Harry nunca había creído que pudiera existir un chico al que detestara más que a Dudley, pero eso era antes de haber conocido a Ronald Weasley. Sin embargo, los de primer año de Gryffindor sólo compartían con los de Slytherin la clase de Pociones, así que no tenía que encontrarse mucho con él. O, al menos, así era hasta que apareció una noticia en la sala común; que los hizo protestar a todos. Las lecciones de vuelo comenzarían el jueves... y Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin aprenderían juntos.
—Perfecto —dijo en tono sombrío Harry—. Justo lo que siempre he deseado. Hacer el ridículo sobre una escoba delante de Weasley.
Deseaba aprender a volar más que ninguna otra cosa.
—No sabes aún si vas a hacer un papelón —dijo razonablemente Blaise—. De todos modos, sé que Weasley siempre habla de lo bueno que es en quidditch, pero seguro que es pura palabrería.
—Si, Blaise tiene razón Harry —hablo Draco a lo que su hermano asintió.
—Mira, si tanto te preocupa, nosotros te podemos enseñar. Podemos hablar con Zayn, Robert, Stephan y Niall —propuso Osiris al ver la consternación de su amigo—, para jugar en el campo de Quidditch, el sábado. Te podemos ayudar para que Weasley deje de molestarte en caso de que no puedas volar bien.
—Si, eso es una buena idea Osiris. Harry una de los papás de Zayn fue un excelente jugador aquí y él nos enseñó a volar a todos cuando teníamos 8 años —hablo Blaise—. Aparte el profesor Snape no nos dejaría estar solos en el campo, lo más probable es que él nos acompañe al campo, vamos a estar cuidados esa seria una razón para que Weasley no se nos acerque.
La verdad es que Weasley hablaba mucho sobre volar. Se quejaba en voz alta porque los de primer año nunca estaban en los equipos de quidditch y contaba largas y jactanciosas historias, que siempre acababan con él escapando de helicópteros pilotados por muggles.
Neville no había tenido una escoba en toda su vida, porque su abuela no se lo permitía. Harry pensó que ella había actuado correctamente, dado que Neville se las ingeniaba para tener un número extraordinario de accidentes, incluso con los dos pies en tierra.
Harry no había recibido una sola carta desde la nota de Hagrid, algo que Weasley ya había notado, por supuesto. La lechuza de Weasley siempre le llevaba de su casa paquetes con golosinas, que el muchacho abría con perversa satisfacción en la mesa.
Un lechuzón entregó a Neville un paquetito de parte de su abuela. Lo abrió excitado y les enseñó una bola de cristal, del tamaño de una gran canica, que parecía llena de humo blanco.
—¡Es una Recordadora! —explicó—. La abuela sabe que olvido cosas y esto te dice si hay algo que te has olvidado de hacer. Miren, uno la sujeta así, con fuerza, y si se vuelve roja... oh... —se puso pálido, porque la Recordadora súbitamente se tiñó de un brillo escarlata—... es que has olvidado algo...
Neville estaba tratando de recordar qué era lo que había olvidado, cuando Weasley que pasaba al lado de la mesa; le quitó la Recordadora de las manos.
Harry y Blaise saltaron de sus asientos. En realidad, deseaban tener un motivo para pelearse con Weasley, pero la profesora McGonagall y el profesor Snape, que detectaban problemas más rápido que ningún otro profesor del colegio, ya estaban allí.
—¿Qué sucede?
—Weasley me ha quitado mi Recordadora, profesora.
Con aire ceñudo, Weasley dejó rápidamente la Recordadora sobre la mesa.
—Sólo la miraba —dijo, y se alejó, seguido por Finnigan y Thomas.
Aquella tarde, a las tres y media, Harry, Blaise y los otros Slytherin bajaron corriendo los escalones delanteros, hacia el parque, para asistir a su primera clase de vuelo. Era un día claro y ventoso. La hierba se agitaba bajo sus pies mientras marchaban por el terreno inclinado en dirección a un prado que estaba al otro lado del bosque prohibido, cuyos árboles se agitaban tenebrosamente en la distancia.
Los Ravenclaw ya estaban allí, y también las escobas, cuidadosamente alineadas en el suelo. Harry había oído a Fred y a George Weasley quejarse de las escobas del colegio, diciendo que algunas comenzaban a vibrar si uno volaba muy alto, o que siempre volaban ligeramente torcidas hacia la izquierda. Entonces llegó la profesora, la señora Hooch. Era baja, de pelo canoso y ojos amarillos como los de un halcón.
—Bueno ¿qué están esperando? —bramó—. Cada uno al lado de una escoba. Vamos, rápido.
