» Dr. Stone © ― Riichiro Inagaki & Boichi. Reservados todos los derechos a los creadores.


~ UN AMANTE DE ENSUEÑO ~


La pelea más dura de Tsukasa


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Tsukasa Shishio observó pensativo la puerta de madera cuando hubo llegado al lugar acordado.

Desde el día anterior las palabras de su representante seguían resonando en su cabeza, incomodándole a tal grado de que ahí, parado en medio del pasillo del quinto piso de departamentos, se debatía en tocar o no el timbre anunciando su llegada, todo a raíz del peculiar correo electrónico que había recibido la mañana anterior durante su rutina diaria de ejercicio, que decía:

«Buenos días, Tsukasa,

Deseando te encuentres muy bien.

Mi nombre es Minami Hokutozai, representante de la revista ERA, nos conocimos hace tres semanas en una entrega de premios en Osaka, espero aún me recuerdes. El motivo del presente es para revisar contigo la disponibilidad que tengas para concretar la entrevista que en su momento te había mencionado y que estaríamos honrados que nos concedieras.

Quedo a tu entera disposición para el día y la hora que consideres apropiados».

El correo finalizaba con una firma que catapultaba a Minami Hokutozai como una periodista importante dentro de la editorial, así como sus datos de contacto.

Tsukasa la recordaba muy bien, aunque no así el acuerdo de la entrevista.

No tardó en darle una respuesta, y quizá su principal error fue confirmar y luego avisarle a su representante, quien escupió y se ahogó con el café apenas Tsukasa le anunció, minutos después, que concedería una entrevista exclusiva a la revista ERA.

Después de haberse recuperado de la impresión, su representante comenzó a carcajearse por llamada. Tsukasa no comprendió la razón de tanto alboroto, después de todo estaba siguiendo el consejo que siempre le daba sobre abrirse camino entre los medios.

—No creí que algún día te atreverías a hacerlo —dijo el hombre—. Pero está bien, más que bien diría yo, esta entrevista pudiera abrirte puertas para nuevas cosas y tu ranking de popularidad se disparará como nunca, especialmente con las féminas.

—No comprendo, ¿a qué te refieres? —quiso saber y el otro volvió a carcajearse.

—Esa revista tiene una sección digamos que «especial», la cual busca dar la clase de detalles que cualquier fan pudiente y calentón quisiera conocer de su famoso favorito.

—¿Detalles? ¿Qué tipo de detalles?

El hombre se dio a la tarea de explicarle entre risas de qué iba aquello, pero Tsukasa dejó de escucharle después del segundo ejemplo de cosas que solían tratarse en esas entrevistas. Se quedó atónito, cual estúpido parado en medio del gimnasio con la vista perdida en la nada misma, mientras su representante exageraba las cosas. Luego le hizo saber que justo le habían hecho llegar el papeleo legal que convertía aquel asunto en algo serio.

Tsukasa supo que no había manera de echarse para atrás, o quizá sí, aunque eso le dejara en mal.

El resto del día no pudo borrarse de la cabeza la clase de detalles tan explícitos que su representante le había mencionado como parte del esquema del tipo de entrevista a la que se comprometía a dar.

Le fue inevitable no pensar en Mirai y alarmarse, ¿qué pensaría su hermanita si llegara a enterarse de esa entrevista? Esa no era la clase de imagen que él quería darle a su hermanita por lo que se decidió a enfrentar la situación con responsabilidad, y contactó a Minami, esta vez por mensaje de texto, pidiéndole cambiar de locación, habían acordado en un inicio que fuera en un café del centro, pero dadas las condiciones de la reunión no le pareció apropiado hacerlo en un lugar público, y ni qué decir de su propia casa, corría el riesgo de que Mirai llegara.

Así que ahí estaba, tan puntual y responsable como siempre, Tsukasa Shishio, el famoso luchador de MMA, esperando afuera del departamento 516 para la entrevista más incómoda de su vida.

Minami Hokutozai, la rubia periodista que recordaba haber visto en Osaka, le dio la bienvenida y le invitó a pasar y tomar asiento en un sofá.

—¿Deseas algo de tomar? ¿Café, té, algo de alcohol?

—Así estoy bien, gracias.

Le hizo saber, pero la reportera se dirigió a la cocina y regresó con dos vasos con agua los cuales puso sobre la mesa de centro, acercó también una mochila de donde sacó una laptop, una tableta, una grabadora de voz, un bolígrafo y una libreta. Tomó lugar frente a Tsukasa.

El departamento estaba tan silencioso que Tsukasa se sintió aún más incómodo. No quería ser grosero, pero todo lo que deseaba en ese momento era irse pronto.

—Nuevamente te agradezco por esta entrevista, prometo no quitarte mucho tiempo —explicó en lo que terminaba de alistar sus cosas.

Tsukasa tenía tensionados los músculos; las manos entrelazadas por encima de sus piernas y la mirada fija en Minami le hicieron a la rubia periodista darse más prisa.

