Disclaimer: La historia original, así como los personajes de Shaman King no son de mi propiedad sino de Hiroyuki Takei, me reservo los derechos de creación literaria, así como los personajes que aparezcan y que no formen parte de la historia original.
V
Su mirada temblaba emocionada, sus hermosos ojos color ámbar contemplaban el rostro de aquella jovencita rubia que sonreía ligeramente y vestía pulcramente un elegante uniforme escolar. A lado izquierdo de la muchacha se encontraba un joven de facciones fuertes, ojos dorados y cabellos negro violáceo quien miraba al frente con apenas un boceto de sonrisa en el rostro.
Sus ojos volvieron al rostro de su madre, sonrió con ternura. Tal vez tendría la misma edad que él al momento de tomar la fotografía, luego fijo su atención en el muchacho que la acompañaba. Acaso, ¿era él?
Desde siempre tuvo un bosquejo demasiado borroso de su padre, sabía que se parecía físicamente a él, porque su madre solía decirlo muy a menudo recién entró a la adolescencia, le repetía sin cesar el parecido sobre todo cuando sonreía o llevaba uno de sus brazos detrás de su cabeza cuando deseaba quitar un poco de tensión, pero era lo único. Solía mirarse en el espejo cuando estaba solo porque intentaba percibir una imagen adulta de aquel que ayudo a darle la vida. Se preguntaba cómo sería el carácter de su papá, suponía que debía ser alguien con la paciencia de un santo, porque su mamá no era alguien fácil de tratar y debió tener algo más que solo atractivo físico para que su madre se fijara en él.
Y ahora, después de años de pensarlo e imaginarlo, por fin lo conocía. De un salto se incorporó del sillón y corrió con fotografía en mano hacía el baño, encendió la luz y contempló su rostro en el gran espejo que estaba arriba del lavamanos; luego elevo la fotografía y uno a uno repaso las facciones del muchacho y las comparo con las suyas. Una punzada de desilusión se le instaló en el pecho, no parecían tener mucho en común; por más que miraba no encontraba ningún rasgo parecido a los suyos.
Regresó a la sala y rebuscó de nueva cuenta en el diario, incluso lo sacudió boca abajo con la esperanza de que alguna otra imagen apareciera de pronto, pero nada. Así que ignorando el grito interior que da la intuición, la mente le convenció de que aquel muchacho que aparecía en la fotografía junto a su madre, era sin lugar a dudas, su papá.
Ahora bien, ya tenía un retrato (no reciente) pero en algo debía ayudar; el problema residía entonces en el mentado nombre de su padre. Suspiró larga y profundamente mientras que por enésima vez hojeaba la libreta. Se lamentó mentalmente de no haberle hecho caso al viejo Mansumi cuando intentó enseñarle a escribir y a leer los kanjis japoneses.
- Toda escritura es un arte Hana- le había dicho aquella vez mientras extendía sobre su mesa de centro algunas piezas de papel de lino-pero la de nuestros ancestros es poesía- mojó una pluma fuente con tinta y comenzaba a escribir sobre el papel en lo que hablaba- cada trazo tiene un significado, pueden combinarse, formar otras palabras y dar un nuevo significado- le extendió el trozo de papel- Mira, ese es el kanji de tu nombre en japonés.
Ahora que lo veía en retrospectiva, comprendía que tal vez el anciano intentaba conectarlo con su herencia oriental, pero él era demasiado joven como para darle la importancia; ni siquiera recordaba donde había quedado aquel pedazo de papel. A lo mejor si él hubiese sido un buen chico y le hubiera prestado atención, ahora no estaría en tal predicamento. Recordaba el significado de algunos kanjis, pero no bastaban para poder hilar frases o comprender una lectura.
Tampoco era del todo su culpa. Su mamá tampoco estaba muy interesada en que aprendiese a escribir y leer en japonés; para ella con que lo hablara fluido bastaba. Por lo tanto, en casa siempre se le hablo en la lengua materna de su madre, en tanto que, en el colegio, con los vecinos y en la calle, el inglés fue predominante. Supuso entonces, que su mamá jamás previó que enfermaría y lo dejaría solo en la búsqueda de un hombre del que no sabía absolutamente nada.
Revisó una última vez el diario y en las últimas páginas pudo apreciar que su mamá había escrito con letra script y en el idioma que él entendía.
18 de marzo
Comienza a notarse la gran revolución que sufre mi cuerpo, me miro de perfil y puedo ver como mi vientre antes plano comienza a tomar la forma de una media luna. La doctora ha dicho que el próximo mes podré saber si a mi vida llegará un niño o una niña.
