N/A: Lo sientooo :( entré a trabajar y mi tiempo y energías para escribir se redujeron un montón, pero faltando tan pocos capítulos para el final no quiero dejar esta historia inconclusa. Espero que quienes leen esto me tengan paciencia, y prometo eventualmente dar cierre a este (incidentalmente largo) viaje por una galaxia alternativa. Saludos y tengan unas felices fiestas!


Capítulo 12: La amenaza del Sith, parte I

Ben recogió el kyber, inquietándose al ver que su azul era mucho más oscuro que lo que recordaba.

- La delegación está por salir a Coruscant, solo su nave pasará el bloqueo... –al sentirlo, Rue se detuvo en la puerta-. No eres el mismo de antes, Ben. Tiene lógica que tu kyber cambie contigo.

Él alzó la vista, considerándolo. La joven aún tenía mucho que aprender, pero sus palabras eran sabias. Y, tras meses de solitaria búsqueda, la Fuerza al fin les mostraba un camino. A ambos. Bridger había dicho que solo el poder de dos podría vencer al Emperador, y pese a temer por Rue, Ben debía aceptar la posibilidad de que hablase de ellos. De vuelta a ver su cristal purificado, se recordó que el miedo era una oportunidad para ser valiente. Suspiró juntando las piezas de la empuñadura, y se paró.

- Está bien. Vi las herramientas de Skywalker en el Halcón, si podemos recogerlas de camino...

- Estás aceptando que iremos juntos a enfrentar al Emperador... –ella lo observó con recelo.

Quizá la subestimaba como Skywalker hizo con él, pero incluso con el valor para aceptarlo, debían ser cautos. El Emperador sabía de la díada, y los quería vivos. Pensó en su premonición de días atrás. Las visiones podían cambiar, pero Ben tenía el deber de considerar todas las opciones. Por la galaxia.

- Sí. Perosi te pido que huyas... –viéndola abrir la boca, la atajó-. Lo harás. Te ocultarás, aunque la UAL se caiga a pedazos. Entrenarás, aprenderás balance y solo entonces regresarás por él.

Ceñuda, ella desvió la vista. Ben percibió a través del vínculo su determinación a no abandonarlo.

- Esto es más grande que nosotros Rue, mírame... –se acercó tranquilamente, y ella le clavó su fiera mirada-. No conocemos los poderes del Emperador. Si nos vence a ambos, pasarán años para que otros lo enfrenten y necesito que priorices a quienes lastimé. Prométeme que lo harás.

- Tú no te irías sin mí, así que no, encontraremos el modo de ganar... –él suspiró de agotamiento, y ante esto los ojos de Rue se suavizaron-. No quiero. Pero si en serio no hay opción, lo haré.

Ella también deseaba protegerlo, lo sentía gracias a la díada, y lo veía en su expresión contrariada. Tal vez si tuviera más tiempo, podría encontrar palabras para expresar cuánto significaba eso para él.

- Bien... –susurró en cambio, forzándose a dejar de repasar su rostro con la mirada.

Porque sus visiones más recientes aún debían ser atendidas. Ben asintió, y atrayendo el sable de Leia de la cama, lo guardó con las piezas de la empuñadura en su chaqueta. Las uniría en el camino.

- El Templo Jedi se edificó sobre una vergencia que inicialmente fue habitada por los Sith. Es el escondite ideal, y lo suficientemente antiguo como para tener un portal al Mundo entre Mundos.

Evaluando esto, la joven abrió la puerta y lo invitó a ponerse en camino con un gesto de la barbilla.

- Se rumora que en Los Talleres hay túneles embrujados que conectan con el Templo –ella dijo en la marcha-. Puedo llevarnos ahí, pero creo que debemos ir más abajo que los Niveles Bajos.

Una pequeña multitud aguardaba cerca del Halcón cuando llegaron al hangar. Leia, Chewbacca, Finn y Casterfo hablaban con la comandante Connix. Un rápido vistazo al carguero les hizo entender que lo usarían para el viaje. Al reparar en ellos, el secretario les hizo un gesto para que se acercaran.

- Cambio de planes –Rue anunció al encontrarlos-. Tuvimos una visión, debemos ir con ustedes.

- Reconocimos el cielo de Coruscant... –Ben vaciló, inseguro de cómo interpretar el resto-. Entre otros detalles ambiguos. Es posible que el Emperador se oculte en una vergencia subterránea.

- El poder que amasaría allí es demasiado peligroso como para esperar a que lo utilice –añadió Rue-. Una vez en el planeta, nos escabulliremos para detenerlo. Mantendré a Finn informado.

