Capítulo 10: La confidencia de Pepa

Después de aquella charla, Noah siguió guiando a Julieta hasta que hubo terminado de cocinar. Lo que ninguna de las dos sabía, era que Pepa las había estado observando mientras hablaban.


Momentos antes...


Mientras estaba haciendo que lloviera para regar los campos, Pepa se resbaló con el barro y se hizo una herida en la rodilla. Decidió volver a su casa a por algo de comida de su hermana.

Normalmente, iría a buscarla a su puesto en el centro del pueblo, pero aún no la había visto salir de su casa. Extraño, pero al menos así tendría un respiro. No le gustaba pasar mucho tiempo en el pueblo.

Sin embargo, cuando ya estaba llegando, pudo ver por la ventana cómo su hermana fue llorando a abrazar a Noah, y cómo ésta la consolaba suavemente.

Y lo que le dijo debió haber funcionado en calmarla, porque volvía a estar sonriendo y cocinaba con más ganas de las que le había visto otros días.

Pepa nunca había visto a su hermana llorar desde que tenía su don. Quizá alguna lágrima al hacerse daño, pero rápidamente desaparecía al comer algo hecho por ella.

Incluso antes, Julieta siempre había estado cuidándolos, y nunca la había visto tan... afectada. Y Noah la había consolado tan fácilmente... No era justo.

Julieta era la favorita del pueblo y su don era el mejor. Solo tenía que cocinar y luego quedarse sentada, sin más. Mientras que ella... Ella tenía que ir con nubes, lluvia y rayos a todas partes.

Algunos niños se metían con ella solo para hacerla rabiar y que lloviese. Y su madre le reñía mucho más que antes. No era Julieta la que necesitaba consuelo o comprensión. Era ella.

Cuando Julieta salió con la cesta de comida, Pepa pasó a su lado, cogiendo una mini pizza y comiéndosela casi de un bocado. Con ella venía una nube oscura, aunque silenciosa.

Julieta la miró confundida, pero antes de que pudiera preguntarle a su hermana qué le pasaba, escuchó un grito de dolor. Julieta fue corriendo hacia el grito, mientras que Pepa entró en la casa.

Noah, por otro lado, estaba terminando de fregar lo que Julieta acababa de usar. No se dio cuenta de que Pepa había entrado en la cocina y empezó a tararear una canción. Pepa simplemente se quedó a su lado, escuchándola, molesta.

Cuando Noah terminó y se giró, fue cuando vio a Pepa. '¿Pepa? ¿Cuánto llevas ahí? ¿Pasa algo?' Noah le sonrió dulcemente, ladeando su cabeza. Pepa le cogió la mano y tiró de ella, llevándola hasta su habitación. '¿Pepa?'

Noah la siguió sorprendida y fue entonces cuando vio la oscura nube que no dejaba de crecer. 'Pepa, ¿estás bien?' '¡No!' Gritó Pepa, un trueno sonando desde dentro de la nube. Noah abrió los ojos sorprendida, pero la siguió hasta su habitación.

Una vez dentro y con la puerta cerrada, Pepa se acercó a la pared y puso las manos delante suya, los dedos tocando la pared. Con un movimiento rápido, dibujó en la pared unas líneas rectas hacia abajo y la pared de delante se convirtió en una pequeña cortina de lluvia.

'Pepa, ¿qué es eso?' preguntó Noah con curiosidad. 'Lo descubrí un día por casualidad. Me resbalé e intenté apoyarme en la pared... Ven' Pepa volvió a coger su mano y tiró de ella hacia el otro lado de la lluvia.

Al otro lado, un amplio paisaje despejado y aparentemente infinito se abrió ante ellas. Había árboles y un río poco profundo. La luz venía del techo, aunque difícilmente podría entrar la luz del sol allí. 'Guau... Es impresionante...' Noah se quedó sin palabras. Aquello sí se parecía a las habitaciones fantásticas que se habían visto en la película.

'Mis hermanos no saben nada, ¡así más vale que me guardes el secreto!' dijo Pepa. Noah la miró y pudo ver que aún estaba enfadada o molesta, pero no sabía por qué. '¿Y por qué me has traído aquí entonces?'

'He visto como Julieta hablaba contigo y... Yo también quiero. Yo lo necesito más que ella. Ella es perfecta y la favorita del pueblo, con su don maravilloso. Bruno es el favorito de mamá, ¡incluso cuando él tampoco controla su don y no sirve para mucho!'

