Casa Crane

A la mañana siguiente, cuando Harry fue a tomar el desayuno, un olor horrible inundaba toda la cocina. Parecía proceder de un gran cubo de metal que estaba en el fregadero. Se acercó a mirar. El cubo estaba lleno de lo que parecían trapos sucios flotando en agua gris.

—¿Qué es eso? —preguntó a Caroline "su madre". La mujer frunció los labios, como hacía siempre que Harry se atrevía a preguntar algo.

—Tu nuevo uniforme del colegio —dijo Caroline.

Harry volvió a mirar en el recipiente.

—Oh —comentó—. No sabía que tenía que estar mojado.

—No seas estúpido —dijo con ira —. Estoy tiñendo de gris algunas cosas viejas de tu primo Dudley. Cuando termine, quedará igual que los de los demás.

Harry tenía serias dudas de que fuera así, pero pensó que era mejor no discutir. Se sentó a la mesa y trató de no imaginarse el aspecto que tendría en su primer día de la escuela secundaria Stonewall. Seguramente parecería que llevaba puestos pedazos de piel de un elefante viejo.

-Pero yo no ire a Stonewall- comento Harry mientras trataba de imaginar Hogwarts, aunque no tenía ni la menor idea del aspecto del colegio- yo asistiré a Hogwarts, porque soy un mago. –menciono Harry mientras sacaba su carta del bolsillo trasero de su pantalón.

John se la arrancó de la mano.

—¡Es mía! —dijo Harry; tratando de recuperarla.

—¿Quién te va a escribir a ti? —dijo con tono despectivo su padre, abriendo la carta con una mano y echándole una mirada. Su rostro pasó del rojo al verde con la misma velocidad que las luces del semáforo. Y no se detuvo ahí. En segundos adquirió el blanco grisáceo de un plato de avena cocida reseca.

—¡Ca... Ca... Caroline! —bufó.

Caroline la cogió con curiosidad y leyó la primera línea. Durante un momento pareció que iba a desmayarse. Se apretó la garganta y dejó escapar un gemido.

—¡John! ¡Oh, Dios mío... John!

—Fuera de aquí —graznó John, metiendo la carta en el sobre.

Harry no se movió.

—¡QUIERO MI CARTA! —gritó.

Cogiendo a Harry por el cogote, lo arrojó al recibidor y cerró la puerta de la cocina. Harry espiaba por el ojo de la cerradura.

— John —decía Caroline, con voz temblorosa—, mira el sobre.

—No —dijo finalmente—. No, no les haremos caso. Si no reciben una respuesta... Sí, eso es lo mejor... No haremos nada...

—Pero...

—¡No pienso tener a uno de ellos en la casa, Caroline! ¿No lo juramos cuando recibimos y destruimos aquella peligrosa tontería?

—Pero John, él nos dijo que cuando llegara el momento teníamos que dejarlo asistir, dijo que no pasaría nada, que ellos nunca se darían cuenta de lo que sucedió. —dijo Caroline con un poco de temor.

Aquella noche, cuando regresó del trabajo, John hizo algo que no había hecho nunca: visitó a Harry en su habitación.

—¿Dónde está mi carta? —dijo Harry, en el momento en que John pasaba por la puerta—. ¿Quién me escribió? —dijo Harry fingiendo demencia.

—Nadie. Estaba dirigida a ti por error —dijo John con tono cortante—. La quemé.

—No era un error —dijo Harry enfadado—. Estaba mi habitación en el sobre.

—¡SILENCIO! —gritó John, y unas arañas cayeron del techo.

Respiró profundamente y luego sonrió, esforzándose tanto por hacerlo que parecía sentir dolor.

Aquel día, John no fue a trabajar. Se quedó en casa y tapió el buzón.

—¿Te das cuenta? —explicó a Caroline, con la boca llena de clavos—. Si no pueden entregarlas, tendrán que dejar de hacerlo.

—No estoy segura de que esto resulte, John. Creo que lo mejor es hacer lo que el viejo nos dijo.

—Oh, la mente de esa gente funciona de manera extraña, Caroline, ellos no son como tú y yo —dijo John, tratando de dar golpes a un clavo con el pedazo de pastel de fruta que Caroline le acababa de llevar —. El viejo nos dijo que dejemos que el mocoso asista, pero nunca nos dijo que tendríamos que pagar y ya tiene tiempo que no nos da dinero.

El viernes, no menos de doce cartas llegaron para Harry. Como no las podían echar en el buzón, las habían pasado por debajo de la puerta, por entre las rendijas, y unas pocas por la ventanita del cuarto de baño de abajo.

BUM.

Toda la casa se estremeció y Harry se enderezó, mirando fijamente a la puerta. Alguien estaba fuera, llamando.

Para las que no recuerden el aspecto de Harry en estos momentos.