"La paz es su propia recompensa"

...

Una nueva mañana se asomaba por la ventana. El sol radiante, unas pocas nubes en el cielo y un chico albino meditando a los pies de su cama. Relajándose completamente e intentando vaciar su mente de todo pensamiento.

Así comenzaba Lincoln Loud este día Jueves, en un estado de calma. Sentado con las piernas cruzadas, inhalando por la nariz y exhalando por la boca, haciendo movimientos circulares con el cuello. Al finalizar con sus meditaciones, se dio cuenta que después de meses, por fin sentía más relajada la zona cervical.

Felizmente se marchó a hacer su rutina matutina: Poner la ropa a lavar, bañarse y vestirse con la ropa para este día. Esta consistía de una remera manga larga naranja oscura con rayas negras en las mangas; un jean azul oscuro; sus zapatillas de siempre; su preciado collar en forma de zanahoria; y su infaltable anillo en el dedo meñique. Antes de salir, se roció con la fragancia de su perfume, la higiene personal es muy importante.

Ahora sí, ya estaba listo para afrontar un este día, el cual parecía ser mucho más calmado que otros, y sin perder el tiempo, salió del baño, Fuera de este ya se había formado una larga fila por parte de sus hermanas, muchas de ellas recién levantadas.

La mayoría estaba platicando entre sí, pero cuando Lincoln paso a su lado algunas se quedaron calladas; entre ellas Lori, Lisa y Leni. Él las saludó a todas, como siempre, sin ningún drama de por medio... Bueno, solo un drama de por medio.

Las gemelas otra vez estaban peleando, y al parecer, olvidaron todo lo que Lincoln habló ayer.

—¡Lincoln! —Lana llamó a su hermano un poco fuerte.

Este se dio la vuelta para ponerse frente a ella.

—Lola hizo que mí conejí... —la mecánica paró de hablar abruptamente ya que su hermano la calló.

—No me jodas, no lo voy a repetir más —sin dar explicaciones innecesarias, siguió su rumbo a su habitación, ignorando completamente a su hermana.

Todas se quedaron impresionadas por la reacción de su hermano, nunca había rechazado una petición por parte de ellas, mucho menos dejar que las gemelas arreglen sus problemas solas.

Lincoln, ya habiendo llegado a su habitación, guardó en su mochila las cosas que necesitaba para ese día escolar, lo cual era: Su cartuchera, unas hojas, y algunos apuntes de la materia de ese día; además de una carpeta de bocetos en la cual dibujaba ya desde hace un tiempo.

Con todo listo, decidió salir a preparar su desayuno y la vianda, en la planta baja. Atravesó el pasillo y bajó las escaleras; saludó a su madre la cual estaba preparándole el desayuno a sus hermanas en la cocina.

Decidió hacerse un té y comer una manzana para el desayuno, para su vianda se preparó una ensalada de zanahoria y huevo, nada muy elaborado. Guardó su comida con un tenedor dentro del táper de esta, y salió de la cocina con su desayuno en las manos.

Se sentó en la mesa y saludó a su padre, quien estaba mirando el teléfono celular, tuvieron una charla corta y prosiguió con lo suyo. Terminó de desayunar y se marchó a la escuela, no quería tener que lidiar con sus hermanas y discusiones innecesarias; pero a nadie, o casi nadie, le sale todo como quiere.

Antes de salir por la puerta delantera su hermana Luan se interpuso en su camino e intentó hablarle de algo, pero a él no le interesaba en lo más mínimo, ya que quería tener un viaje tranquilo.

—Hoy no, Luan —dijo, con el mismo trato que tuvo con las gemelas.

La apartó a un lado con su brazo y prosiguió con su camino, al parecer sus hermanas no habían entendido todo lo que dijo el día anterior.

Ella se quedó atónita, ya que Lincoln nunca la había ignorado y su expresión feliz se borró de su cara; dando paso a una expresión irritada. Esta acción solo la pudieron ver sus padres y Lori, ya que está fue la segunda en terminar de utilizar el baño.

Retomando con nuestro protagonista, el cual, a este punto ya estaba en la acera, dando un paseo lento rumbo a su escuela. Un viaje tranquilo y descontracturante, que le ayudaba a llegar más feliz y, por lo tanto, un poco más motivado.