Noah entendió por qué Pepa estaba molesta. No la interrumpió. '¿Pero yo? ¡Los niños se ríen de que siempre tenga una nube en la cabeza y a veces me hacen enfadar para que llueva y acabe empapada! ¡No es justo!' Pepa hablaba rápido, dejando salir todo lo que pasaba por su cabeza.

Alrededor suya empezó a formarse un pequeño tornado y Pepa comenzó a andar de un lado para otro. Noah abrió los ojos un poco impactada y asustada, y respiró hondo. 'Pepa, espera un momento, vas demasiado deprisa para mí. Respira conmigo'

El tornado cesó tan pronto como apareció. Pepa se quedó quieta, la miró e imitó la respiración profunda de Noah. 'Lo siento' Pepa escondió las manos detrás de su espalda y agachó la cabeza. Noah negó con la cabeza. 'No tienes que pedir perdón por expresar lo que sientes, Pepa. Siento yo no poder ir a tu ritmo'

Noah sonrió amablemente y Pepa la miró. '¿De verdad no pasa nada?' Noah asintió y Pepa miró al suelo. 'Mamá siempre está diciendo que me marche a otro lado o que me calme o que piense otra cosa... ¡Pero no es tan fácil! ¡Ojalá lo fuera!' Pepa cerró las manos en puños y el viento empezó a ser más violento de nuevo.

'Sí, las emociones son difíciles de llevar. Y más cuando implican lluvia, nieve, rayos... Tiene que ser agotador' '¡Y tanto que lo es! Apenas empiezo a hablar de lo que sea y ya tengo que empezar a hablar más fuerte porque si no, ¡nadie me escucha!' El viento se volvió aún más violento y Noah se acercó a Pepa.

'¡Estoy cansada de siempre tener que pensar cosas tristes cuando tengo que hacer que llueva! ¡O de no poder preocuparme o ponerme triste o cualquier otra emoción que no sea felicidad cuando la gente tiende la ropa!' Los ojos de Pepa se llenaron de lágrimas y Noah la abrazó fuertemente.

El viento se transformó en una lluvia copiosa, pero a Noah no le importó. 'Estoy cansada de que todo el mundo me diga cómo me tengo que sentir... Cuando ni siquiera sé cómo me siento yo...' susurró Pepa llorando casi sin emitir sonido.

'Es lo que suele pasar cuando contenemos nuestros sentimientos... Se hacen un nudo en nuestro corazón y ya no sabemos qué sentimos... Pero me pienso quedar aquí contigo hasta que quitemos todos los nudos, ¿vale? No me voy a ir' Noah acarició la espalda de Pepa, abrazándola más fuertemente.

Pepa agarró suavemente la ropa de Noah. 'También odio sentirme así... La cabeza me empieza a dar vueltas y me siento tan... débil...' 'Entonces vamos a sentarnos, ¿vale?' Noah la guió hasta que ambas quedaron sentadas, Pepa apoyada en gran parte en Noah, mientras que ésta la seguía abrazando.

'Ayer... Cuando vi a Bruno allí... Y no se levantaba... Me pasó... Me dolía tanto la cabeza... Pero no era dolor, era como... No lo sé' Noah siguió acariciando su espalda suavemente. '¿Como si las nubes se hubiesen metido en tu cabeza?' Pepa asintió de nuevo.

'Son muchas emociones las que tienes ahí metidas. Y tu don no ayuda en esos casos, no. Es probable que sea demasiado para ti y que parte de ello lo provoques tú debe agotarte. ¿Puede ser?'

Pepa asintió y la lluvia torrencial se volvió llovizna. 'Si al menos supiera qué hacer cuando me sintiese así...' Ambas se quedaron en silencio durante un largo rato, Noah acariciándole la espalda a Pepa y Pepa llorando en silencio, dejando salir todo lo que tenía adentro.

'¿Qué sientes cuando ves este sitio tan bonito? ¿Qué sentiste cuando lo viste la primera vez?' Pepa miró a su alrededor suave y lentamente. 'Me sentí muy feliz. Aquí puedo pasear, puedo bañarme, puedo jugar... Y nadie me va a pedir que haga que llueva o que salga el sol... Aquí puedo... ser yo misma...' susurró lo último con inseguridad.

'¿Quieres que te intente ayudar para que no te sientas tan abrumada?' Noah ladeó la cabeza y le sonrió dulcemente. Pepa la miró fijamente, la esperanza reflejada en su rostro. '¿Podrías ayudarme?' 'Puedo intentarlo. Y quiero intentarlo si tú me dejas'

Pepa asintió. 'Ayúdame' Noah la volvió a abrazar, esta vez por ella misma. Siempre supo que todos los Madrigal sufrían mucho por la presión y el miedo de perder su Encanto, pero hasta ahora no había visto realmente cuánto.

