Edward me había besado.
Corrección había rosado mis labios.
Resoplo.
Había sido un simple roce de labios que había durado más de lo que lo haría un simple roce de sus labios sobre mi mejilla.
Además, había sido sobre mis labios.
Tal vez se había equivocado y pensado que era mi mejilla.
Tal vez.
¿Cuánto debería durar un roce para ser considerado un beso sin serlo a la vez?
Gruño y golpeó mi cama.
Nunca me había puesto así por un chico.
Claro, nunca había habido un Edward a decir verdad.
Mike.
Resopló cuando mi voz interior aparece, a decir verdad los besos de mi ex novio nunca me habían afectado en realidad.
Habían carecido de emoción, todo era demasiado…
Monótono.
Mecánico.
No había chispa.
—…sus labios se involucraron Isabella, no fue un beso en la mejilla…Sabía lo que hacía. Se llama beso robado.
Bufo.
Había olvidado que me encontraba al teléfono con Rose, la puedo imaginar fácilmente rodando sus ojos mientras observa su perfecta manicura.
— Es difícil Rose —reconozco, mi voz se quiebra en algún punto—, es solo que ha pasado bastante tiempo desde que alguien me intereso…tengo miedo.
— Dudo que Edward sea como Mike —su voz a dejado su constante reproche para volverse comprensiva—….te observa diferente…no eres un trozo de carne. Hay devoción en sus ojos…
Suelto una risita, no lo era, no para él.
— No ha mencionado el roce…
— Beso Isabella, beso. Llámalo por su nombre. No lo hará, dudo que lo haga aún. ¿Acaso cambio su actitud después de ello?
Muerdo mi pulgar, él no había cambiado, o al menos no se había apartado, era todo lo opuesto, se había acercado más.
Niego, me estaba creando cientos de escenarios que terminaban mal por un simple beso.
—…dale tiempo, apenas es viernes, y estás saliendo de la ciudad, no has tenido oportunidad de pasar más tiempo con él.
Aprieto el volante entre mis manos, Rosalie tenía razón, no podía juzgarlo si prácticamente me encontraba manejando a casa, al menos por este fin de semana.
Un suspiro abandona mis labios.
Mis palabras titubean —…tienes razón…—un nudo se forma en mi garganta—. Ayer apenas y se separó de mí, incluso me acompaño de regreso a la fraternidad.
— Solo exageras Isabella, Le gustas, y temes a ello, es momento que lo aceptes. ¡Me atrevo apostar que el pobre chico ha estado detrás de ti por años!
— Rosa….
— Rosalie nada —sus palabras me cortan antes de poder seguir, un suspiro abandona mis labios—. Sabes que es una gran posibilidad. Fueron al mismo instituto, el cerdo que tienes por ex novio le molestaba, pero eso no le detuvo de acercarse a ti presentarse, y menos le abstuvo de besarte.
—…no fue un beso —replico mientras ruedo los ojos había sido un simple roce.
Un roce que se había repetido justo después de que me dejara en el porche de la fraternidad, había sido un roce del cual aún no le había hablado a Rose.
¡Agh!
Salir con chicos era más sencillo antes de la graduación, era tan sencillo como montar en bicicleta.
El bufido de Rosalie al otro lado de la línea me devuelve a la realidad.
Se encuentra molesta.
Hph…
No era la única que lo estaba.
— Escucha Swan, llámame cuando estés lista para admitir no solo que el chico te gusta, sino que tú también lo haces.
La línea muere tan pronto termina la llamada, estaba molesta por que no reconocía mis sentimientos.
Un suspiro de exasperación abandona mis labios, me concentro en la carretera, me encontraba cerca de casa. Rosalie creía que huía este fin de semana, y aunque todo apuntaba a que así lo hacía no podía estar más equivocada, por alguna extraña razón mamá había llamado y había rogado que viajara a casa, todo había sido con tan poco antelación que no culpaba a Rose por verlo como un muy plan de escape de la Universidad, un muy mal escape de mis sentimientos por Edward.
Tan pronto aparecen las primeras señales de civilización a los extremos de la carretera disminuyo la velocidad, me concentro en el ya tan conocido camino a casa, mi corazón se oprime tan pronto la antigua casa de aspecto victoriano, la calidez se expande por mi pecho, no me había percatado de cuanto extrañaba estar rodeada de la familiaridad de mi hogar. Nuestra casa no ha cambiado mucho desde la última vez que estuve aquí, papá se ha encargado de cambiar el antiguo gris por un color blanco tal como mamá lo ha deseado desde que tengo uso de razón. Sonrío.
Finalmente lo había conseguido de contratar a alguien que cambiara el monótono gris por un más frío blanco, me costaba aceptarlo, sin embargo el blanco daba un aspecto menos fúnebre, el auto de papá no sé ve por ningún lado, posiblemente se encuentra en la cochera junto al de mamá, estaciono frente a la casa.
Mis manos aprietan el volante, mis nudillos se vuelven más pálidos de lo normal por la fuerza, inhalo.
"Necesito que vengas a casa cariño, solo por un fin de semana" — La voz de mamá rompe en mis pensamientos, no era su usual tono alegre, no era la voz que usaba siempre que llamaba para saber cómo iban las clases.
"Es apenas el inicio del semestre ¿Ha pasado algo?" — Mi voz se había roto, temía que papá de alguna forma se encontrará mal — ¿Cómo está papá?
"Charlie está bien cariño, a ambos nos gustaría hablar contigo, cielo.
"¿Piensan divorciarse?" La risa de mamá rompe al otro lado de la línea, completamente divertida, una ligera sonrisa tira de mis labios, no podía ser realmente algo malo, sin embargo no cambiaba el hecho de que ella se encontrara hablando seriamente.
