Capítulo 7
El verdadero amor
En un pequeño poblado de Francia al norte de Paris, un hombre y una mujer que se conocían desde niños estaban juntos en la tibia cama de un alojamiento, abrazándose tiernamente, y como nunca antes lo habían hecho.
Ella quería olvidar todo lo que había visto y escuchado, quería acallar a aquella voz de su conciencia que le decía que para Francia todo estaba perdido. Se requerían cambios tan radicales y la voluntad de los reyes era tan escasa, que Oscar sentía que era casi imposible solucionar esa situación, y que solo un milagro podría sacar a su país del agujero donde estaba metido, ya que por aquellos tiempos la palabra "revolución" aún no formaba parte del vocabulario de la mayoría de los franceses, y mucho menos era una posibilidad en la mente de la comandante de la Guardia Real.
- "Si tan solo pudiera regresar a ese momento..." - fue todo lo que deseó Oscar desde que André se despidió de ella esa tarde, recordando lo que había sentido al despertar entre sus brazos la mañana de aquel día. Le había resultado imposible olvidar la infinita sensación de paz y felicidad que había experimentado al lado de aquel hombre al que conocía de toda la vida, sin embargo, también había tratado de luchar contra ese deseo porque no era normal para ella sentirse así, y porque no lograba entender lo que le estaba pasando. Desear lo que estaba deseando sobrepasaba su razonamiento.
Ante ese estado de confusión, Oscar prefirió no abrirle la puerta a André cuando él le anunció su llegada a pesar de que en verdad quería verlo. Tampoco aceptó su propuesta de intercambiarse de cuarto, lo cual habría sido ideal para ella ya que si bien se podía sobreponer, la verdad era que los truenos hacían que se sienta aún más inquieta, y la tormenta se estaba haciendo cada vez mas intensa.
- "¿Y si simplemente voy a buscarlo?" - pensó Oscar. - "Necesito verlo, y dudo que pueda dormir esta noche si no lo hago..."
Yluego de dar varias vueltas en su cama, finalmente decidió ir a la habitación de André.
- "No sé por qué me complico... " - se dijo a sí misma. - "Nos hemos abrazado muchas veces, además hace unos años él me besó mientras pensaba que yo estaba inconsciente, y yo no le reclamé nada..." - pensó ella sonriendo, y tratando de justificarse. - "Yo no pretendo besarlo... Sólo necesito estar cerca de él ... al menos por un momento..."
Sin pensarlo más, tomó el candelabro que tenía encendido sobre su mesa de noche y caminó por el pasillo en dirección a la habitación de su compañero de viaje, pero a medida que avanzaba iba reflexionando una vez más sobre si era correcto desear abrazarlo así y en ese contexto... Él era un hombre, ella una mujer, y desde hace mucho tiempo habían dejado de ser niños. De pronto, Oscar se dio cuenta de lo que estaba a punto de hacer.
- "Pero que me pasa..." - se dijo a sí misma. - "Definitivamente no es correcto hacer algo así..."
Y cuando estaba a punto de retroceder para regresar a su habitación, recordó que ahí solo la esperaba una larga noche de angustia recordando la miseria de la que habían sido testigos, sumada al sonido de los truenos, así que decidió buscar a André de todas formas pero contener su deseo de abrazarlo. Seguramente él entendería la razón por la que no quería estar sola esa noche.
Sin embargo - ya estando en su habitación y al sentir que André se recostaba a su lado - no pudo evitar acercarse a él de la forma en que lo hizo. No estaba pensando, su actuar e incluso sus palabras habían sido guiadas únicamente por el instinto. Aunque en aquel momento si hubo un instante en el que ella volvió nuevamente a la realidad y se avergonzó de su propio comportamiento, no se alejó porque de inmediato André también le pidió que le permita abrazarla, tal como ella lo ella lo estaba abrazando a él.
- "Tambien me necesita... " - pensó Oscar, así que solo sonrió, se dejó abrazar por él, y se entregó al hermoso sentimiento que que ya había sentido esa mañana estando entre sus brazos.
- "¿Acaso estoy soñando?"... - se preguntaba André, mientras mantenía a la mujer que amaba aferrada a su pecho como un naufrago a la orilla.
Para él esa situación había sido completamente inesperada. Se sentía en el cielo: Oscar estaba ahí, recostada junto a él y abrazándolo con ternura en la oscura habitación de un alojamiento de Abbeville.
