Hola a todos, aquí SilentDrago. Gente, no estoy muerto ni ando de parranda, pero detallaré eso al final de la historia. Por ahora, los dejo con esto que ojalá sea de su agrado.
Como un satélite
«Veamos, veamos… He ido a todos lados con ella, cambié mi estilo de peinado un día, le preparé unas galletas y hasta compré ropa interior del mismo color que su cabello… No puedo creer que siga sin darse cuenta de nada. ¡Todas en el salón lo saben! ¡E incluso las de otros salones!».
Kotori repasaba una y otra vez la lista que tenía en sus manos. En ella estaban todos los pasos de su plan para conquistar a su amiga Umi, de la que estaba muy enamorada. Al lado de cada acción estaba marcado un visto bueno, indicando las realizadas.
—¡Hija, ya es hora de dormir, mañana tienes escuela!
—¡Sí, mamá!
Tras darle una última revisada a su lista, la peligris apagó la luz y se metió a la cama. Sin embargo, le costó quedarse dormida: su cabeza se llenó de nuevas ideas sobre cómo acercarse más a Umi, algunas de las cuales harían que gritara de espanto. Decidió entonces apegarse a la estrategia que ya llevaba: ejecutar alguna de las cosas en su lista, estar el mayor tiempo con ella e incluso darle algún beso en la mejilla de tener la oportunidad.
«Quizás… debería prepararle un bento también…», pensó antes de caer en los brazos de Morfeo.
—Buenos días, Kotori-chan.
—Buenos días, Honoka-chan. Umi-chan.
—Buenos días, Kotori.
Apenas las tres amigas se juntaron para ir a la escuela, la ojiámbar se aferró al brazo de Umi, apoyando levemente la cabeza sobre el hombro de esta.
—¡K-Kotori!
—Umi-chan, eres tan linda —dijo en voz baja.
—¿Qué pensará la gente si nos ve así? —preguntó la peliazul, con voz trémula.
Kotori no respondió, dedicándose solo a disfrutar la caminata. Honoka, por su parte, parecía bastante feliz; ella estaba al tanto de los sentimientos de su mejor amiga por los de su otra amiga, al igual que toda Otonokizaka, incluyendo al profesorado.
Al llegar a la escuela, las chicas fueron saludadas por sus compañeras, quienes comenzaron a murmurar después.
—Quizás Kotori pudo lograrlo por fin.
—Quizás. Umi está muy sonrojada, pero no parece querer que la suelten.
La peligris solo aflojó su agarre cuando entró la profesora al salón para iniciar las clases.
«Ojalá Umi-chan se haya dado cuenta esta vez. Fui bastante obvia», pensó en su asiento.
Yendo con la ojimarrón, su cabeza no pareció procesar lo ocurrido.
«Últimamente Kotori ha estado actuando muy extraño conmigo. ¿Qué le pasará?».
A la hora del almuerzo, las chicas fueron al patio a comer. Umi sacó una pequeña caja con comida, mientras que Kotori sacó dos. En cuanto a Honoka, simplemente se conformó con un pan y una leche de fresa.
—¿Por qué dos? Dudo que comer tanto sea saludable —le preguntó la peliazul a su amiga de cabello gris.
—Solo uno es para mí, Umi-chan —respondió la ojiámbar, sonrojándose tenuemente—. El otro es para…
—¿Honoka?
La pelijengibre escupió la leche de fresa que estaba tomando.
—¡Por supuesto que no es para mí, Umi-chan! Es… para alguien que tú conoces muy bien y que ves todos los días —dijo, limpiándose los restos de leche con el dorso de la mano.
—¿Eli?
—No.
—¿Nozomi?
—No.
—¿Maki?
Honoka habría dicho más, pero esperaba que Umi se diera cuenta sola, aunque aquello fuese tan sencillo como inundar el Sahara.
A pesar de estar apenada, Kotori decidió arriesgarse.
—Oye, Umi-chan, ¿quieres comer algo del bento que preparé?
