Disclaimer: Yu-Gi-Oh! no me pertenece.
No tengo idea de dónde salió esto. Bueno, sí, de buscar algo que hacer y no estar pensando en el frío que hace ahora mismo.
Ni idea de si la Ship de JudaixShouxYubel tiene un nombre. Revisé todas las listas que pude encontrar y no di con ella. En fin, si alguien lo sabe, o quiere bautizarla, puede hacerlo.
Creo que esta es la ship más rara que he escrito en mi vida. Que tampoco es que escriba tantas, según yo esto del romance no se me da.
Sobre promesas y juramentos
Capítulo único
Acto I: Pasado distante
El príncipe Judai resopló por décima vez esa tarde. Johan se compadeció de él y le dedicó una sonrisa que pretendía ser tranquilizadora.
—Tal vez no sea tan malo…
—¡Van a obligarme a casarme con una persona a quien ni siquiera he visto en mi vida! ¿Cómo puede eso «no ser malo»?
Johan suspiró.
—Supongo, pero…
—Es su deber como príncipe de Kronet. —La voz de Yubel los interrumpió.
Judai frunció el ceño y miró al niño recién llegado. Era mayor que él y Johan por un año. Yubel era su Huscarle, a pesar de que –de haberse seguido la tradición al pie de la letra– ese puesto debió ser de Johan. La razón por la que se eligió a Yubel era simple: de los dos hermanos nacidos en el Templo de la Oscuridad Gentil, fue Yubel quien nació el día de la alineación de estrellas que anunciaba la próxima encarnación humana del Heraldo.
—¡Pero yo no quiero casarme con esa persona! —volvió a quejarse el príncipe. Luego, miró a Yubel con intensidad. La misma mirada que siempre le hacía perder el aliento, sobre todo por el brillo dorado que destellaba en sus ojos cada vez que lo veía de esa manera—. Te lo he dicho muchas veces: si voy a casarme con alguien, será contigo.
La mirada de Yubel se suavizó un poco. Un segundo después, se recompuso y miró a su príncipe con dureza. Normalmente, a un plebeyo, por más que hubiera sido criado en el templo, no se le permitiría ver así al príncipe. Sin embargo, un Huscarle no era un plebeyo normal: Yubel fue criado para ser su sombra, un guardián que daría su vida por él de ser necesario y cuya opinión era tan valiosa como la del mismo Ministro del Palacio.
No es que a Judai le gustara eso, no del todo. Es decir, estaba feliz de haber crecido con Yubel siempre a su lado, pero no quería que él tuviera que morir para protegerlo, como el Huscarle de su padre en la última guerra. Por eso, desde los cinco años, Judai fue tajante en un hecho: si iba a casarse con alguien, sería con Yubel.
En su momento, esto fue tomado como un simple acto de inocencia infantil. No sería la primera vez que alguien decía algo así. Incluso el padre de Judai lo pensó alguna vez. En la historia del continente había pasado un par de veces, aunque eso no estaba bien visto. Por supuesto, Judai no podía hacer eso, ya que no era un noble cualquiera: ¡era el príncipe! Así que, conforme iba creciendo, sus padres se preocuparon cada vez más por el hecho de que parecía hablar completamente en serio. Eso no podía ser así, porque Judai había sido prometido a alguien desde el día de su nacimiento.
Por eso es que ahora estaban en esa situación: discutiendo sobre su próximo matrimonio, justo el día de su décimo cumpleaños.
La tradición indicaba que dos personas prometidas no podían conocerse antes del día de su boda, la cual se celebraba el día en que el más joven de ambos cumpliera los dieciséis años. No obstante, los reyes de Kronet decidieron que era momento de poner alto al «berrinche» de su hijo y pensaron que, quizá si conocía a esa persona antes de tiempo, se olvidaría de la idea de casarse con su Huscarle.