Pasaron unos diez minutos hasta que llegó a su destino, saludó a los presentes con una expresión contenta. Muchos de los cuales lo saludaron devuelta, entre ellos Cristina, Paige, Jordan, Maggie, Haiku, Cookie, Stella, Liam, Zach, Clyde, Rusty y por muy sorprendente que suene, Chandler.

Este último es su amigo desde hace un año aproximadamente, la razón, había madurado mentalmente, y por esto mismo dejó de ser tan ignorante y molesto. Ya llamaba a la gente por su nombre, no tenía matones, y no hacia bullying. Lo más importante de todo es que se arrepentía profundamente de su actitud en el pasado, y pidió disculpas a todo aquel que haya molestado. Además de todo esto, al conocerse con Lincoln más profundamente, descubrió que compartían gustos en la música y en algunos otros ámbitos.

Se quedó a charlar un poco con él, ya que no había ido el día anterior.

—Oye Chand, ¿Qué paso que ayer no viniste? ¿Problemas graves, o solo no quisiste venir? —preguntó Lincoln un tanto preocupado.

—Nah, simplemente me quede dormido hasta las cinco de la tarde —respondió el pelirrojo —, y sinceramente no creo que la escuela abra de noche —comentó de manera cómica.

—Tú lo dijiste amigo —dijo, apoyando su mano en el hombro de su amigo, amistosamente.

Al terminar de charlar siguió de largo hasta su aula con él, hoy tocaba arte toda la mañana; que, por si no lo saben, es la materia favorita de nuestro querido protagonista. Este saludó a la profesora y se sentó en su lugar de siempre, con su compañero de banco, Chandler, hoy presente.

La profesora de arte, una joven un tanto hippie llamada Amanda Thumnick, ya estaba lista en su asiento esperando a que la mayoría de sus alumnos estén presentes. Pasaron unos minutos antes de que todos llegaran para dar inicio a la clase. Ya con todos dentro, la profesora saludó, pasó lista y explicó la tarea que iban a tener que hacer hoy.

—Chicos, hoy vamos a hacer una representación artística de un paisaje, el que ustedes quieran, con los colores que quieran —levantándose de su asiento, comenzó a explicar —. La idea de esta tarea es descifrar e intentar pasar al papel sus emociones, tengan en cuenta que van a exponerlo al final de la clase y van describir qué significado tiene su obra. Dicho esto, ya pueden comenzar a trabajar —al final de la explicación, la profesora se sentó nuevamente y dejó a los chicos hacer la terea correspondiente.

Lincoln, sin dudas ni preguntas que hacerle a la profesora, sacó su cartuchera y su carpeta de bocetos, para ya dar comienzo a la representación de un paisaje dentro de su imaginación.

Se colocó sus auriculares, se puso un poco de música; y ahora sí, comenzó a dibujar. Cabe aclarar que la cartuchera de Lincoln solo trae pocas cosas, entre ellas: Un lápiz mecánico 2HB, una lapicera, y una goma de borrar.

Así empezó a trazar líneas de manera sumamente calmada, dando paso a que con estas líneas se formaran figuras un tanto claras. Estaba bosquejando el papel con una aleatoriedad ordenada y con sentido, dejándose llevar por la música y su lienzo.

Prosiguió de esta manera hasta que la campana del primer receso sonó, y dejó todo como estaba, para salir al patio a charlar con su grupo de amigos. Una conversación de todos los días, hablando de los juegos que jugaron, y demás cosas ocurridas. El albino decidió no comentar nada de lo que le pasó ayer con sus hermanas, lo iba a dejar para otro día.

Todo concurrió con normalidad, hasta que sonó la campana nuevamente, indicando el regreso a clases. Volvieron en grupo al aula, entraron y siguieron con lo suyo. Así pasaron las primeras 2 horas de la mañana, dibujando cada uno su paisaje.

La profesora llamó la atención de todos, era la hora de exponer.

Clyde había dibujado su casa, pero de colores llamativos y brillantes; explicando que para el significaba la felicidad que le causaba su casa. Luego pasó Stella, que había dibujado una colina con una puesta de sol, con tonos naranjas predominantes. Explicó que este significaba el añoro de recuerdos pasados.

Chandler había dibujado una habitación roja brillante sin ventanas y con una silla en medio, todo muy simétrico. Pasó a explicar que su dibujo significaba la ansiedad social y la frustración.

