Adrien se dejó caer en su cama bruscamente, con la esperanza de que esa acción pudiera fundirlo con ella. Colocó su antebrazo sobre sus ojos y exhaló profundo, dejando ir ese aire que llevaba contenido desde la cena con su padre y que, quizás, había sostenido durante todo el día.

Plagg lo observó, flotando en el aire, masticando Camembert con lentitud y pesar. El ambiente romántico entre su amado queso y él se vio arruinado ante la dramática entrada de su portador.

No lo culpaba, honestamente.

Si Plagg fuera Adrien, lo más seguro es que hubiera causado una explosión del enfado. Por eso mismo, a veces, el kwami se guardaba las palabras y admiraba al chico por mantener la compostura. Aunque, admitía, también era cierto que llamaba al silencio porque no tenía idea de cómo consolar al rubio. Tikki era la que servía para esas cosas, a diferencia de él, que se dedicaba a hacer chistes inoportunos y mantener una impronta impulsiva que, en casos así, no eran adecuados.

Engulló el último pedazo de queso y suspiró. Puede que no supiera como confortarlo, pero si sabía qué hacer.

—Eh, muchacho —lo llamó. Adrien apartó su brazo y se incorporó para mirar a su kwami —, ¿vamos a tomar aire?

Sus ojos se iluminaron. Plagg infló el pecho de satisfacción, lo conocía tan bien y se enorgullecía de sí mismo por eso. Se dejó absorber sin resistencia hacia el miraculous y ambos, Chat Noir y Plagg, presente en el anillo, salieron por el ventanal de la habitación.

Aunque Plagg no podía verlo de forma directa, las sensaciones y emociones de su portador se le transmitían claramente, por lo que se imaginaba la expresión de Adrien. Y eso, era más que suficiente.

Si Tikki descubría esas escapadas, le caería una bronca enorme con el mismo discurso; se lo conocía de memoria: «los poderes de los miraculous no deben ser usados por y para motivos personales». Pero, en tales momentos, cuando la brisa helada nocturna golpeaba el rostro del rubio; el constante cambio de aire caliente que salía de los pulmones del adolescente y chocaba con el exterior formando un vaho que le hacía cosquillas en la nariz a Adrien; la genuina sonrisa que se le extendía de oreja a oreja; su corazón que lo acompañaba, latiendo como loco mientras de techo en techo corría. Entonces el pecho se le llenaba de aquel sentimiento que Plagg podía sentir incluso dentro del anillo, como si fuera suyo.

Ese sentimiento por el cual no le importaba que, algún día, esas salidas nocturnas lo metieran en problemas, mientras Adrien pudiera vivirlo por un par de horas.

El sentimiento de ser libre.

Sí, los guardianes* podrían seleccionar a los portadores, pero solo los kwamis tenían el derecho de elegir a sus dueños. Nadie podría quitarles eso. Plagg había elegido a Adrien, incondicional y lealmente, porque no había cosa que le gustara más que una persona anhelante de libertad tanto como él y que disfrutara, con cada sensación de su cuerpo, el ser Chat Noir. Saborear la gloria a través de su portador.

Y Plagg, solo quería la gloría para Adrien.


*: Tuve que editar y poner "guardianes" porque antes decía Maestro Fu, así de viejo es esto ja

.

Buenass

Les traigo este drabble -30 palabras menos 30 más, ¿quién cuenta?- que escribí en el 2020 en una serie de drabbles de Miraculous pero que borré porque había varios que me daban verguenza jajaja. PERO, retomando la temporada que no me vi por cosas de la vida, este headcanon de que Adrien y Plagg tienen escapadas por la felicidad de Adrien se volvió canon y casi lloro de la emoción, así que acá les dejo esto.

Tengo varios de estos drabbles guardados que me gustaría subir, el problema es que son de la temporada 3 jaja, ya me voy a poner a escribir sobre la cuarta cuando me venga la inspiración. Anyways...