"Tu madre me ama demasiado para dejarme, cariño" — La voz de papá rompe entre risas, niego sonriendo, muerdo mi pulgar, la última vez que se habían portado tan seriamente había sido por causa del trabajo de papá como encargado de seguridad de la marina.
Aún recordaba cómo habíamos terminado viviendo durante varios años como nómadas sin establecernos hasta que llegamos a Forks.
Una mueca se forma en mis labios ante el recuerdo de nuestra última conversación por teléfono, solo esperaba que no fuese una mala noticia.
Salto en mi lugar, sostengo mi pecho, mi corazón late furiosamente tan pronto veo el rostro de mamá al otro lado de la ventana de conductor, respiro aliviada saliendo del auto, no me contengo y me lanzo a sus brazos, no tenía idea de cuánto la había extrañado estos últimos días, puede que apenas nos hubiéramos visto hace un par de meses, pero nunca me cansaría de verla y abrazarla.
— Has llegado justo en el momento perfecto, vamos a comer.
Sigo a mamá a través del porche, se sentía bien estar en casa, casi rio cuando me percato que la clásica decoración no ha cambiado en nada, más que un hogar esto siempre fue de alguna forma un museo de antigüedades muy diferente al exterior, esta era más la típica casa que esperarías ver en un barrio de San Francisco, no en un pequeño pueblo como Forks, Washington.
Sonrío tan pronto veo a papá ajustando los troncos de la chimenea, me lanzo a sus brazos y permito que me estruje como cuando era pequeña, nunca cambiaría por nada el extraño sentimiento de gozo que sentía siempre que le veía sin su típico traje de diseñador o uniforme de técnico.
— Vamos a comer la cena antes de que se enfríe.
Sigo a ambos sin rechistar, me sumerjo en la calidez maternal que tenía años sin sentir completamente.
Mamá no tarda en agregar un plato más, sonrío cuando el olor de raviolis inunda mis sentidos, mi comida favorita, mi boca se hace agua tan pronto tomo mi lugar en la mesa ansiosa por tomar el primer bocado.
Un suspiro de satisfacción abandona mis labios, el característico sabor de la ricota es incluso mejor de lo que recordaba.
— Marco ha mejorado, su comida es cada vez mejor —apremió, mamá suprime su risa, ambas sabíamos que ni ella o papá eran material de la cocina,
Ambos eran mejores como encargados de seguridad, siempre detrás de sus máquinas.
— ¿Cómo va la escuela?
Limpio las esquinas de mi boca con la servilleta antes de hablar, esas eran el tipo de preguntas que mis padres siempre hacían para iniciar una conversación.
Forzó una sonrisa, podría ir mejor si Mike no estuviera ahí, y si estuviera segura de lo que deseaba hacer con mi vida.
— ¡Es genial! —Miento, bebo un poco del vino que mamá ha servido para acompañar los raviolis— Estoy tomando nuevas clases este semestre, bioquímica ha comenzado a interesarme recientemente.
Siento el calor subir por mis mejillas al aceptarlo, era verdad que últimamente me interesaba más desde que la entendía, y todo eso era gracias a Edward. De alguna forma había conseguido que me interesara lo suficiente como para investigar más allá de lo que veíamos con la doctora Platt.
Mis ojos se posan en mis padres, ambos comparten una mirada cómplice.
Mis instintos se activan, la última vez que habían compartido un secreto entre ellos habíamos terminado viviendo en Zurich por tres años, eso había sido antes de mudarnos a Forks.
Trago.
Mi tenedor cae en el plato.
— He escuchado que Cambridge tiene un grandes programas de química —comienza mamá con un tono demasiado maternal—…Reino Unido siempre te ha gustado cariño.
—…además tenemos un piso cerca del campus…—continúa papá, demasiado casual para mi gusto.
Suspiro, no eran mis padres quienes hablaban, sino Charlie y Renée Swan y sus negocios, su trabajo siempre era primordial si se trataba de movernos algún lugar. Siempre había sido de esa forma hasta que plante cara tan pronto comencé a salir con chicos en el instituto.
—…No…— Le corto y fulmino con la mirada antes de que pueda seguir— No quiero mudarme, me gusta Seattle, me gusta estar aquí, me gusta vivir en Estados Unidos.
Un suspiro deja los labios de mamá.
— Solo piénsalo cariño —la voz de mamá es condescendiente, mientras que los ojos de papá me ruegan que viaje con ellos.
— ¿Cuánto tiempo? — Meto un trozo más de ravioli en mi boca furiosamente, no pienso dejar los Estados Unidos, pero me gustaría saber por cuanto tiempo estarían fuera.
— Es indefinido
Me limito asentir, me siento como una adolescente de nuevo y no como un adulto de casi veintiún años, por un segundo tengo diecisiete otra vez mientras ruego a mis padres que consideren el viajar a Londres después de mi graduación del instituto y no antes.
— Podría pasar las vacaciones con ustedes —sugiero—, incluso las empezaría antes…
Papá suspira, de alguna forma sabe que ha perdido antes de poder pelear, mamá por otro lado me observa detenidamente, lágrimas contenidas en sus ojos, un ruego silencioso al que me niego responder, no estaba dejando la vida que tanto me había costado reconstruir hasta ahora.
— ¿Quién es? — Nuestras miradas se topan, siento el color subir por mis mejillas.
— No hay nadie mamá —una mueca se forma en mis labios—…soy… yo decidiendo lo que quiero hacer con mi vida.
Mamá asiente poco convencida, suspiro y me permito terminar mi cena antes de abandonar el comedor.
Su pregunta se repite constantemente, no había nadie.
¿O sí?
Nos leemos de nuevo, ¿qué les parece un pequeño giro?
Tal parece que Bella no está dejando Estados Unidos pronto...
