Capítulo 2: La familia Madrigal

'Estás en mi casa y... um... Soy Bruno. Bruno Madrigal'

Bruno se temía lo peor. Cómo se asustaría y se escondería o saldría corriendo o...

'¿Bruno? ¿Bruno Madrigal? ¿El que ve el futuro?' Su cara mostraba interés, curiosidad, incluso sorpresa. Eso desconcertó a Bruno, que cambió el peso a la otra pierna.

'S-Sí... Ese soy yo'

No se lo podía creer. Había ido a parar al Encanto. ¿Estaba soñando? ¿Se despertaría y volvería a su miserable vida? No quería pensar en ello. '¿Cómo he llegado hasta aquí?'

'Um... Unos hombres te encontraron en el río... Estabas muy malherida y te trajeron aquí... ¿N-No recuerdas nada? Sabes... um... ¿Sabes cómo te llamas?' preguntó Bruno, completamente desconcertado por su reacción y su aparente amnesia.

'No, o sea, sí, sé cómo me llamo, pero no recuerdo cómo llegué hasta ese río. Mi memoria está confusa...' cerró los ojos y puso su mano en la sien, intentando recordar algo después de haberse quedado dormida. Sin éxito, volvió a abrirlos. 'Me llamo...' Dudó. ¿Debería decir su nombre real? ¿El nombre por el que ella prefería que la llamasen? ¿O quizá inventarse uno nuevo? Bruno le miraba con curiosidad, aunque aún le notaba un poco inquieto.

'Realmente no me gusta mi nombre...' susurró para sí misma, mirando el suelo.

'Entonces dime cómo quieres que te llame, no me importa que no sea tu nombre real'. Ella lo miró agradecida y asintió. 'Me llamo Noah' dijo con una sonrisa.

'Vale pues... Noah' Bruno sonrió y empezaron a escucharse pasos. Su expresión cambió a una de miedo y se apresuró a la puerta. Él puso la mano en el pomo, pero justo en ese momento, su madre abrió la puerta.

'Brunito, ¿cómo está la...? Oh' La señora Alma se quedó mirando a Noah, que estaba de pie en mitad de la habitación, mirándola con la cabeza ladeada. '¡Mamá! Estaba a punto de ir a avisarte, se acaba de despertar...' Bruno no podía contener su inquietud y su ansiedad, pasando su peso de una pierna a otra y jugando con sus propias manos.

'No te preocupes Bruno. ¿Cómo te llamas?' Alma se acercó y se puso en cuclillas para estar a su altura. Noah miró a Bruno y luego a la señora Alma. 'Me llamo Noah' Alma asintió. 'Noah, ¿recuerdas cómo llegaste al río? ¿O dónde están tus papás?'

Al mencionar a sus padres, a Noah se le formó un nudo en la garganta. Allí no estarían, ¿verdad? Desde luego, no los quería allí. Ella negó con la cabeza. 'Mis padres... No están aquí'

Alma frunció el ceño, confundida. '¿A qué te refieres?' 'Mis padres no están aquí. Es a lo que me refiero' Después de un momento, Alma asintió. Ella pensó que sus padres habían muerto. 'Oh, ya veo. Entonces...'

En ese momento, su voz se vio interrumpida por la voz de una niña, que gritaba furiosa en el piso de abajo. '¡Uuuuuugh! ¡Estoy harta de esos niños! ¡Y de esta dichosa nube!'

Alma se puso de pie y se asomó a la barandilla. 'Pepa, necesito que vayas al orfanato y preguntes si falta alguien allí' 'Pero mamá, ¡acabo de llegar y estoy empapada!' Se escucharon los pasos de la niña como si estuviera pisando charcos. 'La chica se ha despertado. Ve a preguntar, Pepa'

Pepa hizo un sonido de protesta, pero se volvió a escuchar la puerta abrirse y cerrarse. Noah se asomó a la ventana y vio a Pepa, con una nube en la cabeza, dirigirse a uno de los edificios. Alma se dio media vuelta y observó a Noah mirar por la ventana.

Noah pensó que allí le iban a decir que no faltaba nadie. ¿Y entonces? ¿Qué harían con ella? Ella sabía todo lo que iba a pasar y conocía a la familia Madrigal más de lo que ellos mismos se conocían en ese momento, pero no podía decirlo. Y tampoco podía hacer como si nada, a Bruno ya le había dicho que sabía cuál era su poder, aunque fuese a través de una pregunta. Se inquietó.

'Esa es mi hija Pepa. Y este es mi hijo Bruno. Yo me llamo Alma' En ese momento, el estómago de la chica rugió y Alma sonrió. 'Brunito, mi vida, ve con Noah a la cocina y comed algo. Cuando Pepa vuelva, hablaremos' Alma salió de la habitación antes de que Bruno pudiese protestar y Noah se giró y le miró.