—Si gustas, para hacer esto más rápido, omitiré la clase de preguntas que siempre suelen hacerte. Me tomé la libertad de adelantarme un poco con respecto a los detalles sobre tu vida como atleta, tengo incluso una copia de la dieta que llevas, también el registro de cada una de tus peleas, los campeonatos, etcétera; poseo incluso algunos de tus datos médicos, tu rutina de entrenamiento y pequeños detalles más que ya me encargaré yo de acomodarlos.

Anunció con tal naturalidad, navegando entre página y página en la tableta. Tsukasa parpadeó una vez, su vida parecía de dominio público y eso lo alarmó.

—Con respecto a la entrevista…

—Sí, bueno, déjame decirte que no estás obligado a responderlo todo, si hay algo que no quieras responder, siéntete en la libertad de decirlo; parte de las preguntas son las que nuestros propios suscriptores mandan, claro que primero debemos seleccionar sólo aquellas que consideramos las más apropiadas, ¡porque a veces salen con cada cosa! Y créeme que en tu caso esa clase de preguntas abundaron.

Tsukasa pensó que aquello debía interpretarlo como una clara advertencia a no hacerlo.

Minami sonrió, preparando la grabadora, haciéndole una señal para saber si ya se encontraba listo. Él asintió, aunque en realidad nunca lo estuvo.

—Muy bien: Háblame entonces de lo que a Tsukasa Shishio le gusta hacer fuera del ring.

Esa pregunta fue fácil, así que se dio el tiempo para detallar los paseos en solitario que frecuentaba cuando tenía tiempo, la escalinata al mirador que le gustaba hacer (y que le servía como ejercicio) para apreciar la ciudad por largas y largas horas.

—Suena muy saludable y relajante —expresó Minami—. ¿Y qué hay de tus amistades? ¿Cómo se divierte Tsukasa Shishio en compañía de sus amigos?

—Por nuestras ocupaciones es muy difícil que coincidamos, pero seguimos en contacto, a la antigua, por mensajes o llamadas.

Minami recargó el bolígrafo en los labios.

—Ahora que lo mencionas, algo que la gran mayoría de tus fans reclaman es sobre la presencia de Tsukasa en redes sociales, no hay un perfil oficial en el cual se te pueda encontrar y saber de primera mano algunas novedades de ti, o que compartas un poco de tu día a día.

—No suelo hablar de mi vida privada porque en sí no hay mucho que contar, hago cosas muy normales como deportista y eso no creo que a la gente le llegue a importar.

—¡Oh, no sabes lo que dices! A veces, son precisamente esa clase de cosas las que los fans quieren. Se me ocurre por ejemplo que pudieras compartir parte de tu rutina de entrenamiento, créeme que más de uno querrá conocer tu secreto para lograr esos músculos —sugirió, mordiendo la punta del bolígrafo y sonriendo.

—Lo consideraré… —respondió, más que nada por mera educación.

—Bien, ya nos dejaste claro que las redes sociales no son lo tuyo, pero ¿qué tal se te dan las relaciones? ¿Habrá alguna afortunada chica que habite en el corazón de Tsukasa?

—En realidad no

—¿Y en algún otro momento de tu vida la ha habido?

—No, tampoco.

—¿Es que nunca te has enamorado?

—No que recuerde.

Minami alzó una ceja y dio unos golpecitos en su libreta.

—¿Puedo preguntar por qué? Cualquiera pensaría que si algo le sobra a Tsukasa Shishio son mujeres que quieran hacerlo el hombre más feliz del mundo.

—Supongo que estoy tan centrado en mi trabajo que a veces no tengo tiempo para otras cosas.

—Y en el supuesto de que lo tuvieras, ¿te gustaría enamorarte alguna vez?

Tsukasa aguardó un momento, jamás le habían preguntado tal cosa, ni siquiera él mismo lo había hecho en sus instantes de reflexión y ocio; tenía veintiséis años y esos temas nunca le habían preocupado.

Minami esperó su respuesta, se había cruzado de piernas y constantemente movía la derecha.

—Te soy sincero: nunca había pensado en eso, aunque si bien es cierto que, llegado el momento, me gustaría tener una familia, así que eso indiscutiblemente me colocaría junto a una mujer que ame y con quien quiera unirme de por vida.

La chica sonrió con dulzura, ¿quién diría que un hombre con la pinta como la de Tsukasa creyera en esa clase de amor que perdura para toda la vida?

—¿Qué requisitos debe llenar la mujer que conquiste el corazón de Tsukasa Shishio?

—Insisto que este no es un tema que me haya planteado con anterioridad por lo que no sabría qué contestar. Además, llamarlo requisitos no creo que sea lo más correcto de mi parte.

—Y físicamente hablando, ¿qué es lo primero que te atrae de una chica?

—No soy una persona que se deja guiar por el aspecto, así que creo que mi respuesta sigue siendo la misma.

—¿Te gustan las mujeres con iniciativa?

