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12 Años después
Los colores azules comenzaban a reinar y el sol brillaba con energía renovada, levantándose perezosamente en el horizonte. Un espectáculo que aun por su cotidianidad no dejaba de ser hermoso. Un joven pelinegro lo observaba abstraído, desde la torre alta donde se encontraba.
Fue testigo de cómo el castillo volvía a la vida. Desde las cocineras que comenzaban a caminar de un lado a otro cargando cestas de pan y leche, los guardias cambiando de turno y más allá de la muralla que rodeaba al castillo, estaban los mercaderes que montaban sus tiendas. La ciudad poco a poco volvía a llenarse de vida.
Llevo su vista más allá de las murallas, donde estaban las tierras libres, donde los arboles crecían salvajemente. La gran cordillera, que servía para dividir el reino de Ignis de otros, y a la vez como una muralla natural, solo parecía un montículo de pequeñas elevaciones. Un sentimiento de nostalgia lo invadía siempre que miraba ese lugar, por alguna razón había olvidado que lo hacía especial, pero sentía un vacío que no lograba identificar.
Él nunca había estado en esa zona, a pesar de haber explorado casi la totalidad del reino. Pero, la mayor parte de habitantes lo tenía prohibido por su propia seguridad.
Eran tierras salvajes, donde cualquier criatura podía estar y algunos decían que incluso había magos. Nadie las gobernaba, porque toda la familia real había sido asesinada, al igual que la mayor parte de guerreros y ciudadanos. Se decía que quien pisara esa tierra, quedaría maldito, su ruina sería inminente así como había pasado con el reino que alguna vez floreció en ese lugar. Él no creía en muchas de las leyendas que se contaban sobre ese reino, lo cierto es que era un reino caído y por lo tanto, no había nada que hacer cerca de esa zona.
Soltó un suspiró y giró sobre sus talones, dándole la espalda a la ventana y olvidando, una vez más, el sentimiento que se alojaba en su pecho.
La habitación en la que estaba seguía sumida en la absoluta oscuridad, y la tranquilidad solo era interrumpida por la acompasada respiración de su acompañante.
Sus ojos oscuros la buscaron en medio del revoltijo de sabanas y almohadones, y solo logró descubrir el cabello rojo esparcido por todos lados.
Él chico, Sasuke Uchiha, abrió las cortinas de par en par y sonrió sabiendo que en unos minuto el cuarto se inundaría de luz y a su acompañante le disgustaba despertarse muy temprano.
Salió de la habitación, mezclándose entre las sombras, esquivando los puntos donde sabía que estaban los guardias y llegó hasta la parte trasera del castillo donde se encontraban las cocinas encontrándose con una joven, hija de la panadera.
—Buenos días, señorita —saludó cordialmente, regalándole un leve inclinación.
La chica lo miró perpleja, sonrojándose.
—Se-señor Uchiha —saludó con una reverencia más exagerada—. ¿Puedo ayudarlo en algo?
—En no decirme señor.
Le sonrió con galantería y alargó una de sus manos tomando un bollo de pan de la cesta que ella preparaba. La chica enmudeció y comprobó de primera mano muchas de las cosas que murmuraban del joven Uchiha. Como que sus ojos eran tan oscuros que parecían dos gemas atrayentes, que poseía una sonrisa que robaba el aliento y su voz profunda paralizaba el cuerpo. Sasuke Uchiha era un tema habitual del cotilleo femenino, muchas presumían de haber recibido sus cumplidos pero, no se le había visto cortejar a ninguna chica en publicó.
El grito de una mujer regordeta rompió el hechizo en la joven, Sasuke se separó, enderezándose todo lo alto que era y observó entrar a la panadera a la cocina.
—Joven Uchiha, el príncipe Naruto lo espera en la siguiente habitación.
Sasuke agradeció la información y se despidió de ambas mujeres, regalándole un guiño disimulado a la chica que parecía a punto de desmayarse.
—¿Y qué haces ahí parada, Kaede? Apresúrate niña, sírveles el desayuno.