'Siento que te hayan vuelto mi canguro' dijo Noah con una sonrisa triste. '¿Tu qué?' La cara de Bruno era un poema. Noah anotó en su mente que debía prestar más atención a las palabras que escogía. 'Me refiero a que siento que tengas que ocuparte de mí' 'Ah... N-No te preocupes. Yo también tengo hambre, así que también comeré algo'

Ambos salieron de la habitación y Noah se quedó mirando el interior de la casa. Era enorme y muy bonita, aunque no la podía ver bien. Al otro lado de la casa, pudo ver las cuatro puertas brillando, así que la habitación de invitados se convertiría en la habitación de los niños...

Acarició la barandilla y uno de los azulejos del suelo se movió para saludarla. Noah sonrió y Bruno pensó que era extraño que Casita saludase a alguien sin más.

Bajaron por las escaleras cuando Julieta llegaba, suspirando. 'Por fin he terminado... ¡La gente debería ser más cautelosa! ¡No siempre van a tener mis arepas!' Noah se quedó mirándola detenidamente, encontrándose con la mirada de Julieta cuando ésta levantó la cabeza.

'¡Ya estás despierta! ¿Te encuentras mejor?' Julieta se acercó a ella e inspeccionó su cara en busca de heridas. 'Sí, estoy mejor' Noah se movió algo incómoda. Quería darle las gracias, pero quería hacer como que no conocía ni sabía de la existencia del Encanto.

Julieta notó su incomodidad y le sonrió tranquilizadoramente. 'Juli, justo íbamos a comer algo... ¿Quieres venir a con nosotros?' le pidió Bruno. Se notaba que no quería volver a quedarse a solas con la desconocida. '¡Vale! Pero primero tengo que ir al baño, tengo los pies llenos de tierra y las manos sucias. Id yendo vosotros. ¡Hay comida en la encimera!' dijo mientras iba hacia el baño.

Los dos fueron a la cocina y Casita les dio un plato a cada uno. Ambos cogieron un par de arepas de queso y se sentaron en la mesa. Bruno comenzó a comer tranquilamente, como si se hubiese olvidado de que ella estaba allí.

'Bruno, um... Me gustaría pedirte otra cosa antes de que llegase tu hermana' Bruno se sobresaltó y la miró asustado e incómodo. 'Cuando Pepa llegue, le habrán dicho que no les falta nadie en el orfanato... Por favor, no digas que ya sabía cuál era tu don. Si quieres te lo explicaré en otro momento pero...' Bruno asintió en silencio y siguió comiendo.

Noah le dio las gracias con una pequeña sonrisa y empezó a comer. Julieta llegó poco después y cogió otro plato. 'No comáis mucho que luego viene la cena' dijo con una sonrisa. Cogió una arepa y se sentó al lado de su hermanito. Noah estaba justo enfrente de ellos.

Noah se preguntó qué pasaría con ella. Justo en ese momento, Pepa volvió cerrando la puerta de un portazo y gritando frustrada. El viento se volvió más intenso y violento y Noah se agarró a la silla.

'¡Pepa! ¿¡Qué te he dicho de dar portazos!?' riñó Alma saliendo de su habitación. '¡Son esos niños! ¡No me dejan en paz! ¡Les parece muy gracioso que tenga siempre una nube en la cabeza y que esté siempre empapada!'

Alma suspiró y bajó las escaleras para confortar a su hija. Al abrazarla, el viento se calmó y la nube dejó de llover a raudales para solo chispear. Entró con ella a la cocina y ambas se sentaron, quedando Alma entre Noah y Pepa.

'Mamá, los adultos me han dicho que no han encontrado a sus padres' dijo Julieta al verla entrar. 'Lo sé, mija. Pepa, ¿qué te han dicho en el orfanato?' Alma miró a Pepa, que se había levantado a por un plato y un par de arepas. 'Me han dicho que no les falta ningún niño, que están todos allí. Ah, y que necesitan ayuda para agrandar el orfanato, al parecer ya tienen todas las camas llenas...'

Las caras de confusión de las chicas se acentuaron al ver que su madre tampoco comprendía qué estaba pasando. Noah no sabía si Bruno estaba simplemente ignorando la conversación que estaba pasando o si era muy buen actor.

'Noah... ¿Recuerdas qué te pasó?' Noah no recordaba qué había pasado después de irse a dormir, pero sí había pensado qué responder a esa pregunta. Era una mentira a medias, pero no le gustaba mentir. Se removió incómoda en el asiento y miró a su regazo.

'Yo... Recuerdo que hui de casa. Mis padres me...' Tragó saliva mientras notaba cómo los ojos se le llenaban de lágrimas. 'Mis padres me maltrataban y... me sentía tan mal... estaba tan cansada de sus palizas... Que hui. Me metí en el bosque y... creo que tropecé o me resbalé... Y recuerdo rodar y hacerme daño por una pendiente'

Lo cierto es que sus padres se aseguraron de nunca tocarle un pelo, pero el maltrato psicológico que había recibido lo habían constatado psicólogos y psiquiatras. Y lo del bosque... Según le había dicho Bruno, estaba malherida cuando llegó, así que tenía que inventarse alguna excusa para ello.

