Búsqueda Link-placable
El primer año en la escuela media resultó ser un total desastre para Linka Loud.
Primero, por culpa de un tonto error en su agenda, la albina terminó en el peor salón de la institución, lejos de Clydia y el resto de su grupo de amigos, en donde fue a ir a estar bajo el ala de un maestro malhumorado con una espantosa halitosis, aparte de tener que soportar las constantes bromas pesadas de la insufrible Charlene; y por si fuera poco, cuando intentó solucionarlo, la cosa casi empeora para ella al grado de que casi la envían a estudiar en Canadá.
No obstante, todo se pudo normalizar, relativamente, y Linka decidió afrontar estas adversidades con la frente en alto, inspirando indirectamente también a su hermano Loki a seguir adelante con su sueño de asistir a la universidad pese a lo difícil que era la convivencia en los dormitorios.
Aun así, las cosas no fueron nada fáciles para Linka a lo largo del primer semestre, pues seguía sin estar en el mismo salón que su grupo de amigos, y encima seguirían poniendose más difíciles a partir de un día que ella y Clydia se encontraron junto a los casilleros después de clases.
–¿Cómo te fue en gimnasia? –preguntó la chica de color a su amiga de cabello blanco.
–Horrible –respondió–. No voy a soportar otro semestre en esta escuela, Clydia. Es una tortura. Es peor que esa caricatura de Nickelodeon sobre un niño que tiene diez hermanas que ya no es como era antes.
–Ah, ya sé –dijo Clydia, aprovechando la ocasión para mencionarle algo muy importante–. Si tanto odias estar aquí, ¿qué tal si vas conmigo a París por un semestre? Me voy en unas semanas.
–¿Te vas a París un semestre?
–Si, es un programa de intercambio de la escuela, y mi nona tiene un apartamento allá donde podemos quedarnos gratis.
–Hay, por Dios, eso suena maravilloso.
–Disculpa –la vino a interrumpir su hermano Lynn Jr. –, me preguntaba si querrías ir conmigo al baile este viernes.
–Lynn, soy yo, Linka.
–Ay, entonces ya fueron todas.
Esa misma tarde, Linka pidió a sus padres que se reunieran con ella en la sala para hablarles de la propuesta que le hizo Clydia.
–Mamá, papá, quiero pedirles algo. ¿Puedo ir a la escuela en París un semestre?
–¿Qué, a París? –repitió Rita.
–Hija –habló Lynn padre–, nos encantaría enviarte a París un semestre, pero no tenemos el dinero.
–Pero yo misma puedo pagarlo –aclaró Linka–, he estado ahorrando dinero de las propinas que gané como caddie en el campo de golf durante el verano pasado.
–Que lista eres, cariño –la felicitó su madre–. Así si podremos enviarte.
Total, que el día de la partida, la familia Loud ya estaba despidiéndose de la chica peliblanca en las puertas de la sala de embarque del aeropuerto.
–Ten mucho cuidado, hija –indicó su madre–, y llámanos cuando aterrice el avión.
–Si, lo prometo –asintió Linka–. Los extrañaré, chicos.
–Nunca he sido bueno para decir adieu –suspiró Luke con pesar–. Adieu, sis.
–Y a ustedes –la chica se hincó en una rodilla para estar a la altura de los gemelos a quienes tomó cariñosamente de los hombros–, les traeré algo muy especial, niños.
–Por nosotros no te preocupes –respondió Leif encogiéndose de hombros.
–Si, tranquila –añadió Lexx–. Tu sólo búscate algo de sexo.
–Bueno, adiós –acabó de despedirse Linka para luego abordar su vuelo en compañía de Clydia que también se despidió de sus dos papás.
Un vuelo internacional más tarde, ambas amigas salieron del aeropuerto de París a contemplar la belleza de aquella ciudad en su máximo esplendor.
–No lo puedo creer –dijo Linka muy contenta–, estamos en París.
–Pero que emocionante –dijo Clydia.
–Salute, extranjeras –las saludó un apuesto hombre con acento francés en las puertas del aeropuerto–. En nombre del país de Francia, nos rendimos.
–Hay, Dios mío –sonrió la albina que quedó cautivada con los encantos del francés–, me fascina tu aliento. Hola, soy Linka y ella es mi amiga Clydia.
–¿Les gustaría compartir un taxi?, o como decimos, compartir un taxi.
–Claro –accedió Linka.
–Buena idea –secundó Clydia.
–Oh, y por favor no sospechen de que estoy en el aeropuerto sin nada de equipaje en las manos –pidió el francés, en lo que los tres abordaban un taxi que los llevaría al apartamento de la abuela McBride.
–Adiós –despidió Linka a su acompañante misterioso cuando llegaron a su destino.
–Gracias –igual hizo Clydia, y ambas entraron al lugar donde se hospedarían.
Pero en cuanto se perdieron de su vista, el misterioso sujeto del aeropuerto sacó su teléfono móvil, para informar a sus contactos que había cumplido con su siniestra misión.
–Hola, soy yo, te tengo unas recién llegadas… ¿Qué como están?… En la escala del une al dix, son como un quatre.
–Guau, el apartamento está increíble –dijo mientras tanto Linka una vez ella y Clydia entraron a su nueva residencia.
Por cierto, la abuela de su amiga se encontraba de viaje y no volvería hasta un par de días después, por lo que tendrían el apartamento para las dos solas… y eso dificultaría aun más las cosas que estaban por pasar.
–Hay, si –dijo Clydia–. Oye, ¿nos ponemos a bailar como estúpidas con música ruidosa?
–Ahora vuelvo –dijo Linka a su amiga, quien acababa de encender el estéreo a todo volumen para ponerse a hacer exactamente lo que sugirió–, quería ir al baño desde que salimos.