—Que sean ellas mismas, supongo; si hay algo que les apasione y quieran hacer, que lo hagan.

Minami se mordió la lengua para evitar replicarle de otra manera, alargó la sonrisa y consultó algo rápido en la tableta.

—¿Has tenido alguna aventura de una sola noche?

—No.

—Y si algún día se te presentara la oportunidad, ¿la tendrías?

Tsukasa se removió en el sofá. Las preguntas anteriores parecían haber sido sólo la antesala de lo que le esperaba.

—No creo que ocurra tal cosa de «presentárseme la oportunidad», pero en el supuesto de que así fuera, yo…

Minami dejó escapar una risilla.

—Lo siento. No es que dude de ti ni de tu respuesta, sino más bien pienso que, de existir la mínima posibilidad, más de una fan estaría dispuesta. Los comentarios que nos hicieron llegar para esta entrevista daban fe de ello. —Volteó hacia la laptop y leyó, para asombro del luchador—: «Por Tsuka haría lo que fuera hasta cancelar mi boda», «Si Tsukasa me lo pidiera, lamería sus pies a todas horas», «¿Habrá manera de saber cuánto le mide?», como verás, tienes un grupo de seguidoras muy apasionadas y alocadas…

Tsukasa tomó por primera vez agua.

Nunca se acostumbraría a esas cosas, y es que cada que salía al ring recibía toda clase de proposiciones indecorosas que iban desde lo dulce hasta lo más bestial. Conforme fue creciendo en el medio encontró la manera de que esas palabras no le incomodaran, y la solución había sido ignorarlas.

El hombre se aclaró la garganta.

—No me veo utilizando a una persona sólo por el calor del momento. En casa tengo una hermana menor a la cual no me gustaría que nadie lastimara ni que jugara con sus sentimientos, por consiguiente, yo tampoco puedo ser esa clase de hombre.

Minami sonrió con nostalgia.

—Dirías entonces que el día en que llegues a estar con alguien íntimamente, ¿es porque consideras que ella es la indicada? —Él asintió—. Eres esa clase de hombres que están en extinción.

—Gracias.

—Ahora cuéntame, ¿tienes alguna fantasía sexual?

—No.

—¿Alguna otra parte, además del miembro, que sepas que tienes sensibilidad?

—Eh… no tengo idea.

—¿Qué es lo primero que ves en una chica: los pechos o las nalgas?

Tsukasa se ahogó con su propia saliva. Tomó agua hasta que logró calmarse luego de unos instantes.

—¿Gustas un poco más?

—Estoy bien, gracias.

Con una risilla que ni se preocupó en disimular, Minami volvió la vista a la tableta.

—Bien, ya dejaste claro que nunca has intimado con alguien, pero ¿qué me dices de ti mismo?

—No comprendo.

—Sí, quiero decir: ¿te masturbas seguido?

Tsukasa enrojeció y Minami deseó poder fotografiarlo. Tsukasa era conocido por ser una persona que siempre mantenía la calma e incluso su propio aspecto era la de un hombre duro, y verlo así, con la serenidad doblegada, merecía ser conocido por su audiencia, sin embargo, prefirió guardarse esa exclusiva para sí misma.

—Yo nunca he… —Por primera vez se le complicó dar una respuesta.

—¿Nunca te has masturbado? —le confrontó simulando sorpresa.

Tsukasa hizo el gesto de querer alcanzar el vaso sobre la mesita, pero desistió al verlo vacío. Respiró hondo antes de responder:

—Sólo… sólo en una ocasión…

Minami se sintió complacida: Tsukasa al fin hablaba.

—¿Pudieras hablarme de esa única ocasión?

Él la vio claramente asustado. Ella estaba atenta e incluso emocionada, no despegaba el bolígrafo de la libreta.

—Pues ocurrió como debía ocurrir… es decir… yo… ¿de verdad esperas que lo diga?

—Mi trabajo consiste en los detalles, me ayudarías mucho si me dieras algo más de información, pero tampoco pretendo obligarte a hacer algo que no quieras.

Fingió decepción, dejando sobre la mesita el bolígrafo y el cuaderno, luego procedió a pausar la grabación. Tsukasa la siguió con la vista.

—Conocí a una chica hace tres semanas —dijo por sí solo, atrayendo de nuevo la atención de la periodista.

—¿Entonces sí hubo una mujer en la vida del gran Tsukasa? —Ella le sonrió con picardía.

—No creo que llamarlo de ese modo sea lo correcto.

—Y bien, ¿qué fue lo que ocurrió en ese primer encuentro?

Tsukasa se llevó una mano a la boca en un gesto que a Minami le causó gracia, y es que el hombre adoptó una postura pensativa por breves segundos en los que fijó la vista en la alfombra.

—En realidad nada, sólo intercambiamos un par de palabras, me ayudó a acomodarme la corbata y luego se marchó para seguir trabajando. —Minami recargó la espalda en el sofá—. Volví al hotel donde me hospedaba y pude sentir como si ella también estuviera ahí. Mi ropa conservaba algo de su aroma.

