Disclaimer: Los personajes de «Kimetsu no Yaiba» pertenecen a Koyoharu Gotōge.
Aclaración: El hermoso fanart en el que me inspiré pertenece a la talentosa Kurose Kurosaki.
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Oportunidad
—Buenos días.
—¡Buenos días, Rengoku! —saludaron al mismo tiempo todas las chicas que se encontraban sentadas en el pasillo del instituto.
—Las veo en el salón de clases —dijo mientras caminaba despacio hasta llegar a su aula.
Kyōjurō Rengoku era un estudiante de último año de bachillerato, desde pequeño había sido el más popular del salón gracias a su personalidad y atractivo físico. Jovencitas de todas las edades estaban enamoradas de él, así como uno que otro chico que había dejado en evidencia sus sentimientos. A pesar de ser tan apreciado, no se le veía en ninguna relación desde la secundaria, era un misterio porque había pasado tanto tiempo para que siguiera soltero, pero todas sus compañeras lo tomaban como un reto para conquistar su corazón.
Cada día encontraba alguna nota de amor o chocolates en su casillero o escritorio, agradecía el gesto, pero no estaba interesado o por lo menos, no en ninguna de sus compañeras.
—Deberías compartir tu secreto conmigo, tú pasas y robas miradas —señaló con su dedo índice a todas las muchachas—, yo por el contrario, paso frente a ellas y doy pena —balbuceó su mejor amigo—. Sabes cuánto te envidio, ¿cierto?
—Eres un exagerado, solo debes tener más confianza en ti, es todo —expresó abrazando a su compañero por los hombros—. Tienes un buen físico, solo debes fijarte un poco más y encontraras a la indicada.
—Lo dice quien tiene a todas a sus pies —murmuró resignado.
Kyōjurō sonrió y palmeó el pecho de su confidente con la mano. Tanjirō Kamado era su mejor amigo desde que tenía uso de razón, los dos habían crecido juntos y se conocían a la perfección. Ambos se querían como hermanos y se protegían el uno al otro. Rengoku entendía que a su amigo le molestara la excesiva atención que las chicas le ofrecían, de hecho, a él tampoco le gustaba, pero nunca había dicho nada.
Tanjirō era la persona en quien más confiaba, sin embargo, en su corazón resguardaba un importante secreto que involucraba directamente a sus sentimientos. Tenía miedo que su amigo lo juzgara, pero tenía todavía más temor que la persona por la que sentía ese amor lo rechazara. Se encontraba frustrado, sino expresaba lo que resguardaba su corazón terminaría por explotar, parecía que el momento de hablar con la verdad había llegado.
—Tanjirō, antes de ir al salón quisiera contarte algo importante —esbozó con la mirada carmesí clavada en la de su compañero—. Podríamos ir un momento al jardín.
—Por supuesto, vamos, Kyōjurō —comentó curioso al percatarse que su amigo quería comentarle algo significativo—. Sabes que siempre voy a escucharte, solo dame unos minutos. —Le hizo una señal con los dedos y camino hasta encontrarse con otro de sus compañeros—. Tomioka, ¡buenos días!
—¿Eh? ¿Giyū? —musitó nervioso al ver a uno de los chicos de clases ser interceptado por su mejor amigo.
Iba tan concentrado en sus pensamientos que no se fijó que frente a ellos venía el joven más introvertido de todo el salón, Giyū Tomioka. Los tres se conocían desde la secundaria y siempre tuvieron una buena relación, misma que fue cambiando a medida que los tres fueron creciendo. Rengoku y Kamado se volvieron más sociables, y él muchacho de ojos azules más reservado.
Su distanciamiento era evidente, pero Tanjirō no perdía cualquier oportunidad para tratar de recuperar su amistad, los tres habían formado un vínculo tan especial que, era triste pensar que por no compartir los mismos intereses se había terminado.
Kyōjurō observaba a sus compañeros a una breve distancia, podía percatar a Kamado hablando hasta los codos y a Tomioka apenas murmurar un par de palabras. Sus ojos iban y venían de una persona a otra, pero sentía un leve hormigueo cuando se concretaba en Giyū. ¿Por qué su trato hacía él había cambiado tanto? ¿Por qué no podía acercarse como su mejor amigo a saludarlo? ¿Por qué le había costado aceptar que le gustaba tanto?
«Algún día podré confesarlo» pensó cuando cerraba los ojos y soltaba un profundo suspiro.
