La semana pasó como un frenesí expectante. No sabía en qué momento un feroz asesino podía convocar a mi mejor amigo para iniciar una masacre.
Parte de su iniciación consistía en cazar como manada y devorar carne fresca. Intentamos hacerlo por nosotros mismos, pero no resultó bien. Luego de verlo destrozar un conejo y corretearme por medio bosque exigiendo más, concluimos que no podía ser su guía espiritual en su camino a la iluminación sobrenatural.
Producto de esa tarde realmente desagradable, comencé a considerar llamar a alguien para que lo ayudara con sus problemas peludos. Lo discutimos y él estuvo de acuerdo, el problema era que no sabíamos a quién acudir. Después de todo, el vínculo entre un alfa y su beta no podía suplirlo cualquiera. Sin duda, se trataba de una relación sumamente toxica y retorcida.
Tal parece, no cualquier hombre lobo podía convertirte. Debías ser mordido por un alfa, un lobo más violento y fuerte que cualquier otro y una vez transformado deberías tu lealtad absoluta a él. Así que no conforme con pegarte la rabia, se encargaba de lavaba el cerebro hasta que fueras su fiel ayudante. Y aunque ciertamente estaba aterrado haciendo hasta lo imposible por impedirlo, tenía que admitir que Scott no era el único hombre lobo rondando por mi cabeza.
Misterios envueltos en cuero y sensualidad mortal se paseaban por mis fantasías ante el menor descuido. Un momento estaba asegurándome que Scott no atacara a ningún estudiante y al siguiente me perdería en el recuerdo de voces grabes y profundas rozando mi oído, sedosos cabellos negros y miradas magnéticas. Era innegable la fuerte impresión que me habían dejado. Ciertamente los Hale's eran personas difíciles de ignorar, pero a mí, me estaba costando más que a la mayoría. Y mi situación tampoco era de ayuda.
Todo inició la mañana del jueves. Mi padre comenzó a sospechar luego de la tercera "pijamada" en la casa de Scott. La tapadera había funcionado hasta que Melissa se negó a recibirnos alegando que "no podíamos seguir pasando más noches sin dormir". ¿Cómo fue que la enfermera supo acerca de mi técnica secreta para el insomnio? Nunca lo sabríamos. Obviamente nada tenían que ver los tres packs de bebidas energizantes y video juegos que dejamos regados la noche anterior. Probablemente sus instintos maternales fueran la clave de su clarividencia. Ya saben, esa habilidad que toda madre posee, esa que le permite reconocer una travesura o a un niño enfermo con solo una mirada.
Así que cuando opté por el plan B y le pedí permiso a mi padre para invitar a Scott a dormir, no me esperé su negativa. "Si Melissa no nos recibía en su casa era porque algo habíamos hecho", fue su única explicación. No importó cuanto argumentara sobre un simple cambio de ambiente para mantener las cosas interesantes, o un intento por no incomodar a Melissa en su regreso del turno nocturno. Debí suponer que mi padre desconfiaría cuando súbitamente mencionara ese maldito tabú.
El traer gente a la casa, se había tornado una negación silenciosa. Yo no invitaba a mis amigos, cuando mucho, los recibía en la sala mientras esperaban que terminara de alistarme para salir juntos de aseo. En mi casa, no existían las parrilladas con vecinos, ni las pijamadas con amigos o las tardes de juegos. Al principio, se debía a la delicada salud de mi madre, después fue debido a la adicción de mi padre, y a día de hoy se mantenía como una insana costumbre. Probablemente fuera debido a la vergüenza que representaba ver a la imagen de la rectitud ahogándose en una botella; o talvez, al miedo que inspiraban los gritos histéricos de una mujer desquiciada; y solo quizás, a la vulnerabilidad que implicaría permitir que alguien viera a semejante testigo. Solo es una casa, dirían algunos, y ellos tendrían razón. A simple vista eran solo un par de pisos, tres habitaciones y muchos metros cuadrados sin mucho para decir. Pero si mirabas atentamente, si te quedabas un segundo en silencio y le permitías hablar, te percatarías de la mohosa soledad corroyendo cada rincón de esa deprimente casa. Lo asfixiante y viciado que se volvía el aire entre esas paredes. Toda ella parecía sepultada bajo la óbita vibra de sus habitantes, tan muertos por dentro como las plantas en el jardín.
– Creí que era hora de invitar a alguien a casa. Pensé que ya estábamos listos, pero si crees que no es buen momento, le diré que no venga. – Me iría al infierno por jugar con una fibra tan sensible, pero era necesario. Mi culpa, por más pesada que fuera, no valía la vida de personas inocentes.
– Bien jugado, mocoso. – Su semblante era duro y sus hombros estaban rígidos cuando lo dijo. – Puedes invitar a Scott a dormir, pero recién el viernes. No quiero que el colegio vuelva a llamarme porque volviste a destrozar el laboratorio por andar de sonámbulo. – En ocasiones como esas comprendía de dónde había sacado mi retorcida astucia.
Apenas estaba comenzando a replicar, cuando fui despedido y enviado a la escuela. ¿Qué caso tenía poder pensar en mil argumentos en un segundo sino me permitían siquiera apelar? Resignado, me pasé la mañana murmurando enfurruñando sobre las mejores formas de huir temporalmente de casa y en posibles lugares donde poder atar a mi mejor amigo. Todo este asunto estaba volviendo realmente extraña nuestra relación.
Finalmente llegué a la conclusión que no teníamos otra opción, debía encadenar a Scott al radiador de su habitación y rezar para que no se escapara. Necesitábamos algo realmente grueso y largo para mantenerlo ocupado toda la noche. Pensé en los Hale's, y lo fácil que sería para ellos someterlo, y nuevamente me estaba desviando del tema.
Tuve que robar las cadenas del armario de deportes. Aprovechando el entrenamiento, me escabullí para tomarlas. Pero cuando me dirigía a la salida de los vestuarios las voces de Jackson y Danny me paralizaron. "Tranquilo, Stiles, solo tienes que disimular", era lo que me repetía mientras corría de un lado a otro entre las taquillas. No me enorgullece decir que el pánico se apoderó de mí y terminé guardando la enorme cadena en el compartimento más cercano y trepando a una de las vigas del techo. Justo terminaba de balancearme y aterrizar en la parte más alejada, cuando los dos jugadores y el entrenador atravesaron la puerta.
– … entiendo lo que dices Whittemore, a mí también me resultan extrañas las nuevas habilidades de McCall, pero no hay nada que hacer. Mientras no sean drogas, no me interesa si lo mordió un unicornio rabioso o lo meo un duende. Es un buen jugador y estará en mi alineación para el próximo partido. – Mientras el rubio comenzaba a replicar, el entrenador lo acallo con un pitido de su silbato. – No quiero volver a hablar sobre esto. Ahora dejen de perseguirme como malditos acosadores y déjenme ir a cagar en paz, o los mandaré a correr hasta que no sientan sus rodillas.