Por fortuna, estaba prometido a un príncipe de uno de los reinos del este, el cual tenía sus propias tradiciones diferentes a las de Kronet y los otros reinos del norte.
Así pues, la mañana de su cumpleaños número diez, justo después de que Judai terminó sus lecciones –incluso si era su cumpleaños no podía saltárselas, desventajas de ser el príncipe y el Heraldo de la Oscuridad Gentil–, sus padres le anunciaron que conocería a la persona a la que estaba prometido esa misma noche, durante su baile de cumpleaños.
Judai no estaba feliz con eso, y siguió insistiendo en que no necesitaba a nadie más que a Yubel. Se casaría con su Huscarle y eso era todo.
—Eso no es posible —le recordó Yubel.
Johan se mordió el labio inferior cuando detecto la tristeza que Yubel trataba de ocultar. No le gustaba verlos atrapados en esa situación. Conocía muy bien a Judai y a su hermano, como para saber que, si pudiera, Yubel correspondería a los sentimientos del príncipe sin dudarlo. Sólo había una cosa que los detenía: Yubel era el más responsable de los tres, y juró hacer lo que estuviera en sus manos para que su protegido cumpliera con su deber.
—El baile comienza en dos horas —les recordó Yubel—. Es momento de que dejen de perder el tiempo y vayan a prepararse. —Miró a su hermano—. Papá estará presente. Si descubre que has estado descuidando tus deberes como encargado de la capilla del palacio, te obligará a volver al Templo.
Johan asintió y se apresuró a salir rumbo a la capilla. Debía asegurarse de que el incienso estuviera preparado para la ceremonia de esa noche. Como decía la tradición: esa noche los reyes debían ir a la capilla a rezar por el futuro de su reino y la salud de su hijo.
Yubel negó con la cabeza en un gesto de desaprobación. Johan se distraía muy fácilmente, y que Judai lo hiciera perder el tiempo con sus quejas no ayudaba en nada.
—También debe prepararse —le recordó a su príncipe.
—No creo que les moleste si me salto mi fiesta por una vez… —Tras una mirada severa de Yubel, masculló—: Sí, como sea. ¡Este es el peor cumpleaños que he tenido!
Salió de la habitación arrastrando los pies.
Yubel no pudo hacer más que suspirar. Decidió que le daría media hora, y luego iría a buscarlo para asegurarse de que estuviera listo para el baile.
Judai, mientras tanto, caminó por los pasillos del palacio sin un rumbo fijo. Dado que nació en invierno, el palacio ya estaba en penumbras a pesar de no ser tan tarde. Eso no era un problema para él: como Heraldo de la Oscuridad, Judai veía mucho mejor durante la noche que durante el día.
Distraído como estaba, no se percató de que alguien más iba por ese pasillo cerca de él, hasta que sintió un golpe. Cayó al suelo, enredado con un chico bajito y de tupido cabello celeste.
—¡Lo siento! —se apresuró a disculparse el otro niño mientras se sentaba.
—Está bien, iba distraído —dijo Judai.
El chico asintió.
—Yo también. —Se miraron un momento y, luego, estallaron en carcajadas.
El chico más bajito se sonrojó cuando el otro se puso de pie y le ofreció su mano para ayudarlo a levantarse.
—¿Sabes que estás en zona residencial del palacio real? —le preguntó Judai—. No es que me moleste, creo que es absurdo dividirlo de esa forma, pero… En fin, ¿cómo llegaste aquí?
—Yo…, me perdí. —Volvió a sonrojarse—. ¡Este lugar es enorme!
—Te entiendo. ¡Yo también me pierdo a veces!
Judai fue consciente de que una pequeña criatura alada flotando sobre sus cabezas los estaba mirando.
—¿Compañero?
—¡Ah, cierto! Este pequeño espíritu me estaba guiando de regreso a la zona de los invitados.
—Entiendo —dijo Judai—. Aunque se supone que no debe estar fuera de mi habitación hoy.