Minutos después, de regreso en Royal Woods, Loni contestó a una llamada en el teléfono fijo de su casa.
–Residencia Loud –dijo al levantar el auricular.
–Hola, Loni –lo saludó su hermana del otro lado de la linea–, sólo quería decirte que llegué sana.
–¿Y salva? –preguntó el segundo mayor de sus diez hermanos.
–Si, Loni –afirmó Linka–, y salva.
–Hay, que bueno, lo salva era lo que me preocupaba.
–Hay, aquí está increíble, Loni.
–¿Si?
–Deberías ver el apartamento donde estamos.
–Aja.
–Es enorme y tiene una vista bellísima… ¡Oh, no!… Loni, está pasando algo… ¡Se metieron unos hombres!
–¡¿Qué?!
–¡Oh, por Dios, se llevan a Clydia!… ¡Y creo que ahora vienen por mi!
–Escucha, Linka –le indicó su hermano inmediatamente–, necesito que pongas mucha atención: ten miedo, no pongas atención a los detalles, que tu mente se altere, respira corto y acelerado, escóndete bajo la cama, pero deja que se asomen tus pies.
–Ay, Dios, Loni –oyó susurrar a Linka, que en ese momento estaba escondida bajo la cama de una habitación en la que irrumpió uno de los secuestradores–, me van a llevar, tengo mucho miedo… ¡AAAAAAHH!
–¡¿Linka?! ¡¿Linka?!… –la llamó Loni, mas ya no escuchó su voz del otro lado de la linea… Pero si la lenta y pesada respiración de alguien más.
–…
–No sé quien eres, no sé que quieres –amenazó el joven a quien quiera que estuviese respirando al teléfono–; pero tengo una particular falta de habilidades. Nunca voy a poder encontrarte; pero lo que tengo son dos dólares y una sandalia de la que no encuentro la otra mitad del par. Escoge uno de los dos.
–La vie est belle –dijo el secuestrador en francés, antes de colgar la llamada.
–Esta gente habla en serio –exclamó Loni preocupado–. ¡Familia, Linka murió!
Más tarde esa noche, el auto de Loki y un vehículo del FBI se hallaban aparcados afuera de la casa Loud, en cuya sala el señor Lynn, Rita y el mayor de sus hijos se encontraban reunidos con dos agentes federales que acudieron a ponerlos al tanto de la situación.
–Por favor, tienen que hacer algo –imploró el señor Loud a los agentes–, mi pequeña está en un terrible peligro.
–Señores –explicó el agente del FBI–, los hombres que raptaron a su hija deben ser miembros de una red sofisticada de trata de blancas. Si no aparece en noventa y seis horas, es seguro que la perderán para siempre.
–¡Pues dense prisa! –exigió Loki, quien había pedido unos cuantos días libres en la universidad para ir a brindar apoyo a su familia en tan horrible situación.
–Lo siento –se excusó el otro agente–, pero por protocolo no podemos empezar a buscar hasta que pasen noventa y seis horas.
–¡No puede ser! –chilló angustiada la señora Loud–. ¡Mi bebita!
–Si, hay un comercio sexual terrible por allá –explicó el primer agente–. Generalmente terminamos enterrando fotos enmarcadas.
–¡Hay, Lynn, esto es una pesadilla! –gimió la mujer, e inmediatamente se echó a llorar desconsoladamente en el regazo de su esposo.
Por su parte, Loki supo que sólo había alguien que los podría ayudar. Por lo que sin decir nada se levantó del sillón y subió al segundo piso a reunirse con el resto de sus hermanos, en la que antes había sido la habitación que solía compartir con Loni.
–¿Qué pasó abajo? –preguntó Luke en cuanto lo vio entrar–. ¿Van a buscarla?
–No lo parece –respondió dirigiendo inmediatamente su mirada hacia el segundo más menor–. Levi, creo que sólo hay una manera de volver a ver a Linka. Tenemos que tomar el asunto en nuestras manos y para eso necesitamos tu ayuda.
–¿De que hablaz? –indagó el niño prodigio.
–Literalmente, eres el único que tiene el conocimiento y la tecnología para ayudar a rastrearla.
–Mmm… –ceceó el chiquillo de lentes, que igual procedió a abrir su laptop y empezar a teclear en ella–. Mira, haze unoz díaz todoz miz inventoz eran bazura, zi mal no recuerdo.
–Yo no dije…
–¡Dijiste bazura!… Bueno, acabó de rezervar un vuelo que zale mañana en la mañana. Ahora, ¿que tarjeta de crédito uzamoz?
–Usemos la tuya, Lexx –sugirió Loki, pasando a mirar ahora al gemelo de Leif–, y luego te pagamos.
–Eh, si –quiso reclamar el otro chiquillo–. Cuando hacemos eso, siento que generalmente no me pagan.
–¿Cómo cuando? –se atrevió a preguntar Leif.
–Lechelandía, la pizzería, el arcade…
–Las tres fueron la misma salida –replicó Loki.
–Está bien –accedió Lexx a entregarle su tarjeta a Levi para que así pudiese pagar los boletos–, lo voy a cargar a la mía; pero voy a decir que fue un regalo porque si no no puedo seguir pagando.
En la madrugada, cuando estaban seguros de que sus padres dormían profundamente (agotados de tanto llorar por lo ocurrido con Linka), los diez hermanos Loud salieron a hurtadillas al jardín a encontrarse con el grupo de dobles suyos que Lane había usado para arruinar su reputación el ultimo día de los inocentes.
El grupo entero estaba allí, salvo los que se hicieron pasar por Rita y el señor Lynn. Tampoco estaba la anciana que simuló ser Linka, por más que obvias razones. Pero si había un nuevo integrante en el grupo que se haría pasar por Lane, de acuerdo al plan establecido.
