¡Buenas! Antes que nada, quería pediros perdón por no publicar la semana pasada. Me enfermé y no pude ni salir de la cama. Ya me encuentro mejor, ¡así que sigamos con la historia!
En este capítulo, damos un salto atrás en el tiempo. Después de que Bruno se fuera con sus hermanas.
Capítulo 7: Momentos paralelos II
Y allí estaba ella. Acababa de dejar a Cali en la habitación y llevaba una taza de té y un vaso de agua, para la señora Alma y para ella, respectivamente.
Y sin embargo, no sabía cómo llamar. Con ambas manos ocupadas... 'Casita... ¿Puedes llamar por mí? ¿O avisar a la señora Alma de que estoy aquí?'
Casita movió sus azulejos como señal afirmativa y llamó a la puerta haciendo chocar un azulejo contra la puerta. Cuando Alma dio permiso para pasar, Casita le abrió la puerta ampliamente, para que no tuviera problemas.
'Gracias' susurró y sonrió tímidamente. Los azulejos contestaron de nuevo, haciendo sonidos que parecían reflejar... ¿felicidad?
Noah entró a la habitación. Al parecer, su habitación tenía dos pisos. En la parte baja, había estanterías con libros y adornos, algunas fotos y dibujos. También había una mesa y sillas, como para tener reuniones allí dentro.
En una esquina, había un sofá para tres personas -los trillizos decidió Noah mentalmente- y un par de sillones, junto con una mesa baja. Al fondo, una escalera. Y en la escalera, la frase "Amar en su totalidad es amar enteramente" y un cuadro. Era la foto de boda de ambos.
"La vela está arriba" pensó Noah. Supuso que también estaría la cama y la habitación idéntica a la del pueblo del que tuvieron que huir.
'¿Qué traes ahí?' preguntó Alma mirándola. Noah se enderezó, saliendo abruptamente de sus pensamientos y mirándola. 'He pensado que quizá le apetecería un té... Y también traigo un vaso de agua para... mí' dudó al decir lo último y Alma lo pudo notar.
'Muchas gracias Noah, es un detalle. Por favor, siéntate aquí conmigo' dijo Alma para aliviar la tensión que traía Noah, señalando a su vez al sillón que tenía enfrente.
Noah dejó las bebidas en la mesa y se sentó, nerviosa. No sabía por dónde comenzar. Alma alcanzó su taza y bebió un sorbo. Luego, suspiró. 'Antes de hablar de tus tareas aquí, quiero hablar contigo de un par de temas. Lo primero, las ratas'
Noah asintió. Eran ratones en aquel momento, pero sabía que más adelante Bruno preferiría a los roedores más grandes. 'He visto que Bruno ya te ha enredado con una de ellas, pero creo que no te ha contado las normas que debes seguir para que puedan seguir aquí'
Noah negó y Alma continuó. 'Deben estar limpias. Bruno las lava todas las mañanas y se preocupa para que no se ensucien. Si se mancha, tendrás que bañarla. Aquí nos tomamos la higiene muy en serio'
Noah asintió y siguió escuchando. No tenía mucho que decir con respecto a eso. 'Por lo demás, con que no se acerque a la comida y no os haga daño, está bien' terminó de explicar Alma.
'En cuanto a la higiene personal, hay que bañarse mínimo una vez a la semana, pero si has sudado o te has manchado o cualquier cosa de ese estilo... A la bañera. De normal, Bruno y Julieta se bañan casi cada día, aunque Pepa no lo hace tan a menudo' explicó Alma.
'El pelo debe estar siempre limpio y bien peinado. Y la higiene bucal también es importante, aunque ayer y hoy lo haya dejado pasar un poco. ¿Alguna duda por ahora?' le preguntó a Noah, que se removía inquieta en el sillón.
'La verdad es que sí. Me habéis comprado ropa, pero... Un cepillo o un peine o un cepillo de dientes no... También, no sé si compartís las toallas o la esponja... Por no saber, no sé siquiera si se bañan con tu ayuda... Aunque puedo asegurarle que yo no la voy a necesitar'
'Por lo que necesites no te preocupes. Me lo vas diciendo y yo te lo iré comprando. No compartimos toallas, pero puedes utilizar la de los invitados. Y con respecto a los baños... Julieta ya se baña sola, mientras que Bruno y Pepa solo me piden ayuda para lavarse el pelo. Así que no pasa nada, puedes bañarte sola si lo deseas' la tranquilizó Alma.
