Serie La Flor y el Demonio
Libro I: La Flor del Desierto Blanco
Lluvia de Flutrane
Después de conocer a toda la familia archiducal y colateral de Eisereich, salí con mis tutores, Gunther y Evangeline con dirección a su casa. Me sorprendió un poco que actuaran más como vasallos que como candidatos a archiduque, en especial Karstedt y Gunther.
Pero la explicación fue sencilla, «ellos lo prefieren de esa manera» aunque cualquiera estaba bien entrenado para ser relevo de Aub en caso de emergencia, así que no le di más importancia.
Llegamos con relativa rapidez a la finca en la que vivían. Al ser familia directa de la familia archiducal, estaba a un lado del castillo por decir algo. Me quedaría con esta familia un par de temporadas en lo que mi habitación en el castillo era preparada.
Cuando descendimos del carruaje, Gunther fue el primero en bajar, le dedico una hermosa sonrisa a su esposa para ayudarla a bajar. El amor era tan claro en los ojos de los dos que no pude más que admirarlos, Bluanfah baila entre ellos. No sé si su matrimonio fue político, pero claramente ambos tienen sentimientos románticos en este punto.
Con gran deleite constaté que Gunther es todo un caballero, también me ayudó a bajar del carruaje. En la puerta esperaba dos niños, una de aproximadamente nueve años o diez y un niño tal vez en edad de bautizo.
"Tulsneda, Kamilio, ella es Lady Rozemyne, hija adoptiva de Aub Eisenreich y su esposo. Presentense".
Los dos niños se arrodillaron delante de mí y me dieron sus saludos nobles. Les devolví la bendición y los dos niños me sonrieron.
"Lady Rozemyne vivirá un tiempo con nosotros por orden de Aub Eisenreich. Esperó que la traten como se debe y no se dejen llevar" dijo Gunther con tono severo a la vez que amable.
"Por supuesto, papá", respondieron los hermanos al unísono.
Me guiaron dentro de la mansión donde varios sirvientes iban y venían. Llegamos a una sala que ya estaba preparada con té para todos, entonces nos sentamos y ellos hicieron la prueba de veneno.
Los dulces eran terrones de azúcar que me recordaron ese maldito palacio y a mis dos asistentes muertas. Apreté un poco los puños por el recuerdo, pero tenía que seguir adelante.
"Lord Gunther, Lady Evangeline, muchas gracias por recibirme en su hogar. Trataré de no ser una carga para ustedes".
"No hay necesidad de ser tan formal, Lady Rozemyne", dijo Evangeline con una sonrisa amable que de alguna manera me tranquilizaba. No solo se parecía a Flutrane, ella transmitía la misma paz.
Gunther miró un momento a su familia y luego colocó una herramienta anti escuchas de rango específico en el centro de la mesa. "Lady Rozemyne, quiero disculparme anticipadamente, pero mi familia es de todo menos normal. Así que, si nuestro comportamiento te ofende en algún momento eres libre de decirlo".
"Gunther no tienes porqué preocuparte, pueden comportarse como lo hacen con normalidad, en realidad la que debe disculparse soy yo por imponerme de esta manera, con tan poco tiempo de antelación".
"Entonces, todos estamos igual", dijo con una sonrisa divertida y le asentí.
"Bien. Tulsneda, ¿puedes acompañar a Lady Rozemyne y mostrarle su habitación? Ella querrá descansar adecuadamente", dijo Evangeline con una mirada cálida.
No pude evitar pensarlo, pero me hubiera gustado nacer en una familia tan amorosa como la de Gunther y Evangeline. Su comportamiento noble era ejemplar, pero había algo más en el ambiente de esta familia y me encontré deseando un poco de eso.
"¿Nos vamos Lady Rozemyne?", preguntó la chica.
"Claro", respondí y la empecé a seguir por detrás.
"¿Quieres que te muestre toda la mansión?", ella preguntó.
"Por mi esta bien, pero ¿eso no molestará a las otras esposas de tu padre?", pregunté en tono de disculpa. Ella parpadeó un par de veces y se rio mientras cubría su boca con delicadeza, como toda señorita de clase alta. Si le hubiera dado un abanico, se hubiera visto como una de esas Ojou-sama de manga y anime del mundo de Urano.