Julieta con su inseguridad y con la responsabilidad de cuidar a sus hermanos y de proteger a la comunidad con su comida. Pepa con sus emociones embotelladas, sin que nadie la dejase simplemente sentir. Bruno con las miradas, los susurros... Y los diez años que pasaría entre las paredes de Casita, escuchando y viendo a su familia...

Si Noah antes quería ayudar a aquella familia, ahora ese deseo ardía con fuerza. Noah se separó y la miró con dulzura. 'Vale, a ver... Por dónde empiezo...' Noah miró a su alrededor, viendo los charcos que se habían formado.

'Lo primero que quiero que sepas es que no hay emociones buenas o malas. Puede que parezca que sí, sobre todo con tu don, pero todas las emociones son buenas' Noah se levantó y la ayudó a levantarse suavemente.

'Sin la tristeza, no apreciaríamos la alegría, por ejemplo. Y todas ellas tienen un propósito' '¿Un propósito?' preguntó Pepa ladeando la cabeza. Noah asintió, sonriendo suavemente. Podía notar que Pepa estaba un poco mejor.

'La tristeza, por empezar con alguna. Cuando estamos tristes tenemos ganas de llorar, queremos que alguien a quien queremos esté ahí con nosotros... Dime una cosa, ¿te sientes mejor ahora que has llorado y has sacado todo lo que tenías dentro?'

Pepa asintió. Noah la acercó hacia uno de los charcos y la miró. 'Llorar limpia por dentro. Hace que todo lo triste que tenemos salga... Y deje espacio para la alegría y la diversión. ¡Igual que la lluvia! Limpia el aire del polvo, riega las plantas... ¡Y nos da charcos con los que jugar!'

Noah saltó en el charco, salpicando un poco a Pepa. '¡Hey!' Pepa se rio y saltó sobre el charco para mojar también a Noah. '¿Ves? Si no hubiera llovido, no podríamos jugar con los charcos' Noah sonrió ampliamente., saltando de nuevo.

Ambas estuvieron un rato jugando y chapoteando, intentando salpicar a la otra. Al final acabaron sentadas en el suelo, mirando el supuesto cielo de la habitación.

'Quizás sea difícil de ver, pero todas las emociones tienen un por qué y un para qué. Ninguna es mala. Lo que también es cierto, es que hay gente que no se siente cómoda con ciertas emociones...'

'¿Cómo mamá cuando estoy enfadada por mi don?' Noah asintió. 'Sí, ese es un ejemplo muy bueno' Pepa la miró sonriendo y de pronto dejó de sonreír. '¿Qué pasa?' 'Aunque digas que son buenas... Mamá no va a dejar que llore cuando yo quiera. O que me enfade. Me reñirá si lo hago...'

Pepa se incorporó y se quedó mirando sus manos en su regazo. Noah se incorporó también y la miró tristemente.

'Si quieres, puedo enseñarte formas para calmar tus emociones, pero con la promesa de que luego vendrás aquí o me buscarás para desahogarte. Mientras más tardes en desahogarte, más difícil te será controlarte. Se harán más nudos' Noah se acercó a ella y le puso la mano suavemente en el hombro.

Pepa asintió. 'Vale, enséñame' Ambas sonrieron y Noah quedó pensativa. 'Hay muchas formas de calmarse... Hay quienes cantan o tararean... O que buscan algo con lo que distraerse... O que imaginan cosas bonitas'

'Um... No sé cuál me podría venir bien' Pepa la miró con la cabeza ladeada y los labios presionados, volviéndolos una pequeña línea. 'Puedes ir probando. Por ejemplo puedes tocarte la trenza o pensar en recuerdos bonitos o tararear algo como... "soleado, que el sol salga, que salga ya"' canturreó Noah como en la película.

Noah intentó recordar qué otras formas para calmarse tenía Pepa. Obviamente la más sencilla no podía utilizarse, Félix y Pepa aún tenían mucho camino por recorrer para llegar a ese punto. '¡Puedo intentar eso, sí!' Pepa asintió, la idea le había gustado. "Menos mal" pensó Noah.