Noah soltó el aire que llevaba conteniendo sin darse cuenta y asintió lentamente. Si tenía más de 6 años, tendría unas marcas que no querría que nadie viera. No podía explicar de dónde habían salido.
'A ver, qué más cosas... Ah, sí. Siempre comemos en familia. Desayuno, almuerzo y cena. Dijiste que sabías cocinar, ¿cierto?' Noah asintió.
'Sé cocinar, aunque no creo que sean platos que... conozcáis. Ninguno de vosotros. Aunque por lo que he visto, creo que necesitaría que alguien me enseñase a utilizar algunas cosas... En mi casa eran diferentes...' Noah quiso suspirar, pero se detuvo. Una de las cosas que posiblemente echaría de menos sería la electricidad, pero se adaptaría.
'Yo te enseñaré. Y las primeras veces veré cómo lo haces, para asegurarme de que no hay peligro alguno a dejarte cocinando a solas... Como comprenderás, no me siento cómoda dejando a una niña de 6 años cocinando sin supervisión' Noah asintió, estaba de acuerdo con eso.
'Bueno, hablemos de la rutina para pensar qué harás aquí. Entre semana, mis hijos van al colegio después de desayunar. Tú irás con ellos y los ayudarás con las clases. Cuando lleguéis, la comida ya estará lista. Los trillizos saben que después de comer tienen que hacer los deberes y una vez que han terminado, empiezan con sus tareas para con el Encanto'
'Creo que los podría ayudar con los deberes y, cuando se vayan a hacer sus tareas, yo podría lavar los platos del desayuno y del almuerzo...' empezó a proponer Noah.
Alma asintió, satisfecha con su propuesta. 'Julieta de normal cocina conmigo, y luego vamos a repartir la comida. Pepa sale directamente después de los deberes y va atendiendo las peticiones de lluvia o de sol. Y Bruno... Bruno depende. Hay días que va con su hermana y otros días se queda en casa, en su habitación, estudiando sus visiones'
'Entonces podría lavar también lo que se ensuciase al cocinar para la gente. También podría barrer...' continuó Noah. 'Casita se limpia por sí sola la mayoría del tiempo. Pero la entrada sí la podrías barrer' Noah asintió. '¿Qué más podría hacer?'
'Hm... Podrías hacer las cenas. O al menos algunas, cuando se nos haga tarde en el pueblo, o cuando esté cansada. Me ayudaría mucho' Noah asintió enérgicamente. 'Eso puedo hacerlo, sí'
'También podrías ayudar con la colada. Las hacemos todos los miércoles' Noah asintió de nuevo. 'Ayudaré, aunque me tendrá que guiar las primeras veces... Eso no lo sé hacer' dijo Noah, a lo que Alma asintió.
'No te preocupes, yo te enseñaré. También dijiste que sabías coser un poco, ¿no?' Noah asintió. 'En mi casa era yo la que arreglaba mi propia ropa... Pero si soy sincera, eran chapuzas que tenía que remendar una y otra vez... Aunque me gustaría aprender. Podría coser la ropa que fuese necesaria reparar'
Alma la miró, pensativa. 'Veré lo que puedo hacer. Creo que la familia Gómez podría aceptarte como aprendiz' Noah sonrió, ilusionada. 'Muchas gracias, de verdad. Me hace ilusión poder ayudar a su familia' Alma también sonrió dulcemente. '¿Y los fines de semana?' preguntó Noah, para saber qué más hacer.
'Los fines de semana, Julieta y yo pasamos casi toda la mañana en la cocina. A veces también las tardes, depende de cómo estemos de reserva' Tras esto, se hizo el silencio. Noah pensaba que no era justo que perdiese casi todo su tiempo libre en eso, pero no dijo nada.
