Hellooo! Este se suponía que iba a ser un one-shot sobre Henry adquiriendo la costumbre de regalarle flores a Charlotte y por alguna razón escaló de ahí.
Ignora el final de la serie y varios aspectos más como la pérdida de poderes de Henry y la existencia de la Fuerza Danger.
Sin más...
Here We Go...
Henry y Charlotte estaban en casa de los Hart, haciendo tarea, cuando de la nada, Henry rompió el silencio.
—¿Qué tipo de flores crees que le gustarán más a Bianca?
Charlotte levantó la cabeza para mirarlo.
—¿Qué?
—Es nuestro aniversario y ella me dio a entender que le gustaría recibir sus flores favoritas.
—¿Y?
—Y estoy intentando adivinar cual prefiere.
—¿No es tu novia?
—Sí
—¿De años?
—Eh... Sí... ¿Por qué las preguntas?
—¿No deberías saber ya la respuesta?
—Bien, sé que le gustan los lirios y las margaritas, le regalé esas y parece que le gustaron, y estoy dividido entre esas dos.
—Pero... ¿Sabes cuál es su flor favorita, no?
—Eso creo...
—No estás seguro.
—No me acuerdo que sea algo que me haya dicho antes... ¡No me des esa mirada!
—Te doy esta mirada porque has estado saliendo con ella desde los catorce y no sabes cuál es su flor favorita.
—Tengo mucho en mí mente como para almacenar ese tipo de información.
—Pues mejor que empieces a preocuparte sobre eso si quieres seguir saliendo con ella.
—Sí, sí, me preocuparé de eso más tarde, pero ahora... ¿Qué sugieres?
—Tal vez podrías regalarle un ramo de ambos.
—¡Eso dejaría en claro que no estoy seguro de que le gusta!
—¿No es esa la verdad?
—¡Pero no quiero que lo sepa!
—Entonces elige uno y ruega para dar en el blanco y que sea lo que le gusta más.
—Eso no funcionará... —se lamentó el chico.
—Mejor empieza a pensar en una manera de descubrir sus gustos en flores antes de la cita... ¿Por qué me estás mirando así? —inquirió de forma sospechosa.
Su amigo estaba sonriéndole con los ojos entrecerrados.
—¿Te he dicho que eres mí mejor amiga?
Ella se echó hacia atrás.
—Solo cuando necesitas pedirme algo —señaló.
—Por favor, sé que puedo confiar en que puedes hacerlo muy bien.
Charlotte arqueó una ceja en confusión.
—¿Hacer... que?
—... ¿Descubrirlo por mí?
—¿Y hacerte todo más fácil? ¡No! Necesitas empezar a resolver tus asuntos por tu propia cuenta, Henry.
—Por favor —rogó—. He estado ocupado con el trabajo y apenas he tenido tiempo de planear mí cita de aniversario con Bianca, solo quiero que todo salga perfecto ¿Por fis?
—No me pongas tus ojos de cachorrito, sabes que no puedo decirte que no si lo haces...
—Esa es la razón por la que lo hago —confesó.
—No.
—Por favor —insistió.
—Dije que no.
—... ¿Por favor? Estaré en deuda contigo si me ayudas ¿Si?
La chica quiso negarse una vez más pero fue ver su expresión de súplica y sus ojos esperanzados y simplemente se rindió con un suspiro.
—De acuerdo... ¡Hey!
Henry se abalanzó sobre ella y la rodeó con sus brazos.
—¡Gracias, gracias, gracias! —repitió.
Ella no pudo evitar reír por su reacción y devolver el efusivo abrazo.
—¿Para qué son los amigos?
Al final, Charlotte se las arregló para convencer a Bianca de pasar una tarde juntas de compras, y entre diversión y risas descubrió cuáles eran sus flores favoritas.
Después de tomar asiento en una mesa de una cafetería para descansar, ella se disculpó para ir al baño. Una vez allí, llamó a Henry para decirle que lo había descubierto.
—¿Qué sucedió? ¿Lo conseguiste?
—Sí, se trata de margaritas.
—¡Genial! ¡Sabía que podías hacerlo! ¡Muchas gracias por tú ayuda, Char!
Luego de aquel breve intercambio, ella regresó con la chica, sintiéndose culpable de engañarla haciéndole creer que solo salieron a pasar tiempo de calidad y ser amigas. Sabía que no debería malcriar así a Henry, pero era su mejor amigo y tenía una debilidad por él y sus ojos de cachorro.
Para su sorpresa, Henry apareció un día después de su aniversario en su casa con un ramo de rosas blancas.
—Pensé que ya le habías dado el ramo a Bianca, además ya te pasaste de la fecha y ¿No eran margaritas?
Él chico extendió el ramo hacia ella.
—Este es para ti —aclaró.
Ella lo aceptó, algo desconcertada.
—¿Para mí?
Él asintió.
—Sí, ya sabes, por haberme ayudado con todo esto...
—Solo le pregunté a Bianca cual era su flor favorita, no fue nada.
—Y eso salvó mí noche, gracias.
Ella sonrió y observó el ramo.
—Son mis favoritas.
—Sip.
—¿Cómo lo supiste?
Henry encogió los hombros.
—Lo recordé.
—¿De verdad?
—Ajá.
—¿Nadie te ayudó? ¿Jasper, Piper?
Él negó con la cabeza y sonrió ante su sorpresa.
—¿Qué sucede? ¿No me creías capaz de recordar algo así?
—Es solo que no puedes recordar la flor favorita de tu novia de años ni siquiera si tu vida dependiera de ello —le recordó.
Henry se sonrojó levemente y bajó la mirada.
—Supongo que es un beneficio de ser una de mis mejores amigos más antiguos.
Charlotte sonrió con complicidad.
—No me digas ¿También sabes cuál es la flor favorita de Jasper?
Henry dio una risotada.
—No, pero sé cual es su tema favorito para un balde para agregar a su colección.
Su amiga sonrió de lado con picardía.
—Entonces, soy especial.
—Podría decirse que sí —contestó él, siguiéndole el juego.
Ella acercó el ramo a su rostro e inhaló el aroma, suspirando en deleite.
—Nunca nadie me había regalado mis favoritas, gracias.
Henry frunció el ceño.
—¿Nadie? ¿Ni siquiera Jack?
—No rosas blancas, pero si un par de ramos de rosas rojas en un par de ocasiones.
—Así que él tampoco sabe cuáles son.
—En su defensa, nunca se lo mencioné.
Él asintió, entonces chasqueó los dedos con una sonrisa.
—¡Ya sé! Por haberme ayudado, te regalaré tus flores favoritas cada vez que me ayudes con algo, como una manera de agradecerte y compensar las veces que no las recibiste.
—¿Es esa tu manera de forzarme a ayudarte más a menudo?
Henry le dedicó una sonrisa radiante.
—Tal vez...
Ella sacudió la cabeza y rió suavemente.
—De acuerdo, creo que puedo aceptar eso.
—¿Algo más que nunca hayas recibido como obsequio que sea común regalar?
—No necesitas comprar mí lealtad Henry, con las rosas es suficiente, además ambos sabemos que siempre termino tendiendote una mano al final.
—Lo sé, pero quiero ser el primero en regalarte algo que te guste.
Ella inclinó la cabeza en curiosidad.
—¿Por qué?
El chico se encogió de hombros con una sonrisa algo tímida.
—Se sintió bien hacerlo... Entonces ¿Algo más? Sé que tiene que haberlo.
Ella lo pensó unos segundos.
—Chocolates.
—¿Qué?
—Nadie jamás me ha regalado chocolates.
—Bien, lo tendré en mente —prometió.
Entonces, su reloj de pulsera empezó a timbrar señalando una emergencia y que debía ir a la Capi Cueva.
