ANGSTRUARY
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DRAGON BALL Z: VEGETA
GASLIGHTHING
Es un patrón de abuso emocional en la que la víctima es manipulada para que llegue a dudar de su propia percepción, juicio o memoria.
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—Doctor Vergel el paciente del pabellón C. habitación 234 ha comenzado de nuevo con su perorata.
—¿De nuevo? Pero ¿no ya había mejorado el paciente la semana pasada? — preguntó dejando de leer el expediente que se encontraba en sus manos.
—No doctor, tal parece que volvemos al inicio.
—Bien vayamos— dijo suspirando de fastidio, tomando de su mesita el portapapeles con el expediente del paciente.
El lugar era frío, lúgubre, con un color blanco en las paredes que mareaba y un olor a antiséptico asfixiante y nauseabundo. En algunos pasillos por los que pasaban los focos no funcionaban bien y algunos se encontraban fundidos o parpadeaban. Y no era para menos, aquel hospital se estaba yendo al carajo y al gobierno le importaba un carajo más. Tardaron un poco más para llegar a la habitación ya mencionada, la cual se ubicaba en el último piso y no tenía una iluminación decente. Solo una pequeña ventanita que apenas y atraía un rayito de sol.
Abrieron la puerta que hizo un chirrido cuando cedió, mismo que alerto al ocupante que se encontraba dentro, encadenado de los pies y contenido con una camisa de fuerza. Se encontraba entre su propia miseria, mirando a la nada y repitiendo una y otra vez lo mismo de siempre desde que llegó:
—Yo soy el príncipe de los saiyajin, Vegeta, de un planeta que fue destruido por el malvado de Freezer. Estoy casado con Bulma Briefs, dueña de la C.C. y tengo un hijo llamado Trunks, él es un supersaiyajin, yo soy un supersaiyajin, Kakaroto es un supersaiyajin y su vástago también…. Yo soy el príncipe de los saiyajin, de un planeta que fue destruido por el malvado de Freezer…
El doctor lo miro cansado y fastidiado de su actitud. Con brusquedad tomo su rostro, sacudiéndolo un poco, tratando de que fijara su vista perdida en él. Con rudeza en sus palabras interrumpió su oración.
—Michael Müller, tú no te llamas Vegeta, no eres un príncipe, ni mucho menos un saiyajin, eres un famoso boxeador que fue encontrado en la calle con múltiples golpes en el cuerpo, el más grave fue en la cabeza que te dejo en coma por un par de semanas y al despertar daño tus recuerdos. Gritabas que tú eres un príncipe que vino del espacio de un planeta que fue destruido. Tu esposa es Sara Müller y tu hijo es Thomas Müller.
—No, no es verdad— respondió con brusquedad — Yo soy el príncipe de los saiyajin...
Y de nueva cuenta volvían a lo mismo, por lo que enojado lo aventó hacia el piso, alejándose de él para acercarse al enfermero y darle indicaciones. El doctor había intentado cualquier método para hacerlo entrar en razón, recuperar su cordura. Pero sus métodos cuestionables solo empeoraron su estado y ya casi no respondía a los intentos de negar su fantasía y acercarlo a la realidad.
El pobre enfermo se acurrucó sobre el piso acolchonado, repitiendo su mantra, dirigiendo su mirada hacia un rincón detrás del doctor y el enfermero. Había algo y ese algo lo hizo reaccionar. Vegeta se paró bruscamente del suelo, asustando a sus captores quienes retrocedieron, pero sin dejar de observarlo.
Con desesperación y torpeza en sus pasos comenzó a dirigirse hacia el sitio, mirando anhelante a las figuras fantasmales que allí se encontraban. Lamentablemente las cadenas en sus pies solo le permitieron avanzar medio metro.
—Kakaroto, Bulma, por favor vengan por mí, estos idiotas de aquí me dicen que no son reales, que mi esposa es una tal Sara y mi hijo un tal Thomas Müller — su voz cada vez se escuchaba más fuerte, y su mirada se tornaba desquiciada y desesperada y pronto las lágrimas comenzaron a escapar de sus ojos— No me digas que me calme Kakaroto, no sabes el infierno que es aquí, vamos sáquenme ya… por favor. ¡Sáquenme ya! ¡Bulma!… ¡Trunks!
Ante su propia angustia y desesperación, Michael Müller, comenzó a portarse violento, azotando su cuerpo contra la pared más cercana a él, llorando y maldiciendo, desgarrando su garganta por sus gritos que imploraban por el rescate de sus amigos, de su esposa e hijo.
Una ayuda que quizás nunca llegaría. Quizás él era quien los médicos decían que era, quizás los múltiples golpes de su profesión habrían trastornado ya su mente y cordura.
—Enfermera traiga un tranquilizante, dese prisa— Gritó el psiquiatra asomándose por la puerta— Rápido sosténgalo con fuerza.
Cinco enfermeros más entraron al lugar, luchando fervientemente para someter al paciente quien misteriosamente era un poco más fuerte que ellos.
—Aquí esta lo que pidió, Doctor— dijo una enfermera entregando la jeringa cargada del sedante.
—No, no, no, no más de eso no— gritaba el boxeador retorciéndose en el suelo, tratando de soltarse del agarre de los enfermeros, tratando de huir de la aguja que se enterró en su cuello— no quiero que me seden, no quiero dormir… por favor, ayúdenme… por… favor… a…yu…den…me.
Lo último que vio antes de caer en la inconciencia, fue el fantasma de quien creía era su amigo y rival derramar una lagrima y decir en un susurro.
—Lo siento, aguanta un poco… ya casi lo logramos, Vegeta.
Y el principie sonrió ante esas palabras. «No tardes».
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Este fic fue escrito (también el 4 y 5) el 5 de febrero a las once de la noche, teniendo todo el mes de enero para hacerlo, estaba de vacaciones de la facultad y tenía todo el tiempo del mundo, pero no :( ... y espero describir bien esta palabrita desconocida para mi. Ahora lo hice sufrir. en fin a escribirle. Jeje. Besitos.