- Y cuando la canciller y los demás estén fuera de peligro, iré a encontrarlos –el aprendiz asintió con expresión preocupada-. Con él y con Myca, necesitarán toda la ayuda que puedan obtener.

- Ayr'lar no va a estar contento... –observó la comandante, viendo de reojo al secretario-. ¿O si?

- Ben Solo no debe dejar la UAL tras lo de Goji –terció Casterfo, afable-. Pero es riesgoso dejarlo aquí sin guardia Jedi. Siempre que Rue responda por él, yo me encargaré de aplacar a Ayr'lar.

Cuidándose de no reaccionar, Ben usó la Fuerza para leer al secretario. Sus emociones fluctuaban en el mismo rango que las del resto: tensión, agotamiento, incertidumbre, pero también determinación.

- Respondo por Ben –ella replicó sin demora-. Ahora, necesitaremos unos uniformes de la UAL...

Su díada tuvo la audacia de improvisar un plan para animar a todos, pero Leia era difícil de engañar. Excusándose, ésta lo tomó del brazo y lo llevó aparte. Ben notó que el intento de secuestro en Goji le había dejado solo una cojera, y se le ocurrió que tal vez el Emperador también tenía planes para ella.

- ¿Qué es lo que busca? ¿Cómo lo detendrán? –mirando al Halcón, su madre se veía resignada.

- Controlar el Mundo entre Mundos –él se esforzó en sonar calmado-. Un reino de la Fuerza que influye en el tiempo, y el destino. Creemos que encontró un acceso. No volveré hasta destruirlo.

- Es lo que temo... –los ojos de Leia fueron a posarse tras su espalda-. Pero ya no estarás solo.

Por el modo cómplice en que volvió a encontrar su mirada, Ben sospechó que ya sabía de la díada.

- La mantendré a salvo... –giró por instinto hacia Rue, y al ver que Casterfo estrechaba su brazo a modo de despedida, apretó los dientes-. ¿Él se quedará en Corellia mientras tú te expones?

- Me expongo porque es necesario para un cese al fuego con la Primera Orden... –Leia le advirtió con la mirada-. Tenemos la oportunidad de lograrlo, con un enemigo común. Pero si pecamos de ingenuos, un líder prepara a sus sucesores. La UAL necesita alguien que flexibilice a Ayr'lar.

La UAL necesitaba alguien menos cuestionada por su familia, solo por ello la arriesgaban así y ella lo sabía. Ben estuvo tentado a replicar si acaso Casterfo merecía sucederla luego de traicionarla como hizo, pero se mordió la lengua al reconocer su hipocresía. Aún así, no le gustaba el secretario. Presa de una súbita corazonada, extrajo el sable de luz de Leia y se lo ofreció. Ella observó ceñuda el arma.

- Siento que lo necesitarás más que yo –Ben explicó al sentir su vacilación-. Tal vez no seas una Jedi, madre... pero el kyber en su interior te eligió por una razón. Deberías mantenerlo contigo.

- ¿Y tú...? –él dejó el sable en su mano, y ella negó tajante-. No puedo, necesitas protegerte...

- Tendré el mío para eso –sacó su cristal del bolsillo-. ¿Ves? No tienes que preocuparte por mi.

Leia enmudeció ante el kyber purificado. Al encontrar miradas, su madre esbozó una suave sonrisa.


Memorizando cada palabra del general Archer en el hangar 3, Nix había retomado el mal hábito de morderse las uñas. Una proyección de la galaxia con los conflictos activos era expuesta en medio del diverso grupo de pilotos en semicírculo. Nuevos mundos del núcleo y borde exterior se habían alzado en las últimas horas, pero ahora refuerzos eran solicitados en más sistemas de los que podían abarcar.

El cese al fuego al que la canciller apostaba les vendría de maravilla a esas alturas, pero una parte importante del concejo había preferido una estrategia más defensiva. El escudo planetario de Corellia se mantendría activado mientras fragatas médicas y cruceros ligeros partían a apoyar sectores clave.

- Mientras la canciller esté fuera, el general Ayr'lar dirigirá la flota desde el Valentía. Ha asignado escuadrones para el Aurora, el Nimbus y el Esperanza ante una eventual misión de rescate a Coruscant. Uno de los grupos aquí presente tendrá la misión de recobrar la antena de Sunrider, o destruirla –Archer frunció el ceño-. Si esta negociación es una farsa, potenciales aliados que la hayan sintonizado serán identificados y eliminados en cuestión de horas. Escuadrón Negro...