—Kyōjurō, ¿te encuentras bien? —inquirió Tanjirō al volver junto a su amigo—. Te ves pálido, ¿quieres que te traiga un poco de agua?
—Estoy bien, descuida. Vamos, necesitamos hablar.
Comenzó a caminar mientras escuchaba los pasos de su compañero acompañarlo detrás. Necesitaba respirar aire fresco y en el encierro de ese pasillo no podía hacerlo, aunque la verdad era, que la presencia de cierta persona le aceleraba el pulso y le cerraba las vías respiratorias.
Ya había callado ese secreto por mucho tiempo, si algo tenía que pasar que sucediera, ¡ya! Porque no sabía cuánto tiempo más podría soportar tener que seguir fingiendo que Giyū Tomioka era simplemente, un compañero más.
Llegaron al jardín y se dirigieron a un frondoso árbol que se encontraba en la esquina más retirada del lugar, subieron a una de sus ramas y apreciaron por unos minutos el tranquilo panorama. Ese había sido su refugió desde que comenzaron a estudiar en el instituto, el único testigo de muchas de sus conversaciones y en esta ocasión no sería la excepción.
Rengoku suspiró y giró su cuerpo para quedar frente a su amigo, el momento de contarle sobre el dueño de sus sentimientos había llegado. Respiró profundo mientras miraba a su compañero acomodar la espalda en el tronco del majestuoso árbol.
—Tanjirō —lo nombró captando toda la atención del muchacho—. Llevamos toda una vida siendo amigos y desde que nos conocimos te he considerado parte de mi familia. Nunca nos hemos engañado y siempre nos hemos contado todo, pero yo… —tomó aire y luego lo expulsó despacio para poder continuar—. Tengo un secreto que debo revelarte.
—Kyōjurō, tú y yo somos hermanos. Siempre hemos estado acompañándonos el uno al otro. Sabes que puedes confiar en mí —dijo con una sincera sonrisa en los labios—. Cuéntame, ¿qué es eso que te está atormentando?
—Tanjirō Kamado, no sé si lo que te voy a decir te va a parecer una locura, pero es lo que siento así que solo lo diré —clavó sus ojos a los de su amigo percatándose en sus movimientos oculares que estaba en total libertad para proseguir—. ¡Estoy enamorado! ¡Me he enamorado de Giyū Tomioka!
La fresca brisa acarició sus rostros y movió sus cabellos en una danza singular. Los dos se veían fijamente sin decir una sola palabra, el silencio no se sentía incómodo así que Rengoku se relajó al percibir que su alma por fin se había liberado luego de esa confesión. Esperaría el tiempo que fuera necesario para que su amigo reaccionara, sus palabras eran importantes, pero no lo iba a presionar para que hablara después de soltarle esa inesperada noticia.
—Kyōjurō —musitó mientras se acercaba hasta su mejor amigo—. Me alegra mucho poder escucharte confesar tus sentimientos, creí que nos graduaríamos y tú nunca tendrías la confianza para contármelo. —Tanjirō palmeó el hombro de Rengoku transmitiéndole en ese gesto todo el cariño que sentía por él.
—Un momento, ¿cómo es que tú conoces mis sentimientos? ¿Acaso soy tan obvio? —Tenía tantas preguntas y el único que podía responderlas era su compañero—. ¿Quién te lo dijo?
—Eres una de las personas más inteligentes que conozco, un sabio con las palabras y un gran ejemplo de perseverancia, pero a veces eres muy despistado y olvidas que yo he estado a tu lado desde que éramos unos niños. Dime, ¿quién más podría interpretar tus gestos y tus acciones?
Rengoku parpadeo rápidamente, llevó su mano derecha hasta la nuca y comenzó a frotarla. Tanjirō le acaba de decir la verdad, nadie en esta vida lo conocía mejor que él. Ellos eran hermanos y cada uno podía ver la realidad a través de los ojos del otro. ¿Por qué había tenido tanto miedo en confesárselo?
—Perdona —musitó con la mirada fija en el tronco del árbol—. Creí que al decírtelo te burlarías de mí o me dirías que no es correcto, qué tonto soy.
—Kyōjurō, nunca pensaría eso de ti. Son tus sentimientos y para mí son importantes. Te apoyaré y estaré contigo siempre. Lo que más deseo es que seas feliz —declaró con sinceridad y una enorme sonrisa dibujada en los labios—. Sé que desde hace mucho tiempo te gusta Tomioka, lo percibí con tu cambio total de actitud hacia él, pero pienso que sería bueno que se confesaras. Nunca sabrás qué es lo que él siente sino se lo dices.