'¿Recuerdas algo más?' Alma siguió insistiendo. 'Después de caer, me dolía todo el cuerpo... Creo que me desmayé o me quedé dormida por el cansancio. En algún momento noté alguien cogiéndome en brazos, un calor agradable... Y luego sentí que me ponían en el suelo. Y el agua mojando mi mano. Luego volví a perder el conocimiento, no recuerdo nada más'

Alma asintió, pensativa. Las niñas se quedaron mirándola, sorprendidas, mientras que Bruno estaba mirando un agujero en el suelo, intentando dar de comer a un ratoncillo.

'Entonces, Noah, ¿sabes dónde estás?' Noah negó con la cabeza y miró a Alma. 'Tampoco sé cómo es posible que no tenga ninguna herida... De verdad recuerdo haberme hecho daño en la caída' añadió para darle pie a que le explicara el Encanto y los dones de sus hijos. Alma sonrió amablemente, aunque en sus ojos podía verse reflejada la tristeza.

'Bueno, antes que nada, bienvenida a Encanto. Hace unos seis años, nuestra gente tuvo que huir de nuestro hogar, pero no pudimos escapar del peligro. Pero en nuestro momento más oscuro, se nos concedió un milagro. Un lugar seguro donde poder vivir felices y protegidos. Supongo que el Encanto te rescató del bosque en el que estabas para que pudieses vivir sin temer los golpes de tu familia'

Alma acarició suavemente el pelo corto y levemente ondulado de Noah y luego dirigió la mirada a sus hijos. 'Y estos son mis hijos. Cada uno de ellos tiene un don. Mi Julieta cura heridas con todo lo que cocina, por eso no tienes ninguna herida' Julieta la saludó con la mano mientras sonreía y Noah le devolvió la sonrisa.

'Mi Pepa... bueno, lo has podido ver por ti misma. Su estado de ánimo hace que el clima cambie' Pepa sonrió ante la mención de su don y un arcoíris apareció encima de ella.

'Y Bruno... Bruno puede ver el futuro' Bruno miró a su madre al oír su nombre y luego miró a Noah. Después de unos instantes, volvió a dirigir la mirada al ratoncillo que ya estaba en su regazo durmiendo y sonrió.

'Señora Alma... ¿Qué va a pasarme ahora? Si no he escuchado mal, el orfanato está lleno...' Noah se movió incómoda en la silla. No quería dormir a la intemperie y tampoco le había gustado el hecho de que Alma no hubiese dicho Mi Bruno.

'Por ahora, puedes dormir en la habitación de invitados. Además, no creo que el pueblo deba saber que vienes de fuera, se podrían asustar...' Noah asintió, más tranquila.

'Gracias por acogerme. Um... ¿Por casualidad alguien ha visto unas gafas?' Noah los miró a todos, sintiendo ya la vista cansada de forzarla para poder ver un poco mejor.

'No, nadie ha mencionado que tuvieses gafas, pero mañana por la mañana podríais ir a buscarlas' dijo Alma mirando a los trillizos. '¿Podríamos aprovechar para descansar y no tener tareas? Por favooooor' pidió Pepa aprovechando la oportunidad.

Alma sonrió ampliamente y asintió. 'Solo mañana. Y ya hablaremos de qué haréis mañana mientras cenamos'

'Bueno, ¡pues vamos a preparar la cena! Pepa, ¿quieres ayudarme?' Su hermana asintió y se levantaron rápidamente de la mesa. Alma empezó a levantarse para ayudar a las niñas, cuando Noah habló.

'Señora Alma... Yo no quiero molestar. Con un par más de arepas estaré bien, no me gustaría ser una carga...' La señora Alma le sonrió amablemente y asintió. 'Está bien, puedes comer eso si lo deseas. Y si prefieres saltarte la cena familiar para descansar y procesar la información, puedes ir a la habitación. ¿Sabes dónde está?'

Noah asintió y se levantó. Cogió un par de arepas más y empezó a salir de la cocina cuando notó que Bruno la estaba acompañando, ratoncillo en mano. Noah sonrió al ver al ratoncillo y este se montó en el brazo de Noah, atraído por la comida.

'¡Oye! Traidor...' le dijo Bruno al ratoncillo. Noah se rio suavemente y le dio un pedazo de arepa al ratoncillo. Una vez arriba, miró a Bruno. '¿Quieres pasar? ¿O solo me has acompañado por si me perdía?' le sonrió dulcemente.

'Yo...' empezó a decir Bruno, pero fue interrumpido por su madre. '¡Bruno! ¿Dónde te has metido? ¡No te escaquees y ven a poner la mesa!' La cara de Bruno cambió a una de miedo y se marchó corriendo, dejando al ratoncillo con Noah. Ella cerró la puerta y comió tranquilamente.

Una vez terminó, se tumbó en la cama y acarició al ratoncillo mientras reflexionaba sobre todo lo que le había pasado. Se había ido a dormir, rogando por aparecer allí, después de semanas pidiendo lo mismo, y por fin había sucedido.

Conservaba todos sus recuerdos, aunque parecía que volvía a ser una niña de unos seis o siete años, no estaba segura. Suspiró y cerró los ojos, de nuevo tarareando la canción Waiting for a miracle, salvo que esta vez no deseaba más que despertar la mañana siguiente en esa misma habitación.