–Gracias por hacer esto –dijo Loki entregándole un fajo de billetes al chico que se parecía mucho a el, en tanto el resto de los dobles entraban en la casa Loud–. Asegúrense de que no nos descubran mientras no estamos.
Dicho esto, los Loud originales tomaron un taxi varias calles más adelante y de allí fueron hasta el aeropuerto en afán de acudir al rescate de su hermana.
–Lo primero que debemoz hazer al llegar –instruyó Levi a Loki a la hora que los diez iban en un vuelo rumbo a la ciudad de París–, ez revizar el apartamento donde Linka fue raptada para encontrar piztaz.
–Buena idea, eso estaba pensando.
–Disculpen –los interrumpió una adolescente, dueña de una frondosa cabellera rubia, que llevaba puesta una diadema de cuernitos en su cabeza, y además cargaba en sus brazos a una bebé de tez morena y pelo castaño que usaba una camiseta con el dibujo de una mariposa estampada en el pecho–, ¿podríamos cambiar de asientos para que mi novio y yo nos podamos sentar juntos?
Levi miró al asiento de al lado que se ubicaba junto a la ventanilla, y ahí vio a un adolescente latino de sudadera roja que tenía un gran parecido con la bebé que cargaba la rubia; o mejor dicho: la bebé se parecía mucho a el; el mismo tono de piel, el mismo pelo castaño, el mismo color de ojos y el mismo lunar en su mejilla.
Cosa por la cual Loki y Levi enarcaron una ceja como lanzándole una mirada acusatoria al joven moreno.
–Es mi hermana –aclaró este señalando a la infante que era sostenida en brazos por su novia.
–Si, como digas –contestó Loki, sin prestarle mayor importancia a saber si esa era una pareja de padres adolescentes o no–. Pero no, lo siento, no nos gusta cambiar.
–Cuando reservamos no había lugares juntos –insistió la rubia de diadema de cuernitos.
–Mira, jovencita, literalmente, tu pobre planeación no nos representa una emergencia. Lo vas a ver en París. Ve a sentarte, ¿quieres?
–Los secuestradores pueden estar en cualquier parte de Francia –comentó Lars, quien se asomó por el asiento de atrás una vez la chica rubia se retiro con la bebé a su asiento asignado y el muchacho de sudadera roja volvió a centrar su atención en la revista de cocina mexicana que tenía en mano.
–Pero tenemoz una pizta –aclaró Levi quien sacó un pequeño dispositivo del bolsillo de su bata–. Ez una grabazión de la voz del zecueztrador.
–¿En serio? –preguntó Loki sorprendido–. ¿Cómo la conseguiste?
–Grabé la llamada del zecuestrador con la unidad fraternal llamada Loni. Grabo todas las llamadaz que entran y zalen de la casa.
–¿Es en serio?
–Zi, ezta es una de mis favoritas.
Esbozando esa picara sonrisa que era muy característica de el, Levi oprimió un botón del dispositivo y el resto de sus hermanos se asomaron de los asientos de atrás, adelante y al lado para escuchar.
¡Clic!
–Hola, industrias fundamental –escucharon la voz de una telefonista en la grabación–, ¿en que puedo ayudarle?
–Si, ¿ahí es… Ahí es Banbrothers? –se oyó hablar a la voz de Luke, quien en tiempo real se encogió avergonzado en su asiento; pues en esa grabación se estaba refiriendo a la famosa red de sitios web pornográficos.
–Si –contestó la telefonista.
–Muy bien. Quiero cancelar mi suscripción –pidió la voz de Luke entre susurros.
–¿Cuál es su nombre?
–Luke Loud.
–¿A que pagina está suscrito?
–Ehm… Al Capitán Mástil.
–¿Cómo deletrea eso?
–Capitán es una palabra, luego mástil: M, A con acento, S, T, I, L.
–Un momento, estoy buscando…
–Eh… Creo que no tiene acento en la A.
–Disculpe, no encuentro la pagina, ¿cuál es el tema del sitio?
–Eh… Un hombre que seduce a unos chicos en un bote con sombrero de capitán.
–Haber, estoy buscando…
–La… Ejem… Los pasajeros se anotan para un recorrido de la bahía y luego… luego pasa todo.
–¡Si, ya, apaga eso! –reclamó el Luke en tiempo real, habiéndose puesto rojo de la vergüenza mientras que sus demas hermanos y el resto de los pasajeros del avión se soltaban en sonoras carcajadas.
–¡Marica! –balbuceó la bebé que iba sentada en el regazo de la rubia con diadema de cuernitos.
–Ay Dios, es peor de lo que imaginé –comentó Lynn Jr. una vez estuvieron en el apartamento donde tuvo lugar el rapto y hallaron todo vuelto un completo desorden.
–Como que tal vez nos ayudaría seguir los pasos de Linka desde el momento que llegó a Francia –sugirió Loni, en un espontáneo momento de brillantes que tomó por sorpresa a los demás.
–Buena idea, unidad fraternal –exclamó Levi quien se apresuró a abrir su laptop–, uzemoz Google Earth.
–Vale la pena –secundó Lars, y así todos se juntaron detrás de Levi quien ya estaba efectuando la búsqueda ingresando la fecha, la hora y la ubicación acordes al momento que su hermana perdida llegó a París.
–Ahí –señaló Loki el mapa vía satelital en el monitor de la laptop–, agranda… ¡Ahí están!
–Guau –exclamó Luke cuando Levi hizo un acercamiento que les permitió obtener una foto de Linka y Clydia: en el momento exacto que subían al taxi con el misterioso sujeto del aeropuerto–, no sabía que se podía hacer esto con una computadora.