'Cuando sea más mayor, probablemente será ella la que haga todas las comidas, pero por ahora me conformo con tener suficiente para posibles incidentes' explicó y tomó otro sorbo del té.
'Entonces... ¿no tiene tiempo para jugar? ¿Para estar con sus hermanos?' preguntó Noah, ya sin poder aguantarse más. Alma la miró un poco sorprendida y bebió otro sorbo. 'El milagro se nos concedió por una razón, para ayudar a que el Encanto siga adelante. Por ello tienen que ayudar a la comunidad' dijo con voz áspera.
Noah no se achantó. 'Y no me parece mal... Pero siguen siendo niños. Merecen poder jugar y disfrutar, tener al menos un día de descanso para ellos...' Alma la miró, una expresión neutra en su cara, aunque en su interior pensaba muchas cosas.
Por ejemplo, que nadie nunca le había plantado cara ante algo que había dicho, excepto ella. Pero también que tenía razón. Sin todo lo del Encanto, esos niños eran sus hijos, y quería que recordaran su infancia con alegría y felicidad. Suspiró.
'Eres... la primera que me dice algo así. Y la verdad...' Noah aguantó la respiración, sin darse cuenta. Un nudo en el estómago. 'La verdad es que tienes razón. Les exijo mucho para lo pequeños que son... Y no sé cómo no me había dado cuenta...' Alma se frotó la cara con una mano, suavemente. Noah pudo ver el dolor y el cansancio en su rostro, que rápidamente fue ocultado.
'Hmm... Los sábados. Julieta tendrá que preparar más cosas los viernes, para poder cubrirse, pero los sábados podréis hacer lo que queráis. Más o menos' añadió mirándola con una sonrisa. 'Podréis jugar, pasear, estudiar... Lo que os apetezca, pero siempre con mi permiso. Y no podréis iros muy lejos, por si acaso pasa algo'
Noah asintió. 'Gracias. Estoy segura de que a los tres les hará muy felices. Pero...' '¿Pero?' Alma enarcó una ceja, mirándola con incredulidad. ¿Acaso quería algo más? 'Pero usted también debería tomárselo de descanso. Para que puedan elegir el simplemente estar con su madre'
Alma abrió los ojos, sorprendida. No podía creer que aquella niña estuviera pendiente de tantos detalles, su nivel de madurez era demasiado para su edad. 'Lo... Lo haré. Tranquila'
Noah sonrió dulcemente y asintió. 'Noah... Me gustaría saber más de ti. Y de tu vida antes de llegar aquí' Noah perdió la sonrisa durante un instante, aunque la reemplazó por una forzada que solo el ojo más observador podría diferenciar. Años de experiencia.
'¿Qué... Qué quiere saber exactamente?' preguntó indecisa. 'Tu inteligencia, tu madurez, tu forma de expresarte, todo lo que sabes hacer... Todo parece indicar que fueras una adulta... Pero eres una niña. ¿Cómo es eso posible?'
'Yo...' Noah cerró los ojos, dejando que la sonrisa se perdiese poco a poco. Suspiró. 'No tengo respuesta para eso. Mi inteligencia... mi teoría es que los profesores que enseñaban a mi hermano me tenían a mí también en cuenta, aunque mis padres no quisieran... Dado que me tenía que adaptar al ritmo de mi hermano, aprendí rápido. Nunca tuve tiempo para divertirme o jugar… Porque quería seguir aprendiendo'
Noah abrió los ojos, alcanzó el vaso de agua y bebió un poco. Estaba mintiendo, pero no podía decir la verdad. Bebió otro sorbo y se quedó con el vaso en las manos, mirándolo con la cabeza gacha.
'Mi madurez...' suspiró. 'Los golpes, los abandonos, el tener que sacarme las castañas del fuego yo sola... Supongo que todo eso ayudó. Y siempre he sabido expresar cómo me siento, creo que leer a escondidas influyó. Aunque a nadie le ha importado nunca...'