"No te preocupes, ¿recuerdas lo que dijo mi padre?" Asentí recordando las palabras de Günther. "Bien, mi padre, solo está casado con mi madre y afirma que no tomará ninguna otra esposa. Por eso cuando te ví bajar del carruaje pensé que eras la hija de alguna amante. Tu cabello se parece mucho al de mi padre y hermano".
Ciertamente no lo había pensado, pero mi cabello era muy parecido al de la familia archiducal, sin embargo es mucho más parecido al de Gunther y su hijo.
"De hecho no lo había notado hasta que lo mencionaste".
"Por eso pensé que eras mi hermana menor", dijo Tulsneda con una sonrisa igual de cálida como la de su madre.
Eso hizo que me avergonzará un poco, aunque Tulsneda parece un ángel al igual que Charlotte.
Terminamos el recorrido y ella me llevó a la que sería mi habitación por un par de temporadas o menos. Dentro de ella platicamos un poco de cosas banales hasta que se hizo tarde. Bajamos a cenar todos juntos, desilusionada me di cuenta que la comida era igual de insípida que la de la soberanía.
Evangeline me preparó para dormir, ella sería mi asistente adulto para cuándo me mudara al castillo, así que tendría que acostumbrarme más temprano que tarde.
Me acosté y ella cerró el dosel de mi cama. Bastó solo eso para que las lágrimas contenidas durante tanto tiempo comenzarán a rodar solas. Aquí me sentía segura, sin embargo, siempre tuve el temor que me abandonaran. Al ver que eso no sucedería, pude relajarme, mis lágrimas se desbordaron entonces. Me tapé los ojos con el antebrazo. Los sollozos escapaban de mi sin poder evitarlo.
"Alessandra, Bernice, las extraño", dije mientras mis lágrimas continuaban bajando sin detenerse. Me mordí el labio, mi garganta se había secado. "¿En serio está bien qué continúe viviendo sin ustedes a mi lado?" Me pregunté nuevamente en voz alta.
Escuché el ruido del dosel abrirse y me apresuré a limpiar las lágrimas de mi rostro antes de volver a cubrir mis ojos con el antebrazo. En ese momento una voz suave y cálida habló.
"Por supuesto que está bien qué continúes viviendo. No importa que tan doloroso sea el camino, debes vivir y ser felíz. Eres una niña hermosa. Tus padres han de estar orgullosos de tí. Demuestrales que puedes lograrlo y que te convertirás en una gran mujer", la voz pertenecía a Evangeline, lo sabía, pero no me atrevía a verla. Ella no sabía nada de Alessandra y Bernice, aún así, sus palabras concordaban con lo que ellas me habían dicho.
"¿De veras está bien que sea feliz?" Pregunté aún con los ojos cubiertos y un nudo en la garganta.
"Lo está" ella dijo. Pude sentir como se sentaba en la orilla de mi cama y continuaba. "No sé cómo, ni quiénes eran tus padres, pero puedo ver que tu familia es como la nuestra. Tú los amas y estoy segura de que ellos te amaban al punto de dar su vida por la tuya".
'¡Exactamente eso fue lo que hicieron! ¡Murieron por mí! Ellas eran mis madres en este mundo'.
Las lágrimas volvieron a brotar de mis ojos. Era como si un grifo se hubiera abierto y no podía detenerlas.
Una suave mano empezó a acariciar mi cabeza, "Hay un dispositivo anti-escuchas activado. Puedes llorar. Piensa en este lugar como una habitación oculta. Deja fluir todo e ignora mi presencia".
Esas palabras fueron suficientes para que empezara a llorar más fuerte. Quería gritar, abrir mi pecho y sacar el corazón. Me dolía tanto que no lo soportaba. Aún así contuve mi maná lo mejor que pude hacerlo para no lastimar a Evangeline, que continuaba acariciando mi cabeza. Un momento después, mientras sollozaba, ella empezó a cantar con una voz suave. La letra no contenía ni un eufemismo, algo que no era nada noble, pero la familia de Gunther era rara y me gustaba como era.
Me complace amarte
Disfruto acariciarte y ponerte a dormir
Es escalofriante
Tenerte de frente, hacerte sonreír.
