Capítulo 26

"Robert, ¿cómo se te ocurrió hacer una cosa así? Yo le había prometido a William darle tiempo para adaptarse a su nueva realidad, y sobre todo para que conociera a su nueva familia," dijo el señor Darcy indignado a Lord Matlock.

"George, no es conveniente alargar esta situación y es mejor afrontar la ola de rumores, preguntas y miradas curiosas de una sola vez. Ya todos saben que el muchacho apareció, Doris organizará un gran baile para presentarlo en sociedad y en dos meses nadie se acordará de todo esto," explicó Lord Matlock.

Él había pedido a su procurador que contactara al periódico más importante de Londres y que les contara la noticia sobre la aparición del heredero de los Darcy. Además, el propósito del artículo era dejar claro que la familia aceptaba completamente al hijo perdido de George y Anne Darcy y estaba dispuesta a apoyarlo en su entrada en sociedad.

"Pero deberías haberme consultado, no eras tú quien debía tomar esa decisión. Yo le di mi palabra a mi hijo de que haríamos esto de forma gradual," intentó decir el señor Darcy.

"Lo siento, George, pero tú estás absolutamente sobrepasado con toda esta situación y no estás pensando claramente. El muchacho no puede darse el lujo de seguir jugando al comerciante porque él es un Darcy y el nieto de un conde y debe estar a la altura de las circunstancias. Y te advierto, que ayer le mandé una carta a Catherine porque me pareció que sería muy desconsiderado de nuestra parte no informarle lo que estaba pasando y que se enterara por el periódico."

"Te advierto que si Catherine viene a Londres a importunar, tú tendrás que hacerte cargo de ella," dijo el señor Darcy cada vez más indignado.

Él continuó discutiendo con su cuñado mientras fuera de la casa estaba el elegante carruaje de los Bingley con Louisa y Caroline en su interior. Ellas se habían enterado de la noticia de que el heredero de los Darcy había aparecido, y se morían de ganas por enterarse de más detalles. A Caroline se le ocurrió venir a visitar a Georgiana para sacarle información, pero sus planes se vieron arruinados porque la familia no estaba recibiendo visitas.

Caroline había calculado que el heredero de los Darcy debía tener unos veintisiete o veintiocho años y pensó que sería un excelente partido y estaba ansiosa por tener la oportunidad de conocerlo. Las hermanas Bingley no se fueron y se quedaron en el carruaje por unos minutos observando la casa para ver si podían enterarse de alguna novedad. El periódico no había sido muy informativo, sólo decía que Fitzwilliam Darcy había retornado a vivir con su padre y que la familia lo presentaría muy luego en sociedad. Pero no mencionaba dónde había estado todos estos años ni ningún otro detalle.

Ellas tenían la intención de venir con su hermano porque él era muy cercano al señor Darcy, pero no pudieron encontrar al bobo de Charles por ninguna parte. El mayordomo les dijo que se levantó temprano y se fue, pero no les pudo dar más información porque no sabía nada más.

"Louisa me muero de ganas de conocer al heredero de los Darcy, estoy segura que debe ser un hombre igual de distinguido que su padre," dijo Caroline mientras trataba de ver si había alguien al interior de la casa.

"Caroline, estoy segura que lo que menos te interesa de ese hombre es si es distinguido," dijo Louisa sonriendo.

"¿Insinúas que lo único que me interesa de él es su cuenta del banco, esta hermosa mansión y Pemberley?" preguntó Caroline riendo también.

"Por supuesto, querida. Te conozco perfectamente," dijo Louisa.

"Sé que una vez que sea presentado en sociedad habrá mucha competencia por llamar su atención. Por eso quiero adelantarme a todas esas víboras. Estoy segura que él va a necesitar asistencia para poder navegar en la implacable sociedad londinense, y quién mejor para ayudarle que yo, ¿no crees querida hermana?"

"Por supuesto, querida. ¿Pero qué tal si ya está casado?"

"Espero que…" Caroline no pudo seguir hablando porque vio a William Dalton golpeando la puerta de los Darcy. Pero quedó aún más perpleja cuando vio que lo dejaban entrar.

"Caroline, ¿por qué dejaron a ese hombre entrar y a nosotras no? Nosotros conocemos a los Darcy hace años," dijo Louisa muy sorprendida.

"No, no puede ser… Esto es una pesadilla… ¡No, maldita Eliza Bennet!"

"¿De qué hablas, Caroline? ¿Qué tiene que ver Eliza en todo esto?" preguntó Louisa sin comprender.