–Pues no, nada más la usas para ver al Capitán Mástil –le echó en cara Lexx.
–Bueno –prosiguió Lane a señalar al sujeto que salía en la foto con su hermana y su amiga–, tenemos que encontrar a este hombre.
–Haber, fue tomada en el aeropuerto –indicó Levi.
–Podría ser un vigía que identifica a las recién llegadas –dedujo Loki.
–Eso parece, chicos –gruñó Lynn Jr. con enfado–. Que gusano.
–Debe buscar a las jovencitas, como literalmente los fandoms tóxicos de caricaturas buscan a otros fans inocentes para pervertir sus mentes.
De regreso en el aeropuerto, los diez hermanos se pusieron a buscar en la zona de la entrada donde se tomaban los taxis, hasta que finalmente dieron con el sujeto de la foto que estaba hablando con otro par de jovencitas recién llegadas.
–Miren, ahí esta –avisó Leif a los demás, con lo que todos acudieron a su encuentro.
–Oye, amigo –se acercó a interrogarlo primeramente Lexx–, te queremos hacer unas preguntas.
–Disculpen –repuso el francés tras dar una calada a un pitillo que sostenía entre sus dientes–, pero esta es una zona de sólo fumadores.
–Oh, lo siento –se disculpó Luke–, ¿tienes un…?
Pero antes de que pudiera terminar, el francés les entregó un cigarrillo a cada uno, y también tuvo la gentileza de dárselos encendiendo.
–Ga, ga, gu… –protestó el pequeño Leon quien tosió por culpa del tabaco que llegó a sus pulmones.
–¿Qué dijo? –preguntó el francés.
–Dijo –tradujo Lane quien era el que sostenía al bebé en brazos–: en realidad sólo fumo cuando bebo.
–No hay problema –dijo el francés, y seguidamente sirvió una copa de vino a cada uno de los diez hermanos, con lo que Leon se contentó.
–Que buen servicio –agradeció Lexx dando un buen sorbo de su copa.
–Que bonito interrogatorio –igual hizo Loni.
–Queremos saber si has visto a esta chica –preguntó entonces Loki al francés, a quien mostró el celular con la captura de la foto en la que salía junto con Linka y Clydia.
Pero al ver esto, el vigía de la red de trata de blancas echó a correr tan rápido como pudo.
–¡Se está escapando! –gritó Lynn saliendo en su persecución, seguido por el resto de sus hermanos.
–Hay, no, es uno de esos tipos que practican parkour –exclamó Lars cuando, varias calles más adelante, vieron que el francés trepaba hábilmente por un muro hasta una azotea y a partir de ahí se alejaba saltando entre los edificios–. No lo vamos a alcanzar.
–De ninguna manera –dijo Lynn que hizo exactamente lo mismo que el francés gracias a su buena condición física.
No obstante, cuando creía que iba a atraparlo, el francés se adelantó a deslizarse por otro muro, corrió por la banqueta, saltó arriba de un auto aparcado y aterrizó de pie en medio de la calle… Donde para su desgracia un autobús le pasó por encima dejándolo en un estado más que lamentable, con sus huesos materialmente triturados, su sangre escurriéndose a borbotones, las tripas de fuera y los ojos chispados.
–Oh, no –jadeó el sujeto con sus fuerzas restantes en cuanto Lynn y los demás hermanos Loud se acercaron a rodearlo–, se me salió el croissant…
–Demonios –protestó Lars–, se murió antes de que nos dijera algo.
–Hermano, es el primero –explicó Luke–. En las películas de acción el primero siempre se muere.
–No creo que trabaje solo –comentó Loki quien se apuró a vaciar los bolsillos del cadáver, de los que sacó una billetera que también se puso a revisar–. Debe tener algo que nos sea útil.
–Bah, tiene una billetera de velcro –se mofó Lane–, ya madura.
Unos veinte minutos después, los chicos acudieron a lo que era el equivalente a los barrios bajos de París, que incluso se veían más pulcros que el vecindario donde ellos vivían.
–Este es el domicilio de su billetera –dijo Loki cuando estuvieron a las puertas de un edificio de aspecto descuidado.
–¿Cómo vamos a saber si son los que se llevaron a Linka? –preguntó Leif.
–Tenemoz la voz del zecueztrador grabada, ¿recuerdan? –informó Levi quien procedió a oprimir el botón de su dispositivo.
–La vie est belle –dijo la voz del secuestrador en la grabación que fue reconocida inmediatamente por Loni.
–Ezte ez el plan –explicó Levi a sus hermanos–: uzaré el zoftware del reconozimiento de voz de la grabadora para confirmarla. Loni, ¿trajizte todo lo que te dije?
El segundo mayor asintió con la cabeza y sacó un maletín de su mochila junto con cinco pares de bigotes falsos; cinco castaños, cuatro de color rubio y uno enteramente negro.
–Ahora, recuerden –continuó instruyendo el chiquillo de lentes como buen líder de la operación de rescate, en tanto Loni repartía los bigotes falsos–: zomoz vendedores de lozionez de Europa del ezte. Lez preguntaremoz cual quieren y cuando digan La vie est belle, y ez lo que van a dezir, zabremoz quien ez el culpable.
Habiendo dicho esto, Levi se aproximó a tocar el timbre.
–¿La vie est belle? –oyeron contestar por el portón eléctrico a alguien, cuya voz fue descartada inmediatamente por el software de reconocimiento de la grabadora de Levi.
¡Erh!
–Bueno, ese no es –dijo Loki–, pero esto literalmente va a ser fácil.
Y así, con sus ingeniosos disfraces que consistían en puros bigotes falsos, los hermanos Loud se infiltraron en el edificio a seguir adelante en la búsqueda de su hermana.
