Muy buenas.
Si que ha pasado un tiempo, de hecho, no planeaba publicar esta historia, pero no pude evitarlo una vez leí la original
Por si acaso, esta historia es una especie de parodia/arreglo de otro fanfic que leí
La idea era interesante, solo que no me gustó su ejecución, asi que decidí cambiar y añadir varias cosas.
Aunque la verdad no tengo idea de lo que hice, creo que estaba borracha cuando escribí esto XD
Cabe aclarar que mi intención no es ofender o insultar a el(la) autor(a) ni a su obra, esta es solo una historia a parte y se debe tomar como tal: ficción.
Hubo una vez, en tiempos muy remotos, una época en la que los pokémon eran tan parecidos y tan cercanos a los seres humanos que no había muchas diferencias entre ellos. Comían en la misma mesa, hablaban el mismo lenguaje y, en casos muy específicos, hasta podían llegar a casarse.
Hoy en día, la unión en sagrado matrimonio entre un humano y un pokémon es considerada absurda, ilícita y muy rara de avistar. Pero, ¿cómo fue que todo esto comenzó? ¿Cuál fue el primero de muchos casos de semejante índole?
Para responder a esta interrogante, mi estimado lector o estimada lectora, debemos hacer retroceder las agujas del reloj. Regresar a una edad oscura, envuelta en las tinieblas y casi perdidas en los recuerdos de los pocos que aun cuentan aquella leyenda...
Nuestra historia comienza muchos, pero muchos siglos atrás, en un reino ubicado en lo más recóndito de una región tan antigua y tan envuelta en el misticismo y el oscurantismo que ni siquiera su nombre original ha conseguido persistir refugiada en las memorias y obras de los sabios y de los escribas.
Aunque la verdad es que este reino no nos importa, ni el estereotípico gobernante dictador que hacía imposible las vidas de sus súbditos; únicamente pensando en su propio interés y que sus huevos se mantengan cómodos, ni nos importa el ignorante e iluso hijo de uno de sus condes chupamedias del rey, ni tampoco nos importa si es pokefilico o no. De seguro ya se pueden estar haciendo una idea del tipo de reino que era. Nada de esto nos importa, nuestra historia está centrada en uno de los pueblos en este reino, donde nadie esperaría que fuese el origen de tal historia.
Este pueblo era específicamente pequeño, y ya se sabe lo que se dice de pueblo pequeño. Entre las familias más conocidas entre los pueblerinos de por aquel entonces era la respetable, ilustre y bien dotada Gabriela, quien era una de las granjeras más cotizadas del pueblo. Su bella y amable esposa había fallecido recientemente en el parto, dejándole como último regalo una heredera, a quien llamaría Cayla. Si, ella tuvo una hija con otra mujer, sé que se puede intuir como fue. Su hija, y su criatura mágica sirviente, una Haxorus, eran todo lo que le quedaba sin contar su "reputación" y su trabajo.
Habiendo heredado el cabello rubio y ojos azules de su madre junto con la altura y "dotación" de su otra madre, Cayla expresó a muy temprana edad abiertamente su descontento con la situación del pueblo, comentarios que Gabriela hizo lo imposible por intentar acallar.
"¡Mira nada más, madre! Todos nosotros y nuestras criaturas mágicas trabajan nuestras tierras, ¿y qué nos dan a cambio? Apenas unas míseras monedas para pagar sus impuestos. ¡Apenas podemos alimentar a nuestras familias!"
"Y lo aceptarás si quieres mantener la cabeza en su sitio, Cayla. Tenemos que aprender cual es nuestro lugar, hay que evitar cualquier provocación o agresividad para evitar caer víctimas de la ira del rey."
"Si reconocer cuál es mi lugar es servir a un monstruo, entonces ya no quiero seguir en este pueblo, y mucho menos ver sufrir a mis vecinos y amigos. ¡Podemos viajar por el mundo, surcar los cielos o atravesar el mar para conocer las maravillas que el Ser Original creó aparte de nosotros y de las criaturas mágicas, podemos encontrar un lugar mucho mejor, incluso podríamos fundar nuestro propio pueblo!"
"No seas una ilusa, hija mía. Tenemos que sobrevivir para que nuestro linaje persista. Este pueblo es lo suficientemente seguro, no sabemos los riesgos del exterior, estamos juntas en esto como una familia. Por favor no lo destruyas."
