Fanfic basado en los eventos de la película: Capitán América El Primer Vengador.
Los personajes no me pertenecen a mí si no Marvel y respectivamente Disney.
Solo algunos personajes son de mi autoría.
"Estoy buscando una respuesta. Porque algo no está bien.
Sigo las señales. Estoy cerca del fuego.
Me temo que pronto revelarás tu mente peligrosa
Está en tus ojos, lo que está en tu mente
Temo tu sonrisa y la promesa dentro
Está en tus ojos, lo que está en tu mente
Temo tu presencia, estoy congelado por dentro."
Dangerous mind – Within Temptation
Dicen que después de la tormenta llega la calma, pero hay ocasiones en que las cosas se ponen mucho peor. El mundo se encontraba en guerra y muchos soldados no sabían si verían la luz del sol un día mas, si volverían a ver a su familias, si cumplirían aquella promesa echa antes de partir a su destino de batalla. Pero pese a eso, trataban de ser valientes, mantener esa esperanza que les daba la motivación de ponerse de pie aunque pareciera que estaban derrotados y que alimentaba el pensamiento positivo de poder salir libres aunque las rejas dijeran lo contrario, de que está pesadilla acabaría y disfrutarían de nuevo estar con sus familias. Aunque para otros, esa esperanza solo era un mito.
El frío húmedo penetraba cada tejido de su cuerpo y la escasez de oxígeno hacia mas difícil algún esfuerzo físico que realizar, pero generalmente eso no presentaba algún problema ya que pasaba el mayor tiempo dormida en su sellada celda tratando de recuperarse de alguna intervención hecha en el laboratorio.
Con dificultad y manos heladas hacia una marca en la pared metálica con un tornillo que había encontrado en aquel cuarto modificado para su estancia. Con sus ojos dorados contemplaba la marca veinticuatro en la pared al mismo tiempo que observa el vapor salir de su boca. No sabía si era de día o de noche, para la castaña los minutos y las horas había quedado en el olvido, lo único que la ayudaba a mantener una cuenta de los días era que cada vez que la llevaban al laboratorio, observaba el reloj que tenían en ese lugar y marcaba la misma hora, su reloj interno le decía que ya habían pasado veinticuatro horas.
"Cada día" sin falta escuchaba el cerrojo de la puerta y veía cruzar por ella a los guardias de uniforme negro y extraño que portaban una especie de armadura, sabía que no eran uniformes de soldado normales ya que había vivido entre militares desde que era adolescente, pero por experiencia propia entendía que no eran fáciles de derribar, llevaban en su pecho una insignia con forma de calavera y tentáculos. Éstos sujetos eran los encargados de llevarla "delicadamente" al laboratorio donde el escaso personal se aseguraba de administrarle por intravenosa suero y algún que otro medicamento que ella no conocía, o tal vez si, si los nombres no estuviera en alemán, pero en su experiencia como médico podía intuir que tal vez le daban algo que la ayudará a mantener sus niveles de oxígeno en la sangre estables y probablemente algunas vitaminas que la mantenían aún con la fuerza suficiente para seguir viviendo, para su mala suerte.
Siempre que estaba ahí era sedada por miedo a que fuera hacer algo inusual durante sus tratamientos, pese a eso aún mantenía la conciencia, ya que constantemente escuchaba con lejanía las conversaciones del Doctor Zola con los miembros de su equipo, diciendo lo importante que era ella para su investigación. Algunas veces, en una imagen borrosa, veía a un sujeto de traje negro que observaba a lo lejos. Sólo una ocasión, para ser más precisos el día que ella llegó, pudo observar su rostro lleno de arrogancia y superioridad, pero al verla, sus ojos se iluminaron como si en ella hubiera encontrado un gran tesoro y repetidas veces le escuchaba decir al Doctor que hiciera todo lo posible para transferir el poder de los dioses a él y así por fin convertirse en un ser superior. Si ni ella misma sabia como habían surgido esos supuestos "poderes de los dioses", ¿cómo podría transferir sus habilidades a otra persona? ¡Era algo ridículo! Pero si fuera posible, ¿a caso se podría liberar de eso de una vez por todas?
Siempre supo que eso le traería problemas, y lo recordaba cada que la llevaban a esa parte de la fortaleza. Venía a su memoria la primera vez que sus poderes salieron a la luz quince años atrás cuando ella entraba en sus doce, había quemado al perro de su vecino cuándo ella intentó quitárselo de encima en el momento que este la mordió, tanto sus vecinos y su propio padre se habían asustado por lo que había ocurrido, algunos pensaron que había sido un truco de magia o algo parecido, los más extremistas creyeron que estaba poseída por algún demonio, pero la verdad es que eso ya era parte de ella.
Los cambios que venían al entrar en esa etapa de la vida no fueron de lo más normal para ella, en varias ocasiones incendio parte de su habitación, con el pasó del tiempo y la paciencia de su padre, pudo controlar esas nuevas habilidades, pero aún así trataba de no utilizarlas bajo ninguna circunstancias. Su vida la llevó lo más normal posible, pudo vivir con tranquilidad en la base militar junto a su padre y fue de las primeras mujeres en recibir el título de médico pese a la oposición que muchos le pusieron. Cuando estalló la guerra se enlistó y se ofreció como voluntaria para la asistencia médica, se contuvo de usar sus poderes hasta ese día.