—Adelantate, yo iré a poner las flores en agua y te sigo.
—Bien, te veo allí.
Ella cerró la puerta tras él y aspiró el aroma de las flores una vez más antes de suspirar suavemente e ir a ponerlas en agua.
Ella no esperaba que él recordara lo de los chocolates, ni que mantuviera su palabra.
Henry hizo ambas cosas.
Un día entró a la tienda cargando con él una caja que de inmediato llamó la atención de Jasper.
—¿Problemas en el paraíso?
Henry alzó una ceja en confusión.
—¿Por qué?
Jasper apuntó a la caja de chocolates.
—Dulces para la dama ¿Cómo lo arruinaste esta vez?
Henry observó la caja.
—Estos... no son para Bianca —aclaró.
Jasper inclinó la cabeza en curiosidad.
—¿No? ¿Para quiénes son esos entonces?
—Charlotte.
—¿Charlotte?
—Sí ... ella me ayudó a inventar una historia para mi familia por haberme perdido la cena anoche, pensé que esta era una buena manera de decirle 'gracias' ¿Sabías que nunca ha recibido chocolates como regalo? Ni siquiera de Jack.
—Ella estará feliz.
El rubio sonrió esperanzado.
—Eso espero ... bueno, nos vemos Jasp.
Caminó hacia la parte trasera de la tienda, bajo la mirada de Jasper que le sonreía con complicidad.
Ella estaba sentada en el sofá, ocupada programando el horario de Ray, acomodando los muchos compromisos que tenía como Capitán Man. Tan concentrada estaba que no notó su llegada, así que se aclaró la garganta para anunciarse.
Ella sonrió ampliamente cuando lo vio.
—¿Qué te tomó tanto tiempo?
—Esto.
Sacó la caja de bombones en forma de corazón de detrás de su espalda dónde la había mantenido oculta como sorpresa. Estaba envuelta en papel rojo.
—¿Eso es para mi?
El chico asintió con una sonrisa tímida y Charlotte sintió sus mejillas calientes. Dejó la tablet a un lado y se levantó del sofá para caminar hacia él.
Extendió las manos y él le entregó la caja, la cual examinó.
—Yo nunca...
—Nunca recibiste una.
Ella lo miró desconcertada.
—¿Realmente lo recordaste?
—Sí.
Sus ojos se fijaron en el paquete, aún desconcertados.
—Gracias...
—Bueno, ábrelo.
Se veía emocionado por su reacción, así que ella rio suavemente por su entusiasmo y obedeció.
Dentro encontró varias hileras de chocolates en forma de corazón que olían delicioso. Los examinó y luego miró a su amigo con una sonrisa burlona.
—Todos tienen forma de corazón.
Henry le dio una sonrisa vacilante.
—Nunca los recibiste, así que pensé que ...
—Me encanta.
El chico suspiró de alivio.
—Bueno, prueba uno.
Charlotte tomó uno y le dió una mordida, cerrando los ojos mientras suspiraba de deleite.
—¡Son deliciosos!
Henry sonrió bastante orgulloso de su logro.
—Gracias.
—Fue un placer.
—Aquí, toma uno.
Le ofreció uno pero el chico se negó a aceptar, agitando las manos.
—Los compré para ti.
—Y quiero compartir uno contigo ... ¿pensaste que te dejaría tener la caja completa?
Henry acabó por aceptar uno.
Ella no compartió el chocolate con nadie más, y Ray se quejó de eso hasta que se fueron a casa.
Semanas después en una joyería...
El dueño del local le daba un apretón de manos al superhéroe con ambas manos, profundamente agradecido.
—Gracias por tu ayuda, Capitán Man, esos rufianes se hubieran llevado todo si no fuera por ustedes.
En el suelo, dichos rufianes gruñian de dolor, balanceándose de lado a lado.
El Capitán Man le dio una de sus características sonrisas.
—Fue un placer, señor, estamos aquí para servir y proteger a los buenos ciudadanos de Swellview.
Henry estaba dándoles la espalda, examinando una de las vitrinas de vidrio intactas, totalmente ignorando la conversación. Había allí una pieza de joyería que le pareció que luciría bien en cierta chica.
Le había estado obsequiando flores y chocolates pero creía que ese gesto había empezado a perder significado.
Una mano se posó súbitamente en su espalda.
—¿Kid?
—¿Eh?
—Tenemos que irnos, ya terminamos aquí —anunció el adulto.
Henry miró a su alrededor y notó que la policía había llegado y estaba ocupándose de los ladrones.
El chico asintió y empezó a seguir a su mentor hacía la salida pero se detuvo y se volvió hacia el dueño de la tienda.
—Aguarda un momento ¡Señor! ¿Cuánto cuestan estos?
El dueño caminó hacia su dirección y miró hacia el interior de la vitrina que el chico se refería. Había allí adentro unos aretes blancos en forma de gota.
El hombre observó al joven superhéroe que había sacado su billetera listo para pagar por ellos.
El dueño lo detuvo.
—Van por cuenta de la casa, hijo.
Pero él adolescente sacudió la cabeza.
—No, déjeme pagar por ellos, tengo dinero.
El hombre empujó su billetera a un lado.
—Tómalo como un gesto de agradecimiento por lo que hicieron hoy, estoy seguro de que la señorita lo vale.
Para efecto le guiñó un ojo en complicidad y notó como las mejillas del chico se volvían rojas como su traje.
Henry intentó rehusarse a la oferta varias veces antes de rendirse y aceptar lo propuesto por el dueño.
Ray observó el intercambio con una media sonrisa, creyendo que esos aretes estaban destinados a Bianca. Las cosas no habían estado yendo bien entre ellos dos esos días. Tal vez Henry quería mejorar las cosas con algún obsequio.
Sin embargo, Henry no volvió a mencionar a Bianca esa semana, y días después, Ray vio esos aretes colgando de los lóbulos de Charlotte.
Fue algo extraño pero debió admitir que a ella le quedaron mejor.
Ella se veía muy feliz llevándolos.
A Henry también le gustó lo bien que le quedaron esos aretes a su amiga, pero no pudo evitar pensar que le quedarían aún mejor con un collar a juego.
Un día, Henry caminaba por la calle y pasó frente a la joyería aquella de nuevo, y después de un breve debate consigo mismo, decidió entrar.
Le dio un vistazo a las vitrinas, buscando un collar que quedará bien con esos aretes pero no se decidía.
La dependiente, notando su confusión, se le acercó para ofrecer ayuda.
—¿Puedo ayudarte, muchacho?
—Quiero regalarle a una amiga un collar que combine con sus aretes, pero no sé mucho de esas cosas... —confesó mirando la vitrina.
—Entonces sígueme, tal vez pueda darte una mano para escoger el adecuado.
Ella le pidió que le describiera los aretes para después enseñarle varios collares que podían combinar con ellos. Y así encontró uno apropiado.
Charlotte no era una chica que le gustara alardear o exagerar su apariencia, por lo que sabía que a ella le gustaría su elección.
Se lo regaló un día en que ella fue a su casa como solía hacerlo.
Estaban en su habitación, hablando, cuando él decidió que era el mejor momento para dárselo.
—Aquí —dijo, mostrándole la caja.
—¿Que es esto?
—Pensé que quedaría bien con tus pendientes.
Ella abrió la caja y lo sacó para verlo.
—Oh...
Era un colgante blanco en forma de gota pequeño que colgaba de una fina cadena de plata. Lo levantó con ambas manos y una mirada de asombro.
—¿Te gusta?
—Es hermoso, gracias ¿Me ayudas a ponérmelo? Quiero ver cómo me queda.
—Seguro.
La chica se dio la vuelta y apartó sus rizos para permitirle acceder a su cuello. Las manos le temblaban mientras tomaba ambos extremos de la cadena y los unía.
