Lo que la vida me regalo

Por Luzdeluna82

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de Keiko Nagita, solo son para diversión personal.

Capítulo 1

Estoy en mi apartamento, dejando que la brisa del mar acaricie mi rostro, se siente frio y el olor del salitre llena el ambiente, es octubre y se empieza a tornar frio en california, es de noche, la luna llena ilumina todo sin necesidad de la luz eléctrica. Me pregunto si alguna vez podre sentirme feliz de nuevo, todo es tan triste y oscuro en este momento, las lagrimas comienzan a salir de nuevo, me regaño a mí misma por no poderlas controlar, duele, duele desde hace 3 meses que sucedió.

¿Pude haber hecho algo? No lo sé, mi padre me culpa de todo, claro que si, como si en todo caso él no tuviera culpa, la tiene, claro que la tiene, pero ahora es inútil llorar sobre la leche derramada, ella no volverá a la vida a cambio de todas mis lágrimas.

En ocasiones desearía desaparecer, se que no puedo, quiero ser la misma que hace meses, aunque se que no volverá, tengo que ser fuerte por mis pacientes, mis empleados y toda la responsabilidad que tengo en mis hombros, Patty me toca el hombro, esperando alguna respuesta mía pero no tengo ánimos para lidiar con ella, la quiero, pero necesito mi espacio, vuelve a hacerlo, llamándome por mi nombre insistiendo que la voltee a ver, no quiero que me vea llorar, aunque entiendo que es inútil, no se rendirá, nunca se rinde conmigo, siempre me apoya, siempre está para mí.

-Candy, mírame por favor.

-Ya comí algo en la oficina, no te preocupes, puedes irte, ─dije sin voltear a verla.

- ¿Hasta cuándo la lloraras Candy? Ella ya esta en un lugar mejor, déjala descansar, los muertos necesitan que los dejemos ir y tu no lo has hecho.

-No puedo Patty, ella nos ha dejado destrozados a todos, a veces me gustaría seguirla hasta donde este.

-No digas eso ni de broma, ¿el psicólogo lo sabe?

-No y no pienso decírselo, sabes que no me ha servido de nada estar en terapia.

-Definitivamente tienes razón, el no es para ti, te dejare llorar por hoy, pero mañana no esperes que te deje aquí sin más, tenemos que iniciar de nuevo y pienso hacerlo contigo quieras o no.

-Yo no…

- ¡Tu si, y lo harás! ya ha sido suficiente, anímate cariño podrás salir adelante, te quiero, tengo que irme, mañana será otro día y será mejor que hoy, lo prometo.

-Te quiero Patty, gracias hasta mañana, le di un abrazo sabiendo que no me dejaría, esperando que sus palabras fueran ciertas y que tuviera un mejor despertar.

La mañana llego y solo pude pegar el ojo 4 horas, era lo más que había podido dormir desde aquella noche, el café me ayudaba a despertar como todas las mañanas, era lo que me mantenía activa en el día, me duche y comí una tostada mientras veía que el reloj avanzaba, corrí hacia el coche y al fin pude llegar a tiempo a mi trabajo, del cual milagrosamente no me habían despedido, después de estar encerrada un mes en mi casa sin poder levantarme de mi cama, el dueño de la casa de descanso había tenido la amabilidad de ser considerado conmigo tomando en cuenta los eventos.

Mi oficina esta al final del pasillo, era la administradora de la casa de descanso para personas mayores "The Samarkand" en Santa Barbara California, era todo lujo para personas ricas, una delicia envejecer en este lugar, había todo tipo de personas, amables, comprensivos, altaneros, odiosos, solitarios, callados, pedantes, de todo un poco, todos tenían maravillosas historias que contar, esa era mi parte favorita, claro que no eran parte de mis actividades, pero amaba hablar con todos, sus experiencias de vida era lo que me había ayudado a no hundirme hasta lo mas profundo, claro que tenía mis favoritos.

-Charles ya te vi, esconderte detrás de la maseta, no te oculta travieso, sé que me estabas esperando, ─le decía yo a ese hombre canoso, encorvado de la espalda, le sobre salía una pancita que ni queriendo podría ocultar y de lentos movimientos, su sonrisa te hacia regresarle el saludo con la misma alegría, era como el abuelito con los que todos soñamos, amoroso y que anda repartiendo chocolates a todo el que se le atraviesa.

-Candy no me regañes, tenia ganas de verte, esa oficina tuya te tiene muy perdida en estos días, podrías venir, necesito contarte algo malo que hice.

No pude dejar de sonreír, el era un atrevido con las viejitas, así que no me sorprendía que tuviera un "chisme" que compartir hoy, salimos a la orilla de la piscina y nos sentamos en las mesas de hierro color blanco con sombrillas que estaban ahí.

-Sabes que Ruth se me declaro, pero le dije que no.

- ¿Por qué hiciste eso Charles?, ─Ruth era una chica picarona que siempre andaba buscando algún viejito que le comprara sus caprichos ya que su familia la conocía y no le dejaban dinero para darse sus dulces gustos como ella lo decía.

-Porque yo amo a Martha, ¿Cómo crees que podría estar con ella amando a otra?

- ¿Martha sabe que estas enamorado de ella?

-No Candy, soy muy tímido para declararme, ─rodé los ojos sin que me viera "si claro", me reía por dentro.

-Debes de decirle que la amas, además ¿Qué puedes perder Charles?

-Lo sé, hoy después de la comida me le declarare, tu serás madrina de nuestra boda, ─decía animado.

Le puse la mano sobre la rodilla -Claro que si Charles, será todo un honor, le di un beso en la mejilla y me despedí.

