Disclaimer: Black Clover y sus personajes pertenecen a Yūki Tabata.


-El verdadero valor-


No recordaba bien el momento exacto, pero Grey era consciente desde hacía mucho tiempo de que lo que sentía por Gauche no era normal. No lo era, porque aquellos nervios que le nacían del estómago con solo verlo, la forma en la que le latía el corazón con dicha cuando pensaba en él o la preocupación que sentía cuando sabía que estaba molesto o disgustado no eran sentimientos que experimentara con sus otros compañeros, ya fueran chicos o chicas.

No le costó mucho tiempo identificarlo; Grey estaba enamorada por primera vez en su vida. Y, en un principio, no le resultó especial, sino patético.

Gauche era una persona compleja, pero eso no le importaba demasiado. Sabía que la complementaba de una forma especial. Su timidez exacerbada se iba, se esfumaba, en cuanto él estaba a su alrededor. Era una de las pocas personas con las que podía ser un poquito más ella. Todo eso era maravilloso, pero había un problema que en un primer momento la atormentó bastante: la edad.

Grey, que era alguien que pensaba las cosas de más en todas las situaciones de su vida, se quedó estancada en la idea de que era cinco años mayor que el chico de magia de espejos. Y eso solo hacía que se sintiera ridícula. Además de que él solo parecía tener ojos para sus intereses, su hermana y poco más. Nunca para ella.

Por eso, se rindió. Quería seguir teniéndolo a su lado, aun si fuera como un amigo, así que decidió callarse, reprimir lo que sentía y continuar como estaban. No tenía sentido echar por la borda una relación tan bonita y que le ayudaba tanto a crecer revelando que lo amaba.

No hay palabras en el mundo ni en todos los idiomas que describan la sorpresa que sintió cuando escuchó de los propios labios del joven que le gustaba. Su mundo se redujo a la nada y se expandió a la vez, haciendo que entrara en la máxima contradicción que se había topado en todos sus años de existencia.

Huyó. En un principio, lo hizo, porque estaba asustada. Nunca pudo imaginar que Gauche le correspondiera y los nervios y el aturdimiento hablaron por ella. Pero con lo que no contaba —o pudiera ser que simplemente lo había olvidado— era que él era demasiado insistente con lo que quería.

Además, después de hablarlo varias veces con Vanessa, se dio cuenta de que no tenía sentido escapar de algo que le iba a proporcionar tanta felicidad, así que, una noche lo citó en el jardín trasero de la base.

Llena de nervios, le dijo que ella sentía exactamente lo mismo por él. Gauche, tras sonreír de una forma que nunca le había visto y preguntarle si podía dar un paso más, recibiendo una respuesta positiva inmediatamente, la besó. Se abrazaron bajo las estrellas, siendo conscientes de que lo único que querían era estar juntos para siempre.

Desde ese momento habían pasado varios meses. A esas alturas, todos los integrantes de los Toros Negros sabían que eran pareja y ellos se sentían muy felices.

Grey estaba cada vez más a gusto consigo misma y sabía que eso solo lo estaba consiguiendo gracias a la relación que tenía con Gauche, que cada vez la impulsaba más a ser mejor persona y a tener más confianza en sí misma.

Por eso, quería agradecerle por todo lo que había hecho por ella. Así que, cuando se fue acercando el día de San Valentín, se decidió a hacerle un regalo. Pero no algo comprado, sino algo que ella pudiera hacer con sus propias manos, porque sabía que le haría mucha más ilusión.

La mañana del catorce de febrero se levantó bastante temprano. Se fue a la cocina, donde sabía que Charmy estaría y le pidió que le enseñara a hacer bombones. Era un regalo bastante típico, pero tenía que empezar desde algo fácil. Era el primer día de San Valentín que iban a pasar juntos, así que debía ser especial.

Al encontrarse con Charmy, le hizo la petición de que le enseñara a hacerlos con un sonrojo muy profundo en sus mejillas. Le daba vergüenza que alguien supiera que quería ser romántica, pero debía enfrentarse a sus miedos porque quería que Gauche fuese feliz ese día. No era demasiado habitual verle una expresión ilusionada en el rostro y quería conseguirlo como fuera.

—¡La! Yo te enseño, pero ¿no sería más fácil si los hiciera yo? Es decir, así quedarían perfectos.

—¡N-no! Quiero hacerlos yo… Q-que sea algo totalmente m-mío.

Charmy abrió un poco los ojos. Grey estaba cambiando mucho. Se alegraba por ella. Así que, con su evolución y entusiasmo en mente, asintió e hizo la receta paso a paso, despacio y explicando cada detalle con mucha dedicación y atención. Grey estuvo muy concentrada, fue incluso tomando notas y después los probó para no olvidar el sabor y que quedaran lo más parecido posible.

La joven dejó todos los ingredientes preparados y le explicó los últimos detalles, no sin desearle buena suerte antes de marcharse.


El día había llegado a su fin. Gauche había estado en una misión bastante corta, así que había podido regresar por la tarde. No era alguien a quien le importaran demasiado los asuntos empalagosos o demasiado cursis y románticos, pero estaba un poco nervioso. Sabía bien qué era el día de San Valentín y su significado, además que supuso que a Grey sería algo que le gustaría, así que estaba expectante por conocer cuál sería su regalo.