—¿Por el baile del príncipe?
—Sí. Hace dos años cayó sobre el pastel por andar jugando, así que ahora tiene prohibido acercarse a la fiesta. Yo creo que es una tontería: ¡con lo aburridas que son, al menos eso fue un cambio agradable! Pero mi mamá estaba furiosa, y las mamás dan miedo cuando se enfadan.
El otro niño soltó una pequeña carcajada al imaginar la escena: un pequeño Kuriboh Alado cubierto de betún mirando a su alrededor con ojos mareados.
—Nunca te había visto por aquí —comentó Judai.
—Es la primera vez que estoy en este lugar.
Judai frunció el ceño. Conocía al menos de vista a todos los hijos de nobles de una edad aproximada a la suya, ya que siempre asistían para las fiestas importantes, como su cumpleaños. Si nunca había visto a este chico, entonces seguramente era parte de la comitiva del Reino de Shien que acompañaba a esa persona.
—¡Lo siento, no fue mi intención entrar en un sitio prohibido! —se disculpó el chico, pensando que la molestia de Judai era por eso.
—Descuida, no estoy molesto por eso, es sólo que… Mis padres me obligarán a ir a esa aburrida fiesta.
—¿Es tan malo?
—Sí, digo, no. —Hizo una mueca—. Eso depende: son demasiado formales. No creo que una fiesta de cumpleaños deba ser así. Las fiestas de mi amigo Johan, por ejemplo, siempre son animadas y sólo para los amigos.
—Suena bien.
—¡Lo son!
Miró al chico con curiosidad.
—Cómo sea, tenemos tiempo antes del baile. ¿Eres duelista?
El chico se mordió el labio.
—No soy muy bueno… Al menos no como mi hermano. ¡Él es el mejor duelista de todo el reino!
—¿De verdad? ¡Oh, quiero luchar con él!
El niño frunció el ceño.
—Pero, el duelo es algo serio. Sólo debe usarse para proteger y…
—Lo sé —respondió Judai. Sus padres, Yubel y su instructor no dejaban de repetirle eso—. Pero, ¿por qué tiene que ser de esa forma? Yo pienso que los duelos deberían ser algo que se juega por diversión, no como un arma de guerra.
—Puede ser. —Negó con la cabeza—. Mi hermano siempre dice que el Juego de los Dioses es algo serio, algo que fue entregado a humanos y espíritus como una manifestación de sus almas y que por eso debe ser respetado.
—¡Eso! Pero, también, ¡es un juego! ¿No sería mejor si lo usáramos para conectar nuestras almas y entendernos y no sólo como un arma para la guerra?
El niño abrió la boca, sin embargo, antes de que pudiera decir nada, el otro chico lo había tomado por la mano y lo estaba arrastrando por los pasillos del palacio de Kronet.
—¡Espera! —lo llamó con sus mejillas ardiendo.
—¡Vamos! Tengamos un duelo y así podrás entender lo que digo.
El niño miró sorprendido la habitación a la que lo llevó. Era muy amplia y estaba amueblada de forma muy lujosa, incluso más que en la que ellos se estaban quedando.
—¿Esta es tu habitación?
—Sí. Vamos, tengamos un duelo y luego podré mostrarte mi habitación.
—¿No es peligroso?
—No utilizaremos discos de duelo, en lugar de eso usaremos una mesa.
—Eso es faltarle respeto al duelo…
—Pero, esa es la manera en como sé practica el duelo cuando estás aprendiendo.
—Bueno eso es cierto…
—¿Lo ves? No le faltas al respeto mientras lo tomes con la seriedad debida y des tu mejor esfuerzo, incluso sin un disco de duelo.
El niño se sentó frente a él, sacó su mazo de su bolsillo y comenzaron el duelo. Al comienzo, el más bajito se sintió un poco intimidado. Sin embargo, pronto se contagió del entusiasmo de su anfitrión.
