Ichigo se puso el calzado deportivo en el vestuario de los hombres. Estaba ansioso por pasar una tarde sin clases. La escuela siempre reservaba una tarde de los meses de otoño para que los estudiantes de la preparatoria pudieran jugar al fútbol y así promover el espíritu de equipo. Era divertido ver a todo el curso trabajando en conjunto, cuando durante todo el año estaban peleando unos con otros.

–Ok, caballeros –dijo el señor Hachi mientras entraba con una hoja impresa en la mano–. Aquí están los equipos. Ya escogí a los capitanes, así que no hay lugar a discusiones. No se trata de ganar. El objetivo es alentar el espíritu de colaborar en equipo, todos juntos. Recuerden que la honra en la derrota es tan loable como la humildad en la victoria.

–Ese siempre es nuestro caso –señaló Chad. Todos los chicos estaban ilusionados con evitar la vergüenza de salir últimos, ya que si eso sucedía, tendrían que soportar las bromas durante el resto del año. A diferencia de Las Vegas, lo que sucede en el campo de juego no se queda en el campo. Chad se abrió camino entre sus compañeros para llegar a ver la lista–. Perfecto, estoy en el equipo de Ichigo.

–¿Soy capitán? –preguntó Ichigo acomodándose las canilleras.

–Por supuesto.

–¿Contra quién jugaremos primero?

Keigo recorrió el fixture con el dedo y comenzó a reír.

–Esto es genial. Jugaremos contra el equipo B y adivinen quién es el capitán.

Ichigo tenía un sentimiento extraño.

–No lo sé.

–Esa chica inglesa, Rukia Ukitake. Creo que en este partido usaré mucho el contacto corporal.

–Mi equipo juega limpio –dijo Ichigo poniéndose de pie.

Keigo levantó las cejas.

–Te prometo que seré muy amable… eh… y respetuoso de su persona. Me aseguraré de que caiga sobre mí, será como caer sobre un cojín.

–Esto es fútbol, no rugby.

Keigo frunció el ceño.

–Sí, ya lo sé… estúpido juego.

Ichigo no le tenía nada de confianza a su compañero. Sin embargo, se alivió un poco cuando vio que Rukia decidió ocupar el puesto de arquera. Ichigo ganó el sorteo y rápidamente hizo ubicar a los miembros de su equipo dentro del campo. Los conocía muy bien a todos y sabía que solo contaba con dos jugadores buenos, el resto era mediocre. Por el contrario, Rukia parecía estar teniendo algunas dificultades en su lado.

–Esto será como ir a dar un paseo al parque –dijo Keigo burlonamente.

–Tranquilos, ¿ok? –les ordenó Zed.

A pesar de haberles pedido lo contrario, todo el equipo comenzó a mostrar sus dotes en el juego. El team de Rukia tenía solo dos jugadores con una mínima idea de cómo jugar, Kaien y otro chico, pero ya habían perdido la esperanza, puesto que Ichigo y su equipo no dejaban de atacar. Cada vez que le hacía un gol a Rukia, se sentía más y más abatido. Ni siquiera tenía que esforzarse; ella simplemente no había nacido para ser arquera.

Luego se distrajo unos momentos imaginando sus brazos alrededor del cuerpo de Rukia y eso le permitió a Kaien pasarlo con la pelota. Se abrió camino a través de los defensores y anotó un gol. Ichigo estaba agradecido, al menos ahora el marcador se veía menos triste con un 10 a 1.

Los jugadores se reunieron a su alrededor en el entretiempo. Estaban muy animados, ya que sabían que terminarían siendo el mejor equipo. Muchos de los jóvenes menos atléticos podrían disfrutar y festejar durante el resto del año, porque habían jugado un partido con las estrellas del equipo de fútbol escolar. En parte, esa era la razón por la que los profesores organizaban esta actividad: así podían romper esa barrera entre los deportistas y el resto del curso.

–¿Tienes algún consejo, Ichigo? –preguntó Chad.

–No, chicos. Lo están haciendo muy bien. No tienen oportunidad de alcanzarnos, así que vayamos tranquilos. ¿Sí?

Keigo entornó los ojos.

–No estoy de acuerdo. Estoy disfrutando de ver a la pequeña arquera hacer el ridículo en el arco.

Ichigo se preguntó por qué consideraba a Keigo su amigo.

–No se lo hagamos más complicado –le dijo.

–Yo pensaba que querrías vengarte de ella, luego de que te humillara en el estacionamiento.

–¿Vengarme? De ninguna manera. Esa fue la mejor mañana de todo el semestre. Vamos, terminemos con esto –dijo Ichigo. Luego chocó su mano con la de cada integrante del equipo y salieron al campo de juego. Ahí fue cuando vio a Rukia dirigiéndose al mismo arco donde estaba antes.