Al igual que ella, se sintió sobrecogido por una enorme sensación de paz, esa paz que solo se puede sentir al abrazar a la persona a la que uno está destinado a amar. La conexión entre ambos era tan intensa que sintió que habían nacido para estar así, el uno al lado del otro, entregados a toda esa felicidad, sin embargo también empezó a desearla, y la idea de demostrarle su amor en cuerpo y alma empezó a nublar sus pensamientos.
Un día antes, al quedarse solos en aquella diminuta habitación del alojamiento de Doña Eloísa, había estado convencido de que sería incapaz de perder la cabeza e intentar algo más con ella aún si Oscar le diera alguna señal, pero en ese momento nunca se imaginó estar viviendo algo como lo que estaba pasando.
Y haciendo esfuerzos casi sobrehumanos para evitar dejarse llevar por sus instintos, André suspiró para tratar de sobreponerse a sus deseos.
- "Mi querida Oscar, eres demasiado inocente para algunas cosas... " - pensó, observándola con ternura. - "No tienes idea de lo que puedes despertar en un hombre comportándote así".
Una abrumadora seguridad de que ella también lo amaba lo invadió por unos instantes. Lo sentía en cada poro de su piel, en cada célula, en cada latido del corazón de su amada que por primera vez escuchaba al estar tan cerca el uno del otro, pero también estaba muy convencido de que si ella se había atrevido a refugiarse así en él era debido a la angustia que sentía luego de presenciar el dolor del pueblo.
Pasaron algunos minutos y Oscar se quedó dormida. Al lado del hombre que amaba esa voz interior que la atormentaba se había calmado, y al fin podía descansar.
Sí, ella lo amaba aunque no lo sabía. Sus verdaderos sentimientos hacia él estaban ocultos por un mecanismo de defensa que ella misma había creado ante el temor a perderlo, perderlo ante alguna joven de su misma clase social, o perderlo en el momento en el que él se cansara de permanecer al lado de una mujer destinada a la vida militar.
- "Estabas realmente agotada... " - pensó André, y le dio un tierno beso en la frente sin dejar de abrazarla.
Luego de un momento, se levantó con cuidado para no despertarla, y salió de la habitación. Necesitaba tomar aire y relajarse antes de volver a la cama.
…
Habían pasado algunos minutos desde que André abandonó su habitación, y cuando regresó ahí seguía ella, y él no pudo evitar detenerse hipnotizado ante la imagen de Oscar dormida sobre su cama. ¡Se veía tan hermosa que parecía un ángel!
Y en ese momento, detenido frente a ella, quiso capturar esa imagen de ensueño para mantenerla para siempre en sus recuerdos.
A pesar de haberla visto hermosa cuando estaba elegantemente vestida para sus clases de baile, o sencillamente vestida para la misión en Abbeville, nada superaba esa imagen de ella tendida entre las sábanas en su camisón blanco, y con su ondulado cabello rubio desordenado cubriéndole una parte del rostro; su belleza no tenía comparación y se sentía privilegiado de ser el único hombre que la conocía de verdad.
Todos veían en ella a una persona de carácter inalterable, controlada e inteligente, y los que la conocían un poco más admiraban su lealtad, su discreción y su coraje, además de su impactante belleza. Sin embargo, André la veía mucho más allá de todo eso, la veía más allá de su título de condesa, más allá de su rango militar, e incluso más allá de todas esas características tan admiradas por todos: Ella era la amiga con la que creció, una amiga a la que conocía en sus momentos buenos y en sus momentos malos, en sus travesuras, en sus miedos, en su gran fortaleza para enfrentar la vida que le había tocado vivir, y en la fragilidad que ahora le mostraba.
Sin embargo, había algo que André amaba en ella más que nada, y era su ardiente y noble corazón, un corazón que él conocía mejor que nadie.
Y sin dejar de contemplarla, se acercó a ella y acarició su rostro. Al sentirlo, Oscar balbuceo unas palabras que él no entendió, y André sonrió, no solamente por la graciosa forma en la que le había hablado dormida, sino también porque se dio cuenta de que había estado tan fascinado contemplándola que no había notado que ella había ocupado toda la cama en el momento en el que él salió de la habitación, y mucho cuidado, la deslizó nuevamente hacia un lado y se recostó junto a ella, y ella, aún dormida, volvió a abrazarlo.
