(Recomendación musical: Glimpse of us- Joji)

El tiempo dejó de transcurrir para Marinette Dupain-Cheng.

Allí, a pesar del vacío lóbrego y frío en el que su conciencia había caído, tuvo la certeza de haber completado por fin su misión: Narendra estaba muerto, el mundo estaba a salvo y Adrien también. Una a una fue enumerando en la cabeza las razones por las cuales podría dejar su alma al fin descansar en paz. Si es que acaso estaba muerta, por supuesto.

Pero ninguna razón le fue suficiente.

Porque aun sabiendo que todo había terminado; aún cuando cada fibra de sus articulaciones por fin se habían aletargado… Aún después de la fatiga y el dolor de sus propias heridas físicas, un nódulo invisible y lacerante se le expandía desde el pecho hasta la garganta.

¿Por qué? Había cumplido su deber. Una encomienda más como heroína estaba completada. París— el mundo mismo, quizá— nuevamente dormiría tranquilo. A salvo.

¿Pero a qué costo?

En la negrura, la mente de Marinette bosquejo irremediablemente el perfil de Luka a la distancia… Estiró (o creyó estirar) un brazo hacia él. Tanta oscuridad no le permitía percibir ni su misma anatomía, y sin embargo era capaz de contemplarlo a él con perfecta claridad. Una sonrisa dulce y al mismo tiempo socarrona le iluminaba el rostro. Sólo Luka era capaz de ser pícaro y apacible al mismo tiempo. Luego estaban sus ojos; dos zafiros soberbios que reflejaban la luz de la luna… ojos que se apartaron cuando Luka le dio la espalda y comenzó a caminar hacia delante. Lejos de ella.

—No te vayas—rogó conforme la ilusión se iba difuminando en la negrura hasta desaparecer; casi del mismo modo en que le vio exhalar su último suspiro—Vuelve… por favor.

La pesadez de sus ojos y el repentino frío que sintió en las mejillas la hicieron consciente de sus propias lágrimas. Vaya, entonces era posible llorar aún cuando uno se encuentra en el limbo. En la nada. ¡Bien! Perfecto… Si la energía, ente o lo que fuera que la había abandonado en ese gélido lugar le permitía seguir sintiendo, entonces lo haría: sentiría con toda la furia de su corazón. Tal y como le hubiese gustado hacer en el momento en que recibió la responsabilidad de un maldito miraculous.

—¡¿Qué más quieres?!— desgarró su garganta en un grito agudo— ¡Ya tomaste todo de mí! ¿Quieres que te suplique? ¿Es eso? ¡Muy bien, lo haré!: ¡Devuélvelo! ¡Por favor! ¡Regrésalo a mis brazos! ¡No te lo lleves, por favor! ¡¿O acaso prefieres que me sincere?! ¿¡Que grite lo que pienso?! ¡PUES ME ARREPIENTO! ¡Me arrepiento de elegir este camino! ¡Me arrepiento de todo! ¡DESEARÍA JAMÁS HABER SIDO LADYBUG!

No lo decía en serio. Y esa era la peor parte de todo… A pesar de lo antes vivido, para ella no había espacio para el arrepentimiento. Convertirse en Ladybug la encauzó a un camino que terminaría cruzándose con el de Luka irremediablemente. Lo cual sólo quería decir una sola cosa: indirectamente, ella lo había matado.

Cayó de rodillas. No es que las piernas le fallaran, simplemente ya no encontraron una razón por la que valiera la pena seguir sosteniéndola. Golpeó su puño contra el suelo… y a pesar de no sentir dolor, supo que por lo menos había una superficie debajo de ella.

No recordaba la última vez que había llorado de esa forma; quizá era porque jamás lo había hecho de verdad. Penurias como esa eran tan sobrecogedoras que no valían la pena experimentarse. Era mejor morir y seguir a Luka a seguir sangrando su tristeza allí, arrodillada en la tierra fría.

Sus pensamientos se detuvieron de soslayo y reparó en algo más: "Espera un momento… tierra".

Con los añicos de determinación que le restaban, se puso de pie y dio tres pasos hacia delante. Bajo sus pies el piso tronaba como lo harían las hojas secas de otoño sobre el asfalto de la ciudad. Dio unos cuantos pasos más y los sonidos cada vez se volvieron más familiares: hierba y ramas secas. El cosquilleo en las rodillas la hizo consciente de que la vegetación era basta. En la penumbra, una esfera de luz incandescente capturó su atención. La bola de fuego avanzaba a prisa e iluminaba las tinieblas de una jungla.