La diversión terminó cuando una presencia furibunda llenó la habitación.
—Hola, Yubel —saludó el niño local con nerviosismo.
—No puedo creerlo —dijo el chico recién llegado—. Nadie pensó en buscarlo aquí por ser el lugar más obvio, pero Johan tenía razón… ¡Sus padres están muy preocupados y todos en el palacio llevan dos horas buscándolo!
—Sí, bueno, me divertí más con mi nuevo amigo que en esa aburrida fiesta.
Sólo entonces la mirada de Yubel se posó sobre el otro niño.
—Hola —lo saludó tímidamente.
Yubel parpadeó un poco y luego se echó a reír.
—¿Usted es Sho, el hermano menor del príncipe Ryo?
—S-Sí.
Yubel rio más fuerte.
—¡Casi provocan un desacuerdo diplomático entre Shien y Kronet y resulta que los dos están juntos!
Judai parpadeó un momento, mientras Sho agachaba la cabeza, pensando en que sus padres y su hermano debían de estar muy enojados con él.
—No entiendo —dijo Judai inclinando la cabeza—. ¿Por qué causaría tantos problemas?
—Mi príncipe —respondió Yubel con burla—, todos piensan que el joven Sho, aquí, fue secuestrado.
—¿Príncipe? —preguntó Sho sorprendido.
Judai puso mala cara. Nunca se presentaba porque de inmediato la gente pasaba de desear ser su amigo a intimidarse o, peor, querer aprovecharse para obtener ventajas en el reino.
—Una disculpa, Judai es un poco lento…
—¡Yubel!
—¿No se da cuenta? Este niño es el joven príncipe de Shien.
—Sí, lo supuse antes cuando dijiste…
—No me entiende. Este joven es su prometido.
Judai miró a Sho un momento.
El menor le devolvió la mirada, nervioso. ¿Este chico era el Heraldo de la Oscuridad? ¿Cómo era posible? Había estado tan nervioso por todo ese asunto, sabiendo que prácticamente se casaría con un dios; en cambio, este joven era una de las personas más relajadas y divertidas que había conocido, alguien que, por una vez, lo trató como persona y no como el joven príncipe del reino que tendría que desposarse con la encarnación de la Oscuridad Gentil.
—¡De ninguna manera! —gritó Judai. Sho agachó la cabeza y se mordió el labio. Por supuesto, él era muy poca cosa para…—. ¿Cómo alguien tan divertido y agradable puede ser mi prometido?
Sho alzó la mirada y miró al príncipe. No había ni una pizca del desagrado que pensó que vería en él, sólo un poco de desconcierto.
—¿De verdad eres él?
Sho asintió con la cabeza.
—Oh, bueno, supongo que yo…
—Todavía tienen que ir al baile —lo interrumpió Yubel—. Si nos apresuramos, tal vez podamos arreglar el desastre que causaron.
Judai pareció malhumorado, sin embargo, asintió. Tal vez no sería tan malo conocer a Sho y hacerse su amigo. Pero, aun así, ¡iba a casarse con Yubel!
—Por cierto, ¿en dónde está tu Huscarle? Sé que Yubel no me dejaría vagar solo si estuviera en el extranjero.
—¿Huscarle?
—Mi príncipe, esa es una costumbre de los reinos del norte. En los reinos del este existen otras tradiciones. Debe prestar más atención a sus lecciones.
En términos estrictos, dado que Sho no tenía un Huscarle, ahora Yubel lo era también para él. Aunque, no pensaba que fuera buena idea decirle eso a Judai de momento. Tal vez cuando se hiciera a la idea del hecho de que su destino era casarse con Sho y no con él.
Al menos, se dijo, los temores de Judai no se cumplieron. Podía dejar a su amado en manos de un chico que, tan sólo con verlo, se notaba que era una buena persona. Yubel mentiría si dijera que no había supuesto la posibilidad de que el prometido de Judai podría ser una persona desagradable, por fortuna esos temores resultaron infundados.
