¡Saludos queridos lectores!
De antemano les aviso que esta historia es un OneShot, así que no tendrán que esperar para ver el final.
Esta historia corresponde al Día 25: Mascota SasuKarin Month Junio 2021
Sasuke saltaba por los árboles camino a una misión que seguramente cumpliría en menos que muchos de los shinobis que conocía. Las misiones de después de la guerra eran muy aburridas porque el poder que ahora poseía le permitía terminar con los trabajos rápidamente y aunque de vez en cuando alguna misión de clase S le entretenía, no era lo mismo.
No era como si él quisiera que la guerra volviera, y tampoco quería decir que su vida de casado fuera aburrida, de hecho, Karin podía llegar a ser muy inesperada cuando se le metía una idea en la cabeza y eso lo tendría muy entretenido hasta que el periodo terminarse ya fuera por la incertidumbre o que lo disfrutara, pero había algo que le molestaba y no sabía qué era.
Al llegar a la Arena para entregar el pergamino que le asignaron, Sasuke se encontró con Gaara, quien, para ese entonces, no sólo estaba casado, sino que su joven esposa, estaba esperando a su segundo hijo.
—¿Cómo están Naruto y los demás? —preguntó Gaara al recibir el pergamino.
—Bien —respondió Sasuke.
—Hola tío Sasuke —un niño castaño de tres años, que estaba dibujando en una pequeña mesa junto al escritorio del Kage le sonrió alegremente. Uchiha saludó esbozando una tenue sonrisa— ¿Tío Naruto no vino contigo?
—Naruto ahora es Hokage, así que ahora tiene menos tiempo para visitarnos —respondió Gaara a su hijo.
—Quizá la próxima vez —Sasuke le respondió al niño.
—Dame unos minutos y tendré los papeles listos —Gaara comentó a su invitado y con un ademán, lo invitó a sentarse, pero él sólo se recargó en la pared.
—¿No vas a sentarte, tío Sasuke? —el pequeño niño se acercó expectante al invitado.
—Shiki, no molestes a nuestro invitado. Vuelve…
—¡Kazekage-sama! ¡Necesitamos su ayuda! ¡Las bestias de arena volvieron! —uno de los shinobis de Suna había irrumpido con agitación a la oficina— ¡Vienen en grupos grandes! ¡Estamos tratando de contenerlos, pero…!
—Sigan el protocolo. Iré enseguida —se levantó de la silla y se acercó a Sasuke— Tengo que irme. ¿Podrías cuidarlo?
Uchiha quedó confundido por la petición, pero Gaara ya había dado media vuelta antes de que él pudiera contestar.
—¿Jugamos, tío Sasuke?
Miró por la ventana, esperando poder irse pero, aunque dar los pasos suficientes a la salida o saltar por la ventana no era ningún reto, Sasuke sabía que si quería mantener su actual estilo de vida, debía quedarse y cuidar de ese niño, pero… ¡Él no sabía cuidar niños!
Por cuatro horas, Sasuke se vio obligado a cuidar del primogénito de Gaara, pues mientras ocurrían los ataques de las bestias con las que tenía que lidiar, a su esposa se le rompió la fuente, así que el Kage debió tardar en encontrar a alguien para ir a recoger a su hijo y por los mismos incidentes, el viaje de regreso a Konoha se pospuso hasta el siguiente día.
Había que decir que Sasuke habría preferido ir a ayudar a la aldea contra las bestias de arena antes que tener que cuidar a un niño de tres años, con su ayuda, seguramente habrían terminado con las bestias mucho antes, pero entendía que Gaara prefería confiarle a su hijo, que causar un alboroto en su aldea, pues su gente desconfiaba de él. De hecho, por ese motivo, jamás habrían mandado a Sasuke, de no ser que era el único shinobi disponible que podría ir y venir con velocidad.
Gaara tampoco era cercano a Sasuke, pero sí había mostrado confianza en encargarle a su primogénito, una vez más tenía que ser cosa de Naruto, así como el hecho de que el niño lo llamara tío, pues el azabache sólo había visto al pequeño un par de veces si acaso.