La conversación llega a su fin cuando el sonido metálico de una llave resuena estruendosamente en el silencioso recinto. Mi copia de la bodega, se resbaló de mi bolsillo en el peor momento posible. Poniendo a todos en la habitación en alerta máxima. Finstock hace señas para que se callen y se acerca sigilosamente en dirección al sonido.
El pánico corre por mi estómago al ritmo acelerado de mi corazón al comprobar que solo hacen falta levantar la cabeza y estrechar los ojos para verme ridículamente trepado sobre sus cabezas. Fui estúpido, al subirme aquí. Si me hubiera mantenido abajo podría haber soltado una tonta escusa y el asunto quedaría olvidado, pero cómo explicaría esto. Mierda, estaba jodido.
Cuando creí estar a punto de ser atrapado y etiquetado como un acosador pervertido, el estruendoso sonido metálico de cadenas cayendo como cascada me salvó. Al parecer, en mi afán por huir, había dejado la taquilla mal cerrada y ahora la cadena caía interminable, habiendo aún más absurda la escena. Danny se aferraba firmemente al brazo de Jackson y Finstock había saltado casi medio metro a causa de la sorpresa, lo que para su edad era sinceramente admirable. El miedo y la tensión inicial fueron reemplazados por un desconcierto tangible.
– ¿Qué diablos? – Fue Jackson el primero en reaccionar. – ¿Esa es la taquilla de McCall? – La incredulidad y el horror mesclado con incomodidad se apoderaron de su expresión.
– Parece que la nueva estrella del equipo no solo es ruda en el campo. – Danny levanta las manos a modo de disculpa cuando todos se voltean a verlo. – Yo solo decía.
– Diablos, amigo. No quería esa información. – Las mejillas de Jackson parecían a punto de estallar de tanto bochorno.
– Y yo tampoco. – Repuso secamente el entrenador. – A esto me refería cuando decía que realmente no quería saber sobre sus pasatiempos. Vuelvan al campo y díganle a nuestro chico rudo que no traiga sus juguetes a la cancha de nuevo. También díganle que, como castigo, haga cincuenta flexiones y, sino las termina para cuando vuelva, tendrá que hacer la "Rutina especial de Gramber". – De solo oír su nombre, ambos jugadores se estremecieron. Era un castigo inhumano que te dejaba con el cuerpo entumecido durante días. Solo la aplicaban cuando el entrenador estaba realmente furioso y dejaba salir su sadismo. El pobre Gramber era quien la había estrenado y quien más veces la había completado. Está de más decir que todos lo respetábamos por eso.
A pesar de mi corto tiempo en el equipo, mi falta de filtro al hablar me había condenado a hacerla al menos dos veces a la semana. Como resultado, tenías a un Stiles completamente destrozado en menos de un mes, pero con un nuevo amigo. Siempre que tenía que cumplir la infernal rutina, Gramber era asignado para ayudarme con ella.
Al principio, temía que él me odiara por ello, pero el chico no parecía resentido en lo absoluto. Era un joven risueño y tranquilo. Siempre llevar una sonrisa traviesa, como si todo le recordara un antiguo chiste, y se mantenía al margen de todos, al grado en que parecía no tener amigos. Para ser precisos, no hablaba con nadie y nadie hablaba con él, era como si ni siquiera estuviera ahí para empezar. El único recordatorio de que realmente estabas en la misma habitación que él, eran los constantes retos y bromas que el profesor Finstock le dedicaba. El hombre parecía obsesionado con desquitar su descontento con él. Pero incluso eso, le hacía gracia al encantador deportista. Ojalá su extraño sentido del humor fuera lo más desconcertante sobre él. Si bien Matthew era un enigma en sí mismo, también era un amor de persona y un gran compañero. No me permitía abandonar la rutina a medias, pero nunca me abandonó mientras la hacía y siempre me animaba a terminarla. Poseía una sonrisa brillante que casi nunca mostraba, pero que, si tenías la suerte de verla, te dejaría completamente encandilado. Su lacia cabellera rubia, que continuamente llevaba atada en una coleta para evitar que rozara sus hombros, lo hacía lucir relajado y genial. Era sorprendente que todavía no tuviera un club de fans siguiéndolo por todo el instituto. Un día de estos le abriría uno, solo para presumir lo encantador que es mi amigo.
–Recoge eso Gramber y deja de estar paspando moscas. – Nadie había notado a Matthew apoyado contra el umbral, hasta que este soltó una risita y se apresuró a meter la condenada cadena en el casillero.– ¿Qué esperan ustedes dos, una invitación? Saquen sus traseros de aquí de una vez. Y espero que la próxima, si tienen un problema, no me cuenten nada al respecto. No soy un jodido consejero escolar. – Señaló a Matthy y agrego.– Asegúrate de que McCall realice la rutina completa, que para flojos ya te tenemos a ti. – Los jóvenes salieron inmediatamente y el entrenador se adentró en su oficina murmurando sobre lo arrepentido que estaba de haber aceptado este trabajo lleno de adolescentes idiotas.
Cuando estuve seguro de que no había moros en la costa, bajé silenciosamente de mi escondite y salí de allí. Después le diría a Scott que recogiera el paquete.
Pesé el resto de la tarde en casa de Scott, quien no paró de recriminarme por el absurdo apodo con el que lo molestaban los otros jugadores. Al parecer, todos en el equipo habían escuchado sobre los extraños juguetes que guardaba mi rudo amigo en su taquilla, cortesía de Jackson, obviamente. Según había logrado escuchar con su súper sentido, los rumores estaban escalando a extremos cada vez más ridículos. "Desde orejitas de conejo hasta una fusta de equitación, no había nada Scott McCall no hubiera probado ya", no pude evitar reír hasta que me ardieron los pulmones, al oírlo decir aquello.
–Oye, no es gracioso. ¿Y sí Allison lo oye? No quiero que crea que soy un pervertido o algo así. – Lucia tan horrorizado que me hacía aún más difícil contener las carcajadas. – Eres un traidor. ¿Por qué tuviste que poner esa cosa en mi taquilla? ¿Por qué no la pusiste en la de Jackson o Danny o cualquier otro? Ahora toda la escuela creerá que gusta ser atado por las noches. – Se lamentaba con la cara entre las manos.
–Y no están del todo equivocados. – Soltó un grito indignado y me fulminó con la mirada.– Vamos a atarte después de todo. Y quién sabe, puede que le agarres el gusto. – Incluso, cuando tuve que esquivar un almohadón, no pude acallar mis risas.– No pasa nada Scott, todos sabemos que eres un vainilla. No te preocupes, los chicos solo lo dicen para molestarte.
–¿Lo dices en serio? – Su enojo se esfumaba rápidamente como el de un niño pequeño. Así que asentí suavemente con tal de que terminara con su berrinche. – Está bien, terminemos con esto. Átame de una vez. – Me mordí la lengua con tal de no burlarme por su resolución y comprobé la hora. Faltaban solo veinte minutos para mi toque de queda.
