Disclaimer: Los personajes de Harry Potter no me pertenecen.

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. :: Parte de Lily ::.

XXV

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"Tadeus Higgs, buscador de la selección nacional y su nueva conquista, la socialité y escritora Arabella Bowles, en la gala del Ministerio, ayer por la noche fueron los más aplaudidos de la velada luego de que Higgs se convirtiera en el mago más joven de la historia en ser condecorado con la Orden de Merlín"

—¿Nueva conquista? —la voz casi se le quiebra al decir eso, lo que no tiene sentido, y hace que el corazón de Teddy se acelere y su cabello se vuelva oscuro y sombrío como el Lago Negro.

—¿Qué pasa? —pregunta Victoire al ver su cara, sentándose a su lado y quitándole el ejemplar vespertino de El Profeta que estaba leyendo para mirarlo ella —¿Higgs sale con tu ex? —dice, frunciendo el ceño y respingando la nariz por un momento —Ella está gorda. ¿Qué pude verle alguien como él? —pregunta cuando su hermana Dom se acerca a ellos en el jardín de la Madriguera, en busca de su apoyo. Entonces las dos hijas de Bill comienzan a despotricar en contra de Arabella Bowles, pero Teddy no les hace caso, porque el impacto de la noticia todavía lo mantiene turbado, tanto que se levanta y se disculpa con las hermanas Weasley, aunque ellas siguen enfrascadas en sus críticas hacia la chica del periódico, y no le prestan atención. Teddy sale de la casa, da unas vueltas por el jardín y procura tomar un poco de aire para calmar sus confusos pensamientos.

Hacía mucho no sabía de Arabella; a veces escuchaba cosas de Higgs entre sus compañeros o leía sobre él en el periódico, pero no era así con su ex novia, por lo que el impacto de ver su hermosa y sonriente cara junto a la de su antiguo mejor amigo en El Profeta lo toma completamente por sorpresa. Y ni siquiera es que hubiese pensado mucho en ella desde la última vez que se vieron, pero recordar su existencia es casi una bofetada que lo deja confundido y sin aire, casi como si volviera a ser el mismo Teddy adolescente cada vez que veía a la chica Bowles en alguna de sus clases.

Desde la última vez, cada vez que la recuerda por accidente, Teddy se repite a sí mismo que ya la ha olvidado, pero, muy en el fondo, teme que no sea así, aunque nunca lo admitirá en voz alta. Tal vez por eso se siente tan molesto y confundido. Lo suyo con Arabella parece una de esas historias sin fin, quizá porque, inconscientemente, todavía se niega a darle uno. Está demasiado aterrado de descubrir la respuesta.

Teddy bufa y se detiene a la veda del bosque detrás de la propiedad de los Weasley. Se siente tan confundido y molesto que no sabe qué hacer. Enterarse de que su mejor amigo y su exnovia salen juntos es un impacto que no esperaba sentir nunca. Y se siente terrible por ello, tanto que no puede ponerlo en palabras a pesar de lo mucho que necesita desahogarse con alguien.

Pero ni su novia ni ninguno de sus primos es una opción, decide. Tampoco algún amigo, porque en realidad no tiene ninguno. Nunca ha sido bueno para hacer amigos, y después de Higgs no ha encontrado a nadie más con quien pueda hablar de todos esos temas que hablan los amigos. Bueno, a nadie excepto tal vez Lily, su otra mejor amiga.

Teddy se siente un poco más animado ante la idea ya que, a pesar de ser una niña y no entender mucho sobre ciertos asuntos, Lily siempre lo ha escuchado, y su manera simple de ver la vida casi siempre le ha ayudado a deshacerse del dramatismo de la vida. Además, lleva bastante tiempo sin tener una de sus charlas largas y amenas con la niña, por lo que decide que sería una buena idea intentarlo. Con eso en mente, el metamorfo regresa hacia la casa, ignorando a Albus y sus primos cuando lo invitan a jugar Quidditch, ya que les faltan jugadores, y atraviesa el jardín nuevamente para entrar en la Madriguera y subir las escaleras.

El impulso de ir por Lily nunca se ha sentido tan vigorizante, pero decide que debe ser porque lleva tiempo sin hablar con ella y la extraña, pero, además, Lily es la única capaz de levantarle el ánimo cuando se siente tan fuera del mundo como ahora. Ella es su mejor amiga, después de todo. La única que le queda.

Sí, es patético que su mejor amiga sea una niña, pero Lily lo conoce mejor que nadie, ya que han estado juntos de toda la vida, y siempre es muy sincera con sus opiniones. Y, a pesar de que ella está creciendo y buscando más autonomía ahora que es una adolescente, Teddy todavía necesita una amiga que le recuerde que todo está bien, ya que no puede recurrir a su novia por obvias razones.