Dicho lo anterior, no era de extrañar pensar que aquellas cuatro horas de cuidar a un niño desconocido, no fueran relevantes para Uchiha, pero significó más de lo que él supuso y no sabía si atribuírselo al hecho de que fue su primera vez como niñero o quizá porque había ocurrido cuando percibía que algo le faltaba, pero de lo que estaba seguro el azabache mientras caminaba a la salida de la aldea, era que tenía el sentimiento de querer ser padre.
Podría sonar precipitado ese cambio de pensamiento, puesto que fueron solo cuatro horas las que cuidó al pequeño, pero estuvo reflexionando toda la noche al respecto y se dio cuenta que le gustaría tener a alguien a quien transmitirle su conocimiento y sus experiencias como su padre, aunque con reservas, hizo con él y su hermano.
Claro que consideró volverse capitán de un equipo gennin, algo que había estado rechazando hacer hacía tiempo, podría cumplir esa función, pero él quería el lazo filial que estaba más allá de sólo enseñar.
Sasuke no actuaba sólo por el deseo de un momento, mucho menos en una decisión tan grande como lo era querer ser padre. Tampoco podía hacer de lado a su esposa en esa toma de decisiones, especialmente cuando ambos habían acordado que no tendrían hijos desde el principio de su relación y la reafirmaron cuando se casaron hacía cinco años, así que consideró que lo mejor sería ignorar esa sensación y dejar que muriera el deseo en el olvido. Sin embargo, el mundo quiso hacer lo contrario.
Al volver a Konoha, notó cuántos niños había y que la mayoría de esos niños eran hijos de los que fueron sus compañeros en la academia. Además, aparentemente la falta de guerras o batallas importantes había hecho que la mayoría tuviera más de un hijo, algo poco común en la aldea hasta ese momento.
Como guinda del pastel, el siguiente mes lo asignaron a misiones en espacios llenos de niños. Es decir, no era como que su trabajo lo obligara a interactuar directamente con ellos pero, por ejemplo, mientras tenía que hacer de guardaespaldas de un señor feudal, solía aparecer su familia o en una ocasión lo enviaron a investigar un edificio donde se sospechaba que un grupo de bandidos se escondía y el edificio estaba junto a una escuela.
Pese a los gritos de juegos o berrinches, travesuras, comida voladora y peleas absurdas de los niños, Sasuke no sentía menguar el deseo que le había nacido en la Arena. Llegó al punto de considerar seriamente el plantearle la idea a Karin, pero mientras caminaba de regreso a su casa, se encontró con una caja de cartón.
La caja en sí no llamó su atención, sino el hecho que de ella salían maullidos de un gato muy pequeño y que, al pasar junto a ella, pudo ver una cría felina tan pequeña, que tendría que haber nacido hacía pocos días.
Sasuke miró por todos lados buscando a la mamá o a otros gatitos, pues la cría ni siquiera había abierto los ojos como para pensar que estaba sola. Empero, no había nadie alrededor y la única explicación era que lo habían abandonado.
Decir que era un recién nacido no era una exageración y aunque Sasuke no se veía siendo madre sustituta del pequeño felino, tampoco se animaba a dejarlo atrás pues, aunque alguien más podría recogerlo, temía que nadie decidiera hacerlo. Era tan pequeño que sin su madre no iba a sobrevivir mucho tiempo y quién sabe cuánto tiempo llevaba allí, así que si, lo recogió.
Mientras lo llevaba en brazos, se dio cuenta que tener un gato sería bastante benéfico en su situación, pues si aquel anhelo de ser padre sólo era algo así como una crisis de la edad, tener una mascota debía ayudar a olvidarlo. Al fin y al cabo, estaría criando, aunque fuera un cachorro de gato.
—¡Sasuke! —su esposa lo recibió con un beso y un brazo— ¿Por qué traes un gato?
—Lo encontré abandonado.
