katana en alto, a por esos dos cabrones que estaban dispuestos a defenderse para gastar sus cartuchos finales... No podían escapar, así que morirían peleando. Pero un cuerpo veloz se le adelantó y terminó con uno de ellos. Miró con admiración al compañero de su hijo. Ese omega era excepcional, herido y agotado, vejado... Y seguía dando guerra. Al otro enemigo lo destajó él, ya que había ido hacía allí, quería alimentar su filo con sangre enemiga.
Izuna al fin cayó de rodillas, estaba al limite. En menos de un segundo Tobirama estaba a su lado y Hashirama se acercaba.
–Que testarudo eres, Izuna-san.– Le decía el moreno. El omega había desactivado el Susanoo, pareciendo que permitiría que le curase, pero se había lanzado hacía delante con furia.– Permíteme, por favor.
–Izuna... Ya no necesitas pelear más, omega.– Viendo que seguía a la defensiva.
Relajarse causó que la adrenalina y la tensión le abandonasen y terminara desmayándose en los brazos de su pareja. Hecho que aprovechó Hashirama para cerrarle heridas.
–Le ha...– Tobirama gruñó entre dientes, sin atreverse a decir la palabra.– Ese hijo de puta le...
–Tranquilo, tu estás a su lado ahora. Tu serás su soporte si te necesita.– Le daría el té a Izuna para prevenir un posible embarazo fruto de ese abuso. Aunque no creía ni que ese alfa Uchiha hubiera terminado... Izuna no se lo había permitido.
–Hijo, tu omega es fuerte y muy terco, estará bien, ya lo verás.– Le puso una mano al hombro dándole su apoyo, sin perder de vista el combate entre Uchiha Madara y Uchiha Tajima.
Madara fue el claro vencedor, su padre no era rival para él... Tampoco lo hubiera sido para su hermano Izuna, por eso mismo Tajima se rodeó de diez de los mejores shinobis del clan Uchiha, sin contarlos a ellos dos, claro.
–Rata albina... Más te vale que respetes a mi hermano y sus deseos.– Le dijo con seriedad tras arrodillarse y acariciar la mejilla de Izuna.– Porque él no necesita tu protección, pero si que le ames.
Y eso era lo más cursi que diría jamás en su vida... No pensaba repetirlo.
–Siempre lo he respetado, incluso cuando era mi enemigo acérrimo.
–Lo se.– Ese hombre era honorable, por muy mal que le cayera.– Quiero poder ver a mi hermano siempre que quiera... Yo y mi familia.
Su compañera le tenía cariño a Izuna y su cachorro debía seguir en contacto con su tío.
–Por supuesto, Uchiha.– Miró a su padre que asintió conforme.
–Mady, creo que la guerra entre nuestros clanes es innecesaria.
–¡No me llames así, idiota!– Le dio un suave golpe en la cabeza.–Pero tienes razón. Por mi parte el clan Uchiha deja de considerar que el clan Senju seáis enemigos.
–El clan Senju acepta la paz y declara al clan Uchiha como aliados.– Declaró Butsuma yendo más lejos de lo considerado por Madara y estirando su mano hacía el que ahora era el nuevo líder del abanico.
Madara aceptó la paz y esa unión entre ellos. Ahora eran aliados.
Años pasaron desde ese tratado de paz entre ambos clanes. Izuna, tal como dijo Butsuma no estaba afectado de más por el abuso de ese repugnante Uchiha. Tal como declaró el omega:
–Ese era un gusano repugnante que no valía nada, verle morir fue lo suficientemente gratificante como para olvidarme de cualquier acto que me hiciera.
Además de que Tobirama se aseguró de que olvidara ese momento a base de experiencias sexuales gratificantes y abrazándole por las noches... Aunque Izuna se quejase de esa actitud, la disfrutaba demasiado, solo le decía que no a su alfa para joder y mantener su orgullo intacto. Pero las veces que Tobirama le dejaba espacio, entonces era el Uchiha el que rodeaba su cuerpo para volver a meterse entre sus brazos.
–Por tu culpa ya no puedo dormir sino es así... Maldito Senju.– Soltaba malhumorado falsamente mientras se acomodaba contra su pecho y le obligaba a rodearle de nuevo con sus brazos. Tobirama lo hacía de buena gana, mientras reviraba los ojos y se reía para si mismo. Su omega era tan orgulloso.
Lo que si no habían hecho aun es tener cachorros. Tobirama no le presionaba. Cuando Izuna estuviera dispuesto estaría más que encantado en participar en el proceso de meterle crías en el útero. Pero mientras Izuna no desease eso... Lo respetaría y aceptaría que su pareja tomase métodos para evitar un embarazo. Tal como prometió.
–¿Y si ese terco no quiere tenerlos nunca?– Mascullaba su padre.
–Pues entonces no tendremos cachorros, padre.– Él también deseaba formar una familia, pero era el omega quien decidía sobre su cuerpo pues era él el que tenía que sufrir el proceso y el dolor del parto. Así es como lo veía él.
–Tu hermano ya me ha dado 2 nietos... Y tu no, hijo.– Y eso le dolía.