La gente siguió pasando con sus respectivos dibujos, explicando el significado de su obra, hasta que llegó la hora de que Lincoln exponga. Se levantó de su asiento, caminó hacia el frente de la clase y procedió a mostrar el dibujo a sus compañeros. Este contenía un paisaje de una laguna calmada y con un poco de vegetación, de fondo se podía ver la luna de manera creciente convexa reflejándose en el agua. Todo el cuadro estaba dibujado en blanco y negro, de manera tal que las formas estaban creadas a base de círculos opacos y otros claros.

—Para mí este dibujo representa la tranquilidad, nada más —procedió a retirarse después de haber expuesto de manera simple, notándose él mismo, con una tranquilidad perdida hace ya tiempo.

Regresó a su lugar y se sentó para mirar lo que sus compañeros hicieron. Las horas se pasaron rápido, y cuando se dio cuenta, ya era la hora del almuerzo. Todos los chicos se despidieron de la profesora y comenzaron a irse, pero Lincoln se quedó un rato más para guardar todo, y agarrar la vianda que se había preparado en la mañana. Por este motivo, era el último en salir, pero antes de que se vaya, su profesora lo llamó.

—Lincoln, primero que nada, discúlpame por llamarte justo antes de que te vayas —aclaró Amanda.

—No hay problema, usted sabe que no tengo apuros por irme —dijo, mientras daba una sonrisa calmada a su profesora.

—Bien, quería decirte lo sobresaliente que estuvieron tus obras en este trimestre. También quería que sepas que tienes talento y que no estaría bueno si lo desaprovecharas; con lo bien que dibujas a tan temprana edad puedes tener un futuro increíble dedicándote a esto. Nada más quería que lo sepas, aunque solo nos conozcamos desde hace 4 meses, puedo decírtelo con certeza —la mujer terminó de decir, mirando a los ojos a Lincoln.

—Muchísimas gracias profesora, esto significa mucho para mí; voy a considerar lo que me dijo, y nos vemos el próximo jueves —Lincoln agradeció contento mientras se iba.

Ya en el pasillo de la escuela podemos ver como él se dirigía directo al mismo lugar de ayer, sin siquiera pasar a ver a alguno de sus amigos. Y así llegó al árbol más alejado del patio, otra vez. Se sentó recostándose en el tronco de este, mientras conectaba los auriculares a su celular. Lo prendió y puso un poco de Jazz, le había tomado el gusto a ese tipo de música. Desenvolvió su ensalada, agarró el tenedor y se dispuso a comer mientras miraba el táper.

...

Unas pares de canciones habían pasado, y su ensalada estaba por la mitad; fue entonces cuando sintió una mano que le tocaba el hombro. Dejó el tenedor dentro del táper y se sacó un auricular por respeto hacia la persona que estaba parada a su lado. Alzó la vista hacia la derecha, y ahí la vio, mirándolo devuelta.

—Hola Maggie —saludó el chico, sonriendo ampliamente.

Maggie, con 17 años de edad y habiendo repetido un año de la secundaria, es una chica de actitud normalmente indiferente y de aspecto gótico. Su vestimenta estaba conformada por un buzo negro simple, debajo del buzo usa una camiseta gris; además de traer puesta unos jeans negros con las rodillas rasgadas, y unas zapatillas Vans "All Star". Estaba maquillada con delineador negro en los ojos y un labial de este mismo color.

Se había conocido con Lincoln en la entrada de él a la secundaria, en un día que se cruzaron en el pasillo y se reconocieron. Luego de esto se pasaron los números de teléfono celular y comenzaron a hacerse amigos, hasta el día de hoy que lo siguen siendo.

—Hola Lincoln —le devolvió el saludo, dejando entrever su sonrisa, a la par que se sentaba a su lado —¿Todo bien? —mirándolo a los ojos, le preguntó.

—Si, por ahora todo estuvo muy bien, y ahora que estas aquí, este día está mucho mejor —le dedicó una mirada relajada, para luego guiñarle el ojo —¿Y tú cómo estás? —preguntó.

Maggie rió, un tanto sonrosada por su comentario.

—Heh, se podría decir que todo venía normal, pero ese halago me hizo el día —apoyó su cabeza en el hombro de su amigo, dejando salir un largo suspiro.

Lincoln dejó que ella se apoye y la acercó un auricular enfrente suyo, la chica lo agarró, y se lo colocó en su oreja derecha, para escuchar un poco de música con su queridísimo amigo.