–Hey.

–¿Y ahora qué quieres? ¿Me vas a restregar en la cara que soy una inútil? No te preocupes, mi equipo ya lo ha hecho.

Ichigo observó por encima de su cabeza, mientras estrujaba mentalmente a las personas que habían llevado a Rukia al borde de las lágrimas. Con una rápida mirada al equipo, ya podía dilucidar quiénes habían sido los responsables de ello: Michiru, una de las líderes de las porristas, tenía una lengua afilada y detestaba perder.

–No, Rukia. Solo quería decirte que, en el segundo tiempo, tienes que ir del otro lado.

Ella bajó la cabeza y se dirigió hacia el otro extremo del campo. Ichigo podía sentir su vergüenza. Luego, se puso a trotar junto a Michiru.

–Dale un respiro –le dijo a la chica.

–¿Qué? –Michiru estaba shockeada por cómo Ichigo había notado las internas de su equipo–. ¿A ella? ¿Por qué?

–Es nueva…

–¿Y qué? Es un desastre.

–Ella no se autoproclamó capitana.

–Debería haberse negado cuando se lo dijeron.

–¿Y sabía que podía hacerlo? –Ichigo se ubicó en su lugar en el centro del campo, dejando a Michiru pensativa.

El segundo tiempo fue peor para el equipo de Rukia, si es que eso era posible. Kaien estaba cada vez más agitado, pero ninguno de sus esfuerzos para obtener la pelota servía, ya que no tenía demasiado apoyo de sus compañeros. Estaba a punto de rendirse.

Luego, Michiru le cometió una falta a Ichigo dentro del área. Eso le daba la oportunidad de patear un penal. Genial. Quería agradecerle a Michiru por lo que había hecho, porque ahora podría mejorar el día de Rukia. Recordaba cómo había reaccionado cuando utilizó telepatía el día que ella se había caído del bote. ¿Podría hacer lo mismo una vez más para que ella atajara el penal? Se puso en posición, como si eso fuera realmente importante para él. Una ola de vítores se mezcló con una serie de burlas que provenía de las gradas. Iba a ensuciar su imagen de chico duro, pero pensaba que el sacrificio valía la pena con tal de ver sonreír a Rukia.

Arrójate hacia tu izquierda.

Rukia se restregó la frente. Sí, definitivamente había sentido algo. Solo esperaba que le hiciera caso.

Arrójate hacia tu izquierda.

Tomó carrera discretamente y pateó la pelota como si fuera un niño, dándole a Rukia la oportunidad de atajarla. Ella no estaba mirando, solo se lanzó hacia el lateral izquierdo. La pelota dio contra su estomago, y ella se curvó a su alrededor.

En estado de shock, la multitud comenzó a festejar. Rukia había atajado el penal.

Ichigo miró al suelo y sonrió. Sabía que él lo había hecho a propósito. Rukia parecía anonadada, miraba a sus amigos en las gradas como si necesitara una confirmación de que todo era real.

Ichigo se acercó trotando.

–¿Te encuentras bien? –le pregunto, tendiéndole la mano.

–Lo atajé.

–Sí, lo vimos –no pudo evitar sonreír. Ella estaba tan confundida. Luego, la ayudó a ponerse de pie.

–¿Me ayudaste?

Tema complicado. Ichigo no quería arruinar su felicidad.

–¿Y por qué haría semejante cosa? –le dijo. Luego dio media vuelta y se alejó.

Muchas gracias, oh todopoderoso.

La voz de Rukia estaba en su mente. Ichigo se detuvo en seco, sentía como si estuviera caminando en las nubes. Su pasado, su presente y su futuro estallaron en pequeños pedacitos.

Giró y la observó.

La pequeña chica, la que le había quitado el sueño durante la última semana, era ella… su alma gemela.

La luz iluminó todo su interior, hasta esas esquinas más oscuras. Fue como si las cortinas se abrieran de golpe y una brisa fresca se llevara todos los malos sentimientos. Sus deseos de gritar se transformaron en una inmensa alegría interna.

–Ichigo, ¿estás listo para volver al juego? –le preguntó el Sr. Hachi.

¡Cielos!, estaba más que listo. Rukia Ukitake no tenía idea de qué tan listo estaba. Las reglas habían cambiado y ahora ella formaba parte de su equipo.

Todo lo que tenía que hacer era decírselo...

Y AQUÍ ACABA ESTA CORTA HISTORIA CON LA PERSPECTIVA DE ICHIGO. ESPERO QUE LA HAYAN DISFRUTADO, SE LES QUIERE, Y NOS SEGUIMOS LEYENDO EN STEALING KARIN!