–Si eso quieres. Ahora se un buen chico y quédate quieto. – Para cuando terminé, Scott estaba firmemente agarrado al radiador de su cuarto, tenía una mullida frazada a modo de colchón y estaba rodeado por bocadillos y botellas de agua. Mis intentos por darle comodidad habían dado sus frutos. – Lamento dejarte así, cuando las cosas comienzan a ponerse interesantes, pero tengo a mi cita esperando. – Le guiño el ojo y comienzo a recoger mis cosas.– Mi padre debe estar a punto de llegar, así que me tengo que ir. Cuando termine la cena te llamaré y más te vale que contestes. – Él asiente y nos despedimos con un gesto de mano. – Cuídate. – Es todo lo que digo antes de volver a casa.
Al llegar, mi padre me recibió con sobras recalentadas y una charla amena sobre su día en la oficina. Eso también era parte de la nueva rutina. Comer juntos, charlar sobre nuestro día y pretender que los últimos siete años no habían ocurrido. Nadie hablaba sobre la súbita desaparición de todo el alcohol de la alacena, la habitación inmaculada en el piso de arriba o la extraña atmosfera que ha estado envolviendo al pueblo estos días. A favor de conservar las apariencias guardamos silencio y hacemos la vista gorda. Solo somos un padre y su hijo cenando tranquilamente. Estoy tan metido en mi papel que, por un momento, llego a creérmelo.
–Perece que mi descanso ya terminó. – El pitido de una llamada en curso me saca de mi epifanía.– Volveré en un par de horas, así que será mejor que estés dormido para cuando regrese. – Nuevamente veo a mi padre desaparecer bajo la piel del aclamado sheriff de Beacon Hills. Su mirada luce incomoda al ser aplastada por la culpa de abandonarme una vez más, como si yo no estuviera ya acostumbrado a esto.
Noches solitarias en una casa vacía, asechada de vez en cuando por el fantasma de un padre que lleva años desaparecido; esa es la verdadera rutina de la familia Stilinski.
–No te preocupes por mí, es tu trabajo después de todo. – "Y un millón de excusas después de eso" me replica mi mente. Él se va y la casa vuelve a ser la misma de siempre.
Enciendo música a todo volumen con tal de ahuyentar los recuerdos deprimentes y me dispongo a ordenar la cocina con tal de mantener mi mente ocupada. Con las manos entumecidas de tanto lavar y sin más cosas para fregar, subo para videollamar a Scott.
Me obligo a respirar profundamente y sonreír ampliamente cuando el tercer pitido se interrumpe y oigo la voz de Scott al otro lado de la pantalla.
–Hasta que al fin llamas. Comencé a pensar que te habían secuestrado o algo así. ¿Y si el alfa se metió a tu casa? ¿Cómo le explicaría al sheriff que su único hijo fue secuestrado por un hombre lobo? – Mi corazón se detuvo al estrellarse con semejante posibilidad.
–Que ni se te ocurra. No importa lo que pase, tienes que prometer que no meterás a mi padre en esto. Prométeme que no le dirás ni una palabra. Un ladrón armado no se compara con un alfa homicida. No hace falta que lo involucremos en algo tan peligroso. – Mi voz y mi semblante eran sumamente duros.
–Lo juro, Stiles. No te preocupes, no le diré nada a tu padre y tú, a cambio, no le digas nada a mi madre. Son humanos y podría ser peligroso para ellos todo este mambo sobrenatural. – Me contuve de decirle que el peligro es aún mayor cuanto menos sabes de él y solo me limité a asentir.
–¿Y cómo estás, chico rudo? ¿Te diviertes con tu nuevo juguete? – Lo oigo resoplar.
–Ja-ja, muy gracioso. Y la respuesta es no. Estoy incomodo, me duele el trasero por estar tanto tiempo en la misma posición y ya me comí todos mis bocadillos. – Su ridículo puchero me roba una sonrisa.
– Lo tendré en cuenta para nuestro próximo encuentro. ¿Entonces está todo bien por ahí?
–Sí, mamá ya se fue a trabajar, así que estoy algo aburrido. Estaba pensando que podríamos… – Un grito exaltado interrumpió sus palabras y pone mis nervios de puntas.
–¿Qué pasa? ¿Qué ocurre? Scott, por favor dime qué rayos está pasando. – No podía ver su cara, pues casi se lleva el monitor consigo cuando saltó de la silla.
–Mi teléfono, me están llamando…
–No te estoy entendiendo nada. ¿De quién hablas? ¿Qué viste?
–Allison, ella está llamándome. – Lucia como un niño emocionado por la mañana de navidad.
– Estúpido perro, casi me dé un paro cardiaco. ¿Y bien, no vas a contestarle pequeño Romeo? Tu Julieta está esperándote.
–Sí, cierto. Emm… tengo que colgar, te hablo después. – Ni siquiera me dejo despedirme antes de dar por finalizada la llamada y dejarme hablando con una pantalla apagada, el muy carbón.
Al final, la falta de movimiento terminó haciendo vagar mis pensamientos en una obvia dirección. La familia Hale, más específicamente, Derek y Peter. No importaba cuanto luchara por meditar sobre la ubicación del alfa y su identidad, o Talía y su misteriosa charla del otro día; todos los caminos de mi mente me llevaban hasta esos dos. Voces profundas, cuerpos esculpidos, una sonrisa sarcástica, un ceño fruncido y una mirada azulada, como cielo en plena tormenta, y otra verde, como una botella de absenta, se apoderaron de mis recuerdos. Sin duda eran tan bellos que no me molestaría arrodillarme frente a ellos y adorarlos con mi boca en profundidad. Peter probaría mi devoción hasta que mis ruegos sean oídos por todo el cielo y Derek me sometería a su voluntad hasta volverme su fiel religioso. Sin dudarlo, harían un desastre de este pobre mortal.
La presión en mis pantalones de pijama crece, apremiante, ante la idea. Al punto donde una suave caricia experimental me hace jadear de anticipación. Normalmente no haría esto, iría a Geheim y buscaría un lindo chico dispuesto a divertirse conmigo, pero algo me dice que esta vez no sería suficiente. Cuando se trata de ellos, nada es suficiente. Cada pequeño encuentro me mantiene ansioso y desesperado por sentirlos más cerca. Es ridículo, no importa cuánto me recuerde que son demasiado apuestos para estar perdiendo el tiempo con un chiquillo como yo, que más que familia son manada y que, sobre todas las cosas, son hombres lobo de quien estamos hablando. No es correcto sentirse tan afectado por unos míseros monstruos. Mi familia estaría tan decepcionada de mí si lo supieran. Ellos no me entrenaron para esto.