- Nos encargaremos –asintió Snap-. Partiremos en cuanto terminen de triangular la transmisión.

- Líderes de escuadrón, acérquense para recibir sus órdenes. Los demás vuelvan a sus puestos.

- Karé traerá los datos en unos minutos –Snap le avisó a ella y a Sura, alejándose entre la marea de pilotos para ir hacia Archer-. Si a Jess le dan de alta antes de que llegue, podremos incluirla.

Se había lesionado en la invasión, pero necesitarían a todo el escuadrón para encontrar la antena. Jon había imitado la programación de la Primera Orden, y a menos que estuvieran lo suficientemente cerca como para ver el armazón imperial, no la distinguirían de las otras del sector. Sura estaba lívída.

- Deberíamos volar todas las antenas... –opinó en cuanto Snap volvió a ellas-. Crear suficiente caos en lo que el Esperanza convoca al resto de la flota. De otro modo, seguiremos expuestos.

- Eso sin contar con la flota del Emperador –musitó una voz tras ellos-. Si es que en serio existe.

Girándose a la fuente del comentario, Nix reparó en que se trataba de un bothan y arqueó una ceja.

- Jacen vio rastros de esas naves él mismo. ¿Y de qué otra forma explicas las sondas de Goji?

- La Primera Orden quiere que nos rindamos con cuentos de fantasmas –él bufó-. Son montajes.

El disgusto de Nix pasó a segundo plano al notar que varios pilotos parecían convencidos de ello.

- Ya recibimos nuestras órdenes, Negro Cinco –Snap intervino posando una mano amable sobre su hombro-. Ellos también. Enfoquémonos en cumplir con las nuestras lo mejor que podamos.

- Deben ser al menos treinta antenas en el sector... –gruñía Sura-. Será mejor que empecemos.

- Pero tal vez no peleemos con la Primera Orden, ¿no? –sus compañeros la miraron escépticos.

La posibilidad era demasiado optimista, incluso para ella. Pero sus amigos habían partido a buscar esperanza con sus enemigos, la joven twi'lek debía aferrarse a algo también. Dejó escapar un suspiro.

- Es una posibilidad remota –Snap admitió, mostrándole una baliza binaria-. Archer me dio esto. La canciller enviará un pulso encubierto si las negociaciones van mal. Y todo lo que nosotros debemos hacer hasta entonces es identificar la antena sin ser detectados por la Primera Orden.

- Facilito... –Sura parecía cada vez más inquieta-. Todo sea porque Poe salga con vida de esta.

- Concuerdo... pero espera a que mi esposa sepa que tendremos que recorrer todo el sector...

Snap hizo una mueca y luego fue hacia la rubia piloto que se acercaba con un droide astromec. En cuanto él y Karé se encontraron, fue como si el hangar dejase de existir para ambos. Nix los observó pensando en si acaso la Fuerza le permitiría un reencuentro con Jacen. Si volverían a sonreírse así...

Bufando con sus pinzas en alto el astromecánico empezó a rodar hacia ella, y Nix de golpe reparó en que se trataba de Chopper, el droide de Hera. El que creían en el Espíritu, a bordo del Templanza.

- ¿¡Cómo en la Fuerza llegaste aquí!? –Nix fue a encontrarlo y se agachó a tratar de traducir su ininteligible parloteo en binario-. Tendrás que hablar más lento, Chopper. Empieza del principio.

- ¿Entiendes a ese droide? –Karé Kun se acercó veloz-. Ha llegado en un caza a medio destruir.

Con el pulso agitado, Nix se concentró en escuchar el vehemente monólogo del droide. Se cubrió la boca al comprender que Hera le había ordenado huír mientras invadían el Templanza, hacía horas.

- Es el astromecánico de la general Syndulla. Dice que un escuadrón del Templanza logró poner un rastreador en la antena, pero la Primera Orden los emboscó duramente. Chopper huyó con órdenes de pedir refuerzos mientras éstos abordaban el puente. Dejaron el crucero a la deriva.

- Los líderes ya están en la capital, pero tal vez aún hay sobrevivientes allá... –Karé miró a Snap.

- ¿Acaso este cacharro tiene las coordenadas de la antena? –terció Sura-. Aquello sería genial.

Chopper dijo algo acerca del intelecto de la squamatan que Nix decidió no traducir, pero extrajo de su interior un pequeño aparato de rastreo como los que Jacen usaba. Los cuatro pilotos se observaron.

