Disclaimer: La historia original, así como los personajes de Shaman King no son de mi propiedad sino de Hiroyuki Takei, me reservo los derechos de creación literaria, así como los personajes que aparezcan y que no formen parte de la historia original.

II

Esperaba de pie, mirando una pintura de Rembrandt que colgaba de la pared de aquella elegante estancia. Tenía años que no ponía un pie ahí.

Prácticamente en ese lugar había aprendido primero a gatear y posteriormente a caminar. Recordaba vagamente a la mujer joven que fuera asistente del gran Mansumi Oyamada, que era quien lo cuidaba. ¡Le había dado cada susto a esa pobre mujer! Cuando no trababa el ascensor, se escabullía por las escaleras de emergencia para subir al techo y contemplar la ciudad con los pies colgando por fuera de la buhardilla. Él no recordaba ni la mitad de esas anécdotas, pero cuando el viejo Mansumi se las contaba, soltaba sonoras carcajadas.

Al recordar al anciano, en sus labios se dibujó una trémula sonrisa y su mirada paso del Rembrandt a la enorme fotografía del fundador del imperio de tecnología telefónica más redituable de todo Estados Unidos. Pese a que su padrino decía que su padre nunca fue afectuoso con ellos como hijos, por extraño motivo era paciente y cariñoso con él. A todos les sorprendió que incitara a Hana a llamarle ojisan cuando recién comenzó a hablar y el muchacho siempre le nombro de esa manera, en parte por costumbre y en parte porque de verdad lo veía de ese modo, para Hana, Mansumi Oyamada fue su abuelo; hasta el día en que la muerte también se lo arrebató cuando recién cumplió los diez años.

-Joven Kyoyama- escuchó que le hablaba una dulce voz femenina.

Hana dio media vuelta y se encontró con la secretaria de su padrino el multimillonario Manta Oyamada. Era la misma mujer que años atrás lo correteaba por los pasillos del edificio. El joven percibió como los ojos de la mujer brillaron con inusitada alegría al reconocerlo totalmente.

- El señor Oyamada te recibirá-lo miró de arriba abajo- Creciste mucho-continuo ella mirándolo con ternura- Te estas convirtiendo en un jovencito muy guapo.

Hana sintió sus mejillas arder, le incomodaban de sobremanera ese tipo de comentarios. La señorita rio discretamente y lo invitó a pasar al flamante despacho de su padrino. Él le sonrió y se despidió con un ligero gesto con su mano, una acción que solía hacer cuando niño.

La oficina se veía más ostentosa de lo que recordaba, los sillones y sillas estaban recubiertas con terciopelo negro, un enorme candelabro dorado colgaba del techo, floreros bañados en oro recubrían las esquinas y el escritorio de caoba negro con orillas doradas le pareció excesivo, parecía más una oficina de un capo de la mafia que de un empresario.

Manta río al ver la expresión de desconcierto del muchacho.

- Lo sé, es grotesco- meneo su cabeza- Pero Marion insistió en redecorar mi oficina hace un año, dijo que… – busco palabras que sonaran menos hirientes de las que su esposa había dicho- le faltaba personalidad.

-Buen gusto es lo que le falta a ella-soltó el adolescente sin pensar, al percatarse de lo que había dicho, apretó los labios en señal de que no debía haber hecho ese comentario.

Manta soltó una carcajada, ahí estaba esa personalidad un tanto impulsiva que había heredado de su madre, Anna tampoco se quedaba callada. Su rostro se ensombreció al recordar a su mejor amiga, se sentía culpable de no haberla ayudado durante su enfermedad, solo para no tener problemas con su esposa. Ni siquiera pudo asistir a su funeral y a su entierro, le dolía no haber podido despedirse y ser el apoyo del niño que se encontraba frente a él.

Niño, se dijo para sí, Hana ya no parecía del todo un niño.

Lo miró detenidamente, era alto, delgado, con cabellos rubios y rebeldes, la piel blanca, sus ojos color miel se veían opacados por la tristeza, pero a él le constaba que le brillaban cuando estaba feliz y destellaban cuando se enojaba, además de tener una forma peculiar de sonreír. El traje negro que traía puesto le hacía verse sólo un poco más mayor de lo que era y sus rasgos se perfilaban para convertirlo en un hombre apuesto. Sin duda alguna Hana había heredado buenos genes.

-Supongo que sabe a qué vine- soltó el chico de pronto, terminando con el silencio incomodo que lleno la oficina mientras Oyamada escudriñaba a su ahijado.