—¡Espera!— gritó y comenzó a perseguirla.

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Segunda Oportunidad

Capítulo 11

¡Gracias por acompañarme en este largo viaje!

La historia termina aquí.

Dedicada especialmente a July.

¡Gracias por apoyarme todo este tiempo!

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Paja ardiendo; aquella bola de fuego no era otra cosa más que la cabeza de una larga antorcha que se abría camino en la oscuridad de la noche. El fuego iluminaba los frondosos árboles de una jungla que Marinette tardó un poco en reconocer: los terrenos aledaños al palacio de Narendra.

Sin saber cómo ni cuándo, una vez más había viajado siglos en el pasado; a la época de Laal Bag en la antigua India. La diferencia era que esta vez lo hacía por sí misma y no a través de la conciencia de la misma Alisha.

A tropezones, continuó la persecución hasta que el portador estuvo lo suficientemente cerca de su campo de visión. La conmoción de reconocer a Nāga Sām̐pa le regresó la fuerza que creyó perdida. Sus pasos erráticos y flojos se transformaron en las huellas de una carrera desesperada. Todo con tal de no perder entre la maleza ese último vestigio de quien alguna vez fue Luka en el pasado.

Supo que el joven portador no la escuchaba después de la quinta ocasión en que gritó por su nombre. Y cuando éste se detuvo por fin en medio de la jungla para encontrarse cara a cara con la mismísima Laal Bag, entendió que su papel allí sería de una mera espectadora.

Esta sería su última regresión. La última antes del final de los portadores de esa época.

—Debes huir— dijo Laal bag con serenidad en sus palabras, pero con la angustia expuesta en los ojos —El marajá ya no es portador de los miraculous, pero no fui capaz de arrebatarle la vida. Si huyo ahora, mi pueblo sufrirá las consecuencias. Pero… mi castigo no tiene porque ser el tuyo también

—Alisha…— la antorcha cayó sobre la tierra cuando los brazos de Yamir rodearon a su princesa. Las lágrimas brotaron de los ojos de la guerrera cuando ella se aferró a su pecho— Déjame matarlo. Yo puedo hacerlo por ti.

Ella negó con la cabeza: —Jamás permitiré que tus manos se manchen de sangre por mi causa— dijo, separándose de él —Por favor, Yamir. Huye y déjame vivir en tu corazón el tiempo que sea necesario. Sólo hasta que encuentres a alguien que pueda amarte libremente, yo hubiese querido hacerlo yo.

Vive y sé feliz. Un mensaje en palabras distintas, pero con el mismo propósito al fin y al cabo.

NiAlisha ni Luka podrían dimensionar jamás el peso de sus peticiones sobre ella o sobre Yamir. Y sin embargo, los comprendía. Por Dios que de verdad lo hacía. Entendía ese deseo egoísta disfrazado de abnegación. Porque cualquiera que haya sentido verdadero amor, no dudaría en abandonar a esa persona con tal de saberlo con vida… Y al mismo tiempo, no se sufriría la pérdida. No cuando eres tú el que desaparece para siempre.

—No —Yamir apresó a su princesa nuevamente entre sus brazos.

—No me obligues a transformar esta petición en una orden, Nāga Sām̐pa— Marinette se preguntó cómo es que, a pesar de la tristeza, la voz de Alisha era capaz de sonar tan firme—Juraste proteger a mi pueblo ante cualquier costo y Yamir Anand: el hombre al que amo y quien se encuentra detrás de esa máscara, también es parte de él…

—Y yo te dije que mi deber antes sería contigo. Es en lo único en lo que voy a desobedecerte. A donde tú vayas, yo iré. Sin importar el costo. Seguiré a mi princesa hasta el mismo infierno si es necesario.

Aquello no fue una súplica. Fue una decisión. A diferencia de Marinette, Yamir sí tuvo esa elección.

Con pesar, la joven contempló aquello que innegablemente sucedería a continuación: vio a ambos portadores ocultarse de un ejército que no deseaba capturarlos; a Alisha y a Yamir entregar sus miraculous a Tikki y Sass para que estos fuesen llevados al príncipe Kiran. Cada momento ocurrió frente a sus ojos como lo haría la cinta de una película cuyo final había visto un centenar de veces. Cosa que no lo hizo menos doloroso. ¿Así sería para siempre? ¿no había nada que pudiese hacer para que aquella rueda del destino detuviera su marcha?

