Andén nueve y tres cuartos parte 3

Con los Potter-Riddle y los Malfoy

El primer día de septiembre trajo una mañana tersa y dorada como una manzana.

James estacionaba la camioneta negra en la cual trasladaba a su familia, era la estación de trenes en Londres. Tom ayudaba con el equipaje de Zayn, ahora que empezaba el curso.

Y mientras la pequeña familia cruzaba la ruidosa calle llena, los gases de los tubos de escape y el aliento de los peatones brillaban como telarañas. En lo alto del cargado carrito que empujaba Tom se tambaleaba una gran jaula con una lechuza que ululaba indignada. Tres niñas pelinegras iban detrás de su hermano, las gemelas aferradas al brazo de su papá James, mientras Indra caminaba al lado de su Zayn.

—Dentro de poco también ustedes irán —las consoló Tom.

—Faltan cuatro años —gimoteó una de las gemelas—. ¡Queremos ir ahora!

La gente que había en la estación lanzaba miradas de curiosidad a la lechuza que mientras la familia zigzagueaba hacia la barrera que separaba los andenes nueve y diez. La voz de Indra alcanzo a James a través del bullicio que los rodeaba; sus dos hijos reanudaban la discusión que habían iniciado en la camioneta.

—¡No señor! ¡No van a ponerme en Hufflepuff!

—¿Quieres terminar ya, Zayn? —dijo Tom. Que para colmo era la viva imagen de James, sin las gafas de su esposo.

—Sólo he dicho que podrían ponerla en Hufflepuff, cuando le toque ir —se defendió Zayn sonriendo con burla a su hermana pequeña—. ¿Qué tiene eso de malo? Es verdad que a lo mejor la ponen...

Pero Zayn detectó la severa mirada de su padre Tom y se calló. Los seis habían llegado frente a la barrera. Zayn miro a su hermana pequeña por encima del hombro, con expresión de gallito; luego tomó su carrito y echó a correr. Un instante más tarde se había esfumado.

Una vez dentro del corredor nueve y tres cuartos. A lo lejos James distinguió a sus amigos. Lucius, Remus y de la mano de Lucius la más pequeña de sus hijos Asura, escuchando un resoplido por parte de Tom, a un lado de ellos se encontraban Draco, Niall y Osiris.

—Hola, —dijo Zayn, que sonaba inmensamente aliviado.

Los trillizos, que ya vestían sus nuevas túnicas de Hogwarts, le sonrieron.

—¿Todo bien al aparcar entonces? —preguntó Remus a James.

De vuelta en la plataforma, encontraron a Indra y Asura, la menor de los Malfoy, teniendo una animada conversación sobre en qué casa serían seleccionados cuando finalmente fueran a Hogwarts.

—Si entras en Hufflepuff, te desheredaremos, —dijo Lucius— pero sin presiones.

—¡Lucuis!

Indra y Asura rieron, pero Zayn y los trillizos parecían preocupados.

—No lo dice en serio, —dijeron Remus y James, a los niños consternados, pero Lucius ya no les prestaba atención estaba metido en una interesante conversación con Tom.

Zayn y los trillizos saltaron al vagón. El tren empezó a moverse, y James y Remus caminaron junto a él, observando la cara de los cuatro niños, ya sonrojadas por la excitación. Los dos merodeadores siguieron sonriendo y saludando, incluso aunque era un poco embarazoso. Tom y Lucius al notar la mirada de tristeza de los merodeadores se acercaron a sus esposos al saber lo que vendría después, los Gryffindor llorando debido a las hormonas del embarazo y a la tristeza de ver a sus pequeños alejarse en el tren.