Ella olía a vainilla y a él le gustaba la vainilla. Sin darse cuenta, inhaló profundamente y cerró los ojos, encantado.
—¿Henry?
Sus ojos se abrieron de golpe y dio un paso atrás, con las mejillas enrojecidas.
Charlotte se dio la vuelta con una sonrisa radiante y ojos brillantes.
—¿Cómo me veo?
Sus ojos se fijaron en el colgante en forma de gota que contrastaba perfectamente con su piel oscura. La palabra 'hermosa' apareció en su mente.
—Muy bien —respondió.
—Gracias.
Luego se lo sacó y volvió a guardarlo en su caja.
—Lo guardaré para una ocasión especial —prometió.
Luego lo abrazó, y él no pudo evitar respirar su esencia de vainilla.
Él le devolvió el abrazo y por un momento no quiso nada más que abrazarla así para siempre.
Finalmente era la noche de su baile de graduación y los tres amigos fueron con sus respectivas parejas.
Jasper fue con Piper porque ella lo convenció para que la invitara. Henry no entendió porque su hermana querría ir con su amigo si se la pasaba discutiendo con él y siempre estaban envueltos en absurdas peleas, pero supuso que ningún otro chico quiso invitarla. Él terminó yendo con Bianca porque a pesar de que ya no estaban juntos, la chica lo abordó en los pasillos de la escuela y le pidió ir con ella, y estando rodeados de tanta gente y más que nada amigos de ella, él no tuvo valor para rechazarla frente a ellos y hacerle pasar vergüenza, así que no pudo sino aceptar resignado, a pesar de que había planeado pedirle a Charlotte a que fuera con él, con la excusa de que ninguno de los dos tenía con quién ir. Habría sido un buen plan si tan solo su ex no lo hubiera acorralado desprevenido. Charlotte fue con Blake, quien era un buen amigo de ella y que la invitó cuando se enteró que todavía no tenía pareja. Fueron a la escuela por caminos separados, Henry recogió a Bianca, Piper tuvo que recoger a Jasper y Blake tenía un coche nuevo que quería estrenar. ¿Y qué mejor manera que recoger a una chica para un baile escolar?
Estaban reunidos alrededor de una de las mesas, hablando, bebiendo y comiendo. Piper estaba regañando a Jasper porque este quiso ver cuántos bocadillos podía llevarse a la boca sin ahogarse y acabó casi ahogándose. Bianca estaba hablando con sus amigos sobre cosas a las que él no estaba prestando atención porque no tenía mucho interés y además estaba vigilando las puertas, esperando que apareciera su amiga.
Estaba bebiendo de su vaso cuando las puertas se abrieron y Blake entró, sosteniendo la puerta como un caballero para su cita de la noche.
Henry se atragantó con su bebida cuando la vio entrar.
Ella lucía como una princesa.
Llevaba un vestido sin mangas de color blanco brillante con un escote en forma de corazón que envolvía su figura como una segunda piel, el borde inferior era más holgado justo debajo de sus rodillas y alcanzaba hasta el piso. Su cabello estaba recogido en la parte superior de su cabeza, algunos de sus rizos caían alrededor de su rostro como un marco.
Blake lucía orgulloso mientras enlazaba su brazo con el de ella y los llevaba a ambos hacia las mesas donde esperaban el resto de sus amigos.
No podía culparlo, su pareja se veía deslumbrante con ese atuendo. Tosió suavemente, miró a su alrededor y suspiró de alivio cuando vió que nadie había notado su reacción, todos estaban ocupados con sus propias cosas. Volvió a fijar sus ojos en ella, incapaz de mantener la boca cerrada. Ella se dio cuenta de su mirada y sonrió tímidamente, mirando hacia abajo con vergüenza. Un destello atrajo sus ojos y sus labios se crisparon en una sonrisa cuando se dio cuenta de que ella estaba usando sus regalos. Los pendientes colgaban de sus lóbulos y el colgante descansaba sobre su cuello. Ciertamente, esta era una ocasión especial, pero no pudo evitar desear que las cosas fueran diferentes.
—¡Por aquí! —llamó Bianca cuando los vio.
La pareja caminó hacia ellos y se saludaron. Blake le sirvió una bebida y luego tomó una para él.
—Bonito atuendo, te ves impresionante —Bianca la halagó, enlazando su brazo con el de Henry.
Sus ojos oscuros se posaron en sus brazos enlazados por una fracción de segundo antes de mirarlos de nuevo, y le pareció que su sonrisa perdió algo de calidez.
—Vi el vestido mientras estábamos mirando escaparates esa vez —mencionó Charlotte.
—Lo recuerdo, sabía que te verías bien con el —señaló Bianca.
—Tienes ojo para la moda —concordó Charlotte.
—Sin embargo, esos no eran parte del atuendo —agregó la otra chica, señalando los pendientes y el collar.
Sus dedos acariciaron suavemente el colgante.
—Son un regalo de un amigo.
—Sea quien sea ese amigo, tengo que agradecerle, resaltan tu belleza — la felicitó Blake.
—Combinan perfectamente con el vestido —agregó Bianca.
Sintiéndose abrumada por la atención centrada en ella, trató de desviar la conversación.
—Gracias, tú también te ves bien, el rojo te queda como anillo al dedo.
—Lo compré hace meses para esta noche específica, pero los tacones los vi esa vez contigo también.
—Deberíamos hacer eso de nuevo, me divertí mucho.
La conversación fluyó con naturalidad luego de eso, hablaron como los buenos amigos que eran y bebieron ponche.
Minutos después, Piper sintió la necesidad de bailar y se llevó a Jasper a la pista de baile ... mejor dicho, lo arrastró hacia ella. La escena trajo sonrisas a los labios de sus amigos, fue linda y divertida. La sonrisa de Blake se volvió dulce y miró a su cita.
—¿Te gustaría bailar un poco?
Charlotte miró a las parejas balanceándose y girando en la pista de baile. No le gustaba bailar, pero era su noche de graduación, una chica solo tenía una de esas una vez en su vida. Debía relajarse y divertirse. Volvió a mirar a su pareja y asintió con una sonrisa.
—Sí, me gustaría eso —aceptó.
Ella le ofreció la mano y él la tomó y la condujo a la pista de baile.
Henry los observó bailar al ritmo de la música, descubriendo que ella no lo hacía nada mal. Solo era algo tímida para hacerlo frente a extraños.
Pasaron más minutos hasta que Bianca se cansó de esperar a que él la invitara a bailar con las otras parejas y lo hizo ella misma, pidiéndole que fuera con ella. Henry no pudo negarse a su pedido porque todos sus amigos estaban bailando y pasando un buen rato, mientras que él no había hecho más que ignorarla toda la noche, así que cedió y le permitió que lo llevara a la pista de baile. Bailó con ella, pero su mente no estaba del todo en lo que ella decía, sus pensamientos seguían desviándose hacia cierta pareja que era todo sonrisas y risas.
Sabía que no debería sentirse amargado por eso. Eran solo amigos que decidieron ir juntos a la noche de graduación. Él había venido con Bianca y debería concentrarse en ella en lugar de pasarse la noche ignorándola y viéndolos interactuar como una pareja bastante encantadora. Pero no podía evitarlo.
Bianca se dio cuenta de que algo andaba mal con él cuando lo llamó por quinta vez y él no le respondió. Ella dejó de moverse y lo miró directamente a los ojos. Henry salió de su ensueño y miró a su cita. Inmediatamente supo que estaba en problemas.
—¿Qué te sucede? —demandó saber la chica.
—¿De qué hablas?
—No soy tonta Henry, has estado divagando un montón, ni siquiera has escuchado una palabra de lo que te he dicho —lo acusó.