—Es muy pequeño. Debería tener unos pocos días de nacido. ¿Qué vas a hacer con él? —preguntó mientras lo acariciaba.
—Criarlo.
—¡¿Qué?! ¡No! ¡No puedes hacer eso! ¡Dijimos que nada de bebés! —exclamó la pelirroja retrocediendo.
—Es un gato.
—¡Es un bebé!
—Karin…
—¡No importa que sea un gato, sigue siendo un bebé! ¿Sabes cuántos cuidados necesita un bebé? —señaló la joven— ¡Ni tu ni yo tenemos tiempo para cuidar de un bebé! ¡Los bebés comen cada tres horas!
—No exageres —Sasuke le quiso quitar importancia.
—Hablo enserio. Si vas a criar a ese bebé, lo vas a hacer tú solo y vas a necesitar llevarlo al veterinario ahora mismo —declaró Karin dando media vuelta y se encerró en la habitación.
Sasuke se sintió confundido con la reacción de su esposa, pues obviamente le había gustado ver al gato, pero cuando pensó en cuidarlo siendo tan joven, explotó como si cuidar de un gato fuera tan difícil.
Estaba enojado por la exageración de Karin, pero si debía darle la razón en algo, era que debía llevarlo al veterinario para que le hicieran un chequeo y quizá a su vuelta, su esposa estaría más calmada para comprender que ese gato era sólo una mascota y no un bebé humano como parecía ella creer.
Habló demasiado pronto.
Para cuándo Sasuke volvió a casa, no sólo regresó con el pequeño felino que, pese a estar hambriento, estaba en buen estado de salud, sino que había tenido que comprar leche especial, porque aparentemente la de vaca no va a nutrirlo, una mamila, porque… Karin tenía razón con lo de alimentarlo cada tres horas, y un folleto con las indicaciones de cuidados que debía tener con la cría.
En el pasado, Sasuke había convivido con gatos, pero ninguno había sido su mascota como tal, pues él sólo les dejaba platos de leche y a veces carne afuera de la casa. Tampoco recordaba haber visto un gato tan pequeño y, por tanto, desconocía las cosas sobre sus cuidados.
Si, pensó en retractarse de criar a un felino tan pequeño, quizá aquella ida al veterinario podría haber sido suficiente para apagar el deseo paternal que le había nacido y aún si insistía en tener un gato, podría dejar al pequeño que encontró en el refugio donde podían cuidarlo y adoptar un felino mayor. Empero, Sasuke no pudo abandonar al pequeño y pensó que quizá tomarse unos días del trabajo para cuidarlo, le ayudaría a alejarse de los niños y las ideas que le daban.
Tras leer el folleto de cuidados para saber cuántos días pedir de descanso hasta que el felino pudiera comer sólidos, Sasuke evaluó de inmediato que un mes, era muchísimo tiempo de descanso y no sólo porque sería dudoso que administrativamente se las probaran, sino que él no deseaba dejar el trabajo por tanto tiempo.
—¿Qué harás cuando terminen tus días de descanso? —preguntó Karin, quien seguía viéndose poco contenta con la decisión de su marido para la noche en que finalmente salió del cuarto y Sasuke le mencionó sus vacaciones— Tres días no se aproximan a las cuatro semanas.
—Hablé con los del refugio. Ellos lo cuidarán y lo traeré en mis días de descanso —respondió Sasuke— Cuando pueda comer sólidos podrá quedarse en casa sin cuidados de tiempo completo.
—¡¿Vas a dejar que otros críen al bebé?! ¡Eres un mal padre! —exclamó Karin y volvió a encerrarse en la habitación.
Sasuke estaba más que confundido, porque seguía sin entender el motivo por el que ella reaccionaba tan exageradamente respecto al gato. Podía admitir que él se equivocó al creer que sería fácil criar a un felino tan pequeño, pero seguía sin ser para tanto. Una vez que empezara a comer sólidos, el gato sería más independiente.