—¿Quieres un poco? —le ofreció de su ensalada con el tenedor dentro de esta, a la vez que estiraba un poco el brazo a la derecha.

—Si, gracias —aceptó la oferta del albino, para después agarrarla y verla más de cerca. —. Se ve y huele muy rico —halagó la comida del chico.

—De nada, si quieres cómela toda, yo ya estoy lleno —dijo él, cerrando los ojos y apoyando su cabeza con la de Maggie.

Al cabo de un rato la chica se terminó la ensalada y dejo el táper vacío en el pasto. Lincoln Inhalo por la nariz, para dejar salir un suspiro de su boca.

—¿Qué mejor que esto?, estar tranquilo, comiendo en compañía, bajo la sombra de un árbol, escuchando un poco de música —soltó el albino, relajándose más de lo que ya estaba.

—Nada... —contestó la gótica, que, a su vez, también se relajaba —¿Puedo preguntarte algo Lincoln? —preguntó sin dejar su posición.

—Obviamente —respondió él, sonriendo un poco.

—¿Qué pasó que ayer no hablamos? —le hizo saber su duda sin ningún escrúpulo.

—Tuve un día difícil, me peleé con mis hermanas y decidí no ayudarlas más, así que ahora estoy sumamente tranquilo y con mucho más tiempo para mí mismo —respondió este, abriendo los ojos para ver al frente suyo.

—Qué bueno, ahora vamos a poder pasar más tiempo juntos —comentó la adolescente, muy contenta internamente, aunque intentando no exteriorizarlo.

—Seh, pero el fin de semana no puedo salir, estoy castigado por pegarle a Lisa y gritarles de muy mala manera. También las insulté —soltó una risa como si nada.

—Wow, nunca me imaginaría que llegaras a algo tan agresivo —sumamente sorpresiva, dijo, pero sin abrir sus ojos.

—Yo tampoco, pero no me arrepiento —ahora la miraba a ella.

Se callaron por unos minutos, y mientras el tiempo pasaba, Lincoln vio la hora en su celular; todavía faltaban unos minutos para volver a clases.

—Oye, me dijeron de no verme con nadie el fin de semana, pero no me dijeron nada de no poder juntarme con alguien el viernes —dijo él, mirándola con una sonrisa un tanto cómplice. —¿Quieres que nos juntemos en mi casa después de la escuela? —la siguió mirando, esperando que respondiera.

—Si, no veo por qué no —ahora ella lo miraba devuelta.

—Lleva ropa para dormir, va a ser noche de películas y pizza casera, y antes de que preguntes, no hace falta que traigas nada para comer o beber —aclaraba el chico de antemano.

—Uuh, pizza y películas —celebró ella con una risita.

—Bueno, va siendo hora de volver —se levantó Lincoln, no sin antes agarrar el táper y guardarse los auriculares.

Ya parado, le ofreció la mano para ayudarla a levantarse, y la chica aceptó su ayuda. Se sacudieron un poco el polvo de la ropa y salieron de ahí, rumbo hacia la clase de cada uno, respectivamente. En el camino, Lincoln dejó a la gótica en su salón, y se despidió de ella con un beso en la mejilla, costumbre que tenía para despedirse de las chicas, y siguió rumbo a su salón. Al llegar saludó a los presentes, guardó su táper en la mochila, y se sentó en su lugar.

La gente que faltaba fue entrando a medida que pasaba el tiempo, cabe aclarar que nadie quería llegar tarde, ya que hoy tenían biología, y la profesora no es muy amistosa que digamos. Al cabo de un rato todos estaban presente, incluida la profesora. Esta última saludo a todos y dio comienzo a la clase de ese día.

...

Todo pasó con tranquilidad, ya las clases habían acabado y Lincoln estaba saliendo de la escuela charlando con su grupo de amigos; o sea, Stella, Clyde, Rusty, Zach, Liam, y Chandler.

Ya estando afuera, se despidió de ellos y se fue directo al camino que lo llevaba a su casa. Antes de ir a su casa vio la hora a la cual salía. 15:30, marcaba el reloj de su teléfono

Caminó a un paso tranquilo, igual que como había venido. Este se había dado cuenta de que caminar para ir a la escuela, o para volver de esta, el camino estaba muy lindo y calmado. Tardó un buen rato en llegar, pero lo había disfrutado, sin dudas lo volvería a hacer todas las veces que pueda.