Sasuke entró a la siguiente instancia donde las mesas estaban llenas de harinas y masas para preparar panes, excepto por una donde Naruto se encontraba sentado con una jarra de jugo y escogiendo los bocadillos que pensaba engullirse esa mañana. Naruto tenía la costumbre de pasar bastante tiempo en las cocinas, generalmente dedicándose a convencer a las cocineras de preparar sus platillos favoritos y todas ellas siempre tenían una mesa preparada para cuando él entrará.
—Buenos días, príncipe —dijo Sasuke al sentarse junto a su amigo, sin disimular un ligero toque burlón en su voz.
Naruto frunció el entrecejo al verlo.
—No me llames así —masculló entre dientes—. Llegas temprano.
—Tengo entendido que esa ha sido la orden de tu padre.
Kaede se acercó en silencio hasta ellos, con sus mejillas aun rojas y sus manos temblando, sirvió una jarra de jugo a Sasuke y un plato de desayuno similar al del príncipe.
Naruto rodó sus ojos azules, percatándose de las torpezas de la chica y las miradas furtivas que le lanzaba a su amigo.
—¿No te basta con meterte en la habitación de mi prima? —farfulló molesto, bajando su voz para que solo el chico lo escuchara—. Sé que pasaste la noche en el castillo. No intentes negarlo —agregó al ver a Sasuke intentar replicar. El moreno soltó un suspiró, concentrándose en su desayuno, intentando ignorar los reclamos del rubio.
—Ella no es una chica que puedas encontrar en cualquier taberna.
—No se comporta como una.
—¡Ni siquiera te molestas en negarlo! —exclamó horrorizado. Sasuke dio un mordisco de mala gana a su pan, escuchando cansado las quejas de su amigo —. ¿Tienes idea de lo que pasará si alguien se entera?
—Si es lo que te preocupa, no es conmigo con quien tienes que hablar, sino con ella —dijo Sasuke—. Es ella quien no hace un esfuerzo en disimular.
—Porque piensa que tú la desposaras.
Sasuke abrió sus ojos de par en par, atragantándose con su jugo. Naruto cruzó los brazos sobre su pecho, su semblante aún más molesto.
—¿Lo harás?
—Por supuesto que no. Sabes que no es mi deseo desposar a nadie.
—¿Aunque gobernarías alguna provincia?
—La política es lo tuyo. Yo soy un guerrero.
—Es tu deber como caballero —alegó. Sasuke se giró hacia su viejo amigo, un poco más serio que antes.
—Lo aceptaría si fuera mi deber, pero ambos sabemos que no soy el primero con quien comparte cama.
Naruto suspiró derrotado, mirando su plato de comida a medio acabar con desgana.
—A este paso, sus aventuras se extenderán por todo el continente.
—No nos conviene que eso suceda. Tendremos que soportarla aquí toda nuestra vida.
Naruto miró a Sasuke de reojo, para saber si eso había sido una clase de muy mala broma. Sin embargo, el moreno estaba completamente serio.
—Eres un maldito desgraciado.
—¡Al fin los encuentro! —Sasuke y Naruto se giraron sorprendidos.
A grandes zancadas, cruzaba un caballero la cocina. Su cabello azabache era corto, despuntando hacia todos lados y en su rostro esbozaba una gran sonrisa casi perenne. Vestía pantalones de práctica de combate, y una sencilla y holgada camiseta marrón. Su nombre era Obito del clan Uchiha.
—Príncipe —saludó con una pequeña reverencia al rubio —. Pequeño primo. El rey Minato los espera a ambos en su despacho. Espero que no sea ninguna nueva travesura.
—Por supuesto que no. —Saltó Naruto de su asiento. Sonriendo de igual manera que el mayor Uchiha—. Gracias, Obito.
Salió deprisa de las cocinas, con Sasuke pisándole los talones. A esa hora, el castillo estaba atestado de personas. Todos sumidos en sus propias tareas.