Harry miró su escoba. Era vieja y algunas de las ramitas de paja sobresalían formando ángulos extraños.
—Extiendan la mano derecha sobre la escoba —les indicó la señora Hooch— y digan «arriba».
—¡ARRIBA! —gritaron todos.
La escoba de Harry saltó de inmediato en sus manos, pero fue uno de los pocos que lo consiguió. La de Hermione Granger no hizo más que rodar por el suelo y la de Neville no se movió en absoluto. «A lo mejor las escobas saben, como los caballos, cuándo tienes miedo», pensó Harry, y había un temblor en la voz de Neville que indicaba, demasiado claramente, que deseaba mantener sus pies en la tierra.
Luego, la señora Hooch les enseñó cómo montarse en la escoba, sin deslizarse hasta la punta, y recorrió la fila, corrigiéndoles la forma de sujetarla. Harry y Blaise se alegraron muchísimo cuando la profesora dijo a Weasley que lo había estado haciendo mal durante todos esos años.
—Ahora, cuando haga sonar mi silbato, darán una fuerte patada —dijo la señora Hooch—. Mantengan las escobas firmes, elevence un metro o dos y luego bajen inclinándoos suavemente. Preparados... tres... dos...
Pero Neville, nervioso y temeroso de quedarse en tierra, dio la patada antes de que sonara el silbato.
—¡Vuelve, muchacho! —gritó, pero Neville subía en línea recta, como el corcho de una botella... Cuatro metros... seis metros... Harry le vio la cara pálida y asustada, mirando hacia el terreno que se alejaba, lo vio jadear; deslizarse hacia un lado de la escoba y..
BUM... Un ruido horrible y Neville quedó tirado en la hierba. Su escoba seguía subiendo, cada vez más alto, hasta que comenzó a torcer hacia el bosque prohibido y desapareció de la vista. La señora Hooch se inclinó sobre Neville, con el rostro tan blanco como el del chico.
—La muñeca fracturada —la oyó murmurar Harry—. Vamos, muchacho... Está bien... A levantarse.
Se volvió hacia el resto de la clase.
—No debén moverse mientras llevo a este chico a la enfermería. Dejen las escobas donde están o estarán fuera de Hogwarts más rápido de lo que tarden en decir quidditch. Vamos, hijo.
Neville, con la cara surcada de lágrimas y agarrándose la muñeca, cojeaba al lado de la señora Hooch, que lo sostenía. Casi antes de que pudieran marcharse, Weasley ya se estaba riendo a carcajadas.
—¿Vieron la cara de ese gran zoquete? Pobrecito tejón.
Algunos Gryffindor le hicieron coro.
—¡Cierra la boca, Weasley! —dijo Pansy Parkinson en tono cortante.
—Oh, ¿estás enamorada de Longbottom? —dijo Parvati Patil, una chica de Gryffindor.
—¡Miren! —dijo Weasley, agachándose y recogiendo algo de la hierba—. Es esa cosa estúpida que le mandó la abuela a Longbottom.
La Recordadora brillaba al sol cuando la cogió.
—Trae eso aquí, Weasley —dijo Potter-Riddle con calma. Todos dejaron de hablar para observarlos.
Weasley sonrió con malignidad.
—Creo que voy a dejarla en algún sitio para que Longbottom la busque... ¿Qué les parece... en la copa de un árbol?
—¡Tráela aquí! —rugió Harry apoyando a Zayn, pero Weasley había subido a su escoba y se alejaba de ambos chicos. No había mentido, sabía volar. Desde las ramas más altas de un roble lo llamó:
—¡Ven a buscarla, Crane! ¡Oh tú Potter-Riddle!
Harry agarro su escoba y Zayn lo imitó.
—¡No! —gritó Hermione Granger—. La señora Hooch dijo que no nos moviéramos. Nos van a meter en un lío.
—Zayn, Mione tiene razón se van a meter en problemas con la señora Hooch —dijo Stefan parándose a un lado de Granger.
—Si, Zayn te vas a meter en muchos problemas y tu igual Crane, algún profesor los puede ver y les irá mucho peor —argumentó Robert parado al otro lado de Mione.
—Zayn no es buena idea, los tíos James y Tom se van a molestar y te van a castigar —dijo Draco, secundado por sus hermanos asintiendo.
—No puedo dejar que Weasley se salga con la suya —finalizo Zayn siguiendo a Crane. Se montó en su escoba, pegó una fuerte patada y subió.