—Gracias, pero yo estoy bien con lo que tengo.
—Onegai.
Aquella palabra era el punto débil de la arquera. Hasta ese día se preguntaba el porqué.
—Bien, comeré un poco, aunque creo que la persona a la que le preparaste eso se molestará después.
—Descuida, sé que no le importará para nada.
Umi tomó un tamagoyaki con sus palillos y se lo llevó a la boca. Resultó sumamente esponjoso y exquisito.
—¡Esto está delicioso, Kotori!
—Je, je.
Honoka lo vio todo.
«¡Sigue así, Kotori-chan!», pensó.
—¿Quieres más? —le preguntó la peligris a la peliazul.
—No, gracias, ya estoy satisfecha.
A pesar de la negativa, Kotori no se tomó aquello como un fracaso; era un paso más en la dirección correcta.
Al acabar las clases, las tres chicas se dirigieron al salón de su club. Como lo hizo más temprano, Kotori se aferró al brazo de Umi, incomodándola un poco.
—¡Kotori, estamos en la escuela!
—Lo sé, Umi-chan.
—Podrían pensar cosas equivocadas de nosotras.
—No, no lo harán.
—¿Cómo lo sabes?
—Solo lo sé. —Kotori simplemente se dejó guiar por su amiga—. De verdad me gusta estar contigo, Umi-chan.
Por supuesto, la peligris estaba consciente de que sus compañeras sabían de sus sentimientos, lo que quedó en evidencia cuando se reunieron con las demás integrantes de μ's.
«Ya llegaron las tortolitas», pensaron todas, algunas más entusiasmadas que otras.
—Bueno, yo me sentaré aquí —dijo Umi una vez que Kotori la soltó, tratando de ubicarse al lado de Honoka, alejada de la ojiámbar.
—¡No, no, no! —protestó la pelijengibre.—. Creo que te vendría bien este asiento.
—¿Pero por qué este asiento y no otro?
—Porque yo quiero sentarme aquí, Umi-chan.
—… Bien, da igual cuál sea —dijo, aunque seguía un tanto inquieta por lo de su otra amiga.
«¡Gracias, Honoka-chan! ¡Sabía que podía contar contigo!».
Honoka se ubicó en un extremo, Kotori en el otro y Umi entre las dos, cosa que la peligris aprovechó para seguir acaramelada.
—Umi-chan…
—¡Kotori, no hagas esas cosas enfrente de las chicas!
—Tranquila, no está haciendo nada que Elicchi y yo no hagamos.
—¡Nozomi!
—¡Lo mismo que Kayo-chin y yo, nya!
—¡Rin-chan!
Aunque Nico y Maki no dijeron nada, estaban tomadas de la mano por debajo de la mesa.
—Chicas, no quiero sonar maleducada, pero Kotori y yo no tenemos la misma relación que ustedes. Nosotras solo somos amigas.
La peligris sintió el golpe, pero trató de mantenerse lo mejor posible; estaba consciente de que la chica que le gustaba era densa como un hoyo negro.
—Umi, ¿en serio no te das cuenta? —preguntó Nico, sin miramientos.
—¿De qué?
«Esta no es más densa porque no nació antes», pensó la pelinegra.
—Umi-chan…, a Kotori…
—Nozomi-chan, por favor, deja que ella lo descubra sola —pidió Honoka.
—¿Qué cosa ocurre con Kotori? ¿De qué rayos están hablando?
«Umi-chan, ¿cómo no puedes darte cuenta? Te he dado múltiples señales, incluso ahora mismo estoy recostada en tu hombro… No más esperas ni planes sutiles. Creo que tendré que ser más directa», pensó la peligris.
—Entendido, Honoka-chan.
La sesión del club transcurrió sin mayores incidentes. Tras terminar, las chicas se despidieron de sus compañeras y se marcharon con sus respectivas parejas, quedando solo las de segundo en la entrada.
—Entonces, ¿nos iremos las tres juntas? —preguntó Umi, con Kotori aferrada a su brazo.
