III

Los Asakura, una de las familias más prominentes de Japón tenía dos herederos, que eran como dos gotas de agua.

El mayor por quince minutos era Hao Asakura, un hombre con buen porte, astuto y atractivo. Sus ojos trigueños brillaban con intensidad cuando conseguía lo que se proponía, su cabellera larga, lacia y castaña era su rasgo más distintivo. Se había dejado crecer el cabello recién cumplidos los trece años, sobre todo para diferenciarse de su hermano gemelo.

El segundo era Yoh Asakura, un hombre igual de atractivo que su hermano, de buenos sentimientos y mirada amable, tenía una manera peculiar de sonreír y reírse. Usaba, a diferencia de su hermano, el cabello a la altura de los hombros.

Eran los dos solteros más asechados de todo Japón, pero a sus treinta y dos años ninguno había dado su brazo a torcer con el matrimonio. Por más que su familia les presentaba chicas jóvenes y hermosas, ellos siempre encontraban motivos y excusas para no desposarlas.

La mayoría de esas chicas habían terminado casadas con sus amigos, con excepción de una, que se casó con un magnate multimillonario de Norte América.

Las sobras de los Asakura, solía decirles Hao en forma de burla. Obvio no lo decía delante de ellas, o de sus amigos (en realidad eran amigos de su hermano) y mucho menos en frente de su abuela, quien de seguro lo desheredaría por expresarse tan soezmente. Solo se lo decía a Yoh, quien solía recriminarlo con la mirada cada vez que a su gemelo se le salía ese comentario.

Hao se mantenía soltero porque amaba su libertad, Yoh argumentaba que no era partidario de los matrimonios forzados.

Eran la sensación de la prensa rosa, que los perseguían a cada gala o evento social al que asistían. Los seguían religiosamente, haciéndoles las mismas preguntas sosas una y otra vez.

- ¿Qué debe tener su chica ideal?

-La joven con la que asistió a la semana de la moda en París, ¿es su nueva novia?

- ¿Para cuándo la boda?

Hao solía sobrellevar este tipo de acoso bastante bien, después de todo él era la cara de la compañía. Siempre había adorado ser el centro de atención, como buen sinvergüenza se divertía respondiéndoles con divagaciones y sarcasmos.

Yoh por el contrario no lo toleraba, evitaba a toda costa el acecho de la prensa, si por él fuera no asistiría a ningún evento social y público, pero nadie sabía controlar mejor que él al impulsivo de su hermano.

Y mientras Hao vivía en la ciudad, rodeado de todos, Yoh vivía en Izumo, alejado de todos.

Izumo era el pueblo natal de cada uno de los miembros de la familia. Eran liderados por Kino Asakura, una matriarca de noventa años que había quedado ciega pero que contaba con la vitalidad y fuerza de un tifón, era amante de las tradiciones y siempre buscaba las mejores alianzas para conservar el poder y nombre de su familia.

Su única hija Keiko Asakura, se había casado con Mikihisa Maki, el hijo de un magnate petrolero, que cambio su apellido a Asakura no bien había dado el sí en su ceremonia de boda. El matrimonio le dio a la familia sus dos herederos gemelos y una hija descarriada de la que nadie hablaba. Tanto Keiko como Mikihisa vivían con Hao en la ciudad de Tokio y los tres se encargaban de liderar las negociaciones internacionales de la compañía.

Mientras que, Kino y su esposo Yohmei Asakura vivían en Izumo, en la enorme mansión de estilo feudal que estaba rodeada de cascadas, pozas de aguas termales y un frondoso bosque. Porque si algo amaban la mayoría de los Asakura era la privacidad.

Junto con ellos vivían su segundo nieto heredero y los jóvenes Muntzer. Los Muntzer eran hijos de uno de sus socios más apreciado como distinguido, Camel Muntzer, que murió junto con su esposa en un accidente de avión.

Los niños fueron adoptados por los Asakura porque así lo estableció Camel en su testamento y como condición para que sus acciones dentro de la compañía pasarán integras a manos de la familia.

Yoh Asakura se encargaba de la parte jurídica de la empresa. Era un excelente abogado, se encargaba de proteger al 100% a la empresa de su familia junto con sus trabajadores y socios. Verificaba también que tanto Redseb de diecisiete años como Seyrarm de catorce asistieran a la escuela, no se metieran en problemas, cumplieran sus deberes y los mantenía alejados de la prensa.

A los ojos de Kino, los Muntzer eran todavía muy jóvenes como para saber conducirse con propiedad, les permitía tener smartphones y utilizar redes sociales, siempre y cuando no utilizarán el apellido Asakura (para evitar acoso por parte de la prensa). Había todo un equipo de informática que revisaba lo que subían y compartían en sus cuentas sociales, investigaban a sus contactos y si tenían publicaciones inapropiadas o que pusieran en peligro la privacidad o el nombre de la familia, las eliminaban.

