"La conducta ocasional se vuelve adicción cuando uno deja de tener control sobre ella"
...
Cuatro en punto de la mañana, siendo esta, una madrugada del viernes.
Yacía apoyado en el porche de su casa, un chico, joven adolescente; vestido con su ropa para dormir, y un buzo gris con dos franjas anaranjadas en los brazos, para poder cubrirse del frío. Decidió separarse de la viga del porche, y se fue de su casa en dirección a Flip's, caminando tranquilamente por la acera. El índice de criminalidad de este pueblo es muy bajo, así que, normalmente, no habría ningún percance a estas horas.
El camino fue tranquilo, con una brisa suave acompañándolo, y el sonido de sus pisadas, eran lo único que se escuchaba. A lo lejos pudo ver un cartel luminoso, totalmente nuevo; ya que desde el momento que un inspector de salubridad piso el lugar, tuvo que cambiar totalmente todos los incumplimientos de este. Flip no era alguien estúpido, sabía que si mejoraba el lugar tendría más clientela, además de que no quería que cerraran el único lugar del cual obtiene dinero.
Y así llego, con las manos en los bolsillos, al lugar que estaba buscando. Entró por la puerta delantera, y el dueño estaba dormido sobre una silla, con una revista en su cara, intentando disimularlo lo mejor posible.
—Hola Flip —saludó Lincoln, mientras el hombre se despertaba un tanto alarmado.
—¡Ah! —se había despertado casi cayéndose de su silla, y vio quien lo había saludado —Maldito, no me des esos sustos a estas horas, Loud —habló Flip, ya más calmado.
Definitivamente, seguía siendo el mismo, aunque el local había cambiado para bien, su dueño no había cambiado para nada.
—No deberías estar durmiendo entonces —respondió con fastidio el chico.
—Touché —dijo Flip en señal de que tenía un buen punto —. Ahora, ¿Qué quieres comprar? —preguntó este último, dejando de lado su anterior enojo.
—Dame un box de veinte, de Marlboro —respondió el adolescente, señalando la cajetilla de cigarros detrás de Flip. Se había quedado sin cigarrillos hace poco, y no sabría cuando, iba a necesitarlos de nuevo.
El hombre lo miró fijo, como con una mirada cansada, escapándose de sus ojos.
—Tienes quince años, Lincoln, no deberías fumar a esta edad. Aparte, es la tercera vez este mes que te vendo tabaco —advirtió. Aun sabiendo cuanto le gusta el dinero, no se podría permitir seguirle vendiendo cigarros al chico, sus valores son más que eso.
—Puedo dejarlo cuando quiera Flip —habló el chico de manera totalmente calmada, devolviéndole la mirada.
—Eso dicen los que ya están adictos —dijo el hombre, mientras se daba la vuelta para agarrar lo pedido, después de todo, seguía siendo Flip.
—Lo sé... —Comentó Lincoln, bajando un poco el tono de su voz.
Flip le alcanzó su box, y el albino se la pagó, a estas alturas ya sabía el precio.
—Gracias, amigo, nos vemos —dijo el chico, a la par que se iba del establecimiento; con un cigarrillo en la boca, tapándolo con una mano, y con la otra encendiendo el Zippo.
—Nos vemos chico, y por favor, piensa en dejar esa basura, preferiría que me compraras cervezas antes que eso —dijo Flip, aconsejándolo una última vez antes de que se fuera por completo.
Ahora estaba Lincoln volviendo a su casa, a paso lento, tarareando una melodía de Frank Sinatra, con el cigarrillo prendido en su boca.
—The Sun went out just like a dyin' ember —pensó en la letra, mientras le daba una calada al cigarro —That September —siguió con la letra mentalmente, ahora exhalando el humo de sus pulmones, largándolo por la nariz —In the rain —dijo en a sí mismo en voz alta, a la par que con su dedo pulgar izquierdo golpeaba el filtro del cigarrillo, dejando caer la ceniza de su punta.