- Informaré a Archer sobre esto, gracias amiguito... –Snap hizo ademán de tomar el rastreador, pero el droide esquivó su mano con veloces reclamos-. ¡Oye! No tenemos tiempo para jugar...

- Dice que quiere ir por la general Syndulla... –Nix se giró al droide al oírlo preguntar por Jacen, y sintió una puntada de añoranza-. Tuvo que ir a Csilla otra vez. Un equipo acaba de salir para rescatar a los prisioneros en Coruscant, cuando la antena regrese a la UAL probablemente tengamos que reforzarlos. Mi caza aún no tiene astromec asignado. ¿Te gustaría ir conmigo?

- ¿Estás segura? –Suralinda no se esforzó por disimular su recelo-. No se ve muy actualizado.

El astromecánico le enseñó una de sus pinzas en un gesto grosero y se alejó cuando Snap intentó quitarle el rastreador. Jacen le había dicho a Nix que era un droide difícil, pero ya que ni su X-Wing ni BB-12 sobrevivieron a Goji, ella debía adaptarse. El caza que había requisado de Kylo-Ben olía fatal.

- Tampoco lo estaba el caza que me sacó de Goji –repuso-. Yo creo que Chopper será muy útil.

Tras evaluarla, el droide le entregó el aparato de rastreo y echó a andar con un canturreo afirmativo. Las reacciones de Karé, Snap y Sura variaron entre el humor y la inquietud. Nix encogió los hombros.

- Así, todos salimos ganando... –le tendió a Snap el rastreador-. Ten, te esperaremos para salir.

- Lo haré –asintió él-. Que alguien vaya a ver si Jess está lista para volar. Y suerte con el droide.

Nix intuía que no la necesitaría. De algún modo, tener a Chopper cerca le hacía sentir que Jacen también lo estaba, y solo podía atribuírlo a la voluntad de la Fuerza. Debía creer que la seguía guiando.

A ella, y a todos rebeldes que seguían luchando.


El aprendiz descendió más abajo del submundo con el agrio sabor de la derrota en la boca. Había sobrevivido al derrumbe huyendo apenas por un túnel secundario, solo el poder de su furia le permitía ignorar el dolor de su cuerpo golpeado por las rocas, sus costillas rotas, y su mano izquierda mutilada. Sin los dedos índice y corazón, ésta se había vuelto una pinza inútil para el combate, y su venganza...

Ah, su venganza sería atroz... en cuanto aprendiese a extraer la vida de seres inferiores. Reuniendo el poder suficiente, volvería por la canciller él mismo. Recorrió los sombríos corredores de roca a toda la velocidad que soportaban sus lesiones y encontró a su maestro en la alta habitación, ante el espejo.

- Maestro... –sin la máscara de Kylo debía forzar su voz para hablar, pero le aliviaba ya no sentir sus ecos de conflicto-. Son la díada, su poder crece al reunirse. Y los otros dos, se fortalecen. Uno tiende a la oscuridad. Los Caballeros de Ren murieron tratando de capturar a la canciller.

El Emperador apenas reconoció su presencia con un leve movimiento de la cabeza. En la Fuerza, el aprendiz percibió su decepción, y entendió que él quería que la sintiera. Se arrodilló a duras penas.

- La base de Goji ha sido destruída, han salido de su escondite como ordenó. Y he corroborado...

- Tu información es tan inútil como tardía. Y el fracaso de los Caballeros me hizo tomar medidas.

Incluso cuando creía ciegamente en su maestro y los Sith, reconocía una amenaza cuando la oía.

- Le ruego que me perdone, no esperé... –tuvo que tragarse su orgullo-. Su poder combinado es superior al mío, maestro. Terminaré esa misión y traeré a Organa como sea, pero si me enseña a obtener poder de otros seres como usted hace, estaré listo para enfrentarlos la próxima vez.

Era una habilidad práctica. No como ese espejo, que exhibía futuros inexactos: le había asegurado el éxito en Goji, o su maestro nunca lo habría enviado. Y le había mostrado a la pantorana, con vida...

El Emperador clavó sus fríos ojos amarillos en él, pero esbozó una vaga sonrisa al ver su muñón.

- Mi muchacho, no te preocupes por enfrentarlos otra vez. Solo te pedí que destruyeras esa base tan inaccesible. Esperaba tener ya a la canciller, pero es un retraso menor. Ven, estás herido...

A su señal, dos de sus siemprepresentes guardias del fondo desaparecieron entre las sombras y volvieron con dos prisioneros. El apendiz se acercó con una mezcla de ansia e impaciencia, solo para ver que era su maestro quien los drenaba, posando luego una de sus blancas manos sobre su tórax.