Fueron tres días en que Sasuke cuidó él mismo al felino dándole de comer cada tres horas, incluso por la noche y debía admitir que le resultaba muy molesto tener que interrumpir así su sueño y su entrenamiento, pues lo llevó consigo a los campos de entrenamiento para poderlo alimentar a sus horas. Estaba siendo más pesado de lo que pensó y no iba a negar que le alivió el momento en que lo dejó en el refugio cuando volvió al trabajo.
Transcurrió una semana y en ese tiempo él pudo darse cuenta de que su esposa no estaba nada contenta con él. Lo notaba no sólo porque ella ya ni se le insinuaba, sino porque se había vuelto algo silenciosa. Además, aunque ella no hablaba al respecto de su enojo, él podía notar que se irritaba si el tema del gato aparecía y el día en que él llevó al gato a la casa por su descanso, ella procuró estar lo menos posible.
¿En serio su matrimonio se iba a ir a la mierda por un gato? Si era el caso, él sabía que podía simplemente dejarlo en el refugio para que todo volviera a la normalidad, pero si no lo hacía era porque Karin era la que estaba creando una tormenta en un vaso de agua y si tenía algo que decir, ella tenía que dar el primer paso.
A la segunda semana de haber recogido al gato, en su día de descanso, Sasuke estaba contento de ver que los ojos del pequeño felino ya estaban abiertos por completo. Eran dos enormes ojos amarillos que resaltaban por su pelaje negro y lo miraban insistentemente cada vez que tenía hambre.
—Ya está lista la comida —dijo Sasuke cuando Karin llegó a la casa a comer. No descansaban el mismo día y era costumbre que quien tuviera el día libre en el trabajo, cocinara para los dos.
—Iré a lavarme —respondió Karin mirando de reojo a su esposo dándole la mamila al gato y se metió al baño sin más.
Malhumorado por la actitud de su esposa, puso la mesa y sirvió la comida cuando terminó de alimentar al gato. Los dos se sentaron a la mesa en silencio a comer y para cuando estuvieron a punto de terminar, Sasuke decidió que habría que sacar el tema de una vez. Es decir, él en un principio esperó a que ella le dijera lo que tenía como siempre hacía, pero dos semanas en ese ambiente eran suficiente y debían poner las cartas sobre la mesa.
—Tenemos que hablar.
—No podremos. Sakura se dirige en esta dirección.
—No me importa. Necesito saber…
—Hablemos por la noche. ¿Sí? Esta charla nos llevará un tiempo, yo debo volver al trabajo y si Sakura viene para acá, querrá algún favor de alguno de los dos.
—No. Debemos resolver esto ahora.
—Te lo prometo. Hablaremos por la noche —Karin insistió y enseguida se oyó el llamado a la puerta.
Uchiha no estaba contento con lo dicho por su esposa, preferiría arreglar el asunto de una buena vez, pero cuando Sakura habló y mencionó que había una emergencia donde se le solicitaba, terminó por ceder.
—Naruto necesita que vayas a la Torre Hokage —informó Sakura cuando Sasuke le abrió la puerta.
—Es mi día libre.
—Si, pero te necesita —insistió Haruno y enseguida se oyó el maullido del gato— Tienes que apresurarte.
—Vamos —musitó Sasuke tomando al felino y la mamila, pues no estaba seguro cuánto podría tardar una emergencia para Naruto.
—No creo que sea buena idea que lleves al gatito —comentó Sakura— Necesitan que salgas de la aldea.
—Ve, yo lo llevo al refugio —habló Karin estirando la mano para que el azabache le diera al felino, pues notablemente, Sasuke seguía con la idea de llevarlo consigo, por lo menos para pasar al refugio a dejarlo.
—Vámonos rápido —sugirió la pelirosa, pero Sasuke miraba con sospecha a su esposa.
—Soy incapaz de hacerle daño. Sólo lo llevaré al refugio —chilló Karin sabiendo lo que él sospechaba— Que no lo quiera cuidar no significa que lo odie.