"No te das cuenta, Louisa… William Dalton ES Fitzwilliam Darcy."

"NOOOO, aunque ahora que lo pienso, ese hombre siempre tuvo algo que lo hacía ver distinto al típico comerciante… ¡Oh, no! Eso significa que Eliza será la señora de Pemberley algún día."

"Te aseguro Louisa que el señor Darcy y Lord Matlock jamás aceptarán a esa mujer en su familia. Y dudo que William la vaya a preferir a ella por sobre la maravillosa vida que le espera siendo un Darcy cuando tenga que elegir. Además, ella se casó con William Dalton y ese hombre no existe. Me encantaría estar presente cuando él le diga que no hay ningún vínculo entre ellos," dijo Caroline sonriendo.

Louisa no estaba tan segura de que las cosas fueran como su hermana lo pensaba. Ella había observado en más de una ocasión como William Dalton adoraba a Eliza. Pero ella prefería no contradecir a Caroline para evitar tener discusiones innecesarias. Además, habían estado casi quince minutos fuera de la casa de los Darcy y era hora de retornar a casa, por lo que Louisa se limitó a escuchar los planes que su hermana hacía con el heredero de los Darcy.

Caroline estaba en éxtasis. A ella siempre le había atraído William Dalton pero pensaba que nunca podría existir nada entre ellos porque él estaba muy por debajo de ella. Ahora, ambos estaban a la misma altura y en el momento en que la estúpida Eliza saliera de su vida, ella pensaba acercarse a él. Desde que se conocieron, ella supo que la atracción había sido mutua, y ahora que no existían barreras entre ellos, podrían finalmente estar juntos.

William estaba furioso con todo lo que estaba pasando porque le pareció de pésimo gusto enterarse por la prensa que sería presentado en sociedad en dos semanas más. Por lo menos se había mantenido su identidad en anonimato, pero eso no disculpaba el hecho que estuvieran haciendo planes que le involucraban sin preguntarle.

Cuando entró al estudio de su padre, Lord Matlock decidió adelantarse y no darle tiempo de hablar. "Antes que digas cualquier cosa, Fitzwilliam, déjame aclararte que fui yo quien informó al periódico de lo que estaba pasando en nuestra familia."

William vio la cara angustiada de su padre y se sintió contento de que él no hubiera faltado a su palabra. "¿Y por qué usted se tomó la libertad de hablar sobre mí sin siquiera consultarme?"

"Porque te guste o no, algún día tenías que enfrentarte a todo esto y es mejor hacerlo rápido y de una vez." Lord Matlock habló por varios minutos para intentar tranquilizar a su sobrino, pero no lo consiguió por lo que decidió terminar la conversación para pasar a otro tema que le interesaba. "Bueno, lo hecho, hecho está y no tengo nada más que decir al respecto."

"¿Así de fácil? Lo siento, pero yo no estoy listo para lidiar con todo esto. Yo pensé que tendría tiempo…"

"Hijo, no debes hacer nada que no quieras," dijo el señor Darcy y se acercó a William para darle una palmada en la espalda.

"Eres un hombre adulto y nadie te puede obligar a nada, Fitzwilliam. Pero si desapareces sin decir nada, crearás un escándalo aún mayor que no sólo te afectará a ti, sino también a tu padre y a tu hermana que el próximo año hará su debut en sociedad."

William dejó de protestar y Lord Matlock supo que había dado en el clavo y que al parecer, el muchacho tenía sentido del honor y estaba dispuesto a cumplir con su deber. Por eso, él se animó a tocar el otro punto que tenía pendiente y que era bastante más delicado.

"Hay otro asunto que deseo plantearte y espero que lo comprendas y sepas actuar como corresponde. Fitzwilliam Darcy es un hombre soltero y creo que debe casarse con una mujer de su clase que pueda apoyar a su hermana y…"

"No señor, no se atreva a ni siquiera a insinuar algo como eso…"

"¿Pero cómo se te ocurre que tu actual esposa puede ocupar el lugar de mi hermana que era la hija de un conde?"

"Por si no lo entiende, déjeme aclararle que yo amo a mi esposa y jamás la dejaré por nada ni por nadie…"

"¿Y quién te está pidiendo que la dejes? La puedes dejar viviendo en Manchester con la mujer que te crió o comprarle una casa elegante aquí en Londres y visitarla cuando te dé la gana. Nadie te va a juzgar por estar encaprichado con una mujer joven y tan bonita."

