¿Cómo puedes ver en mis ojos

como si fueran puertas abiertas?

Sin un alma mi espíritu está durmiendo en algún lugar frío,

hasta que tú lo encuentras y lo conduces de vuelta a casa.

Di mi nombre y sálvame de la oscuridad,

despiértame,

pide a mi sangre que circule.

No puedo despertar,

antes de desatarme.

Sálvame de la nada en la que me he convertido.

(Bring me to life – Evanescence)


Con pesadez Brooke abrió los ojos, su cuerpo dolía un poco menos que el día anterior. Con mucho esfuerzo se puso de pie, pasivamente tallo su rostro y dirigió su mirada hacia la puerta recordado el agradable momento que había pasado el día anterior. Observó el suelo y vio que habían dejado la porción de comida que de vez en cuando le proporcionaban, la tomó y vio con desagrado lo que estaba ahí, se sentó en la cama y con resignación lo empezó a comer.

¿Qué te dieron a ti? —se escuchó resonar en el pasillo.

— Creo que es carne enlatada —contestó con desagradó—. ¿Y a ti?

Langosta Termidor con una buena copa de vino —sonrió y alcanzo a escuchar una risilla del otro lado del pasillo—. Eso me hubiera gustado, pero también tengo carne enlatada —dijo rendido.

Ambos continuaron comiendo en silencio, aunque estaban distanciados ambos se sentían acompañados.

Brooke estaba agotada por lo que había pasado el día anterior, así que nuevamente se recostó y sin darse cuenta se quedó dormida. Su compañero no se quedó atrás, tenía la oportunidad de poder descansar después de pasar semanas trabajando sin parar, aunque parte del tiempo se la pasaba recostado en su cama sus pensamientos iban a encontrar maneras de salir de ese infierno junto con su compañera, pero ¿cómo?

Los soldados de HYDRA eran difíciles de someter sobretodo con esa armadura y las armas que manejaban, jamás había visto algo igual, un solo disparó y podían desintegrar a un oponente. Como si de película mental de tratará recordó como el escuadrón 107 cayó rápidamente ante la ferocidad de esos soldados. La gran mayoría perdió la vida o quedaron gravemente heridos, el resto que sobrevivió fue capturado y llevado a ese lugar mientas que la reserva esperaba en la base. Se sacudió con agresividad la cabeza tratando de alejar de su mente esa experiencia pero le era imposible, inmediatamente el sentimiento de culpa lo inundo.

"¿Y si hubiera hecho más? ¿A cuantos de mis compañeros pude haber salvado?".

Hasta el pequeñín de Steve Rogers pudo haber hecho algo más, aunque era pequeño y débil guardaba mucho valor tenía que reconocerlo, pero era eso mismo lo que lo metía en mucho problemas. Varias veces lo había salvado de palizas que otros chicos más grandes le daban, pero él jamás se acobardo, mantenía la frente en alto en todo momento. ¿Sería que le había faltado el valor de Steve? El sintió que había peleado con todas sus fuerzas, pero no había sido suficiente. Ahora tenía a alguien más por la cual luchar, no solo su vida estaba en juego, si no también la de Brooke.

Los golpes en su puerta los sacaron de sus cavilaciones y de inmediato se sentó prestando atención a quien fuera a entrar, para su sorpresa apareció por la rejilla inferior otra porción de comida.

— ¿Y ahora porqué tanto lujo? —gritó sarcásticamente, con desconfianza tomo la bandeja y observó con atención la carne enlatada, generalmente las porciones eran espaciadas por días de diferencia pero ahora eran dos en el mismo día—. ¿Planean algo?

Su estómago reclamaba por ser alimentado, nuevamente se sentó y comió su porción con tranquilidad. Aún no escuchaba ruido en la celda de en frente, probablemente su vecina seguía durmiendo, lo supuso ya que trato de llamarla varias veces y no respondió.

Generalmente Brooke sentía temor cada vez que despertaba ya que no sabía que sorpresa podría encontrar por parte del Doctor Zola, pero era hora de que no iban por ella como usualmente lo hacían, al contrario, le habían dejado una porción extra de alimento ese día, al igual que Bucky admiró con extrañeza la charola.