- Te amo tanto... - le dijo él, al sentir nuevamente su cuerpo tan cerca del suyo, y con una gran ternura él también volvió a abrazarla.
...
A la mañana siguiente André abrió los ojos. Por los rayos del sol que entraban por su ventana calculó que eran más de las nueve, lo cual era bastante tarde para ellos que acostumbraban despertar a las seis de la mañana.
Oscar permanecía en la misma posición en la que había estado cuando él se quedó dormido, y al sentirla André respiró hondo, sintiendo como una felicidad indescriptible invadía su corazón, pero luego de unos minutos percibió que ella comenzaba a despertarse, y cerró los ojos para fingir que aún dormía.
Y luego de levantarse con cuidado para evitar despertarlo, Oscar se detuvo al lado de su cama para observarlo pensativa, y por unos minutos la distrajo su masculina belleza.
- "¿Pero qué me está pasando?... Concéntrate Oscar..."- pensó ella. Sabía que André era un hombre atractivo, pero en esos momentos se prohibió así misma pensar en eso. Luego murmuró. - Ahora que hago para justificar mi comportamiento ante ti, André.
Él alcanzó a escucharla, y le hizo gracia su comentario. Sabía que debía ayudarla a salir del problema en el que se había metido al tomar la iniciativa de abrazarlo. Él era igual de culpable de esa situación, sin embargo la conocía bien, y sabía que se haría responsable de todo lo acontecido la noche anterior, entonces empezó a moverse para fingir que despertaba y Oscar se dirigió rápidamente a una ventana que daba al interior del hotel, tal como lo hizo la mañana anterior.
Y simulando estar muy relajado, André se estiró y bostezó antes de saludarla.
- Buenos días Oscar... ¿Dormiste bien?... - le dijo sin el menor reparo, y como si nada hubiese pasado.
- Buenos días André... - le respondió ella, aunque lucía intranquila, y sin saber que más decir.
- Hoy nos vamos de regreso a Normandía. Alista todas tus cosas, debemos partir de inmediato si queremos llegar a ver la puesta de sol... - le dijo con una sonrisa, y Oscar volteó hacia él dispuesta a disculparse...
- André, con respecto a lo de ayer... yo... no debí... - dijo ella, pero André la detuvo.
- Oscar, ayer fue un día duro para ambos... y los dos somos igual de responsables de cualquier suceso extraño que pudiera haber ocurrido. - le dijo él, tratando de tranquilizarla, y luego le sonrió. - Prepara tus cosas, que ya debemos partir.
Oscar asintió y le sonrió también, sintiéndose más calmada. Aunque André acostumbraba bromear, cuando se trataba de temas serios siempre sabía que decir, sin embargo, para él las cosas no eran tan simples como pretendía demostrar.
Estaba acostumbrado a ocultar sus sentimientos hacia ella, pero esta vez esos sentimientos lo estaban sobrepasando, y estaba haciendo un verdadero esfuerzo para tratar de comportarse de la manera más normal posible, pero se sentía abrumado.
En el camino de regreso a Normandía, André seguía tratando de comportarse de la manera más natural con ella, y le comentó los temas que se habían tratado en la reunión antimonárquica. Luego de algunas horas de viaje, llegaron finalmente a Normandía.
- Hola Amelie... - saludó Oscar al entrar en la mansión de la villa.
- Buen día Lady Oscar, buen día André... ¿lograron terminar con todos sus pendientes?... - preguntó ingenuamente Amelie, quien no tenía idea de hacia donde ni para qué habían viajado juntos.
- Si, Amelie, logramos hacerlo. Por favor, ¿nos preparas un baño?... - dijo Oscar. - Es decir, un baño para mí, y un baño para André... - dijo ella, riendo nerviosa ante la mirada confundida de su ama de llaves.
Luego de la aclaración, Oscar notó que lo que dijo solo empeoró su frase inicial, pero afortunadamente André estaba tan distraído que ni siquiera escuchó su nervioso comentario.
- Oscar, dejaré mis cosas en mi habitación... ¿Nos vemos luego?... - le dijo él, algo descolocado.
- Esta bien André... - le respondió ella, sin darse cuenta de lo que le pasaba.
Entonces, agotado de fingir que nada ocurría, André se retiró, y al llegar a su habitación se recostó en su cama, y miró al techo como en un estado de shock; su mente estaba en blanco.