Otra mentira. Empezó a acariciar la superficie del vaso, intentando hallar una manera para lo último. 'Todas las cosas que sé hacer... Incluidas las que no le he dicho porque no ha surgido la necesidad... Eran mi forma de escapar de la realidad del día a día. Por las noches tenía los libros. Por el día cualquier cosa que llamase mínimamente mi atención y que pudiera justificar como útil en mi casa'
Alma asintió lentamente, procesando todo lo que le decía. Algunas cosas no terminaban de cuadrarle, pero la incomodidad de Noah fue suficiente para pasarlo por alto. Al menos, por el momento.
'Has sufrido mucho para tu corta edad' dijo con tristeza. 'Ah, pero no sienta pena por mí, por favor' Noah la miró directamente, una pequeña y triste sonrisa apareciendo en su rostro. 'Al fin y al cabo, estoy aquí. Y todo lo que he aprendido va a servir para algo. No podría pedir más'
Alma asintió nuevamente, esta vez sonriendo levemente. '¿Siempre ves el lado positivo a todas las cosas?' 'Oh, no, casi nunca. Pero es imposible no ver la mejora al comparar mi vida antes y ahora. Apenas he pasado un día aquí y ya he sentido más cariño y aprecio que antes de venir...'
Aquellas palabras conmovieron profundamente a Alma, que se levantó y se acercó a ella. Le quitó el vaso y lo puso en la mesita. Se giró, se acuclilló y le cogió las manos suavemente, mirándola tiernamente. 'A partir de ahora, te trataré como si fueras mi hija. A partir de hoy, tengo 4 hijos'
Los ojos de Noah se empezaron a oscurecer a la misma vez que se llenaron de lágrimas. Apenas podía creer que Alma Madrigal la había "adoptado", aunque fuese solo a ojos de ellas dos. Se sentía tan sobrepasada... Jamás habría esperado que la conversación terminara así.
Alma se levantó a la vez que la cogió en brazos y la abrazó fuertemente. Noah la abrazó también, dejando que sus lágrimas mojaran por segunda vez en el día la ropa de Alma. Sin embargo, esta vez Alma se emocionó también y dejó salir parte de su dolor, pensando que Noah no se daría cuenta. Ambas habían sufrido demasiado.
Después de haber estado un rato las dos juntas, sentadas en el mismo sillón, deleitándose simplemente de la compañía de la otra -Alma acariciando el pelo de Noah y Noah simplemente disfrutando del silencio y la sensación-, Alma pensó que sería un buen momento para enseñarle cómo funcionaba su cocina.
Noah no pudo más que estar de acuerdo, quería poder empezar a ayudarla lo antes posible. El objetivo de Noah era que Alma pudiera tener tiempo para ella, para pasar su duelo, y que los niños y los hijos de éstos tuvieran una infancia que recordar con cariño.
'Te manejas bastante bien con la cocina, Noah. Quizás debas aprender nuestras recetas, pero me alivia saber que no hace falta que esté pendiente de ti mientras cocinas' Alma le sonrió dulcemente y Noah se sonrojó avergonzada.
'La cocina siempre me ha dado mucho respeto, así que soy cuidadosa... Ah, las arepas ya están' Noah se acercó a la plancha de hierro con la que cocinaban y empezó a colocar las arepas en un plato.
Y fue mientras estaban terminando de sacar las últimas arepas con queso, que el tiempo se puso horrible, con una lluvia torrencial que Alma supuso que sería una pelea entre los hermanos.
Pero entonces escucharon los gritos.
'¡Señora Alma! ¡Señora Alma, necesito su ayuda, es urgente!' Alma salió de la cocina, dejando a Noah a solas.
'¡Brunito!' gritó Alma con un tono de preocupación alarmante en su voz. Noah dejó las arepas en la mesa y salió corriendo detrás de ella al escuchar su grito. '¿¡Qué ha pasado!? ¿¡Por qué está así!? ¿¡Y las chicas!?' La desesperación en su voz era notable, cogiendo en brazos a su hijo.
Casita alargó su tejado todo lo posible para cubrirles de la lluvia que aún seguía cayendo y Noah pudo ver sangre saliendo de la parte de atrás de la cabeza de Bruno. 'Señora Alma, cuidado, su cabeza' le indicó. Alma miró y, al ver la sangre, se quedó paralizada.