Sentía como el tabaco le hacía calmar sus ansias, con su cuerpo y mente, relajándose con cada calada. Naturalmente, dejó que sus pasos lo guiaran a donde quiera que vaya, y sin darse cuenta se encontraba en el parque cercano a su casa. Así que, sin más que hacer, se sentó en una banca, fumando tranquilamente mientras seguía pensando en distintas canciones del género.
—Creo que no existe mejor sensación que la de estar tranquilo —pensó, recapacitando un poco de su vida —, aparte, no entiendo cómo es que todos están tan obsesionados con tener un talento —siguió en la misma línea de pensamiento.
Su cigarro ya se había apagado, así que tiró la colilla en el piso, y la aplastó con el pie; para, seguidamente, prender otro.
—No es necesario para nada, es mejor tener un hobby con el cual estar feliz, es estúpido lo que hacen las chicas. Alardear de lo que eres bueno, sin pensar en nada más que eso, solo te lleva al fracaso; en cambio, si vivo la vida como me la estoy planteando, las cosas buenas van a venir solas, estoy seguro —terminó de reflexionar el peliblanco, mientras seguía fumando, con la vista posada en el árbol delante de él, con sus hojas moviéndose al contacto de la fría brisa.
Era un buen momento para que pudiera pensar sin tapujos, de manera tranquila, sin nada ni nadie que lo moleste de por medio. Así se quedó, terminando con el cigarrillo que había recién prendido, pensando en qué hacer con la gente que le pide favores en la escuela, y más importante, en su amiga Maggie, planeando su "juntada". Pensando en todo, en sus amigos, en su cercana amistad con Chandler, en la escuela, en su familia... Y así se le pasó el tiempo, y ese cielo oscuro se fue tornando en tonos anaranjados.
Pudo ver una masa anaranjada en el horizonte, y sorprendiéndose por la repentina salida del sol, sacó su celular del bolsillo y procedió a ver la hora. 5:57 AM, marcaba este, sorprendiendo más al chico, quien no podía creer el tiempo que estuvo fuera de la casa. Se levantó del banco, y salió rumbo a su casa, a paso tranquilo como siempre.
Al llegar, lo primero que hizo fue subir a su habitación. No se encontró con nadie en su camino, puesto que, sus hermanas mayores se levantaban a las 6:45 AM. Ya dentro de su habitación, sacó de su mochila los libros de química, y puso dentro de esta los de física y matemática avanzada, las peores materias según él.
Con la mochila ya lista, se dispuso a hacer yoga, respiraciones, estiramientos, meditó un poco de paso. Y así estuvo durante, más o menos, veinte minutos, pero ya había terminado; así que se dispuso a salir de una vez por todas.
Aunque, antes de marcharse, agarró la ropa para su día de escuela: Una remera manga larga naranja; un pantalón de jean celeste, para nada holgado; un par de medias blancas, lisas, obviamente; las mismas Converse de siempre; y, por último, la campera que le habían comprado sus padres. También agarró el perfume que usa normalmente y su mochila, en la misma mano.
Salió de la habitación con su ropa en brazos, y su mochila colgando de una de sus manos, directo a bañarse y sacarse el olor a tabaco que tenía en la ropa de dormir. En el baño, le tiró perfume a la ropa, y la tiró en el cesto de basura, para luego abrir la llave de paso del agua, y entrar a ducharse. Dejando la mochila apartada, y la ropa sobre la tapa del inodoro.
Antes de entrar, se desvistió y sacó de sus bolsillos; el Zippo, el box de Marlboro, su billetera, sus llaves, sus auriculares, y, por último, su teléfono. Con este puso un poco de música para entretenerse, mientras se daba una merecida ducha mañanera. Tiempo después salió de la bañera, se secó, se puso perfume, y se vistió con la ropa que había traído. Optó por afeitarse, no le gusta tener vello facial, y mucho menos cuando la chica que le gusta va a venir a su casa.
Puso sus cigarrillos y su perfume en una cerradura apartada dentro de su mochila, metiendo en sus bolsillos todo lo demás. Y ahora sí, salió del baño, y como era costumbre, sus hermanas ya estaban en fila. Las saludó con una gran sonrisa en su rostro, cada una lo devolvió a su manera, pero la única que no lo saludó fue Lisa; ya era muy raro que lo ignorara tanto.