Sintiendo el frío aullido de la Fuerza atravesarlo, sus huesos rotos se comprimieron hasta unirse de nuevo. Todo el dolor que sentía cesó a los instantes, reemplazado por un apacible adormecimiento.

- ¿Mejor? –el aprendiz asintió desde la espesa niebla de sus pensamientos-. Bien. Detecto algo de confusión en ti, mi joven aprendiz. ¿Sucedió algo más durante la invasión a la base rebelde?

- Uno de los aprendices pareció reconocer mi rostro... –replicó un tanto ausente-. Me dijo Myca.

- Ah, ¿y ése nombre significa algo para ti? –el Emperador retiró su mano de su tórax, intrigado.

- Si... –intentó con todas sus fuerzas recordar de dónde, pero todo esfuerzo fue en vano-. No...

Myca. Repitió el nombre para sí mismo sin mayores resultados. El aprendiz que lo había llamado así fue un stormtrooper, y se preguntó si acaso habría sido a quien vio en el espejo con la pantorana. Llevándose la mano a la garganta, de súbito sintió que se trataba de algo relevante para él. Personal...

- Creo que tuve una visión... –las palabras huyeron de sus labios-. De una pantorana que maté.

- Si está muerta, entonces no importa... –su maestro desechó la idea con un gesto, y él asintió mientras la sensación se disolvía-. Necesitarás una mano funcional para traer a la canciller. Uno de mis servidores te reparará. Cuando esté reconectando tus nervios... no huyas del dolor, aprendiz. Siéntelo. Coséchalo. Y dirígelo contra aquellos que te desafíen. Ése es todo el poder que requerirás para capturar a Organa. Ningún Skywalker ha de vivir en mi nuevo Imperio Sith.

- Sí, maestro... –él reflexionó sobre esta declaración, aún algo confundido-. Así se hará, maestro.

El Emperador giró al espejo, y el aprendiz fue guiado por uno de los guardias fuera de la habitación.


Mientras su caza volaba a hipervelocidad, Jacen se sumió en un trance meditativo para descansar. Le costó domar sus pensamientos, la idea de dejar ir a Nix y Hera, si bien era lo correcto, lo inquietaba. Pero luz y oscuridad coexistían dentro de él, así como en cada ser vivo que era parte de la Fuerza. Aceptó su dualidad sin juicios y persistió en el lado luminoso. Éste lo fue inundando en oleadas cálidas.

Perdió la noción del tiempo en este estado, hasta que su cuerpo y mente ya restaurados percibieron agitación más allá de las estrellas. La Fuerza ondulaba como el agua sobre algo a punto de emerger. Un aullido en medio del hiperespacio le hizo abrir los ojos. No era una voz, pero se sentía tan familiar...

Mantente enfocado, parecía aconsejarle con luminosa claridad.

Su nave se sacudió abruptamente, saliendo del hiperespacio. La señal de comunicación se disparó en instantes, y sabiéndose ya en la frontera chiss, Jacen activó el radio a oír una severa voz en cheunh. Se hacía una idea de lo que reclamaba. El aprendiz respiró hondo y se esforzó en sonar como un Jedi.

- Éste es el caza estelar RZ-2 A-Wing. Mi nombre es Jacen Syndula, aprendiz Jedi. Vengo en nombre de la UAL. Entiendo que mi visita es inesperada, pero necesito reunirme con urgencia con Brona... ah... –se interrumpió y rogó a la Fuerza para pronunciarlo bien-. Boadil'bron'nasen.

Una pausa le indicó que el chiss a cargo de las comunicaciones de la gran nave de defensa ante él requería un intérprete. Tras instantes, la voz que lo emplazó fue reemplazada por otra, más aguda.

- Caza estelar RZ-2 A-Wing. Está invadiendo territorio chiss. Si no se retira ahora, será liquidado.

- Por favor... –llevó a su voz toda la calma que pudo-. Tengo información acerca del Emperador.

Una segunda pausa más larga que la primera le indicó que por lo menos lo habían tomado en serio.

- Apague los motores y no salga de la nave hasta ser avisado. Un rayo tractor lo guiará al hangar.

Consciente de una inusual ansiedad en él, Jacen obedeció, apagó los motores y se forzó a respirar mientras era arrastrado a la nave chiss. Una vez instalado en el hangar, una amplia estancia de zonas designadas con letras desconocidas, vio que la tripulación vestida de negro también parecía inquieta.