—Sí que lo hay… —susurró Marinette con brío en cada palabra.

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Advirtió del poder que aún conservaba en su interior. La regresión se hizo añicos frente a sus ojos revelando la pobre mazmorra donde todo había terminado. El sitio, maltrecho como se supone que debería estar, ornamentaba una intensa luz dorada, luz que emanaba de la misma Marinette. Al mirar su mano izquierda y contemplar el anillo en su dedo anular, supo que aún quedaba mucho por hacer.

Caminó por los escombros y recogió con sus manos el broche de la mariposa. Su primera tarea al fin estaba completada.

—Gatito…— susurró cuando se agachó ante el cuerpo desfallecido de su fiel compañero. Le tomó una mano para colocar el broche de la mariposa en la palma, luego la apretó con fuerza entre las suyas —Gracias por acompañarme y protegerme todos estos años. Verdaderamente eres mi alma gemela… Te quiero, siempre lo haré. Por favor, cuida esto por mí.

Tantas veces Adrien le había besado la frente. Al hacerlo ahora ella, inconscientemente él le regaló la voluntad y el valor que necesitaba para su siguiente acción: —Ahora entiendo lo que sentiste aquella vez. Yo también desearía tomar el camino fácil.

Sin decir otra palabra, se puso de pie y buscó con mirada temerosa su última tarea.

Verlo nuevamente fue como recibir cien acuchilladas al mismo tiempo. Al acercarse a él para tomar su cuerpo inerte y recostarlo sobre su regazo, lamentó con nuevas lágrimas el no haber tenido la oportunidad de despedirse de verdad. Habría dado todo por percibir el calor de sus brazos, oler el aroma de su colonia combinada con la madera de su guitarra… rozar sus labios por última vez.

En la mente, la voz de Tikki y Plagg imploraban a gritos. No por una catástrofe para el mundo, sino para ella misma. Pero ya no había vuelta atrás. Había tomado una decisión.

—Pediré un deseo—dijo a la nada y al todo al mismo tiempo —No quiero otra realidad que me permita vivir con Luka. No quiero reescribir nuestra historia; no quiero un final feliz para mí. Sólo quiero que él tenga una vida plena… aunque eso signifique que deba olvidarse de mí.

La voz se le quebró en un ligero sollozo. El pánico hizo acto de presencia cuando su respiración empezó a tornarse errática. Era natural, todo mundo le teme a un final. Hizo lo posible por recuperar su compostura e inclinó la cabeza hasta estar a la altura de uno de los oídos de Luka.

—Perdóname por tomar algo tuyo sin tu permiso— le susurró a pesar de saber que él no la escuchaba más— Je t'aime. Pour toujours.

Alzó la vista y cerró los ojos: —Ofrezco mi vida y los recuerdos que él tuvo de mí como tributo para este deseo. Por el poder absoluto de la creación y la destrucción, hazlo realidad.

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(Recomendación musical: The Songcord- Zoe Saldaña Avatar The Way of Water Soundtrack)

Qin ai bao bei guai guai yao ru shui

Wo shi ni zui wen nuan de an wei

Ba ba qing qing shou zai ni shen bian

Ni bie pa hei ye*

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Su voz era tan suave como creía recordarla.

Nunca fue la mejor hablante de mandarín, debía admitirlo. Sin embargo, las únicas frases que alguna vez pudo pronunciar e incluso cantar en ese idioma, eran las que ahora le bailaban en los oídos al ritmo de una dulce canción de cuna: "Pequeño bebé" tradujo en silencio "En tu sueño tendrás mi compañía. Te acompaño cuando te ríes, cuando estás cansada. Te abrazaré cariñosamente"

La canción de cuna que Sabine Dupain solía cantarle de bebé no había perdido su efecto: le inyectaba paz en cada palabra. Un buen comienzo si estaba llegando al paraíso.

Xiǎo** Marinette, es hora de abrir tus ojos.

La voz era conocida, pero en definitiva no era la de su madre.

Los párpados le pesaban mucho más de lo que recordaba. Aún así, hizo el esfuerzo para abrirlos y enfocar el rostro borroso que la contemplaba desde arriba.