—Mañana hablaré con ella, todavía no me disculpo por haberla golpeado —planeó mentalmente mientras bajaba por las escaleras, con su mochila en mano.
Al estar en la sala vio a sus padres, quienes todavía no habían desayunado, y procedió a saludarlos. Luego fue a la cocina y se preparó un desayuno un tanto elaborado, a la par qué rico: Un café con leche, y un omelette de jamón, queso y tomate; cosa la cual le salía muy bien.
El proceso de cocina del omelette era fácil, solo tenía que batir dos huevos; condimentarlos con orégano, pimienta, y sal; tirarlo en una sartén precalentada previamente enmantecada, con la llama en "corona"; poner el queso, el jamón, y el tomate; tapar la sartén, y esperar a que el huevo se endurezca. Una vez que el huevo estaba cocido, y quedaba un poco crudo en la parte de arriba, se cierra, y se da la forma preferida.
Como estaba bastante feliz, decidió hacérselos a sus padres, con una hoja de albahaca encima de estos, para decorar el plato. Además de agregarles tres tostadas con queso, los gustos de sus padres, en cuanto a esto, eran prácticamente iguales que el suyo; solo que a su madre le gustaba un poco más crudo dentro, mientras que a su padre le gustaba salado y bien cocido. A él, digamos que estándar, un punto medio para ser precisos.
Antes de llevar todo a la mesa, optó por hacerse tres más, para así poder almorzar dónde siempre, aparte Maggie seguro iba a querer comer uno, probablemente Clyde también.
Por último, de todo, hizo tres cafés, a gusto y dulzor de cada uno. Cabe destacar que todos los detalles son parte de la metodología del chico, algo arraigado a su forma de ser, y formado basándonos en la ayuda brindada a toda la gente en todos sus años de vida. Llevó los tres platos, y las tres tazas encima de una bandeja, directamente a la mesa, y se los dejó a sus padres. Estos últimos, muy sorprendidos, lo probaron, no sin antes de agradecerle.
Al terminar de saborear el primer bocado del desayuno, se quedaron maravillados por como sabía. Aunque en la cena vieron sus habilidades culinarias, las cuales no les fue sorpresa, pues sabían lo bien que cocinaba, ahora era totalmente distinto, sabía cómo quería cada uno su café y su omelette, era increíble.
Todavía maravillados por el sabor, no pudieron evitar halagarlo, y agradecerle nuevamente. El chico solo respondió con modestia, y se sentó a desayunar a la par que ellos, charlando de manera mundana. Hasta que, en debido momento, una pregunta de su padre, el cual ya había comido por completo su desayuno, se hizo presente.
—Hijo, no sé cómo explicarlo, pero el omelette tenía un sabor más ligero que los demás que probé antes, ¿Tienes algún truco? —preguntó Lynn Sr. totalmente entusiasmado.
Antes de responder, Lori y Luna bajaron del primer piso, saludando a sus padres, sentándose en la mesa a la espera de su desayuno, mientras oían la conversación de su hermano.
—Un mago nunca revela sus secretos —dijo el chico, sonriendo en forma de broma, dejando su omelette a la mitad.
Rita rio ante el comentario, y Lynn lo miro con cara de "En serio".
—Ya, fuera de bromas, el truco es que uso manteca en vez de aceite; además que lo cocino con el fuego en "corona", para que se endurezca lentamente, y sea más esponjoso y suave —reveló su secreto, mientras su padre lo miraba sorprendido, y Luan, Lynn, y las gemelas bajaban también, para sentarse en la mesa.
—Hijo, realmente creo que tienes talento para esto —dijo su padre, sumamente orgulloso, mientras Rita levantaba los platos y las tazas de ella, y su esposo, de la mesa —. Deberías venir los fines de semana a ayudarme en el restaurante, te pagaría aparte de tu mesada —le propuso a su hijo, el cual no lo tuvo que pensar siquiera.