'Alessandra, siempre me cuido desde que nací, me acariciaba lentamente de vez en cuando y siempre busco hacerme sonreir'
Daría cualquier cosa
Por tan primorosa, por estar siempre aquí
Y entre todas esas cosas
Déjame quererte, entregarme a tí.
'Sí e incluso diste tu vida, pero ya no estas a mi lado Bernice. Me quisiste y te entregaste a mi, dando tu vida por la mía'
Abrazarte
Esperarte, adorarte
Tenerte paciencia
Tu locura es mi ciencia
'Siempre me adoraron. Las dos hicieron todo por mi. Me tuvieron paciencia. Seguían cada una de mis locuras como si fuera lo mejor del mundo. ¿Cómo puedo retribuirles tanto cuándo ya no están aquí?'
Cada lágrima que fluía de mi, mientras Evangeline me cantaba y acariciaba, hacía que mi corazón se sintiera más ligero. Su dulce voz me recordaba a Alessandra tratando de tranquilizarme. Sus suaves caricias se asemejan a las palmaditas que Bernice me daba en la cabeza. Me sentía débil. No quería hacerlo. Era la hija adoptiva de la archiduquesa de un gran ducado, pero mi corazón vacilante no me permitía seguir, así que hable.
"Evangeline, ¿podrías darme un abrazo solo por esta noche?" Pregunté con miedo a que me rechazará, pero necesitaba el consuelo, el calor de otra persona.
"Por supuesto", dijo.
Quité el antebrazo de mis ojos y lo que vi en el rostro de Evangeline me hizo sentir paz. En ella no había desdén, lástima, disgustó ni ninguna otra emoción que pensé que vería. Era todo lo contrario. Me miraba con amor, como una madre lo hace con su hijo. Con paciencia, tranquilidad, serenidad y mucho más.
No pude evitarlo. Me lancé directamente a sus brazos y enterré mi rostro en su pecho. Ella llevó su mano a mi espalda y me acariciaba lentamente, dándome el consuelo que tanto necesitaba.
"Tu vida será muy dura a partir de ahora, pero no dudes en venir a mí. Sé que nos acabamos de conocer y puedo ver la desconfianza en tus ojos. No sé que has tenido que vivir para incluso dudar de tu propia sombra, sin embargo, si algo entiendo muy bien es que Aub te protegerá de cualquiera que quiera hacerte daño" ella dijo antes de pensar en sus siguientes palabras. "Y yo, por alguna razón, quiero proteger tu pequeño corazón. Quiero que confíes en mí. Sé que como nobles no podemos mostrar debilidad o cualquiera la explotará, sin embargo, quiero cambiar tu vida".
Sus palabras calmaron mis sollozos. No sabía cuánto necesitaba oír esas palabras. Aun duele, claro, pero algo me decía que debía confiar en Evangeline. Lo podía sentir con claridad. "No solo te pareces a Flutrane, eres como ella" murmuré con mi rostro aún enterrado en su pecho.
Ella tomó mis hombros, me alejó y me miró a los ojos. "Si Aub será Schutzaria, yo no dudaré en ser Flutrane y estoy segura de que mi esposo será como Leidenschaft. Los dioses pilares protegen a Geduldh para que Mestionora pueda vivir felíz y alegre". Ella terminó con una cálida sonrisa, que me hacía sentir mucho más tranquila.
Mis ojos empezaron a sentirse pesados y en un momento estaba en un gran campo. El paraje era enorme y hermoso. Había muchos tipos de flores y árboles. La brisa era agradable.
Giré trescientos sesenta grados viendo el paisaje. Un gran árbol yacía en medio de todo y caminé hacía él. Debajo del gran árbol había dos hermosas flores, una era una rosa que me hizo pensar en el amor y el balance que Alessandra me ofrecía, la otra era una anémona que representa la suerte y fuerza. En ella reconocí a Bernice y como me protegió hasta el final.
Cuando miraba las flores dos manos se posaron en mis hombros. Mire hacia ambos lados. ¡Eran ellas! Mis madres me miraban con una sonrisa y ojos llenos de amor. Mis lágrimas volvieron a derramarse mientras las miraba, ambas se agacharon y se pusieron a mi altura y me abrazaron con fuerza.