"NI UNA PALABRA MÁS…" dijo William absolutamente disgustado. "Lo siento, señor Darcy, pero si esta es la vida que me espera, no la quiero. Yo soy como mi padre Aaron Dalton, un hombre honorable de familia que sólo puede amar a una mujer. Creo que es mejor que me vaya…"

"Hijo, yo no estoy de acuerdo con nada de lo que ha dicho Lord Matlock, y yo soy la cabeza de la familia Darcy, no él."

"Entiendo, pero le pido que me disculpe. Estoy asqueado de escuchar a este hombre. Otro día podremos hablar, buenas tardes," dijo William y dejó el estudio de su padre.

El señor Darcy salió tras él, pero no pudo convencerlo de que se quedara para que pudieran aclarar todo. Luego regresó al estudio y le dijo unas cuantas verdades a su cuñado.

"Robert, si vuelves a interferir en la vida de mi hijo como lo has hecho, te juro que romperé todos los lazos contigo y que no volveré a prestarte dinero."

Lord Matlock vio tan enojado a su cuñado que prefirió no decir nada más y regresar a su casa. Él necesitaba la ayuda económica del señor Darcy porque las cosechas no habían estado muy bien aquel año. Él sabía que había sólo una persona que podría solucionar el impase que se generó aquella tarde, por eso de casa Darcy fue directamente al regimiento donde su hijo estaba viviendo junto a sus tropas.

P&P

Jane estaba en el jardín sentada bajo la sombra de un manzano. A ella siempre le había gustado ese lugar porque le traía paz y la ayudaba a aclarar sus pensamientos. La noche anterior, ella y Elizabeth habían conversado de muchas cosas, tal como lo hacían antes de que ella comenzara a comportarse como una estúpida.

Ella le pidió disculpas a Elizabeth por no haber sido la hermana mayor que ella merecía y le prometió que nunca más permitiría que nadie la apartara de su familia y los seres que ella quería. Pero además, le pidió disculpas por nunca haberse tomado el trabajo de conocer a William y juzgarlo tan ligeramente. Jane quedó contenta después de haber sacado todos aquellos pensamientos negativos de su corazón aunque estaba consciente de que llevaría un tiempo que Elizabeth volviera a confiar en ella.

Pero aún no había logrado ordenar todos los asuntos pendientes en su vida porque necesitaba tener una conversación abierta y sincera con su esposo. Ella planeaba escribirle una extensa carta y estaba ordenando sus ideas para poder decirle todo lo que deseaba y había callado por tanto tiempo. Pero además, y como le habían recomendado Violet y Elizabeth, ella estaba dispuesta a admitir sus propias culpas y pedir perdón por todo lo que fuera necesario.

"¿En qué piensas tanto, mi querido Ángel?" preguntó el señor Bingley un poco nervioso. "Espero que sea en mí."

"Charles, ¡qué linda sorpresa!" replicó Jane muy nerviosa y no pudo evitar abrazar a su esposo.

Ellos estuvieron por varios minutos abrazados y besándose hasta que Jane recordó todo lo que debía hacer y le dijo a su esposo con suavidad pero firmeza a la vez. "Charles, necesitamos hablar."

"Lo sé, querida. Sé que he sido un tonto y que actuado peor que un niño mimado," dijo Charles acariciando el rostro de su esposa.

"Los dos hemos actuado como niños y hemos permitido que otros interfieran en nuestras vidas, Charles." Jane tomó la mano de su esposo y se sentaron en la banca debajo del manzano a conversar.

Jane le pidió disculpas a Charles por no haber sido sincera con él y ocultarle todo lo que Louisa y Caroline hacían a su espalda. "Creo que lo hice porque pensaba que de esa manera ellas llegarían a aceptarme algún día. Pero hoy sé que haga lo que haga, nunca seré lo suficientemente buena para ellas."

"Y yo he delegado mis obligaciones en otros por cobardía y comodidad. Pero no quiero seguir así, Dalton me hizo ver que estaba actuando como un imbécil," dijo Charles y le besó la mano a su esposa. Luego le contó que deseaba más que nunca cumplir el sueño de su padre y transformarse en un caballero terrateniente. "Nos quedaremos en Netherfield en donde me dedicaré a aprender todo lo necesario para administrar una hacienda. Pero además, donde estemos lejos de mis hermanas y sus constantes interferencias en nuestras vidas."

"Me encanta la idea, mi amor. Podremos empezar de cero y darnos la oportunidad de conocernos mejor y consolidar nuestra relación."