—¿Mamá?— balbuceó, aún semidormida.

Una fuerte carcajada estalló a lo lejos: —¿Qué tan anciana debes verte como para que te llamen "mamá" ¿eh, Piáo Chóng?

"Piáo Chóng… yo… conozco ese nombre" forzó a sus pupilas a deshacerse de las nebulosas al parpadear continuamente. ¿Quién era esta mujer que tenía en frente?

—Bueno, técnicamente hablando, soy su ancestro y una de sus vidas pasadas. No me molesta que me llame mamá.

La chica sonrió complaciente y esta vez Marinette pudo reconocerla al fin. ¿Cómo no hacerlo? La había visto en el grimorio del Maestro Fu tantas veces que tenerla en carne y hueso, frente a frente, era algo verdaderamente irreal… irreal y bello. Allí, con una expresión apacible estaba Piáo Chóng, la portadora de la catarina de la Antigua China.

—¡Hey, atención! Por fin despertó la bella durmiente— canturreo alguien más desde lejos. La misma persona que antes se había reído.

Un rostro nuevo apareció en su campo de visión. El cabello ligeramente corto, el casco de hierro y el arco a sus espaldas le dieron una idea a Marinette de quién se trataba:— ¿Qué tal tu siesta, pequeña amazona?

Hipólita-San, vas a asustarla.

Con la mirada aún un tanto borrosa, Marinette buscó a quien la hubiese reprendido. A juzgar por la katana, los múltiples kunais que le colgaban de la cintura y la vestimenta shinobi de color negro y escarlata, Marinette podría deducir que la mujer que antes había hablado era Tentōchū, la portadora de la era feudal japonesa.

—Yo… ¿estoy muerta? — hasta la pregunta sonaba tonta al encontrarse con personalidades como esas a su lado.

De un momento a otro, se incorporó del regazo de Piáo Chóngy se percató del pequeño círculo de mujeres que la rodeaban. Algunos de sus rostros eran conocidos por los vestigios históricos bien documentados a los que tuvo acceso durante su pubertad, otros… quizá no tanto, pero eran lo suficientemente familiares para estar segura de algo: todas, absolutamente todas eran antiguas portadoras del miraculous de la creación.

—¡¿Funcionó?! ¿Mi deseo funcionó?— se apresuró a decir— Si… si ustedes están aquí… eso significa que…

—No te adelantes aún, jeune fille Jeane D'Arc, La Parc Écarlate intervino— Antes de que ocurra cualquier otra cosa. Hay alguien que quiere verte…

Habría preguntado de quién se trataba, pero no fue capaz de hilar siquiera la mitad de una simple palabra. No cuando a quienes reconoció como Anat y Crimson Lady; portadoras de Egipto y Escocia, le abrieron el paso a una catarina más.

—Alisha…— sollozó su nombre sin poder evitarlo.

No perdió tiempo en presentaciones, no después de todo lo que habían "compartido juntas" las últimas semanas. En una carrera desesperada, se tiró de rodillas a la altura de Marinette y la acunó en sus brazos como lo haría con una hermana pequeña. Porque en esa congregación de guerreras, diosas y heroínas, sin duda Marinette Dupain-Cheng era la más extraordinaria. No necesitaba preguntárselo a las demás; la devoción y respeto en la que esa escena era contemplada se traducía en una especie de voto silencioso paraLadybug y Laal Bag: las catarinas con el coraje necesario para luchar incluso contra el mismo destino.

—Se terminó, linda. Por fin se terminó. Hiciste un gran trabajo. Todas estamos orgullosas de ti —acarició su cabello mientras Marinette le empapaba el pecho de lágrimas.

—No lo hubiese logrado sin tu ayuda…

El consuelo difícilmente puede encontrarse con personas que apenas y has llegado a conocer. A lo largo de su vida y por el deber que cargaba sobre los hombros, Marinette fue obligada a elegir meticulosamente a las personas en las que podía depositar su confianza. Y con el triple de precaución a aquel o aquellos con los que pudiese mostrar ciertos delices de vulnerabilidad. Alya y Kagami la comprendieron como lo hacían las amigas incondicionales; Adrien como lo haría un compañero de vida… Luka lo hizo como quien entrega el alma misma.