—¿Y eso bastó para que te masturbaras?

Él se frotó la cara con ambas manos.

—Dicho de ese modo suena tan… degenerado.

—Oh, créeme que tratándose de ti uno fácilmente pudiera descartar eso, incluso pudiéramos decir que esa chica debiera sentirse afortunada de haber servido de inspiración para el afamado Tsukasa Shishio. —Minami rio—. Sí, de verdad que es un privilegio el que pensaras en mí —acertó y, apartando de pronto la mirada, con algo de pena se atrevió a decir—: Pero, ya que estamos sincerándonos, debo confesar que esa misma noche también estuve pensando en ti…

Tsukasa se quedó de piedra. Minami volvió a reír, esta vez con la intensión de alejar la tensión y su propio nerviosismo. Había sido demasiado atrevido de su parte soltarle tal detalle a Tsukasa; el pobre no terminaba de procesar el que ella le hubiera descubierto y luego luego le pedía digerir la noticia de que tenía frente a él a una pervertida.

Una parte de ella sintió vergüenza, por sí sola se había expuesto ante el hombre que le gustaba, pero ciertamente el calor de la plática no le hizo medir sus palabras: estaba excitada.

Ante el silencio que se hizo de pronto, por segunda vez Tsukasa intentó tomar agua, lamentándose en silencio al recordar que el vaso seguía vacío. Se le notaba intranquilo.

—Iré a traer más.

Ofreció Minami poniéndose rápidamente en pie y estirándose para alcanzar el vaso, pero al hacerlo, un mareo le sobrevino de pronto, tumbándola sin más al sofá. Ella misma se quedó extrañada, fue como si por un breve instante toda la sangre en su cabeza fuera absorbida por su parte íntima, la cual, palpitante, le anunciaba descarada que se había hecho del control total de su cuerpo.

Tsukasa fue pronto para auxiliarla. Desde su perspectiva la periodista había sufrido un mareo, quizá hasta vértigo, por lo que le pidió que permaneciera sentada en lo que él volvía con agua. Le dio de tomar derramando sin querer un poco sobre su blusa, luego le tomó el brazo izquierdo, extendiéndoselo, y con dos dedos intentó medir su presión arterial.

—Ya estoy bien, te agradezco —le dejó saber y para demostrarlo se paró. Por precaución, él la sujetó del brazo izquierdo, a la altura del codo, y siguió observándola con atención. Minami se puso nerviosa—. ¿Qué tanto me miras? En serio, ya pasó.

—No tienes buena pinta…

—¡Oye!

Con el dorso de la mano derecha trató de tomarle la temperatura en frente y mejillas.

Más que por el contacto en sí mismo, Minami se perdió en la expresión de Tsukasa, genuinamente estaba preocupado por ella, y eso le pareció por demás encantador.

—Parece estar todo bien.

—Te lo dije.

—Pero tu cara sigue roja…

—Sí, y tú sigues demasiado cerca.

Tsukasa entonces pareció caer en cuenta, e iba a alejarse con evidente pena, pero fue ella quien esta vez lo tomó del brazo, jugueteó con su amplia mano y la regresó a su rostro. Recargó la mejilla sobre la mano extendida de Tsukasa y le sonrió.

—Puedes quedarte así —enunció ella, no como una consulta, sino como una invitación. Tsukasa relajó un poco el cuerpo.

Mientras Minami continuaba con la mejilla en su mano, los ojos cerrados y una sonrisa ligera, Tsukasa no encontró mayor satisfacción que viéndola, e inconscientemente sus dedos fueron tomando vida propia. Primero lo hizo el pulgar, el cual, atrevido, acarició la piel expuesta de su mejilla. Los otros también hicieron lo mismo, y para cuando se dio cuenta, ya estos se encontraban delineándole los labios a la periodista.

Se sentían tan agradables al tacto que algo en él quiso probarlos. El cuerpo le respondió por sí solo, los ojos estaban fijos en los labios que le tenían embobado.

Minami le vio acercársele como en cámara lenta, estaba preparada para recibirlo, pero no para que sus piernas flaquearan. Tsukasa la tomó por la espalda, así que ella se paró de puntitas y con desbordante deseo salió a su encuentro.

Se besaron y eso fue el inicio de todo.

O quizá la consumación de lo que venían acumulando.

Minami encontró encantador los iniciales y fallidos intentos de Tsukasa por seguir un ritmo y encajar en su boca, pero más pronto de lo que ella hubiera pensado, él comenzó a besarle con pasión y, para su sorpresa, le dio a sentir algo que le hizo estremecer.

Él seguía en lo suyo, aún sosteniéndola en brazos, mientras la punta de su lengua le humedecía la esponjes de los labios. Minami entonces le alentó a ir más allá, uniendo lengua con lengua y siendo ella quien tanteara primero en la boca de Tsukasa. Él abrió los ojos, aunque rápido los volvió a cerrar, y, en una clara muestra de aceptación, atrajo más el cuerpo de la periodista.