Las hermanas restantes bajaron, saludando también a sus padres, sentándose en la mesa. No pudieron evitar escuchar la conversación, eran muy metiches como para no hacerlo.
—Gracias, mañana estaré por ahí, sería un honor trabajar en tan buen restaurante —agradeció, a la par que ponía su mano en el hombro de su padre, dándole a su vez una sonrisa.
Las chicas estaban totalmente sorprendidas, ¿Su hermano iba a trabajar en la cocina de su padre?, ¿O habían oído mal?
Su padre le devolvió la sonrisa, y se levantó de la mesa, en dirección a su habitación, ya era hora de ir a su lugar de trabajo. Así que fue a aprovechar un poco el tiempo, mientras esperaba a qué Rita terminara de lavar los platos sucios del desayuno.
Lincoln también se levantó, agarró su mochila, y se despidió de todas; no sin antes darle un beso en la mejilla a su madre, a Lily, y a su hermana favorita. Se marchó caminando, como estaba haciéndose normal; pero las chicas se quedaron todavía en la mesa, con hambre, así que Lola fue la primera en hablar.
—¿Cuándo nos haces el desayuno, mamá? —preguntó con fastidio, odiaba que Lincoln tratara mejor a Lily que a ella, estaba muy celosa, cosa que empeoraba cuando tenía hambre.
—Yo no hago su desayuno, Lincoln lo hace, pero él ya les dijo que no las iba a ayudar más, así que, eso es problema suyo —dijo Rita mientras se secaba las manos, e iba a avisarle a su esposo que ya estaba lista.
—¿Qué? —preguntó Lynn, sin poder creer lo que su madre dijo —Lincoln no lo hacía para ayudarnos, lo hacía porque debía, aparte nunca los hizo bien —ahora está totalmente indignada, se levantaba tarde por algo, y era por qué no necesitaba hacer su desayuno.
Mientras se quejaba, sus padres las saludaron, y se fueron a sus trabajos. Ese tiempo que dormía demás era gracias a su hermano, pero al parecer nunca se dio cuenta, ni antes, ni ahora.
—Hermana, hace años que se ocupa de nuestro desayuno, y sabe cocinar, no seas obstinada —dijo Lucy, quien siempre supo cómo es su hermano mayor.
—Está bien, pero, aunque fuese así, siempre le faltaban algo para estar rico, no es como si cocinara bien —dijo la deportista con el ceño fruncido, mientras se cruzaba de brazos.
—Vamos Lynn, decir eso no es muy Lynn-do de tu parte —bromeó Luan aprovechando que sus padres no estaban, y no podían castigarla; consiguiendo una risa de todos, menos de Lynn.
—Es en serio Luan, ¿O me van a decir que es un chef solamente por qué ayer estaba rica la cena? —preguntó a todos en la mesa.
—Oh, tengo otro. ¿Qué pasa Lynn, acaso no ves que nuestro hermano se preocupó siempre por nosotras?, ¿O necesitas una Lynn-terna para verlo? —respondió Luan con otra broma, estallando de la risa por la cara que puso su hermana.
—¡Agh!, ¡Ya cállate! —dijo con enojo —Ahora, para todas las demás, ¿Qué opinan? —miró Lynn a las demás hermanas.
Lucy decidió por callarse, era obvio que su hermana no iba a cambiar de opinión.
—Yo creo que tienes un buen punto —dijo Lana, acordando con su hermana mayor.
—Si, no es como que siempre cocine bien —ahora Leni también se puso del lado de Lynn.
Lily estaba enojándose, se estaban quejando de su hermano, el que siempre hizo todo por ellas y nunca se había quejado, no pueden hablar tan mal de él a sus espaldas.
—¿Si saben qué hace el desayuno hace años? Y si alguna vez le salió mal es por qué no tiene todo el tiempo para nosotras —sorpresivamente, Lori fue la voz de la razón en esta ocasión.
—Opino lo mismo, puede que no sea perfecto, pero por lo menos me da tiempo para maquillarme a las mañanas —Lola concordó con la mayor de las hermanas.