A decir verdad, tampoco me enseñaron qué hacer cuando tu mejor amigo es mordido por un hombre lobo, pero los conocía lo suficiente para saber qué dirían. Me pedirían que lo matara o que nunca volviera a involucrarme con él, así que todos ellos podían irse al infierno. No mataría a Scott y tampoco lo abandonaría, y menos por personas que no eran capaces de confiar en mí. Una madre que acusa a su propio hijo de ser el monstruo que intenta matarla, un padre que teme a ese monstruo y al alcance de sus pútridas garras, un mentor que me acusó de destruir todo cuanto toco y hermanos que me abandonaron dejándome atrás. Ellos eran mi familia, pero no por eso tenían que actuar de la misma manera.
Me despierto pasada la media noche cuando un aullido repta desde las profundidades del bosque erizándome la piel. El alfa ha regresado. Me apresuro a llamar a Scott y rezo porque me conteste.
–Hola, soy Scott. No puedo contestar ahora, pero deja un mensaje después del tono y te llamaré en cuanto pueda. – El insoportable pitido de la contestadora me aturde por un instante. Me siento mareado cuando las náuseas amenazan con llegar.
– Hermano, soy Stiles. ¿Oíste eso? Por favor dime que sigues en casa. Háblame en cuanto escuches esto, necesito saber si estás bien. – Llamo un par de veces más antes de tomar una chaqueta y saltar por la ventana.
Es cuestión de segundos para encontrarme trepando nuevamente hacia el cuarto de Scott. Ruego a cualquiera en el cielo para que al abrir la ventana vea al joven latino durmiendo en su cama improvisada o jugando videojuegos, demasiado inmerso en la fantasía como para contestar el celular. Pero lo único que me recibe al entrar son un montón de empaques vacíos, marcas de zarpazos agrietando el suelo y los retazos maltrechos de lo que alguna vez fue una gruesa cadena. Llamo a gritos su nombre, importándome muy poco si Melissa está o no en la casa, pero nadie me responde.
"Piensa Stiles, piensa. Tenemos que encontrarlo urgente", murmuro para mí mismo. La ventana estaba abierta cuando llegué, así que probablemente salió por allí. Vuelvo a bajar al jardín y comienzo a buscar señales que me indiquen a dónde se fue. La sangre en la cerca y una rama rota son todo lo que necesito para adentrarme en el bosque y caminar en dirección al aullido, pero termino perdiéndome a mitad de camino. Recorro los alrededores como un loco, pero no hay señales de él. Si es que existe alguna, nunca la encontraré sin el equipo apropiado.
No sé cuánto tiempo estuve dando vueltas en el bosque, o cuanto tardé en volver a casa. Solo sé que mientras buscaba mis gafas de visión nocturna desee tener algún tipo de poder de detección que me permitiera encontrarlas sin problemas y una idea brotó de mi cabeza. ¿Para qué rastrear un estúpido juguete, cuando podía usar un hechizo para encontrar al niño?
Recordaba haber visto en el ático un peculiar hechizo de rastreo y corrí de inmediato para hallarlo. Estaba divagando de donde sacaría los ingredientes faltantes, cuando alguien entró por mi ventana. Saqué mi Bersa 9mm del cajón y bajé a saludar al intruso. Era una pistola diseñada específicamente para brindar el mayor confort y precisión su tirador, justo lo que necesitaba para esta situación tan incierta.
Ralenticé mi pulso y contuve la respiración hasta hacerlos casi imperceptibles. Y me coloqué junto a mi puerta aguardando. Solo vasto que asomara su cabeza por la puerta para sentir el cañón contra ella.
–No te muevas. – Me sentí Medusa, con solo una mirada lo convertí en estatua. El glaciar tono de mi vos lo congeló en su sitio.– ¿Quién eres? – Mi agarre flaqueó cuando pronuncio mi nombre y reconocí casi automáticamente el tono asustado del chico frente a mí. En un instante las penumbras del pasillo tomaron la forma de mi mejor amigo.
– Amigo, casi me matas del susto. Esta noche se ha vuelto una auténtica locura. Primero me atacan unos lunáticos y ahora tú intentas volarme la cabeza. ¿Podrías guardarla de una vez? No sobreviví a esa balacera para que me disparen por accidente. – Ruedo los ojos con fastidio mientras le coloco el seguro a mi arma y la guardo en mi espalda.– Por cierto ¿Desde cuándo tienes una?
–Mi padre es el sheriff ¿Recuerdas? La tengo por protección. – Lo que técnicamente no es una mentira.– La verdadera pregunta es ¿Qué diablos te pasó? Estuve llamándote, pero no contestabas. Casi me vuelvo loco por tu culpa. ¿Sabes lo preocupado que estaba?
–Lamento no haber contestado, pero realmente no pude hacerlo. Hoy ha sido la noche más extraña de mi vida. Y sí, aún más rara que cuando irrumpimos en esa secta o cuando me mordió un maldito hombre lobo. – ¿Qué podía ser más sorprendente que un sacerdote vestido como perro siendo adorado por gente semidesnuda?– Tienes que creerme, esto fue una auténtica locura… – Sus palabras se atoran cuando intenta gesticular y un dolor inmenso atraviesa su cuerpo haciendo lo trastabillar. Es entonces cuando noto la mancha pegajosa que se extiende por su remera.
–Sígueme – Entro a la habitación y enciendo la luz, pero nada me prepara para lo que ven mis ojos. Está cubierto de barro, con la ropa hecha girones y con un trozo de madera sobresaliéndole del hobro.– Mierda, espera aquí un segundo. – Señalo la cama y entro al baño en busca de un botiquín y una botella oculta tras el espejo.– Esto va a doler, pero tendrás que aguantarte. Dale un trago y después muerde esto. – Le paso el vodka y luego un trozo de madera.– A la cuenta de tres, uno… – El ruge y sus rasgos de lobo salen a la superficie destrozando la madera entre sus dientes, cuando, sin aviso, le arranco la flecha.– ¿Ves? no fue para tanto. Vas a estar bien. Ahora respira. – Sisea cuando le echo un poco vodka en la herida y comienzo a limpiarla. Cuando termino de construir una pila de gazas ensangrentadas presiono una contra el hueco en su pecho.– Tienes suerte, la herida no es muy profunda por lo que debería estar curada en un par de horas.
–¿Qué eres, un mafioso? ¿Desde cuándo es de buena suerte que te disparen con un maldito arco?
–No seas llorica. Ahora déjame vendarte o terminaras manchando toda la casa. – Toda la mugre de haberse revolcado por el bosque se trasladó a mis sabanas.– ¿Cómo diablos hiciste para terminar así?
–La verdad es que no estoy seguro. Todo fue tan surrealista que si no tuviera un jodido agujero en el hombro no creería que siquiera ocurrió. En un momento estaba en mi habitación durmiendo y al siguiente estaba perdido en medio del bosque.