Acto II: Reencuentro
En retrospectiva, Sho debió darse cuenta de que su tercer año en la Academia de Duelos no sería tranquilo. ¿Cómo podría ser así? En su primer año tuvieron que enfrentarse a un grupo de duelistas asesinos, uno de los cuales era una vampiresa que por poco y los convierte a él y a Ryo en «sus hijos». De no ser porque Judai ganó ese duelo, ahora ellos…
Hizo una mueca al recordar ese desagradable episodio.
El segundo año no fue mejor, con todo ese asunto siniestro de la Sociedad de la Luz. Al comienzo parecía ser una especie de club cuyos miembros tenían algunos tornillos zafados. Sinceramente, no le extrañaba que Jun hubiera terminado entre ellos: siempre le pareció que el chico estaba un poco tocado, peleando con sus espíritus de duelo y quejándose del dormitorio rojo, aunque sin hacer nada para intentar, al menos, subir a Ra. El que Asuka cayera allí sí que fue una sorpresa.
Una vez más, fue Judai quien los salvó a todos. Aunque, una parte de Sho, a veces pensaba que tardó demasiado en moverse.
Por supuesto, nunca expresó eso en voz alta. Judai era un tipo que sólo quería divertirse en sus duelos –eso era lo que siempre le había atraído de él–, así que lo atribuyó a que no supuso que fuera algo tan malo. No al menos hasta que se enfrentó a Mizuchi Saio en ese Duelo Tag junto con Edo.
(Algunos años más tarde, Judai le confesó la razón: el tratamiento médico que borró a Yubel de su memoria al parecer no hizo sólo eso. De alguna forma, fue como si su mente hubiera sido reprogramada para que no cumpliera su misión. Incluso consideraron la posibilidad de que la Luz de la Destrucción hubiera estado detrás de eso.)
El tercer año comenzó tranquilo, excepto por ese tipo, Johan.
Sho ya había experimentado los celos una vez (aunque entonces no lo admitió, ni para sí mismo, ni para otros cuando se lo preguntaron), cuando Kenzan llegó y se autoproclamó el hermano menor de Judai. ¡Sólo había alguien que podía llamar hermano mayor a Judai y ese era él! (Secretamente, esperaba algún día llamarlo «novio» o incluso…)
Con Johan fue diferente. Judai admitió que en cuanto lo conoció algo en su mente hizo clic, de una forma similar a cuando se conocieron el día del examen práctico.
Por supuesto, a diferencia de con Kenzan, Sho hizo lo posible por esconder esos celos. A diferencia del duelista dinosaurio, Johan era un buen tipo. Al menos él no se dedicó a robar discos de duelo como cierta persona. Aunque no pudiera evitar sentirse mal cuando veía que Judai dejaba atrás a todo el grupo para ir a pasar tiempo con Johan.
A su manera, sus amigos trataron de consolarlo. Incluso Manjoume bromeó diciendo que ese tipo Johan era como el gemelo de Judai. Sho a veces creía que, de cierto modo, esa fue su manera de decirle que Judai no iba a dejarlo por ese chico.
«¿Dejarme?», se preguntó. Para que eso pasara antes tendría que haber algo entre ellos. Y él y Judai nunca podrían ser algo más que amigos… Ya ni siquiera mejores amigos, a causa de Johan.
El año comenzó a ir cuesta abajo tras descubrirse que el Profesor Cobra, de la Academia Oeste, estaba detrás de ciertos acontecimientos siniestros ocurridos en la Academia. Todo parecía indicar que esas pulseras que dio a los estudiantes hacían algo más que monitorear su progreso como duelistas. Atacar su base sólo hizo todo peor cuando ese extraño ente apareció y asesinó al Profesor Cobra, para luego transportar la escuela a una extraña dimensión desértica.