Al llegar a la entrada de su casa, saludó a Charles que estaba al lado de la puerta, sacó las llaves de su bolsillo y se dispuso a abrir la puerta. Ya dentro, saludó a todos, en este caso: Luna, que estaba mirando la televisión; Leni, que estaba preparándose algo para merendar; y Lori, que acababa de bajar del primer piso. Ellas lo saludaron devuelta, cada una a su manera.

Pasó de largo, yendo en dirección a la cocina. Cuando llegó, abrió su mochila, y dejó el táper y el tenedor para lavar en la bacha. Cerró la mochila y se fue directo a su habitación, escaleras arriba.

Ya en el primer piso, siguió recto hasta el fondo del pasillo; pero obviamente alguna de sus hermanas lo iba a molestar, en este caso, Lynn Jr. Lo frenó a mitad del pasillo, frente a la puerta de su habitación compartida con Lucy.

—Hey, escúchame tonto, necesito que me ayudes a practicar un poco de boxeo —sin siquiera saludar, Lynn ya le estaba pidiendo favores a su hermano menor.

—Primero que nada, hola, saludar es lo hace uno normalmente al encontrarse con una persona —dijo con molestia —. Segundo, mamá te dijo que nada de deportes —ahora se estaba acercando a ella, quedando frente a frente, solo que él era más alto por unos cuantos centímetros. —, por último, ya dije que nos las iba a ayudar a menos que yo quiera —miró de manera penetrante a los ojos de la deportista, a la par que ella respondía con su ceño fruncido.

Luego de unos escasos segundos sin recibir respuesta de su hermana, se marchó de ahí, dejando un tanto impactada. Pero ella era obstinada, y por sobre todo orgullosa, no iba a dejarse pasar por encima, y menos por un debilucho como su hermano menor.

—¡Idiota! ¡Ven aquí ahora mismo, o te juro que te voy a moler a golpes! —amenazó ella, con un tono muy agresivo de voz.

—Si, si, lo que digas, Junior—respondió sarcásticamente y sin darse la vuelta —. Mogólica... —remató con un tono más bajo de voz.

El albino entró a su habitación, cerrando la puerta, y dejando a Lynn furiosa en el pasillo. Justo en ese momento, Luan se acercó a ella, y le dijo.

—Estás igual a un bonsái, chiquita y plantada, JAJAJAJA —se burló de su hermana menor, mientras se reía a carcajadas de su propio chiste; el cual, a Lynn, no le hizo nada de gracia.

Dejando eso de lado, volvemos con nuestro protagonista, el cual se encuentra en su habitación, cambiándose la ropa.

Su habitación cambió mucho en estos años, ya no había juguetes por ningún lado, tampoco posters; solamente había una ventana, un armario, un escritorio, un bote de basura, y su cama, la cual ahora era más grande. En el escritorio se encontraba un porta-sahumerios, el cual utilizaba con frecuencia. También, cabe resaltar que sus paredes estaban pintadas dos de blanco y dos de negro, ya que a él le gustaba este diseño minimalista.

Siguiendo con Lincoln, ya se había puesto la ropa para andar en casa. Ahora mismo se encontraba dibujando en su carpeta de dibujos, sentado en su escritorio. El tiempo voló, y se hicieron las 17:30, hora en la cual normalmente merendaba. Cerró su carpeta y la dejó en el escritorio, para levantarse, abrir la puerta e irse a la planta baja para descansar y tomar algo. Bajó sin problemas, y se fue a la cocina para prepararse un café con leche. Sacó el café de la alacena, y la leche del refri, agarró una cuchara y azúcar. Con todo listo, se preparó su merienda y guardo todo.

Salió de la cocina y se sentó en la mesa. Una vez ahí empezó a revisar sus redes sociales, o ver algo para distraerse. El sonido de la puerta abriéndose lo hizo girar la cabeza para ver quien era. Eran sus padres, los cuales habían vuelto del trabajo. Los saludó, y ellos a él también. Algo raro había sucedido. Traían algo con ellos, en una bolsa de papel, pero no le dio más importancia y siguió con lo suyo. Pero entonces su padre se sentó al lado de él.

—Hijo, te trajimos algo, solamente no le digas nada a tus hermanas o se pondrán celosas —avisó su padre a la vez que le daba aquella bolsa.