Butsuma con los años se había ablandado y había dejado la batalla y el liderazgo del clan en manos de sus dos hijos. Ahora era un orgulloso abuelo que disfrutaba de consentir a sus nietos... Si, si... Consentir, así como suena. Paseaba con ellos, les contaba cuentos, les cuidaba, les daba chucherías a escondidas de su nuera, les enseñaba con suma paciencia las artes ninjas. Era tan diferente a como había sido como padre. Pero deseaba también poder cuidar y consentir a los hijos de su segundo vástago, cada vez era más mayor y no quería morir sin verle familia a Tobirama y su pareja. Tenía tantas ganas de disfrutarlos desde bebés, vivir todo el proceso que no había podido vivir con sus hijos y con sus dos primeros nietos por estar tan ocupado. Pero Izuna no estaba por la labor... Ya había dejado de intentar presionarle por petición de Tobirama; aunque hacerlo tampoco le había servido de nada. No había nada más terco que un Uchiha, lo había comprendido con el tiempo.
Izuna iba volviendo al clan, había ido a visitar a Madara y su manada. Habían tenido un nuevo cachorro y le habían invitado a conocerle. Era tan mono, ese junto al pequeño Momo eran adorables. Los quería, quería muchísimo a sus sobrinos. Y cuando Momo iba corriendo hacía él con esa sonrisa emocionada porque les había ido a visitar, se sentía tan dichoso, su corazón se llenaba de una extraña calidez.
Ahora después de pasar un día en casa de su hermano, en su antiguo clan, era hora de volver a su territorio. Iba sin temor, él era Izuna Uchiha y pocos serían tan estúpidos como para querer emboscarle.
Al llegar al clan Senju fue recibido por los vigías que le saludaron mientras le abrían las puertas. Se dirigía a su territorio cuando se encontró con su suegro.
–Izuna, ¿Qué tal tu hermano y su manada?
–Muy bien. Momo cada día está más alto y ya está empezando a entrenar, dice que quiere ser tan buen shinobi como yo.– Sonrió con orgullo por ese sobrinito omega que quería seguir sus pasos.– Hanako es un cachorro muy tranquilo, apenas hace una semana que nació. Dice Himeko que casi no llora, que hace un suave sonidito casi imperceptible cuando tiene hambre o ensucia los pañales.
–¿Tiene una semana? ¿Y te permiten verla?
–Si, ¿por?– No encontraba que fuera nada extraño.
–Normalmente, después de dar a luz, los omegas no permitís que nadie, exceptuando vuestro alfa, se acerque a vuestros cachorros hasta que no pasa un mes aproximadamente, dependiendo de cada omega.
–¿Ah, si? Pues Himeko y Madara siempre me han permitido ver a sus crías y estar en su espacio sin problema.
–Siempre creí que eras un omega peculiar.– Pues no conocía casi nada de su propio genero y tenía gusto por las batallas, por hacerse fuerte y por deambular libremente.– Pero ahora veo que no eres el único. No había escuchado nada parecido.
Izuna no se ofendió por ese comentario hacía su persona y hacía la compañera de su hermano. El tiempo había limado las diferencias y asperezas entre ex líder Senju y omega Uchiha, eran capaces de entablar conversaciones entre ellos sin lanzarse dagas ni veneno por la boca.
–Siempre hemos tenido muy buena relación con Madara, supongo que su pareja se adaptó a ella e imitó. – Pues también tenían muy buena relación con la omega de su hermano. – ¿Sabes donde está Tobirama?
Se había concentrado en el lazo y no sintió a su pareja.
–Ha salido a entrenar con unos jóvenes supervivencia y rastreo. Llegara al anochecer según ha dicho.
Que lástima, adoraba los ejercicios de rastreo y supervivencia. Le gustaba poner a prueba a los nuevos y machacarles, forzarles a exprimirse al máximo.
–Me retiro entonces.– Se despidió del padre de su alfa.
–Izuna, espera.– El joven se detuvo y al girarse vio con asombro a su suegro arrodillándose.– Te lo imploro omega, no me dejes morir sin conocer un cachorro de Tobirama. Soy mayor y no voy a vivir muchos años más... Mi mayor anhelo es poder hacer de abuelo de mis nietos... No me niegues ese placer, te lo ruego. Se que obre mal, se que fui un desgraciado y no me merezco nada, pero... Por favor, Izuna, no te niegues ese bello proceso a ti y a mi hijo por mi culpa.
Izuna se quedó impactado de ver así al anciano Senju. Un hombre que antaño era un guerrero fiero y despiadado, un hombre orgulloso de su fuerza... Un hombre que había envejecido tanto en pocos años. Le ayudó a levantarse pues las viejas lesiones pasaban factura a ese cuerpo y le dificultaban el movimiento con agilidad, y más ahora que estaba empezando el frío otoñal.
–Butsuma, no hagas esto. No es necesario...
–Si lo hago, no me preocupa admitir que obré horrible contigo y que me merecía un fuerte castigo, pero mi hijo... Él no hizo nada...