Siguiendo adelante con su fachada de vendedores, rato después se hallaban sentados a la mesa de una cocina junto con tres hombres a los que enseñaron las muestras de colonias que llevaban en el maletín, esperando a que con esta farsa pudieran averiguar algo respecto al paradero de Linka.
–Bueno, caballeros –dijo Loki a los presuntos secuestradores–, ya que olieron todas nuestras colonias, ¿cuál quieren?
–Yo quiero una La vie est belle –dijo el primer hombre que tenía una barba muy poblada, y cuya voz fue descartada por el software del dispositivo que Levi mantenía oculto bajo la mesa.
¡Erh!
–¿Qué tal tu? –preguntó Lexx al segundo sujeto que también tenía barba.
–Yo huelo asqueroso –respondió–, entonces yo quiero dos botellas de La vie est belle.
¡Erh!
–¿Y tu, amigo? –preguntó Luke al tercero luego de que la voz del anterior también fuese descartada por el Software de reconocimiento.
–Mmm… Lo pensaré mientras me crece la barba… –respondió mientras que su rostro lampiño se poblaba súbitamente de pelo–. Yo quiero… La vie est belle.
¡Ding, ding, ding !
–¡Ez el! –gritó Levi en cuanto el software de su dispositivo identificó la voz de este ultimo sujeto como la de la grabación.
Acto seguido, el pequeño genio sacó una pistola de rayos con la que pulverizó a sus otros dos compañeros y se arrojó a tacarlo.
Pero el sujeto en su defensa: volcó la mesa haciendo que el niño tirara su arma y de ahí desenchufó una navaja de muelles con la que se lanzó a someterlo contra el suelo para tratar de apuñalarlo.
Mientras luchaba por quitarse al criminal de encima, Levi miró de reojo y vio que, en lugar de ir en su ayuda, sus hermanos estaban vaciando el refrigerador y la despensa como si nada.
–¡¿Qué eztán haziendo?! –preguntó a gritos en tanto retenía la mano de su atacante para evitar que le clavase el cuchillo en la garganta.
–No hemos comido desde el avión –se excusó Luke en lo que terminaba de prepararse un sandwich.
–Si, tenemos hambre –dijo Lars que acababa de abrir una bolsa de frituras.
Al final, Lynn Jr. mordió una manzana que después arrojó directo contra la cabeza del criminal para así aturdirlo y luego lo acabó de rematar rompiendo una silla contra su persona.
¡CRASH!
–¡¿Dónde esta esta chica?! –inquirió seguidamente Loki que, tras alzarse la mitad de un cartón de leche, se acercó a halarlo de la camisa y mostrarle la foto del celular–. ¡¿Dónde está?!
–Tenemos a las chicas arriba –respondió el apaleado francés.
–Púdrete en el infierno –dijo Lynn quien llegó a soltarle una patada en el estomago–, junto con los guionistas del staff que escribieron No Such Luck y todos los episodios que yo protagonizo.
En la planta alta, los hermanos Loud –que ya se desentendieron de los bigotes falsos con los que iban disfrazados– se pusieron a buscar en un conjunto de habitaciones en las que encontraban a varias chicas drogadas en ropa interior, a las que sus captores habían esposado a las camas.
–¡¿Linka?! ¡¿Linka?!
–¡¿Linka?!
–¡¿Dónde carajos estás?!
–Ayúdenme –suplicó una niña rubia de piel amarilla y pelo picudo a la que Lexx y Leif hallaron en una de las habitaciones.
–Hay, venimos a ayudar a alguien más, chiquita… –se excusó apenado Lexx, que inmediatamente salió de la habitación sacando con el a su gemelo a base de empujones–. Corre, corre, corre, no la mires, no la mires, en eso me equivoqué.
–¡Aquí esta! –avisó de repente Lane, con lo que todos acudieron a la habitación en la que se encontraba y vieron precisamente a una peliblanca que permanecía recostada de espaldas, llorando desconsoladamente.
–¡Hay, por Dios, Linka! –exclamó Loki que fue el primero en acudir a la cama en que se hallaba esposada.
Sin embargo, cuando la hizo girarse sobre su espalda y le vio la cara bien, confirmó con decepción que no se trataba de su hermana, sino una holandesa de cabello blanco similar al de Linka.
–No es ella –protestó Lynn.
Aunque si llevaba prendido el mismo broche anaranjado de su hermana en el pelo. No uno similar, sino exactamente el mismo que Loni pudo reconocer por las marcas de los dientes de Leon.
–¿Quién te dio ese broche? –preguntó el segundo mayor a la holandesa.
–Una chica me lo dio –respondió la otra.
–¿Cómo era ella? –le preguntó Luke.
–Tenía una linda personalidad.
–Si, es ella –afirmó Lexx.
–¿Y dónde está? –preguntó seguidamente Lars.
–¿Está aquí? –insistió en preguntar Levi.
–No –negó la holandesa–, se la llevaron apenas hace un rato. Dijeron que esta noche subastarían a algunas de las chicas.
–¿En miércoles? –indagó Luke sorprendido–. Que extraña noche para subastar chicas como esclavas.
–Bueno, tal vez tienen planes para el fin de semana –señaló Loki.
–¿Qué planes? –repuso Lars–. ¿Qué podría ser más importante que comprar a una persona?
–¿Dónde es la subasta? –le preguntó Lane a la holandesa–, ¿dónde es el lugar?
–No sé –contestó esta señalando a la ventana con el mentón–; pero tienen transporte de cortesía cada veinte minutos.
–¿Qué?
Los hermanos Loud entonces se asomaron por la ventana de aquella habitación, y en el otro lado de la calle vieron arrancar en ese instante a un autobús en cuyos costados tenía escrito un anuncio que rezaba: Subasta de Esclavas Sexuales.