—Muchas gracias, papá —abrazó Lincoln a su padre, sin abrir todavía el regalo.

—De nada campeón, espero que te guste —terminando de decir eso, su padre se retiró a su habitación.

Lincoln no tenía apuro, así que tomó su café de manera pausada, y disfrutando el sabor de este. Ni bien termino, puso la taza a lavar, y volvió a la mesa para agarrar el regalo, el cual se llevó arriba para así poder verlo en privado.

Al subir las escaleras se encontró con Lisa, a la cual saludó, pero ella solo volvió a su habitación rápidamente.

Raro... —Pensó para seguir con su camino.

Entró nuevamente a su habitación, y se sentó en la cama para abrir el regalo de sus padres. Al abrir pudo saber, ahora sí, qué cosa era. Una campera negra, sin capucha, con bordes amarillos. Él solo pudo agradecer para sus adentros, sabiendo lo mucho que le gustaba esa campera, no podía creer que sus padres se la habían comprado. Con mucha felicidad, colgó su nueva campera en el armario y tiro la bolsa de papel en el bote de basura. Todavía contento, decidió que hoy iba a hacer la cena, pero eso será para más tarde, ya que en este momento tenía que ordenar su habitación.

Estuvo cuarenta minutos ordenando, cambió las sábanas, hizo su cama, barrió el piso, pasó un trapo a todos sus muebles, para finalizar y darle buen olor a su habitación, prendió un sahumerio con aroma de sándalo. Se dispuso a bajar nuevamente, pero esta vez con la intención de cocinar la cena de esa noche, sin dudas este día había mejorado drásticamente su estado de ánimo, a comparación de días anteriores.

Fue directo a la cocina y no había nadie, así que primero se dirigió a la habitación de sus padres. Al llegar toco la puerta y preguntó si podía pasar. Del otro lado de la puerta se pudo escuchar a su madre diciéndole que pase. Lincoln entró, y la vio leyendo una revista, y cuando su ella bajó la mirada, el chico se dispuso a hablarle.

—Muchas gracias por la campera mamá, me encanta —dijo sonriendo, mientras apoyaba su hombro contra el marco de la puerta.

—Me alegro mucho que te haya gustado, hijo —su madre le dedicó un auténtica sonrisa, sintiéndose muy feliz.

—Como agradecimiento quería decirte que hoy voy a hacer yo la cena, dile a papá que puede descansar tranquilo. Cuando termine, los llamo, ¿Está bien? —preguntó su hijo, para saber si podía hacer lo planeado.

—Claro que sí, puedes, y quédate tranquilo, yo le aviso a tu padre —su madre agradeció y siguió con su revista.

Lincoln se retiró, rumbo a la cocina, iba a ver qué había para cocinar antes de hacer nada. Al llegar abrió el refri y vio todo lo que había. Sacó varias verduras, morrones rojos, verdes y amarillos, papas, cebolla, cebolla de verdeo, puerro, unas hojas de laurel, y tomate. Puso todo en la mesada, y abrió la alacena para sacar tres paquetes de fideos.

Ya había decidido que cocinar, el plato de hoy sería: espagueti con salsa. Vio la hora antes de empezar, y el reloj marcaba las 18:10. Calculó que a las 8:30 de la noche ya estaría todo listo.

Ni lento ni perezoso, lavó todas las verduras, peló las papas, y puso a hervir dos ollas grandes llenas de agua. Mientras el agua se calentaba se puso a cortar todas las verduras. Una vez terminó de cortar, el agua de las ollas ya estaba hirviendo. En una tiró los tomates y en la otra los fideos.

Fue sacando los tomates a medida que estos se les despegaba la piel, y los metió en un recipiente para procesarlos y así convertirlos en salsa de tomate. Trituró los tomates, y los dejo a un lado; mientras en otra olla con un poco de aceite, salteaba la cebolla. Cuando terminó con la cebolla, echó el morrón y un poco de vino tinto para darle sabor. Esperó que las tiras de morrón se ablanden, mientras revolvía todo para que nada se pegue. Ya con los morrones listos y la cebolla lista, le tiró el puerro y la cebolla de verdeo, para que se cocine.