Y ahora estaba en más problemas: mientras Judai y otros iban a buscar medicina para Rei, él y los demás alumnos tenían que defender la Academia de los Zombis de Duelo. Lo peor era que esas criaturas no eran otra cosa que sus compañeros de estudios caídos a causa de las pulseras y reanimados por alguna fuerza desconocida. El problema era que ahora estaba atrapado entre la espada y la pared, rodeado por esos zombis y separado de la patrulla que había estado dirigiendo hasta ese momento.
Curiosamente, ninguno de los zombis parecía querer atacarlo. Permanecieron de pie, acorralándolo contra un muro y mirándolo con sus ojos de aspecto siniestro debido a las gruesas bolsas negras debajo de ellos.
—Así que él también te abandonó.
La voz de Martin Kanou, el amigo de primer año de Rei, llegó a los oídos de Sho. Los zombis se hicieron a un lado para dejar pasar al chico.
Sho sintió un escalofrío cuando los ojos de Martin lo miraron. Por un momento juró que un brillo siniestro, verde uno y rojo el otro, atravesó esos ojos.
El chico no parecía ser un zombi, vestía una capa que mantenía oculto uno de sus brazos bajo esta, y se veía completamente en control de sí mismo.
Martín avanzó hasta estar frente a él. Para sorpresa de Sho, estiró su mano derecha y pasó sus dedos por su mejilla en un gesto casi cariñoso.
—¿Dónde está Judai? —ronroneó.
Sho apretó los labios.
Martin negó con la cabeza en un gesto que a Sho le pareció muy familiar.
—Debería estar aquí, protegiendo a nuestro preciado tesoro. En lugar de eso, está allá afuera con el ladrón buscando la medicina para sanar a la pequeña princesa del reino Luminoso. Nos abandonó a ambos.
—¡Judai no abandonaría a nadie! —gritó Sho.
Martin volvió a negar con la cabeza.
—Entonces, ¿por qué no está aquí? ¿Por qué estás solo a merced de estos malvados zombis?
Sho quiso escapar, sin embargo, Martin lo empujó contra el muro, demostrando una fuerza que sólo podía ser descrita como sobrehumana.
Sujetándolo contra el muro, Martin se acercó para susurrar a su oído. Sho apretó los ojos y giró la cabeza, como si así pudiera evitar escucharlo.
—Puedo sentir cuanto te ha lastimado… —Sho no pudo evitar estremecerse al sentir el aliento del chico más joven en su mejilla y su oído—. También me lastimó a mí. No le importó la promesa que hicimos… ¿Lo recuerdas? Fue en este mismo lugar, sólo que el desierto era un lago y en dónde ahora está la Academia había un maravilloso palacio.
Sho sintió como una mano, o más bien una garra, lo tomaba por el mentón y lo forzaba a ver a Martín a la cara.
—Rompió esa promesa. Y también sus votos hacia ti. Nos dejó a ambos, y, en cambio, eligió a ese ladrón.
—¡Judai no…!
—¡Lo hizo! Puedo verlo en tu alma: ni una sola muestra de cariño hacia ti en los últimos dos años. Pero, podemos hacer que vuelva, podemos traer de regreso a nuestro rey. Volver a estar juntos los tres como lo juramos.
El corazón de Sho comenzó a latir con fuerza.
—Lo deseas, ¿verdad? Volver a sentir sus brazos, la caricia de sus labios y sus promesas de amor eterno. Podemos volver a tenerlas, sólo necesitamos trabajar juntos.
Sho iba a replicar. No pudo hacerlo. Los labios de Martin se estrellaron contra los suyos en un beso posesivo y hasta doloroso. Una solitaria lágrima corrió por su mejilla derecha, mientras su vista se nublaba.
El cuerpo inerte de Martin Kanou se desplomó en el suelo. Sho… Yubel, se relamió los labios. Volvió a colocar la capa sobre sus hombros para ocultar el brazo del Dragón Guardián de las Pesadillas y luego retomó su camino hacia la cámara de los Demonios Fantasmas.