Eran todos, en conjunto, la enorme, aceitada y fina maquinaria de un reloj, cada engrane encajaba perfectamente y mantenían el statu quo que se esperaba de una familia poderosa.

Pero esa tarde había ánimos exaltados en la oficina que el grupo tenía en Tokio. Kino Asakura había convocado una junta extraordinaria urgente con todos los miembros cercanos de su familia. Estaban todos reunidos excepto el abuelo Yohemei, quien se había quedado a vigilar a los miembros más jóvenes del clan.

-Esta situación requiere medidas urgentes-empezó sin miramientos.

Hao giraba en su silla mientras la veía con aburrimiento, Yoh se notaba tenso y tanto Mikihisa y su esposa esperaban expectantes.

- Abuela, ya hemos tenido esta discusión antes- inquirió Hao mientras comenzaba a jugar con una pluma entre sus dedos- tenemos la solución en las manos, ¿Qué más quieres?

Kino hizo una mueca de desagrado.

- ¡Muchacho irrespetuoso! - le recriminó- esta vez no permitiré que se tome este asunto a la ligera- su voz sonó con dureza- por parte de nadie.

- Haces demasiado drama- le contestó tranquilamente Hao- vamos Yoh, dile que no hay nada de qué preocuparse- y le dirigió una mirada a su hermano, al no recibir respuesta prosiguió- Mi hermano, ha estado al pendiente de la educación de Redseb, es el mejor estudiante que ha tenido Shinrai en mucho tiempo, es prudente, amable y se ha esforzado mucho para estar a la altura de todas las expectativas de esta familia- le envió una mirada significativa a su abuela- Para qué tanto escándalo si ya tenemos al candidato ideal para ser nuestro heredero.

La matriarca no respondió, hizo un gesto con su mano en dirección a Yoh, quien se levantó y apoyó las manos sobre la enorme mesa de juntas y miro fijamente a su hermano.

- No es tan fácil como crees Hao- dijo por fin.

- No me digas que estas de su lado – arqueó una ceja- prácticamente has criado a Redseb, ¿no confías en que pueda llegar a ser un buen sucesor de los Asakura?

-No se trata de lo crea o no sobre él, yo más que nadie sé de todo lo que es capaz de hacer y lograr nuestro hermano menor- tomó en sus manos una carpeta y se la extendió a su hermano.

- ¿Qué es esto? - preguntó confundido y dirigió una mirada inquisidora a sus padres, suspiró antes de abrirlo, leyó con atención el contenido- ¿Qué significa todo esto? ¿Están tratando de embaucarme? - preguntó con molestia.

- Ojalá se tratará de un truco- respondió Yoh.

Hao se dio cuenta de que su hermano no bromeaba, su rostro se encontraba serio y estoico, algo poco común en él.

El castaño de larga cabellera se recostó en su silla con el ceño fruncido y abrió sus brazos en señal de que iba a escucharlo.

-Esto llegó por parte del consejo antier a la casa de Izumo- inició- es totalmente legal, me encargue personalmente de verificar que el requerimiento fuera expedido por un notario.

- ¿No puedes arreglarlo? – masculló- Eres el flamante abogado de esta familia, ¿o no?

- No es tiempo para sarcasmos Hao, deja que tu hermano terminé- le reprendió Mikihisa.

Hao no arremetió, podía retar a su abuela, pero no lo hacía con sus padres, coloco sus brazos detrás de su cabeza y cruzó su pierna, con un leve gesto de mano incitó a Yoh a continuar.

- No puedo hacer mucho, sus argumentos son válidos, ellos son parte de la rama de nuestra familia y tienen, aunque en menor medida, acciones en la compañía. De alguna manera lograron convencer al consejo de hacer esto- paso su mano por sus cabellos- si nosotros no tenemos un heredero de sangre, tendremos que nombrar a uno de los suyos como heredero de esta empresa.

- ¡Son unos vividores! - gritó furioso Hao mientras se levantaba de un salto de su asiento, sus ojos brillaban con furia- ¡Quieren arrebatarnos lo que es nuestro! ¡Todos aquí nos hemos partido la madre para levantar y mantener firme esta compañía! - golpeó con sus puños la mesa- ¡Me rehusó a regalarles lo que por derecho nos pertenece!

- Ahora entiendes porque no podemos nombrar a Redseb como heredero- su hermano lo miró directamente a los ojos- Si lo hacemos, perderemos automáticamente todo por lo que hemos trabajado.