Con el mejunje ya listo, le tiró la salsa de tomate y las papas. Cuando terminó de echar todo a la olla, condimentó la salsa, le echó las hojas de laurel, y puso la llama fuego bajo para que todo hirviera lentamente y absorbiera el sabor de las especias. La salsa ya estaba preparada y condimentada, solo faltaba que hirviera un rato para que se vaya la acidez del tomate. Así que se fijó la contextura de los fideos; estos estaban listos, al dente. Los sacó de la olla y los puso en un Bol grande, para luego ponerle manteca para que no se pegaran. Revolvió los fideos, revolvió la salsa, y mientras esta última se terminaba de hacer, fue lavando todo lo que ensució.

Terminó de lavar, y agarro los platos para servir la comida. Revolvió de nuevo la salsa y agarró una cuchara para probarla. Determinó que ya estaba lista, así que, apagó el fuego y sirvió los fideos con salsa en cada plato, trece platos para ser exactos. Teniendo todo servido, puso el mantel en la mesa, los vasos, la bebida, las servilletas, el salero, el queso parmesano, y, por último; cada plato ya servido, en su lugar.

Antes de llamar a todos para que vengan a comer, decidido hacer un rápido llamado a una heladería, pidiendo 3 kilos de helado: Un kilo de vainilla, el otro de crema americana, y el último de fresa. Ni pensar en pedir chocolate, no iba a repetir los mismos errores dos veces. Al finalizar su pedido, y ya habiendo agarrado el dinero para pagar el helado; llamó a sus padres para que vengan a comer, y a sus hermanas también.

Sus padres se sentaron primero, mientras que sus hermanas tardaron un poco más, pero vinieron y se quedaron maravilladas por la comida que había en la mesa. Lincoln se sentó último, y con todos en la mesa, comenzaron a comer la cena.

—Esto es, Literalmente, el mejor espagueti con salsa que he comido —dijo Lori, después de haber probado la comida.

—Es cierto, esto está riquísimo —Lana devoraba su plato, manchándose toda la boca con salsa en el proceso.

—Eugh, que asco Lana. Poniendo a un lado los nulos modales de Lana, debo decir que estoy de acuerdo con ella —ahora Lola era la que halagaba el platillo, mientras lo comía de manera refinada.

—Wow, sorprendentemente está tan rico, que no se me ocurre ninguna broma para hacer —Luan comió callada luego de decir eso.

Sheesh, esta cosa está muy buena —Luna estaba impresionada por el sabor.

—Esto está como que, muy rico —ahora, Leni intentaba darle un cumplido al cocinero.

—... —Lisa optó por no decir nada, y concentrarse en lo que estaba comiendo.

—Está todo tan sabroso, que hace que mi cuerpo frío se llene de calor —Lucy ahora sonreía a medias, mientras degustaba la comida.

—¡Qué rico está! —Lily ahora comía a bocados grandes, gracias al sabor tan bueno.

Lincoln solo se limitó a alegrarse al ver como a todos les gustaba lo que preparo con tanta dedicación.

—Hmm, esto está genial, te salió excelente papá —comentó Lynn, mientras comía todo de manera muy entusiasmada.

—Creo que no soy yo al que le deberías agradecer, Lynn, porque lamento decirte que hoy no cocine yo. Esta pasta está exquisita, hijo —dijo Lynn Sr. mientras comía felizmente todo su plato.

—Hoy cocino su hermano, y al parecer sí que sabe cómo hacer esto —dijo Rita, para sorpresa de todos.

Las chicas Loud giraron la cabeza en dirección a Lincoln

—Gracias má, y que bueno que les haya gustado a todos. Hay más, para el que quiera repetir —dijo Lincoln muy contento.

Ahora sí que todas las hermanas estaban sorprendidas, nunca hubieran creído que su hermano cocinara tan bien. Pero bueno, es lógico, ya que al tener más tiempo para sí mismo, podía tardarse bastante más tiempo para cocinar.

Algo comenzaba a cuadrar dentro de la cabeza de las chicas, algo que creían imposible; pero por ahora, solo eran ideas con poco fundamento. Lo que, si tenían, era un sentimiento de incomodidad. Restándole importancia, volvieron a comer, pero esas sensaciones seguían en ellas.

—Cuéntame hijo, ¿Cuál es el secreto?, ni a mí me sale tan bien la salsa —ahora su padre quería saber la receta de su hijo.

—Cocinar con amor y paciencia, nada más —respondió este de manera mundana.

—Aw, que tierno de tu parte —su madre era la que ahora se conmovía por lo dicho.