El aire agitaba su cabello y su túnica, silbando tras Harry y, en un relámpago de feroz alegría, se dio cuenta de que había descubierto algo que podía hacer sin que se lo enseñaran. Era fácil, era maravilloso. Empujó su escoba un poquito más, para volar más alto, y oyó los gritos y gemidos de las chicas que lo miraban desde abajo, y una exclamación admirada de Blaise. Dirigió su escoba para enfrentarse a Weasley en el aire. Éste lo miró asombrado. Y se sintió un poco intimidado al ver a Zayn llegar junto a Crane.
—¡Déjala —gritó Harry— o te bajaré de esa escoba!
—Ah, ¿sí? —dijo Weasley, tratando de burlarse, pero con tono preocupado.
Harry sabía, de alguna manera, lo que tenía que hacer. Se inclinó hacia delante, cogió la escoba con las dos manos y se lanzó sobre Weasley como una jabalina. Weasley pudo apartarse justo a tiempo, Harry dio la vuelta y mantuvo firme la escoba. Abajo, algunos aplaudían.
Zayn imito su movimiento, pero Weasley lo esquivo igual.
—Aquí no están Finnigan y Thomas para salvarte, Weasley —exclamó Zayn.
Parecía que Weasley también lo había pensado.
—¡Atrápenla si pueden, entonces! —gritó. Giró la bola de cristal hacia arriba y bajó a tierra con su escoba.
Zayn y Harry vieron, en cámara lenta que la bola se elevaba en el aire y luego comenzaba a caer. Ambos se inclinaron hacia delante y apuntaron el mango de sus escobas hacia abajo. Al momento siguiente, estaban ganando velocidad en la caída, persiguiendo a la bola, con el viento silbando en sus orejas mezclándose con los gritos de los que miraban como ambos estaban por estrellarse contra el césped. Zayn y Harry extendieron la mano y, a unos metros del suelo, Harry atrapó la Recordadora, justo a tiempo para que ambos enderezaran su escoba y descendieran suavemente sobre la hierba, con la Recordadora a salvo.
—¡HARRY CRANE! ¡ZAYN POTTER-RIDDLE!
Sus corazones latieron más rápido que nunca. La profesora McGonagall corría hacia ellos. Se pusieron de pie, temblando.
—Nunca... en todo mis años en Hogwarts...
La profesora McGonagall estaba casi muda de la impresión, y sus gafas centelleaban de furia.
—¿Cómo se han atrevido...? Se pudieron romperte el cuello...
—No fue culpa de ellos, profesora...
—Silencio, señor Black.
—Pero Weasley..
—Ya es suficiente, Zabini. Potter-Riddle y Crane, vengan conmigo.
En aquel momento, Harry y Zayn pudieron ver el aire triunfal de Weasley, Finnigan y Thomas, mientras andaban inseguros tras la profesora McGonagall, de vuelta al castillo. Los iban a expulsar; los sabían. Querían decir algo para defenderse, pero ninguno podía controlar su voz. La profesora McGonagall andaba muy rápido, sin siquiera mirarlos. Tenían que correr para alcanzarla. No habían durado ni dos semanas. En diez minutos estarían haciendo su maleta. ¿Qué dirían los Crane cuando lo vieran llegar a la puerta de su casa? era lo único que estaba en la mente de Harry. En la de Zayn solo estaba la pregunta de ¿Quién de sus dos padres lo reprendería más duro? y si sus tíos Lucius y Remus lo dejarían vivir con ellos, en caso de que sus padres lo corrieran de la casa. Subieron por los peldaños delanteros y después por la escalera de mármol.
La profesora McGonagall seguía sin hablar. Abría puertas y andaba por los pasillos, con Harry y Zayn corriendo tristemente tras ella. Tal vez los llevaba ante Dumbledore. La profesora McGonagall se detuvo ante un aula. Abrió la puerta y asomó la cabeza.
—Discúlpeme, profesor Flitwick. ¿Puedo llevarme a Wood un momento?
«¿Wood? —pensó Harry aterrado—. ¿Wood sería el encargado de aplicar los castigos físicos?»
Pero Wood era sólo un muchacho corpulento de quinto año, que salió de la clase de Flitwick con aire confundido.
—Siganme los tres —dijo la profesora McGonagall. Avanzaron por el pasillo, Wood mirando a Harry y Zayn con curiosidad.
—Aquí.
La profesora McGonagall señaló un aula en la que sólo estaba Peeves, ocupado en escribir groserías en la pizarra.
—¡Fuera, Peeves! —dijo con ira la profesora. Peeves tiró la tiza en un cubo y se marchó maldiciendo. La profesora McGonagall cerró la puerta y se volvió para encararse con los muchachos.