–¡Demonios! –balbuceó el pequeño Leon.
–Se nos fue –refunfuñó Luke.
–¿Que quieren hacer en los próximos veinte minutos? –preguntó Lars a los demás.
–No sé ustedes, pero yo voy a hacer ejercicio –respondió Lynn quien se tumbó al suelo bocabajo y se puso en posición listo para hacer flexiones–. Así estás en forma. Hazlo cuando tengas tiempo libre. Donde estes y cuando puedas… Hay semen en el piso.
Al caer la noche, uno de aquellos autobuses dejó a los hermanos Loud en la entrada de una gran mansión custodiada por varios guardias armados, a la que Lynn y Lars se infiltraron gracias a las habilidades ninjas del uno y el sigilo fantasmal del otro.
Hasta mientras, el resto se quedó esperando afuera al pendiente de que les informaran cualquier novedad a través de un walkie talkie que Levi tenía en mano.
En los jardines de la mansión, Lynn y Lars se asomaron por unos arbustos a observar a un conjunto de limusinas de las que bajaban varios mafiosos del extranjero que iban ingresando por la entrada principal.
–Lynn, allá –avisó Lars a su hermano cuando avistó una entrada secundaria por la que varios guardias obligaban a entrar un grupo de chicas en paños menores a las que tenían esposadas.
–Tenemos que entrar allí –dijo Lynn, y así ambos se escabulleron por las sombras evadiendo a los guardias y a los francotiradores que vigilaban desde la azotea.
Una vez adentro, Lynn primero noqueó de un caratazo a dos mafiosos albaneses que pilló desprevenidos, los arrastró al interior de uno de los baños de la mansión y allí los despojó de sus ropas y maniató con ayuda de Lars.
Luego, ambos hermanos salieron del baño disfrazados como los albaneses a los que acababan de dejar fuera de combate para pasar desapercibidos y siguieron a los demás mafiosos a la sala de subastas.
–Por aquí, caballeros –indicó un guardia que los condujo hasta una pequeña cabina privada: en la que había un par de sillas forradas con terciopelo, un minibar, una mesita con un intercomunicador instalado sobre la superficie y una gran ventana que daba a una pasarela que a su vez se rodeaba por las ventanas de otras cabinas en las que los otros postores observaban a una de las chicas que en ese momento estaba siendo subastada.
–La oferta actual es de doscientos mil dólares –escucharon anunciar a una voz por un altoparlante.
–Válgame Dios –dijo Lynn, horrorizado por el trato que se le daban a las víctimas de aquella red de trata de blancas.
–Lo peor es que es por caridad –le comentó Lars–. Todas las ganancias son para organizaciones no gubernamentales.
–A la una… A las dos… –continuó anunciando la voz por el altoparlante–. Vendida por doscientos mil dólares. Recuerden que gana puntos con su tarjeta dorada. El siguiente articulo fue inscrito a ultima hora, no está en el catalogo.
–¡Ay, Dios, Linka! –exclamó Lynn cuando retiraron a la primera chica de la pasarela y de ahí hicieron pasar a su hermana que usaba únicamente su lencería de la victoria.
–Bueno, amigos –pidió la peliblanca a los encargados de la iluminación en la pasarela–, suban un poco la luz, pongan el CD que les dí y a bailar se ha dicho.
Acorde a su petición, los encargados ambientaron la sala con la canción California Gurls de Katy Perry y una iluminación propia de un cabaret, con lo que Linka se puso a bailar de manera alocada cuál striper de table dance.
–Tengo cincuenta mil… –anunció la voz del alto parlante–. Tengo setenta y cinco mil. Gracias, señor Gabriel Agreste. ¿Alguien ofrece cien mil?
–Hay, no puede ser –refunfuñó Lynn al ver a su hermana hacer eso, al tiempo que Lars se apuraba a oprimir el botón del intercomunicador.
–Quinientos mil –ofertó el muchacho gótico.
–Tenemos quinientos mil –anunció la voz del alto parlante–. A la una… A las dos… Vendida, al cliente que no entiende las subastas.
–Hay, que divertido… –rió Linka cuando un escolta la condujo a la cabina donde se encontró con sus hermanos, a los que pudo reconocer aun con sus disfraces de albaneses–. Lynn, Lars, ¿qué hacen aquí?
–¿Cómo van a pagar? –les preguntó en cambio el mafioso que la trajo consigo.
–Eh… No tenemos dinero –se excusó Lars.
–¿No habrá forma de que paguemos de otra manera? –sugirió Lynn señalando discretamente a Linka.
–Un momento, algo no huele mal aquí –exclamó el mafioso quien sacó un arma con la que les apuntó a la cabeza–. Ustedes van a acompañarme.
–Hay, rayos –protestaron ambos hermanos, que no tuvieron de otra que alzar sus manos en señal de rendición.
Al cabo de unos cinco minutos, Lynn y Lars se hallaban encadenados de manos a las tuberías del sótano de aquella mansión; y para empeorar todo, los mafiosos nuevamente se llevaron a Linka lejos de ellos para ponerla en venta una vez más.
–Demonios, estábamos a punto de salvar a Linka –protestó Lynn.
–¡¿Oye, qué hicieron con nuestra hermana?! –preguntó un enfurecido Lars al mafioso que se encargaba de vigilarlos.
–Deben estar convirtiéndola en brocheta en este momento –contestó riendo de manera burlona, en tanto le quitaba las baterías al walkie talkie con el que se suponía debían comunicarse con Levi en caso de que algo saliese mal–. Eso se lo oí a Samantha en Sex on the City 2.
–Hay, calla, no me la cuentes –pidió Lynn–, no la he visto.