-Sí, solo que no pensé que vendrías tan pronto-sonrió melancólico- la muerte de tu madre aún es reciente- señalo su traje negro- veo que aún no te quitas el luto.

Hana torció la boca, molesto. Tenía años que no lo veía, que ni siquiera se había dignado a hacerle una llamada o enviarle un mensaje y ahora quería sermonearle por querer largarse de ese país de mierda que ya no podía ofrecerle nada. Tampoco tenía ni quería darle explicaciones por querer seguir de duelo por la muerte de su querida mamá.

Manta se sirvió una copa de coñac, suspiró, ese chiquillo tenía el carácter de su madre, sería una conversación tensa. Bebió un trago algo grande antes de hablar.

-Entiendo que estés molesto Hana-lo miró de reojo y noto que el adolescente relajaba un poco su expresión- No tengo ningún derecho a dar una opinión que de antemano no has pedido- suspiró- Solamente que me tomaste desprevenido, lo que tu madre me dejo para ti no lo tengo aquí, está en mi casa-dio otro trago- en una caja de seguridad.

- ¿Tienes un boleto de avión en una caja de seguridad? -mascullo con impaciencia el rubio.

Manta soltó una carcajada divertido, Hana arqueo una ceja, le fastidiaba que quisieran tomarle el pelo.

-No muchacho- seguía riendo-el boleto te lo puedo emitir cualquier día y a cualquier hora-suspiró para controlar su risa- Tu mamá me dejo un diario- dejó de reír y su expresión cambio a una más seria- Me lo dio cuando supo que el cáncer estaba avanzando a otros órganos de su cuerpo.

Hana mordió su labio inferior con fuerza, la última imagen que tenía de su madre le apareció en la cabeza; aún tenía pesadillas sobre aquel día en el hospital. Sintió sus ojos humedecerse ante el recuerdo, pero no, no iba a llorar delante de él, no permitiría que ni su padrino ni nadie se percatara del estado tan vulnerable en el que se encontraba. Soltó un suspiró largo para reponerse, sólo entonces volvió a mirarlo.

-Me dijo que si ella moría y no alcanzaba a revelarte el nombre de tu padre-miraba firmemente al joven-te lo entregará, que hay un par de escritos y fotografías que te harían saber quién es tu papá.

El rubio sacudió sus cabellos de un lado a otro, su mamá siempre pensando en todo, nunca dejaba cabos sueltos.

-Puedes ir el sábado temprano a recogerlo a mi casa-continuo su padrino- También te entregaré tu boleto de avión y algo de dinero para que puedas costear un hotel, transporte y alimentos en lo que encuentras a tu padre- le sonrió abiertamente- lamento mucho no haber sido una buena figura paterna.

-No es su culpa haberse casado con una loca oportunista-dijo el chico sonriendo francamente.

Manta Oyamada volvió a reír a carcajadas, como había echado de menos a ese chico.

Cuando llego a su casa le sorprendió que su esposa estuviera sentada frente a una fogata asando malvaviscos con su hija adoptiva.

Subió a dejar su portafolios y a cambiarse de ropa. Quería pasar un buen momento con ellas, ahora que la flamante Marion Phauna estaba de buen humor.

Bajo al jardín y noto que su joven esposa se hallaba alegre y cariñosa con la adolescente, algo inusual en ella.

-Hola hermosas-saludó dándole un beso en la mejilla a su esposa.

Alumi corrió a abrazarlo.

- ¡Papá! Marion me sorprendió con la fogata, ven, asa malvaviscos con nosotras-la joven lo jalaba de la mano y lo incitaba a sentarse con ellas.

- Hazle caso a la niña-dijo la rubia-Nos hace falta pasar tiempo en familia

Manta abrió los ojos con sorpresa, había de haber sucedido algo extraordinario para que su esposa quisiera pasar tiempo en familia. Él sabía que no lo amaba, su matrimonio había sido concretado por conveniencia, ella era hija de un diplomático italiano que buscaba colocar bien a su hija. Cuando Marion fue rechazada por uno de los herederos de una familia prominente de Japón, la muchacha se subió a un avión para buscar otra opción del otro lado del charco y por puro despecho disfrazado de orgullo es que se unió en matrimonio con el primogénito de los Oyamada.