Cayla simplemente lo aceptó a regañadientes como las últimas veces con las que había discutido con su madre, además de que el heno no se iba a levantar solo, como ella siempre le decía.
Una lluviosa mañana, desobedeciendo las órdenes de su madre, cuando nadie la estaba mirando, la pequeña de nueve años escapó de su cuarto para explorar aquel que los escribas y el clero habían llamado el Bosque Tenebroso. Aquella interminable arboleda era el hogar de muchas criaturas mágicas de habilidades fantásticas y de aura misteriosa, supuestamente "corrompidas" por la energía malévola que se había apoderado de él según decían las malas lenguas.
Pero a Cayla podía importarle menos. Estaba cansada de vivir trabajando y oyendo los mitos de su madre sobre cómo todo afuera del pueblo era un peligro mortal. Quería ver qué había allá afuera con sus propios ojos.
Apenas ella se había adentrado en el corazón del verdoso y recóndito terreno, cuando oyó un peculiar llanto que la hizo detenerse. Curiosa, decidió seguirlo con el oído hasta dar con su origen: bajo un árbol alto y fornido, una pequeña criatura bípeda y orejuda, de pelaje marrón y algodón bronceado claro, sollozaba desconsoladamente. Su estado se veía deplorable, no solo por lo sucia que estaba, si no por lo delgada y pequeña que se veía.
"Hola" le saludó acercándose muy preocupada y revisándola con mayor detenimiento "¿Por qué lloras? ¿Por qué estás en ese estado?"
"Por favor" gimió la pequeña peluda con la voz propia de una niña asustada, abrazándola instintivamente una vez estuvieron a escasos centímetros el uno del otro "Necesito ayuda, no he podido encontrar que comer ni un lugar seguro donde quedarme, he sido alejada de mi familia y no tengo donde ir."
"Eres una Buneary" observó fascinada Cayla rodeándola con ambas manos, identificando a la criatura mágica por las ilustraciones en los manuscritos que su madre le había regalado. "Tranquila... Esta bien, te llevaré conmigo, no te preocupes. Ahora, será mejor que nos vallamos antes de que..."
La respuesta a la súplica de la pequeña coneja fue cortada por un escalofriante rugido, seguido de la aparición de una colosal y cuadrúpeda bestia de piel azul y pelaje negro que emergió de entre los matorrales, con unos ojos amarillos que solo clamaban sed de sangre de inocentes. Cayla le reconoció como un Luxray.
"Quítate de en medio, diminuta humana" espetó furioso el lince mientras enseñaba sus afilados colmillos "O tú también te convertirás en mi presa."
"¡Jamás!" se negó la pequeña granjera, abrazando fuertemente a la Buneary contra ella. "¡No dejaré que la lastimes!"
"¡Entonces comparte su destino!" gruñó el lince salvaje y con rabia.
Pero antes de que la feroz carnicería se llevase a cabo, un fuerte estruendo se produjo cuando una enorme criatura bípeda se embistió contra el tronco del Luxray, lanzándolo lejos y estampándolo contra un arbol. La Haxorus de su madre, junto a ella, la habían rescatado a tiempo y después de comprobar su estado de salud, junto a una pequeña reprimenda, la llevaron tanto a ella como a la debil Buneary a su granja.
"Deliberadamente desobedeciste y te pusiste en peligro solo para salvar a una debil criatura mágica salvaje a la que ya le había llegado la hora."
"No podía simplemente dejarla ahí, madre, no era justo. Ella está muy debil y hambrienta, no puedo dejar a alguien asi a la intemperie. ¡Sin mí esa Buneary habría padecido la peor de las muertes!"
Su madre simplemente suspiró por décima vez ese dia, aunque apenas habia empezado. Ella habia heredado su compasión, la habia visto albergar en su hogar y otorgar trabajo en su granja a todos aquellos que lo necesitaban, aunque extrañamente todas ellas eran mujeres.
A pesar de estar castigada, Cayla permaneció los siguientes minutos cuidando de la Buneary, velando por su pronta recuperación mientras las empleadas y la Audino de la granja le administraban los cuidados necesarios, alimentándola con lo suficiente como para saciar su hambre. En menos de una hora la coneja estuvo sanada, libre de sus mortales lastimaduras.