Se presentaron ante el secretario general. Un hombre de corto cabello castaño y pocas expresiones faciales, quien siempre inspiraba a Naruto cierto temor. Su familia no era de la ciudad principal de Ignis, sino de una de las provincias que colindaban al sur. No obstante, se había mudado al castillo a muy corta edad, desde que había sido designado al futuro cargo de secretario y había recibido una educación conjunta con muchos otros guerreros.
Dejó esperando a los jóvenes caballeros, mientras anunciaba la llegada al rey.
—¿Crees que se una misión? —preguntó emocionado el rubio.
Sasuke se encogió de hombros.
—Tal vez se deba a las justas que se llevaran a cabo dentro de unas semanas.
El secretario general salió, indicándoles entrar.
—Gracias, Yamato —dijo el príncipe al pasar, Sasuke hizo un corto movimiento de cabeza.
El despachó del rey era una estancia circular. Llena de estantes que estaban hasta rebosar de papiros viejos, amontonados contra las paredes. El rey se encontraba al fondo de la gran mesa, que sostenía otra pila de documentos y que en ocasiones fungía como consejo de guerra. El reinado de Minato, no se caracterizaba por conflictos bélicos. Había conducido la nación bajo tratados y negociaciones, pero cuando el momento de la lucha llegaba, era devastador. No tenían conflictos muy frecuentes con otros reinos, excepto por Votris, sus enemigos jurados.
Minato sonrió al verlos. Era muy parecido a Naruto, con sus ojos azules y cabello rubio. Sin embargo, su rostro reflejaba una bondad infinita y gran paciencia. Una sonrisa relajada se dibuja en sus labios con bastante frecuencia y debido a su dulce personalidad, era muy amado por los habitantes de Ignis.
—Padre —saludó Naruto.
Sasuke saludó al rey como el protocolo lo exigía y permaneció firme junto a su amigo.
—Hay algunas cosas que os quiero anunciar —dijo el rey—. En primer lugar a ti, Sasuke. —El pelinegro se tensó, pero la sonrisa de Minato seguía siendo gentil hacia él—. Hemos recibido una carta de tu hermano. Su entrenamiento ha acabado y retomara de inmediato su lugar en Ignis. Asumo que en un máximo de dos días, deberá estar aquí. Sin embargo, temó que tendré que posponer su encuentro con una tarea para ti, aunque entenderé si prefieres quedarte.
Sasuke inclinó su cabeza, presó de diferentes emociones por la noticia. Se alegraba del regreso de su hermano, pero su padre no le había mencionado nada al respecto y no estaba seguro de que actitud debería tomar. Su hermano mayor era alguien a quien no miraba hace más de diez años, podría ser un completo desconocido y temía por eso.
No, aun no estaba preparado para verlo.
—Antes que nada estoy al servicio de la nación. He esperado muchos años, podre hacerlo un poco más.
—Tu respuesta me complace. Ahora bien —agregó mirando a su hijo—. Os he llamado a los dos, para que acompañen a Kakashi a una sencilla misión y obtenga un poco de experiencia supervisada en estos asuntos. —Le extendió un pergamino sellado a Naruto—. Se lo darán a él y ustedes se regirán por sus órdenes. Un poblado del norte ha denunciado una serie de saqueos, y han pedido nuestra intervención. No deseo que se involucren con nadie, solo investiguen si es que se trata de bandidos o algo más. Cerca, más al norte, está el reino caído y según los informantes, la guarida de un grupo de troll. No busquen ningún enfrentamiento —advirtió rotundamente.
Los chicos asintieron y con un ademán el rey los despacho.
Naruto y Sasuke avanzaron sin palabra alguna, hasta que finalmente el rubio sonrió.
—Cacería de troll—murmuró—apuesto que matare más que tú.
—En tus sueños —dijo Sasuke, sonriendo a la vez.
—1—
Cerró sus ojos verdes, mientras sentía como el cálido viento –que se filtraba entre los túneles- removía sus largos cabellos rosados.
La imagen de un castillo ancestral llegó hasta su mente. Hecho de piedra gris y erguido sobre lo alto de una colina verde. De él, bajaban torrentes de agua que se unían en un lago extenso y profundo, que la imposibilitaba a acercarse al castillo y del otro lado podía observar los atisbos de la ciudad que custodiaba. Intento indagar un poco más en la visión, y sin querer apretó sus puños y presionó sus labios hasta que se colorearon de blanco.