—¡Por supuesto que sí! —aseguró Henry esbozando una sonrisa nerviosa.
Ella lo miró seria.
—En ese caso ¿De qué te estaba hablando? —lo desafió a contestar.
Su sonrisa se esfumó y el chico vaciló buscando una respuesta.
—Eh... Bueno, estabas hablando de...eh... ¿el clima? —intentó adivinar.
Ella soltó sus manos y dio un paso atrás, luciendo más frustrada y triste que molesta.
Aquella imagen lo hizo sentirse culpable, está se suponía que debía ser una noche perfecta y especial para ambos, pero él no había hecho más que arruinarla.
Dándose cuenta que quedarse callado haría las cosas peor, dejó caer sus hombros y suspiró en lamento, bajando la mirada dispuesto a pedirle disculpas. Tomó valor y alzó la mirada, sin embargo, justo cuando iba a hablar, captó un destello de tela blanca balanceándose entre los otros chicos por la esquina de su ojo y sus palabras se esfumaron antes de que hiciera un sonido mientras sus ojos se desviaban de su compañera hacia el par que se alejaba entre la multitud.
Entonces escuchó un suspiro triste que lo hizo volverse a tiempo para ver a su cita alejarse y correr hacia las puertas de salida. Maldijo y fue detrás de ella. Después de esto, Bianca no querría tener nada que ver con él, pero no podía dejar las cosas así. Tenía que al menos disculparse por su comportamiento con ella.
La siguió hasta el solitario estacionamiento, encontrándola sentada sola a un lado. Lucía triste pero no había soltado lágrimas, su expresión era más de resignación, estaba abrazándose a sí misma y miraba a la solitaria calle.
Él se aclaró la garganta antes de acercarse y tomar asiento junto a ella a cierta distancia, también mirando hacia la misma dirección.
Después de un momento, habló.
—Vine a disculparme —comenzó suavemente—. Tienes razón, he estado distraído toda la noche en lugar de prestarte la atención que mereces siendo mí cita... Siento muchísimo mí comportamiento.
Después de unos segundos la escuchó suspirar y se arriesgó a mirarla a los ojos.
Ella estaba mirando al suelo, pensativa.
—Tu no querías ser mí pareja está noche ¿cierto?
Ella alzó la mirada hacia él y el chico la desvió, avergonzado. No necesitaba más confirmación que esa.
—Lo supe desde el momento en que vacilaste en aceptar mí invitación —continuó aclarando la chica—, pero en lugar de aceptar que no querías, te presioné para que no tuvieras de otra que aceptar.
Henry regresó la mirada hacia ella, ahora interesado en lo que tuviera que decir.
—Caí en la cuenta de que ya casi terminamos la escuela y tal vez no nos volvamos a ver y tuve la tonta esperanza de que pudiéramos volver a ser algo antes de que eso pase... —dio una risita amarga—. De que pudiéramos reavivar la relación que una vez tuvimos, y cuando pasaste a buscarme está noche, de verdad creí que teníamos una oportunidad juntos de nuevo, pero... me queda claro que no eran más que falsas esperanzas.
—Hay alguien más que ocupa tu mente ¿cierto? —inquirió suavemente.
Henry bajó la mirada, sintiéndose mal por haberle dado falsas esperanzas al aceptar su invitación.
—Lo lamento —dijo con una voz baja y culpable.
Era toda la confesión que podía darle.
—Esta bien, yo también debería disculparme por haberte arrastrado a esto aunque me intuía que no es lo que quieres... —la oyó tomar aire antes de continuar—. Puedes regresar adentro si quieres, ya le envié un mensaje a mí padre, él me recogerá.
Henry estuvo tentado a decirle que no tenía porque irse del baile todavía, que aún podían divertirse solo siendo amigos pero por la expresión de su rostro y la clara señal de que podría llorar en cualquier momento, decidió que lo mejor era cerrar la boca y alejarse.
—De acuerdo —dijo suavemente—. Entonces, te veo luego... Buenas noches.
Bianca le respondió la despedida con voz suave.
Pero algo le decía que no era probable que volvieran a encontrarse luego de terminar la escuela y tomar diferentes caminos.
Decaído, el rubio se alejó. No quería regresar adentro donde todo rebosaba de alegría, pero tampoco quería irse a casa todavía. Así que optó por caminar por los alrededores de la escuela un poco.
Y así fue que tropezó con su hermana Piper y Jasper detrás de unos arbustos besándose. Ellos oyeron su jadeo de sorpresa y se separaron, mirándolo con mejillas rojas de vergüenza. Jasper evitaba sus ojos, con pena, pero su hermana superó su pena y lo miró molesta por haberlos interrumpido.
No supo que decir más que abrir y cerrar la boca en desconcierto unos segundos antes de balbucear una disculpa y darles la espalda para alejarse de allí.
No quería regresar a la fiesta, no quería volver al estacionamiento, para darle tiempo a Bianca a marcharse. Tampoco cruzarse con su amigo y su hermana en otra situación incómoda ni pensar en ello.
Por lo que estuvo vagando por otras partes alrededor de la escuela durante largo rato hasta que creyó que ya era hora de volver a casa.
Sus amigos no lo cuestionaron sobre su ausencia del baile después de cierta hora. Jasper porque todavía estaba avergonzado de haber sido por descubierto besándose con Piper, Charlotte porque estaba divirtiéndose mucho y no se dió cuenta que él se había marchado hasta que fue hora de irse y no lo vio por ninguna parte.
La chica asumió que se había marchado junto a Bianca, quizás ambos habían arreglado las cosas entre ellos...e intentó que aquello no arruinara su buen humor.
Después de esa noche, Piper y Jasper oficializaron su relación, revelando que llevaban varias semanas saliendo en secreto por temor al rechazo de sus amigos y sus padres. Los señores Hart al principio se opusieron a la relación porque no podían aceptar que su hija quisiera ser novia de ese chico extraño, pero Piper tenía una voluntad de acero así que nadie pudo convencerla ni intimidarla para terminar su relación con Jasper.
Henry admiraba a su hermana por su decisión y valor para pelear por lo que quería... él deseaba poder ser un poco más como ella en ese aspecto y no dejar que el temor al fracaso lo venciera.
Charlotte comenzó a salir con Blake también, y tuvo que tragarse su dolor al oír las noticias y sonreír incluso si sentía de todo menos felicidad.
Sabía bien porque se sentía así pero ignorar sus sentimientos parecía un mejor plan para lidiar con la amargura que lo consumía. Y también decidió que era mejor dejar de darle obsequios en cualquier fecha después de recibir una mirada molesta y celosa de Blake una tarde luego de regalarle una caja de chocolates.
No quería meterla en problemas con su novio. Así que tuvo que desistir de esa costumbre a pesar de sentir que había perdido algo importante por hacer eso.
Todos pudieron ingresar a la universidad, consiguiendo estudiar y continuar trabajando en la Capi Cueva. Eventualmente los tres pudieron conseguir sus propios apartamentos y se ayudaron entre ellos a mudarse.
Sin embargo, no fue todo color de rosas para los tres, o al menos para Charlotte.
En un principio su relación con Blake parecía perfecta, él era un chico atento y dulce, que comprendía que ella tenía tanto sus estudios como un trabajo de los que ocuparse y trataba de no presionarla, pero su paciencia y comprensión tenían un límite. Empezó a frustrarse de que ella tuviera que irse a trabajar en cualquier horario, a veces interrumpiendo el tiempo que pasaba con ella, que empezaba a ser escaso con ambos teniendo que ocuparse de tantas responsabilidades. Pero si había algo de lo que desconfiaba bastante era de la estrecha amistad que ella compartía especialmente con Henry.