Pero nada pasó. La tarde se desvaneció y la chica no le dio absolutamente nada, aun cuando otros compañeros se dedicaron a repartir regalos en público. No pasaba nada. De todas formas, entendía que Grey era una persona muy vergonzosa, así que el nivel de dificultad que le suponía mostrar su afecto delante de todos era incalculable. Por eso, siguió esperando.

Durante la cena, la miró un par de veces de reojo, pero ella parecía querer rehuirle la mirada constantemente. Se empezó a extrañar un poco. ¿Y si había hecho algo que le había molestado? ¿O si le estaba dando demasiada importancia a un día que no significaba nada para Grey?

Suspiró, terminó de cenar y recoger y decidió acostarse. Pero, una vez que estaba en la cama, no paraba de dar vueltas intentando conciliar el sueño. La duda de si había hecho algo mal con su novia no lo dejaba tranquilo, así que decidió ir a su habitación para averiguar qué sucedía.

Al llegar, tocó a la puerta un par de veces, escuchó movimiento desde dentro y esperó. Sin embargo, Grey no fue a abrirle.

—Grey, sé que estás ahí. ¿Puedo entrar?

No iba a irse sin insistirle, ese no era su estilo en absoluto. Después de unos segundos, Grey abrió la puerta de la habitación y asomó uno de sus ojos por la rendija.

—¿Q-qué pasa?

—¿Me dejas entrar? Quiero hablar contigo.

Antes de abrir la puerta completamente, Grey suspiró. Se estaba comportando de una forma muy infantil y realmente Gauche no se merecía eso. Así que abrió y, finalmente, lo dejó pasar.

El joven se quedó quieto en medio de la habitación. Observó la cama. Ni siquiera estaba deshecha, así que dedujo que Grey aún no se había acostado, algo que le produjo bastante alivio porque no quería molestarla. Se dio la vuelta para encararla, pues ella estaba justo detrás de él.

—Grey, ¿te pasa algo conmigo? ¿Te he hecho algo?

La chica enrojeció completa y se llevó las manos a la cara mientras negaba con la cabeza de forma efusiva y nerviosa. Gauche, para tranquilizarla, se acercó y, de forma suave, le quitó las manos del rostro para después acunarlo con una de las suyas.

—N-no…

—Entonces, ¿qué te pasa? Has estado muy rara hoy. ¿Es porque no tienes ningún regalo para mí? En serio que me da igual.

A Grey se le aguaron los ojos al escuchar el comentario. Quería que ese día fuera especial y lo había echado todo a perder por sus inseguridades.

—Sí tengo uno, pero… me ha quedado muy mal y no quiero que lo veas.

Gauche sonrió con comprensión y se agachó un poco para besarla.

—Nada de lo que tú hagas puede quedar mal. Vamos, enséñamelo. Seguro que me encanta.

Grey asintió tímidamente. Era curiosa la valentía que podía transmitirle con solo unas simples palabras. Y le daba vergüenza, creía que era patética, que el regalo era horrible, pero fue a buscarlo. Siempre que se trataba de Gauche, su cuerpo se movía por inercia y lograba hacer lo que verdaderamente quería.

La caja del regalo estaba cerca y a simple vista, pero Gauche no se había dado cuenta. Grey la cogió y se la entregó. Temblaba incluso y él se dio cuenta, así que le acarició la mano mientras se la daba.

Abrió la caja y observó su contenido. Había bombones y además parecía que de muchos sabores. ¿Cuál era el problema entonces? Se quedó mirándolos fijamente para comprobar qué pasaba. No halló respuesta, así que se llevó uno a la boca para saborearlo ante la mirada aterrorizada de Grey.

—Están… muy buenos. ¿Por qué no querías dármelos? —le dijo, soltando después la caja y acariciándole las manos de nuevo.

—Porque… la forma n-no es buena. No me han salido c-como los de Charmy y…

Gauche sonrió. En el fondo, le gustaba mucho su lado tímido porque lo encontraba tierno en exceso. Si lo pensaba detenidamente, era cierto que había algunos bombones que no habían quedado con una forma perfecta, pero eso no podía importarle menos.

—Muchas gracias, Grey.

—¿Eh?

—Gracias por hacer los bombones para mí.

A Grey se le saltaron las lágrimas. Entonces, comprendió el verdadero valor de San Valentín. No hacía falta algo perfecto, sino hecho desde el fondo del corazón, desde las entrañas con pureza y verdad. Lo abrazó, escondiendo su rostro contra su pecho, y sintió las manos masculinas posándose en su espalda con cautela.

—¿Sabes qué? —susurró él—. Te quiero mucho.

Grey dejó salir algunas lágrimas de alivio, apretó el abrazó y asintió con fuerza.

—Y-yo también, Gauche-kun.


FIN


Nota de la autora:

Hacía ya un tiempecito que no escribía greyche, pero como una siempre vuelve a los lugares en los que fue feliz, pues aquí estoy.

Tengo más one-shots de otras parejas de Black Clover (ya sabéis, por el día de San Valentín), por si os interesa, así que pasaros por mi perfil si os apetece.

¡Espero que os haya gustado!