—Tengo miedo, no lo voy a negar. Me costó tanto contártelo a ti que eres mi mejor amigo y él, bueno… Soy un idiota, nunca debí dejar que la mis emociones lo alejaran de mí.
—Cálmate, Giyū es una persona muy reservada, lo sabes. No creo que él esté molesto por tu alejamiento, quizá un poco decepcionado, al fin y al cabo los tres éramos muy buenos amigos, pero eso no significa que si te acercas y conversan las cosas no se puedan solucionar. Debes decirle lo que sientes por él antes de que no lo puedas soportar y la frustración te haga hacer una locura.
—¿Cómo puedo acercarme a él? Hace mucho que no hablábamos —inquirió recordando que ya había pasado más de un año sin que se dirigieran más que el saludo.
—Muy fácil, invítalo a tomar un café —respondió Kamado encogiéndose de hombros—. Estoy seguro que te lo va a aceptar.
Rengoku lo pensó y recordó que cuando estaban en la secundaria, Tomioka siempre les pedía por la tarde que tomarán una taza de café, el chico era adicto al efecto de la cafeína y estaba consiente que una invitación a tomar su bebida favorita no la rechazaría nunca, así se tratara de él, que lo había ignorado por tanto tiempo.
—Tanjirō y si no quie…
—Eso no pasará, porque lo invitarás sin que sepa que eres tú —comentó guiñándole un ojo.
—¿Eh? ¿Cómo haremos eso? —En ocasiones su mejor amigo tenía planes muy locos y no quería que este fuera uno de ellos.
—Escribiremos una nota y se la dejaremos en su casillero indicándole la hora y el lugar. —Le hizo a su compañero una mirada sería al escucharlo balbucear y cuando recuperó toda su atención continuó—: Giyū no rechazaría jamás una invitación como esa, así que tenemos asegurado que irá. Buscaré a Nezuko y le pediré que entregué el mensaje. Ella nos apoyará sin preguntar nada.
—De vez en cuando tienes buenas ideas —musitó—. Tanjirō, muchas gracias.
—No tienes que agradecer, para eso somos mejores amigos, ¿cierto?
Se pusieron manos a la obra y comenzaron a redactar la nota que le entregarían a Tomioka. Su complicidad era inigualable y su amistad se reafirmaba con cada nueva etapa que experimentaban, siempre sería así, pues el lazo de amistad que tenían era irrompible.
«Así que estás enamorado de Giyū, interesante. Quieres confesarte, pues no te la pondré tan fácil» pensó el intruso que se escondía en la base del árbol y quién miraba la felicidad en el rostro de Rengoku con desprecio.
Iba concentrada tarareando una canción de camino a los casilleros, en el receso su hermano le había pedido que metiera una nota en el cubículo de Tomioka, favor que aceptó con gusto pues le parecía genial la idea de que él y Rengoku recuperarán la amistad del chico frío como ella lo llamaba.
Recordaba que hace un mes, habían agregado una nueva fila de casilleros y esperaba que a Giyū no lo hubieran movido de lugar como le sucedió a ella. Tenía esa duda, pero no sabía a quién preguntarle. ¿Debería ir con algún maestro? No, ellos le preguntarían el motivo y no quería comentar el plan de su hermano. Entonces, ¿cómo podría averiguarlo?
—Hola, Nezuko. ¿Qué haces por aquí? ¿No deberías estar en clases?
—Mmm… —le sorprendió encontrarse con alguien a esa hora por los pasillos—. Olvidé un cuaderno en mi loker, solo iba por él.
—Ya veo, entonces continúa no te quito más el tiempo… Ahora recuerdo que tu casillero y el mío están en la misma fila, es extraño que nos hayan mezclado con los de otros años, pero qué más da —se encogió de hombros—, son cosas del instituto, por lo menos me dejaron junto a Giyū para no ser la única persona que movieron de mi salón —esbozó con tranquilidad.
Había escuchado bien, ¡por todos los cielos, estaba de suerte! Ya no tenía que ir a preguntarle a nadie más o intentar adivinar si las cosas de Tomioka seguían en el mismo sitio, ese encuentro había sido un golpe de suerte.