"…Me sentía desorientado, fuera de sí. Era como caminar por un limbo, demasiado inocente para saber siquiera que estabas muerto, o que pronto lo estarías. Los árboles y el follaje pasaban por mis ojos sin saber realmente a dónde me dirigía. Solo podía recordar que alguien me estaba llamando y tenía que llegar urgentemente con él.
De pronto un dolor segador me atravesó desorientándome hasta caer al piso. Fue entonces cuando reaccione. Podía oír voces no muy lejos de donde me encontraba, parecían hombres adultos, pero estaban armados hasta los dientes. Después de ese primer disparo se desató una lluvia de balas. Estaba tan aturdido por el dolor y el ruido ensordecedor de proyectiles desgarrando el viento que no me podía mover. Una bala casi me da en la cabeza, sino fuera porque alguien jaló de mí fuera del camino.
Me arrastraron hasta detrás de un árbol y me levantaron de sopetón.
– Sígueme sí quieres vivir. – Fue todo lo que Derek gruño al romper la flecha y echar a correr. Estaba asustado así que lo seguí. Él me guio lejos de los cazadores y cuando logramos poner algo de distancia entre nosotros me señaló una dirección.–Ve por ahí y no te detengas. Yo tengo que asegurarme de que no nos sigan. – Fue todo lo que dijo antes de volver por donde veníamos. No sabía qué diablos quería hacer él y no tenía intención de comprobarlo. Así que hui como un loco hasta que logré volver a la carretera…"
– …Pero no sabía qué hacer o a dónde ir así que vine aquí y tú intentaste… – Su relato se ahoga en su garganta y termina abruptamente en un ataque de tos. El sonido húmedo y viscoso de sus gorgoteos es acallado por sus manos. Cuando al fin cesa sus dedos están manchados de un líquido negruzco. Y con horror veo su semblante se torna cada vez más pálido. El rojo de sus mejillas escurre por su pecho mezclado con el mismo negro enfermizo que tiñe sus labios.
Lo recuesto un momento y me aparto de él. Tomo el encendedor del botiquín y coloco la flecha sobre él. La punta se ennegrece al mínimo contacto con la flama.
–¿Qué haces? – Su vos es solo un murmullo.
–Comencé a preguntarme; si tú estabas tan indefenso y los cazadores querían realmente matarte, ¿Por qué pondrían a un tirador inexperto a manejar un arma tan compleja como una ballesta? Sería la única forma de que el cazador no atinara ante un blanco tan fácil. Además ¿Por qué usarían una ballesta que solo dejaría una herida tan superficial? Porque talvez no intentaban matarte con esa flecha, quizás había algo más. – La delgada capa de tranquilidad en la que se oculta mi rabia comienza a resquebrajarse sumiendo a la habitación en un ambiente inquietante.
–¿Sabes? Los cazadores más sádicos utilizan flechas en lugar de balas. Dicen que así no corres el riesgo de que el disparo atraviese a tu presa. Además, al incrustarse entorpece sus movimientos y al sacarla desgarra su camino hacia el exterior. Si a eso le sumamos una toxina que poco a poco se vaya introduciendo en el torrente sanguíneo, debido al contacto prolongado, incluso si el golpe no es mortal, pronto lo será. Leí por ahí, que el wolfsbane es un veneno matalobos que al contacto con el fuego oxida el metal y libera un humo dulzón. – Sostengo la prueba en alto y lo veo estremecerse ante la terrible revelación.– Solo era una corazonada, pero ya no más. Desearía tanto haberme equivocado. – Él vuelve a toser y estremecerse incontrolablemente.
Tengo que hacer algo urgente. Si esto se trata de un veneno, debe existir un antídoto. "No todos tienen uno." Me susurra una voz burlesca al oído.
–Debe de. Que yo no lo conozca no significa que no exista. – Scott me mira desconcertado. Alguien debe de saber algo.– Los cazadores ¿Recuerdas donde estaban cuando te emboscaron? ¿Recuerdas si tenían un olor extraño, algún limpiador industrial o cualquier otro detalle? ¿Alcanzaste a escuchar algo sobre un refugio o un lugar donde esconderse? – Mi tono se eleva igual que el miedo en la cara de mi acompañante.
–No, no. No escuche ni olí nada extraño además de los disparos y la pólvora en el aire. Cuando desperté ni siquiera sabía cómo había llegado allí y tampoco por dónde regresar. Si no fuera por Derek seguiría tumbado el medio de la nada.
– Cierto, los Hale.
Ellos también son hombres lobo y ya se han enfrentado a los Argent antes. Es muy probable que sepan cómo tratar con el wolfsbane. Y ellos ya salvaron a Scott, no se negarían a hacerlo una vez más ¿o sí? Derek había llegado en el momento justo y lo había rescatado como un héroe de cuento, casi demasiado oportuno para ser casualidad. Para ser sincero ¿Cuántas probabilidades había de que un hombre lobo apareciera justo después de que el alfa huyera? ¿Y si Derek estaba allí para reunirse con el alfa igual que lo haría Scott? Tenía mis dudas sobre Talía, pero las había acallado. ¿Por qué un alfa tan meticulosa se arriesgaría mordiendo a un muchachito, aun sabiendo que los cazadores estaban en la ciudad? Ahora me daba cuenta de mi ingenuidad. ¿Qué importaba eso? Los monstruos no eran racionales para empezar.
–¿A dónde vas? – Su mano apenas es capaz de sostener mi manga. El veneno se está extendiendo.
–Tranquilo, solo iré a visitar a alguien. – Tomo mi chaqueta y mis llaves dándole la espalda.– Todo va a estar bien. Tú solo tienes que ocuparte de descansar, yo voy a encargarme de todo.
El camino en coche se vuelve borroso y solo puedo sentir la sangre hirviendo a través de todo mi cuerpo. Ellos se atrevieron a hacerle esto a Scott, jugaron con su vida y lo dejaron morir, pero me aseguraré de que paguen por eso.
Tomé el arma que tenía escondida debajo de mi asiento, una Beretta 92FS italiana, con gatillo para zurdos. Coloqué un par de dagas bajo mis mangas y mi dirk en el tobillo, con tal de sentirme más seguro. Como si la largada hoja escocesa fuera una especie de consuelo o talismán. Al salir del auto podía ver al amanecer asomándose por mi espalda y a la mansión Hale impávida frente a mí.
No era mi intención ocultar mi presencia, así que subí sin dudar los escalones de la entrada y toque a la puerta. Puede que la casa pareciera tranquila, pero yo sabía que no estaba dormida. La presencia omnisciente que custodia a esta familia nunca sería encontrada con la guardia baja.
–Quiero hablar con tu alfa. – Es lo primero que digo cuando el celador abre la puerta.
