Traslado


—No me puedes hacer esto, no después de todo lo que hemos vivido.

—Asuka. Yo en verdad lo lamento.

—¡Yo también!

Y con ese último grito Shinji entendió que su novia estaba molesta. Muy molesta.

—¿Por qué esto tiene que ser así? ¿Por qué eres tan idiota al hablar, estúpido Shinji? —se recriminó fuertemente mientras tomaba asiento en una se las sillas del comedor tomando entre sus manos el papel arrugado que Asuka había dejado detrás—. ¿Por qué deben ser tan duros con ella? ¿Acaso no pueden dejarla vivir su vida?

Se hallaba muy molesto con su vida para este punto. La sociedad parecía no cambiar después de los eventos del año 2015 y mucho menos se mostraban dispuestos a escuchar los testimonios del horror que se vivió en Japón a manos de los miembros de SEELE. Entre todas las cosas que podían hacer, buscaron culpables para lavarse las manos y ser libres de hacer con el mundo lo que les plazca.

Ya eran tres años desde el final de la guerra Humano-Ángel y no parecía que las consecuencias de la misma quedaran como recuerdos del pasado. Al día de hoy seguían los debates en el mundo sobre sus acciones en un conflicto que casi extermina a la humanidad. ¿Pero a quién se le ocurre poner a adolescentes con cero experiencia en el frente de batalla?

Él si sabía y por esa misma razón es que terminaba por discutir con la única persona con la que compartía un lazo único y especial. Por mucho tiempo guardó sus emociones por su compañera hasta que un día casi veía su vida irse de entre sus manos. No recordaba haber matado a una persona con tanto odio de la forma en que lo hizo con esa señora que disparó a quema ropa.

Asuka —su Asuka— estuvo nuevamente en un hospital luchando por su vida. Ya era mucho el perder un brazo y un ojo. La vida había decidido ser muy cruel con ella y parecía disfrutar de los llantos que ella soltaba entre sus brazos mientras le pedía que la sacaran de ahí. Desde ese día se han mudado a lo largo y ancho del país esperando no encontrarse con más personas carentes de cerebro que creen que ellos desafiaron la palabra de Dios.

—Tal vez Maya tuvo razón y me precipité en todo esto—sus palabras salían de sus labios y eran únicamente escuchadas por él—. Nos hemos mudado tres veces en lo que va del año. Ya ha sufrido muchas burlas de parte de la gente y no creo contenerme la siguiente vez.

Sus ojos miraron a las palabras impresas sobre el papel.

[Petición de Traslado: Programa Tokio-III] / [Aprobado]

Si uno se quedaba mucho tiempo en un solo lugar comenzaría a echar raíces. Asuka sufría de eso. La vida ya era muy cruel con ella y el mudarse seguidamente le ha provocado un miedo aún mayor al que tenía hace años.

—¡¿Por qué todo tenía que acabar así?! —exclamó mientras se levantaba con brusquedad a la vez que golpeaba la mesa con el puño que se formó en su mano izquierda—. Yo solo quiero lo mejor para ella. ¿Acaso eso es mucho pedir?

Una mancha de sangre adornó la cara del mueble. Sus nudillos se abrieron dejando escurrir el líquido carmesí que se formaba debajo de su piel en sus huesos. Hace tiempo que no dejaba salir su ira y un sentimiento de culpa lo invadía.

—Baka…

—¿A-Asuka?

Y ahí, parada en el marco de la entrada a la cocina se hallaba nuevamente ella. Pasaban los años y ese rostro seguía siendo hermoso. Agradecía el día que Asuka Langley Soryu se fijó en él.

—¿Por qué haces eso cada vez que te enojas?

—¿Eso?

—¡¿Por qué te lastimas?! —exclamó ella con una voz molesta. Sus ojos se habían llenado con lágrimas que se desbordaron y que caían como cascada por sus enrojecidas mejillas—. ¡Si fue por lo que te dije me disculpo por eso! —su grito estaba cargado con un pesar que el castaño desconoció por un momento.

De repente y sin previo aviso ella se derrumbó sobre sus piernas mientras lloraba de forma desconsolada. Su corazón no podía seguir con todo este circo de ser un hombre maduro cuando aún seguía siendo un mocoso que lloraba en silencio.

—Asuka… —murmuró en voz baja su nombre.

—No me quiero mudar, se supone que esta era nuestra casa en dónde tendríamos una familia.

—¡No podemos! ¡Ellos seguirán haciéndonos daño si nos quedamos! ¡No podemos luchar, carajo!

Sus ojos finalmente tuvieron el valor de centrarse en los de ella. Su mundo, el mundo que tanto había anhelado Asuka, se había esfumado de la noche a la mañana. Ella creció esperando que esto llenara el vacío que su madre dejó con su muerte. Nadie fue capaz de guiarla de la forma adecuada y justo ahora sufría por eso. El orgullo finalmente la venció.

—¿Cuándo nos iremos? —preguntó ella un tono más calmado, pero temerosa de ver directo a los ojos de su novio, de su Shinji.

—En tres días partimos al sur, casi no existen asentamientos y por ese lugar se encuentra una casa de verano que perteneció a la familia de mi madre.

—¿Volvemos a huir?

—No quiero estar en peligro, mucho menos quiero que tú lo estés.

—Esto apesta

Ambos solo querían descansar ya de todo esto. Solo eran ellos dos contra el mundo y cada vez que creían encontrar un poco de paz, debían mudarse lejos para no salir heridos. A veces las personas podían ser muy crueles.

—¿Prometes que será nuestro hogar? ¿El definitivo?

Por unos momentos Shinji dudo en responder. Podía mentir y llenarla de ilusiones; pero también debía aceptar la realidad en la que estaban ahora. Tomando su mano, acercó a Asuka para terminar por abrazarla.

—Prometo que será nuestro pequeño hogar, de nadie más y dónde estaremos juntos.

Él espero una respuesta de parte de ella, pero los pequeños sollozos que escuchaba era lo único que necesitaba para entenderla.

Una vez más se mudarian.