La señal de comunicación volvió a sonar antes de que pudiese extenderse a la Fuerza a investigar.

- Debes irte –el holograma de la preadolescente Brona se proyectó ante él, y Jacen tuvo la veloz impresión de que había crecido de golpe, sonaba tan fría como sus mayores-. Estamos al tanto de la transmisión del Emperador, pero las nuevas Familias Regentes aún consolidan el cambio de gobierno en Csilla. Pese a sus intenciones de anticipar su regreso, no se pueden involucrar.

Exactamente lo que Jacen le había dicho al concejo. Pero no podía darse el lujo de irse así nomás.

- Sé que no es su costumbre, pero creí que estaban dispuestos a ver más allá de la tradición, y arriesgarse por un gobierno capaz de colaborar para sobrevivir... –la inexpresiva chica apretó la mandíbula, y una corazonada lo invadió-. ¿Cuál era tu nombre de familia antes de Boadil?

- Es irrelevante –ella respondió, demasiado rápido-. Y escapa de lo que has venido a informar.

- Eras parte de una Familia Regente que el Imperio asesinó. Lo viste pasar cuando eras menor.

- Y ya no soy esa niña –su voz se enfrió aún más-. Ahora tengo deberes que atender, Jedi Gris.

- Concuerdo, no eres una niña –Jacen tuvo que pensar en cómo persuadirla-. Argonis dijo que eras su futuro, te preparan para liderar. Pero veo que eres la más joven, y las responsabilidades que te confían me indican que debes aprender rápido porque no dan abasto. Necesitan apoyo.

Si bien Brona no respondió, tampoco finalizó la holollamada. El aprendiz se inclinó hacia adelante.

- El Imperio ya los invadió una vez cuando estaban inestables, vio los recursos que podían robar de Csilla. Si la UAL cae, lo que es posible a estas alturas, pronto seguirá la Ascendencia porque así piensa el Emperador. Ayúdenos a evitarlo. No perderán su independencia por aliarse con...

El holograma de Brona se volteó repentinamente, como alertada por algo pasando en la habitación.

- ¿Qué ocurre? –a Jacen le costaba interpretar el silencio de la severa chica-. ¿Está todo bien?

No lo estaba. Con un vuelco al corazón, Jacen sintió que la agitación en la Fuerza incrementaba.

- Argonis me necesita –replicó secamente-. Quédate en la nave. No hemos terminado de hablar.

Brona cortó la transmisión, y forzándose a dejar ir su inquietud, Jacen se extendió con la Fuerza a leer el ambiente del hangar. Los chiss recibían órdenes de no atacar, pero su desconfianza era notoria.

Mantente enfocado, le había susurrado la Fuerza. ¿Pero en qué...?

Sintió la cálida presencia de Rue rozar el fondo de su mente, y si bien quiso rehuirla, parecía serio. De mala gana, se esforzó en aislarla del resto de impresiones de la Fuerza para escuchar su mensaje.

El Emperador se oculta en Coruscant. Iremos tras él.


Con Rue usando el cuarto de tripulación como vestidor, Finn y Ben tomaron turnos para ponerse el uniforme de la UAL en la bodega trasera de la nave. Evitar a los generales presos en el área principal era lo más práctico para que éstos no los delataran con Pryde al llegar. Mientras menos revuelo, mejor.

- Es curioso como cambian las cosas... –Finn señaló cuando Ben salió vestido como un rebelde.

Él no pareció oírlo, sumergido en sus ideas. Concentrándose en la Fuerza, Finn sintió su inquietud.

- Lo siento, ¿decías algo...? –Ben se giró a mirarlo, sin realmente verlo-. Sí, curioso en efecto...

Volvió taciturno sobre sus pasos a la compuerta aún cerrada del cuarto de tripulación. Finn salvó la distancia en unos pasos, y ambos se recargaron en el pasillo esperando a que Rue les abriera. Los minutos pasaron eternos mientras se debatía entre respetar el silencio de Ben, o insistir en su charla.

No solo para distraerse de las dudas que empezaban a invadirlo sobre la misión ante ellos... suspiró para dejar ir el miedo a no llegar a sus amigos, a Poe, a tiempo. Debía confiar en que la Fuerza estaba guiándolos, y en espíritu de aquello, deseaba traer a colación la avalancha de revelaciones del hangar. Casi parecía que gracias a ello el Emperador había aparecido. Para bien o para mal, estaba por verse.

- El Emperador lleva años creando las condiciones para volver. ¿Crees que los esté esperando?