Descontento, Sasuke dejó al gato en manos de su esposa, pues admitía que, aunque no la creía capaz de lastimar al pequeño, si temía que lo regalara a alguien más, pero terminó por ceder porque Sakura parecía afligida entre más tiempo pasaba y si a Karin se le ocurría entregar a su mascota a alguien más, él no dudaría en buscarlo.
El encargo que Naruto le hizo a Sasuke le pareció absurdo para llamarlo emergencia, pues quería que hiciera de escolta a un señor feudal que iba acompañado de su familia. Claro, tampoco podía culpar al rubio del todo, pues el señor feudal había pagado una gran cantidad de dinero para que le pusieran de escolta a Uzumaki, pero él los convenció de aceptar a Uchiha al estar a la par en fuerza y la urgencia se debía a que el hombre necesitaba partir lo antes posible para llegar al país de la Nieve a un evento dedicado a Koyuki Kazahana por sus veinticinco años de trayectoria como actriz y no quería perdérselo.
Una vez que Sasuke se fue, Karin dio un suspiro muy pesado y enseguida oyó el maullido del pequeño gato que Sasuke había dejado en la cama de cartón que le improvisó con una vieja camisa de franela.
—Ahora sólo somos tú y yo… o más o menos —comentó la pelirroja mirando a la bola de pelos que la miraba con sus grandes ojos amarillos.
La puerta sonó de nuevo después de un rato en que Karin se dispuso a terminar de comer para volver al trabajo cuando diera la hora y ella abrió de inmediato a sabiendas de quién estaba del otro lado.
—Naruto exageró con el favor —comentó Sakura.
—¿Qué quieres decir?
—Bueno, sólo le pedí que enviara a Sasuke fuera de la aldea, pero jamás se me ocurrió decirle que sólo lo sacara uno o dos días —explicaba la pelirosa— Ahora lo enviaron al país de la Nieve. Tardará unos quince días en volver.
—Está bien. Quizá necesite ese tiempo —comentó Karin inquieta— Gracias por hacerme ese favor.
—No hay de qué, pero deberías confiar más en él. Sasuke-kun no…
—Lo sé, pero también necesito asimilarlo —interrumpió Karin.
—Tendrás mucho tiempo para eso —respondió Sakura y el maullido del felino llamó su atención— ¿Qué harás con el gatito?
—Obviamente no me dejarán llevarlo al hospital, así que lo dejaré en el refugio como dije —respondió la pelirroja.
Sakura no se refería a eso, pero estaba segura de que Karin no respondió lo que ella quería saber a propósito, así que decidió no insistir y se fue.
Cuando Karin quedó a solas y sabiendo que nadie se dirigía a su casa, ella se acercó a la pequeña bola de pelos que no despegaba sus ojos de ella y lo tomó en sus brazos.
—¿Me perdonarás por haber actuado como si te despreciara? A decir verdad, me pareces muy adorable —le hablaba al felino— Es sólo que aún no estoy lista para hablar con mi marido —el gato maulló— Quizá se divorcie de mi después de hablar —el pequeño comenzó a ronronear— Eres tan adorable aún después de cómo te traté.
Y los quince días pasaron más rápido de lo que Karin habría querido y más lento de lo que Sasuke habría deseado. Este último, porque le resultó casi insoportable el convivir con aquella familia, pues tanto los padres como los hijos, eran muy exigentes y caprichosos. Había convivido tan de cerca con el par de diablillos que la idea de ser padre prácticamente ya se le había esfumado de la mente. Sin duda, su pequeña mascota era menos molesta que esos mocosos aun cuando tuviera que darle de comer cada tres horas.
Cuando Uchiha llegó a la aldea, se dirigió de inmediato al refugio de mascotas después de entregar su informe. Aún sentía la inquietud de que su esposa se hubiese deshecho del felino.