—Disculpa, ¿cuáles son sus casilleros? —cuestionó con temor a que esta persona le recriminara la razón de querer saber dicha información, pero no pasó así que prosiguió—: No creas que es por algo en especial, solo me caen muy bien los compañeros de mi hermano y me gustaría comentarle que con el reciente cambio algunos me quedaron cerca.
—Descuida no es información confidencial, estamos en la misma fila después de todo. Mi casillero es el "M-29" y el de Giyū es el "M-31".
—¡Wow! Estamos muy cerca —dijo entusiasmada ya que ella se encontraba solo a cinco espacios de ellos—. Espero nos vemos por las mañanas y nos podamos saludar. Ahora debo irme o me llamarán la atención por la tardanza. ¡Cuídate!
La vio marcharse feliz, segura de que la nueva ubicación en la que debía entregar la nota era la correcta. Entrecerró los ojos y una sonrisa maliciosa se formó en su rostro.
«Que disfrutes tu cita, Kyōjurō Rengoku» pensó mientras se daba la vuelta y se diría a su salón.
Había salido muy temprano de su hogar, estaba ansioso por saber los detalles de la cita de su mejor amigo con su enamorado. El día anterior, al salir del instituto, acordó con Rengoku que se reunirían en el parque que se encontraba antes de llegar a la escuela, así podrían hablar sin que ningún compañero llegara a interrumpirlos. Tenía mucha curiosidad por saber qué había pasado, tuvo que amarrarse los dedos para no enviarle un mensaje a su compañero pidiéndole que le contara.
Llegó hasta el parque y corrió a toda prisa al lugar de su encuentro. Divisó a lo lejos a Kyōjurō que lo estaba esperando sentado en una banca cerca de un gran árbol, el chico ni siquiera se había dado cuenta de su presencia.
—¡Buenos días, Kyōjurō! ¿Cómo estás? ¿Cómo te fue? ¡Cuéntame todo, por favor! ¡Tengo mucha ansiedad! —Parecía un niño pequeño haciendo muchas preguntas. Tomó aire para recuperar la voz y se percató que su amigo no tenía un buen semblante—. ¿Te sucedió algo malo?
El joven de ojos carmesí suspiró, se sentía cansado y desilusionado por la tarde había pasado.
—Sí y no —respondió sin un ápice de emoción.
—¿Eh? ¿Explícate, por favor? —Kamado estaba muy confundido, necesitaba que le contara más—. Tuviste una cita, ¿cierto?
—Así es, pero no con Giyū. La persona que llegó al café fue Kanjiro Mitsuri —dijo apoyando la barbilla en las palmas de sus manos.
—Me estás hablando de la chica de cabello rosa que va en el otro salón, ¿qué hacía en ese lugar? ¿Por qué llegó ella? ¿Qué pasó con Tomioka?
—No lo sé, quizá Nezuko confundió los casilleros, recuerda que hace poco movieron a muchos de su lugar —espetó tratando de encontrar la respuesta más lógica a la equivocación—. Nosotros olvidamos corroborar ese detalle.
Kamado analizó las palabras de su amigo y se dio cuenta que tenía razón, por la emoción de concretar la cita olvidó asegurarse que el casillero de su compañero siguiera siendo el mismo, ¿cómo había sido tan tonto para olvidar algo tan importante?
—Perdóname, fue mi culpa por no averiguar —musitó bajando la mirada—. Pero algo no me cuadra en esto, cuando llegué a casa y hablé con Nezuko ella me aseguró que había entregado el mensaje en el casillero correcto, lo que no pregunté fue cómo estaba tan segura —se frotó la barbilla y sacó su celular—. Espera un minuto, ahora saldremos de dudas.
—Descuida, Tanjirō, deja… —no pudo terminar de hablar cuando su amigo le informó que ya había mandado el mensaje, mentiría si dijera que él tampoco tenía curiosidad por saber qué pasó cuando se entregó la nota.
No pasaron ni dos minutos cuando Kamado recibió la respuesta de su hermana, lo que leyó lo hizo fruncir el ceño. Él estaba en lo correcto, alguien más le había dado información falsa a Nezuko y por el nombre comprendía la razón.
—Maldito, no sabe jugar limpio. ¡Pedazo de porquería!
—¿Tanjirō por qué maldices? ¿Qué fue lo que te comentó Nezuko? —inquirió con duda al observar el rostro encolerizado de su compañero.