— Que extraño… —se dijo para sí misma—. ¿Ahora me quieren envenenar con la comida? —se quedó pensativa un momento y olfateo con desconfianza lo que tenia en sus manos—. Aunque, de quererme matar ya lo habrían hecho de otras maneras y desde hace mucho —se consoló encogiéndose de hombros, morir por envenenamiento era mejor que por las torturas de sus captores. Se sentó en su cama con tranquilidad comió su porción, al terminar devolvió la bandeja en su lugar.

¡Buenos días princesa! —se escuchó a través de la puerta.

Brooke soltó una sonrisa apenada, le era extraña la situación pero le gustaba mucho escuchar esa voz, tal vez era por el tiempo que llevaba encerrada e incomunicada pero sentía refrescante tener compañía y alguien con quien hablar.

— Hola Bucky —respondió.

Escuchó abrir la escotilla de su vecino y ella hizo lo mismo, cruzaron miradas y no pudieron evitar sonreír.

— Te extrañé. ¿Descansaste? —hablo Bucky con ternura.

— S-sí, aunque una almohada de plumas no me caería nada mal —contestó la castaña.

— Explícitamente les pedí que pusieran una almohada de plumas cuando hice la reservación, voy a demandarlos —expreso con una falsa molestia, cosa que provocó una sonrisa en Brooke y en él, pasaron unos segundos y su tono cambio a uno más serio—. Brooke, hay algo que quiero preguntarte.

— ¿Y que es? —pregunto con aire curioso.

— Te… —hizo una pausa y respiró profundo—. ¿Te gustaría salir conmigo? —alzó una ceja coquetamente, jamás le había costado trabajo decir esas palabras a una chica, pero esta vez era diferente. Los ojos de Brooke mostraron una gran sorpresa, tanta que provocaron una sonrisa en Barnes—. Primero podríamos ir a cenar —continuó—, y después a bailar —compartió con total seguridad sus planes.

Brooke estaba en un pequeño shock. ¿Cómo era posible que él pensará en esas cosas estando en una situación de tal magnitud? ¿A caso había perdido la cordura?

— Tal vez suena raro pero, ¿No crees que es bueno mantener alguna esperanza mientras estamos aquí? —la observó pensativo al notar su incertidumbre en sus ojos—. La esperanza tal vez sea la única manera de no perder nuestra humanidad.

Él de cierta manera tenía razón. Cuando trabajaba en el hospital, la esperanza era lo que ayudaba a los pacientes a seguir luchando, a tener un motivo por el cual continuar.

Desde que Bucky había llegado, iba recuperando lo que HYDRA le estaba robando, su esperanza, su humanidad. Aunque solo habían pasado unos días, él regresó aquella luz que se había extinguido, tal vez era lo que ambos necesitaban para sobrevivir.

— ¡Sí! —respondió sin titubear—. Me gustaría salir contigo —Bucky sonrió y celebró internamente—. Y, ¿a dónde iremos a cenar? —preguntó siguiendo el hilo.

— Hay un hermoso restaurante al norte de Brooklyn y tocan muy buena música para bailar.

— Se oye bien el plan. Supongo que tendré que comprar un vestido apropiado para la ocasión.

— Estoy seguro que te verás hermosa con cualquier vestido que te pongas. Por cierto, dijiste que tenías una amiga —hizo una pausa y se quedó pensativo—. ¿Crees que le interesaría salir con Steve?

— ¿Te refieres a Peggy? —puso su mano en la barbilla—. Si Steve es tal y como me lo describes, hay probabilidades de convencerla, pero más vale que no se vaya a sobrepasar con ella —sentenció bromeando y Bucky soltó una carcajada.

— ¿Steve? —pregunto entre risas—. Créeme, jamás haría algo así.

El tiempo nuevamente pasó desapercibido por los jóvenes, no sólo fueron dos horas, la plática se extendió hasta que ambos se sintiendo exhaustos. Ambos se fueron a descansar manteniendo entre ellos una promesa silenciosa, que no importaba lo que pasara, no se iban a rendir.


— Creo que es tiempo —comentó Zola a uno de los guardias que estaba en la habitación de vigilancia, este asintió y salió—. Preparen el laboratorio —ordenó autoritario, un sujeto de bata blanca y rostro sereno se movilizó al escuchar las órdenes. Zola sonrió con malicia—. Es momento de mover la piezas.