En la noche de ese dia
"Muchas gracias. Me salvaste la vida, nunca podré pagártelo. Pero debo regresar al bosque. No pertenezco aquí."
"¡No! Insisto, quédate. No hay nada allí para ti, estarás en constante peligro y con el riesgo de morir de hambre, aquí estarás a salvo. Tendrás todo lo que quieras: comida, familia y cariño. Yo te lo garantizo."
"¿Lo prometes? ¿En serio?"
"Lo juro por mi vida."
La Buneary sonrió emocionada y con lágrimas en los ojos, brincando para abrazar por segunda vez en aquel día a su salvadora.
"¡Gracias, gracias, muchísimas gracias!"
"No tienes nada que agradecer. Pero primero debes tener un nuevo nombre. Uno bonito, que te diferencie de los otros de tu raza."
"Aceptaré con gusto cualquiera que decida ponerme, ama."
"¡Decidido! ¡Te llamarás Vanny! Pero, por favor... solo llamame Cayla."
"Como usted lo desee... ama Cayla."
Desde aquel día, Cayla y Vanny se convirtieron en las mejores amigas, siendo tan unidas como un par de plusle y minun. Comían, jugaban, dormían y hasta se bañaban juntas, eran prácticamente inseparables, pese a las burlas por parte de otros niños pertenecientes a familias del pueblo.
"¿Por qué prefieres jugar con una burda y débil criatura mágica a con nosotros?"
"¡Porque ella no es una salvaje y una debilucha!"
"Por favor, no nos digas que la ves como más que una sirvienta."
"No es una sirvienta, y mucho menos una esclava. Es mi amiga."
Las estaciones y los años procedieron velozmente, y en un parpadeo la pequeña granjera se convirtió en una joven apuesta, fornida y bien dotada. Vanny, por otra parte y como producto del riguroso trabajo que desempeñó en la granja, evolucionó en una hermosa y grácil pero también poderosa Lopunny, más fuerte y ágil que cualquiera de su raza.
Cayla adiestró a Vanny en las costumbres del pueblo, enseñándole la vida en la granja, lo importante que es el trabajo duro y a parecer más humana. Ella, a cambio, le apoyó en cualquier tarea o trabajo que se le fuese otorgada, dando hasta du para completar su objetivo.
Uno de esos dias
Cayla y Vanny se encontraban descansando luego de su jornada del dia en el tejado del granero.
"Juro solemnemente permanecer a tu lado hasta el fin de mis días, sin importar las consecuencias o los problemas que nos pueda acarrear la vida."
"Y yo juro solemnemente proteger y permanecer al lado de aquella que salvó mi vida tan noble y desinteresadamente, pues mi deuda con él jamás será saldada ni en esta ni en ninguna otra vida."
Pero un día la felicidad de ambas amigas llegó a su fin. Una calurosa y radiante mañana,
el anunció de que el despótico gobernante habia caído se esparció mas rapido que el fuego, en menos de medía hora todo el reino estaba al tanto del estado de la corona. Los pueblos iniciaron un repentino alzamiento contra el régimen que llevaba años oprimiéndolos, cazando sin contemplaciones a los señores feudales y mercaderes restantes, derrumbando las defensas de sus fortalezas con sus criaturas mágicas del tipo fuego y dragón.
En el pueblo de Cayla la cosa no era tan distinta, habían personas que se sumaban a la lucha, mientras que otras simplemente se quedaban en sus hogares suplicandon que las olas de destrucción no alcanzase el pueblo. Cayla sabia que tarde o temprano el pueblo se vería afectado por la guerra, se perderían muchas vidas, tanto de pokémons como de humanos. Ella no iba a permitir que eso sucediese. Sin importar los reclamos de su madre de que no saliese de casa, Cayla rápidamente fué al centro del pueblo, seguida fielmente por su amada amiga Lopunny, donde llamó a todos sus vecinos y amigos para que evacuarán el pueblo. Si bien la mayoria no querían dejar detras todo por lo que habian trabajado y la supuesta seguridad que tenian en el pueblo o los miedos al exterior, el riesgo a morir era mucho mas aterrador que cualquier otra posibilidad que les deparase fuera de esas tierras. De esa forma, la voz se esparció entre los residentes, todos alistando sus pertenencias junto con provisiones, preparando sus carretas y reuniendo a todos sus cercanos lo mas rapido posible.