Esta vez Solo sí lo escuchó. Entorpecido por la chaqueta prestada, cruzó los brazos en gesto grave.

- Es muy posible –hizo una pausa reflexiva-. Está claro que Rue y yo somos más poderosos que su aprendiz... pero no creo que esté buscando un reemplazo. Nos quiere vivos para otra cosa.

- Sea lo que sea, no podemos dejar que lo logre –Finn advirtió-. Iré con ustedes en cuanto pueda.

La compuerta se abrió tras unos segundos. Rue salió arremangándose una de las camisas de Nix.

- Advertí a Jacen, está muy lejos y aún molesto conmigo, pero creo que captó... –calló al mirar a Ben, mas se recobró al instante-. El uniforme y barba no bastarán si hay droides de vigilancia.

Al atropellado comentario de Rue siguió un silencio extraño. Uno que Finn sintió que debía romper.

- Hagamos lluvia de ideas –terció, alternando la vista entre Ben y Rue-. Tal vez una gorra ayude.

- Tal vez una gorra y anteojos... –ella volteó a verlo con mudo alivio.

- Tal vez una gorra, anteojos y una peluca... –Finn le dirigió una mirada cómplice.

- Una peluca... –repitió Rue agrandando los ojos, y ambos se rieron entre dientes.

- Tengo cosas que hacer... –Ben les dio la espalda y se alejó por el pasillo.

- Oye espera... –Finn lo vio irse desconcertado-. Era solo un chiste, si serás uno de nosotros...

- ¿Crees que pueda serlo? –giró, tenso-. Uno de ustedes. Tras todolo que le hice a sus amigos.

Con un escalofrío acudió a su mente la desolación en Jakku, Takodana, Ajan Kloss y tantos otros sitios. El miedo, las torturas, las muertes. El sufrimiento que causó a Nix y Poe. Finn jamás justificaría todo eso, pero saber que el Emperador lo engañó para hacerlo, como la Primera Orden hizo con él...

- De desertor a desertor, a mí me gusta la idea –le respondió de corazón-. No apruebo que hayas herido a tanta gente, pero tal vez... el que alguien como Kylo pueda redimirse le de esperanzas a quienes más la necesitan, a aquellos que creen que ya no tienen la opción de ser buenos. Nadie está libre de errores, pero todos pueden aprender de ellos. Además, ¿cuál es el punto de ayudar a la UAL y no a los nuevos Jedi? Eres una gran biblioteca ambulantede la Fuerza.

Ben dejó caer los hombros, su tensión transformada en desconcierto, y luego en sutil incomodidad.

- Gracias, Finn... –tras un breve silencio, señaló su chaqueta-. Realmente debo arrelgar mi sable.

- Ve, te buscaré luego –Rue lo despidió en tono gentil, y cuando Ben dobló por el pasillo, volteó a Finn con orgullo en su mirada-. Eso fue muy compasivo de tu parte. Sonabas como un Jedi.

- Aún me falta mucho... –él reconoció con una sonrisa que su amiga correspondió. Se veía más relajada ahora, y Finn se preguntó si acaso era por ya no cargar con tantos secretos-. Entiendo que no quisieras contarme lo de tu conexión con Ben, o sobre cómo el Emperador también te ha tratado de engañar. Pero lamento si te hice sentir que no me podías confiar lo de los espías.

Su sonrisa se desvaneció, pero en lugar de su usual acto de desviación, ella cerró los ojos y suspiró.

- Todo hombre era una amenaza hasta conocerte, Finn, con el tiempo... –vaciló- con tiempo tal vez te lo habría confiado. No me gusta hablar de sentimientos, pero a ti te importa. Te importa lo que otros sienten... lo que me hace creer que tú deberías ser quien lidere a los nuevos Jedi.

Esa era una desviación. Pero por la forma en la cual Rue lo miraba ahora, también era sincero.

- No soy lo suficientemente poderoso... –balbuceó, sintiendo que la idea le cerraba el estómago.

- El poder no me hace sabia, lo has visto –le bufó-. Tú sí lo eres. Y carismático. Y admitámoslo, el más estable de los cuatro aprendices. Incluso cuando Poe... tu mejor amigo... está en peligro.

Pese a que su pulso se había disparado con la idea, Finn entornó los ojos al oírla referirse a Poe.

- Ben y yo lidiaremos con los Sith –seria, ella no le dio tiempo a indagar-. Pero si no volvemos...

- Cuando vuelvan, la lideraremos juntos –él la frenó, sospechando a lo que iba-. Ése es el plan.