Ese era el mejor resultado posible: tomar a su pequeño Sho y las otrora armas de Kronet para recuperar a su rey.
—Vamos, mi querido Sho, demostrémosle a Judai cuanto lo amamos igual que él nos lo demostró a nosotros.
Acto III: Culpas
Judai quería hacer eso solo. Después de todo, Johan se sacrificó debido a sus errores. Por supuesto, sus amigos no lo dejarían hacerlo. En especial Sho.
—¿Cómo crees que me siento yo? —gritó. Era la primera vez que lo escuchaba hablar con ese tono—. Yubel me utilizó a mí para… —Un hipido cortó sus palabras—. Si no fuera tan débil…
—No eres débil —replicó Judai.
—¡Claro que sí! Si no lo fuera esto… —Apretó los puños—. Puedes ir tú solo…
—¡Sho! —el resto del grupo lo interrumpió antes de que pudiera decir algo que empeorara más las cosas.
Sho hizo una señal con su mano, por una vez mostrándose asertivo. Algunos de ellos pensaron que lo hacía con la autoridad de un rey… O, más bien, del consorte de un rey.
—Puede ir él solo si quiere, pero eso no significa que yo no haré lo mismo. Soy culpable de esto tanto como lo es él. Así que, al menos por una vez, quiero hacerme responsable por las consecuencias de mi debilidad.
Fueron con él y enfrentaron la mayoría de los retos juntos, a pesar de que Judai cada vez se volvía más distante hacia ellos, centrándose únicamente en seguir avanzando.
Entonces, llegaron al castillo del Rey Loco. Fubuki, Asuka y Manjoume murieron frente a sus ojos. Tres culpas más que tendrían que cargar junto con la muerte de Johan.
Jim y O'Brian se marcharon por su cuenta luego de eso.
Sho no pudo. A pesar de lo doloroso que fue ver a Judai sucumbir de esa forma ante su propia oscuridad, acabando a Brron de la forma más despiadada posible, no fue capaz de dar media vuelta y abandonarlo. Se había prometido que cargaría con sus culpas. Perdieron a Johan, Asuka, Fubuki y Jun debido a que fue débil y dejó que Yubel lo poseyera. Si se iba, también perdería a Judai.
Permaneció de pie en el patio de guerra del castillo, mientras el cometa iluminaba ese mundo de oscuridad perpetua.
Judai miró el disco de duelo de su enemigo caído, el resto del ejército del Rey Loco se dispersó en cuanto vieron caer a su jefe. Sin decir nada, Judai se agachó y tomó la carta por la cual cuatro de sus amigos habían muerto: «Súper Polimerización».
Sho no pudo evitar estremecerse cuando dos ojos fríos del color del oro fundido lo miraron a la cara. ¿Dónde estaban esos orbes cafés que brillaban con esa calidez que siempre le transmitía confianza?
Lo siguiente que supo fue que Judai lo estaba besando, pero no era el beso tierno y amoroso con el que siempre soñó. Fue un beso frío y posesivo, como el de Yubel.
—Vamos, mi pequeño Sho, tenemos mucho trabajo que hacer.
Sho se estremeció de nuevo. Sus palabras, el tono que usó al hablar, se parecían tanto a las de Yubel.
Judai comenzó a caminar sin esperarlo. Sho se mordió el labio, luego, soltó un fuerte suspiro y comenzó a caminar detrás de él.
No sabía que era lo que Judai pretendía hacer en ese mundo desolado y oscuro. El que tomara la carta que Brron quería completar sin duda era una pista… En todo caso, decidió, lo único que podía hacer era cargar con las culpas de ambos. Además, mientras permaneciera junto a Judai, todavía existía la esperanza, por más pequeña que fuera, de que algún día iba a recuperar al chico alegre y despreocupado del que se había enamorado a primera vista.