Noah se acercó a ella. 'Señora Alma, con mucho cuidado, póngalo en el suelo. Confíe en mí' Noah se rompió parte de la falda del vestido y la colocó con cuidado por donde estaba sangrando.
Alma bajó con cuidado a Bruno, siguiendo las indicaciones de Noah. 'Bruno. Bruno, ¿me oyes?' Noah empezó a darle pequeños toques en el entrecejo, pero Bruno no reaccionaba.
Noah acercó su mejilla a la boca de Bruno y miró para ver si su pecho subía y bajaba al respirar. Pudo sentir su respiración y vio que respiraba con normalidad. Aún así, solo por si acaso, le tomó el pulso. También era normal.
Suspiró aliviada y procedió a mirar más atentamente la herida de la cabeza. Por suerte, no se había dado cerca de la columna, por lo que Noah pensó que no tendría que inmovilizar la cabeza.
'Chico, ven aquí. Necesito que me ayudes, tenemos que ponerle de lado' le explicó al chico que lo había traído. Algo en él le parecía familiar, pero no era momento de pararse a pensar en ello.
'¿Por qué de lado? ¿No estaría mejor así?' preguntó el chico. 'La herida no le ha dado cerca de la columna, por lo que no creo que tenga lesiones en la médula... Aún respira y tiene pulso, por lo que lo peor que puede pasar es que vomite y se atragante... De ahí que lo pongamos de lado'
El chico abrió los ojos, sorprendido por el conocimiento de Noah y, con su ayuda, pusieron a Bruno de lado. Alma estaba de rodillas, completamente paralizada por la sangre abundante que salía de la cabeza de su hijo.
'Vigila por si se despierta, por favor' le pidió al chico. Éste asintió y Noah se acercó a Alma. 'Señora Alma, Bruno va a necesitar toallas y algo fácil de tomar de la comida de Julieta. ¿Por qué no va y las trae?' dijo Noah para intentar sacarla de su parálisis.
Alma asintió lentamente, se levantó con cuidado y fue directa a coger las cosas que Noah le había pedido. Noah volvió a mirar a Bruno, preocupada.
'¿Cuánto tiempo lleva así?' le preguntó al chico. 'No lo sé. Cuando llegué ya estaba así. Una chica me pidió que lo trajera lo más rápido posible...'
'¿Cuánto has tardado en traerlo? Más o menos, aunque sea' Noah le miró y pudo ver que el chico también estaba preocupado. 'Um... Quizás un par de minutos... Tres a lo sumo. Vine todo lo rápido que pude'
'Entonces debería despertar pronto... Si no lo hace... No sabré qué hacer. No sé tanto...' Noah empezó a notar las lágrimas en sus ojos y estaba segura de que su iris se había vuelto más oscuro de nuevo. Bajó la cabeza y evitó que el chico pudiera verle los ojos.
El chico le pasó un brazo por los hombros para abrazarla de lado. Era más grande que ella, quizás uno o dos años mayor, pensó Noah.
'No te tortures así, ojos claros. Solo eres una niña y has hecho más que la señora Alma. Demonios, has hecho más de lo que yo siquiera sabría hacer' sonrió ampliamente, intentando animar a Noah.
Alma estaba volviendo con las toallas y la comida cuando Bruno emitió un gruñido. '¿Bruno? Bruno, ¿puedes oírme?' preguntó Noah mientras le ponía la mano en el brazo.
Bruno volvió a hacer el mismo sonido y Alma se arrodilló a su lado. 'Brunito, te he traído comida de tu hermana... Come, mi vida, por favor...'
Alma partió un pedazo de arepa de queso -era lo primero que había encontrado de Julieta, no quedaba mucho- y se la puso en los labios. Bruno abrió la boca y el pedazo cayó dentro. 'Con cuidado, Bruno, no te apresures. Mastica despacio'
Una vez Bruno hubo tragado el pedazo de arepa, Noah pudo observar cómo su herida desaparecía, dejando tan solo la sangre en su pelo como rastro. 'Llevémosle dentro'
Noah le aconsejó a Alma que limpiase la sangre del pelo de Bruno para que, cuando llegaran las niñas, no se asustasen. Alma asintió, aún con el susto en el cuerpo, y se lo llevó en brazos hasta el baño.