Lo que había comenzado como un tímido beso al cabo del tiempo se volvió demandante, ardiente y muy, muy extenso, tan así que Minami apenas podía mantenerse de puntitas, por lo que en un arrebato Tsukasa la alzó en brazos, ella se aferró a su cuerpo enredando las piernas en su cintura y las manos tras la nuca.

—Vamos a mi habitación… —le insinuó enseguida con un tono sugerente, meloso y agitado, señalando la puerta más próxima.

Tsukasa caminó con ella en brazos hasta tomar lugar al borde de la cama. Tuvo que parpadear varias veces para aclararse la vista, desde que habían comenzado los besos veía todo borroso a su alrededor, y ansiaba poder apreciar con total lucidez el rostro de la chica que yacía sentada sobre sus piernas. Ella le sonreía y él no pudo evitar corresponderle de la misma manera.

Sin perder contacto visual, ni esa sonrisa que poco a poco fue tomando un aire malicioso, Minami abrió los dos primeros botones de su blusa, mostrando así un escote por demás provocativo que ni el propio Tsukasa Shishio pudo ignorar. El brasier de encaje apenas le cubría los pechos, era como la envoltura de unos suaves y esponjosos soufflés.

—¿Ya me dirás lo que pasó aquella ocasión?

Soltó la pregunta y desabrochó el tercer y cuarto botón. Si lo que pretendía era que él le respondiera, había hecho uso de la táctica más sucia y despiadada. Tsukasa se quedó sin palabras al verle despojándose de la blusa; los ojos estaban fijos en aquellas dos prominencias, mientras que una voz en su cabeza, cada vez más y más lejana, le suplicaba no olvidarse de los principios básicos de un caballero.

—Dime, ¿te llegaste a imaginar algo así? —Ella juntó los brazos, remarcando más sus senos, como si por sí solos no destacaran. Tsukasa pasó saliva y negó—. ¿Cómo te los imaginaste entonces?

—No… no recuerdo muy bien…

—¿Quieres que te ayude a recordar? —Tsukasa la vio, ella se divertía, por lo que procedió entonces a tomarle una mano, colocándosela sobre su seno izquierdo—. Siente… ¿te recuerda algo?

Él se la acarició por encima del brasier, deslizó la mano por toda su redondez hasta que su palma sintió algo extraño, por lo que quiso indagar bajando un poco el encaje del bra, exponiendo así una amplia aureola la cual era engalanada por un pezón rosáceo, gordito y duro.

Tsukasa volvió a ver borroso y ella se mordió un labio.

—¿Lograste recordar algo…?

—Pudiera ser…

—¿Qué cosa? —quiso averiguar, pero él no dijo nada y en su lugar le empezó a rozar el pezón. Minami gimió—. ¿Te gustan? —Él alzó la vista, su rostro era reflejo de excitación. Minami le acarició los labios—. Chúpalos, Tsukasa, acarícialos con tu lengua y boca…

Se sacó la teta, como lo haría una madre en plena etapa de lactancia, y para pronto el otro se prendió del pezón cual becerro hambreado.

Minami cerró fuertemente los ojos permitiéndose disfrutar el modo en que Tsukasa le comía la teta izquierda. Abría la boca para llenársela como le fuera posible y luego se centraba en el pezón, chupaba y chupaba como si esperara que brotara algo.

Hacía ruidillos como de alguien comiendo desesperado, e incluso cada que se la apartaba, su boca hacía sonidos huecos, impúdicos. Minami misma se sacó la otra con la intención de que a la primera le diera tregua, se la había dejado roja, caliente y babosa. Tsukasa le dedicó atención.

Minami tenía los pezones extremadamente sensibles, por lo que cada que Tsukasa lengüeteaba a su alrededor, sentía su vagina a punto de estallar, le palpitaba en exceso y le hormigueaba en busca de ser atendida o por lo mínimo rozada. Su cadera hacía movimientos instintivos encima del regazo de Tsukasa hasta que algo la detuvo. Él suspiró, aún con la boca pegada en su teta, cuando la entrepierna de Minami se halló frente a frente con su paquete.

En ese instante, un montón de cosas pasaron por la mente de Minami: «¿cómo será?», «¿me dejará vérsela?», «¿realmente le está gustando?», «¡oh, por Dios, Tsukasa Shishio está excitado!». Y mientras su cabeza se llenaba de ideas, ambos sexos se fueron conociendo. Había encontrado una gratificante manera de calmar el hormigueo de su parte hambrienta y húmeda.

Tsukasa la observó restregarse encima suyo, le dio su espacio y ella entrelazó ambas manos tras su cuello para luego volver a besarlo.

—¿Esto te recuerda algo? —Deslizó los dedos sobre el marcado brazo de Tsukasa, su pecho, abdomen, y fue abriéndose espacio más abajo—. ¿Crees que… me puedas mostrar cómo es que te tocaste?