—Si, la señora Uchiha vino a dejarlo aquí hace quince días, pero vino por él al siguiente día y desde entonces no lo ha traído de vuelta. Ella…
Sasuke no escuchó más y dirigió sus pasos apresuradamente hasta su casa. Estaba muy enojado e iba a enfrentar a Karin no sólo por haberse deshecho del felino, sino también por haber actuado irrazonablemente por una nimiedad. Es decir, si no quería tener mascotas lo entendía, pero ¿por qué simplemente no se lo dijo para llegar a algún tipo de acuerdo en lugar de deshacerse de él?
—¡Karin! —exclamó Sasuke en cuanto abrió la puerta, pues sabía que ese día era de descanso para ella.
La mujer no estaba a la vista y él entró apresuradamente a la habitación dispuesto a gritar nuevamente, pero en su lugar, quedó más que confundido cuando vio a la pelirroja dormida en la cama con el pequeño felino acurrucado contra ella.
¿Qué diablos estaba pasando?
El felino se levantó estirándose. Había oído y olido al hombre desde antes de que entrara a la casa, pero no fue sino hasta ese momento que se acercó al borde de la cama para mirar a Sasuke y maullarle.
Aún sin entender qué pasaba, Sasuke tomó al felino para revisarlo pues, aunque no quería creer que Karin le hubiese hecho daño, tampoco podía creer que ella durmiera con él, así que llegó a sospechar que algo le había pasado al felino que él recogió y que quizá el que estaba allí era un reemplazo, pero no. Ese gato de enormes ojos amarillos que ya caminaba sin arrastrarse podía identificarlo aún después de dos semanas sin verlo.
—¿Qué es esto? —le revisó el cuello y no porque él no hubiese notado el collar de color rojo que llevaba, sino porque tenía una pequeña plaquita con un nombre grabado— ¿Yoru?
—¿Sasuke? —oyó la voz aperezada de su esposa que enseguida de preguntar por él, bostezó.
—Volví.
—Bienvenido —dio otro bostezo tallándose los ojos— ¿Cómo fue tu misión?
—¿Tu cuidaste del gato? —Sasuke preguntó, porque sólo eso podía explicar el por qué su esposa estaba tomando una siesta a la una de la tarde. Ella no era del tipo de persona que se quedaba dormida por la tarde a menos que se hubiese desvelado.
—Claro que yo cuidé del bebé y se llama Yoru —replicó Karin tomando al felino en sus brazos— ¿Quién más iba a cuidarlo?
Metafóricamente, Sasuke se rascó la cabeza, porque estaba seguro de que esa no era la actitud de su esposa antes de irse a su misión, es más siempre le dio la impresión de que Karin terminaría haciendo algo para deshacerse del felino, pero ahora ella le hablaba como si siempre hubiese cuidado de él desde el primer día. Además, no sólo notó el collar nuevo, sino también había una cama para gato en la cajonera junto a la ventana. Era como si estuviera en un mundo paralelo.
—¿Quieres explicarme qué diablos está pasando? Hace dos semanas no podías verlo sin fruncir el ceño —señaló perplejo y recordó que en el refugio le dijeron que el felino sólo estuvo allí un día y él estuvo ausente quince— Y ¿cómo pudiste cuidarlo por casi dos semanas? ¿No fuiste a trabajar?
—Dejé las misiones físicas dentro y fuera de la aldea y me la he pasado haciendo puro papeleo —respondió Karin dejando de lado el resto de las dudas— En la oficina me permiten tenerlo y ya está empezando a comer sólidos —le estiró al pequeño gato mientras ella se sentaba en la cama— ¿No es adorable? Crecen tan rápido, cuando menos nos demos cuenta, estará cazando ratones.
—Karin…
—También está aprendiendo a usar su caja de arena. Es muy listo y ama su rascadera, pero aún es algo joven y se atora —ella le cambió el tema hablando animadamente.
—¿Qué diablos tienes? —preguntó el azabache porque comenzaba a sospechar que fuera lo que fuera que su esposa estaba evadiendo, ya no parecía tener nada qué ver con el felino.
—Son las hormonas —respondió Karin y Sasuke, incrédulo, la miró fijamente— ¡Hablo enserio!