A pesar de que ya todos estaban casi listos, Cayla tuvo que lidiar nuevamente con la terquedad de su madre.
"¡No puedes estar hablando en serio madre! En verdad planeas quedarte en el pueblo que esta a punto de desaparecer por lucha en el reino?!"
"No puedo dejar el hogar que tanto yo como tu madre hemos construido. No tienes idea de lo mucho que significa para mi... Lo mucho que significaba para ella."
Vanny se quedó tan cerca de su ama como fuese posible, a pesar de que ella queria ayudarla tanto, sabia que no debia de interferir entre un asunto de madre e hija. Por mas que le doliese ver esa expresión de miedo y preocupación en el rostro de su amada amiga, lo mejor que podía hacer era quedarse a su lado y darle todo el apoyo que necesitaba.
"Yo tambien extraño mucho a mamá, aunque no la haya visto o la haya tenido cerca mio, me hizo mucha falta. No quiero que sea igual contigo, eres muy importante para mi y para muchos del pueblo. Por favor, no quiero perder a otra madre..."
Casi al borde de las lagrimas, Cayla trataba de transmitir su miedo y cariño hacia su madre, haciendo todo lo posible para convencerla. Cuando notó como ella bajó un poco su rostro y soltó un suspiro de resignación, finalmente sentió aquel peso despejarse de sus hombros.
Con todo listo y sin nada mas que dejar atras, decenas de personas y pokemons salian del pueblo en dirección al norte, hacia un rumbo desconocido.
Con la luna alumbrando su camino, humanos y criaturas mágica abandonaron apresuradamente las tierras en la que una vez yacía un enorme reino, metiéndose en el Bosque Tenebroso hasta llegar a una pequeña cavidad natural de agua dulce, que era el hogar de múltiples Wooper y Quagsire. La luz lunar que se filtraba a través de los árboles, permitiendo ver hasta las pequeñas e hipnóticas ondas en el agua, producto de los movimientos suaves y precisos que realizaban los pokémon anfibios al nadar dentro de ella.
Los aldeanos decidieron descansar por la noche en ese lago, estaban lo suficientemente lejos del reino como para que se viesen afectados, por lo que ellos podían descansar por la noche. Cayla ayudaba a levantar sus carpas, no pudiendo evitar ser servicial con todos. Durante la cena, los pueblerinos se reunieron alrededor de una gran fogata, donde compartieron su alimento entre todos, conversando tranquilamente y disfrutando de aquel momento de tranquilidad pese a que perdieron sus hogares.
Durante la noche, cuando todos estaban dormidos en sus propias carpas, Cayla fue la última en dirigirse a descansar hacia el suyo propio. El entrar, fue recibida por un amoroso abrazo de su querida Lopunny, haciéndole soltar una sonrisa.
"Aunque hayas convencido a todo el pueblo a abandonar el reino, sigues esforzándote por hacerlos felices. Tu también necesitas serlo, tienes que descansar y tomarte tu tiempo."
"Lo se, solo que no puedo evitarlo, no me gusta ver a nadie sufrir y mucho menos por algo que yo les convencí que era lo correcto."
A Vanny no le gustaba que ella estuviese tan ocupada, aunque ella sabia que era para el bien del pueblo, el verla llevarse tan bien y ser tan cercana con otros, la hacia sentir algo solitaria. No lo quería admitir, pero ella estaba celosa. De pronto, una idea se le pasó por la mente.
"Venga conmigo ama, hay algo que quiero mostrarle."
Vanny tomó la mano de su maestra y la llevó hasta el otro lado del lago, una zona lo suficientemente lejos como para evitar ser observadas por ojos curiosos y ajenos. Una vez estuvieron alejadas del resto del pueblo, Vanny dejó la mano de Cayla, observando el area frente a ella.
"Muy bien, el lugar servirá. Aqui estaremos mas tranquilas y podremos relajarnos mejor ama."
"¿A que te refieres Vanny? No te estoy entendiendo, ¿para que querias que nos fuesemos tan lejos del resto y cerca al lag...?