Abrió el botón de su pantalón y le bajó el cierre. Tsukasa la miraba con ojos pequeñitos de excitación sin poner resistencia.

La periodista se arrodilló en la alfombra y le ayudó a bajarse el pantalón. Desde su posición: en medio de las piernas de Tsukasa, tenía una vista privilegiada de la potente erección que contenía el bóxer oscuro.

Antes de revelarlo, como si se tratara de la envoltura de un regalo sorpresa, Minami lo palpó por encima de la tela, conteniendo el aire al tantear lo que vendría, depositó un beso sobre el bóxer y procedió a bajarlo.

Enérgico, vibrante y caliente, rebotó frente a ella el trozo de carne más deseado entre muchas hembras. Admiró su propia suerte y después admiró aquella cosa que parecía tener vida propia, pues de repente se alzaba apuntando al cielo cual bandera enarbolada, luego bajaba y la apuntaba a ella, pero cualquiera que fuera la dirección, la muy creída se mantenía dura.

La punta, gordita y brillosa, dejaba caer de en medio una pequeña gotita; el tronco era largo, venoso y ancho; sobre la base se hallaba un poco de vello púbico, y unas bolas que a simple vista se notaban cargadas.

Aún embelesada, Minami la tomó con una mano y la frotó de arriba hacia abajo en más de una ocasión.

—¿Era así como le hacías? —Tsukasa tragó saliva—. ¿Sí? ¿Me enseñarías?

—Así como lo estás haciendo está muy bien…

Ella apuró el movimiento, y al ver que salía otra gotita de la punta, la limpió con su lengua. Tsukasa suspiró.

—¿Esto también sucedió? Me refiero a la relación de mi boca y tu cosa.

Tsukasa sonrió.

—Sí… también pasó.

—¿Y lo hacía bien? —Él asintió—. ¿Deseas que lo haga de nuevo?

Sin esperar respuesta, Minami se la sujetó con ambas manos, cual si fuera el micrófono de un cantante primerizo que anda haciendo pruebas de sonido: acercó la cara, resopló nerviosa, abrió la boca y probó, probó y probó cuantas veces creyó necesarias.

Conforme su lengua recorría aquella regordeta y venosa cosa, más crecía en ella el desesperante deseo de comérsela completa. Abría grande la boca, retenía el aire y luego bajaba hasta donde la garganta le permitía. Su boca estaba llena, le escurría saliva desde las comisuras de los labios y los ojos se le ponían llorosos.

Si bien, contenerla toda implicaba un esfuerzo casi sobrehumano, pero ella se regocijaba al ver a Tsukasa susurrando, respirando profundo, apretando los ojos ante el estímulo y alzando la cadera en consecuencia, en ocasiones incluso hacía el gesto de querer sostenerle la cabeza.

Cada arcada la impulsaba a continuar, aprovechaba los segundos que la sacaba de su boca para tomar aire y admirarla, la jalaba frente a sus ojos y luego se la embarraba en la cara. No pensaba, era más bien como un alma libre dejándose llevar.

Tsukasa estaba en la misma condición hasta que sintió el inminente peligro de correrse, resurgiendo así el caballero que tenía adormilado por lo que le pidió a Minami que parara y se pusiera en pie. Le tocó la frente, la mejilla y barbilla, todo ello mientras la veía con calidez.

—¿Hay más detalles que me quisieras compartir? —preguntó la reportera.

Él sonrió.

—Por mi parte no. —Y le acomodó el cabello tras la oreja—. No sé ahora tú…

Antes de cualquier cosa ella quiso quitarle la camisa y, para estar en igualdad de condiciones, se dio la vuelta, hizo a un lado su largo cabello e invitó a Tsukasa a desabrocharle la falda; él lo hizo, pero no se atrevió a bajársela, ella entonces le tomó ambas manos y se las colocó sobre la cadera, posó sus propias manos encima de las de él y a la par fueron bajando la prenda.

Lo primero que Tsukasa notó fue un pequeño triángulo de encaje y un hilo que se desaparecía entre las grandes nalgas de Minami.

—Sí, tengo algo que decirte… —susurró la chica.

Luego, se giró de nuevo frente a él, le agarró una mano y le besó los dedos, después ella misma la deslizó por su cuello, sus pechos, y siguió bajando por su cintura hasta llegar a la tela de su tanga.

—Tócame… —le pidió, con los ojos cerrados y la voz ansiosa. Él sin más le palpó su zona íntima por encima de la diminuta prenda.

A la par dieron manifiesto de su excitación, ella gimió al sentir los dedos gruesos, grandes y un tanto temblorosos de Tsukasa sobre su vagina; él suspiró por la humedad filtrada en la tanga y su calor.

Fue Tsukasa quien tuvo el deseo de besarla, la acercó con la mano libre mientras la otra tenía la placentera tarea de frotarle la vagina; apenas sintió lo suave y gordito de sus labios bajos, la empezó a besar con más ganas.