—Kyōjurō, la persona que engañó a Nezuko para colocar la nota en otro casillero fue Shinazugawa Sanemi. —Rengoku se quedó perplejo, ¿por qué? Es acaso que él también conocía sus sentimientos por Tomioka—. Sabía que al tipo le gustaba Giyū, pero nunca imaginé que llegara a esto.
—¿Cómo pudo saberlo? ¿Y como es que a él también le gusta Giyū? ¿Por qué no estaba enterado de eso?
—Rengoku, en aspectos sentimentales eres muy despistado. Sanemi está enamorado de Tomioka desde que entramos a la secundaria. Cuando los tres aún éramos amigos, Giyū me comentó que el tipo se le había declarado, pero él lo rechazó porque no le gustaba. Seguí observando el comportamiento de Shinazugawa y me di cuenta que seguía teniendo sentimientos por nuestro compañero, lo que no llegué a imaginar es que fueran tan enfermos y retorcidos.
Kyōjurō trato de recordar sus momentos en la secundaria cuando Giyū estaba a su lado, pero no encontraba nada que le pareciera extraño, nada a parte de sus emociones. Sanemi había tenido mucho cuidado en decirle eso a Tomioka sin que él se diera cuenta. Lo que no le quedaba claro era, ¿por qué solo se lo había contado a Kamado? Quizá no le tenía tanta confianza como para decírselo.
—Tanjirō —pronunció el nombre de su amigo seguro y este lo observó fijamente a los ojos—, sabes que no me gusta darme por vencido sin luchar, si Sanemi se enteró de mis sentimientos me da lo mismo. Lo que me importa es que Giyū los conozca, no sé qué me dirá, si me va a rechazar o no, pero lo que sí sé, es que estoy enamorado de él y no dejaré que nadie se interponga en mi camino. Ni siquiera un loco desquiciado como Shinazugawa.
—Ese es el Rengoku que conozco, seguro de sí mismo, que no se deja vencer por nadie —expresó con mucha emoción al ver el brillo y la sonrisa en el rostro de su amigo—. Dime, ¿qué haremos entonces?
—Esperaré a que las clases terminen y le diré a Tomioka que necesito hablar con él —arguyó sin titubear—. Lo invitaré a tomarnos un café personalmente.
—Sabes que tienes todo mi apoyo, déjame a Sanemi, yo me encargaré que esta vez no existan equivocaciones.
Con toda la determinación y la actitud renovada se dieron un fuerte abrazo de hermanos, los dos se ayudarían mutuamente por el resto de sus vida y cada uno se encargaría de que el otro alcance la felicidad que tanto anhelaba.
Se pusieron de pie y entre pláticas y sonrisas, caminaron juntos al instituto.
La mañana pasó en un abrir y cerrar de ojos, dándole cabida a la tarde que se engalanaba con su radiante sol y sus majestuosos tonos dorados.
El joven de ojos carmesí estaba listo para invitar a Tomioka a una cita, el momento que estaba esperando había llegado. Vio a todos sus compañeros marcharse del salón y a su mejor amigo hacerle una señal para que se pusiera en acción, en esta ocasión no habría ninguna equivocación.
—Giyū, tienes un momento.
—¿Ah? —Se sorprendió al ver la fornida silueta de su compañero—. Sí, dime.
—Quisiera hablar contigo, pero… —suspiró, debía decirle ahora o no lo haría nunca—. No en este lugar, aceptarías ir conmigo por un café.
—¿Eh?
Tomioka era tan poco expresivo que no sabía cómo interpretar sus escasas palabras. Lo había tomado por sorpresa, lo entendía, quizá estaba ocupado y no podía, o definitivamente no quería acompañarlo, la duda lo estaba matando.
—¿Giyū?
—Acepto ir contigo por un café. —Se puso de pie, tomó sus cosas y comenzó a caminar—. ¿Vamos?
—Claro.
Salieron del instituto en silencio. Cruzando de vez en cuando las miradas, Rengoku quería decirle algo, pero no sabía qué, ¿hablarle del clima? Eso era demasiado trivial y aburrido.
Caminaron despacio hasta llegar a una hermosa cafetería que ambos conocían muy bien. Cuando estaban en la secundaria había sido su sitio favorito para comer algún refrigerio después de clases. Kyōjurō pensó que Tomioka se sentiría en calma si lo llevaba a un lugar familiar que les traía buenos recuerdos.