—Meh, a veces no estaban bussin' —dijo Luna, no creía que sus comidas eran tan buenas.
—Yo creo, que, aunque sí, sus desayunos eran en su mayoría lo que podría determinarse como algo "Delicioso", en muchos casos, habían sido claramente elaborados con desgano —terminó su pequeño relato Lisa.
Lily no pudo aguantarlo más, y se dispuso a hablar.
—¡No sé lo que dijo, pero seguro miente! ¡Linc siempre hizo comidas superricas! ¡Tontas! —la más pequeña gritó en la mesa, no soportaba que hablasen tan mal de la persona que siempre las cuidó.
—Cuida tus modales Lily, aunque estés enojada no puedes insultar —Lori actuó de manera responsable, no tener su teléfono encima, ayudaba en gran manera.
—Bueno, dejando esto de lado, ¿Quién hace el desayuno? —Pregunto Lana, el hambre que tenía la estaba haciendo enojar.
—De hecho, si no nos vamos exactamente en... —Lisa hizo una pequeña pausa para ver su reloj. —... menos de tres segundos, vamos a llegar todas tarde —avisó la científica.
Se escuchó un quejido por parte de todas, y se levantaron de la mesa, yendo directamente a la puerta principal.
...
Mientras todo esto ocurría, Lincoln recién había llegado a su escuela, saludando a todos los conocidos en el pasillo. Algunas personas le pedían ayuda, o favores, pero simplemente las rechazó. No es que no iba a ayudar a nadie nunca más, si no que prefiere invertir ese tiempo en sus amigos, más que en gente que conoce poco, y en la mayoría de los casos solo se aprovecha de él.
En determinado momento se le acercó Cristina, quien le pidió ayuda para repartir unos volantes, pero se negó; últimamente estaba muy densa con pedirle favores, hasta pareciese que quería tener su atención.
—¿Cómo qué no? —dijo Cristiana, quien esperaba su total cooperación, y por ahí pasar un poco de tiempo con él.
—Ya lo oíste, no voy a ayudar a nadie si no tengo ganas. Vengo dándote una mano con el consejo estudiantil desde que entramos a la secundaria, y ni siquiera soy miembro. Nos vemos —dijo este, mientras volvía a caminar con toda la calma del mundo.
Cristina, y todos los presentes no creían lo que habían oído, Lincoln Loud no iba a ayudar a nadie, esto sí que era un buen chisme.
Al rato de caminar se encontró con su grupo, quien también estaba hablando con Chandler, todos se llevaban bien con él. Los saludó y hablaron durante un rato, hasta que sonó la primera campana, haciendo que vayan directamente a su aula. Tenían toda la mañana física, y solo a Stella le gustaba la materia, así que Chandler le propuso algo en privado a su amigo.
—Hey, Lincoln —susurró por lo bajo, mientras se quedaban un poco atrás del grupo.
—¿Qué pasa? —preguntó este, siguiendo la corriente.
—Tengo algo que mostrarte, así que, después del primer receso, me voy a quedar en el patio. Cuando entres a clase espera veinte minutos y pregúntale si puedes ir al baño, y cuando estés afuera ven a buscarme al almacén del gimnasio —le dijo su plan con sumo misterio, dándole una sonrisa y guiñando su ojo.
—Está bien, pero ¿No se va a dar cuenta de que no estás? —preguntó Lincoln, quería saber si esto le iba a causar problemas a su amigo.
—Si pregunta, solo dile que me sentía mal del estómago, fui a comprar algo para tomar y que voy a estar en el patio hasta que me sienta mejor. No va a sospechar, por algo siempre intento sacar buenas notas con todos los profes, nadie va a creer que es mentira si eres un "Buen alumno" —contestó de manera detallada a la pregunta del albino.
—Si, yo siempre fui un buen alumno con él, de mí tampoco es que vaya a sospechar —dijo Lincoln, ahora él era quien le guiñaba el ojo.
Chandler se rio ante la actitud un tanto más rebelde de su amigo, esa nueva faceta le estaba gustando.
—Chicos, ¿Qué tanto hablan allá atrás? —preguntó Clyde, mientras miraba a su dirección.
