El viaje

Disclaimer: La historia original, así como los personajes de Shaman King no son de mi propiedad sino de Hiroyuki Takei, me reservo los derechos de creación literaria, así como los personajes que aparecieron y que no forman parte de la historia original.

Que valiente te ves

Temblando de miedo,

Pero arriesgándote a vivirlo

I

Estrujaba sus manos con nerviosismo mientras esperaba sentado en la sala del hospital, sentía escalofríos que no sabía si eran causados por el frío o por el miedo. Su mirada fija en el suelo, intentando controlar los pensamientos que se aglomeraban en su cabeza, que fueron detenidos súbitamente por una voz que pronuncio su nombre.

-Kyoyama, Kyoyama Hana

Levantó la vista y observó el rostro de una enfermera que lo miró con compasión, la joven le sonrió y con un gesto de cabeza le indicó que la siguiera.

Sentía su cuerpo tenso y pesado, cada paso que daba era como ir hundiéndose en arena, su corazón latía violentamente y tenía una punzada en el estómago. Se le hizo eterno el camino, era como una revelación para él… El pasillo blanco, la luz blanca, todo blanco… le recordaban ese túnel que dicen que se ve cuando las personas mueren.

-Llegamos

La voz de la enfermera lo saco una vez mas de sus tribulaciones. Miró fijamente la puerta y contuvo la respiración. La enfermera noto ese cambio en el muchacho y coloco una mano sobre su hombro para infundirle confianza.

Hana la miró y no supo si le sonreía por lástima, por compasión o mera amabilidad. Desvió la mirada, cerró sus puños con fuerza e inhalo aire, estaba listo.

Abrió la puerta y entró, ahí acostada en una cama sin apenas moverse y con respiración errática estaba su madre. Soltó una breve exhalación al acercarse a ella, no quería que lo viera titubeante y miedoso, ella detestaba esos signos de debilidad.

Se acercó a ella y no pudo evitar estremecerse al mirarla postrada sobre esa cama, débil, sin su cabellera larga y rubia, sin sus cejas y sus pestañas tupidas, observo que estaba aún más pálida de lo habitual. Una lágrima rodó por una de sus mejillas, inhalo y exhalo duro para dominarse y no llorar, no podía llorar, no cuando su madre estaba en tan deplorable estado.

Ella abrió con dificultad los ojos al sentir su presencia, brillaron brevemente al mirar el rostro de su hijo, lo contempló para guardárselo en la memoria. Sus cabellos rubios y largos, sus facciones apenas varoniles, sus ojos ambarinos. Recordó como odio que se pareciera físicamente a su padre y que solo hubiera heredado de ella la cabellera rubia y el color de sus ojos, pero ese sentimiento se esfumo en cuanto comenzó a crecer y la personalidad del muchacho apareció, era como el de ella, analítico, fuerte y suspicaz. Él muchacho le sonrió y ella lanzo un suspiro, en su mente reapareció el rostro del padre de su hijo, cuando Hana sonreía podía verlo y había veces que cuando hablaba le parecía escucharlo. Hizo un ademán con su mano y el chico se acercó para que ella pudiera tocarlo. Acarició suavemente su mejilla y le sonrió con debilidad,

-Hana-pronunció casi en su susurro.

-No hables madre, sabes que no debes forzarte-le dijo mientras restregaba su mejilla contra la mano de su madre.

Ella volvió a sonreír, su hijo había madurado mucho durante los últimos dos años que ella había estado enferma, prácticamente se había perdido de sus primeros años de adolescencia y los seguiría perdiendo si las fuerzas la abandonaban y no alcanzaba a revelarle la verdad.

Se había jurado a sí misma que jamás le diría quien era su padre, pese a las suplicas del muchacho, se prometió que se llevaría el secreto a la tumba, pero todo cambió cuando le detectaron cáncer, si bien llevo al pie de la letra el tratamiento junto con las quimioterapias, de nada le sirvió, la enfermedad se extendió por la mayor parte de su cuerpo, consumiéndola.

Había tomado la decisión cuando los doctores le comunicaron que ya no había nada que hacer, que lamentablemente la muerte la alcanzaría y ella no concibió la idea de dejar desamparado a su hijo de quince años, pero nunca encontró el valor suficiente para contarle a Hana las circunstancias que rodearon a su nacimiento, hasta hoy que ya no podía más.

Respiró con dificultad, encontrando en su interior las fuerzas que ya no tenía y que se avivaron al recordar que no podía permitir que su hijo se quedara solo.

-Hana-volvió a repetir

El muchacho le puso su dedo índice en los labios, ella logró ladear su cabeza para retirar el dedo de su hijo y continúo hablando pese a los ojos suplicantes del muchacho de que no lo hiciera.

-Desde cuando tú le vas a dar órdenes a tu madre-le dijo con voz débil pero firme. En sus adentros pensó que ni en su lecho de muerte permitiría que alguien sobrepasara la autoridad de ella, Anna Kyoyama.

El joven rubio movió su cabeza resignado, de sobra sabía que era inútil impedirle, sugerirle o negarle algo a su madre. Volvió a mirarla está vez con una mueca que simulaba una sonrisa.

-Hana, ha llegado el momento-continuo ella, pasando saliva con dificultad-Sé que voy a morirme.

