Disclaimer: La historia original, así como los personajes de Shaman King no son de mi propiedad sino de Hiroyuki Takei, me reservo los derechos de creación literaria, así como los personajes que aparezcan y que no formen parte de la historia original.


Capítulo IV

Apenas si alcanzo a llegar al sanitario para volver el estómago, demasiada información y sentimientos encontrados para poder digerirlos de una sentada en una mañana, en la cual ni siquiera había desayunado.

Se lavó la boca para quitarse el sabor amargo, aún sentía una pulsación ardiente en el vientre, con muecas de dolor y arrastrando los pies sin notarlo se dirigió a la habitación que fuera de su mamá, con un golpe seco se dejó caer sobre la cama. Cerró los ojos por un instante, podía percibir su respiración intranquila y un cúmulo de pensamientos daban vueltas por su mente a mil por hora.

Seis meses, solo tenía seis meses para desenredar todo un lío de quince años de antigüedad, debía ser una broma. Hubiera querido que lo fuera, pero la expresión en la voz y el rostro de su padrino le habían dejado bien en claro que hablaba muy en serio.

Se llevó ambas manos a la cara y soltó un grito para tratar de mitigar la tensión que tenía acumulada en el cuerpo. Solo quería dormir, dormir y no despertar; regresar el tiempo y que todo fuera como antes, que su madre no hubiera muerto y no tener que estar jugándole al detective.

Su cuerpo se estremeció y apretó los puños, los ojos húmedos indicaban que el llanto estaba por desbordarlo. Desde aquel día en el hospital no había vuelto a llorar ni una sola vez, no lloro en el funeral, ni en el entierro, mucho menos en los días subsiguientes. Se había concentrado en lo del mentado viaje para evadir la desolación que lo acompañaba como una sombra permanente, pero hoy no aguantaba más, su cuerpo y su mente no soportaban ni un minuto más toda la soledad y la tristeza. No pudo contenerse más, exhalo un suspiro profundo y se descargó por completo, lloro por su madre, por él, por el miedo, por todo aquello que le oprimía el pecho y lo asfixiaba, lloró y lloró hasta quedarse dormido.


Y entre tanto que tengo, no encuentro razón suficiente para olvidarme de ti

- Se supone que es el día más feliz de mi vida y heme aquí tratando de resolverte la tuya- le reprochó mientras se sentaba cruzando sus brazos.

Sus ojos dorados lo miraban fijamente y su semblante permanecía serio. Desde siempre había sido así, impávido y duro, pero apreciaba a su mejor amigo más que nada en el mundo.

- Lamento ser tan inoportuno en el día de tu boda, pero necesitaba hablar contigo- se disculpó mientras bebía de un solo trago el whisky que tenía en la mano.

Ren Tao arqueó una ceja, Yoh sólo bebía de esa manera cuando algo realmente le preocupaba.

- Todo esto – dijo señalándolo – es por el asunto del heredero de tu familia.

Como respuesta vio cómo su amigo volvía a servirse un trago más y tomaba apurado su contenido.

- Suficiente por el momento – pronunció, le quito el vaso de la mano y alejó la licorera- Embriagándote no vas a solucionar las cosas, mejor dime, ¿qué piensas de toda esta situación?

- Qué es una soberana estupidez- soltó sin pena- Mi tío y mi prima están molestos porque creen que los vemos como los apestados. Y mi abuela está loca por querer presionarnos para tener hijos.

- Mmm. ¿Crees que se hayan puesto de acuerdo? - y al ver la mirada dubitativa de su interlocutor agregó - ¿Sería posible que tu tío y tu abuela hayan establecido una tregua para obligarte a ti y a Hao a sentar cabeza?

Yoh negó con la cabeza antes de responder.

-Yo también lo creí así en un principio, pero no, ellos van muy enserio y mi abuela también- agudizó su voz para arremedar a su abuela- No me importa cómo ni con quien, pero engendren un heredero de sangre.

Ren llevó su mano a su barbilla, pensaba con detenimiento como iba a pronunciar las siguientes palabras.

- Lo que no entiendo es por qué tú te estas tomando esto tan seriamente mientras tu hermano se la pasa de lo más tranquilo- y miró a través del cristal de la puerta.

En ese momento Hao Asakura, bebía directamente de una botella de champagne mientras un grupo de chicas lo rodeaban e intentaban besarlo.

-Bastante he hecho por ustedes- continuo el heredero de los Tao- les salve el pellejo de caer en un escándalo monstruoso. Tu hermano siempre comete sus estupideces y tú eres el que tiene que estar salvándolo todo el tiempo- sirvió una copa de vino y le dio un sorbo.