- Dejemos que la Fuerza decida –Rue le dedicó una última mirada-. Leia nos espera en la cabina.

Dándole unas palmaditas en el brazo, ella echó a andar en aquella dirección. De súbito Finn sintió como una carga invisible empezaba a pesar sobre sus hombros, e imaginó lo que debió haber sentido primero Luke Skywalker, luego Ben Solo, y finalmente su amiga al saberse responsables de una nueva generación Jedi. Se sacudió la idea de la mente, recordándose que su ansiedad lo sacaba del ahora.

A Finn aún le faltaba mucho para ser un buen Jedi, pero no había mejor práctica que el presente.


Rue siguió el aroma del metal quemado a la bodega del fondo, en donde Ben tenía la puerta abierta para desterrar el calor. Lo encontró tan enfocado sobre las piezas de su sable que decidió recargarse en el umbral a mirar. Sus manos hacían que las herramientas lucieran diminutas, pero se movían con sorprendente delicadeza mientras soldaba. Incapaz de apartar la vista, la joven ladeó la cabeza. Era un contraste interesante, tuvo que admitir. Tras instantes, él se estiró y se quitó las gafas protectoras.

- Sabes que puedo sentirte ahí –comentó sin verla, guardando las herramientas-. Puedes entrar.

- No estaba espiando –él volteó en la silla a verla irónico. En respuesta, ella fue a dejar una gorra sobre su cabeza, y ambos entornaron los ojos-. Ugh. Aún te ves como un príncipe en desgracia.

Ella lo dijo como una broma. Principalmente. Percibiendo esto, Ben bajó la mirada hacia su mesa.

- ¿Eso soy ahora...? –limpiando sus manos con un trapo, y para entretención de Rue, él escogió el camino de no reaccionar a sus bravatas-. Supongo que es mejor que un bastardo arrogante.

En un alarde de autocontrol, tanto las piezas soldadas como el kyber flotaron a reunirse en el aire. Cuando el sable de luz estuvo ensamblado él lo tomó y se lo colgó al cinturón. Ella no pudo contenerse.

- No son excluyentes –él alzó una ceja y ella eligió dejarlo en paz-. Te vi devolver el sable a Leia.

- ¿Lo hiciste? Parecías ocupada con el secretario... –pese a admitir que ella lo había provocado, a Rue no le gustó su tono. Lo interrogó con la mirada-. Se lo devolví, porque no confío en él...

- Maz lo hacía –replicó veloz, y él se quitó la gorra con seriedad-. Leia también, y te ha ayudado...

- Para congraciarse con ella. Y contigo... –se veía tranquilo, pero a través del vínculo Rue sintió su incomodidad al discrepar-. Sé que te agrada. Pero él te puso en un cuarto con Hux mientras aún digerías lo de Pantora. De estar en la base, Leia jamás te habría puesto en esa situación.

No la estaba criticando a ella, pero Rue se sintió idiota. Porque no lo había visto así hasta entonces. La admiración que guardaba desde niña por el riosano se volvió fría aversión al saberse manipulada.

- Quería que yo lo matara –resolvió, tensa-. Y es quien contactó a Pryde para frenar la ejecución.

- No digo que sirva a la Primera Orden –la voz de Ben la devolvió al presente-. Después de todo, ellos trataron de inculparlo de un crimen capital. Digo que es un político, y que no siempre toma decisiones sabias con información delicada, los políticos rara vez lo hacen. Lo que me inquieta es que mi presencia en la UAL ha causado división. Presiento que mi madre sufrirá por aquello.

El amago de arrebato en ella se disolvió al pensar en el bienestar de su maestra, y sorpresivamente, al sentir la culpa de su díada. Casterfo estaba fuera de su alcance y Rue no podía confrontarlo, pero había perdido ya a dos madres, y lo que estaba a su alcance, era animar a Ben como mejor podía.

- Pateó a Ap'lek en las bolas hace unas horas... –él casi sonrió. Casi. Rue lo vio fruncir los labios a fin de disimular y aceptó el desafío de hacerlo reír, algún día-. Creo que tu madre estará bien.

Ellos, por otra parte, no la sacarían tan barata ante el Emperador. Rue lo sabía, pero cualfuese el desafío que tuviesen por delante, ya no había marcha atrás con la amenaza del Sith. Solo les quedaba confiar en la Fuerza y en su díada para encontrar aquel hipotético portal, y arrancárselo de las manos.

El recuerdo de Mara reconociéndola en su visión pasó fugaz por su mente.

El Mundo entre Mundos no podía ser alterado.