Sentía su lengua cosquillar con el nombre de ese lugar, pero no le era revelada esa información aun.
—Sakura, ¿te encuentras bien?
La chica de cabellos rosas abrió sus ojos de par en par, sobresaltada, y la imagen del castillo se borró.
Giró su rostro a un lado, encontrándose con un caballero alto, de porte regio y cabello oscuro largo. Se sentía ofuscada, porque sabía que estaba cerca de descubrir lo que deseaba, y no fue capaz de disimularlo frente a ese chico que la conocía tan bien.
—Lo siento —dijo—. No debí interrumpir.
—Está todo bien, Itachi —cortó amablemente ella. Soltó un suspiro y luego le sonrió, tomando una de sus manos entre las suyas—. Solo ha sido una visión. Volverá después. En este momento es mejor que me mantenga en el presente.
Su sonrisa vaciló y bajó su mirada con pesar.
Itachi la tomó del mentón, con su mano libre, y delicadamente la obligó a verlo.
Él era mucho más alto que ella, que apenas lograba llegarle al pecho, y sus ojos negros eran cálidos, la hacían sentir segura. Le sonrió con ternura y suavemente le acarició el rostro.
—¿Acaso esta es la despedida definitiva? —preguntó Itachi. Sakura negó y en sus ojos se acumularon las lágrimas que llevaba reteniendo por semanas.
—No… sé que qué volveré a ver, puedo sentirlo. Pero eso no lo hace menos doloroso, ya que no sé cuándo será y la incertidumbre me mata.
—Siéntete como el resto de los mortales que no poseemos tu don —respondió Itachi, con una ligera sonrisa.
Sakura no pudo evitar reír también y la melancolía entre ellos se disipó un poco.
Repentinamente, se lanzó hacía el caballero, sintiendo contra su rostro el frio metal de la armadura.
—No sé cómo pueden soportarlo —dramatizó—. Es una tortura. — Se separó de él, para apreciarlo mejor y sus ojos se oscurecieron bajó la sombra de la tristeza—. Te veo vestido así, y ya te siento lejos. Como si fueras otra persona.
El chico había dejado atrás las largas túnicas que acostumbraban a usar en las ciudades subterráneas, cambiándolas por una negra y reluciente armadura con una cota de malla del mismo color. En el gorjal, cerca del corazón estaba gravada la figura de una llama y sujeta a sus hombros, una capa negra ondeaba con el escaso viento.
—No me puedes pedir que sea el mismo siempre, ya que eso es imposible. Pero te puedo prometer que siempre te querré de la misma manera, o incluso más.
—¡Oh, Itachi! ¿Qué haré sin mi noble caballero a mi lado?
—Seguramente buscar otro. Candidatos sobrarán.
—Pero nadie es como tú. —Le dio un juguetón golpe y giró sobre sus talones, dejando a su espalda el camino serpenteante que descendía hasta las calientes fosas donde se encontraban las fraguas escondidas.
Caminó hasta el túnel más cercano, seguida por Itachi, e eliminando el caminó se encontraban distribuidas las antorchas perennes, que iluminaban e irradiaban todos con una luz cálida y dorada, como el sol del atardecer.
—¿Ni siquiera Gaara? —pregunto Itachi con jocosidad.
Sakura se detuvo, mirando al moreno sobre su hombro.
—Él es incluso mejor. —Al ver la fingida mueca de dolor, soltó una risa cantarina que rápidamente se desvaneció—. Pero tampoco es un consuelo, solo lo tendré un poco más que a ti.
Itachi atrapó la muñeca de la chica, jalándola hacía él y atrapando su cintura con su brazo libre. Y antes de que Sakura lograra recomponerse de la sorpresa inicial, sintió los labios de él chocar contra los suyos. Su cara enrojeció hasta la raíz de su cabello y abrió sus ojos de par en par, al tiempo que el aire se escapada de sus pulmones. No obstante, el asombro duró poco y pronto estuvo acariciando con sus labios los de él chico, acobijados por la privacidad del túnel.