Noah y el chico se quedaron en la cocina mientras esperaban a que Alma terminase. El chico se quedó mirando las arepas recién hechas que había en la mesa y Noah se las ofreció.
'Las he hecho yo y han sido las primeras pero... Si te las quieres comer, te las has ganado. Gracias por traer a Bruno' Noah sonrió dulcemente y el chico empezó a comer con ganas. 'No hay de qué, de verdad. Si veo a alguien en apuros, solo quiero ayudar. Me alegro de haberlos encontrado a tiempo'
Una vez escucharon la puerta del baño abrirse, Noah se asomó. Vio que Bruno se había quedado dormido de nuevo, Alma llevándolo en brazos. 'Me lo llevo a mi habitación. Espera a las chicas aquí y, si ves que tardan mucho, ve a buscarlas por favor'
Noah asintió y volvió a la cocina. 'Cuando termines puedes marcharte si quieres' le dijo al chico. 'No, me quedaré hasta saber que todos están bien. Por si acaso necesitas mi ayuda'
Noah sonrió dulcemente y asintió. 'Gracias. Come tranquilo, yo voy a la puerta a esperar a las chicas' El chico respondió con una sonrisa y Noah se fue hasta la puerta. Unos minutos más tarde, las chicas llegaron corriendo.
Noah pudo ver el vestido rasgado y pequeños cortes en las piernas de Julieta, como si se hubiese enganchado con arbustos y pinchos, mientras que las piernas de Pepa estaban llenos de moretones. Pero ya harían las preguntas después.
'Están en la habitación de vuestra madre. Id. Yo os subiré tu reserva de comida' les informó Noah mientras las dejaba pasar e iba hacia la cocina. Pudo ver cómo subían corriendo, como si no se hubiesen dado cuenta de sus propias heridas.
Una vez en la cocina, empezó a buscar algo de comida de la reserva. No encontró mucho, pero lo que consiguió encontrar lo puso en una cesta. 'Voy arriba a darles esto, todos necesitan comer un poco. ¿Te quedas aquí?'
El chico asintió, aún comiendo. 'Me alegro de que te gusten' Y con una sonrisa, Noah subió todas las escaleras.
Al llegar arriba del todo, Noah tocó la pared -a falta de poder llamar a alguna puerta- para hacerles saber que estaba ahí. 'Dejo esto. Voy con el chico, estaremos en la cocina si nos necesitáis a alguno. Él dice que no se va hasta asegurarse de que todo está bien' informó con una suave sonrisa.
Alma asintió y miró a Pepa. '¿Por qué no vas con ellos? Una vez estés más calmada, puedes volver a subir. Así Brunito podrá descansar' dijo Alma en referencia al viento que se había levantado en la habitación.
'Confía en mí, Pepa. No dejaré que le pase nada malo. Yo le cuidaré' le dijo Julieta. Noah ofreció su mano para que Pepa se agarrase a ella, cosa que hizo sin pensárselo mucho. Antes de bajar, Noah cogió una arepa de la cesta, Pepa la iba a necesitar.
Noah podía notar que no quería irse, que simplemente se estaba dejando llevar, porque no dejaba de mirar atrás, hacia donde se encontraba su hermano durmiendo.
Cuando ya estaban abajo del todo, en la cocina, Pepa miró su mano, aún cogiendo la de Noah. Eso le recordó la conversación que habían tenido y comenzó a llorar. Noah hizo lo único que supo hacer: abrazarla. Pudo notar cómo se calmaba al notar el viento -que estaba empezando a soplar de nuevo- apaciguarse suavemente.
'Noah... No quiero que le pase nada malo a Bruno...' lloró Pepa, mientras una nube negra descargaba la lluvia sobre ellas. Noah le acarició la espalda. 'Tu madre y Julieta no dejarán que le pase nada malo, tranquila. Ya verás que para mañana está como nuevo'
El chico simplemente las miraba, fascinado por la nube y la lluvia, aunque preocupado por Bruno. '¿De verdad se va a poner bien? ¿Tan rápido?' preguntó. Pepa y Noah le miraron, Pepa completamente aturdida.