La base militar británica que se encontraba cerca de Austria fue atacada por los alemanes de uniforme negro, quería proteger a sus pacientes y colegas médicos al igual que las enfermeras, así que tomo la decisión, tal vez la peor decisión que pudo hacer. El primer alemán que entró en aquella tienda médica, fue sorprendido por una bola de fuego que ella había formado en sus manos, así fueron cayendo varios soldados pero de un momento a otro fue acorralada por un pequeño escuadrón, no tenía las habilidades físicas para someterlos a todos así que solo espero a que dieran fin a su vida, pero al cerrar los ojos, sintió un dolor punzante sobre su cabeza y todo sólo fue obscuridad. Al despertar, estaba atada sobre una silla metálica en medio de un lugar frío y húmedo, ahí fue donde conoció al sujeto que la haría sufrir desde ese día en adelante, el Doctor Arnim Zola, y al líder de lo que llamaban HYDRA, Johann Schmidt.
No solo ella formaba parte de sus conejillos de indias, constantemente la celda de enfrente resguardaba a diferentes sujetos, todos portando uniformes militares, algunos igual que el de ella, otros distintos, aunque no podría verlos, los escuchaba constantemente gritar cuando era llevada al laboratorio, pero había una duda que surgía constante en su cabeza, si ya la tenían a ella, ¿para que necesitaban más? No era que se sintiera importante sólo que no encontraba sentido a eso. ¿Qué otra cosa buscaba HYDRA?
Nunca le prestaba atención a quienes llegaban a permanecer como vecinos, mucho menos surgía la oportunidad de interactuar con ellos ya que ninguno duraba mas de dos días, además tenía otras cosas en su cabeza, peleaba con su propia miseria que no tenía la fuerza mental para preocuparse por alguien más, hasta que un día las cosas cambiaron.
Después de una de las intervenciones por parte del Doctor Zola, los guardias de vestidura extraña, regresaron a rastras e inconsciente a la castaña chica a su frigorífica celda, la dejaron en el suelo con agresión y sin ningún remordimiento, cerraron la puerta con fuerza y se marcharon de ahí. Con curiosidad, un par de ojos azules, observaba la escena a través de la rendija de su gruesa e impenetrable puerta de acero, le había costado trabajo abrirla pero pudo hacerlo. Tenía poco que había sido transferido a esa parte de aquella fortaleza, fue capturado junto con gran parte de la unidad ciento siete por la fuerzas alemanas para trabajos forzados, fabricando armas y algunas otras cosas que no entendía y no sabía para que funcionaban, pero él repentinamente fue llevado a esa parte sin entender porqué, pero ahora sabía que no estaba solo.
Con un dolor terrible sobre todo su cuerpo, la castaña abrió los ojos, reconociendo de inmediato en donde estaba. Con gran pesar trato de levantarse pero le era imposible, arrastrando su cuerpo contra el helado suelo, llegó a la cama y apoyó sus brazos contra el colchón, con gritos ahogados subió hasta que se acomodó en el. Con una mirada horrorizada, observaba sus brazos llenos de hematomas y pequeños hoyuelos como evidencia de diferentes agujas donde le administraban por intravenosa infinidad de cosas o simplemente tomaban muestras de sangre. Durante el proceso trato de liberarse, pero eso provocó que los guardias fueran a golpearla, y se llevó descargas eléctricas más fuertes de las que normalmente era sometida. Sin pensarlo empezó a derramar lágrimas, tenía tantos sentimientos encontrados que ni ella misma estaba segura de por cuál de ellos lo hacía,lloraba en silencio tratando que nadie la escuchará, pese a su situación y en dónde estaba, trataba de mantener un temple fuerte, no quería que la vieran débil, que la habían doblegado, aún conservaba ese orgullo británico que le había hecho sobrevivir aquellos años en la facultad de medicina donde era la única mujer en medio de aquellos hombres que la desvaloraban solo por ser una chica, pero ese valor del que tanto se sentía orgullosa se lo robaban poco a poco y por dentro estaba completamente destruida.
El chico de ojos azules estaba recostado sobre el catre que había en su celda, pensando si había alguna manera de escapar, pero sus pensamientos repentinamente lo llevaban a recordar a la chica que hacía algunos momentos había visto, ¿Cómo es que había llegado ahí y para que la querían?
Estando todo en una extraña calma, creyó volverse loco al escuchar sollozos, se levantó y se quedó sentado afinando su oído, con más seguridad se acercó a la puerta y pego su oído a está, en su interior se alegró al saber que no estaba perdiendo su cordura. Abrió la rendija con mucho esfuerzo y observó con atención la puerta que estaba al otro lado del pasillo como si quisiera atravesar con su mirada el metal y tener un amplio marco de lo que ocurría detrás, le tomó varios minutos, pero se armó de valor y decidió hablar.
— ¿Hola? —dijo con nerviosismo, espero unos par de minutos para ver dos cosas, si respondía o si los guardias iban a reprenderlo, pero ninguna de las dos cosas ocurrió, así que volvió a tomar valor y con más fuerza en su voz habló—. ¿Hola? —volvió a posar su vista en la puerta con mucha atención.
— ¿Hola?