Esa era la parte que amaba de mi trabajo, la otra no tanto, lidiar con los familiares de los pacientes o inquilinos, no tenia mucho que había llegado uno, William Andrew, un hombre de 63 años, tenía un mes aquí, solo había recibido una visita, una mujer mayor también, con un humor peor que el de William, se quejaban de su comportamiento las enfermeras, tenia que llamar a los familiares para que hablaran con él, solo que primero tendría que hacer su investigación, su entrada a la casa había sido por medio del dueño, no había pasado por psicología ni por ningún filtro que usualmente se hace, el Doctor Leonard dio ordenes expresas que no se le molestara, pero la situación era complicada, todos se quejaban de él.

El chef Lois porque no le complacía el sabor de los platillos, la mucama porque no le gustaba como le tendían la cama, la del aseo, la enfermera, el terapeuta físico, hasta el de mantenimiento el día que fue a colgarle un cuadro que había traído porque lo dejo chueco, empezó a darle de bastonazos, no había persona en la casa de descanso que no se hubiese quejado de él, era mi tarea el trabajo sucio, el tratar de que todos trabajaran en santa paz.

Comencé por el principio, fui a buscarlo, por las cámaras supe que estaba en la sala principal, todas las áreas comunes las tenían así que no fue difícil localizarlo, había un piano, cuando llegue me pareció interesante cuando lo detalle mas a fondo, un hombre maduro si, pero con un porte de caballero imponente, ojos azules, alto, delgado, atractivo, debió de ser todo un adonis en su juventud, no habría problema en que muchas de nuestras chicas del asilo, como llamábamos a las viejitas, se interesaran en él, solo que su carácter no lo ayudaba para nada.

Espere a que terminara la bella melodía que tocaba, me acerque a él y no esperaba lo que me dijo.

-No he pedido un servicio de nada, ¿Qué quieres? ─me dijo en tono altanero, me quede con los ojos bien abiertos, sabía que era difícil así que intente ponerme en su tono.

-Señor Andrew, no soy del servicio, soy la administradora, necesito hablar con usted.

-No tengo nada que hablar con nadie, si me quieren echar, écheme, no es que me importe mucho.

Ahora si estaba helada, ─ ¿Cómo que quería que lo echáramos? Esto tenia un trasfondo que estaba dispuesta a descubrir.

-Señor Andrew nadie quiere echarlo, solo quiero hablar con usted, ¿me permite sentarme?

-Si eso quiere… ─me decía mientras se veía las uñas de las mano derecha, era muy arrogante este señor.

-Señor me preguntaba si había algún problema, me dicen todas las personas involucradas en atenderlo que han tenido desacuerdos, puede decirme con confianza que sucede.

-Todos son unos ineptos, ¿Qué quiere que le diga?

Suspire, -Dice Enrique de mantenimiento que le pego con el bastón, ¿Qué me dice de esa agresión?

-Se lo merecía, mi cuadro favorito estaba hecho un desastre con solo dos minutos que lo toco.

-Les grita a todos los empleados, tendría que hacerle saber que sabia todo lo que estaba haciendo.

- ¿Cómo es que se asustan con un pequeño gritillo que les de dado? Y eso de vez en cuando ─Le veía cierto cinismo en el rostro.

-Señor Andrew, esta es una casa de descanso como usted sabe, todos vienen a reposar después de una vida llena de trabajo, aquí usted podrá encontrar a personas sumamente amables y comprensivas, que le proporcionaran todo lo que usted pida con amabilidad, le pido por favor que controle su mal carácter, una de las reglas para la estancia es respetar el ambiente tranquilo que aquí se trata de mantener, la manera de dirigirse a los empleados forma parte de este ambiente, sea respetuoso por favor en su forma de dirigirse a ellos, podemos todos vivir de una forma armoniosa, ¿estamos de acuerdo?

- ¿Su nombre?

Me sonroje, había olvidado presentarme, -Candice White a sus órdenes.

-Sabe que no estoy aquí por gusto, pero algo tenia que hacer, ya no sirvo para mi familia, así que no espere que mi carácter mejore, si no le gusta, dígales que vengan por mí, no me importa a que otro lugar del país tengan que mandarme.

-Correcto, entiendo, nadie lo obliga a estar aquí, así que, si me permite ─me levante─, solo le comento que si quiere quedarse tendrá que cambiar su forma de dirigirse al personal, con permiso.

Sali molesta, que mala actitud tenia, no me dejo otro remedio que hablar con su familia, abrí su expediente electrónico y tenia dos números, William Albert Andrew y Elroy Emilia Andrew.

Decidí llamar al que suponía era su hijo, me contesto al segundo timbre.

-Señor Andrew, le hablo de la casa de descanso donde esta hospedado el Señor William Andrew.

-Si dígame, pagare lo que haya destruido o el hospital si es que lesiono a alguien, ─Voltee a ver la bocina del teléfono sin creer que hablábamos de un adulto mayor y sobre todo de su padre.

-No le llamo por eso, necesito hablar con usted, ¿puede venir mañana?

- ¿Con quién hablo?

Diablos había olvidado presentarme de nuevo, -Lic. Candice White, administradora a sus órdenes, ¿puedo verlo mañana a las 12, que le parece?

-Hmm tengo una reunión, puedo ir a las 3, ¿Tiene tiempo a esa hora?

-Bien lo espero a esa hora, gracias.

Colgó sin más, parecía que llevaba prisa y además me imagino que este tipo de citas ya las había tenido antes, pase mi mano por el mentón me parecía sumamente interesante.

Continuara…

Chicas buenas noches, aqui con una nueva novela, espero que les guste, les mando un abrazote y muchas bendiciones!

Atte. Su comadre Erika.