Ingresaron y se sentaron, quedando uno frente al otro. Un mesero llegó rápidamente y les mostró el menú, los dos jóvenes se tomaron su tiempo para pedir cuidadosamente las bebidas, eligieron cada uno un postre y al tener la orden el chico se retiró otorgándoles una pequeña reverencia.
Se habían vuelto a quedar solos.
—Hace mucho que no venía por acá, el lugar no ha cambiado nada. —Kyōjurō rompió el silencio con una frase mejor a la «del clima», según consideraba—. Este sitio me trae muchos recuerdos.
—A mí también —musitó el azabache bajando la mirada—. Todo aquí me recuerda a…
—Disculpa, Giyū, ¿decías? —preguntó al escuchar balbucear a Tomioka.
—No es nada, olvídalo —mintió tratando de restarle importancia a sus propias palabras—. ¿De qué querías hablar conmigo?
Kyōjurō lo observó con los ojos clavados en el profundo azul de los orbes de Giyū, su mirada era penetrante y su color impactante. Respiró profundo sintiendo como el aire llenaba sus pulmones, contuvo la respiración un par de segundos y luego lentamente fue expulsándolo, liberando con esta acción un poco de su nerviosismo.
Debía dejar que su corazón expresara todo lo que sentía, su amor era sincero y el sentimiento era tan hermoso que no merecía estar escondido. Su alma pronunciaría las palabras correctas, solamente debía tener confianza.
—Giyū, te pedí que saliéramos por dos razones importantes —dijo percibiendo que tenía toda la atención de su compañero—. La primera, disculparme contigo por alejarme de ti cuando entramos al bachillerato. Nosotros éramos muy buenos amigos y por no comprender que tú tenías intereses diferentes a los míos te hice a un lado. Discúlpame, por favor.
—No te preocupes, entiendo los motivos. Yo no soy una persona sociable, es lógico que no quisieras tener a un tipo aburrido como amigo —esbozó serio sin ninguna emoción dibujada en el rostro—. No tienes porqué disculparte.
—Claro que debo hacerlo, los amigos no se abandonan, los amigos se acompañan y se entienden. Permanecen siempre unidos —declaró sintiéndose mal por reconocer que le falló a Tomioka con su actitud—. Mi comportamiento no fue el correcto y eso se debe, se debe…
—¿Kyōjurō? ¿Qué intentas decirme?
El momento había llegado, era ahora o nunca.
—Giyū, la verdadera razón para alejarte era que a medida que pasaba más tiempo contigo, mis sentimientos comenzaron a afectarme, ya no te veía como un simple amigo. Mi corazón se había vuelto un laberinto y me negaba. —Se tronó los nudillos una y otra vez hasta sentir un fuerte dolor sobre estos gracias a la fuerza que había ejercido—. Me negaba aceptar lo que sentía por ti. Tomioka, ¡tú me gustas demasiado! ¡Y ya no quiero seguirlo ocultando!
Se formó un silencio sepulcral, uno en el que si una aguja caía al suelo haría en ese momento más ruido que la bocina de un automóvil. Tomioka estaba estoico, ni siquiera parpadeaba, ¿estaría al menos respirando? Su falta de expresión era una completa tortura en ese preciso instante.
Rengoku suspiró pesadamente, la noticia había sido una bomba, algo que ni en mil años se esperaría escuchar su compañero, pero era necesario decirlo, ya no quería seguirlo engañando ni engañándose a él mismo.
»—Tomioka, ¿estás bien? —Se atrevió a cuestionar, esos minutos sin respuesta se sentían eternos.
—Gracias —musitó.
—¿Por qué me agradeces, no entiendo? —inquirió asombrado, se hubiera esperado todo menos que contestara eso.
—Gracias por confesarme lo que sientes —dijo fijando la mirada en los ojos de su amigo—. Kyōjurō, cuando llegamos aquí, hablaste que este lugar te traía recuerdo, yo intenté decir que me recordaba a una persona, pero callé por temor, como siempre lo hago —bajó los párpados y los clavó en la brillante orilla de la mesa—. Nunca digo lo que pienso o siento porque me da miedo ser rechazado. Cuando te conocí a ti y a Tanjirō me sentí muy feliz, era la primera vez que tenía un grupo de amigos, a medida que fuimos creciendo éramos más unidos, pero poco a poco algo fue cambiando dentro de mí y creí que lo habías percibido y por eso te habías alejado.
