Pero encontré en ti, lo que se perdió en mí

En un mundo tan frío y vacío

Podría estar despierto, sólo para verte respirar

En la oscuridad de la noche, te volviste oscuro en mí.

Tú eres la causa del antídoto

Dark on me – Starset


Que clase de pecados había cometido para estarlos pagando de esa manera. Tal vez la opinión de las personas que la rodearon en la vida era correcta, quizá era un demonio, un error que jamás debió existir, ella no había decidido nacer con esa habilidad que tantos problemas le había acarreado. Aunque no creía en la existencia de una vida pasada, últimamente esa idea se anclaba con fuerza en su cabeza, se cuestionaba sobre si su antiguo yo había cometido semejantes atrocidades que ahora a ella le cobraba factura.

El intenso dolor le recordaba a cada momento su infortunada situación, era prisionera en un extraño lugar liderado por un maniático que juraba ser un ser superior y que a toda costa quería obtener "el poder de los dioses" que ella poseía, pero estaba completamente convencida que su único objetivo era torturarla hasta la muerte.

Jamás se arrepintió de haberse enlistado en el Ejército Británico y apoyar como médico, pero a estas alturas deseaba haber perecido en el frente de batalla como un soldado normal al menos su muerte habría sido digna, o seguir los mismos pasos de su amiga Peggy y ser parte de la Reserva Científica Estratégica, esa era todavía una buena opción. Ambas querían sobresalir en un ambiente donde generalmente la sociedad no querían que tuvieran éxito, ambas eran rebeldes para su época, por eso se habían llevado tan bien desde el momento en que se conocieron en la base de Londres. "¿En donde estará ahora?" se preguntaba con frecuencia. Sus pensamientos de vez en cuando la llevaban con ella, sabía que la habían asignado a New Jersey para un proyecto secreto, pero su información era limitada por obvias razones por lo tanto hacía mucho que no sabía de su amiga. Probablemente Peggy ya la consideraría muerta y no era por demás, había pasado casi un mes de que su campamento había sido atacado y ella capturada, era más que obvio que nadie la buscaría, el "MIA" aparecería en su expediente dando fin a su vida militar.

¿Hola?

Con incredulidad giró su rostro hacia la puerta, se limpio las lágrimas y se sentó en su cama deliberando si su imaginación le jugaba una mala pasada.

¿Hola? —se escuchó con más fuerza unos minutos después.

Se corazón de aceleró y un vórtice de emociones la inundaron, se talló los ojos con el dorso de su mano esperando despertar del sueño en el que se encontraba.

¿Estás bien? —el tono de la voz era grave, pero podía escuchar la preocupación y amabilidad en el.

Con mucho esfuerzo se acercó a la puerta de su celda y recargo su frente en ella tratando de juntar el valor para hablar.

¿Hola? —nuevamente escuchó.

— ¡Los guardias te van a escuchar! —finalmente respondió con algo de temor previniendo que en cualquier momento estos llegarían a callarlo de una manera no muy amable.

No hay nadie cerca, si no ya hubieran llegado —puntualizó.

En eso tenía razón, llevaba un buen rato haciendo ruido y era hora de que no habían llegado.

¿Estás bien? —volvió a preguntar.

— S-sí —un nudo se le había formado en la garganta.

Aquel joven tenía su vista posada en aquella puerta, no sintió sincera aquella afirmación, pero también entendía que confiar en él en la primera interacción era imposible.

¿De dónde vienes? —se atrevió a preguntar.

La chica titubeó un poco, no sabía si confiar en él o no, aunque siendo realistas era muy poco probable que fuera alguna trampa por parte de sus captores, ellos tenían toda la información que necesitaban de ella, no podía perder nada más.

— Londres —respondió con más seguridad.

¿En serio? —preguntó entusiasmado—. Solo estuve ahí cuando desembarque, y lo poco que vi es un lindo lugar.

La curiosidad empezó a tomar lugar en la mente de la prisionera, por su acento era más que obvio que no era compatriota.