–¿Rojo, o debería decir Stiles? Es un placer verte de nuevo. Aunque, no era necesario que trajeras esto. – Ni siquiera se inmuta ante la presión del arma contra su frente.– Sabes que haré lo que tú quieras, solo tienes que pedirlo de la manera correcta. – Su sonrisa ladina es como una descarga eléctrica para mi cuerpo.– Te dejaré pasar, pero debes bajar esto primero. Admito que luces muy sexy con ella y, a la vez, tan peligroso… – Me devora con la mirada, recorriéndome de pies a cabeza. Desde mis pantalones negros rasgados, hasta mi playera apretada y la campera de cuero que la envuelve. Todo, incluyendo las manchas de sangre, solo sirven para acentuar la amenaza palpitante en mi mirada, y él luce más que complacido por eso.– …pero no puedo permitir que inicies un tiroteo. Son reglas de la casa, así que no te lo tomes personal. – Me guiña un ojo, y no puedo evitar admirar el abrumador control con el que se maneja incluso en esta situación.
Me tenso cuando levanta su mano y la dirige a su boca. Su lengua juguetona se desliza por su pulgar y luego lo extiende hasta rozar mi rostro, como si pidiera mi permiso. No retrocedo, no importa que ese mismo toque podría desgarrarme en segundos. Este no es momento para acobardarse. Al ver que no hago nada por apartarlo, él frota gentilmente la sangre en mi mejilla, casi rozando mis labios en el proceso.
Mi cuerpo vibra ante su toque y mi pecho arde en anticipación. ¿Quién es el verdadero peligro?
–Así está mejor. Pasa ¿Quieres un café? – Sin más me da la espalda y se encamina hacia el interior, dejándome sin más remedio que seguirlo. Tomo una respiración profunda y cierro la puerta al pasar. Entrar a la guarida del lobo se siente como firmar una sentencia de muerte, la pregunta es para quién.
Al llegar a la sala veo a Derek parado en medio de la habitación luciendo algo incómodo. Peter ha vuelto a su sitio en un sillón individual verde botella, la atalaya perfecta. Está ubicado en una esquina de frente al gran ventanal. Desde él, cada rincón de la habitación e incluso el camino hacia la casa están al alcance de una mirada. Es una posición estratégica, desde la que puedes vigilar a los invitados presentes y a los que están por llegar.
Sobre la mesa ratona aguardan tres humeantes tazas de café. ¿Por qué no me sorprende? Sabían que vendría, quizás incluso antes de ver mi jepp a la distancia.
–Yo, Stiles Stilinski, un humano residente en el territorio de la manada Hale; hijo de John Stilinski, sheriff de este condado, y Claudia Stilinski, ya fallecida, exijo una audiencia con su alfa.
–No crees que primero debes presentarte adecuadamente, cazador. – Mi pulso tiembla ante el título que nunca llegó a pertenecerme.– No creas que no puedo oler las balas de plata en tu cargador. – Derek parece realmente enojado, casi indignado con su existencia.
–No me confundas con esos malditos. Yo no soy ningún asesino de lobos. – Mi corazón se mantiene firme ante mis palabras.– Pero puedo actuar como uno sino me permiten ver a Talía Hale, ahora.
–¿Crees que tus amenazas nos asustan? Si te atreves a atacarnos no saldrás con vida de aquí. – Hay tanta firmeza y pesar en su mirada que casi podría reír. ¿Desde cuándo un monstruo se preocupa por un humano?
–Quizás no viva para ver otro día, pero me asegurare que ustedes tampoco. ¿Qué crees que será más rápido, mi arma o tus garras? Si quieres, podemos comprobarlo. – Mi sonrisa se llena de cinismo al hablar. Me preparo para sacar mi Beretta del pantalón y él parece a punto de sacar las garras también.
–¿Por qué no nos calmamos? – Peter parece más que divertido con toda esta situación. – Cuéntanos, pequeño, qué te trae por aquí. – La razón por la que he desobedecido a mi padre y me he acercado a toda esta mierda sobrenatural. El motivo por el que he dejado de apartar la mirada de la oscuridad y he decidido confrontarla.
–Scott está muriendo y es su maldito deber salvarlo. – Un fuego infernal desciende por mi pecho y quema mi estómago.
–¿Qué te hace pensar eso, travesura? – Luce realmente curioso por la respuesta.
–Su alfa lo ha convertido, para luego abandonarlo a su suerte. Gracias a ustedes y su maldita reunión social de anoche, fue herido con una flecha envenenada. Mientras hablamos, el acónito se extiende por sus venas en búsqueda de su corazón. Así que no tengo tiempo para perder en formalidades. Este es el trato, si me conceden el antídoto, los ayudare a acabar con los Argent de una buena vez. Me convertiré en su as, para que no haya jugada que los iguale; seré su estratega, así saldrán invictos en cada batalla; me volveré su reina, para que nunca estén en jaque; y, si me lo piden, seré también su verdugo y acabaré con todos sus enemigos.
–Esa, sin duda, es una oferta interesante. – Talía irrumpe en la sala, tan imponente y pulcra como siempre. A pesar de que el sol recién está saliendo, parece que lleva horas despierta.– Lamentablemente tendremos que rechazarla. No mal entiendas, Stiles. Nos sentiríamos muy honrados si quisieras unirte a nosotros, pero no si lo haces por la razón equivocada. No es propio de un Hale el aprovecharse de la debilidad ajena; excepto por Peter, claro. – El mencionado solo bufa de indignación.– Además, tu madre me mataría si te forzara a algo así. – Su tono es jovial y dulce cuando la menciona.– La manada Hale protege este territorio y a todos los que residen en él, sin importar si se trata de un humano o un sobrenatural. Así que no te preocupes, no permitiremos que un inocente muera. Ayudaremos al cachorro, pero primero hay algunas cosas que aclarar. Por favor toma asiento y guarda tu arma. – No hay espacio para la negociación en su imperativo. Con que este es el dominio de un alfa.
Ella toma asiento junto a Derek. El sillón es tan largo que fácilmente podrían caber seis personas, sin embargo, la abrumadora aura de sus ocupantes parece ocuparlo por completo. Sin más remedio, coloco mi Bersa dentro del pantalón y me apresuro a ocupar el único lugar vació. Se trata de un cómodo sillón doble del mismo tono verdoso que los demás.
Peter me extiende una tasa y el roce eléctrico de sus dedos casi me obliga a dejarla caer. Para aumentar mi vergüenza, Derek sigue magnéticamente el movimiento de mi mano y capta el inesperado contacto. Un gruñido de advertencia brota de sus labios desconcertándonos a todos, ni él sabe a quién va dirigido. Los tres lucimos abochornados, Peter por ser atrapado infraganti, Derek por su exagerada reacción y yo por un motivo que ni siquiera comprendo. Talía carraspea y cambia de tema con tal de aligerar el ambiente.
– ¿Sabes qué tipo de acónito usaron? – Me tomo un momento para recordar el humo violáceo saliendo de la flecha.
– Creo que era el haba de lobo común. Realmente no sé mucho de plantas. Pero si sirve de algo, al quemarla, el humo era violeta.