Pero esto… ESTO era completamente diferente a todo lo que conocía. Abrazar a Alisha era como abrazarse a sí misma. Era reconocerse en el reflejo de un espejo que durante tanto tiempo mantuvo cubierto y oculto por vergüenza y voluntad. Era entenderse, consolarse y perdonarse. Porque absolutamente nadie que no fuese la princesa de Agra—aun incluídas las portadoras allí reunidas— podría entender lo que era vivir bajo su propia piel.

—Tú fuiste quien terminó este largo viaje, Marinette. Yo sólo te di una dirección.

Con ambas palmas, acunó el rostro de Marinette para besarle las gotas saladas que aún le quedaban en las mejillas. Su cercanía era igual de equiparable a la calidez de una chimenea después de haber vagado sin descanso por una tormenta de nieve —Y ahora, es momento de que te indique nuevamente el camino de regreso…

Marinette entrecerró los ojos, condunfifa: —¿Camino? ¿pero a dónde?

—Eres aún muy joven, Xiǎo Ladybug— Piáo Chóng colocó una de sus palmas sobre la nuca de la catarina.

—Y por más que anhelemos tu compañía, la verdad es que preferimos seguir cuidándote desde la distancia —añadió La Mariquita, portadora del México Revolucionario.

Marinette reprimió ese peligroso cosquilleo de esperanza que se le coló en el pecho.

—P-Pero… pedí mi deseo: una vida por otra vida. Fue un intercambio justo… ¿cómo podría…?

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—Yo puedo contestar esa pregunta, si me lo permites, Marinette— esta vez, la voz no fue de una portadora. Y la joven viró la cabeza con violencia al reconocer sin problema alguno a su portador.

Cuando Nāga Sām̐pa se abrió paso entre la agrupación de catarinas, sintió escalofríos. No es que no estuviese familiarizada con su presencia y el aura audaz que despedía con una simple mirada. Contrario a ello y después de todo lo visto ya, podría incluso jactarse de conocerlo casi tan bien como conocía a Luka… Ambos compartían el mismo espíritu después de todo. Pero era la primera vez que aquella serpiente se dirigía hacia ella como Marinette. Hoy ya no lo veía a través de los ojos enamorados de Alisha.

Antes de inclinarse a lado de su catarina, Yamir se aseguró de hacerle notar su llegada. Alisha cerró los ojos para degustar de su cercanía lo más que pudiese. Esperanza era la palabra que se leía claramente en su sonrisa cuando los labios de Yamir le acariciaron la sien. Un ademán con un mensaje encriptado que Marinette fue capaz de descifrar con facilidad: "La espera terminó, princesa… Esta vez vine para quedarme".

—La lealtad de una serpiente que pudo amar sin condiciones por más vidas de las que se pueden contar, sin duda es equivalente al deseo de una catarina que ha tenido que sacrificarlo todo por el bien común—dijo por fin— No soy el único con el poder de crear una segunda oportunidad. Al final el destino decidió regalarnos una.

Más cosquilleos de esperanza, acompañados con los tres desbocados latidos de ilusión en los que le bailó el corazón: —Eso quiere decir que Luka…

—Te está esperando. Algo asustado, si me lo preguntas—contestó Yamir con una sonrisa.

Piáo Chóng, al notar la persistente incredulidad la joven, intervino: —Al terminar la batalla que Narendra inició hace tantos siglos, liberaste el espíritu de Yamir y lo regresaste a Alisha una vez más. Haz hecho tanto bien a tantas personas a lo largo de tu vida que un deseo medianamente egoísta bien podría ser intercambiado por todo lo que has logrado hasta ahora— explicó.

—Así que ve con él ahora, Marinette — en un abrazo de despedida, Alisha añadió— Vive, sigue luchando. Porque yo estaré cuidándote desde aquí.

Marinette se aferró a ella, mordiéndose los labios y sin saber si en este mundo habría una forma de posible agradecer tanta felicidad: —Je t'aime, Laalbag

Ma͠i tumse pyār kartī hū̃***, Ladybug

Después de eso, todo volvió a ser oscuridad

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Cualquiera pensaría que regresar de la muerte sería una sensación totalmente sobrenatural. Incluso celestial.

Para Marinette Dupain-Cheng no lo fue. Lejos de percibirse divina, extraordinaria o aliviada, más bien se sentía mareada, cansada y ¿adolorida? Habría hecho un registro mental de cuántas de las heridas de su encuentro con Narendra se había ganado y cuántas le dejaron de escocer en la piel, como si estas jamás hubiesen existido. Claro que habría reparado más en ello, de no ser por la fuerte presión que le atormentaba las costillas.