—No pienses en esto, hasta que nos reencontremos —dijo Itachi al separarse, dejándola sin palabras.
Está vez, tomó él la delantera en el camino y Sakura lo siguió perpleja. La corta caminata sirvió para recobrar la compostura y cuando lo alcanzó, a la salida del túnel, él sonrojo había desaparecido de su pálido rostro.
Aún quedaba un tramo de camino. Debían bajar la pequeña pendiente de la colina, y justo en el valle se alzaban las caballerizas, donde una pequeña comitiva los esperaba.
—Sakura —llamó Itachi sin dejar de avanzar. Estaba completamente serio, lo que sorprendió a Sakura acostumbrada a su sonrisa fácil—. Tu visión…
—¿Quieres saber que fue?
Él negó.
—Si me incumbiera, ya me lo habrías dicho. Es solo que… parece doloroso.
—Todas lo son —respondió ella, encogiéndose de hombros —. Pero esta, en especial, me hace sentir triste.
—Una razón más para que no me gusten —murmuró con una mueca elocuente. Sakura río.
—Es un precio justo por el conocimiento.
—A veces me da miedo pensar en lo que eres capaz de hacer, por ese conocimiento.
Sakura levantó ambas cejas, pero no dijo nada, dejando a la imaginación esa respuesta que ni ella misma se atrevía a responder.
Llegaron hasta los establos, cuatro caballos ya se encontraban listos sin ningún distintivo en ellos. Un semental negro y tres pardos, solo armados con las monturas y aljabas a cada lado, con pocas provisiones.
—¿Dónde estabas? —dijo la mayor de todos en cuanto llegaron.
Era la reina Tsunade, su aspecto en esos años solo había cambiado para volverse más severo. Seguía conservando la mayor parte de sus rasgos juveniles, pero el cabello rubio recogido en un rígido moño alto, le otorgaba los años que el resto de su cuerpo escondía. Vestía una larga túnica verde, con un escote demasiado escandaloso para alguien de su posición, que hacia resaltar su prominente busto. No vestía coronas, ni joyas. El rombo sobre su frente era el símbolo distintivo de su poder y por consiguiente de su posición como la reina y hechicera más fuerte.
Sakura abrió la boca para habla, sin embargo la reina la cayó con un movimiento de su mano.
—No me interesa, están retrasados. —Con sus manos en jarra, paso su vista por los presentes.
Junto a ella estaba Shizune, su mano derecha. A diferencia de Tsunade, los años transcurridos eran claros en ella. Ya no era más la chiquilla que había ido al auxilio de los difuntos reyes del reino de las flores. Los rastros de niña que conservaba en ese entonces, habían desaparecido por completo. Su cabello negro y corto, caía despreocupado sobre sus hombros y su rostro mostraba una actitud tranquila que contrastaba con la reina. Llevaba un sencillo vestido gris y una capa amarrada al cuello, al igual que Sakura.
Luego estaba Gaara. El chico no había cambiado mucho en esos años. Era muy alto, eso sí, casi tanto como Itachi a pesar de la diferencia de edades. Sus ojos aguamarina eran hipnóticos y a la vez un misterio, y su piel mucho más pálida que antes, debido a los años oculto del sol, resaltaba contra su cabello rojo.
—Recuerden —dijo la reina—, que en la superficie deberán limitar el uso de sus poderes. Nadie puede saber lo que son realmente, por el bien del reino y de vuestra misión.
Todos asintieron.
—Estaré informando de cualquier novedad en cuanto llegue a Caeli —informó Gaara.
—Shizune los guiará a través del paso de Kono. En la primera bifurcación, Itachi deberá separarse. Saldrás del túnel y podrás ver la ciudad de Ignis al sur. Si no tienes distracciones, esta misma noche llegarás. Los demás, deberán seguir el camino principal. Al salir se encontraran con Pakura, ella les entregara un cofre y escoltara a Gaara hasta la ciudad de Suna. Ustedes dos —agregó, dándoles una breve mirada a las chicas—. Sigan de inmediato hasta las ciudades blancas del norte, eviten la espesura del bosque, donde se encuentran Kappas y otras criaturas peores.