Minami perdió fuerza en sus piernas por lo que fueron cayendo a la cama. Aún sin dejar de besarla Tsukasa se colocó encima de ella, procurando no aplastarla, la mano derecha seguía tocando su vagina, su palma se llenaba por completo de sus labios y se empapaba; ella meneaba la cadera con el propósito de acentuar el contacto.

Tsukasa se aventuró a meterle el dedo medio y Minami gimió más alto. El intruso dedo la puso aún más caliente.

—Ahh… Tsuka, uno más, por favor, uno más… —suplicaba mientras se meneaba por toda la cama. Tsukasa le introdujo el dedo índice y por reacción ella le mordió el lóbulo de la oreja—. Ahh… sí, así… sigue, sigue…

Y él le hizo caso: movía ambos dedos como si estuviera escarbando en una peligrosa cueva húmeda y angosta, pero sus dedos, pese a ser largos, no dominaban aquella profundidad, así que se le ocurrió una cosa: echar un vistazo allá abajo.

Se colocó entre las piernas de Minami, y por primera vez vio en todo su esplendor la flor rosácea más hermosa. Cada pliegue era como el pétalo más suave y fino que arropaba un pequeño capullo. En la parte de arriba sobresalía un carnoso puntito hinchado, el cual Tsukasa tocó con sumo cuidado como si se tratara de la espina más peligrosa y llamativa. Minami dio un respingo en la cama.

Tsukasa volvió a lo suyo: separó los carnosos labios de Minami, introdujo el dedo medio en su orificio y observó, metió luego el índice y observó el ir y venir de su mano como si quisiera asegurarse de que todo marchara bien ahí dentro. Cuando hubo sacado sus dedos, mojados y más claros, tuvo el deseo de probar el jugo que les envolvía, así que acudió directo a la fuente y bebió.

Era la primera vez que daba placer a una mujer, pero por extraño que pareciera él también encontraba placer en eso: Minami gemía demasiado, apretaba los puños y luchaba para no hacerlo tan alto; verla así lo llenaba de más vigor.

—Basta, por favor, detente, harás que… ¡oh, Dios!

Ella le alzó la cabeza para detenerlo, sin embargo, su aspecto no hizo más que excitarla: traía el cabello alborotado, los ojos pequeñitos y brillosos, y la boca embarrada de jugos.

El corazón le palpitó con fuerza en su zona baja.

—¿Qué tal si ahora lo intentas con algo más... grande? —le insinuó con una sonrisa que Tsukasa encontró hermosa y tentadora.

Él se limpió la boca con el puño, se acomodó en la cama y tomó con una mano su miembro. Minami creyó por un momento que la vista le fallaba pues de buenas a primeras lo notaba más grande, y ese pensamiento no hizo más que mojarle las entrañas.

—Segura que…

—Creo que es más que obvio que ambos lo deseamos.

Llevó el dedo índice a la cabecita del pene, haciendo suaves círculos sobre este, luego, con ternura, extendió los brazos hacia arriba para recibirlo.

Tsukasa tragó saliva cuando acercó su miembro a la entrada, nunca había sido un hombre que se vanagloriara por lo bondadosa que había sido la naturaleza con él, pero no hacía falta ser muy observador para darse cuenta de que una cosa no entraría en la otra.

—Prométeme que me dirás si te sientes incómoda, o si te duele, o si…

Ella le acarició el rostro. Tsukasa era hermoso en toda la extensión de la palabra.

—Concluyamos lo que imaginamos aquella noche, ¿te parece…? —le propuso la chica.

Dicho esto, Tsukasa se fue abriendo espacio con la punta de su miembro.

—¿Te encuentras bien? —le preguntó al ver su gesto, ella asintió—. Bueno, voy a meterlo un poco más, me dices si…

—Tsukasa, quiero tenerte.

Minami tuvo que morderse la lengua al sentir cómo poco a poco su coño era invadido. Tsukasa constantemente inhalaba y exhalaba para tratar de contenerse, y es que el interior de Minami lo apretaba de tal manera que sentía que no duraría mucho ahí dentro.

—¿Está todo bien…? —preguntó con un tono de voz agitado, haciendo un esfuerzo extenuante para no perder la cordura y olvidarse del cuidado de ella.

—Sigue… sigue… —dijo con los ojos apretados y las manos aferrándose a la cama.

—¿De verdad quieres que…?

—¡Por Dios! Seguro mañana no podré levantarme, pero por ahora sigue, quiero sentirte…

Él obedeció y empujó más. Minami soltó un grito, algo dentro de ella se desgarró. Tsukasa se preocupó y estuvo a nada de abandonar todo por el bienestar de ella, pero aún con el dolor palpitándole, Minami lo tomó del rostro y le hizo besarle.

Estuvieron así unos instantes en los que buscaron despejar la mente. Minami se relajó un poco y le sonrió en agradecimiento. Él entonces entrelazó su mano con la de ella, a la altura de su cabeza, y empezó a moverse.