Lo mejor era estar solo, al menos por un momento.
...
Un par de horas más tarde, André salió de su habitación luego de haberse dado un baño. Su cabello aún estaba mojado y lucía como ausente.
- Amelie, iré a caminar a la playa... Regresaré en unos minutos.. - le dijo al ama de llaves de la villa.
- ¿Sólo? - preguntó Amelie sorprendida, ya que él no acostumbraba salir sin la dueña de casa. - André , ¿No preferirías que antes te sirva algo de comer?... Lady Oscar me dijo que no les había dado tiempo de almorzar.
- No Amelie, no te preocupes... - dijo él abriendo la puerta. - No tengo hambre...
Al escucharlo, Amelie se quedó absorta. En todo el tiempo que lo conocía, que no era poco, jamás había escuchado que algo le quite el apetito al leal compañero de su ama, pero lo dejó partir sin decirle nada.
Luego de salir de la mansión, André caminó hacia la playa sintiendo que sus pies avanzaban por sí solos, y - una vez ahí - se detuvo a observar el mar, tantas veces testigo de todas sus cabalgatas con Oscar, pero luego de unos minutos sintió deseos de correr, y empezó a hacerlo a toda prisa; necesitaba alejarse de todo, de todos, y aunque su objetivo no había sido alejarse tanto de la villa lo había hecho, y ya estaba varios kilómetros de ahí, así que se detuvo, y dirigiendo la vista hacia el océano, cayó de rodillas sobrepasado por su gran dolor.
- "¿Por qué?... ¡Por qué no puedo tener la libertad de decirte que te amo Oscar!... ¡Que nadie te amará como yo!..." - pensó, y apoyó sus manos en la arena.
Su corazón estaba nuevamente roto ante la imposibilidad de expresar sus verdaderos sentimientos, de tener que callar. ¿Hasta cuando tendría las fuerzas para soportarlo?, se preguntaba abrumado por tener que cargar el peso de su inconfesado amor.
- "No puedo seguir así..." - se dijo a sí mismo.
En el día a día, la relación entre André y Oscar era una relación de amistad que fluía de manera natural, pero en determinados momentos de su vida él se había sentido verdaderamente frustrado por no poder expresarle sus sentimientos a la mujer que amaba, por tener que contenerse, y ese era uno de esos momentos.
Algo en su corazón se había despertado cuando ella lo abrazó repentinamente en aquella oscura habitación del alojamiento de Abbeville, y no se sentía capaz de volver a dejar dormido ese sentimiento. Estaba secuestrado por todo el amor que sentía hacia ella, sentirla entre sus brazos había avivado la esperanza de que Óscar lo amara tanto como él la amaba a ella, y no podía simplemente ignorarlo.
Pero era un amor imposible. Ella era de la nobleza y él era un plebeyo, y aunque parecían iguales la realidad era que no lo eran. ¿A dónde podría llevarlo continuar albergando esos sentimientos?.
En el supuesto caso de que ella también lo amara, una relación entre ambos sólo les acarrearía desgracias, sin embargo, en caso de que ella sintiera lo mismo él sabia que estaría dispuesto a enfrentar cualquier cosa con tal de defender ese amor, y en ese momento, recordó las noches en las que no podía dormir planeando su fuga con Oscar.
Dado que no gastaba prácticamente en nada, había ahorrado lo suficiente como para comprar una pequeña villa en la frontera con Italia, y soñaba con ir a vivir con ella ahí, lejos de todo y de todos. Sin embargo, hacer que ella renuncie a su trabajo y a su familia para huir con él le parecía una locura.
Otra posibilidad era vivir su amor en la clandestinidad; de todas maneras ella nunca se casaría ya que su padre había trazado su destino desde joven, sin embargo, aunque su amor por ella era capaz de soportar estar en la oscuridad, no le resultaba digno ni justo para Oscar. Si en verdad la amaba ¿cómo podría someterla a eso?... Todo parecía indicar que no había esperanzas para un amor así.
En el pasado había tratado de olvidarla, pero no había estado ni siquiera cerca de poder hacerlo. Ninguna mujer de las que había conocido se acercaba siquiera un poco a lo que Oscar representaba para su vida, por eso, frente al amplio mar de Normandía, André debía enfrentarse nuevamente con su destino, y con profunda tristeza retomó la idea de olvidarla, ante la inviabilidad de poder concretar su amor.