—Zayn, éste es Oliver Wood. Wood, te he encontrado un buscador.
La expresión de intriga de Wood se convirtió en deleite.
—¿Está segura, profesora?
—Totalmente —dijo la profesora con vigor—. Este chico tiene un talento natural. Nunca vi nada parecido. Ahora necesito que me esperen un momento en lo que consigo que el profesor Snape venga.
Harry y Zayn estaban aterrados por diferentes motivos, Harry por lo que su jefe de casa le haría y Zayn porque sabia que Severus le diría a sus padres inmediatamente la locura que había hecho. La profesora McGonagall no tardo en regresar, justo detrás de ella venia el oscuro profesor, al verlos Snape enarco una ceja, pensando que Harry y Zayn estaban en problemas. De Zayn no le sorprendía, pero de Crane era sorprendente, el niño no había tenido problemas desde que ingresó, dudaba que Zayn lo hubiera atacado, algo raro había pasado y al parecer ambos estaban en problemas por igual. Lo que no entendía era la presencia de Wood.
—Severus, nos he encontrado buscadores.
—¿De que hablas? —cuestiono el estoico profesor mirando a su colega como si se hubiera vuelto loca.
—Hablo de que el señor Crane tiene las aptitudes necesarias para ser buscador.
—¿Ésta ha sido tu primera vez con la escoba, Crane?
Harry asintió con la cabeza en silencio. No tenía una explicación para lo que estaba sucediendo, pero le parecía que no lo iban a expulsar y comenzaba a sentirse más seguro.
—El señor Crane atrapó esa cosa con la mano, después de un vuelo en picada de quince metros —explicó la profesora a Snape señalando la recordadora aun en la mano de Harry—. Ni un rasguño. Charlie Weasley no lo habría hecho mejor. Diria que están a la altura de James Potter. Ambos son excelentes para el puesto.
Snape parecía pensar que todos sus sueños se habían hecho realidad.
—¿Alguna vez has visto un partido de quidditch, Crane? —preguntó Snape sabiendo la respuesta, Harry negó nuevamente.
—Y ambos tienen el cuerpo indicado para ser buscador —dijo Wood, paseando alrededor de Harry y Zayn, y observándolos con atención—. Ligero, veloz.
—Hablaré con el profesor Dumbledore para ver si podemos suspender la regla del primer año. Los cielos saben que ambas casas necesitan un equipo mejor que el del año pasado.
La profesora McGonagall observó con severidad a Harry y Zayn, por encima de sus gafas.
—Quiero oír que se entrenan mucho, o cambiaré de idea sobre su castigo.
Luego, súbitamente, sonrió.
—Tu padre estará muy orgulloso —dijo mirando a Zayn—. Era un excelente jugador de quidditch.
UNAS HORAS DESPUÉS
Era la hora de la cena. Harry había terminado de contarle a Blaise y los demás, todo lo sucedido cuando dejó el parque con la profesora McGonagall junto a Zayn. Blaise tenía un trozo de carne y pastel de riñón en el tenedor; pero se olvidó de llevárselo a la boca.
—¿Buscador? —dijo—. Pero los de primer año nunca... Ambos serían los jugadores más jóvenes en...
—Un siglo —terminó Harry, metiéndose un trozo de pastel en la boca. Tenía muchísima hambre después de toda la excitación de la tarde—. Zayn me lo dijo.
Blaise estaba tan sorprendido e impresionado que se quedó mirándolo boquiabierto. los demás no estaban tan alejados de la misma expresión
—Tengo que empezar a entrenarme la semana que viene —dijo Harry—. Pero no se lo digas a nadie, el profesor Snape quiere mantenerlo en secreto. Solo lo sabremos nosotros —dijo Harry mirando a Blaise, Osiris, Stefan y Draco, los niños asintieron.
EN LA MESA DE GRYFFINDOR
Fred y George Weasley aparecieron en el comedor; vieron a Zayn y se acercaron rápidamente.
—Bien hecho —dijo George en voz baja—. Wood nos lo contó. Nosotros también estamos en el equipo. Somos golpeadores.
—Te lo aseguro, vamos a ganar la copa de quidditch este curso —dijo Fred—. No la ganamos desde que Charlie se fue, pero el equipo de este año será muy bueno. Tienes que hacerlo bien, Zayn. Wood casi saltaba cuando nos lo contó.
—Bueno, tenemos que irnos. Lee Jordan cree que ha descubierto un nuevo pasadizo secreto, fuera del colegio.
—Seguro que es el que hay detrás de la estatua de Gregory Smarmy, que nosotros encontramos en nuestra primera semana.