No importaba a qué hora o porque razón fuera, si su amigo de la infancia la llamaba, ella dejaba todo para ayudarlo en lo que fuera. Blake la había increpado por eso varias veces, aunque nunca había hecho ninguna insinuación de que podría sospechar que lo suyo fuera más que una simple entrañable amistad. Hasta cierta tarde en la que estando en casa de la chica, ella recibió una llamada de la cueva.
—Dejame adivinar, tienes que irte de nuevo ¿No?
Charlotte suspiró cansada, conocía ese tono de voz, su novio estaba molesto. Ella lo entendía, trataba de equilibrar su vida amorosa con su trabajo y estudios y estaba haciendo lo que podía, pero desearía que él fuera más comprensivo.
—Solo serán un par de horas, regresaré rápido —prometió, levantándose del sillón mientras enviaba una respuesta rápida diciendo que iba en camino.
—Siempre que dices un par de horas no te veo hasta el día siguiente —le reprochó el joven, levantándose también—. ¿Qué tanto tienes que hacer a estás horas?
—Ya te lo dije, son emergencias para las que me necesitan.
—Aún me pregunto que tipo de emergencias requieren que te quedes en esa tienda hasta las dos de la mañana —continuó, yendo tras ella—. ¿No pueden arreglárselas sin ti por una vez?
—Es mí trabajo —le recordó la chica, poniéndose su chaqueta—, y me gusta hacerlo... cuando empezamos a salir te lo dejé bien en claro, que a veces tendría que salir en medio de la noche.
—Sí, pero no dijiste que sucedería cada noche.
—No es todas las noches —se defendió ella.
—Cinco de siete, y lo sé porque llevo la cuenta...y siempre es Henry quien te contacta.
Ella dejó de abrochar su chaqueta y se volvió para mirarlo.
—No empieces con eso otra vez, por favor, ya te dije que no tienes que preocuparte por él.
—¿Cómo quieres que no lo haga? —exclamó frustrado—. Primero te regalaba cosas sabiendo que estás conmigo, y ahora requiere tu ayuda cada noche...
—¿Qué insinuas?
—No insinuo nada, es lo que veo, Charlotte es obvio que le gustas, y no soporta la idea de que estés conmigo.
—Henry es mí amigo, Blake, desde la infancia —le recordó—. Sí, me daba obsequios porque era una costumbre, pero ya lo dejó cuando notó que te molestaba, y llevamos trabajando allí mucho tiempo, es costumbre que nos encarguemos juntos de ciertos asuntos.
—Pues va siendo hora de que haga las cosas por su cuenta en vez de siempre tener que arrastrarte con él.
—Él no me arrastra ¿Sí? —aclaró la chica, empezando a fastidiarse—. Yo soy quien decide ir con él.
—¿Así que él es más importante que tu novio?
—No quieras hacerme sentir culpable —le advirtió.
—No se trata de eso, quiero que entiendas como me siento cada vez que dejas todo de lado para correr tras él como si tu vida dependiera de ello... Es como si... —Blake se mordió la lengua.
—¿Cómo qué? —presionó la chica.
—Como si lo quisieras más que yo —contestó con un dejo de amargura.
Ella exhaló mientras se pasaba una mano por el cabello.
—A los dos los quiero...
—De diferentes maneras —completó el chico interrumpiéndola—, eso es lo que siempre dices pero sinceramente empiezo a dudar de que eso sea verdad.
Sus fosas nasales flamearon y puso los brazos en jarra.
—¿Discúlpame?
—¡Actúas como si el que fuese tu novio fuera Henry! —la acusó, alzando más la voz.
—¡Eso no es cierto!
—¡¿Qué no lo es?! ¡No haces más que ponerte a su disposición! ¡Cuando él lo desea, solo tiene que llamarte y acudes como si fuera lo último que harás en tu vida!
—¡Tú no lo entiendes! —estalló la chica, ahora totalmente enfadada.
Odiaba tener esas peleas con él, porque de verdad lo quería y no deseaba herirlo. Quería tanto poder explicarle la verdad detrás de su trabajo, porque era tan importante lo que hacía y que en el caso de Henry cada vez que salía a pelear contra el crimen podía ser la última vez que lo viera. Tal vez así él entendería todo y volvería a ser el chico dulce y tierno de al principio...
—¡Sí que lo entiendo! ¡Lo entiendo perfectamente! ¡No importa que tanto prometas y jures que me amas, él siempre estará por delante de mí! ¡No me sorprendería que te llamará solo para acost...!
No pudo seguir porque una fuerte cachetada de la furiosa chica lo detuvo, tan fuerte que le hizo voltear el rostro y tambalear, tanto por la fuerza como por la sorpresa de ser atacado de esa forma.
Durante segundos eternos, lo único que se podía escuchar era la respiración agitada de la joven con el sonido de la ciudad de fondo y el eco del golpe. Hasta que Charlotte cayó en cuenta de lo que acababa de hacer y su rostro pasó de enojado a culpable y arrepentido.
La chica tragó saliva y dio un paso atrás, bajando la mano cuya palma ardía aún.
No diría que estaba orgullosa de lo que acababa de hacer, para nada, nunca había reaccionado de esa forma bajo presión o al ser provocada, pero jamás iba a permitir que pusieran en tela de juicio su dignidad y honor de esa manera, y tampoco la de su amigo.
Blake debió de ver el arrepentimiento pero también la advertencia en su expresión y también darse cuenta de que había hecho una acusación inaceptable porque de inmediato el enojo y la molestia desaparecieron para dar lugar a la pena.
—Me sobrepasé ¿No? —dijo en voz más serena, llevando una mano a su mejilla palpitante.
Empezaba a ponerse roja.
—Lamento mí reacción, yo también exageré —se disculpó la joven con voz quebrada—. Y creo que será mejor que te vayas.
El joven abrió la boca para protestar su petición pero le bastó una mirada cortante de su parte para entender que no era el momento. De nuevo sus celos habían provocado una pelea que se sintió más grave que cualquier otra. Sería mejor dejar enfriar los ánimos caldeados antes de intentar recomponer las cosas.
Así que simplemente asintió, se dió la vuelta, recogió su chaqueta y sus llaves y se marchó por la puerta con apenas una suave despedida.
Esa noche ella acudió a la emergencia, dio apoyo a sus amigos y de nuevo salvaron la ciudad de caer en las garras de otro villano. En ningún momento dejó que lo ocurrido horas antes eclipse su buen desempeño y nadie del equipo detectó nada extraño o preocupante en ella. Solo Henry fue capaz de notar la mirada triste y amargada en sus ojos que aparecía de forma fugaz para irse a los pocos segundos, pero esa noche no tuvo tiempo de preguntarle si todo estaba bien.
Solo días después fue que se enteró que ella había finalmente roto la relación con su novio. Ella no aclaró a qué se debió exactamente, y solo supo las circunstancias cuando las escuchó de boca de Jasper gracias a que Piper era su más íntima amiga.
Sin embargo, por más que quería evitarlo porque ella de verdad se notaba dolida, no podía sino sentir que todo se sentía mucho mejor ahora.
Ahora él podía reanudar su costumbre de regalarle cosas que le gustarán y la hicieran sentir especial sin arriesgarse a molestar a un novio celoso.
Y no perdió el tiempo.
En cuanto pudo, fue a su apartamento y se apareció con un oso de peluche que sostenía un corazón entre sus patas y una leyenda que decía: 'Espero que esto te haga sentir mejor'.
Su rostro casi se parte en una enorme sonrisa de felicidad que contrastaba con sus ojos hinchados y rastro seco de lágrimas. Ella abrazó el peluche contra su pecho y después lo envolvió a él con sus brazos.
Después de eso, lo invitó a pasar y pasaron el resto del día como siempre lo hacían cuando eran más jóvenes. Juntos.