—Explícate —pidió, pues Karin jamás les había echado la culpa a las hormonas de su estado de ánimo, aun cuando algunos meses sí parecían tener efecto en ella, así que no puso en duda cuando ella lo mencionó, pero quería una explicación.
—Antes de decírtelo, toma en cuenta que tú también tuviste la culpa, así que más te vale no dejarme toda la responsabilidad a mi —advirtió amenazadoramente mientras abrazaba a Yoru y Sasuke levantó una ceja al no entender a lo que se refería— Enserio Uchiha, no quiero que salga ni una sola palabra de tu boca hasta que reflexiones lo que te diré.
—Habla.
—Estoy embarazada —respondió sin más rodeos y el azabache no dijo nada. Simplemente se quedó sin habla— Dos días antes de que llegaras con Yoru, me hice una prueba casera. Siempre hemos sido muy cuidadosos, así que pensé que podría ser un falso positivo. No mencioné nada porque pensé que en cualquier momento me bajaría, pero cada día que pasaba sin bajarme me ponía más nerviosa —el azabache siguió sin pronunciar palabra— Le pedí a Sakura que convenciera a Naruto para que te diera una misión fuera de la aldea para poder hacerme un examen de sangre. Para ese entonces ya no tenía dudas, pero supongo que estaba en negación, así que quería hacerme ese análisis para finalmente aceptarlo, sólo que… temía que te dieras cuenta antes de podértelo decir y tampoco sabía cómo iba a reaccionar cuando finalmente viera el resultado, pero yo sólo esperaba que te enviaran fuera uno o dos días y… ¿Sasuke? —la inquietud la invadió porque él seguía sin reaccionar— Al menos di algo.
—¿Cuánto tiempo tienes?
—Según la revisión, pasado mañana se cumplen once semanas —Karin puso a Yoru en la cama y se levantó para mostrar su vientre, el cual, aunque apenas un poco, ya se notaba abultado— Acordamos no tener hijos, pero pasó. Ahora tenemos que tomar una decisión —ella se acercó y puso sus manos sobre el pecho de él— ¿Sasuke? Por favor di algo más, me pones nerviosa.
—¿Quieres tenerlo? —preguntó Uchiha y la pelirroja se estremeció, pues parecía demasiado estoico como para pensar que él estuviera feliz con la noticia.
—Si… al principio no, sobre todo porque estaba muy asustada, pero… lo estuve pensando y comencé a ilusionarme —respondió sincera— Aunque también comencé a tener miedo de cómo lo fueras a tomar y siendo honesta, tu reacción me asusta, parece…
—Vamos a ser padres —musitó Sasuke antes de abrazar a su esposa.
La idea de ser padre le había llegado a Sasuke mucho antes de recoger al pequeño felino, es más, el haberlo recogido tenía como principal objetivo el olvidarse del tema y depositar sus deseos de crianza en una mascota que no requería de las mismas atenciones que un hijo, pero el otro motivo para recogerlo había sido que, si él no podía deshacerse de aquél deseo, entonces quizá podría despertarse el instinto materno de su esposa al tener un recién nacido en casa. Lo último que él hubiese esperado era que ella ya estuviera embarazada.
Su largo silencio, sin duda se debía a la impresión de que, un deseo que esperaba realizar con tiempo y que después parecía lejano tras el extraño comportamiento de su esposa por una mascota, ahora estaba ocurriendo. Además, aún cuando había regresado fastidiado de aquella familia a la que había escoltado, no pudo evitar pensar en lo diferentes que eran los niños en cada familia mientras su esposa le explicaba lo que había pasado cuando se enteró del embarazo. Sus hijos no tenían que ser unos diablillos malcriados y caprichosos.
—¿Estás seguro? —preguntó Karin abrazándolo también. A decir verdad, ella temía que él sólo aceptara porque ella ya había dicho que lo tendría.
—Muy seguro —finalmente le sonrió y el felino maulló.
—No mi amor, no nos olvidamos de ti —Karin soltó a Sasuke que miró confundido el cómo ella cargaba a Yoru cariñosamente.
