Este fic participa en el reto semanal #FortunaMusical de la página de FB SasuSaku Eternice Moi.

La dama y el vagabundo simepre fue mi película favorita del mundo Disney y siempre quise escribir algo de estos dos de este modo. ¡Qué genial que finalmente exista!


La dama y el carbonero


"Jamas creí sentirme igual...

por ella tiemblo

y es que es tan especial...

es más bello que solo vagar por ahí...

Increíble en mi vida hay,

Alguien a quien amar"


—¿Vas a marcharte?

Ella le miró y su boca esbozó una sonrisa seductora mientras subía la media por su muslo. Le encantaba desnudarla y verla vestirse. No podía evitar sentir que había algo tan erótico en lo último que deseaba hacer lo primero.

Las medias eran de seda. Así como su piel.

—Sabes que tengo que irme —le dijo dulcemente—. El alba está a punto de llegar. Es el momento de que nos separemos.

Extendió su mano hacia ella. Deslizó la suya, suave y fina, nada que ver con la callosa y marcada con manchas de carbón de él, hasta que la aferró de la muñeca y tiró con fuerza contra él.

Su risa llenó la estancia, una habitación a la que faltaban muchos muebles y sobraba la humedad, y su delgado y fino cuerpo, antaño virginal, presionó contra el suyo. Su pecho en pequeños y duros pezones clavándose en él y sus piernas enlazadas con las suyas.

Notó sus dedos finos en sus labios.

—Ya sabes que no podemos enamorarnos, Sasuke.

El problema residía en que él ya estaba enamorado incluso antes de meterla en su cama. Nada más verla al bajar del tren, con sus manos sucias, su rostro lleno de ceniza y el sabor del carbón en su boca, supo que esa dama debía de ser suya, que era su destinada y de alguna forma, el universo debía de estar de acuerdo.

Ella, elegante y delicada, de buena cuna. De cabellos rosas y ojos verdes que enamoraban parecía ver el mundo de muchas maneras diferentes a él.

Jamás se sintió de esa forma por una mujer. Generalmente, ignoraba a las niñas de alta cuna, esas que jamás se detendrían frente a un carbonero ni osarían mirarle por más tiempo del necesario.

Sakura Haruno logró que temblara, que soñara con poseerla y emocionó su mundo para saltarse barrera de sociedad. Un romance nacido de las miradas, de preguntas y encuentros silenciosos que se desató en pasión entre sábanas.

Todo por un guante entregado. Una mirada y un gesto de coqueteo mientras se arriesgaba a ser detenido por estar subido a una de las vallas de aquel barrio rico con el que jamás soñaría vivir.

Sin embargo, lo oculto de todo eso no era la distancia social que los separaba. Nadie podía imaginar que una dama como ella, que debía de ser callada y tímida, se retorciera de placer bajo el cuerpo de un carbonero cualquiera, gritando su nombre y con su cuerpo respondiendo perfectamente a sus caricias. A su invasión. En una habitación del barrio bajo, mientras su cochero esperaba fuera, oculto tras las gruesas paredes de ladrillo y en un coche sin emblema alguno.

—No podemos. El alba —repitió entregándose a sus besos. Temblando igual que él y suspirando por más.

Cuando bajó sus manos por su espalda hasta aferrar su desnudo trasero, ella supo que no iba a poder escapar.

Ese hombre tenía algo que la hipnotizaba. La pasión de estar con alguien que no era un hombre estirado que odiaba que se le ensuciara la chaqueta y mantenía el rango de pureza hacia ella en vez de mostrarle la vida como Sasuke hacía. Porque estar con él era sentirse viva.

Algo que jamás le otorgaría otro en su vida.

Se repetía a sí misma y en voz alta que no era válido enamorarse, que ninguno debía de caer en ese agujero. Se lo dijo en el primer beso, bajo el árbol que le clavaba la corteza y manchaba su espalda, ocultos de miradas y, en especial, de su madre, que pondría el grito en el cielo sin duda alguna.

No podemos enamorarnos.

Ni ella se lo creyó. Porque desde el mismo momento en que lo vio supo que iba a caer profundamente enamorada de él.

Sasuke Uchiha era la joya de una corona sucia y carente de necesidades cumplidas. Con sumo esfuerzo le costaba sobrevivir solo.

No podía dejar de mirarlo. Mientras le devolvía una mirada llena de amor y no indiferencia como le había visto hacer otras veces. Sus labios, tensos por los besos, pronunciaban su nombre sin sufijos educacionales de por medio. Y su cuerpo, delgado y dispuesto a ofrecerse a ella, menos marcado que el de los ricos. Siempre bien alimentados y con músculos que parecía que iban a estallar en sus estiradas chaquetas de gala.

No entendía por qué le gustaba más. No lo comprendía.

En ese momento, la distancia social entre ellos era nula, comiéndose a besos mientras sus cuerpos se unían en esos pecados que las madres se esforzaban por ocultar de sus hijas.

Ella era una dama.

Él, un carbonero vagabundo.

Y era increíble cómo el mundo parecía estar en calma en ese momento.

—Algún día no deberías de irte y quedarte a mi lado, Sakura.

—Algún día debería de aferrarme a tu lado, Sasuke.

Fin

10 de mayo del 2022