A la muerte de su padre, el magnánimo Mansumi Oyamada, fue que adoptaron a Alumi. El anciano patriarca no lo hubiese permitido estando vivo; y de haberlo hecho hubiera sugerido que adoptaran al niño rubio que adoraba ver corretear por su mansión y oficina como si de un miembro de su familia se tratará. Aquello hubiese sido un golpe bajo para Marion, que por extraño motivo no toleraba a Anna y mucho menos a su hijo.

Se tuvo que llegar a la resolución de la adopción debido a que la rubia nunca había dejado que la tocará, pero sobre todo porque su imperio debía tener un heredero, aunque no fuese de sangre. Pero él si amaba a la niña, era lista y dulce; además compensaba la frialdad de su esposa. Solo en los eventos públicos eran la familia perfecta y feliz.

Pasaron un rato por lo demás agradable y cuando la joven expreso su deseo de retirarse, Manta se puso de pie para acompañarla.

-Voy a vigilar que realmente se meta a la cama, suele quedarse despierta haciendo video llamadas-le dijo a su esposa-Si quieres puedes acompañarme- le sonrió con calidez-puedo pedirle a alguno de los sirvientes que apague el fuego.

-No, ya fue demasiado amor por el día de hoy, no quiero que se les haga costumbre-le contestó con sarcasmo-Quiero quedarme un rato más.

Oyamada suspiró, había sido demasiado bueno para ser verdad.

-Por cierto- volvió a decir- El hijo de Anna vendrá el sábado por la mañana.

-Gracias por avisarme, para regresar con Alumi el viernes a Nueva York, no tengo ganas de toparme con ese mocoso malcriado-ella miraba el fuego arder- ¿A qué viene?

-Por la promesa que le hice a Anna… Y antes de que empieces a reprocharme sabes que lo hice porque estaba desahuciada.

-No pensaba decirte nada-pronunció con voz tranquila-Ella iba a morir y aunque no me guste eres el padrino de ese niño, lo que te agradezco es que solo se haya tratado de darle un boleto y dinero; y no que le ofrecieras vivir aquí.

-Sabes que nunca lo hubiera hecho, a pesar de todo siempre te he dado tu lugar.

- ¿Estás seguro? -preguntó y volteo a mirarlo, en sus ojos verdes se reflejaban las llamas del fuego.

Manta se estremeció por un momento, no sabía si era por el destello de la luz del fuego, pero sus ojos verdes tenían un brillo peculiar.

- No empieces Marion-exhaló frustrado- Incluso hicimos pruebas de ADN, Hana no es mi hijo. Sabes que…- lanzó un suspiro de resignación- mejor voy a ver a Alumi, siempre tienes la virtud de echar a perder los buenos momentos.

Siguió a su esposo con la mirada mientras emprendía su camino hacia la casa. Sonrió divertida, claro que él no era el padre del chico, hubiera tenido mucha suerte de haberlo sido.

Lo que le molestaba es que le hubiera ocultado lo del diario, si no hubiera sido por los sirvientes no lo habría sabido. Su flamante esposo no sabía que tenía ojos y oídos por toda la casa e incluso en su oficina. Sus empleados ya no le eran leales a él, sino a ella, no por respeto, por algo aún mayor; por miedo.

Del bolsillo de su cárdigan saco una fotografía. La examinó con detenimiento. En ella, un rostro adolescente le devolvía la mirada, sonreía, radiante de felicidad.

Ella sonrío con amargura, sus delgados dedos recorrieron con afecto el rostro del joven que se encontraban ahí. ¡Lo había amado tanto! Y él… él solo le quebró el corazón.

-De verdad espero, que ese niño no pueda encontrarte nunca-murmuró entre dientes.

Y así como había hecho con sus predecesoras, arrojó la fotografía al fuego.


N/A: ¡Hola! ¿Cómo han estado? Espero que bien. Aquí de nuevo con otro capítulo, en el cual todavía no tiene el boleto de avión y al parecer ya se le están complicando las cosas a nuestro querido Hana. Voy a tratar de estar publicando los jueves de cada semana, en caso de que mis deberes de "adulto funcional" no me lo permitan se los estaré notificando por aquí. Agradezco enormemente a The Tsundere Wife, AmarantaB, weird and proud about it y a mi estimada Allie Mcclure por sus reviews; por tomarse un poco de su tiempo para leer y espero que este capítulo haya sido de su agrado. Cuídense mucho y vayan preparando el equipaje porque este viaje recién empieza. ¡Hasta el próximo jueves!