Los cuatro asintieron, conociendo de memoria los detalles de sus diferentes misiones y después de una reverencia, montaron cada uno a sus caballos. Los espolearon, y uno tras otro salieron detrás de la morena.
Rodearon la ciudad subterránea de Shambala. No había una muralla visible que delimitará el lugar, pero estaba recubierta de un poder mágico que impedía la entrada de algunas criaturas y desintegraba cualquier formación rocosa que cayera sobre ellos. Era como un domo que acogía a los ciudadanos mágicos.
Al salir, el frio de las tabernas los sorprendió, acostumbrados a la calidez que el fuego mágico emitía, y apresuraron el paso por la pequeña explanada desértica. Luego entraron por un camino oculto entre el mar de estalagmitas y estalactitas, sin perder el ritmo. Un paso en paso en falso los precipitaría a esas formaciones geológicas donde aguardaban miles de criaturas observándolos. A pesar de la velocidad, podían escuchar el murmulló de centenares de lenguas distintas.
Los túneles mágicos eran la mejor forma de llegar a cualquier parte del continente de forma rápida, solo podían ser utilizados por magos ya que se necesitaba de un hechizo especial para abrir los portales, pero tomar un camino en falso –o incluso dudar del rumbo- podía hacer que una persona se perdiera por años.
No pararon hasta un par de horas después. El camino se abría en una cueva circular con tres opciones más para seguir. Uno de los túneles estaba colapsado por rocas, y cerca de esta entrada, escurrilla un hilo de agua fría que alimentaba un pequeño estanque. Dejaron a los caballos descansar y refrescarse, mientras ellos hacían lo mismo, e inconscientemente alargaban el momento de despedirse.
Con un suspiro, Itachi se levantó, anunció su retiro y se inclinó en una formal reverencia ante sus amigos y compañeros. Montó sobre su caballo y antes de marcharse, sus ojos oscuros se cruzaron con los de Sakura y la muda promesa del volverse a ver algún día, ya sea en la superficie, ya sea como magos.
Pocos minutos después los tres hechiceros lo imitaron. Era una largo jornada hasta el templo tripartita, interno en el reino de Caeli y en cuyo lugar cruzaban caminos para tres reinos más. El ultimo tramó constaba de una empina cuesta, cada vez más difícil de subir para los equinos. Sin embargo, el corazón de Sakura comenzó a latir con más velocidad, ansiosa. No había estado antes en la superficie, exceptuando los niveles más bajos del castillo de Yami, no sabía cómo era la superficie y había leído tanto sobre ello que deseaba comprobar que tan cierto eran las grandezas de las montañas y las extensiones interminables de mar. Se inclinó sobre su caballo, ganado más velocidad.
Al frente, Shizune alzó su varita mágica. Un haz de luz azul chocó contra la piedra y lentamente una grieta se fue abriendo paso. La luz comenzó a entrar en la oscura caverna y los tres caballos salieron disparados hacia el exterior.
Sakura cerró sus ojos con fuerza, heridos por la primera caricia del sol. Sus pulmones se llenaron de un aire completamente diferente al de Shambala y hasta sus oídos llegaron el sonido de diferentes cantos de aves.
Sonrió.
Por fin estaba en el exterior.
-Continuara-
Espero que disfrutaran este capítulo. nuestros queridos protagonistas han crecido y muchas cosas han cambiado en el mundo de la superficie desde la declaración de guerra contra los magos. Algunos cambios se han extendido tanto que han alcanzado los habitantes de Ignis inderectamente. Pero poco a poco los iremos descubriendo, aun queda mucho por describir de este universo y espero realmente que les guste.
Gracias a todos los que han estado apoyando con palabras, favoritos o alertas. Aunque saber que es lo que opinan es mi opción favorita.
Cuídense mucho. Nos estamos leyendo.
¿Review?