Jaló aire en un esfuerzo por respirar y su aroma, tan inconfundible como él solo, hizo acto de presencia: romero y madera combinados con un toque de metal… sangre. Era su fragancia favorita.

—L-Luka… n-no respiro…

La presión de las costillas desapareció cuando los brazos que la rodeaban cedieron su fuerza. Abrió los ojos lentamente y lo tuvo allí de nuevo. La mezcla de miedo, alivio, confusión, furia y dicha crearon un tifón en las aguas color añil de sus ojos; orbes que brillaban otra vez y que también se anegaron en lágrimas.

—Marinette…

La fuerza que la oprimía volvió y sus costillas imploraron piedad cuando un Luka desaliñado y magullado por la batalla la ciñó con angustia ante la idea de perderla otra vez si es que acaso la llegaba a soltar.

A unos cuantos pasos, Adrien contempló la escena en compañía de Tikki, Plagg, Sass y, sorpresivamente, Nooro. En la mano derecha, el rubio apretaba con fuerza el broche de la mariposa. Ese que por fin y después de tantos años, finalmente caía en las manos correctas.

—Decir que es un milagro se queda corto… —musitó el rubio, satisfecho.

—Si bueno, esa es la cosa con los miraculous. Son MILAGROSOS— intervino Plagg, ganándose, por supuesto, una mirada de exasperación por parte de Tikki.

—Gracsssias por esta sssegunda oportunidad.— Sass murmuró hacia ninguna persona en particular.

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—Entre todas las cosas que has hecho, Marinette. Esta es, por mucho, la más cruel.

La voz de Luka se quebró cerca de su oído, lo suficiente como para también hacerla llorar: —Je t'aime a mourir — murmuró ella con una débil sonrisa en los labios— ¿podrás perdonarme?

Vamos, Luka no podría portarse hipócrita en el asunto. Él habría hecho exactamente lo mismo. No había mentira en el mundo lo suficientemente grande como para ocultar esa verdad. Y es que, aún cuando el deseo de Marinette se hubiese cumplido, de una cosa estaba seguro: Una vida sin ella, aún con la ausencia de sus recuerdos, sería tan vacía como lo sería el mundo sin una portadora de la creación.

Evadió el "sí" y besarla fue su única respuesta. Porque no, por supuesto que no la perdonaría jamás por sacrificarse de ese modo. Y eso sólo le dejaba una cosa muy clara: sin importar el obstáculo o el enemigo al que tuviese que hacerle frente, jamás se permitiría volver alejarse de ella. 6 siglos fueron suficientes ya… no les regalaría un minuto más.

Je t'aime a mourir— le cantó desde el alma.

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9 meses después

Grand Park, Chicago

Baquetazos, aplausos y gritos.

Las luces encienden y apagan, todas y cada una de ellas guiadas por el grave retumbe que el bajo provoca en las gigantescas bocinas del festival. El ritmo se marca uniforme, constante… Así se mantiene por un rato más hasta que, de súbito, la oscuridad y el silencio se convierten los nuevos protagonistas del escenario principal.

Y el entusiasmo allí sembrado se refleja en un eco de gritos eufóricos y desesperados. Por supuesto, la expectativa del público se cumple cuando la guitarra hace una entrada estrepitosa. Los acordes de ésta lideran ahora los sonidos de sus instrumentos hermanos; bajo, batería y teclado marchan justo detrás de él; aunque llega un punto en que las teclas del nuevo integrante de Kitty Section actúan rebeldes. Se salen de lo planeado y aún así se escuchan en perfecta sintonía con el resto de la melodía. No hay remedio… cuando la música encuentra su propio camino, es imposible detenerla.

Luka Couffaine responde el desafío con nuevas e improvisadas notas, y Adrien Agreste contraataca cuando sus dedos arremeten contra el instrumento. El público vuelve a gritar y esta vez el micrófono se enciende para los dos:

I got the same old shoes with a new attitude

Why would i sing the blues for you?

Con miradas cómplices, ambos portadores, hermanos y ahora compañeros de banda, le regalan a todo Chicago una pequeña cucharada de lo que es la verdadera música:

I said hey, uh huh

You can't stop me

'Cause my pain, uh huh is gasoline

I can't wait, no, for nobody

If you break my heart

it's one, two, three…

Boom, boom, boom.

