DISCLAIMER: Todo lo reconocible pertenece a J.K. Rowling, el resto es mío.

AVISO: Esta viñeta es mi regalo de cumpleaños para Assie Greengrass. ¡Feliz cumpleaños! Espero que te guste esta corta historia Wolfstar :)


Hipotéticamente

Cuando llamaron a la puerta de su despacho, Minerva McGonagall no habría acertado quién estaba al otro lado aunque le hubieran dado tres intentos.

Miró al estudiante de quinto año por encima de las gafas y enarcó una ceja sorprendida.

—Señor Black, ¿a qué debo el honor de su visita?

Sirius se dejó caer en una silla frente a la profesora con un suspiro.

—Tengo una duda.

Minerva apartó las redacciones que había estado corrigiendo, dejándolas en un montón perfectamente alineado, y observó al chico.

—¿Una duda académica?

Sirius Black frunció el ceño y después soltó una carcajada. Minerva suspiró y se echó hacia atrás en la silla. No, por supuesto que no. Dios librara a Sirius Black dedicar uno solo de sus pensamientos a los estudios.

Al ver la expresión de la bruja, el muchacho levó un dedo solemnemente y dijo:

—Pero sí está relacionada con la escuela. Vamos a plantearlo de esta manera: falta mes y medio para el baile de Navidad. —Al ver que no seguía sino que se quedaba mirándola, Minerva asintió, sin saber bien adónde quería ir—. Y los prefectos siempre lo inauguran —añadió.

—Así es —corroboró la bruja—. ¿Adónde quiere ir a parar, señor Black?

—Tranquila, Minnie, dame un segundo.

Minerva frunció los labios ante el apodo cariñoso, pero se lo dejó pasar porque era estaban solos. Todavía recordaba la primera vez que la había llamado así, el año anterior, cuando había intentado convencerla de ir al baile de Navidad con él.

—¿No habrá tenido otra vez la misma idea disparatada del año pasado, verdad, señor Black?

El chico bufó y se llevó una mano al pecho.

—No después de la hiriente negativa que me llevé. No, eso ya está olvidado. Pero sigamos, que me distraigo. —Hasta tuvo que la desfachatez de mirar a la profesora con reproche, como si los roles estuvieran invertidos y él estuviera en medio de una importante explicación—. Entonces los prefectos inauguran el baile. Muchas veces van juntos, pero no es obligatorio. ¿Verdad?

Minerva suspiró.

—No, señor Black. Cada uno puede ir con quien quiera. O pueda.

—Entonces, hipotéticamente —el chico se pasó una mano por la cabellera negra—, Remus y Evans podrían ir juntos, si quisieran, porque los dos son prefectos de la mejor casa de todas. —Se tocó el escudo de la túnica con una sonrisa orgullosa.

—Supongo.

La profesora reprimió una sonrisa. Empezaba a sospechar la dirección de esa conversación.

—Pero no tienen por qué. Podrían alinearse todos los astros del cielo y que Evans aceptara por fin ir con James al baile.

Un «Por favor» estuvo a punto de escapársele a Minerva; James Potter llevaba enamorado de Lily Evans desde que la había visto en primero y desde entonces aprovechaba cualquier intento para hacérselo saber. Era entre entrañable y extremadamente cansino.

—Y si Lily fuera con James o con cualquier otro, porque entre tú y yo —Sirius se inclinó hacia delante en tono confidencial, como si fueran dos viejos amigos comentando cotilleos—, James tiene la misma posibilidad con Evans que yo de que me nombréis Premio Anual en séptimo, hipotéticamente...

Minerva no pudo contener la risa, pero se obligó a volver a su expresión estoica. Ese chico era definitivamente una mala influencia.

—¿Qué es lo que quiere preguntar, señor Black?

Sirius puso gesto pensativo antes de suspirar.

—En ese caso hipotético, Remus no tendría pareja. Podría pedírselo a alguien, por supuesto, pero vamos a imaginar que no lo hace.

Estos adolescentes…

Minerva se inclinó hacia delante con las manos entrelazadas apoyadas en la mesa.

—Déjeme adivinar: quiere preguntarme si está permitido que dos chicos vayan juntos al baile. ¿Es eso?

El joven mago se quedó con la boca abierta, su monólogo listo para seguir, pero parpadeó varias veces y cerró la boca lentamente.

—Es solo pura curiosidad, claro —añadió.

—Bueno, señor Black, que no se haya hecho nunca no significa que no se pueda hacer. Siempre hay una primera vez para todo.

Sirius se levantó con renovada energía y una sonrisa de pura felicidad en el rostro.

—¡Sabía que hablar contigo solucionaría todos mis problemas! —exclamó—. Hipotéticos problemas —rectificó.

—Claro, claro —Minerva decidió apiadarse de él y seguirle la corriente. Antes de que el chico saliera de su despacho, dijo—: Buena suerte, señor Black.