Callejón Diagon
-Muy bien señor Crane tenemos muchas cosas que hacer –dijo Severus con voz monótona, mientras posaba su mirada en el niño –Tenemos que ir a el callejón para comprar sus útiles escolares y su uniforme escolar. –comento Severus mientras se quitaba la capa de viaje para después encogerla a un tamaño considerable y se la posaba en los hombros a Harry.
-Gracias señor –agradeció un muy desconcertado Harry, por la preocupación del adulto.
-Es mejor darnos prisa señor Crane. –dijo Severus mientras comenzaba a caminar a la parte trasera del local con Harry muy cerca de él.
-Disculpe señor pero yo no tengo dinero, y mis padres no me lo proporcionaron antes de que Hagrid me trajera aquí.
-No se preocupe por eso –dijo Severus deteniéndose en una sólida pared de ladrillos.
-Pero, ¿Cómo comprare mi material? –cuestiono tímidamente Harry.
-Como ya le dije señor Crane no se preocupe. La primera parada será Gringotts. Un paso atrás, Señor Crane
Dio tres golpes a la pared, con la punta de su varita.
El ladrillo que había tocado se estremeció, se retorció y en el medio
apareció un pequeño agujero, que se hizo cada vez más ancho. Un segundo más tarde estaban contemplando un pasaje abovedado lo bastante grande, un paso que llevaba a una calle con adoquines, que serpenteaba hasta quedar fuera de la vista.
—Bienvenido —dijo Severus— al callejón Diagon.
Sonrió ante el asombro de Harry entraron en el pasaje. Harry miró
rápidamente por encima de su hombro y vio que la pared volvía a cerrarse.
El sol brillaba iluminando numerosos calderos, en la puerta de la tienda
más cercana. «Calderos - Todos los Tamaños - Latón, Cobre, Peltre, Plata - Automáticos - Plegables», decía un rótulo que colgaba sobre ellos.
—Vas a necesitar uno —dijo Severus— pero primero vamos a conseguir el dinero.
Harry deseó tener ocho ojos más. Movía la cabeza en todas direcciones
mientras iban calle arriba, tratando de mirar todo al mismo tiempo: las tiendas, las cosas que estaban fuera y la gente haciendo compras. Una mujer regordeta negaba con la cabeza en la puerta de una droguería cuando ellos pasaron, diciendo: «Hígado de dragón a diecisiete sickles la onza, están locos...».
Un suave ulular llegaba de una tienda oscura que tenía un rótulo que
decía: «El emporio de las lechuzas. Color pardo, castaño, gris y blanco».
Varios chicos de la edad de Harry pegaban la nariz contra un escaparate lleno de escobas. «Mirad —oyó Harry que decía uno—, la nueva Nimbus 2.000, la más veloz.» Algunas tiendas vendían ropa; otras, telescopios y extraños instrumentos de plata que Harry nunca había visto.
Escaparates repletos de bazos de murciélagos y ojos de anguilas, tambaleantes montones de libros de encantamientos, plumas y rollos de pergamino, frascos con pociones, globos con mapas de la luna...
—Este es Gringotts, señor Crane —dijo Severus.
Habían llegado a un edificio, blanco como la nieve, que se alzaba sobre las pequeñas tiendas. Delante de las puertas de bronce pulido, con un uniforme carmesí y dorado, había...
—Sí, eso es un gnomo —dijo Severus en voz baja, mientras subían por los escalones de piedra blanca. El gnomo era una cabeza más bajo que Harry.
Tenía un rostro moreno e inteligente, una barba puntiaguda y, Harry pudo notarlo, dedos y pies muy largos. Cuando entraron los saludó. Entonces encontraron otras puertas dobles, esta vez de plata, con unas palabras grabadas encima de ellas.
Entra, desconocido, pero ten cuidado
Con lo que le espera al pecado de la codicia,
Porque aquellos que cogen, pero no se lo han ganado,
Deberán pagar en cambio mucho más,
Así que si buscas por debajo de nuestro suelo
Un tesoro que nunca fue tuyo,
Ladrón, te hemos advertido, ten cuidado
De encontrar aquí algo más que un tesoro.
Dos gnomos los hicieron pasar por las puertas plateadas y se encontraron en un amplio vestíbulo de mármol. Un centenar de gnomos estaban sentados en altos taburetes, detrás de un largo mostrador, escribiendo en grandes libros de cuentas, pesando monedas en balanzas de cobre y examinando piedras preciosas con lentes. Las puertas de salida del vestíbulo eran demasiadas para contarlas, y otros gnomos guiaban a la gente para entrar y salir. Severus y Harry
se acercaron al mostrador.