En la sala se hizo un silencio sepulcral. Hao lanzó un bufido de enfado y frustración, se llevó una de sus manos a su sien, sabía que era una situación delicada y conocía perfectamente la solución.

- No hay necesidad de explicar que es lo que tienen que hacer- pronunció Kino con severidad y rompiendo con el silencio- A estas alturas no me importa cómo ni con quien. A menos que ya tengan alguno regado por ahí, eso nos ahorraría mucho tiempo- guardo silencio en espera de una respuesta por parte de sus nietos- Necesitamos un heredero de sangre- prosiguió- y creo que bien pueden, alguno de los dos, engendrar uno- remató con severidad.

- ¿Cuál es el tiempo límite Yoh? – cuestionó Hao a su hermano.

- Año y medio.

Hao bufó fastidiado y comenzó a caminar como fiera enjaulada en la sala de juntas, al verlo Keiko Asakura, se levantó, lo tomó de los hombros y la obligó a mirarla a los ojos, iniciaron sin apartar los ojos uno del otro, breves respiraciones, Keiko le acarició la mejilla con ternura para terminar de apaciguarlo, el joven inhalo y exhalo profundamente antes de rendirse ante su madre.

-Hijos míos- comenzó con voz suave y llena de ternura- en vez de frustrarse y molestarse por lo que no podemos cambiar, empecemos a encontrar soluciones- tomó a Hao del brazo e hizo lo mismo con Yoh- La boda de Ren Tao será el próximo fin de semana- los giró levemente para que quedarán juntos frente a ella- Asistirán muchas personas, Podrían, tal vez, conocer a alguien ahí o… - enfatizó- tomarse unas ligeras vacaciones para buscar una linda joven con quien pasarla bien- terminó y les sonrió de manera significativa.

Ambos hermanos se miraron, para problemas graves, soluciones drásticas.


El sol iluminaba la gran estancia donde se encontraba, llevaba alrededor de diez minutos esperando. Se sentía inquieto e incómodo, de sobra sabía que no era bienvenido en esa casa, pero Oyamada había requerido que ahí le entregaría el diario que su madre hubo dejado para él.

En lo que esperaba se entretenía estrujando sus manos y mirando sus tenis, intentando encontrar algo nuevo mientras mataba el tiempo.

Elevó su cabeza en cuanto escuchó el sonido de unos pasos que se acercaban, falsa alarma, era solo la mucama que le llevaba un poco de té para sobrellevar la espera. Le agradeció con una sonrisa, pero ni siquiera hizo el intento de beberlo. Para mitigar los nervios se levantó y comenzó a recorrer todo el lugar.

Era una sala lujosa, de techo alto, paredes color crema que hacían juego con los elaborados sillones blancos, jarrones de porcelana con flores frescas adornaban las cuatro esquinas de la habitación, un enorme ventanal permitía la entrada de luz natural y en la pared izquierda colgaba un gran cuadro familiar.

Sonrío con ironía, vaya con las manías que se cargaban los ricos, siempre creyó que esos cuadros solo existían en las novelas que veía su mamá, pero no, eran reales y la prueba es que su padrino tenía uno justo enfrente de él. Hana se detuvo a contemplar aquel cuadro familiar, en el centro, ataviado con un elegante traje gris Oxford se encontraba sentado su padrino; reprimió una risa involuntaria, era obvio que el artista lo había querido sentado para no evidenciar su corta estatura; su expresión cambio a una de desagrado cuando fijo su vista en la figura femenina que se hallaba de pie del lado derecho, usando un hermoso y elegante vestido negro de encaje y con cara de pocos amigos se encontraba la gran Marion; le invadió la sorpresa y un ligero rubor cubrió sus mejillas cuando sus ojos se posaron en la jovencita que se encontraba igualmente de pie pero del lado izquierdo, era una hermosa chica rubia, de grandes ojos azules, que llevaba un vaporoso vestido blanco y sonreía radiante.

Hana frunció el ceño extrañado, no recordaba haber visto nunca a esa niña.

- Buenos días Hana- escuchó que le saludaban – lamento haberte hecho esperar.

El adolescente no se movió ni contestó el saludo, Manta sonrió.

- Veo que te ha dejado intrigado mi hija.

- ¿Tu hija? – musito saliendo de su ensimismamiento.

- En realidad, es mi hija adoptiva, se llama Alumi y es de tu edad- miró fijamente el retrato- ella llegó unos meses después que mi padre murió.

Todo le hacía sentido en su cabeza a Hana ahora, con razón no la conocía, cuando el gran Mansumi Oyamada murió, no hubo nadie que detuviera la gran aversión que la esposa de su padrino sentía hacia ellos, fue cuando rompieron todo contacto, y durante ese tiempo tanto él como su mamá se mudaron a California.