—Pues… —Honoka miró discretamente a la peligris— Tsu-chan me llamó hace unos momentos y me pidió que me juntara con ella. —Sonrió—. Ya saben, no quiero decepcionar a mi novia. Nos vemos mañana —les dijo antes de marcharse.
Kotori y Umi quedaron solas.
—Umi-chan, ahora solo estamos tú y yo, je, je.
—Kotori…, ¿puedo preguntarte algo?
—Lo que quieras.
La peliazul pareció vacilar por unos instantes, pero al final se mantuvo firme.
—… ¿Por qué te aferras tanto a mí? Últimamente has estado muy rara.
Había llegado el momento de confesar, por lo que la ojiámbar soltó el brazo de su amiga y se colocó frente a ella.
—Umi-chan…, estoy enamorada de ti. Muy, muy enamorada.
—Ah, ya veo… ¡¿QUÉEEEEEEEEEEEE?!
—Que estoy muy enamorada de ti.
—¡¿P-P-Pero cómo?! Yo… yo jamás me di cuenta de nada.
En un momento como ese, Kotori se preguntaba cómo la peliazul podía ser tan despistada.
—Umi-chan, te envié señales todo este tiempo: la comida, el peinado nuevo, el maquillaje, incluso la ropa interior.
—¡Silencio! ¡Eso es indecente! —la interrumpió la arquera.
—Pero es verdad. ¿Cómo no pudiste notarlo? Toda la escuela lo sabía.
—… ¿En serio?
—Sí.
—¿Honoka también?
—Fue la primera en percatarse.
Umi agachó la mirada; realmente se sentía muy tonta.
—Ahora que ya te conté de mi amor por ti…, quiero saber… qué opinas —dijo Kotori—. No quiero que te sientas presionada a aceptarme, pero sí que seas honesta conmigo.
La peliazul comenzó a mover los ojos de un lado a otro, mostrándose nerviosa y balbuceante.
—Yo… yo…
Un mes después
—Kotori-chan, te ves bastante feliz.
—Y que lo digas, Honoka-chan.
La peligris tenía la cara llena de risa. La razón: sostenía la mano de la chica que le gustaba, aunque esta estaba roja como camarón cocido.
—Oye, Umi-chan, ¿qué se siente ser la novia de la hija de la directora? —preguntó la ojiazul.
—… Preferiría que Kotori me diera un poco de espacio. Y que limite las indecencias en la escuela.
—Pero es que Umi-chan es tan linda que no lo puedo evitar.
La peliazul desvió la mirada, avergonzada.
En realidad, Umi estaba más que feliz de que Kotori la siguiera adónde fuera; la conocía desde hacía años y sabía cómo era su personalidad; no le negaría el gesto si aquello la hacía feliz.
«Creo que… se sentiría extraño si no estuviera a mi alrededor —pensó con una ligera sonrisa en el rostro—. De todas formas, eso no quita que toleraré sus indecencias. Jamás de los jamases».
Su cara adoptó una expresión de seriedad; sería una novia comprensiva, pero no permisiva, al menos no tanto.
Por su parte, Kotori decidió que seguiría tal cual con lo suyo; le mostraría a Umi el amor que guardaba en su interior cada día de la forma que conocía.
«Umi-chan, densa y todo, así me enamoré de ti. Nunca cambies».
Hasta aquí la historia. No olviden dejar sus reviews.
El fic y el título de este están tomados de una canción de la cantante alemana Lena, «Satellite». Puede que el conjunto tenga cierta similitud con Bésame y basta, pero traté de que hubiese diferencias entre las dos obras.
Ahora, hablando de lo que mencioné al inicio, cada vez estoy más involucrado en mis propios proyectos, por lo que es muy probable que las actualizaciones de todo sean muy esporádicas. No voy a dejar este mundillo, al menos a corto plazo, pero quiero centrarme más en lo mío.
Recuerden seguirme en Facebook y Wattpad y leerme en FictionPress.
Sin nada más que decir, SilentDrago se despide de momento.