–No se trata de castigar a nadie, Butsuma... No me sentía preparado.– Esa primera vez que se unieron con Tobirama era su primer celo, por eso en ese entonces no se creía preparado y tampoco lo deseaba.
Acompañó al anciano a su hogar, ayudándole a entrar y descalzarse. Luego le preparó un té.
–Descansa Butsuma Senju.– Le acercó el té que había preparado. Estaba empezando a refrescar y para un anciano no era bueno estar tanto rato a la intemperie.
– Siento haber vuelto a insistir, mi hijo me dijo que no te presionara más.
–No pasa nada. Como he dicho no me sentía preparado... En esos momentos no pero...
Butsuma levantó la cabeza de su té y observó la brillante y enigmática mirada de su yerno. Esa mirada...
–¿Estás...?– Izuna le había sonreído y había levantado los hombros mientras meneaba la cabeza, no era ni un si, pero tampoco un no.– ¿Cómo...? ¿Lo sabe mi hijo?
–Aun es demasiado pronto... Estamos esperando a que se confirme mediante el aroma.– Hacía apenas un mes había terminado su celo, aun no había manera de saber si estaba en espera o no... Lo que si estaba claro es que no se había tomado ningún preparado para evitar una concepción.
Unas semanas más tarde el aroma del Uchiha confirmó que si estaba embarazado. Fue una gran alegría para toda la familia. Y meses más tarde nacieron dos grandes cachorros mellizos, Hajime y Kano, uno con una abundante pelusilla blanca adornando su cabecita y el otro negra.
Nacieron sin necesitar ayuda de la matrona Shion, que la verdad es que agradeció no tener que ayudar a Izuna Uchiha... Aun le seguía temiendo. El azabache, fiel a su espíritu valiente y bravo, pujó y parió a sus dos cachorros sin desfallecer en ningún momento, Tobirama no se apartó de su lado, ofreciéndole apoyo a su fuerte omega durante el laborioso parto. Algo más de un mes más tarde, los gemelos fueron presentados a su familia paterna y materna; Izuna resultó una madre terriblemente protectora y territorial, y no permitió que nadie que no fuera su macho se acercara a su hogar y a su nido. Butsuma estaba muy feliz de poder cargar a los hijos de su segundo vástago, sobretodo se emocionó al ver la pelusilla blanca en Hajime, era como su Tobirama; aunque Kano, que era el más pequeñito de los dos, era adorable a sus ojos. Amó a esos pequeños que se convirtieron en sus consentidos junto a sus otros nietos, mientras Izuna reviraba los ojos de ver a tan fiero guerrero de antaño convertido en un abuelo permisivo y dulce con los cachorros.
Unos años más tarde Tobirama y él volvieron a tener una nueva camada, está vez solo nació un pequeño al que llamaron Hide. Ver al pequeño Hide sacó una sonrisa orgullosa de Tobirama y una pequeña mueca de falsa molestia en Izuna, pues realmente no le molestaba, eran sus bebés y los amaba fueran como fueran. ¿El motivo? Hide también tenía el pelo blanco como su alfa.
Y como parecía que esa pareja, que se amaba cada día más y más, habían tomado la directa... Pocos años después nacieron Hatsune e Itomi. Las mellizas nacieron con el cabello bicolor de forma parcial, pues eran principalmente azabaches con algunos gruesos mechones blancos. Con Hatsune e Itomi, Izuna hizo una excepción y dejó que el viejo patriarca Senju las conociera antes que los demás y que fuera llevado al cuarto donde tenía el nido. Butsuma estaba muy mayor y parcialmente ciego, pero fue muy feliz y sus ojos se humedecieron al poder conocer a sus últimas nietas... Pues poco tiempo después murió pacíficamente.
Butsuma quizás no había obrado muy bien, pero a la vez no se arrepentía de haber capturado a Izuna Uchiha; no después de ver la felicidad de los enlazados. Su hijo y el Uchiha eran una gran pareja, se amaban profundamente, se entendían y se complementaban a la perfección... Verles entrenar o pelear juntos era como ver una excelente y bella coreografía. Verles en su vida cotidiana, como se relacionaban, era magia para los que los apreciaban; la chispa en los ojos de ambos cuando se miraban, los pequeños gestos de cariño que se dedicaban de forma inconsciente, como se hablaban entre ellos como si estuvieran en su pequeña burbuja de amor. Y por eso Butsuma no se arrepentía de sus malas acciones para con el omega azabache, esos dos en su terquedad nunca se habrían unido, nunca habrían podido conocer esa felicidad, esa vida plena que llevaban. Y por eso Butsuma cuando llegó su hora murió feliz, sus hijos tenían buenas vidas, sus hijos eran fuertes, eran honorables y tenían las mejores parejas que habrían podido encontrar... En definitiva podía descansar en paz pues sus seres queridos tenían magnificas vidas, él había tenido una vida muy plena y colmada de alegrías. Y por eso esa mañana al ver que no despertaba, fueron a su habitación y lo hallaron muerto con una gran sonrisa en sus labios.
FIN
*En esta historia no ocurre como en el manga donde Tobirama hirió de gravedad a Izuna, sino no tendríamos historia.