—Se nota que de mí heredaste el gusto por la cocina —Lynn dijo de manera orgullosa.

—Por fin, algo bueno que heredé —Lincoln bromeaba con sus padres, esbozando una sonrisa.

—Ja, Ja, Ja, muy gracioso hijo —el padre reía de manera sarcástica.

La mayoría rio por lo dicho y el ambiente en la mesa pasaba a ser mucho más tranquilo, a pesar de la incomodidad por parte de algunas hermanas Loud. Así siguieron charlando, tranquilos nuevamente, por lo menos hasta que alguien decidió hablar.

—Ahora, sabiendo quien fue el chef de esta noche, creo que sería apropiado darle un gran aplauso por la gran comida —Lori se incorporaba de la silla después de decir esta frase.

Miró a todos por igual, y entendieron lo que quería que hagan. Todos se levantaron de sus asientos, algunos de mala gana, y otros aplaudieron mientras le decían genuinos cumplidos por la comida.

—Gracias, gracias, me alegro de que les gustó a todas, pero una cena no finaliza sin... —el chico fue interrumpido por un llamado proveniente de su puerta, y dándose cuenta de lo que era ahora, dijo —Postre —dicho esto, se levantó de su asiento y fue a la puerta.

Al llegar, la abrió, saludo al repartidor, le dio el dinero, y agarró el helado para poder completar toda la cena. Ahora sí, absolutamente todos estaban impresionados.

—¿Qué esperan?, limpiemos la mesa y comamos un poco de helado —Lincoln dijo, con una sonrisa tranquila.

Todos comenzaron a colaborar con la limpieza, mientras Lincoln preparaba los potes de helado, con los sabores de cada uno, además de una cuchara. Con los postres servidos, y la mesa limpia, los fue colocando en esta.

Se volvieron a sentar, para ver como Lincoln sabía exactamente qué sabor y cantidad quería cada uno, sin decírselo de antemano. Lo miraron con incredulidad, pues nunca se daban cuenta de cuanta atención prestaba a las mañas de sus familiares. Las únicas personas que no lo hicieron, fueron: Lucy, Lily, y sus padres; ya que estos sabían que tan detallista era Lincoln a la hora de recordar las preferencias de las personas.

Esta idea sin fundamento, que ya habían mínimamente comenzado a pensar cuando supieron quien había cocinado la cena, ahora tomaba más fuerza. Pero no era momento de complicarse, estaban comiendo helado un jueves a la noche, que tanto vas a pensar en una situación así.

Comiendo el postre, charlaron un poco de cosas cotidianas, su día, acontecimientos, alguna novedad. Y así siguieron hasta que todos habían terminado el postre, dejando su pote sucio en el lavadero.

Ya todas las hermanas y su madre, comenzaron a irse, dándole nuevamente las gracias a Lincoln, y deseándole buenas noches. La última en irse fue Lily, quien le dio un beso en la mejilla, para irse inmediatamente escaleras arriba. El albino sonrió ante esta acción, y se dio la vuelta, yendo nuevamente a la cocina. Pero al entrar vio a su padre arremangándose para limpiar lo que quedo sucio después del postre.

—Papá —Lincoln llamó la atención de su padre, mientras ponía una mano en su hombro —. Ve a descansar, trabajaste todo el día y debes estar cansado. Yo termino con esto y me voy a dormir —miró a los ojos a su padre, quien había parado de arremangarse.

—Hijo... Muchas gracias —Su padre lo abrazó, un poco emocional, por las buenas acciones de su hijo. Todavía no podía entender como un chico de tan corta edad podía ser tan maduro, y como sus hijas no pudieron apreciarlo antes de que se enojara.

Cortando el abrazo, se fue a dormir, dándole las buenas noches a su hijo, quien también se las dio en respuesta. Luego de ese breve momento de padre-hijo, se arremangó y comenzó a lavar todo.

Pasaron unos largos minutos hasta que acabó, se secó las manos, y subió las escaleras. Dobló a la izquierda y entró al baño para hacer sus necesidades. Al finalizar se lavó las manos, se las seco; y ahora sí, fue a su habitación. Al estar dentro, se acostó en la cama, se tapó y sin nada más en que preocuparse, solo pudo pensar en una cosa:

—Qué buen día —Y de esa manera, nuestro albino preferido terminó este largo jueves.