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Cuando el intervalo comienza, el grupo se apresura y corre al backstage por un respiro, un poco de hidratación y, ¿por qué no? un pequeño bocadillo… no precisamente para los dos miembros más populares de la banda, sino para sus ocultas e insólitas compañías.

—¡Tanta música me da hambre!

Plagg, oculto junto a su portador en la parte trasera de una de las enormes bocinas, tomó un pedazo enorme de queso camembert para devorarlos después de un solo bocado.

—Creo sssincsseramente que essste debe ssser el mejor concsssierto que han dado hazsssta ahora— añadió Sass, degustando el interior de un pequeño huevo de codorniz.

—¿Será que es gracias a su nuevo tecladista? — alardeó Adrien, entonces.

—Cuidado, Agreste. Lidiar con la fama de un rockstar no es lo mismo que lidiar con la de un modelo— Luka se cruzó de brazos, retador.

—Estás celoso porque puedo con las dos, admítelo— el rubio dio una palmada a su mejor amigo — Por eso y porque te robé a más de la mitad de tu club de fans.

Luka se encogió de hombros resignado, mas la indiferencia se transformó en un sentimiento de júbilo al percatarse de la persona que ahora se acercaba a ambos músicos con dos pequeñas botellas de agua simple en las manos: —Por mí quedatelas todas. Sólo hay una fan que me interesa.

—¡Marinette! — exclamó entonces Adrien, quien corrió a pasos agigantados hacia donde se encontraba la catarina— ¿Problemas en casa?

Serena, Marinette negó con la cabeza dos veces mientras le entregaba una de las aguas a su compañero: —Todo en orden, no te preocupes, chaton. Sólo vine porque medio internet asegura que este concierto se está convirtiéndose en el mejor en toda la historia del Lollapalooza. Así que tomé a Kalki prestado para venir.

Los meses que pasaron posteriormente a la derrota de Narendra en ese preciso instante se percibían como años. Y es que las cosas habían cambiado tanto desde aquel momento que la joven diseñadora y superheroína podría jurar que ahora se encontraba viviendo una vida completamente diferente.

Sin un villano poseedor del miraculous de la mariposa, las cosas se volvieron mucho más tranquilas para París y para el mundo. La situación pudo darle a Adrien Agreste el valor de renunciar al cargo que llevaba en la empresa que alguna vez inició su padre y dedicarse a lo que realmente le gustaba hacer: recorrer el mundo y tocar el teclado con plena libertad.

—¡Chicos! escucharon… Hay una amenaza de bomba en la Torre Eiffel

Aunque, por supuesto. Eso no significaba que el trabajo como portadores se hubiese terminado.

—¿Vienes, ma Lady?—la llamó Adrien cuando el portal de Kalki hacia Paris estuvo abierto.

Con una sonrisa plena, Marinette estrechó la mano de Luka y negó con la cabeza: —Kagami te espera, chaton. Dejé a Tikki a su cuidado. Yo… tomaré unas pequeñas vacaciones.

Largas, vacaciones —corrigió Luka, besándole la mejilla — ¡Apresúrate, o me robaré el resto del concierto!

—Sigue soñando — soltó Adrien antes de desaparecer tras el portal.

—Es hora de que tú también regreses al escenario,

Marinette soltó la mano de Luka, y en respuesta él la tomó de la cadera para apresarla contra su pecho, mientras éste emitía una risa diáfana. La joven habría protestado, sobre todo cuando los gritos de las personas frente al escenario comenzaron a corear el nombre de Luka con aguda desesperación, en espera de su regreso, pero la serpiente en su lugar se apoderó de sus labios en un arrebato juguetón y pasional: —Prepárate, porque cuando este concierto termine, no pienso volver a soltarte.

—¿Es una amenaza?—retó ella, mordiendo uno de sus labios.

—Es una promesa— Luka besó su frente con ternura y, finalmente la soltó para salir a escena— Espérame…

—Sabes que lo haré

Marinette sonrió, a sabiendas de que, después de haber esperado más de cien vidad, sería capaz de esperarlo unos cuantos minutos más. Sobre todo cuando se tiene una segunda oportunidad.

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FIN

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*Letra de la canción de cuna: YAO LAN QU

** "Pequeña" en mandarín

*** "Te quiero" en Hindi