La chica gimió, esta vez de placer, y Tsukasa fue agarrando mayor seguridad por lo que se permitió disfrutar de igual manera.

Los pechos de la periodista brincoteaban hipnotizando así a Tsukasa, se veían tan suaves y grandes que llegó un punto donde quiso ver más de aquel espectáculo, así que aumentó la velocidad y profundidad de la penetración para placer de ambos. Jugueteaba a atrapar con su boca los inquietos pezones para luego soltarlos en un rebote.

Minami desviaba de vez en cuando la vista sólo para apreciar el modo en que su clítoris se frotaba morboso en la pelvis de su amante tras cada movimiento que él hacía; quiso aumentar el contacto por lo que ella misma meneó la cadera, restregándose así en Tsukasa.

Pasados unos minutos, la tensión en su cuerpo dio aviso del orgasmo que le sobrevenía. Se abrazó fuertemente a la espalda de Tsukasa hasta que se fue calmando.

Además del erótico espectáculo de haberla visto alcanzar el máximo placer, Tsukasa sintió delicioso por la manera en que la vagina de Minami se contraía y lo apretaba al estarse corriendo, las pulsaciones en su interior estimularon su miembro adelantando su orgasmo.

Lo extrajo rápido y, en un ardiente gemido que Minami jamás olvidaría, el semen caliente de Tsukasa salió disparado. Su blanca secreción cayó en los senos de Minami, protagonizando una escena digna de película triple equis, esas tetas parecían haber dado por fin leche, por lo que Minami las acercó a su boca, sacó la lengua y limpió así toda la corrida.

Tsukasa no perdió detalle.

Luego se sentó sobre sus piernas a un lado de Minami, como quien no sabe qué hacer o decir después del sexo. Ella se avergonzó al sentirse observada por lo que se tapó la cara y se empezó a reír, aunque ese simple gesto provocó que le doliera más el cuerpo, específicamente de la cintura para abajo.

—No me mires así, por favor, debo de verme horrible toda despeinada.

—No, sólo… sólo me acordaba que no terminamos la entrevista.

Ella rio de nueva cuenta, aún adolorida.

—Ya veré qué me invento para terminarla.

—Es sólo que… lo que acabamos de hacer…

—Será nuestro secreto, ¿te parece bien? No tengo intenciones de compartir esos detalles con nadie, además, puedo estar casi segura de que revelar algo así me convertiría en automático en enemiga pública.

Con dificultad trató de moverse, quedando recostada de medio lado en dirección a Tsukasa. Cerró los ojos con la intención de descansar.

—¿Quieres que haga algo por ti antes de marcharme?

—Uhm, sí, una cosa: ¿pudieras… pudieras pasar la noche aquí?

Él aceptó con una sonrisa dulce, cubrió a Minami con la sábana y se recostó a un lado, colocó el brazo izquierdo debajo de ella y la atrajo a su cuerpo.

En su vida Minami se había sentido así de segura.

Tsukasa esperó a que ella durmiera primero, se entretuvo entretanto jugueteando con su cabello rubio y luego durmió.

Cuando ella hubo despertado, cerca de las ocho de la mañana, y tuvo la intención de levantarse de la cama, el dolor en su parte baja le recordó lo que había ocurrido la noche anterior. Se envolvió en la sábana y se puso en pie con mucho cuidado dirigiéndose a la sala. Tsukasa ya no se encontraba ahí.

Le echó una revisada a su celular y al mar de notificaciones que tenía de su trabajo hasta que se topó con un mensaje de Tsukasa:

«¿Descansaste? Lo siento, pero tuve que irme temprano y no quise despertarte.

Hoy termino el entrenamiento antes de lo normal, ¿podría pasar a verte?».

Minami sonrió a la pantalla del celular cual puberta enamorada y le hizo saber que ese día no se presentaría a la oficina, así que lo esperaba a la hora que él pudiera.

Tomó entonces los apuntes que había hecho la noche anterior: nada de eso se comparaba con lo que había ocurrido entre ellos, pero un celo como de pertenencia le hizo considerar las cosas que el propio Tsukasa le había confesado; quería que la exclusiva de sus secretos más íntimos sólo fuera de ella, por consiguiente, tendría que omitir preguntas o inventar respuestas.

Con la intención de avanzar en su trabajo, abrió un nuevo documento en su laptop dándole el título que consideró más apropiado:

Un amante de ensueño

Por: Minami Hokutozai

Y lo que escribió después no hizo más que destacar las razones de porqué Tsukasa Shishio era la clase de hombre que cualquier mujer quisiera tener.

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Notas: Mi primer lemoncito, de otros más que planeo, para este bello shipp. Como era la primera vez de ellos cochando, no quise hacerlo tan explícito, además de que a la pobre de Minami me la dejaron fuera de combate u_u Pero espero traer más momentos cochinos de ellos pues porque sí, porque los amo y quiero que haya más contenido de ambos 3

Gracias por leer y por sus comentarios :3