'Noah... Gracias. Por escucharme, por quedarte conmigo mientras lloraba y llovía, por ayudarme... Has sido muy buena conmigo' Pepa la abrazó fuertemente y Noah sonrió correspondiendo el abrazo. 'Cada vez que me necesites, estaré aquí'

La barriga de Pepa empezó a rugir recordándoles a ambas que llevaban allí más tiempo del que pensaban. 'Salgamos, puede que sea la hora de la cena' Noah sonrió y ambas salieron de aquella habitación mágica. Pepa cortó la cortina de lluvia con la mano y volvió a convertirse en una pared normal y corriente.

Sacó de un cajón un par de toallas y se secaron el pelo y la ropa todo lo que pudieron. Pepa puso las toallas en las sillas y, estando más animada y alegre, salieron de la habitación.

Al bajar, la mesa estaba casi puesta y la casa olía a comida recién hecha. '¿Dónde estabais? La gente del pueblo me han dicho que dejaste tus tareas a mitad, Pepa' preguntó Alma. Su voz era dura, áspera. Estaba enfadada. La alegría de Pepa desapareció rápidamente.

'Me hice daño en la pierna... Y vine para coger algo de comida de Julieta...' '¿Y luego? ¿O porque te has hecho daño en la pierna ya pensaste que podías abandonar tus tareas?' Pepa se encogió y una nube empezó a formarse encima suya.

Noah colocó una mano suavemente en su hombro y Pepa la miró. 'Después de haber comido aún le dolía, así que le propuse practicar su caligrafía. Luego perdimos la noción del tiempo, lo siento. Ha sido culpa mía' Pepa agarró su trenza y empezó a acariciarla, con los ojos cerrados.

La nube encima suya empezó a desaparecer y Alma la miró. '¿Y ahora qué estás haciendo, Pepa? ¿Por fin has aprendido a controlar el tiempo?' Esta vez su voz era más suave y dulce. Si mejoraba su control en su don, significaba poder ayudar más a la comunidad.

'No es que lo pueda controlar... Noah me ha enseñado formas para calmarme... Y eso hace que mi poder se controle un poco...' Pepa seguía encogida, esperando que su madre siguiera riñéndola o que la castigase.

'Bueno, si ha servido para que controles mejor tu don, supongo que puedo pasarlo por alto...' Pepa la miró, esperanzada. '¿De verdad?' 'Pero ni una vez más, ¿entendido?'

Pepa asintió, yendo a abrazar a su madre. Alma suspiró, sus facciones más relajadas, y le devolvió el abrazo. 'Venga, vamos a cenar' Todos se sentaron y empezaron a comer.

'Julieta, ¿cómo han ido las mini pizzas? ¿Han gustado?' preguntó Noah con curiosidad. 'Al principio no estaban muy seguros... Pero después de probarlas, han sido un éxito' Julieta sonrió ampliamente. 'Gracias. Y espero que me puedas enseñar más comidas'

Noah pudo notar el doble sentido de sus palabras. Gracias por enseñarle, y también por haber hablado con ella. Noah sonrió y asintió. Ella también esperaba que hubiera más veces.

'Yo también lo espero. Me gusta enseñar lo que sé y ayudar en lo que pueda' Alma la miró y sonrió, asintiendo aprobadoramente. 'Noah, ¿por qué mañana no pasas la tarde con Brunito? Quizás también le puedas enseñar o ayudar a él en algo'

Noah no dejó ir la sonrisa, aunque le faltó muy poco. A ella no le importaba ayudar a los trillizos siempre que se lo pidieran, pero algo en la forma en la que Alma lo había hecho le chirriaba... Y al mirar a Bruno, pudo ver que a él también le había sonado mal, pues estaba encogido e intentando pasar desapercibido.

Noah asintió. 'Si le puedo ayudar en algo, lo haré, no se preocupe' Alma asintió de nuevo y siguieron comiendo. '¡Mamá! ¡Se me ha ocurrido una idea!' exclamó Pepa entusiasmada.

Alma la miró con una sonrisa, ver a sus hijos emocionados por algo siempre le hacía feliz. '¡Podríamos hacer una fiesta de pijamas! ¡Porfa!' Pepa la miró intentando poner ojitos de cachorrito.

'Ay, Pepi, hija mía, me encantaría, pero estoy muy cansada...' empezó a decir Alma. '¡Noah se ocupa! Tú puedes descansar, nosotros podemos dormir juntos y Noah pasa más tiempo con nosotros' Alma los miró a todos.

'Es verdad. Ya que va a vivir con nosotros, estaría bien que la conociéramos y que pasáramos más tiempo con ella' añadió Julieta. Noah las miró, sonriendo. En su interior se derretía de dulzura por ambas.