Con todo lo que estaba pasando en el claro -la lluvia torrencial, el violento viento que no le permitía oír nada, la visión de su hermano en el suelo-, ni siquiera se dio cuenta de él.
'Sí, se pondrá bien. Sobre todo gracias a que lo trajiste rápidamente. Muchas gracias de nuevo' le respondió Noah. Pepa miró a Noah y luego al chico de nuevo. 'Tú... ¿Tú trajiste a Bruno?'
'Ah... Sí. Estaba paseando por el bosque con unos amigos cuando noté que de repente se levantó muchísimo viento. Ellos se fueron asustados, pero yo fui a investigar y os vi allí a los tres... La otra chica me dijo que lo trajera corriendo y gritando si era necesario' explicó el chico.
Pepa soltó a Noah y se tiró a abrazar al chico. '¡Muchísimas gracias por ayudarnos!' Pepa volvió a echarse a llorar, esta vez empapando al chico. '¡De verdad, muchísimas gracias!'
El chico se echó a reír, maravillado por la lluvia en el interior de una casa y le devolvió el abrazo. 'Solo hice lo que pude. Además, creo que si no hubiese sido por ti, no os hubiese encontrado' Sonrió ampliamente y la miró.
'Tu poder es...' 'Ya, ya sé, un incordio...' dijo Pepa mirando al suelo, una nube negra formándose sobre ella. 'No. Tu poder es increíblemente asombroso'
Pepa levantó la cabeza para mirarle fijamente como si fuera un resorte. '¿De verdad piensas eso?' El chico asintió con seguridad. '¡Claro que sí!'
'¿Cómo te llamas?' preguntó Pepa mirándole fijamente. Casi nadie se había reído por acabar empapado por su lluvia, solo sus hermanos lo habían hecho. Y mucho menos pensaban que era 'increíblemente asombroso'.
'Me llamo Félix' contestó con una amplia sonrisa. Noah lo miró con los ojos abiertos, entendiendo por fin por qué le resultaba tan familiar.
'Yo me llamo Pepa' dijo Pepa a la vez que sonreía. La lluvia cesó y su nube empezó a desvanecerse y Noah aprovechó la ocasión para acercarse con la arepa. 'Pepa, deberías comer un poco de la comida de tu hermana'
'¿Eh? ¿Por qué?' preguntó Pepa mirándola confundida, con el ceño fruncido. 'No has visto tus piernas, ¿verdad? No sé qué os habrá pasado a Julieta o a ti, pero ambas necesitáis comer un poco'
Pepa miró a sus piernas y abrió los ojos de par en par, completamente sorprendida. Volvió a mirar a Noah, aún con los ojos abiertos, y levantó la mano, esperando que Noah le diera la arepa. Noah se la ofreció y Pepa se la comió de inmediato, sus moratones desapareciendo en ese instante.
La habitación empezaba a quedarse a oscuras, estaba anocheciendo. Casita empezó a encender las velas para iluminar la habitación y Noah miró a Félix. '¿Tu familia no estará preocupada?'
Félix miró a su alrededor y asintió. 'Posiblemente, ya es un poco tarde. Creo que debería irme. Mañana vendré para comprobar que el chico está bien, si no os importa'
'No, claro que no. Tú lo trajiste hasta aquí, así que puedes venir cuando quieras' dijo Pepa con una sonrisa. Félix se levantó y se marchó, despidiéndose de ambas con la mano mientras bajaba la colina.
Noah cerró la puerta principal cuando Félix dejó de verse y se giró para mirar a Pepa. 'Pepa, ¿por qué no vas a ver a Bruno? Yo me quedaré aquí y haré la cena. Os avisaré cuando esté todo listo' Pepa la miró, entre confundida y contenta.
'¿Vas a cocinar tú sola?' Noah asintió. 'Ya lo hacía en mi casa, así que... Aunque vais a probar algo nuevo, no sé hacer vuestras comidas...'
Pepa le sonrió ampliamente. 'Si lo haces tú, ¡seguro que está rico! ¡Me voy con Bruno!' Dicho esto, Pepa salió corriendo escaleras arriba y Noah fue directa a la cocina.