- "¿Acaso mi única salida es renunciar a ti para siempre Oscar?..." - se preguntó, sin embargo, el sólo hecho de pensar en tener que olvidarla rompía su corazón en mil pedazos.
¿Cómo soltar a una persona que había sido y era tan importante para él? ... Esa era una pregunta que se hacía cada que se planteaba la posibilidad de alejarse de ella para escapar de esa tortura de amarla sin esperanzas.
- "¡No puedo!" - pensó, golpeando la arena con sus manos, pero luego miró hacia el océano y sonrió resignado sincerándose consigo mismo. - "Si puedo... pero no quiero..." - se dijo, y bajó la mirada sintiendo su alma destrozada.
Luego de unos segundos, aún de rodillas y con las manos en la arena, miró nuevamente hacia el horizonte, y reflexionó sobre el giro que estaba tomando el mundo ante sus propios ojos.
- "La Nueva Era, una en la que no existirían diferencias entre una clase social y otra..., una en la que todos podríamos ser iguales: Libertad, Igualdad y Fraternidad...¡Qué utopía!... Pero por otra parte, que gran esperanza para nosotros mi amada Oscar..." - pensó André, sonriendo con tristeza.
- ¡André!... - dijo Oscar.
Sorprendido, André levantó su mirada. Era su amiga de la infancia, quien había llegado hasta ahí en su hermoso corcel blanco, y al mirarla desde abajo, notó como su rubia cabellera se iluminaba con el sol de aquella tarde.
Oscar bajó de su caballo y André se puso de pie, mientras se sacudía la arena de la ropa.
- Saliste sin decirme nada... - le dijo ella, observándolo detenidamente y percibiendo en él una enorme tristeza. - ¿Qué te pasa? - le preguntó.
- Nada Oscar, discúlpame por no avisarte que saldría. Estaba a punto de regresar a la mansión. - le respondió André, pero su tono de voz era tan melancólico que casi no podía ocultar la devastación de su corazón.
- Acordamos ver juntos la puesta de sol.. - le dijo ella dulcemente pero con mirada inquisidora, y tratando de leer en sus ojos la causa de la profunda melancolía de su amigo, una melancolía que a ella le estaba resultando abrumadora.
- Es cierto... Pero aún estamos a tiempo... - le dijo él, con una evidente tristeza.
Y dándose cuenta de que algo le pasaba, Oscar se acercó a él para tratar de consolarlo y lo abrazó con una gran ternura, pero al hacerlo empezó a sentir como sus propias lágrimas comenzaban a caer por sus mejillas.
Estaba llorando. Lloraba por todo el dolor que ella misma había contenido al ser testigo de primera mano de la decadencia en la que vivían los ciudadanos de su país, y también lloraba por el hecho de haber lastimado a André al involucrarlo en una investigación que nunca debió iniciar en ese momento, ya que ella misma había decidido que esos días fuesen sólo para dedicárselos a su amigo más querido.
- Perdóname André... - le dijo con la voz quebrada. - Todo lo que quería era que fueses feliz durante estos días, y lo único que te he provocado es tristeza al exponerte al sufrimiento de nuestros compatriotas... Lo siento tanto...
Luego de escucharla, André la abrazó también, y sin poder contener más su dolor sus lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas; por primera vez en casi veinte años Oscar sintió que él también lloraba, sin embargo ella ignoraba que las razones de su tristeza eran muy distintas de las que ella suponía.
Él sufría por la frustración de no poder expresarle todo el amor que sentía, por estar pensando en la posibilidad de abandonarla, por no tener la absoluta certeza de que ella también lo amaba aunque lo sintiera en cada latido de su corazón.. Él estaba sufriendo por su amor por ella.
¿Acaso esta va a ser la última vez que la abrace?... se preguntaba André. Era demasiado doloroso, casi insoportable, pensar en alejarse de ella. No quería dejarla sola, no quería dejar de amarla; lo que en realidad deseaba era hacerla su esposa ante Dios y ante el mundo, y permanecer a su lado para siempre, pero debía tomar una decisión, la más difícil de su vida, ya que cada vez se le hacía más difícil manejar toda esa situación.