"¿Esté es el adiós?" Pregunté, pero ninguna me respondió. En cambio empecé a escuchar risas de niños y adultos. Levanté la vista entre lágrimas y ahí estaban Gunther, Evangeline, Tulsneda, Kamilio, mis padres adoptivos, Karstedt y su esposa y varios niños que no reconocía. Todos me hacían señas para que fuera a donde ellos estaban. Mis madres me soltaron, pero dudé en ir. Quería quedarme con ellas para siempre.
Dos manos se posaron en mi espalda y me empujaron suavemente hacia adelante. Al voltear atrás, ellas me estaban sonriendo con lágrimas en los ojos. Corrí de vuelta hacia ellas y extendí mis brazos y ellas se volvieron a poner a mi altura. Así las abracé a las dos una última vez.
"Princesa, nunca olvides que te amamos con todas nuestras fuerzas, pero es momento de que avances y mires hacia el futuro" Alessandra dijo.
"Siempre estaremos a tu lado. Puedes confiar en todos ellos. Sé que será difícil hacerlo, pero házlo poco a poco. Cuando llegue el momento de reencontrarnos, lo haremos. Te estaremos esperando. No nos iremos de aquí. Tardate todo lo que quieras, pero vive feliz", finalizó Bernice.
"¿En serio está bien que viva sin ustedes?", pregunté aún con lágrimas en los ojos.
"Por supuesto que lo está, princesa. No olvides que eres nuestro orgullo", dijo Alessandra tomando una de mis mejillas y acariciándola mientras Bernice hacía lo mismo con la otra.
"Ahora ve, te están esperando", agregó Bernice mientras me daba un beso en la frente, seguido de uno de Alessandra.
Llegué hasta donde estaban todos los que me esperaban y volví a ver una última vez. "¡LAS AMO!", grité con todas mis fuerzas antes de que un fuerte viento soplara y ellas se convirtieran en pequeñas partículas de luz y fueran llevadas muy lejos.
"Hasta que nos volvamos a encontrar, princesa", sonaron sus voces llevadas por el viento.
Cuando desperté, una sensación cálida estaba entre mis manos que estaban juntas y entrelazadas sobre mi pecho. Cuando las abrí, había dos piedras hermosas en forma de lágrima. Instintivamente supe que contenían el maná de Alessandra y Bernice.
'Gracias dioses, por permitirme despedirme de ellas' .
El dosel se abrió y ahí estaba Evangeline. No pude evitar sonrojarme. "Perdón por lo que te mostré anoche" comencé solo para ser interrumpida.
"Lady Rozemyne, no, Rozemyne. No tienes que pedir disculpas. Somos humanos y tenemos momentos de debilidad, pero te lo dije ayer, puedes venir a m,i yo protegeré tu corazón"
Una sonrisa se formó en mi rostro. "Muchas gracias, Evangeline. Me has ayudado mucho".
Ella simplemente negó con la cabeza y me dio una palmadita en la cabeza. Momentos después entró Tulsneda y ambas me ayudaron a tomar un baño y a cambiarme. Me enteré que Tulsneda quería ser asistente como su madre y por eso aprendería todo lo posible antes de ir a la academia real. Ella cumplirá diez este verano, eso significa que es un año mayor que yo.
No tenía mucha ropa, y la poca que tenía no me quedaba muy bien. Aún así bajé y desayunamos todos juntos.
'Definitivamente esta familia no es normal, pero me gusta'.
Nadie preguntó nada durante el desayuno, y agradecí que no lo hicieran. Sabía que tenía que confiar en ellos, sin embargo, aún me sentía cautelosa. No podía cambiar mi naturaleza de la noche a la mañana.
A la segunda campana arribó mi familia adoptiva, quienes eran Georgine, su esposo y Charlotte, su hija.
"Buenos días Rozemyne, veo que no me equivoqué al dejarte al cuidado de la familia de Gunther".
'Espera, ¿Ella sabía que no son nobles ordinarios?'
Como si pudiera leer mis pensamientos agregó. "Gunther y su familia son raros por decir algo, necesitas un periodo de adaptación y se que ellos harán las cosas mucho más cómodas para tí, por eso te envié con ellos, me gustaría hacerlo a mí como tu familia, pero a veces estamos muy ocupados y ellos son la mejor forma de abordar tu adaptación".