–Eso no te arruina la historia –dijo el mafioso quien procedió a sacar un arma de debajo de su chaqueta–. Y ahora prepárense a…
Pero antes de que terminara de ejecutarlos, Lynn haló de las cadenas de sus manos con tal fuerza que rompió la tubería, consiguiendo a su vez golpear en la cabeza con esta misma al mafioso que cayó de bruces al suelo.
–Tenemos una celda –se aquejó frotándose la herida que se abrió en su frente –. Siempre les digo que pongan a los prisioneros en la celda; pero siempre dicen: sólo encadénalos a un tuvo. Idiotas.
Ahí, Lynn llegó corriendo para rematarlo de un puñetazo en la cara, le quitó la llave de las esposas y luego fue a liberar a Lars.
–Buen trabajo –lo felicitó su hermano gótico, y después ambos huyeron de la mansión a encontrarse afuera con el resto de sus hermanos.
De vuelta en el exterior, lo primero que hicieron fue dar señalando a un auto negro en el que previamente vieron que unos árabes obligaban a entrar a Linka, y justo en ese momento estaba saliendo del lugar.
–¡Allá van! –avisó Lynn al resto de sus hermanos.
–¡Sigan ese auto! –gritó Lars echando a correr hacía el otro lado de la calle seguido por los gemelos.
–¿Qué hacen? –los llamó Loki–. No pueden alcanzar un auto yendo a pie.
–¿No has visto películas de acción? –le replicó Lynn antes de ir tras ellos–. Sólo tenemos que cortar en diagonal por cualquier campo abierto cercano.
Tal como dijo el joven deportista, los diez cruzaron la carretera a paso veloz y luego pasaron corriendo por un parque ubicado del otro lado, consiguiendo así llegar a otra calle en la que se interpusieron en el camino del auto negro en el que se estaban llevando a su hermana.
Pero antes, este mismo giró en U rumbo a una cuesta que conducía a un puerto del río Sena.
Cuando corrieron a asomarse a un puente cercano, los Loud avistaron que en el puerto los árabes hacían bajar del auto negro a Linka y luego la obligaban a subir en un yate lujoso que permanecía anclado a la orilla del río.
–No puede ser –exclamó Luke al ver que los árabes soltaban las amarras y el bote echaba a navegar–, se la llevan en ese yate.
Como tal, los hermanos Loud corrieron al puerto en donde seguía aparcado el auto de color negro, cuyo conductor se distrajo brevemente para encenderse un cigarrillo antes de volver a subir a bordo; por lo que Lane aprovechó la ocasión para llegar a aturdirlo de un corrientazo tocándole directamente en la nuca con su botón de bromas y posteriormente lo remató de un cogotazo con su pollo de hule. Por ultimo, Lynn lo arrojó al agua de un puntapié.
–¡Suban! –llamó Loki a sus hermanos en cuanto se puso tras el volante del vehículo de color negro.
–Hay que alcanzar ese bote –dijo Luke al ser de los primeros en subir a bordo.
–¿Pero cómo haremos eso? –preguntó Lexx cuando subió de ultimas.
–No se preocupen –dijo Loki tras examinar el sistema de navegación del automóvil negro–, esta cosa tiene GPS de persecuciones.
–Vaya en reversa hacía el transito –indicó la voz del GPS en cuanto Loki lo encendió.
Y eso fue exactamente lo que hizo, para así dar inició a una intensa persecución propia de una película de Liam Neeson.
–Avance en sentido contrarío por quinientos metros –indicó nuevamente el GPS.
Por lo que Loki efectuó un giro violento y pisó el acelerador a fondo.
–Diga: sujétense, y conduzca escaleras abajo.
–¡Sujétense! –gritó Loki, y en el acto hizo girar violentamente el auto otra vez para hacerlo bajar por unas escaleras de la calle que los llevó a un camino al costado del río Sena, por el que pudieron ir a la par del bote en que Linka estaba prisionera.
–Toma mal editada en que se ve que el chofer es un doble –indicó seguidamente el GPS, con lo que Loki aceleró para así adelantarse hasta un puente que atravesaba el río.
Allí, los diez hermanos Loud bajaron a pararse en el bordillo del puente y saltaron de tres en tres a la cubierta del bote en cuanto este cruzó por debajo de ellos.
–Deje gas en auto cerrado como idiota –protestó el GPS del automóvil luego de que los diez hermanos lo dejasen atrás.
–Ya no aguantaba, lo siento –se excusó Loki.
A bordo del bote, lo primero que hizo Levi fue abrir otro dispositivo de su invención, que consistía en un cubo que adentro contenía una dimensión infinita de la cual se apuró a sacar hasta diez pistolas con el silenciador puesto que fue repartiendo entre todos los hermanos.
–Bueno, deben tenerla bajo cubierta –indicó en cuanto tomó un arma para el y volvió a cerrar el cubo–. Loki, Luke, Lynn, Lexx y yo iremos por la derecha; Loni, Lane, Larz, Leif y Leon, ustedes vayan por la izquierda. Y recuerden, al primer tipo que vean, dizpárenle zin dudar, hazta que encontremoz a Linka.
–¿Qué?, pero nunca he matado a nadie en mi vida –protestó Loni.
–Tranquilo, son árabes –le explicó Lexx–, los lectores te seguirán apoyando.
–¡Ya, dizperzenze! –ordenó Levi, con lo que el grupo se dividió en dos.
Y con esto se inició un tiroteo masivo en la cubierta del barco entre los hermanos Loud y los árabes.
¡Bang, bang, bang…!
–Rayos –protestó Loni, en tanto los integrantes de su grupo disparaban a quemarropa a varios atacantes.
¡Bang!
Finalmente, Loni se vio en la necesidad de herir de muerte a uno de los árabes que consiguió abrirse paso hacía ellos en medio del fuego cruzado.