Pasado el tiempo ella todavía estaba triste por su fallido intento de tener una relación, así que Henry empezó a buscar maneras de levantarle el ánimo, como llevarla a desayunar o almorzar o cenar dependiendo de a qué hora terminarán de atender una emergencia. Regresó al hábito de comprarle flores, sus favoritas, chocolates y demás. A veces la acompañaba a casa y ella le dejaba quedarse en el sillón.
Otras veces, el equipo se reunía a pasar el rato en su apartamento pero Piper se marchaba con Jasper y Henry le ofrecía quedarse en su habitación mientras él tomaba el sillón.
Llegó el punto en que ella le dio una copia de la llave de su apartamento para cuando estuviera muy cansado para hacer el trayecto de nuevo a su hogar y ella no estuviera para abrirle. Él hizo lo mismo para cuando fuera ella la que necesitará quedarse en algún sitio de imprevisto.
En pocos meses, ambos ya tenían prendas del otro en sus armarios, con un lugar especifico en su interior para guardarlas.
Sin notarlo, cayeron en una rutina que los hizo dignos de las burlas inofensivas de sus amigos, quiénes no paraban de repetirles que solo les faltaba estar casados.
Y un día como cualquier otro, Henry se encontró al borde de la muerte cuando una bomba casi lo destrozó en pedazos.
El equipo y el cuerpo de bomberos se pasó horas buscándolo entre los escombros del edificio, encontrándolo enterrado bajo los restos de una pared, vivo pero muy débil y herido, y ella no pudo sino llorar de alivio por haberlo encontrado y de dolor por el horrible estado en el que estaba.
Después de brindarle primeros auxilios lo llevaron a la Capi Cueva, dónde apartaron una habitación para usarla como cuarto de hospital donde colocaron una cama para acostarlo y conectarlo a todo tipo de equipamiento médico para monitorear su estado.
Henry estaba inconsciente, su respiración era constante pero débil, su rostro lucía pálido y su cuerpo se recuperaba de a poco aunque más rápido de lo normal por el agregado de su velocidad al moverse que se había trasladado a un factor de curación más rápida que el promedio.
Su corazón todavía latía con la misma serenidad y sus manos se sentían cálidas entre las suyas cuando las sujetaba al quedarse a su lado algunas noches, susurrándole entre lágrimas que se recuperara y despertara pronto porque no podía imaginar su mundo sin él allí.
Sin embargo, Henry permaneció estático e inconsciente durante semanas. A sus amigos se le agotaron las excusas para explicar su ausencia. Ray tuvo que empezar a borrar memorias a diestra y siniestra cuando sus excusas empezaron a volverse inverosímiles.
Charlotte estaba demasiado preocupada por la falta de respuesta de su amigo como para reprenderlo por su irresponsabilidad.
Y un día día lluvioso en el que se encontraba sola cuidando de él, las máquinas a su alrededor se volvieron locas cuando de súbito el joven en la cama abrió los ojos y se sentó con un sobresalto, mirando a su alrededor en confusión.
Henry comenzó a desconectarse las mangueras y a quitarse cualquier cosa que le molestara, haciendo que ella saliera de su impresión para ayudarlo, con manos temblorosas de emoción.
Lágrimas de alivio y felicidad cayeron de sus ojos y una vez que estuvo libre de cables y sondas, ella se arrojó sobre él y lo rodeó con sus brazos, deleitándose en la sensación de su tacto una vez más después de casi perderlo para siempre.
Cuando se separaron, se quedaron observándose a los ojos y el mundo se detuvo por un segundo. Henry miró a su rostro lleno de lágrimas, incapaz de calcular cuánto tiempo había pasado desde su accidente, pero podía imaginar que había sido demasiado.
La preocupó y asustó, y se sintió terriblemente culpable de haberle hecho eso, porque recordaba perfectamente que ella le había advertido de la bomba, que debía salir de allí antes de que estallara y él decidió confiar en sus instintos y experiencia más que en sus advertencias, y terminó en ese estado.
Así que acunó sus mejillas en sus manos, secó sus lágrimas con dedos todavía entumecidos y decidió entonces que debía compensarla, levantarle el ánimo como siempre lo hacía para agradecer su diligencia.
Cómo recién acababa de despertar, no tenía nada con él y dudaba que pudiera abandonar esa cama todavía, así que ir a comprarle algo estaba fuera de tema por el momento.
Solo se le ocurría hacer una cosa.
Se inclinó hacia ella y la besó.
Charlotte jadeó de sorpresa pero luego se relajó y posó sus manos sobre sus hombros, cerrando los ojos y devolviéndole el beso.
Se separaron solo cuando ambos oyeron a alguien aplaudiendo y dando vítores, encontrándose a Schwoz con una enorme sonrisa y casi en lágrimas.
Los dos rieron por la escena y volvieron a besarse.
Finalmente Jasper y Piper decidieron casarse, y por supuesto que la futura Sra. Dunlop no podía tener una boda promedio, la de ella tenía que superar a las de sus ex compañeras de clase que ya se habían casado. Con la ayuda de Charlotte y su madre, Piper organizó una hermosa recepción nupcial, y el gran día lució radiante con su vestido de novia blanco, su sonrisa tan reluciente como las brillantes joyas que usaba junto con su atuendo. El rostro de Jasper lucía igualmente brillante con la sonrisa de felicidad que portaba y todos sabían bien que para él ella se vería hermosa incluso vestida con un atuendo simple.
Ambos intercambiaron sus votos matrimoniales y en un abrir y cerrar de ojos fueron declarados Sr. y Sra. Dunlop. Jake no pudo evitarlo y comenzó a llorar tanto de felicidad por su bebé como de tristeza porque los dejaría para vivir su propia vida. Con el tiempo le había llegado a apreciar a su yerno porque podía ver que hacía feliz a su hija, además de que el chico le recordaba a sí mismo cuando era más joven y se casó con Kris... Entonces comprendió las semejanzas que tenían.
Su esposa tuvo que abrazarlo y darle palmaditas en la espalda torpemente mientras él lloraba en su hombro... Pero ella esbozó una pequeña sonrisa de todos modos al ver a la feliz pareja.
En la recepción, Henry les dio un discurso deseándoles lo mejor. No necesitaba advertir a Jasper sobre lo que le haría si lastimaba a su hermana, porque todos sabían que Piper podía castigarlo por sí misma si eso sucedía. Después de que todos les dieron sus mejores deseos para el nuevo matrimonio, comenzó la verdadera fiesta y la música resonó en la sala de fiestas. La fiesta duró horas, y cerca de la madrugada, el matrimonio partió hacia su luna de miel.
Pronto, todos comenzaron a irse también, incluidos los dos miembros más jóvenes solteros del equipo del Capitán Man. Habían comenzado a salir poco después de que Henry se despertara de su accidente, unos cuantos meses antes, y su relación no había cambiado tanto, lo único nuevo eran sus intercambios románticos, porque en verdad se habían estado comportando como una pareja mucho antes de estar juntos.
Salieron del lugar por el jardín trasero, el cual tenía una fuente muy bonita. El agua era cristalina, la luna llena se reflejaba en la superficie inmóvil. Se sentaron juntos en el borde y miraron las estrellas. Pero Henry no miraba a la luna, no miraba a las estrellas ni a la belleza que le rodeaba. Miraba a su novia. Se veía hermosa con su bonito vestido, más que las estrellas o la luna en su opinión. Llevaba puestos los pendientes y el collar que él le hubo regalado hacía años. Todavía se veían perfectos en ella. Había estado pensando últimamente que nunca le había visto llevar anillos y que sus dedos se veían demasiado desnudos sin nada en ellos. Era hora de cambiar eso.