—Estábamos hablando de lo que trajimos hoy para el almuerzo. Yo hice unos omelettes en casa, sé que te gustan tanto como a mí —dijo el peliblanco, dándole una sonrisa al moreno.
—Sí que me conoces —dijo Clyde, mientras rodeaba su hombro con el brazo, poniéndose al lado de su amigo.
—Te lo cambio por una porción de tarta de tus padres, sé que los viernes te dan —propuso Lincoln, mientras posaba su mano frente a su amigo.
—Claro —contestó, estrechando su mano.
—Fue un placer hacer negocios contigo —cerró el trato el albino.
Siguieron charlando animadamente, hasta que llegaron a su aula y entraron, sentándose en sus asientos de siempre. Minutos después llegó su profesor, dando inicio a la clase más tediosa de la semana.
...
Chandler ya estaba en el gimnasio con la mochila puesta, esperando a que Lincoln viniera, pero recién habían pasado los veinte minutos.
Sus pensamientos fueron disipadas cuando oyó el sonido de la puerta siendo abierta. Vio quien era, y obviamente Lincoln había entrado, cerrando la puerta con traba detrás de él.
—Siempre puntual, ¿No? —preguntó Chandler en forma de broma.
—No podía dejar a una dama esperando —dijo el peliblanco con sarcasmo.
—Qué caballeroso, eres todo un "Duque" —respondió, haciendo referencia a cuando viajó a Scottland.
—Oye, eso pasó hace varios años —reclamó el albino.
—Si, si, lo que digas, "Su majestad" —siguió Chandler con la misma broma.
Lincoln solo lo miró serio, ya no era gracioso, le están molestando, así que prefirió cambiar de tema.
—¿Qué vamos a hacer aquí exactamente? Porque no creo que me llamaste solo para perder el tiempo en el almacén del gimnasio —comentó este último, mientras observaba el lugar, y se sentaba en una de las colchonetas.
—Esto —dijo el pelirrojo mientras sacaba algo de dentro de su mochila.
Lincoln no podía creer lo que veía.
—¿Trajiste un porro a la escuela? —le preguntó con suma sorpresa, todavía seguía sin creerlo del todo.
—Exactamente, ¿Y sabes que vamos a hacer? —Chandler preguntó de manera retórica, mientras hacía la mímica de que se lo estaba fumando.
—Estás demente... Hagámoslo —dijo mientras sacaba su Zippo del bolsillo, y se lo daba en la mano a su amigo.
Este lo agarró, pero antes tenía que aclarar unas cosas con el peliblanco.
—Antes de empezar, ¿Fumaste alguna vez? —preguntó Chandler, no quería que su amigo tenga un "Mal viaje" por su culpa.
—Fumo tabaco, pero esta es mi primera experiencia con los porros —podía decírselo tranquilamente, ya tenía bastante confianza entre sí.
El pelirrojo se quedó quieto un momento, ¿Había escuchado lo que creía que había escuchado?... Lincoln fuma. Ahora sí, estaba completamente sorprendido, pero no sorprendido para mal, si no, que le parece genial que su amigo por fin esté mostrando sus verdaderos colores.
Se volvió a mover, dejando la mochila en el piso, con una sonrisa plasmada en su cara, contento por la revelación. Se sentó en la colchoneta, al lado de Lincoln, y lo miró.
—Bien, te voy a decir lo que traje, así te enseño un poco del mundillo —dijo Chandler, viendo cómo Lincoln asentía en forma de respuesta —. En la marihuana hay cepas, que son, como, las variedades que puedes cultivar. Hay dos principales: Indica, y Sativa —se tomó una pausa para ver si entendía lo que decía.
—Ok, es bueno saberlo —respondía el albino, mientras miraba a su amigo.
—Excelente. Las dos tienen efectos distintos en el cerebro, para hacerla simple, la Sativa te pone activo; mientras que la Indica te relaja, hasta a veces te da sueño. Hoy traje Indica —Chandler le explicaba lo básico a Lincoln, era lo que siempre se debía hacer.