- Pero no es de mi familia de lo que viniste a hablar, ¿o me equivoco? - con un gesto de mano le indico que se sentara.

Hasta ese momento el chico se percató de que el hombre llevaba bajo el brazo una caja de madera color negro y una libreta de pastas gruesas color marrón. Se las extendió sin ceremonias.

- Este es el diario- indicó con su mano derecha el cuadernillo y en esta caja se encuentra una cosa más que me dejó tu madre para ti, debo confesar que, aunque moría de curiosidad no la abrí, supongo que contiene algún recuerdo importante o algo así.

Las manos de Hana temblaban, le carcomían unas ansias locas por abrir la caja y descubrir su contenido, sin embargo, no estaba seguro de que ese fuera un buen momento y lugar.

- Entiendo que quieras verla en privado- expresó Manta al notar las tribulaciones de su ahijado – también tengo que entregarte esto – del bolsillo interno de su blazer sacó un boleto de avión y una tarjeta de débito y los puso encima de la tapa de la caja- El avión sale el lunes a las seis de la mañana, primera clase, directo a Tokio, llega con media hora de anticipación para que hagas la revisión de tu equipaje. ¿Tienes en orden tu pasaporte?

- Sí, también tengo listas mis maletas, cubrí los muebles y le pediré de favor a mi vecino Chocolove MacDonald que cuidé el departamento durante mi ausencia.

Oyamada sonrió, era un chico listo y previsor.

- En cuanto a la tarjeta- prosiguió- contiene una suma considerable, saca únicamente lo que consideres necesario, así que ten cuidado, no vayas a perderla o malgastar el dinero.

El joven escuchaba atentamente cada una de las recomendaciones, temblaba ligeramente, no sabía si de miedo, nervios, emoción o una mezcla de las tres provocándole estragos en la mente.

- Hana- le llamó con firmeza, interrumpiendo así la mezcla de emociones del muchacho - Escúchame bien- su semblante se tornó serio.

El chico hizo un intento por controlarse y lo miró con toda atención, por el tono de voz de su padrino, veía venir algo trascendental.

-Tu madre me suplicó que, si por alguna razón no encontrarás a tu papá o él simplemente renegará de ti, yo me hiciera cargo- continuó- Sabes que no eres santo de la devoción de Marion, pero no pienso dejarte desamparado- lo miró fijamente- En caso de que las cosas no resulten como Anna esperaba, volverás a Estados Unidos, asistirás a un internado, pagaré tu estancia y tu educación hasta que seas capaz de valerte por ti mismo- pasó una de sus manos por su frente- Ya de por sí es una locura dejarte partir- su voz tomó un tono severo- Te voy a dar medio año para encontrarlo, si no lo encuentras en ese período de tiempo, deberás regresar. Por lo tanto, necesito que estés en frecuente comunicación conmigo y seas honesto en relación en lo que tenga que ver con tu padre. ¿Está claro?

Hana tragó saliva, maldición, entonces había prórroga y ultimátum en todo esto. No había opción, era todo o nada.

- Esta bien- anunció con firmeza a pesar de que sentía un gran nudo en su estómago- Me retiro entonces- se levantó de un salto e hizo una leve reverencia – Gracias por todo.

- Es lo menos que puedo hacer- le sonrió con tristeza- Cuídate mucho y recuerda nuestro trato. Confío en ti y en tu honor Hana.

El joven asintió con la cabeza y salió apresuradamente de la enorme mansión.

Manta Oyamada lo miró partir con gesto turbado y aunque le había jurado a Anna no intervenir, su inquietud era más grande. Honestamente no lograba dimensionar el por qué su amiga mandaba así, sin preparación alguna, al ruedo a su preciado hijo. En cuanto se percató que su ahijado había abandonado la casa, subió a su despacho, miró el enorme reloj de pared para cerciorarse de que era una hora adecuada del otro lado del mar; de uno de los cajones de su escritorio sacó una agenda de cuero negro, busco hábilmente un número, tomó el teléfono y marcó. Espero algunos segundos hasta que escuchó una voz masculina decir "moshi moshi" del otro lado de la bocina.

- Buenas noches Ryu, disculpa la hora, pero necesito que me hagas un enorme favor.


N/A: ¡Hola! Espero que se encuentren muy bien. Heme aquí con un capítulo más, espero que lo hayan disfrutado. Mil gracias a mi querida Allie Mcclure por su review (Había que revindicar al buen Mansumi Oyamada jajaja). Sé que vamos un tanto lentos, pero ya pronto nos subimos al avión, antes hay que descubrir que tiene ese diario ?. Cuídense mucho, que tengan unos días fabulosos, nos vemos el próximo jueves.