Pero interrumpió su propia pregunta al ver algo insólito: Vanny estaba deshaciéndose de su largo vestido rojo y blanco, aquella prenda que era su favorita. Acto seguido se zambulló entusiasmada en las aguas, estando completamente al natural. Y cuando finalmente se halló unos centímetros dentro del estanque, se giró para sonreírle y hacerle señas con el dedo, invitándole a entrar.
"Nade conmigo, ama Cayla. Le ayudará a relajarse y de paso nos podremos bañar. Como cuando éramos niños, ¿lo recuerda?"
Y así lo hizo. Durante la siguiente hora nadaron alegres y contentos, intercambiando cosquillas y toqueteos como parte de los muchos juegos amistosos que siempre habían entablado. Hasta que finalmente, presa de la euforia que le producía las cosquillas y el poder distenderse, Cayla consiguió alcanzar con su puño derecho a Vanny en el hombro izquierdo accidentalmente, haciéndola retroceder.
"¡Auch!"
"¡Oh, lo siento! ¿Te encuentras bien?"
"Sí, es solo...que no estaba lista para un golpe tan fuerte. Pero no fue nada."
La luna brilló con fuerza, y fue entonces cuando Cayla miró a Vanny con mayor claridad. Sus hermosos ojos rubí irradiaban un brillo escarlata muy particular, y su diminuta y tierna nariz complementaba muy bien las demás facciones de su ya de por sí adorable rostro.
Inconscientemente acarició su pelaje marrón en la zona del golpe. Se sentía tan suave y dulce al tacto que podría haberlo recorrido por siempre con sus dedos, por no mencionar que había adquirido una coloración tan deliciosa y atrayente para el ojo como el chocolate. Ella, por su parte, la miró preocupada.
"Eh... ¿Ama Cayla? ¿Ocurre algo?"
"Vaya, es que... no recuerdo una noche en la que te vieras más hermosa."
Ella se ruborizó y desvió su mirada hacia la izquierda, profundamente avergonzada y sin saber qué decir ante semejante cumplido. Ella se fijó sin poder evitarlo en su peluda y desnuda figura, admirando sus anchas caderas y sus robustas pero femeninas y bien trabajadas piernas, fruto de años de entrenamiento en ña granja, levantando grandes paquetes de heno.
"Vanny..."
La mención de su nombre hizo que se voltease a verla, fijándose en su mirada perdida. Todavía sonrojada, volvió a desviar la mirada, esta vez deteniéndose en los redondos y firmes senos, que parecían ser de los de un ser celestial.
"Maestro, creo... creo que es hora de regresar al campamento."
"No, espera. Vanny, yo... quiero ser honesta contigo. Desde el día en que te conocí hemos sido tan cercanas que... siento que me complementas tan bien que no sé qué locura haría si no estás a mi lado. Es algo que llevo mucho tiempo ocultando porque temía lo que mi madre pudiese llegar a decir. Pero ahora que estamos solos, compartiendo este momento tan íntimo, debo soltarlo. O creo que me enloqueceré."
Un Politoed croó a lo lejos mientras un grupo de Volbeat e Illumise iluminaban sus cuerpos, alumbrando aún más la oscuridad que rodeaba al estanque.
"Vanny, yo... estoy locamente enamorada de ti."
"¿Q-qué? Pero..."
"Lo sé, sé que suena extraño. Pero es algo que ya no puedo seguir negando. No te quiero solo como mi amiga. Quiero casarme conmigo. Te quiero como mi pareja. Como mi esposa."
"Ama Cayla, no creo que..."
"Y tú sientes lo mismo. Sé que sientes lo mismo. Siempre lo has hecho, al igual que yo. ¿Por qué no puedes ser honesta conmigo como yo estoy siéndolo ahora contigo? Por favor."
Ella se acercó un centímetro más a ella con timidez, haciendo a un lado los nenúfares que se interponían entre ellas. Sus rostros estaban a menos de un milímetro de chocarse.
"E-está bien. Lo admito. La amo, pero...no creo que sea correcto. Usted es... y y-yo soy..."
"Nada de eso importa, Vanny. Podemos vivir juntas, lejos de aquellos que detesten y sientan repudio por nuestra unión. Prefiero eso a vivir ignorando a mi corazón el resto de mis días. Cielo santo, te amo tanto, Vanny."