Poniéndose nervioso pero también emocionado, metió la mano dentro de su bolsillo y sacó una pequeña caja cuadrada. Algo que había comprado en esa misma joyería de antaño después de ahorrar suficiente. Se aclaró la garganta para llamar su atención y ella quitó sus ojos del cielo nocturno para mirar a su novio, y notando su expresión tímida y nerviosa, bajó su mirada a lo que sostenía en sus manos y se cubrió la boca con ambas manos de sorpresa con una agradable sensación de calor extendiéndose en su interior.
La declaración de Henry no fue la más pulida, tropezó con sus palabras, tuvo que humedecerse los labios y aclararse la garganta repentinamente seca varias veces, tartamudeando durante todo el discurso que había practicado frente a su espejo. Fue una escena linda y tierna, sus mejillas se sonrojaron y su cuerpo se movía nerviosamente mientras le proponía matrimonio.
Ella no tuvo que pensarlo mucho, prácticamente saltó hacia él y lo envolvió fuertemente con sus brazos, repitiendo la palabra 'sí' una y otra vez mientras lo abrazaba.
Henry permaneció aturdido durante un par de segundos, caja en manos. Ni siquiera le había dejado terminar su discurso, aceptando de inmediato. Pero rápidamente el joven recobró el sentido y se echó a reír de felicidad junto a ella. Después de eso, ella se inclinó hacia atrás para mirarlo a los ojos y besarlo profundamente, tomándolo por sorpresa, pero rápidamente su sorpresa fue reemplazada por emoción y él le devolvió el beso. Diez minutos después pudo ponerle el anillo, con las manos temblorosas tanto por el nerviosismo como por la excitación, los labios hinchados, las mejillas enrojecidas y el cabello alborotado. Ella no se veía mejor que él, pero eso no les importó.
Su boda no fue tan impresionante como la de Piper, ellos optaron por una ceremonia sencilla junto a sus familiares y amigos más cercanos en la tienda en la que llevaban trabajando desde que ambos no eran más que dos jovencitos de trece años, que Ray ofreció luego de ser convencido por Schwoz, quien se ofreció a planear la boda con la que tanto había soñado para esos dos pero fue vencido por la Señora Hart y la madre de Charlotte, afortunadamente para la joven pareja. Piper ayudó a su amiga en la búsqueda de un vestido adecuado, pero la futura señora Hart accedió solo si lo que consiguieran pudiera combinar con los pendientes, el collar y por supuesto el anillo de compromiso que su prometido le había obsequiado tiempo atrás. Fue una tarea extenuante y que llevó su tiempo pero valió la pena cuando Charlotte se vio en el espejo de cuerpo entero al probarse el vestido que finalmente utilizó para su boda.
Henry no pudo pensar en alguna otra ocasión en su vida en la que se hubiera sentido así de nervioso y asustado por el porvenir. No podía parar de moverse, observándose en el espejo y encontrando algo que arreglar de su aspecto en cada ocasión, que si el moño estaba torcido, que algunos mechones de su cabello estaban fuera de sitio, que su traje tenía alguna arruga...
—Cálmate, Henry, se supone que este es un gran día y actúas como si fueras a tu ejecución ... Sé que Charlotte puede dar miedo cuando está bajo presión, pero creo que estás exagerando —bromeó Ray tras él.
Henry resopló suavemente ante las palabras de su mentor y amigo y se volvió para mirarlo. Ray tenía una pequeña sonrisa de orgullo en su rostro mientras admiraba al hombre en el que se había convertido su joven compañero.
—No sé por qué estoy tan nervioso de repente —comentó el joven—, sé que estoy tomando la decisión correcta, la amo y quiero pasar el resto de mi vida con ella, y sé que ella también quiere eso —explicó, retorciendo las manos.
—Las nuevas experiencias siempre nos ponen nerviosos, no es algo malo, demuestra que te preocupas y quieres que todo salga perfecto. Recuerdo la primera vez que salí a combatir el crimen, había cumplido dieciocho años unos días antes y aunque sabía que lo iba a hacer excelente, todavía sentía miedo —confesó el adulto—. Eso sucede cuando quieres que todo salga perfecto, tienes miedo de que algo no salga según lo planeado y de fallar y decepcionar a tus seres queridos después de haber puesto tanto esfuerzo en hacerlo lo mejor posible.
—¿Cómo superaste tus inseguridades? —preguntó el novio.
—Dejé todos esos pensamientos a un lado —respondió Ray—. Thunder Man era mi mentor, me había entrenado y elogiado mi desempeño, me dio palabras de aliento y me recordó que confiaba en mí porque sabía que yo podía hacerlo.
Ray se acercó a su compañero que para él era como un hermano y apoyó una pesada mano en su hombro, sonriendo y mostrándole su orgullo, confianza y seguridad.
—Confío en ti, sé que te has convertido en un buen hombre, lo he visto con mis propios ojos, ustedes dos están hechos el uno para el otro, estás nervioso pero está bien, demuestra que la amas y no quieres decepcionarla, y sé que no lo harás.
Las palabras de Ray fueron como un bálsamo que alivió su inseguridad y relajó sus músculos. Su mentor confiaba en él, y eso fue suficiente para convencerlo de que todo iba a salir bien.
—Oye, amigo, es hora —anunció la voz de Jasper desde la puerta.
Ray le dio una palmada en el hombro y le envió una última sonrisa alentadora antes de empujarlo hacia adelante.
—Vamos, Kid, es hora de que empiece el espectáculo.
—Puede besar a la novia.
Henry no necesitó que se lo dijeran dos veces, fue lo único que escuchó por haber estado ocupado mirando a su sonriente rostro. A su alrededor, todos aplaudieron y vitorearon el beso, algunos de los presentes -Schwoz y Jake- lloraron de felicidad y abrazaron a quien tenían más cerca, que resultó ser Ray, quien estaba en medio de ambos y se encontró envuelto en los brazos de ambos, porque la señora Hart se había alejado del lado de su esposo durante la ceremonia para evitar lo ocurrido en la boda de su hija.
Henry vio la escena al separarse del beso y observar a sus amigos, estallando en carcajadas siendo acompañado por las risas de su ahora esposa.
Ambos se miraron con enormes sonrisas y volvieron a compartir un beso más breve.
Estaban en la terraza de la tienda, observando el cielo nocturno. Desde donde estaban se podía oír el suave murmullo de la fiesta que continuaba abajo. Ellos se habían apartado luego de partir el pastel y bailar juntos un rato. Ahora estaban solos sentados en el suelo y abrazándose uno al otro, reflexionando en las decisiones que habían tomado y que los había llevado a esa posición.
—Tú lo empezaste todo.
—¿Yo?
—Cuando me regalaste ese ramo de rosas blancas.
—Más bien fuiste tú, si no hubieras accedido a ayudarme, habría fallado y no te habría comprado esas flores en agradecimiento.
—Pero tú lo continuaste —insistió la chica—. Primero los chocolates, después los pendientes y el collar... aún cuando no tenías que hacerlo.
—Bueno...me gustaba hacerte sonreír, te veías aún más bonita... y me dabas abrazos así que puedo decir que fue por mí egoísmo... quería tener tu atención y esas eran maneras muy fáciles de conseguirlo —admitió Henry con un sonrojo que no se notaba en la oscuridad.
Ella se apartó de su abrazo para poder mirarlo a los ojos antes de besarlo brevemente.
—En ese caso, yo también fui egoísta... secretamente me gustaba saber que tenía toda tu atención.
—Ray tiene razón, somos tal para cual.