Últimamente he estado pensando mucho en el nombre que le pondré. El nombre de un bebé es importante, le brinda su personalidad y su manera de conducirse por la vida. Yo quiero que mi bebé sea ante todo libre de decidir lo que sea bueno para él o ella, pero que también tenga raíces fuertes que lo sostengan cuando los vientos de la vida soplen fuerte.
No había escrito más, en lugar de eso, había un montón de garabatos en toda la hoja.
Emocionado por haber podido leer algo escrito por su madre, no presto atención a los trazos de la hoja, de haberlo hecho, habría notado que en la esquina inferior derecha se encontraban encerrados dos kanjis que señalaban con una flecha a otro kanji que también se encontraba circulado, pero en color rojo.
Reviso algunas páginas más y comprobó con entusiasmo que había escrito más cosas en inglés. Tal vez, solo tal vez… por ahí se encontraba el nombre de su padre.
El reloj de pared timbró al dar las diez de la noche, Hana comprendió que era momento de ir a la cama, aquel iba a ser un día importante. Ya tendría tiempo en el avión o en el hotel de Tokio para revisar con detenimiento el diario, quizás hasta podría encontrar a alguien que le ayudará a traducir lo escrito en japonés.
Con el ánimo renovado se dirigió a su cuarto para poder dejar todo listo antes de salir.
Esa mañana, contrario a su costumbre, se levantó alrededor de las siete de la mañana, apenas si había podido dormir. Estuvo casi toda la noche y parte de la madrugada preparándose para partir. Hizo y rehízo su maleta infinidad de veces, no es que tuviera mucha ropa, pero desconocía si en Japón hacía frío o calor.
También se dedicó a cubrir con telas blancas los muebles, a darle un vistazo por última vez al cuarto de su mamá y a la pared decorada con fotografías que ella tenía en su habitación. Había pintado un enorme árbol en cuyas ramas descansaban los grandes recuerdos que había compartido con su hijo en vida. En el centro del árbol estaba la fotografía favorita de los dos: Una Anna adolescente sonreía sosteniendo a su bebé recién nacido, su frente junto con la del niño, sus ojos cerrados y la pequeña mano de Hana descansando sobre su mejilla.
- Así empezó nuestra familia- le había dicho una vez.
Una lágrima silenciosa resbalo por su rostro, ahora esa familia ya no existía. Ella ya no estaba y le hacía mucha falta. La realidad es que solo era un niño haciéndose el fuerte, que estaba a punto de lanzarse a la nada, en la búsqueda de un desconocido que no sabía cómo reaccionaría cuando lo conociera.
¿Qué tal si ya estaba casado? ¿Y si la familia de su padre lo repudiaba? ¿Tendría otros hermanos o hermanas? ¿Y si él no quisiera reconocerlo?
- ¡Ay mamá! - exclamó con angustia- ¿Por qué tenías que morirte? ¿Por qué me enviaste a buscar a un tipo del que ni tu sabías que era de él?
Sintió la angustia recorrerle el cuerpo, por un momento dudo en irse, podría buscar un empleo, resistir lo más que pudiera, evadir al sistema.
- ¡Maldición! - gritó mientras asestaba un golpe con su puño en la cómoda de su mamá para liberar la tensión acumulada en su mente y cuerpo.
Respiró jadeando, no podía echarse para atrás, se lo había prometido a ella y, además, ¿no era eso lo que siempre quiso?
Salió de la habitación, realmente se sentía enfermo, demasiadas emociones encontradas, dentro de poco él se iría de esa ciudad "realmente deslumbrante" como solían llamar a Los Ángeles, California. Suspiró, no había sido malo vivir ahí, le gustaba la ciudad, extrañaría ir a surfear y andar en patineta por las calles aledañas a la costa. Aunque desde que su mamá enfermó ya no había podido hacer ninguna de esas actividades.
De todas formas, sabía que nadie lo echaría de menos, nunca había hecho amigos, su carácter siempre defensivo y desconfiado no le permitía establecer lazos fuertes y profundos con otras personas, aunque en el fondo le hubiera gustado tener un grupo de amigos.
El sonido del timbre lo sacó momentáneamente de sus pensamientos, se levantó para abrir, antes de ir rumbo a Japón tenía que resolver lo que pasaría con el departamento y las pertenencias que tenían en él.
Un hombre alto, fornido y afroamericano le sonrío con tristeza en cuanto lo vio.