"Después de todo no solo parecen Flutrane y Leidenschaft" murmuró bajito, pero estaba segura de que la habían escuchado.
"Hoy conocerás a quienes serán tus aprendices de caballero, y erudito como hija adoptiva de Aub necesitas un séquito. A quienes conocerás hoy son de nuestra pura y entera confianza, en invierno conocerás a más niños y podrás escoger a tus propios vasallo", agregó mi padre adoptivo, tratando de cambiar de tema por las últimas palabras que Georgine había dicho.
"Muchas gracias por su consideración".
"También recibirás un presupuesto, al igual que el de Charlotte, esperamos que dentro de una temporada ya estés un poco más habituada a nuestro Ducado, mi hija te enseñara algunos de los deberes que ella cumple. Así podrás ayudarla como su hermana mayor". Dijo mi madre adoptiva.
"Espero trabajemos juntas hermana" me sonrió Charlotte y ahora estaba totalmente segura que ella y Tulsneda eran ángeles, necesitaba hacerles un pabellón.
"También esperó trabajar contigo Charlotte", respondí.
"Ha sido un placer verte hermana, pero debo irme, me espera mucho trabajo en el templo", dijo con una sonrisa lo que me hizo parpadear.
"¿El templo?", murmuré y Charlotte se tensó un poco.
"Oh, no te lo he dicho antes, pero yo soy la sumo obispo del Ducado, se que en otros ducados ven el templo como un lugar sucio, sin embargo, aquí es distinto, cuando sea momento de que te toque ir lo veras. Charlotte se encarga de las ceremonias como sumo obispo adjunta", terminó Georgine.
"Un templo no puede ser peor que aquel lugar" murmuré cuando me di cuenta de mis palabras me tape la boca, mis padres adoptivos ahora me miraban con preocupación.
"Lo siento yo…" antes de que continuará hablando un par de ángeles se sentaran y tomarán cada una de mis manos.
"No sé qué fue lo que te paso hermana, pero nuestro Ducado es distinto, ahora eres mi hermana y te ayudaré en todo lo que pueda lo prometo", Charlotte dijo tomando y apretando más fuerte una de mis manos.
"No eres mi hermana, pero como eres la hija adoptiva de Aub, eso significa que eres mi prima al igual que Charlotte, mi familia no es normal y si yo quiero pensar en ti como mi hermana menor lo haré en privado. Así que no te preocupes, te protegeré como una hermana mayor". Tulsneda dijo mientras inflaba el pecho.
"Tulsneda, tú…" Georgine dijo dejando escapar un suspiro. "A Veces me preguntó si el tío Bonifatius tiene genes Dunkelfelger, tengo que revisar el árbol genealógico una vez más para corroborarlo, ustedes siempre hacen lo que quieren, pero muy bien".
"¿Pero no fue por eso que la enviaste aquí con nosotros tía?", La niña de cabello verde preguntó con un puchero.
"Si, si, como digas", dijo Georgine y su esposo se rió.
"Es increíble, que nunca puedas ganarle a Tulsneda". Ella le lanzó una mirada mordaz a mi padre adoptivo pero él continuó riendo.
Lo que provocó que yo también me riera un poco por su interacción. "Muchas gracias, ya me siento mejor, prometo que me esforzaré mucho madre, padre y hermanas".
Mis padres adoptivos asintieron. "Muy bien Rozemyne, sé que lo harás muy bien", aseguró mi padre adoptivo y me dió una palmadita en la cabeza.
"¿Nos vamos Charlotte?" Él preguntó, ella asintió y ambos se fueron.
….
Una campanada después, no pude evitar parpadear, varios de los niños que había visto en mi sueño estaban ahora presentes y la esposa de Karstedt, Elvira venía con ellos.
Todos los niños se presentaron y dieron sus saludos nobles.
"Ellos dos serán tus aprendices de caballero, nunca te separes de ellos ¿Entendido?" Asentí.
"El mayor es Eckhart, hijo de Karstedt y Elvira, este año cursará su segundo año en la academia real, Heidemari es una estudiante de segundo año al igual que Eckhart, ella es una aprendiz de erudito, las siguientes son Angélica aprendiz de caballero y su hermana menor Liseleta que es aprendiz de asistente" luego miró a la esposa de Karstedt antes de continuar. "Gunther, Evangeline y Elvira serán tus asistentes adultos, un caballero, una asistente y una erudita".