-Y te lo agradezco Ren…

-No accedí a esta boda solo por ti Yoh- le interrumpió- Reconozco que este matrimonio ha resultado bastante beneficioso- bebió una vez más de su copa- Ya era hora de formar una familia de todas maneras, Jeanne es hermosa y creo que vamos a llevarnos bien- esbozó una sonrisa tierna cuando mencionó el nombre de su ahora esposa- Regresando a tu hermano- sus ojos lanzaron una mirada de desprecio- Es probable que esta noche preñé a alguna de esas mujeres que lo tienen rodeado- e hizo una mueca de repugnancia.

- Sabes que no lo hará- repuso mientras dejaba caer todo su cuerpo en el sillón.

En eso tenía razón, era de todos conocido que muchas mujeres habían deseado amanecer en la cama de Hao Asakura durante las noches en las que salía de juerga, pero ninguna había sido capaz de conseguirlo. Lo que realmente le molestaba no era ni la actitud desenfadada de su gemelo o las ideas añejas de su familia, lo que odiaba más que nada en el mundo era ver a su amigo derrotado, él nunca había sido así, su familia se había encargado de volverlo sombrío y lúgubre como ellos. Entonces se le ocurrió una idea descabellada pero que tal vez podría devolverle un poco de aquella luz que tuvo alguna vez.

- ¿Y si la buscas Yoh? - expresó sin miramientos- ¿Y si buscas a tu hermana?

Al escuchar aquello, el joven Asakura se levantó de un salto y sus ojos se abrieron enormemente por la sorpresa, ¿Acaso escuchó bien? ¿Ren se había vuelto loco?

- ¿Buscar a Tamao? -balbuceó- ¡Estás demente! ¡Si el que esta ebrio soy yo, no tú!

- Pues no encuentro otra solución- contestó tranquilamente como si su idea fuera de lo más lógica- Acepta que ella es la única que puede ayudarles con el apuro en este momento.

- Es algo que mi abuela jamás permitiría- los ojos castaños de Yoh vislumbraban tristeza.

Su hermana tenía sólo catorce años cuando huyo del internado para señoritas al que asistía porque no soporto la idea de que la comprometieran con un hombre al que ni siquiera conocía. Tamao, a diferencia de sus hermanos, no tenía opciones, debía acatar lo ordenado por la anciana Kino. De nada le valieron las suplicas a su padre, de quien era la luz de sus ojos; lloro, imploró, pero siempre obtuvo una rotunda negativa.

Negándose a cumplir con un destino tan cruel, escapó. No alcanzó a llegar muy lejos, la encontraron en un poblado cercano y la llevaron con su abuela, quien descargó su furia por aquella afrenta a punta de bofetones. Pero la joven estaba decidida, ella no sería la sombra ni el eco de la voz de alguien más. Se le plantó a su abuela con todo el aplomo que su juventud le daba y le gritó que jamás cumpliría con los deseos de una vieja arcaica. Con el rostro sonrojado y la mirada desafiante escupió al suelo y sentenció que, si la única forma de alcanzar su libertad era renunciar a ser una Asakura, pues lo haría. A pesar de los sollozos de su madre, de las palabras conciliadoras de su padre y ante la mirada atónita de sus hermanos mayores, salió de la casa de Izumo, únicamente con la ropa que traía puesta.

Poco tiempo después de su partida, su abuela quemo todo registro de Tamao de la casa, las fotografías, su ropa e incluso los muebles de su habitación; si no quería ser de la familia que no lo fuera, pero que ni se le ocurriera volver llorando como la hija pródiga porque no iba a recibirla. A cada uno de ellos les prohibió a punta de amenazas buscarla, ella ya no era nada, más que un mal recuerdo perdido en el viento.

Cuando fueron más adultos, Ren conoció por negocios a un afamado detective inglés y como el buen amigo que era volvió a contactarlo, para que le brindará sus servicios, ayudándole así a localizarla. El joven Tao sabía cuánto quería Yoh a su hermana menor y cuánto le dolió que se hubiese ido así, sin dejar huella alguna.

Por él, Yoh sabía; que una amiga del internado le había ayudado, que ahora era dueña de un hotel de aguas termales en un suburbio de Tokio y que con ella vivía un jovencito, probablemente su hijo.

Tal vez… si hablase con su abuela… ese niño podría ser su salvación.

Iba a pronunciar algo cuando unos golpes ligeros en la puerta lo detuvieron, Ren abrió la puerta y se encontró con el rostro apenado de su más fiel asistente: Bason.

- Disculpe señor, la señorita Jeanne requiere su presencia, es hora de partir el pastel.

- En un momento estamos allá, gracias- lo despidió cortés.

Con un leve gesto de cabeza el hombre se fue volviendo a dejarlos solos.

- Piénsalo Yoh, piénsalo bien- lo miro con intensidad- tal vez sea la última oportunidad que tengan para arreglar el embrollo en el que están metidos.

Volvió abrir la puerta para volver a internarse en la barulla de su fiesta de bodas. El joven Asakura se quedó pensativo algunos minutos más antes de emprender el mismo camino que su amigo.