-Lamento mucho lo que pasó con tu mamá-comentó y le dio un fuerte abrazo.
Hana quedo paralizado, no le correspondió el abrazo porque no quisiera, sino porque el hombre lo apretaba con demasiada fuerza.
-Bien, chico, dime ¿en qué puedo ayudarte? -le dijo mientras lo soltaba.
Hana aspiro un poco de aire para recuperar el aliento después del efusivo abrazo antes de hablar.
-Te agradezco Chocolove tu apoyo -expresó-Quisiera que te quedaras a cuidar el departamento en lo que salgo de viaje.
- ¡¿A dónde irás niño?!- exclamó con sorpresa.
-Al morir-se le hizo un nudo en la garganta-mamá me pidió que buscara a mi…-dudó- a mi papá.
Chocolove abrió los ojos llenos de asombro, llevó una de sus manos a la frente.
- ¡Caramba! ¿Entonces está vivo? -apretó su sien, digiriendo la información recibida
- ¿Pensabas que estaba muerto?
- Pues sí- contestó y ante la mirada interrogativa del joven prosiguió- Cuando recién llegaron tuviste aquel accidente donde te rompiste el brazo, tu mamá aún no tenía ese prestigioso trabajo en el bufete de abogados y todo americano que se respete sabe que sin un buen seguro médico estas ahogado- notó una mirada de impaciencia en el adolescente- Ok, ok, al punto. Anna se las vio duras para poder pagar tu recuperación. Debía estar muy desesperada para que su orgullo le dejará pedirme dinero prestado con apenas conocerme. Ante todo, soy buen vecino…-escucho que Hana lanzaba un bufido de desesperación- Bueno, bueno, cuando me devolvió el dinero le pregunte por tu padre. Ella me respondió que no se le puede pedir ayuda a los que ya no están. Supuse entonces que se había muerto.
Hana suspiró y le regalo una sonrisa a Chocolove, realmente era un excelente vecino y le dio ternura como había aceptado la respuesta evasiva de su madre.
- Al parecer aún respira y vive en Japón- pronunció después de un breve silencio- Y voy a ir a buscarlo.
-No quiero sonar pesimista muchacho, pero ¿Cómo sabes que él va a aceptarte?, digo, ¿Cómo puedes saber que él no abandono a tu mamá cuando supo que estaba embarazada? - le lanzó una mirada de preocupación.
-Tendré que arriesgarme- dijo resuelto- Sabes que si me quedo aquí vendrán los trabajadores sociales y lo que menos quiero es recorrer todas las casas de acogida del país. Tengo que creer que todo saldrá bien.
Chocolove resopló con resignación, era igual de terco que Anna, pero tenía un buen punto, él no podía solicitar su custodia por tener antecedentes penales; todo el dinero que Anna había ahorrado se utilizó para pagar el tratamiento de su enfermedad por lo que lo dejo sin un centavo, también le era conocido que la esposa de su padrino lo detestaba por lo que tampoco se podía hacer cargo de él, y reconocía que por el carácter de Hana no duraría mucho en las casas de acogida. ¿Y qué sería entonces de él? No deseaba que terminará atrapado en una pandilla, como sucedió en su propia experiencia, ni que en la desesperación se dejará envolver por el mundo de las drogas.
-Está bien- dijo al cabo de unos minutos-Te cuidare el departamento, - le lanzó una mirada de preocupación- Si las cosas no suceden como quieres siempre podrás regresar aquí, está siempre será tu casa- y añadió con gravedad- tu madre no se partió media vida para dejarte un poco de patrimonio para que lo dejes perder.
Ahora fue el muchacho él que se lanzó a envolverlo en un abrazo, Chocolove le correspondió, en su interior deseaba de verdad que el padre del niño lo reconociera.
Hana no lo admitió, pero toda esa ansiedad que sentía en un principio eran producto del miedo, también él dudaba de que irse a ese viaje fuera buena idea, la aventura podía salir mal, sin embargo, las palabras y el abrazo de su vecino lo reconfortaron y le brindaron valor.
A veces en la vida, la verdadera prueba de fe es saltar con los ojos cerrados y de lleno al vacío.
El aeropuerto estaba atiborrado de gente, algo muy común si tomamos en cuenta que era inicio del verano y muchos salían de vacaciones o hacía sus lugares de origen.
- Hana- escuchó que su padrino le hablaba- Ya está documentado tu equipaje, ten- le extendió su pase de abordar- cuídalo bien, no vayas a perderlo- indicó- Ahora sígueme, vamos a que pases la revisión de seguridad.