Hana sintió como se le formaba un hueco en el estómago, sus piernas se tambalearon y tuvo que sostenerse de la cama para no caerse sin embargo su rostro mostraba ecuanimidad. Anna sonrió, no había dudas de que era un digno hijo suyo, pese a la adversidad se mantenía firme y de pie como los robles.

-Es la verdad-continuó, Hana desvió el rostro y la mirada para que no viera sus ojos empañados por las lágrimas- Mírame… Hana… mírame… por favor.

El muchacho cerro los ojos momentáneamente para contener las lágrimas que amenazaban ya con salir de sus ojos. Cuando volvió a mirarla ella le devolvió una mirada de tranquilidad.

-Has sido un buen hijo- el mejor , pensó para sí misma-Y no quiero dejarte solo.

Hana sonrió débilmente, de sobra sabía que se quedaría solo, siempre habían sido él y su mamá, no había nadie más, ningún otro familiar, ningún amigo… Bueno, salvo su padrino, pero él se alejó de ellos hace mucho tiempo cuando se casó con una mujer que tenía la idea descabellada de que él era su hijo.

Recordó que le había preguntado a su madre si esa acusación era verdadera, ella primero lo miró con asombro para después soltar una sonora carcajada mientras le decía que no fuera ridículo, que como iba ella a meterse con un enano cabezón, que se viera en un espejo para comprobar que solo eran calumnias de "esa loca oportunista" como llamaba a la esposa de su padrino.

Nunca olvidaría como siguió riéndose toda la tarde, aquella pregunta le había hecho tanta gracia que la mantuvo de excelente humor por el resto del día, algo que no solía suceder muy a menudo.

Quería recordarla así, sonriendo y con la vitalidad de un huracán, no en el estado en el que se encontraba ahora.

-Por eso… -escuchó que la voz de su madre hablaba y lo volvió al frío cuarto de hospital- quiero que busques a tu padre.

Hana se paralizo por completo y abrió sus ojos desmesuradamente, ella, la que nunca quiso decirle nada sobre su padre, ahora quería que lo buscara, iba a decirle por fin quien era él.

Anna prosiguió, ignorando la estupefacción de su hijo, no le quedaba mucho tiempo como para contemplar las pausas dramáticas que tanto le gustó ver en las telenovelas.

-Él… él vive en Japón-suspiró-Tu padrino, él te ayudará con los boletos de avión para que vayas a buscarlo-hablaba con dificultad sintió un dolor intenso en el pecho, pero no era momento de flaquear, tenía que alcanzar a decirle quien era- Hana, yo amé mucho a tu padre, cuando lo encuentro díselo y pídele que me perdone.

Hana contenía la respiración con cada palabra que su madre pronunciaba, entonces, su padre ¿no sabía de su existencia?, ¿Por qué tenía que perdonar a su madre?, se sintió mareado con toda esa nueva información dicha de golpe, pero tenía que ser fuerte, por fin sabría quién era él.

-El nombre de tu padre es…-se detuvo, el dolor en el pecho se intensifico, bip, bip, bip comenzó a sonar el monitor de signos vitales, el cuerpo de Anna comenzó a sacudirse.

Hana miraba horrorizado, por un momento no supo que hacer, quería gritarle a su madre que no se fuera, que le dijera el nombre que tantos años añoró escuchar, pero no pudo articular palabra alguna. Sintió varios cuerpos pasar rápidamente al lado de él, escuchaba voces gritar, vio un rostro borroso frente a él pidiéndole que se apartará, pero su cuerpo no le obedecía, era como estar en una dimensión desconocida donde solo escuchaba el eco de sus pensamientos y el tiempo se volvía eterno.

En medio de la confusión sintió dos manos fuertes y firmes que lo sujetaron de los hombros, no distinguía su rostro ni su voz. La persona que lo sujetaba parecía entender que el chico se encontraba en una especie de trance, así que lo sacudió un poco para despertarlo.

- Muchacho - escucho una voz masculina a lo lejos.

- Lo siento mucho - volvió a escuchar - Tu madre a muerto .

Tu madre a muerto… Ha muerto…

Esas palabras resonaron como si fueran un gong dentro de su cabeza y lo regresaron de golpe a la realidad, parpadeó y miró rápidamente el lugar, de alguna manera lo habían separado de la cama de su madre, la cual estaba rodeada de una multitud de doctores y enfermeras que comenzaron a desconectar los aparatos que la habían mantenido con vida.

Caminó lentamente, queriendo creer que todo era parte de una pesadilla, los galenos y enfermeras lo miraban con tristeza, llegó a la cama de su madre y la miró, tena la expresión serena en el rostro, el estoicismo que solo brinda la muerte.

-No alcanzaste a decirme su nombre-murmuró

Y con el llanto desbordado se abalanzo hacia el cuerpo de su madre.


N/A: ¡Hola! Heme aquí de nuevo, esta vez con un fic largo pero que es AU. Esta historia rondaba en mi cabeza una y otra vez hasta que le pude dar forma. Así que espero les guste, esta vez me voy a concentrar en las flipantes aventuras de Hana Asakura jajaja, así que espero disfruten este fic como yo estoy disfrutando escribirlo. Abrazos fuertes 😊