"Entiendo, muchas gracias madre", mire al resto de personas "espero poder trabajar con todo ustedes".
Todos se arrodillaron y cruzaron sus brazos delante de mí, aún tenía que acostumbrarme a tener a tanta gente nueva.
"El comerciante ha llegado'', anunció un sirviente de la casa.
"Bien es hora de que me vaya, Evangeline, Elvira les encargo a mi hija", terminó Georgine antes de ponerse de pie y salir con su séquito a cuestas.
Entonces empecé a delegar tareas, le pedí a Heidemarie que me buscara un libro a Liseleta y Tulsneda que me ayudarán con las modas de Ehrenfest.
Unos momentos después entró un hombre, dos mujeres y un niño.
"El hombre se presentó como Benno, su esposa Liz, su hijo Lutz y su hermana Corinna".
Por alguna razón, el hombre llamado Benno me pareció alguien astuto y si no tenía cuidado con él me desangraria hasta dejarme en bancarrota.
"Benno, Corinna, necesito preparar distintos tipos de ropa para la hija de Aub Ehrenfest, Lady Rozemyne. Pagaremos la cuota por un servicio rápido". Dijo Evangeline y pude ver a todos tensarse cuando mencionaron que era hija de Aub Ehrenfest.
Heidemari y el resto regresaron un momento después con mi libro y la información sobre moda de Eisenreich que les había pedido, empezaron a mostrar muchos tipos de tela de alta calidad, colores y adornos.
Le pedí ayuda a Evangeline y Elvira para que me ayudaran a escoger, lo que hizo que a las mujeres mayores les brillaran los ojos. Luego tomé el libro que Heidemari había traído para mí.
Hacía mucho que no leía con paz y tranquilidad, me sumergí en el mar de letras y al poco tiempo dejé de escuchar las voces de las personas alrededor.
No se cuanto tiempo paso pero me arrebataron el libro y por instinto fruncí el ceño, delante de mí Tulsneda sostenía el libro con una sonrisa fría y tragué saliva.
"Lady Rozemyne, llevamos medía campanada hablándote pero no reaccionabas, pensamos que algo estaba mal, sin embargo, continuabas moviendo los ojos siguiendo las letras y cambiando páginas. Perdón por ser tan brusca, ya que fue la única manera de que regresaras".
Me sonroje, hace mucho que no me pasaba, "Lo siento mucho, yo… solo amo los libros y me olvidó de todo" dije con una sonrisa rígida.
"No solo te pareces a Mestionora", bromeo Elvira haciendo que todas las mujeres rieran y hasta ese momento me di cuenta que los hombres habían salido de la habitación.
"Por favor, Lady Rozemyne acompáñame atrás del biombo, las costureras tomarán tus medidas", dijo Evangeline, ella y Liseleta me ayudaron a desvestirme.
Luego procedieron a medirme entre varias costureras que habían entrado.
'No importa el mundo que sea, ¿Las mujeres aman la moda no?'.
"Tendremos las pruebas listas dentro de tres semanas, ¿Está bien que hagamos las pre costuras en ese tiempo?", preguntó la mujer llamada Liz.
"Por supuesto" respondió Evangeline "Entre más pronto mejor".
La interacción entre Liz y Evangeline me hizo pensar que había historia detrás, pero no intervendría en asuntos que no son míos.
"Elvira, ¿Mi madre ha dicho de cuanto es mi presupuesto?" Cuestione a mi nueva erudita.
"Si es este", dijo pasándome una tabla de madera, abrí muchos los ojos, me habían asignado cuatro oros grandes y dos pequeños.
"Gracias" dije devolviéndole la tabla, "podrías conseguirme información sobre el ducado, geografía, alimentos" y así continúe pidiendo muchas cosas más para poder aclimatarme.
Al final del día, algunos de los niños se habían ido a sus casas excepto Eckhart y Angélica que harían guardia
Los días continuaron pasando, por las noches seguía sintiéndome triste, pero Evangeline siempre se acercaba y hablaba conmigo hasta que me quedara dormida.