—Buenos días —dijo Severus a un gnomo desocupado—. Hemos venido a
sacar algún dinero de la caja de seguridad de la familia Prince.
—¿Tiene su llave, señor?
—La tengo por aquí —dijo Severus, metiendo su mano en el bolsillo derecho de la capa que traía Harry.
—Aquí está —dijo finalmente Severus, enseñando una pequeña llave
dorada.
El gnomo la examinó de cerca.
—Parece estar todo en orden. Voy a hacer que alguien los acompañe abajo, a las dos cámaras. ¡Griphook!
—Señor ¿Quiénes son los Prince? —preguntó Harry.
—Es mi familia—dijo Severus—. Mi nombre es Severus Snape Prince.
—Oh, pero no entiendo ¿A qué vamos a su cámara? —preguntó Harry.
—Vamos por dinero para su material señor Crane—aclaro Severus.
—Pero señor, eso no es necesario...
—No sea necio Crane ya tome una decisión, tómelo como un regalo de bienvenida al mundo mágico. —lo corto Severus.
Griphook les abrió la puerta. Harry, que había esperado más mármoles, se sorprendió. Estaban en un estrecho pasillo de piedra, iluminado con antorchas.
Se inclinaba hacia abajo y había unos raíles en el suelo. Griphook silbó y un pequeño carro llegó rápidamente por los raíles. Subieron y se pusieron en marcha.
Al principio fueron rápidamente a través de un laberinto de retorcidos
pasillos. Harry trató de recordar, izquierda, derecha, derecha, izquierda, una bifurcación, derecha, izquierda, pero era imposible. El veloz carro parecía conocer su camino, porque Griphook no lo dirigía.
A Harry le escocían los ojos de las ráfagas de aire frío, pero los mantuvo muy abiertos. En una ocasión, le pareció ver un estallido de fuego al final del pasillo y se dio la vuelta para ver si era un dragón, pero era demasiado tarde. Iban cada vez más abajo, pasando por un lago subterráneo en el que había gruesas estalactitas y estalagmitas saliendo del techo y del suelo.
—Nunca lo he sabido —gritó Harry a Severus, para hacerse oír sobre el estruendo del carro—. ¿Cuál es la diferencia entre una estalactita y una estalagmita?
—Las estalagmitas tienen una eme —dijo Severus el carro por fin se detuvo, ante la pequeña puerta de la pared del pasillo, Severus se bajó.
Griphook abrió la cerradura de la puerta. Una oleada de humo verde los
envolvió. Cuando se aclaró, Harry estaba jadeando. Dentro había montículos de monedas de oro. Montones de monedas de plata. Montañas de pequeños knuts de bronce. Y múltiples objetos que se notaban valiosos entre otras cosas.
—¿Todo esto es suyo señor? —preguntó Harry.
—Sí, ya que soy el último de la familia Prince—aclaro Severus.
Después de la veloz trayectoria, salieron parpadeando a la luz del sol, fuera de Gringotts.
—¿Todavía tienes la carta, señor Crane? —preguntó Severus
Harry sacó del bolsillo el sobre de pergamino.
—Bien —dijo Severus—. Hay una lista con todo lo que necesitas.
Harry desdobló otra hoja, que no había visto la noche anterior, y leyó:
COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA
UNIFORME
Los alumnos de primer año necesitarán:
— Tres túnicas sencillas de trabajo (negras).
— Un sombrero puntiagudo (negro) para uso diario.
— Un par de guantes protectores (piel de dragón o semejante).
— Una capa de invierno (negra, con broches plateados). (Todas las prendas de los alumnos deben llevar etiquetas con su nombre.)
LIBROS
Todos los alumnos deben tener un ejemplar de los siguientes libros:
— El libro reglamentario de hechizos (clase 1), Miranda Goshawk.
— Una historia de la magia, Bathilda Bagshot.
— Teoría mágica, Adalbert Waffling.
— Guía de transformación para principiantes, Emeric Switch.
— Mil hierbas mágicas y hongos, Phyllida Spore.
— Filtros y pociones mágicas, Arsenius Jigger.
— Animales fantásticos y dónde encontrarlos, Newt Scamander.
— Las Fuerzas Oscuras. Una guía para la autoprotección, Quentin Trimble.
RESTO DEL EQUIPO
1 varita.
1 caldero (peltre, medida 2).
1 juego de redomas de vidrio o cristal.
1 telescopio.
1 balanza de latón.
Los alumnos también pueden traer una lechuza, un gato o un sapo.
SE RECUERDA A LOS PADRES QUE A LOS DE PRIMER AÑO NO SE LES PERMITE TENER ESCOBAS PROPIAS.
Chan chan chan ¿que pasara ahora? ¿a quien va a conocer Harry con madame Malkin?