El señor Bingley abrazó a Jane y le prometió que se transformaría en un hombre del que ella pudiera sentirse orgullosa. Por su parte, Jane le prometió que nunca más le ocultaría lo que realmente estaba pasando y que siempre confiaría en él.

Mientras tanto en casa, Violet y Elizabeth conversaban muy preocupadas. Ambas habían leído el artículo publicado en el diario y no lograban comprender que podía haber pasado. Ellas sabían que a William no le gustaba tomar decisiones apresuradas y que siempre prefería pensar bien antes de hacer algo. Por eso, ellas presentían que quien filtró la información a la prensa, lo hizo sin su consentimiento.

"Lizzy, creo que debes regresar a Londres lo antes posible para que puedas ayudar a William en todo lo que debe estar enfrentando en este momento," dijo Violet tomando la mano de su nuera.

"Mamá Violet, mi madre aún necesita de muchos cuidados y no puedo dejarla sola," replicó Elizabeth sin saber qué hacer.

"No la dejarás sola porque yo pienso quedarme aquí para acompañar y ayudar a tu madre en su recuperación. Yo me haré cargo de todo y te mantendré al tanto." Violet fue lo más convincente que pudo porque estaba muy preocupada por su hijo, pero sabía que él ahora era un hombre casado y no era su lugar darle el apoyo que necesitaba, sino el de su esposa.

"Cuando me casé no sólo gané un maravilloso esposo sino también una madre maravillosa. Gracias por todo, querida mamá Violet," dijo Elizabeth y abrazó a su suegra.

"Mi querida niña, yo también he ganado una hija," replicó Violet emocionada.

A los pocos minutos después, Jane y Charles ingresaron al salón para contarle a Elizabeth y Violet las novedades. Les dijeron que se quedarían en Hertfordshire a vivir de forma permanente y que viajarían a la ciudad sólo cuando fuera necesario. Elizabeth se alegró mucho de ver a su hermana sonriendo nuevamente y sinceramente deseaba que esta vez las cosas fueran diferentes para Jane y Charles.

Finalmente a la hora de la cena, Elizabeth le contó a toda la familia que al día siguiente ella debería regresar a la ciudad y todas sus hermanas le aseguraron que se encargarían de cuidar a la señora Bennet y que no debía preocuparse de nada.

Mary, Kitty y Lydia estaban dichosas cuando se enteraron que Violet se quedaría con ellas para ayudarles en todo lo que fuera necesario. Ellas pensaban que la suegra de Elizabeth era la persona más simpática y considerada que habían conocido y disfrutaban enormemente de su compañía. Ella tenía mucha paciencia y siempre les enseñaba cosas nuevas. Pero además, era muy divertida y siempre tenía anécdotas que contar. Gracias a su ayuda, Lydia había aprendido a modificar vestidos viejos y dejarlos luciendo como nuevos, añadiendo un poco de encaje, algún lazo o transformando las mangas.

Antes de irse rumbo a Netherfield, Jane buscó un momento para hablar con Elizabeth y asegurarle que todo estaría bien. "Lizzy, te prometo que vendré todos los días a visitar a nuestra madre y para ayudar en todo lo que sea necesario. Por favor, regresa tranquila al lado de tu marido porque acá todo estará bien." Jane sospechaba que algo había pasado en Londres pero prefería no presionar a Elizabeth para que le contara, ella deseaba respetar su silencio.

"Gracias, Jane. Yo también te deseo lo mejor y espero que lejos de Louisa y Caroline, Charles y tú tengan la oportunidad de disfrutar del tiempo juntos y puedan resolver cualquier diferencia que pueda haber entre ustedes."

Elizabeth abrazó a Jane y le agradeció sinceramente. En cuanto los Bingley se retiraron, ella se fue a su cuarto porque al día siguiente pensaba levantarse al alba para estar en Londres no más tarde del mediodía.

P&P

William había permanecido encerrado en su casa por dos días porque no deseaba ver a nadie. La noche anterior casi no había dormido preocupado por todo lo que estaba pasando y se sentía muy cansado y solo. El asunto del periódico lo había hecho permanecer en Londres dos días más de lo que tenía planeado, pero al día siguiente sin falta, él pensaba viajar a Longbourn porque no deseaba pasar ni un día más sin Elizabeth. Sólo abrazado a ella podría encontrar la paz que tanto necesitaba para aclarar su mente y enfrentar todas sus preocupaciones.