—Giyū, ¿qué te hizo pensar eso? —preguntó con calma para que el azabache se sintiera seguro de continuar hablando.
—Rengoku, ¿alguna vez me viste saliendo con alguien? Una cita al menos. —El joven de sonrisa encantadora negó con la cabeza—. Quieres saber la razón por la cual me cierro tanto y no he querido aceptar las propuestas de otras personas. —Lo vio asentir, estaba demasiado atento a sus palabras—. ¡Es por ti! Desde la secundaria te he amado, pero nunca fui capaz de decírselo a nadie. —Esa confesión por fin lo había liberado de su caparazón.
Kyōjurō se quedó helado, ¡¿sería posible que el destino los hubiera alejado sin importar que sus sentimientos fueran los mismos?! Al parecer, sí. Tantos años luchando contra sus emociones, creyendo que estaba confundido, pensando que eso no era correcto y peor aún, imaginando que Giyū jamás se enteraría. Cuánto tiempo tuvo que callar incluso ante su mejor amigo, todo por temor a ser juzgado, cuánto daño le había causado su alejamiento a la única persona que anhelaba tener cerca, cuánto había desaprovechado, y cuántas gracias le daba a su alma que quisiera salir incluso contra su voluntad para poder al fin exteriorizar todo que en su interior alberga. Una sensación como esta no se podía ocultar porque era más fuerte que todo, el amor siempre prevalecería…
Relajó su semblante y sonrió de la manera más sincera posible, qué tontos habían sido los dos, pero era momento de recuperar el tiempo.
—Giyū, mírame, por favor —suplicó mientras estiraba la mano para tomar la de Tomioka—. Ambos nos equivocamos al pensar que alejándonos íbamos a poder suprimir nuestros sentimientos, pero no fue así, en algún momento iban a fluir y me alegra que haya sido ahora. Ya no quiero pasar ni un minuto más lejos de ti.
El ojiazul levantó la mirada y un leve sonrojo apareció en sus mejillas cuando notó el brillo que le obsequiaban los ojos carmesí de su amado.
—Kyōjurō, tú…
—Giyū Tomioka, ¿aceptas salir a tomar café conmigo cada tarde como una pareja que se ama y se protege? —El rubor en los pómulos del joven iba en aumento y la sonrisa en el rostro de Rengoku se hacía más grande. Frotó con ternura su mano y en un impulso entrelazó sus dedos, gesto que pareció gustarle al azabache, pues por primera vez en mucho tiempo lo vio sonreírle.
—A-acepto —murmuró, otorgándole una enorme sonrisa que en su inexpresivo semblante transmitía todos sus sentimientos.
—Prometo hacer que esa sonrisa sea para eterna.
Se contemplaron el uno al otro por unos minutos, el silencio volvió a reinar, pero esta vez fue diferente, no necesitaban hablar para entender lo que sus corazones sentían, los dos palpitaban en un mismo ritmo y sus almas se pertenecerían para siempre, sin importar el tiempo o los juegos del destino. Su amor era puro y sincero.
El mesero llegó con sus bebidas y sus postres, les sirvió y luego se retiró dejando a los dos jóvenes disfrutar de su compañía.
Ese café que muchas veces había sido testigo de sus charlas de amigos, de sus momentos de estudio o su escape del instituto, ahora se había convertido en algo más significativo. Ese lugar siempre sería recordado por los dos como el refugio en el que ambos pudieron ser libres, confesando y profesando sus verdaderos sentimientos.
«Nada es más exquisito que el sabor de un buen café y nada lo hace más placentero que tomarlo a tu lado, mi amor» pensó desde el fondo de su corazón Kyōjurō Rengoku.
FIN
¡Hola!
¿Cómo han estado?
Debo confesar que esto sí fue un completo reto para mí, pero disfruté mucho el proceso. Es la primera vez que escribo para este fandom y espero de corazón haya sido de su agrado.
Este One-Shot surge de una dinámica en colaboración con un fanartista, quien esta oportunidad daba la idea principal de la historia y el ficker la escribía.
Agradecida con Kurose por haberme adoptado para darle vida a su historia. Eres genial. Espero puedan seguirla y deleitarse con su arte, les dejo el enlace para que la puedan llenar de amor en mi página, dibuja precioso.
Gracias también a las administradoras y moderadoras del Club de Lectura de Fanfiction por siempre estarnos retando e impulsarnos a crecer, son muy lindas.
Nos leemos pronto.
Con amor.
GabyJA