«Ese día, volveremos a disfrutar juntos de un duelo, como la primera vez», prometió por ambos en silencio.
Acto IV: Conclusión
Si había una prueba de que las almas de los tres estaban conectadas, fue que Sho vio los recuerdos de su pasado en común en el momento exacto en que Judai lo recordaba.
Vio el acantilado –que curiosamente era el mismo en el que Judai trató de ayudarlo a prepararse para el Duelo Tag de castigo durante su primer año–, y el momento justo en el que ambos, con quince años, encontraron a Yubel luego de su fusión con el Dragón Guardián de las Pesadillas. Ese día, ambos juraron a Yubel que sin importar lo que pasara iban a amarlo por siempre.
Los dos jóvenes reyes, luego de que un ataque de la Luz de la Destrucción causara la muerte de los padres de Judai a sus diecisiete años, amaron a Yubel, su Huscarle, sin importar lo que otros dijeran y cuantos nobles de ambos reinos, Kronet y Shien, reprobaran su relación. Cumplieron su juramento hasta el día de su muerte en el campo de batalla, tras herir mortalmente a Johan, quien había sido poseído por la Luz de la Destrucción. Con su último aliento juraron volver a encontrarse y estar juntos los tres.
Sho comprendió que, al igual que la Luz retorció la mente de Johan en el pasado, también jugó con los recuerdos de Yubel para que olvidara a su hermano y convencerlo de que Johan quería robarle a Judai. Para luego hacerle creer que la forma más pura de demostrar amor era lastimar a quienes amaba.
Incluso aunque él no podía compartir un alma como ahora lo hacían Yubel y Judai, Sho sabía que siempre serían uno solo. Lo fueron en el pasado, lo eran en esta vida y lo serían en todas las que hubiera adelante… Siempre, sin un primer principio ni un último fin.
Cuando Judai salió del remolino de la «Súper Polimerización» miró a Sho y le sonrió cálidamente.
—Estoy seguro de que todos regresarán a casa.
—Me alegro. Merecen un descanso… ¡Todos lo merecemos!
Judai sonrió.
—Deberías ir con…
—¡No! Esperamos cinco mil malditos años. ¡No volveré a separarme de ustedes un segundo más!
Judai sonrió. Todavía no era la sonrisa que Sho tanto amaba, pero…
«Algún día, mientras estemos juntos, esa sonrisa volverá».
—Entonces, ¿nos vamos?
Judai y Sho se abrazaron. Por un momento Sho sintió los labios de Judai sobre los suyos. Fue un beso tan breve que bien pudo imaginarlo. Todavía no fue el beso que esperaba obtener, había demasiadas heridas que necesitaban ser sanadas primero, aunque estaba por mucho lejos de aquel beso frío y posesivo de Haou.
Sintieron los fuertes brazos de Yubel rodeándolos a ambos, y una sensación cálida en sus pechos. Por fin las cosas volvían a ser como siempre debieron haber sido.
Un segundo después, despegaron envueltos en energía de duelo como si fueran el cometa del Mundo Oscuro.
Era el momento de buscar un lugar tranquilo para sanar sus heridas y descansar. Esos eran los momentos favoritos de Sho –de los tres– antes de la siguiente batalla. Así eran las cosas cuando eras el Heraldo de la Oscuridad, su Consorte y su Guardián: siempre había que salvar de nuevo el mundo al día siguiente.
Como se puede ver, tomé algunos de los conceptos que desarrolle en Noche Eterna y les di un pequeño giro.
Por cierto, el reino de donde son Judai, Johan y Yubel en su vida pasada, se basa en Skyrim, porque amo ese juego, y a su vez en los países nórdicos de nuestro mundo. Por eso usó el termino hurscale, que era guardaespaldas de gente importante en los países nórdicos (Kronet es Coronado en noruego). Sólo un pequeño dato al azar para rellenar notas...
¡Gracias por leer!