Alma fue mirándolos uno a uno, sopesando si dar el visto bueno o no. Después de todo lo que había hecho por sus hijos -atender a Bruno, enseñarle una nueva receta a Julieta y a controlar un poco mejor los temporales de Pepa-, había llegado a la conclusión de que era bueno que sus hijos pasasen tiempo con Noah.

A Noah la idea le gustaba. Podría servir para estrechar lazos con los trillizos de una forma un poco más... Natural. Solo llevaba tres días allí, pero se sentían una eternidad con todo lo que había ocurrido.

A Julieta se la veía animada. La idea de dormir con sus hermanos le gustaba, pero más aún si su madre no estaba con ellos. Aunque jamás lo admitirían, con su madre los tres se sentían cohibidos, sin poder hablar de todo lo que les gustaría. Y con Noah sentía que no tenía que preocuparse tanto por sus hermanos, con lo que podía ser ella misma.

Pepa no estaba quieta. Por su mente pasaban todas las posibles pegas que su madre podría ponerle, y buscaba respuestas para cada una. Se la veía muy ilusionada. Y el arcoiris que había encima suya la delataba completamente.

Hasta el momento, tres de tres. Alma estaba a punto de aceptar, pero Bruno... Bruno no estaba muy convencido. Dormir con sus hermanas le encantaba, pero la presencia de Noah...

Era complicado. Por un lado, confiaba en ella y se sentía más seguro si estaba cerca mientras andaban por el pueblo. Pero por otro... Ella venía del futuro. Ella sabía lo que les pasaría, aunque fuese dentro de muchos años. Eso le incomodaba. Y ser el único que lo sabía, tampoco le gustaba.

'¿Brunito? ¿Tú quieres?' preguntó Alma. Bastaba con que uno dijera que no para que se cancelase el plan. 'Y-Yo...' Bruno miró a sus hermanas. Ellas estaban deseándolo con tantas fuerzas... 'Está bien'

Alma asintió. 'De acuerdo. Tenéis mi permiso. Pero no os quedéis hasta muy tarde, que mañana tenéis colegio. Y como lleguéis tarde, estaréis todos castigados' advirtió la madre, mientras las chicas terminaban de cenar rápidamente para ir a preparar las cosas.


Alma se levantó y empezó a recoger la mesa. Julieta y Pepa hacía rato que se habían ido del comedor para ir a reunir cojines y mantas, mientras que Bruno y Noah terminaban de cenar.

'¿Qué soléis hacer en las fiestas de pijamas?' preguntó Noah. 'Pues lo normal, supongo... Contar historias, hablar... A veces hacemos alguna pulsera o del estilo... Pero creo que hoy haremos poco... Mañana tenemos clase' explicó Bruno.

Noah asintió. Era obvio que las cosas que se hacían en las fiestas de pijamas de su vida anterior no iban a ser... Al fin y al cabo, no había ninguna televisión donde poder ver películas o series junto con un bol de palomitas.

'Bruno, ¿Cali está contigo? No la he visto desde esta mañana' Bruno la miró y asintió. Metió la mano dentro de su ruana y de ella sacó a Cali, que miraba alrededor con curiosidad. Al ver a Noah, se escapó del agarre de Bruno y se fue con ella rápidamente.

'Te ha cogido mucho cariño' mencionó Bruno. 'Sí… Eso parece' Noah acarició a Cali sonriendo dulcemente y le dio unas migajas de la cena sin que Alma la viera.

De la parte superior de la casa, se escucharon gritos. '¡Bruno! ¡Noah! ¡Venid de una vez!' Era Pepa. Noah se rio suavemente ante la impaciencia de la chica y se levantó, dejando a Cali en su hombro.

'A Pepa no le hará gracia que los ratones vengan con nosotros…' dijo Bruno. Se le seguía viendo incómodo con aquella fiesta de pijamas. 'Dejemos a los ratones en mi cuarto. Les dejaremos algo de comida para que no pasen hambre y mañana por la mañana podremos visitarlos antes de ir a clase'

Bruno asintió y ambos subieron a la habitación de Noah. Dejaron allí a los ratones y Noah cogió su pijama. Bruno se fue a su habitación para ponerse el suyo y luego se reunieron en la habitación de Pepa.

'¡Venga! ¡Tenemos que crear un fuerte con las mantas y las almohadas o no tendremos donde dormir todos juntos!' Pepa les cogió a ambos de las manos y los arrastró dentro. Julieta y Pepa ya tenían los pijamas puestos.

Esa sería una noche divertida.