–Lo hice.
–¿Ves? –le dijo Leif en medio de la balacera–, es como un videojuego.
–Si, ya veo –sonrió triunfante Loni tras derribar a los últimos dos árabes para que así pudieran avanzar en su búsqueda.
¡Bang! ¡Bang!
–Ja, como que soy bueno para esto.
Pero antes de continuar, en afán de hacer mayor alarde de su buena puntería, al segundo mayor de los hermanos Loud no se le ocurrió mejor idea que derribar de un disparo a un tripulante al azar de un barco repleto de turistas que en ese instante pasó navegando en dirección contraria al lujoso yate de los árabes.
¡Bang!
–Adios, soquete.
De ahí, camino a la parte baja de la cubierta, el grupo de Loni se topó con otro árabe al que intentaron disparar; sólo para darse cuenta que gastaron todas sus municiones en el tiroteo anterior.
Clic… ¡Clic, clic…!
Sonriente, su contrincante se dispuso a sacar su arma de debajo de su saco; pero antes Leon se arrojó a morderlo en el cuello y Lane aprovechó el momento para ponerse cuatro patas atrás de el y así hacerlo tropezar gracias a que Lars lo derribó de un empujón. Después Loni lo empezó a rematar a base de pisotones, pero el árabe con trabajo logró coger su pistola y lo hizo retroceder con un disparo que casi le roza la oreja.
¡Bang!
Tras esto, el árabe consiguió incorporarse apuntando con la pistola a los Loud sobre quienes se preparó a gastar todas sus municiones.
¡Bang!
Mas, antes de que apretara el gatillo, un disparo que vino de lejos lo alcanzó atravesándolo certeramente por la espalda y salió por el torso perforándole el corazón.
–¡Eso fue por matar a uno de los nuestros! –gritó uno de los turistas del barco de hacía unos momentos que volvió a pasar ante el yate de los árabes.
–¡Viva este barco! –gritaron eufóricos todos los demás.
Mientras tanto, Linka fue llevada hasta una lujosa habitación bajo cubierta en la que, recostado sobre una cama igual de lujosa, la esperaba un árabe obeso que usaba únicamente una fina bata de seda.
–Déjame ir, maldito gordo –reclamó la peliblanca al líder de los mafiosos en cuanto su escolta los dejó a solas–. No voy a ser tu esclava sexual.
–Estás confundida –le explicó el hombre amablemente–. No te compré como esclava sexual. Te compré para mi hijo; y no para ser su esclava, sino como su esposa.
–¿Esposa? –repitió Linka extrañada.
–¡Farid! –llamó el hombre gordo a su hijo; ante lo cual el chico más apuesto que Linka en su vida había visto entró a la habitación.
Era un chico alto de tez morena, pelo negro, grandes dientes, con el rostro salpicado de pecas y un par de cautivadores ojos rasgados. Es decir la fusión perfecta de su amigo Ron Ian Santiago de Great Lake City y Steve Zhau, el único chico de su pandilla, pero en versión árabe.
–Mira –lo presentó su padre–, el es Farid, mi hijo y heredero de mi trono.
–Mi padre tenía razón –se dirigió el apuesto príncipe árabe a Linka a quien tomó suavemente de las manos–, tu belleza no tiene comparación. Oh, bella diosa, es mi esperanza que aceptes ser mi esposa, pero la decisión es tuya. Si dices que no, te enviaremos de vuelta con tu familia en nuestro jet privado; pero si aceptas, pasaré el resto de mi vida haciendo realidad todos tus deseos. ¿Quieres ser mi esposa, princesa Linka?
–¡Hay, si! –accedió la peliblanca conmovida con las palabras de ese guapo príncipe árabe que le prometía el cielo y las estrellas.
¡Bang, bang!
No obstante, el beso con el que iban a sellar su amor no se pudo concretar, ya que Levi y su grupo irrumpieron en la habitación y asesinaron de un disparo en la cabeza al príncipe y seguidamente al rey.
–¡NOOOO! –gritó Linka, devastada de haber visto morir al nuevo amor de su vida y con el la oportunidad de encontrar la felicidad.
Tras esto, se giró a ver a sus hermanos, que no hicieron lo que hicieron con mala intención y estaban sumamente contentos de haberla encontrado.
–¡¿Pero qué es lo que hicieron, chicos?! –les gritó igualmente.
–Tranquila, hermana mayor –le sonrió Levi, quien procedió a sacar un "neuralizador" igualito a los de las películas de hombres de negro con el que hizo emitir un destello de luz blanca que la aturdió por completo.
Días después, Linka estaba de vuelta en la casa Loud junto con sus hermanos (quienes regresaron a tomar su lugar luego de despachar a los dobles que se hicieron pasar por ellos sin que nadie se diese cuenta) y sus padres que no cabían en si de la felicidad de que su niña hubiese regresado sana y salva.
–Hay, linda, que gusto me da que hayas vuelto… –la abrazó su madre que no fue nada discreta en desbordar lagrimas de alegría–. ¿Pero de verdad no recuerdas nada?
–La verdad no, mamá –fue lo que contestó–. Sólo soñé que un guapo príncipe árabe me estaba proponiendo matrimonio, y lo siguiente que supe fue que desperté en un hospital francés.
–Y hablamos con los papás de Clydia –agregó Rita–. A ella le arrancaron la lengua. Ja, creo que no nos fue tan mal, ¿eh?
–Pusimos toda tu correspondencia en tu habitación, mi amor –le sonrió Lynn Sénior.
–Gracias, papá –le agradeció su hija.
–Nha, es broma, nadie te ha vuelto a escribir desde que los del staff te quitaron el protagonismo.
FIN