Él ya había hablado con el cochero para pedirle que tuviera todo listo porque al día siguiente partiría lo antes posible rumbo a casa de su suegro. Sólo pensar que finalmente podría dormir abrazado a su mujer lo tranquilizaba. Pero la relativa paz que había alcanzado pensado en su amada esposa se vería abruptamente interrumpida por una visita más que inesperada.

Lady Catherine de Bourgh había llegado el día anterior a casa Darcy haciendo todo tipo de demandas. Pero el señor Darcy no tenía ni paciencia ni ganas de lidiar con ella, por eso la mandó a casa del Lord Matlock y le aseguró enfáticamente que él no tenía nada que explicarle.

En casa de su hermano, Lady Catherine no se portó mucho mejor que con su cuñado, y con tal de que le diera un minuto de paz, Lord Matlock le dio la dirección de casa Dalton y le dijo que mejor fuera a hablar directamente con William.

Cuando Lady Catherine llegó a la calle Gracechurch, quedó sorprendida de lo hermosas y elegantes que eran las casas, pero no pudo sentir ningún tipo de admiración porque aquel no era más que un barrio de simples comerciantes. Cuando finalmente llegó al lugar que buscaba, se bajó del carruaje junto a su hija y se dirigió a la casa indicada dispuesta a cumplir uno de sus grandes sueños.

William estaba en la sala releyendo la última carta de Elizabeth y riéndose de todas las cosas graciosas que le contaba de su madre y hermanas, cuando una señora vestida con ropas que suponían ser elegantes acompañada por una señorita muy delgada y pálida lo interrumpieron.

Él notó que la señora no era del tipo de persona que escuchaba las recomendaciones de otro,s por lo que le hizo una seña al afligido mayordomo de que no se preocupara y podía retirarse.

"Fitzwilliam, yo soy tu tía, Lady Catherine de Bourgh y ella es tu prima y prometida, mi hija Anne," dijo Lady Catherine. Ella se alegró de ver que su sobrino era tan guapo y distinguido como su padre y que los años viviendo rodeados de comerciantes no lo habían afectado.

William no supo qué decir ante todo lo que dijo su tía, principalmente porque le dio mucha pena por la señorita que era su prima y que parecía tremendamente mortificada con la actitud de su madre.

"Un gusto conocerlas, Lady Catherine, señorita de Bourgh. Espero me disculpen que no esté vestido apropiadamente, pero la verdad es que no estaba esperando visitas. Si me disculpan, iré a buscar mi chaqueta y regreso enseguida." William fue al vestíbulo a buscar una de sus chaquetas y para tener tiempo de pensar. Fitzwilliam le había hablado de Lady Catherine y le dijo que era una señora de un carácter muy difícil y bastante intransigente.

Lady Catherine paseaba por la sala mirando cada una de las cosas que había allí mientras hablaba con su hija. "Anne, debes estar muy feliz de que tu prometido apareció y que finalmente podrás casarte y asumir tu rol como la nueva señora de Pemberley. Además, tienes mucha suerte porque tu futuro esposo es un hombre muy guapo."

"Sí, madre," dijo Anne deseando que la tierra se la tragara. Ella sabía muy bien que su madre siempre había estado enamorada de George Darcy y que deseaba de alguna forma cumplir el sueño de ella, que era ser la señora de Pemberley.

Una vez que se puso la chaqueta, William regresó a la sala dispuesto a aclararle unas cuantas cosas a su tía. Pero cuando estaba en el umbral de la sala, sintió que alguien lo llamaba.

"William, mi amor, no sabes cuánto te he extrañado," dijo Elizabeth y corrió a abrazar a su esposo. Pero sin saber que habían visitas que estaban observando todo lo que estaba pasando, besó a su esposo con ternura y pasión.

William pensó que Elizabeth jamás lo había besado de aquella forma tan apasionada y tuvo una genial idea. Abrazó a su esposa y profundizó aún más el ardiente beso porque de esa forma Lady Catherine de Bourgh comprendería que él no era un hombre libre y difícilmente podría estar comprometido con la señorita de Bourgh.

P&P

Gracias a todos los que dejan comentarios y siguen la historia con entusiasmo.

Cada vez nos acercamos más al final y los últimos secretos que quedan muy pronto se revelarán.

En el próximo capítulo, William tendrá que enfrentarse a los ojos curiosos de la sociedad londinense y a más de una proposición indecorosa.

¡Nos vemos pronto!

Saludos,

Yo