—Una pregunta, ¿Se fuma igual que los cigarrillos? —preguntó el peliblanco, y su amigo dio una carcajada.
—Es parecido, solo que cuando inhalas tienes que mantener la respiración lo máximo que puedas, así hace más efecto —respondió dejando de reírse, ya casi terminando con la explicación —. Lo único que te voy a recomendar, es que te tires bastante perfume, el olor que deja esta mierda es muy distintivo, ¿Entendido? —ahora sí, había terminado con la explicación.
—Entendido —respondió Lincoln de manera corta.
—Perfecto, ya estamos listo, así que, ¿Quisieras hacer los honores? —preguntó, mientras le pasaba el Zippo y el porro.
—Por supuesto —dijo con entusiasmo, mientras aceptaba lo dado por su amigo.
Agarró el porro y se lo puso en la boca, como un cigarrillo, y lo prendió. Le dio una larga pitada, e hizo lo que le dijo Chandler, aguantar la respiración. Mientras lo hacía, se lo pasó a ente último, quien hizo lo mismo.
Después de unos segundos exhalo, y respiró por la nariz, oliendo ese aroma tan distintivo del cannabis. Estuvieron unos pocos minutos esperando, mientras Lincoln veía cuando le iba a hacer efecto.
—¿Y?, ¿Cómo está? —le preguntó Chandler, mientras le daba otra pitada.
—Bien, todavía no me pega —respondió Lincoln, todavía sin sentir nada.
O eso creía, ya que ni bien respondió, sintió como todo se sentía más ligero de repente, y ahora estaba más relajado. Le pesaban un poco los párpados, e intento verse las manos, pero le costaba un poco.
—Esta mierda está muy buena —dijo Lincoln mirando al pelirrojo, riéndose de la nada.
—Gracias, la coseché yo mismo —agradeció Chandler, riéndose también un poco.
Le pasó de nuevo el porro, y esta vez le dio una pitada más larga, no podía mentir, le estaba gustando mucho. Al cabo de más o menos diez minutos ya se lo habían terminado, y se encontraban recostados, charlando mientras se reían de cualquier cosa.
—¿Entonces me va a dar hambre? —preguntó un tanto incrédulo Lincoln.
—Como no te imaginas —se rio mientras sacaba su teléfono para ver la hora.
—¿Y cómo es qué consigues marihuana? —estaba totalmente intrigado sobre como la obtenía, así que se lo preguntó sin más
—La planto en casa, beneficios de tener padres ausentes —respondió, mientras se reían un poco, y el albino reía también —. Ya deberíamos ir volviendo —dijo para que su amigo oyera.
—Vámonos entonces —dijo este, mientras se paraba lentamente.
—Seh —comentó Chandler, levantándose él también.
Al estar parado se acercó a su mochila y sacó un desodorante, y siguientemente tirarse bastante. Lincoln hizo lo propio, abriendo el compartimiento donde tenía guardado su perfume, y se echó un poco. Al creer que el olor se notaba lo menos posible, abrieron la puerta, y con todo listo se marcharon, debían volver lo antes posible.
Caminaron el recorrido del pasillo riéndose y diciendo puras idioteces, una primera experiencia divertida para Lincoln. Llegaron al aula y entraron aparentando normalidad, cosa que lograron de manera efectiva, ya que el profesor se había creído todo lo dicho por los chicos.
Se fueron a sus asientos y se sentaron, mientras Liam y Clyde, que se sentaban juntos, los veían raros. Una vez tuvieron todo acomodado, no escucharon nada de lo que dijo su profesor, en cambio, Lincoln se puso a dibujar, mientras Chandler miraba el ventilador de techo con la vista pérdida.
En debido momento, el timbre sonó, indicando el final de la clase, y el horario de comido. Al final la clase acabó más rápido de lo normal, podría ser que las sustancias consumidas hacían que pase el tiempo más rápido. Las cosas estaban saliendo bien, su día tenía pinta de ser genial, y aún quedaba lo planeado con Maggie.
Todo indicaba que hoy va a ser un día muy laxo.