El chico se notaba algo incómodo ante la presencia y los cuidados de su padrino, que para él eran innecesarios. Si bien no era un adulto, era un chico capaz de valerse por sí mismo, además ya había viajado en avión antes; no es como si fuera un niño pequeño que desconoce cómo se realizan ciertos procedimientos. Pero Oyamada había insistido en acompañarlo para apoyarlo en el proceso y para despedirlo.
Pasado el filtro de seguridad se dirigieron hacia migración donde el proceso fue bastante rápido y de ahí se dirigieron a la sala de abordaje. Entonces Hana se sentó a esperar pacientemente la llamada a su destino.
Manta lo contemplaba con los ojos de quien está viendo partir a lo desconocido a alguien muy querido. Sentía que no únicamente se despedía de su ahijado sino también de su mejor amiga. En su imaginario, Oyamada se recriminaba por no haber estado para ellos, Anna la única amiga que tuvo en todos esos años que llevaba de vida. Si tan solo tuviera un poco del voluntarioso carácter que poseía Anna, no habría necesidad de mandar a Hana al extranjero. Lo había pensado infinidad de veces, plantarle la cara a su mujer y decirle que el muchacho era como de la familia; que si no le gustaba la puerta estaba muy ancha. Sin embargo, le preocupaba el bienestar de Alumi; sabía que Marion podría arrebatarla de su lado y eso no lo soportaría. Su hija era lo único maravilloso y bueno que tenía en la vida.
- No debe preocuparse – soltó de pronto el muchacho. Hana miraba en dirección a la pista donde acababa de aterrizar un avión- Si las cosas no salen como mamá esperaba, cumpliré mi palabra- su voz se quebró por un instante- Volveré, estudiaré y me convertiré en un hombre de bien, tal y como ella hubiera querido.
- Lo sé Hana, ella te crío bien- le sonrió nostálgico- Pero me da un poco de sentimiento saber, que sí las cosas salen de buena manera, no volveré a verte- suspiró- tu eres el único recuerdo tangible que Anna me dejo.
El adolescente no supo que responder, así que le regaló una sonrisa sincera, no podía darle nada más. Manta iba a decir algo cuando una señorita anunció por el altavoz que el vuelo directo con destino a Tokio estaba a punto de salir y les solicitaba la presencia de los pasajeros en la sala de abordaje.
Hana sintió retumbar los latidos de su corazón, había llegado la hora, sus ojos brillaron ante la expectativa de la aventura. Le dirigió una última mirada a su padrino, quien le palmeo suavemente la espalda y asintió levemente con la cabeza. Aquellos gestos le brindaron al joven rubio una nueva oleada de valor, se levantó del asiento y camino en la dirección señalada. No volvió la vista hacia atrás ni una sola vez, no deseaba que aquella renovada fuerza de voluntad le abandonará el cuerpo al percatarse de todo lo que estaba poniendo en juego, lo mejor era caminar siempre hacia adelante. Cómo su madre bien decía "la vida es eso, encuentros y despedidas".
Manta Oyamada observó como el muchacho se mezclaba entre la multitud, cuando lo perdió de su rango de visión, del bolsillo de su pantalón sacó su teléfono móvil, escribió unas cuantas líneas y envió un mensaje. Musito un sentido "hasta pronto Hana" para después retirarse del aeropuerto.
Hana subió al avión con las manos temblorosas, en cuanto llegó a su asiento, abrochó sin que se lo pidieran el cinturón de seguridad antes de sustraer de su pequeña mochila de viaje los auriculares naranjas, se los colocó en sus oídos para después conectarlos a un mp3 que su madre tenía entre sus pertenencias y comprobó que ambos objetos milagrosamente aún funcionaban. Recargó su cabeza en el respaldo del asiento y cerró los ojos, en cuanto sintió como el avión comenzaba a alzar el vuelo.
N/A: ¡Hola! Espero que se encuentren muy bien. ¡Por fin iniciamos este viaje! Espero hayan disfrutado este capítulo. Aviso que estaremos leyendo algunos fragmentos del diario de Anna a lo largo de la historia, si bien Hana se encontrará así mismo también conocerá más a su madre a través de sus escritos.
Muchas gracias por el tan buen recibimiento de la historia, así como también les agradezco enormemente que se tomen el tiempo de leer y de en algunas ocasiones comentar. ¡Gracias Totales!
Les envío muchos abrazos y muy buenas vibras ¡Hasta el próximo jueves!