— ¿De dónde vienes tú? —fue ella quién se atrevió a preguntar.

New York —dijo con orgullo—. Para ser más exactos…Brooklyn.

— Vaya, eres aliado —añadió más animada, había algo en aquella voz que le producía cierta tranquilidad en medio de tanto caos—. Me llevas ventaja, yo no conozco New York —sonrió para sí ante la absurda conversación que ambos mantenían.

Se quedaron en silencio un momento, tal vez los dos habían caído en la cuenta que tratar de hacer amigos mientas son prisioneros era una estupidez, pero tal vez era la única manera de conservar su humanidad y la cordura.

¿Puedes abrir tu rejilla? —habló nuevamente el soldado.

"¿Qué?" pensó la chica.

Es un poco dura, pero sí se puede abrir.

Lo pensó unos segundos, sentía curiosidad de saber quien estaba del otro lado del pasillo, pero lo que más le llamaba la atención es que los guardias de HYDRA no hacían nada por callarlos. Con mucho esfuerzo abrió la rejilla deslizándola con sus dedos aplicando fuerza y se paró sobre las puntas de sus pies para alcanzar a ver por aquél espacio. Al cruzar el pasillo con la mirada se topó con dos zafiros que la observaban con atención. Aquella voz cálida pertenecía a una mirada que le hacía justicia a lo que transmitía su voz, aunque sus ojos mostraban un obvió cansancio al igual que los de ella.

— ¡Ahí estás! —pudo notar como había sonreído ya que sus ojos se habían entrecerrado por aquella acción—. Tienes unos ojos preciosos —soltó sin más al ver el color dorado de sus ojos a través de mechones castaños que tímidamente colgaban a los costados de su rostro, no pudo contener una mirada coqueta, aún pese a la situación no podía dejar su lado galante que tanto lo caracterizaba.

La chica sintió ruborizarse, hacia mucho tiempo que alguien le había provocado una reacción igual que esa, no sabía cómo reaccionar ¿Gracias sería suficiente? O ¿A caso un "igualmente" sería apropiado? . Enmudeció por un momento, hasta que pudo articular un "¡Gracias!" como respuesta.

— Solo digo lo que veo, no tienes que agradecer —respondió con galanura—. Soy James Barnes, pero puedes decirme Bucky —alzó una ceja para reafirmar lo que había dicho.

— Brooke Ackerman —contestó con más confianza.

— Un nombre fuerte… me gusta. ¿Pertenecías a algún escuadrón?

— No, estaba en la base británica como médico.

— ¿En serio? —expresó con su mirada llena de admiración—. Jamás había conocido a una chica que fuera médico, muchas enfermeras si, pero ninguna que fuera médico. Ahora despertaste más mi curiosidad.

La conversación se alargó un par de horas más, hablando principalmente de su lugar de origen, lugares de interés, un poco de su familia y sus amistades, el ambiente de estar tenso paso a uno más agradable, se concentraron en ellos mismos mas que en el ambiente aterrador que los envolvía, por un momento eso quedó en el olvido.Con mirada curiosa un hombre de bata azul observaban con atención la escena, en sus anteojos se veía el reflejo de lo que se transmitía en las pantallas, a los dos jóvenes conversando animadamente.


— Los prisioneros están interactuando señor, ¿Quiere que los detengamos? —comentó un guardia con frialdad.

— No —respondió pensativo, se cruzó de brazos y paso su mano por la barbilla esbozando una sonrisa maliciosa—. Tal vez podemos sacar provecho de esto.

El guardia puso su mano derecha en su pecho a la altura del corazón como saludo y se retiró del lugar. Zola seguía observando con atención los monitores mientras su mente trabajaba, pensando de que manera podía utilizar las herramientas que tenía a su favor, su trabajo se complicaba al no poder cumplir con las exigencias que demandaba su líder Johann Schmidt, así que si no podía sacar los poderes de la chica los podría utilizar de diferente manera.

— Esto podría ser interesante —sonrió con malicia.