– Es lo más probable, ya que dudo que usaran las variantes más exóticas para una patrulla de rutina. – Entonces no se trataba de una cacería, sino de un simple reconocimiento.
– Creemos que han estado recorriendo el bosque para familiarizarse con el terreno antes de la luna llena. – Explica Peter.
–Si es cierto que la luna llena vuelve a los licántropos más fuertes y más veloces, entonces ¿Por qué los cazadores elegirían premisamente esa noche para atacar? – Derek es quien responde desdeñosamente.
–Porque creen que nos volveremos salvajes. Es cierto que nuestros sentidos se vuelven más fuertes, pero también lo hacen nuestros instintos. Lo que significa que, sin el debido control, tu lobo se vuelve violento y más propenso a dañar a los demás. Ellos planean usar a la luna como excusa para masacrarnos. – Su mirada se llena de desafío al terminar y hace a mis nervios vibrar.
–Pero tú no eres así. – Me atrevo a aventurar.– Eres fuerte y tu lobo también lo es, pero no por eso te dejas llevar por tus instintos. Me pregunto ¿Qué se necesitaría para sucumbas ellos? – El reto implícito hace estallar una energía crepitante a nuestro alrededor.
–Podrías intentar averiguarlo. – Me embriago un instante con la ardiente absenta de sus ojos, pero no me permito ahogarme en ellos. Muerdo mi labio como un vago intento por regresarme la sobriedad.
–Quizás la próxima vez. Antes tengo que ocuparme de Scott.
–Es cierto, aún tenemos cosas que solucionar. – La voz de Talía nos trae de vuelta a la realidad, tan rápidamente que ambos nos estremecemos ante el impacto.– Sin embargo, el veneno no es el mayor problema del joven McCall. Nosotros te daremos el antídoto, pero, si desea sobrevivir, debemos encargarnos de su alfa también. – Mi confusión no pasa desapercibida. – Contrario a lo que crees, joven Stilinski, yo no he sido quien mordido a tu amigo. Hace unas semanas, un alfa salvaje apareció en nuestro territorio y hemos estado buscándolo.
–¿Es él el causante de las cuatro últimas muertes por ataque animal?
–Me temo que así es. Tu amigo tuvo suerte de que estuvieras con él esa noche, sino habría enfrentado el mismo destino. – Lo menciona con tanta simpleza, como si Scott no hubiera estado a punto de convertirse en un número más esta trágica estadística.
–Permite entender, honorable alfa, ¿Por qué sabiendo que es tan peligroso no lo han capturado ya? – Ambos hombres se tensan ante mi insolencia.
–Oh, te aseguro que lo hemos intentado, pero un lobo salvaje y sin manada no es tan fácil de doblegar como los cazadores suponen. Mientras más desesperado este un hombre más locuras estará dispuesto a cometer. Ahora imagínate a una bestia en su situación. – Es cierto que un hombre que no tiene nada que perder no temerá incluso a la muerte y que no hay nada más peligroso que un animal arrinconado.
–Entiendo, pero es necesario que hagamos algo pronto o más gente morirá.
–¿Tienes algo en mente? – Pregunta interesado Peter.
–Oh, te sorprenderías lo creativo que puedo ser. – La provocación sale natural, como si no pudiera evitarlo. Cuando se trata de alguno de ellos dos, el filtro entre mi boca y mis pensamientos se encuentra fuera de servicio.– Pero creo que necesitaría un poco más tiempo e información. – No puedo evitar sonrojarme hasta las orejas por mi bochornoso arrebato.
–Creo que Derek y Peter pueden ayudarte con eso. – La resolución de Talía pone a todos al borde del pánico.– Hijo, lo he decidido, es hora de que muestres tu valía. – La sorpresa en el rostro del ojiazul desaparece en menos de un segundo, pero la mandíbula del ojiverde no se recupera en absoluto.
En estos momentos, siento que he presenciado algo realmente importante, pero ni siquiera sé que significa.
–¿Estás segura? – Derek se aclara la garganta, pero vacila buscando las palabras, como si no estuviera listo para continuar. Entonces Talía lo incita con un levantamiento de cejas a atreverse a contradecirla y la resolución le llega de inmediato.– Eh, quiero decir… Gracias por esta oportunidad, prometo no defraudarte. – No hay duda en sus palabras, el niño inseguro que apareció segundos atrás, quedó totalmente sepultado por la determinación de este hombre.
–Estoy segura que así será. – Sus ojos relucen en un rojo intenso, no como una amenaza sino como un reconocimiento.– Y ustedes dos van a ayudarlo para que así sea, ¿No es así, Stiles? – Trago un segundo no muy seguro de qué responder.– Dijiste que te unirías a nosotros, espero que no hayan sido solo palabras vacías. – Sus ojos de acusadores me escudriñan sin compasión.
Me recuerdan cuando prometía ordenar mis juguetes al terminar de jugar, pero luego me distraía con cualquier cosa y me olvidaba de hacerlo. Solo hacía falta que mamá me lanzara aquella mirada para que saliera corriendo a mi habitación y lo recogiera todo.
–Nunca me atrevería. Si puedo hacer algo, con gusto ayudare a Derek con esto.
–Así me gusta. – Parece realmente complacida con mi respuesta, hasta que se topa con el tercer integrante de este extraño grupo.– Peter, acompaña al joven Stilinski a tratar al chico herido y ayúdalo en lo que haga falta.
–A tus ordenes hermanita. – Talía rueda los ojos con irritación.– Será un placer encargarme de ti, pequeño. – Su mirada resbalosa vuelve a posarse en mí.
–Bien, si hemos resuelto este asunto será mejor que vayan pronto con el muchacho. Yo me encargaré de algunas cosas. – Todos nos ponemos de pie, y antes de salir de la habitación voltea a verme con una sonrisa.– Me alegra que hayas vuelto. – Y sin más desaparece detrás de la puerta de su oficina.
¿Por qué tengo la sensación de que se refiere a un tiempo más antiguo que a un par de días? Quizás este sentimiento de reencuentro que calienta mi pecho no sea tan descabellado como creí. Lo cierto, es que aún quedan muchas cosas que aclarar.
–Parece que esa es nuestra señal para salir de aquí. ¿Qué dices, caperucita, estás listo para una carrera? – Una risilla ligera y refrescante se escapa de mis labios sin rumbo y se pasea por la habitación. Parece que los Hale tienen una fijación por ese condenado cuento.
–Cuando tú quieras, señor cazador, pero primero hay que averiguar qué desea hacer el lobo feroz. – Arqueo una ceja en dirección a Derek y él me fulmina con la mirada. Parece que todavía odia el apodo.
–No te desvíes de tu camino, pequeña caperuza. Aun tienes que ir a la escuela y yo tengo que hablar con mi madre. Asegúrate que Scott también vaya. No sabemos si los cazadores lograron verlo claramente, pero no podemos arriesgarnos a que sospechen de él.