Entreabrió los ojos lentamente, parpadeo suavemente intentando recordar el lugar en donde estaba, se incorporó lánguido y se quedó sentado unos minutos en el borde de la cama. Bostezó y estiró su cuerpo entumecido. No tenía idea de cuánto tiempo había transcurrido, las luces de las farolas de la calle le anunciaron que era ya de noche.

Se levantó y se dirigió al baño, se miró en el espejo, tenía los ojos hinchados y rojizos; abrió la llave del lavabo y se echó agua en el rostro. Tenía que despabilarse, había cosas importantes que hacer; un gruñido proveniente de su estómago le recordó que llevaba todo el día sin haber probado bocado.

Con pasos aletargados se dirigió a la cocina, volvió a bostezar y entonces su mirada se detuvo en la caja negra que había dejado sobre la barra del desayunador.

Por un momento pensó en primero hacerse un sándwich y mientras lo comía abrir la caja, pero la curiosidad puede más que el hambre.

Sin poder contenerse más, la tomó y la abrió. Dentro encontró unos auriculares de enormes bocinas, se veían algo gastados y anticuados. Los tomó con ambas manos y los examinó con detenimiento. Le llamó la atención que en ambos lados de las bocinas tuvieran una hoja de cáñamo dibujada y en la parte superior de la diadema se encontraban unos kanjis inscritos en letras negras.

- ¿Qué diablos? - pronunció en voz alta, no le hacía sentido alguno esas letras o lo que fueran, supuso entonces que tal vez era la marca de los audífonos. Varias dudas se aglomeran en su cabeza, ¿De quién eran esos audífonos? ¿Habrían sido de su madre? ¿De su papá tal vez? Sintió de nueva cuenta como el estomagó se le revolvía ante tantas incógnitas, así que decidió darse un respiro cuando sus ojos se posaron en el diario.

Colocó delicadamente los auriculares sobre la barra de la cocina, su mirada tembló al sostener y contemplar el otro objeto que tanto ansiaba tener, sus manos comenzaron a sudar y su cuerpo se estremeció levemente, una vez más sintió un nudo nacer dentro de su garganta.

Tomó aire y a paso lento se dirigió a sentarse en el sillón, con una de sus manos acarició la portada del diario prestando atención a las letras en relieve dorado. Inhalo y exhaló aire antes de abrirlo, en la primera página encontró escrito con letra muy elaborada el nombre de su madre tanto en japonés como en americano; no pudo evitar sonreír, ella siempre había sido así, demasiado meticulosa.

Dio vuelta a la página y encontró escrito en inglés lo siguiente:

"Lo más importante en nuestra vida son nuestros sentimientos y pensamientos"

Se estremeció, su mamá solía decirle esas palabras cuando se sentía abrumado, a pesar de la ausencia, ella encontró la manera de hacerse presente.

Prosiguió pasando las hojas, sus ojos se llenaron de angustia, todo lo ahí escrito estaba en japonés, y él no entendía ni una mierda de la lengua materna de su madre. Lo único comprensible para él fueron las dos primeras páginas. Intento dominar la ansiedad y la frustración que amenazaba con inundarle el cuerpo, trató de concentrarse, recordar algo que le fuera útil, entonces cayó en cuenta de que su padrino le había dicho que tenía que revisar las fotografías. Hojeó con insistencia las páginas del cuadernillo, las primeras imágenes que encontró eran unos bocetos a lápiz de un frondoso bosque con una casona de fondo; cuando la desesperanza comenzaba a alojarse en su cuerpo, sus dedos la sintieron, la textura del papel mate de una fotografía.


N/A: ¡Hola! ¿Cómo están? Espero que bien. Aquí trayéndoles un capítulo más, donde aparecieron más incógnitas y más parientes para Hana. Por cierto, hoy es cumpleaños de Hao e Yoh ¡Feliz cumpleaños a los gemelos Asakura!

Una pequeña aclaración, la frase que encuentra Hana dentro del diario corresponde a la traducción en español del inicio del arco de Osorezan Revoir en el manga.

Quise hacerle justicia a Tamao, ella debió ser adoptada como Redseb y Seyrarm en la historia original, y no sólo quedar como "ayudante" de la familia; ella se merecía ser parte de ellos. Así que como es universo alterno, en esta historia Tamao es una Asakura y una con muchas agallas .

Agradezco enormemente que lean la historia. Millones de gracias a ShizeKerstein23, LyMon, weird and proud about it, Usagi Lawliet, por seguir la historia, espero que les esté gustando. Les mando muchos saludos, abrazos de oso y buenas vibras.

Muchas gracias a mi querida The Tsundere Wife que me lee y me deja tan bonitos reviews (quisiera poder escribirte en inglés, pero soy pésima ) Espero que de lo que hayas enfermado no haya sido de gravedad y que te estés recuperando. Te mando un fuerte abrazo.

Ahora sí me despido, espero que tengan ya listas las maletas porque el próximo jueves ya nos vamos con Hana de viaje ¡Por fin! ¡Feliz vida!