Y sin pensarlo mucho más, la trajo hacia ella con ambos brazos y la besó en los labios, habiéndola tomado de la cintura y saboreando con placer cada segundo. Se había rendido por completo a su gran encanto. Y cuando finalmente llegó el momento de separarse, ella le devolvió el beso, sin poder contenerse.
Para cuando quisieron darse cuenta de lo que estaban haciendo, ya se encontraban afuera del agua, con Cayla encima de ella y recorriendo con sus labios y con presteza la zona de su delgado cuello.
Vanny soltó involuntariamente un gemido y golpeó insistentemente el verde pasto con su pata derecha a modo de reflejo, estremeciéndose presa de la excitación. Normalmente no le gustaba para nada que le tocasen tan íntimamente, era muy delicada en ciertas partes en específico, y solía contestar con una demoledora patada que mandaba a volar a aquel que las había lastimado. Pero los labios de su amante eran gentiles, considerados... apetecibles. Lo que la llenó de la valentía suficiente para hacer la petición que llevaba minutos queriendo hacer.
"A-Ama... No. Cayla."
"¿S-sí?"
"Hágame...Hazme el amor. Por favor, te lo suplico. Lo necesito."
Estaba lista, y también segura de que con ella el caso era el mismo. Podía sentir su ya erecta longitud, mucho mas larga y ancha que una espada de carne, rozando con insistencia su entrepierna, esperando emocionado el entrar en contacto con su flor.
Ya no podían contenerse. No querían contenerse.
Y Cayla procedió a cumplir su deseo. Siendo la primera vez de ambos, llevaron a cabo su carnal acto lento y seguro, disfrutando cada instante de aquella nueva e irremplazable experiencia, la cual culminó con Cayla liberando su semen dentro de ella, haciéndola aullar a causa del gozo.
Con sus energías menguando, se separaron para acurrucarse el uno al lado del otro y mirarse a los ojos. Cayla esbozó una débil, pero afectuosa sonrisa mientras exploraba la cintura de su amada.
"Disfrutaste tu primera vez? Yo en verdad lo hice."
Ella se sonrojó mientras le contestaba asintiendo tímidamente y dandole un pequeño "Si" con el mismo tono a modo de susurro, devolviéndole la sonrisa con ambos ojos humedecidos a causa de la emoción que sentía al haber compartido tan bello momento con su mejor amiga y salvadora. Su amor prohibido.
La sonrisa en sus labios se desvaneció a los pocos segundos, y los largos y gruesos mechones de lana color crema que eran sus cejas se fruncieron, ayudándola a adoptar una expresión que denotaba tanto tristeza como desesperanza.
"No podremos ocultarlo mucho tiempo. Lo que hemos hecho aquí... lo sabrán. Y nos perseguirán por ello."
"Mmmmm, no lo creo. Y en caso de que sea asi, lo afrontaremos juntas. Afrontaremos lo que sea juntas."
Y volviendo a besarse por tercera vez aquella noche, sellaron eternamente su amor.
A la mañana siguiente ellas se desertaron algo tarde en su tienda, después de todo lo que habían hecho anoche era de esperarse, aunque todos los pueblerinos no tuvieron idea del porqué. Despues de un desayuno ligero y haber guardado las carpas, la gran muchedumbre continuaba su rumbo hacia tierras inhóspitas, buscando un lugar seguro en el cual construir sus viviendas y llamar hogar.
La pareja en su propia carreta, compartió un breve pero apasionado beso, mientras dejaban atras los restos del lugar donde la ignorancia y maldad habian hecho estragos, rogando por llegar a un buen lugar y poder disfrutar del amor que las había unido.
Existen muchos mitos contradictorios que intentan narrar y explicar lo que fue de Cayla y de Vanny después de aquellos terribles acontecimientos. La versión más popular cuenta que ellas junto al pueblo se asentaron en lo que se conoce ahora como Ciudad Romantis donde pudieron disfrutar de su amor. El si tuvieron hijas o no pese a ser de diferentes especies aún sigue siendo un misterio.
Actualmente, se dice que en la exhibición más privada del museo de arte de Ciudad Romantis, en la región de Kalos, se preserva un bellísimo fresco de la época que retrata y relata la leyenda de las dos amantes, junto a la travesiá que recorrió el pueblo hasta asentarse. Una leyenda que hasta día de hoy demuestra que no existe fuerza más capaz de transformar tan radicalmente el mundo como lo es el amor.