Sus vidas continuaron como siempre después de la boda. Su luna de miel fue corta porque ninguno de los dos quiso pasar mucho tiempo lejos de la ciudad y sus responsabilidades. Henry continuó comportándose como cuando aún no eran pareja, obsequiándole flores y chocolates como era ya su costumbre, y una que otra pieza de joyería en ocasiones especiales. Ella comenzó a trabajar en otra parte de lo que había estudiado sin descuidar su trabajo secreto ya que junto a Schwoz instalaron un sistema parecido al de la Capi Cueva en el sótano de su casa, desde donde el matrimonio podía encargarse de la ciudad de forma más cómoda. El tiempo fue pasando de forma tranquila, con la ocasional emergencia de vida o muerte que se presentaba cada tanto. Henry fue ganando fama y también enemigos, Charlotte fue ganando prestigio e influencia. Todo iba perfecto y no podían haber estado más felices y satisfechos con las elecciones en su vida.
Hasta cierto día...
Henry salió de la puerta secreta que conducía al sótano de su hogar, apestando a humo, drenaje y otras inmundicias que se pegaban a su traje semi destruido. Su cabello estaba hecho un desastre, chamuscado en partes y polvoriento, tenía hollín en el rostro, además de un ojo hinchado, sangre seca que había brotado de su nariz y el labio partido. Cojeaba porque había caído de una altura considerable de un edificio en llamas, después de haberse enfrentado a un grupo de secuaces con barretas, bates de beisbol y navajas que habían tenido suerte y conectado uno que otro golpe o estocada contra él, así que también sangraba de algunas cortadas en sus brazos y piernas.
Con todo, estaba con vida y había conseguido salir victorioso, así que podía decir que había sido un buen día. Ahora lo único que deseaba era una ducha caliente y acurrucarse en el sillón junto a Charlotte, que debía estar en la casa preparando un par de tragos para relajarse luego de un día arduo de trabajo.
El superhéroe sonrió a pesar de su estado, entusiasmado por disfrutar de una merecida noche de descanso junto a la mujer que amaba mientras se quitaba los restos de su traje en la parte superior de su cuerpo, que no eran ya más que jirones.
Quedando con el torso desnudo, subió las escaleras secretas hasta la salida y apareció en la sala de su hogar.
—¿Charlotte? —llamó, mirando para todos lados.
No sé veía rastro de su esposa por ninguna parte, lo que lo preocupó un poco. Se internó más en la casa buscándola hasta encontrarla en el cuarto de baño, de espaldas a él y estudiando algo en sus manos que él no alcanzaba a ver.
—Aquí estás —comentó aliviado.
Pero ante el silencio de su esposa, su inquietud creció.
—¿Pasó algo?
Caminó hacia ella pero antes de alcanzarla, ella se volteó despacio, manteniendo sus manos tras su espalda y enviándole una mirada insegura y asustada mientras bajaba la cabeza.
—De hecho, sí —respondió.
El hecho de que no se agitase ni empezará a despotricar por el lastimero estado de su marido encendió alertas en la cabeza de Henry y este acortó la distancia, tomándola por los hombros y mirándola a los ojos con temor.
—¿Qué es? ¿Te lastimaron? ¿Volvieron a amenazarte? ¿Te atacaron? Puedes decirme.
Ahora que trabajaba en la alcaldía de Swellview, su esposa era propensa a recibir amenazas y en algunas ocasiones ataques por parte de criminales, políticos o policías corruptos que no estaban de acuerdo con su manera de manejar algunos asuntos. Claro que ellos no sabían que era nada menos que la esposa del segundo superhéroe favorito de la ciudad y que contaba con su protección y la de otros superhéroes respetados y temidos como Capitán Man y Thunder Girl.
Si algún imbécil había intentado hacerle daño otra vez iba a vérselas con él y los otros.
Charlotte levantó la cabeza y le sonrió suavemente para calmarlo, conmovida por su preocupación.
—No se trata de nada de eso, tranquilo —aclaró.
Henry exhaló aliviado pero podía notar que ella seguía agitada y ansiosa por algo.
—¿Qué te ocurre entonces? ¿Qué sucedió para ponerte así?
—Esto es lo que pasó... —respondió con recelo de su reacción.
Henry no lo comprendió y le dió una mirada confundida, que se transformó lentamente en una mirada de impresión, acompañada de una mueca de sorpresa cuando la vio sacar las manos de detrás de su espalda y enseñarle lo que tenía.
Una prueba de embarazo que daba positivo.
—¿Me estás diciendo que ... que seremos padres? —preguntó, parpadeando con desconcierto.
Ella le dio una sonrisa pesarosa.
—Así parece ... sé que hablamos de esto y decidimos esperar el momento adecuado, pero ... ¡Hey!
No pudo continuar porque se encontró siendo levantada del piso por su esposo una fracción de segundo después, quien la tenía envuelta en sus brazos sin importar su estado físico mientras soltaba una risa eufórica. Había olvidado el dolor, el olor a quemado y alcantarilla, la sangre seca, el hollín y la transpiración. A Charlotte tampoco la asqueó su estado, entregándose a su abrazo y devolviéndolo con la misma intensidad.
Había temido que Henry se molestara con ella, un temor tonto porque lo conocía muy bien como para pensar así, pero no pudo evitar dudar un poco. La idea de ser padres había sido discutida por ambos, llegando a la conclusión de que debían planear todo muy bien si querían agrandar su familia debido al riesgo que ambos corrían constantemente. Sin embargo, en ese momento ninguno de los dos recordó lo que habían discutido ni se inquietó de que nada de eso hubiera sido planeado con cautela, estaban muy felices por la noticia como para que les importará ese detalle.
—Tenemos que celebrar esto —exclamó Henry con una gran sonrisa después de depositarla en el suelo de nuevo.
—Estoy de acuerdo ... pero primero ... —la mujer lo empujó suavemente hacia atrás, arrugando la nariz—, deberías darte una ducha y luego echaré un vistazo a tus heridas —declaró, recorriendo con una mirada calculadora su cuerpo.
Henry observó su mal estado, frunciendo la nariz ante el hedor que se había adherido a su cuerpo. Ella se rió suavemente y tomó su mano.
—Métete en la ducha, te buscaré ropa limpia y te la traeré aquí.
Él no protestó mientras ella lo empujó hacia la ducha, ahí estaba de nuevo la Charlotte que él conocía.
—Sí, señora —saludó obedeciendo, lo que le ganó una risita de su parte.
Ella se volvió para salir del baño, con la prueba de embarazo aún aferrada a su mano. Mentiría si dijera que no estaba un poco asustada por la idea de ampliar su familia. Los nuevos desafíos siempre la ponían nerviosa, y este nuevo acontecimiento era arriesgado porque ambos estaban en peligro casi cada semana, y ahora también tendrían que estar atentos a un niño además de sus otras responsabilidades. Pero no existía desafío que no hubieran podido superar.
Mientras se preparaba para ducharse, Henry empezó a pensar en todo lo que los había llevado a ese punto, todos los riesgos y decisiones tomadas. Recordó el día en que le regaló esas rosas, el acto que lo inició todo. Hasta ese día había mantenido esa costumbre, una vez a la semana más o menos le regalaba algo, ya fuera una flor o un ramo entero, una caja de bombones o un caramelo, no importaba la cantidad, ella le daba esas sonrisas y besos, lo que a él le bastaba. Y pensando en las últimas noticias, pensó que no importaba cuánto se esforzara, nunca podría superar el último logro de su esposa. Ella le iba a dar el mejor regalo de todos.
Con una gran sonrisa, Henry cerró los ojos al sentir el agua caer sobre su cuerpo. No podía esperar a ver qué otras sorpresas tenía reservadas para ellos la vida. Era impredecible y cambiante, pero hasta ahora no tenía nada de qué quejarse.
Y fin.
No soy de shippear a Jasper y Piper pero tuve la idea y ahí tienen ¡premio doble! xD
See Ya!
H. C.