–No seas tan rudo con él, sobrino. Sino, no te dejará comerlo más tarde. – La punta de sus orejas se colorea automáticamente, como un niño que ha sido descubierto haciendo algo malo.– Iré por un par de cosas, mientras tanto, pueden seguir socializando. – Peter se pierde entre los pasillos de esta enorme casa dejándome una vez más a solas con el ojiverde.
Su cabello esta revuelto por la carrera de anoche e incluso mantiene una pequeña ramita entrelazada entre ellosLos rayos de la mañana acarician su semblante haciéndolo relucir. Dudo un instante antes de acercarme a quitársela. Antes de darme cuenta, mi mano se escapa para delinear su mandíbula. Él se tensa ante el movimiento repentino deteniéndome justo a tiempo. Estoy a punto de alejarme, cuando él ve mi vacilación y por instinto se acerca un paso. De pronto nos encontramos a centímetros del otro, a solo un suspiro de la boca contraria. Mis nervios me ganan y por pura desesperación tomo el condenado palito y lo sostengo entre ambos.
Parece desconcertado, como sí en la lejana galaxia a la que ha viajado su desorientada conciencia no existieran estas cosas. Me atrevería a decir que allí solo existe una cosa o, mejor dicho, una persona. Una sonrisa petulante se me escapa ante tal descubrimiento. Quizás mis esperanzas no son infundadas.
–Ven conmigo. – Se apresura a agregar.– Después del colegio y podremos planear qué hacer con el alfa.
–Entonces, es una cita. – Antes de que pueda replicar me aparto y me dirijo hacia Peter, quien me aguarda divertido contra el marco de la entrada.– Nos vemos más tarde, sourwolf. – Le giño un ojo y me despido con una mano.
El ojiazul me sigue hasta la salida y nos montamos en mi jepp. Emprendemos el camino de vuelta a casa en un como silencio. Tarde, me doy cuenta de que mi acompañante solo está aguardando a que nos alejemos de la reserva y sus oídos indiscretos.
–Sabes? No puedo evitar sentirme un poco celoso de lo rápido que ha hecho su movimiento mi sobrino.
–Te aseguro que no tienes nada que envidiarle. – Le lanzo una mirada significativa a todo su magnífico cuerpo.
–Es bueno saberlo. Aunque me gustaría entender algo más. ¿Cómo sabias qué clase de veneno era?
–Leí por ahí cómo detectarlo. – Mi pulso no vacila, pero aun así su ceja se alza en incredulidad.– Mi mejor amigo fue mordido por un hombre lobo, es natural que investigue en busca de posibles amenazas para su nueva naturaleza. – No es necesariamente una mentira, pero tampoco está directamente vinculada con la verdad.
–Supongo que, si se trata de ti, es fácil recolectar esa información.
–¿Qué puedo decir? Tengo un talento natural para conseguir lo que quiero. – El hombre junto a mí es prueba de ello.
–Ciertamente tienes ese encanto, aunque no eres el único. Quizás yo pueda ayudarte con tu próximo deseo. Ya sabes que puedo ser realmente complaciente cuando me lo propongo.
De pronto la cabina se siente más pequeña y la temperatura dentro de ella se eleva con facilidad. Solo me relajo al comprobar que hemos llegado a nuestro destino.
–Lo tendré en cuenta para la próxima. – Bajamos del auto y me apresuro a subir a mi habitación. La patrulla todavía no está en la puerta, por lo que tenemos un poco de tiempo.– Tenemos que apresurarnos, mi padre está por llegar.
Al entrar, Scott permanece tumbado en el mismo sitio donde lo deje, pero luce tan pálido que parece a punto de desaparecer. Peter lo revisa con cuidado y cuando, parece seguro de su condición, saca un pequeño frasco con un polvo morado.
– Necesito fuego. – Le paso automáticamente el encendedor y él coloca un poco de ese extraño polvo en el escritorio y le prende fuego. Se consume en segundos dejando atrás un polvillo negruzco. Lo reconozco su olor al instante, el mismo acónito que había en la flecha.– Coloca esto dentro de la herida. – A pesar de mis crecientes dudas él me anima a intentarlo.– Confía en mí, pequeño.
Maldita sea, no sabía que estaba tan desesperado por confiar en alguien, hasta que, sin pensar, introduje el extraño serrín en el cuerpo de mi amigo.
La herida comienza a arder al contacto con el antídoto y su cuerpo comienza a convulsionar. Lo veo retorcerse como una frágil marioneta interpretando un sádico baile. Cuando parece a punto de romperse, sus hilos son cortados y cae inerte sobre la cama.
Me recrimino automáticamente por haber confiado en un desconocido. "Esto es lo que pasa cuando confías en un monstruo." Me susurran al oído. Estoy a punto de sacar mi arma y matar a Peter por esto, cuando Scott se incorpora violentamente en la cama y procede a vomitar un líquido parecido al petróleo.
–Ugh, hombre, hubieras apuntado a otro lado. – Luce completamente desconcertado por mis palabras hasta que finalmente mira el estado en que dejo mis sabanas y hace una mueca asqueada.
–Lo que sea que haya sido, no volveré a comerlo nunca.
–Eso espero. Casi me matas del susto. ¿Puedes levántate? – Al ver que le cuesta salir de la cama me apresuro para ayudarlo a pararse. Esta tan pesado que por poco y ambos caemos de bruces. – ¿Una ayuda? – Peter parece realmente disgustado por la idea. – Te recuerdo que te ofreciste a ayudar en todo lo que puedas.
–Ya qué. ¿Dónde quieres a la mortaja? – Sonrío complacido.
– Apesta a muerto, así que necesita darse una ducha. – Toma al chico por los hombros y lo introduce en el baño. Una vez compruebo que puede mantenerse en pie por su cuenta, abro el agua y lo dejo encargarse de sus asuntos.
Tomo las sabanas y me dirijo escaleras abajo al cuarto de lavado con Peter siguiéndome de cerca. Espero a colocar la carga antes de darme la vuelta y encararlo.
–¿Qué? Ya suéltalo.
–¿Esa es la forma en la que te diriges a tu salvador? Tengo que admitir que estoy muy decepcionado.
–¿A caso esperabas un café? Lo siento, pero no tenemos tiempo para eso, mi padre llegará pronto.
–Había pensado en algo más. – Sus ojos se fijan en mis labios y su lengua repasa los suyos.
–Eso se podría arreglar. – Se acerca hasta arrinconarme contra la lavadora. Puedo sentir el suave olor masculino de su colonia y la cálida temperatura de su piel rozar la mía.
El característico sonido las llantas del coche patrulla estacionándose en la acera interrumpe el momento.
–Supongo que debo irme. – Suena decepcionado y la lentitud con la que se aparta de mí, me lo confirma.– Nos vemos pronto, Rojo.
En un instante, sale por la puerta de atrás dejándome con el corazón desbocado y una emoción desbordante.
– Malditos Hale's.