—¿Puedes explicarme cómo pasaste de odiarlo a esto?
—Yo nunca lo odié. Es sólo que cuando llegaste con esta hermosa bolita de pelos, estaba muy nerviosa por lo del embarazo y pensé que, si me acercaba a él, te ibas a dar cuenta de mi estado antes de que yo pudiera decirte las cosas —respondió Karin sin dejar de mimar al gato— Cuando dije que las hormonas me tienen cambiada, no es un invento. Cada vez que te veía alimentarlo, me derretía por dentro deseando ser yo quien le diera de comer y arrullarlo para dormirlo. Y lo hice las veces que no despertabas.
—¿De qué hablas?
—A veces te quedabas dormido y Yoru no dejaba de llorar. Yo me levantaba a darle de comer —Sasuke la miró incrédulo— ¿Sabías que los hombres no siempre se despiertan cuando oyen a un bebé llorar?
¿Por qué Karin sabía eso? Podía imaginarse que cuando supo que estaba embarazada se puso a investigar. Eso también explicaría el por qué ella le señaló lo difícil que era cuidar de un bebé cuando llegó con el gato el primer día y el cómo sabía que un bebé comía cada tres horas… espera ¿Con los humanos era igual?
—Es un gato —Sasuke señaló, porque obviamente los gatos y los humanos no eran iguales.
—¡Es un bebé! Y si realmente vamos a ser padres de Yoru y de nuestro bebé, vas a tener que ser más atento para levantarte a alimentarlos y cambiar pañales.
—No puedes tratar a una mascota de la misma forma que a nuestro hijo —alegó Sasuke queriendo quitarle al peludo de las manos, pero su esposa se lo impidió.
—Tú decidiste traer a Yoru y cuidarlo desde muy bebé. Claro que somos sus padres y nos ayudará a practicar para nuestro hijo —puntualizó Karin y levantó al felino cerca del rostro de Sasuke— Yoru, dile a papá que si no hace las cosas bien contigo va a ser más difícil con tu hermanito.
Quizá Sasuke se estaba volviendo loco, porque cuando miró los ojos del pequeño gato y maulló después de las palabras de Karin, le dio la impresión de que le había entendido a la pelirroja.
—Sólo no exageres. ¿Quieres? —suplicó, porque ya podía imaginarse cómo serían los próximos meses.
Y Sasuke tuvo razón. Karin quiso cuidar del felino como si fuera un bebé y al menos él estaba presente para evitar que le quitara su identidad de felino. Es decir, con o sin hijo en camino, podían amar a Yoru, pero nunca era saludable fingir que un gato era un humano, pues podría ser perjudicial. Por ejemplo, aun los propios Inuzuka sabían que el apego con sus cachorros tenía una franja bien marcada para permitirles seguir siendo perros y que no se volvieran perros que eran obligados a actuar como humanos.
Por otro lado, Sasuke aprendió que dejar comida a los gatos callejeros de vez en cuando no era lo mismo que criar a tu propia mascota y había que decir que se puso celoso, porque a pesar de haber sido él quien recogió a Yoru, el felino terminó encariñado con Karin más rápido de lo que hubiese creído. Incluso si llegaban a pelear, el pequeño traidor le siseaba.
Una vez que su hija nació, la pareja estaba muy contenta y aun cuando Kaori, la niña, se había vuelto su prioridad, fueron cuidadosos en no hacer sentir a Yoru de lado y le enseñaron a cuidar de ella para que se volvieran compañeros de juegos.
Hijos y mascotas no eran lo mismo, pero a ambos se les puede amar y ambos dan felicidad siempre y cuando exista el deseo de tenerlos y se asuma la responsabilidad de cuidarlos.
FIN
Espero que les haya gustado y los invito a leer mis demás proyectos sobre esta pareja que podrán encontrar en mi perfil, así mismo, los invito a seguirme en mi pagina de facebook Sakasu Fanfics donde podrán tener noticias de mis historias. Por ahora me despido, no sin antes agradecer sus comentarios n.n