Las lágrimas de André terminaron por quebrar el corazón de Oscar. Ella había tratado de mantenerse fuerte mientras observaba el sufrimiento de su país, sin embargo, ver tan devastado a su mejor amigo terminó por devastarla a ella también. Sentía su tristeza como propia. Quería controlarse y dejar de llorar, pero simplemente no podía.
Y así pasaron varios minutos, abrazados en silencio, desahogando en aquellas lágrimas toda su tristeza, pero luego - ya más calmado - André secó su rostro, y se apartó ligeramente de Oscar para mirarla a los ojos.
- Perdóname... Se supone que yo soy el que tendría que darte valor..., y mírame, soy un desastre... - le dijo él sinceramente, secando esta vez las lágrimas de su compañera, y ella se impresionó por la forma en la que se había expresado de sí mismo: nunca lo había visto así.
- No eres un desastre André... Eres solo un ser humano... - le dijo ella, tomando sus manos entre las suyas, y él la miró sonriendo.
- Y ahora... ¿Qué hacemos?... - le preguntó André, pero esa pregunta encerraba mucho más que la curiosidad por saber que harían en los siguientes minutos; era una pregunta mucho más trascendental.
- Quiero que regresemos a la playa de la villa para poder ver la puesta de sol. - le respondió ella con voz suave, dándole a entender que debían ir paso a paso y que no tenían que pensar más allá de lo que necesitaban en ese momento, entonces André le sonrió nuevamente, captando de inmediato lo que ella había tratado de decirle.
Y luego de mirarla con ternura caminó unos pasos hacia el corcel blanco de su amiga y se montó en él, para luego tenderle la mano a Oscar, la cual montó con su ayuda, sentándose justo delante de él.
Y luego de asegurarse que ella iba segura, André tomó las riendas y las jaló con fuerza, provocando que el caballo reaccione alzando sus patas delanteras sobre la orilla del mar, y ambos sonrieron a causa de ese inesperado movimiento, empezando así su regreso a la villa juntos.
Él sostenía las riendas con firmeza mientras cabalgaban, y mantenía su mirada sobre el hombro de Oscar para poder ver el camino, mientras rodeaba con sus brazos a la mujer que amaba, y la cuidaba para evitar que se cayera.
Oscar se sentía feliz dejándose conducir por André, y - montada en su caballo - no pudo evitar voltear para mirarlo con todo el amor que sentía por él, un amor del cual no era consciente y que no reconocía en aquellos momentos, pero que André sí creyó reconocer en ella cuando sus miradas se cruzaron, en un instante en el que sus rostros estuvieron tan cerca que si el caballo no hubiera estado movimiento no hubiesen podido evitar besarse.
Y luego de esos mágicos segundos en los que ambos quedaron suspendidos en el tiempo, Oscar cerró los ojos apoyando su frente sobre el rostro de André, y sin despegarse de él se sostuvo de sus muñecas y apoyó su espalda contra su pecho, en una entrega y confianza absoluta hacia André, y el también cerró los ojos envuelto en ese enorme sentimiento que ambos compartían.
Y así, como si hubiesen estado completamente solos en el universo, siguieron cabalgando por media hora más, hasta que finalmente llegaron a la playa que se encontraba frente a la Villa de Normandía de los Jarjayes.
Al llegar, André bajó del corcel y luego extendió sus brazos para sostener a Oscar, quien con su ayuda bajó del caballo también, y ambos se sentaron en la orilla.
Y mientras veían la puesta de sol, él tomó la decisión más grande de su vida, y al hacerlo una enorme paz volvió a invadirlo.
- "Oscar... No quiero dejar de amarte... Estaré a tu lado... y te amaré el resto de mi vida..." - pensó, encontrándose nuevamente con su mirada llena de amor.
Y en ese momento, sin decir una palabra, renovó su promesa de entregarle para siempre su corazón; el amor que ella le transmitió aquella tarde - y que él que creyó reconocer - le dio la fortaleza que necesitaba para continuar a su lado.
FIN
...
COMENTARIO FINAL
Esta historia está situada luego de que André perdiera la vista, pero antes de que Fersen descubriera que Oscar era la condesa con la que había bailado, tiempo en el que ambos seguían siendo muy amigos.
La escena donde ambos comparten el mismo caballo fue inspirada en una escena real del anime que aparece en el capítulo 39.
¡Muchas gracias a todos los que compartieron conmigo esta historia!
Ahora los invito a leer mi fanfic "Oscar, por favor, no te cases"...
...