Por eso no piensa demasiado en lo distante que se ha vuelto su relación con Lily Luna esos últimos meses, y solo sube las escaleras para buscarla en su recámara al no encontrarla en el patio junto a los demás. Y sabe que Lily está allí porque escucha su música favorita sonando en el reproductor muggle que se tío Dudley le obsequió su cumpleaños pasado, por eso entra sin llamar.

—Lilu, sé que me estás ignorando porque ya eres una "niña grande" y todo eso, pero estoy teniendo un día muy extraño, y necesito... —Teddy se queda callado cuando empuja la puerta y Lily y Scorpius saltan de la cama donde ambos están sentados e inclinados el uno hacia el otro, separándose como dos niños que acaban de ser descubiertos en mitad de una travesura. El joven Lupin entonces se olvida de todo el lío en su cabeza, y abre tanto los ojos que por un momento siente que se saldrán de sus órbitas. Entonces, la incomodidad y confusión sobre lo que acaba de leer en el periódico desaparece, y en su lugar el enojo se hace presente —¿Qué dementores está pasando aquí? —dice, casi entre dientes y con una mano muy cerca de su varita, sin creer que acaba de ver a la más pequeña de los Potter, su casi hermanita, besándose y dejándose manosear por el hijo de Draco Malfoy dentro de su propia habitación. ¡En la casa de sus abuelos!

—Yo puedo… —empieza a decir Scorpius, y Teddy casi ruega porque diga o haga algo incorrecto para poder hechizarlo sin culpa, pero él no puede decir nada más, porque es interrumpido por la furia de la menor de los Potter.

—¡¿Por qué entras sin llamar?! ¡Sal! —Lily se levanta e intenta empujarlo lejos, pero Teddy es más grande y más fuerte, así que puede resistirse sin problemas —¡Esta es mi habitación! ¡Largo!

—Por supuesto que me iré, pero el pervertido viene conmigo —responde Teddy, caminando hasta Scorpius para sujetarlo por el cuello de la camisa y llevarlo consigo. El muchacho apenas protesta, tal vez siendo lo suficientemente inteligente para no meterse en más problemas.

—No soy un…—intenta decir, pero de nuevo se ve interrumpido cuando Lily jalonea su brazo para impedir que Teddy lo saque de la habitación.

—¡Él no es un pervertido! ¡Es mi novio! —grita la hija menor de Harry, consiguiendo que, por la sorpresa, Teddy suelte al chico Malfoy, y en consecuencia este cae al suelo, casi llevándose a Lily con él.

—¿Novio? —responde Teddy, más sarcástico de lo que hubiera pretendido. Ya ni siquiera se acuerda de por qué fue a buscarla en primer lugar, todo lo que sabe es que está muy molesto. Molesto y confundido.

—¿Somos novios? —pregunta al mismo tiempo el chico Malfoy, con una sonrisa bobalicona, haciendo que el enojo de Ted volviera a relucir. Entonces, el joven metamorfo se aprieta el puente de la nariz, luchando por no perder la paciencia con esa niña.

—Bien. ¡Estupendo! Supongo que tus hermanos estarán muy felices de saber que sales con el mejor amigo de Albus. Esta vez te superaste a ti misma, Lily Luna Potter —dice, aplaudiendo con sarcasmo, y aunque no se lo había propuesto, suena más amenazador de lo que hubiera querido, lo que no ayuda en nada a calmar a la fiera Lily.

—¡Eso no es de tu incumbencia! ¡Largo!

—¡Ya te dije que me iré, pero tu novio viene conmigo! —Teddy vuelve a sujetar el brazo de Scorpius, que de nuevo se ve incapacitado para hacer o decir algo debido a la conmoción del momento. Sin embargo, no necesita hacerlo, porque su ahora novia lo dice todo por él.

—¡Scorpius se queda!

—¡Entonces llamaré a tus padres, a ver qué les parece que estés aquí encerrada con este idiota!

—¡El único idiota aquí eres tú!

—¡Tal vez lo sería si no estuvieras actuando como una niña tonta!

—¡No soy una niña!

—Pues pareces esforzarte por demostrar lo contrario! —responde Teddy, alzando la voz sin darse cuenta, lo que al principio sorprende a Lily, pero después solo hace que se endurezcan aún más con él.

—¡Eres un imbécil! —le grita la adolescente, soltando a su novio para ir contra Teddy directamente y empujarlo hacia afuera. Este se tambalea algo sorprendido por esa acción física, pero solo por un segundo.

—¡Pues tú tampoco eres mi persona favorita ahora! ¡Solo eres una mocosa estúpida! —le grita, molesto, ya ni siquiera sabe por qué. Nunca en toda su vida se había enojado con Lily Luna Potter, y ahora, de repente, no puede dejar de sentirse furioso con ella, aunque no tanto como la hija de Harry, que enrojece tanto como su cabello, haciendo que su nariz se dilate como si estuviera tomando todo el aire que pueda para gritar lo siguiente:

—¡Te odio! —dice, tan fuerte y claro que Teddy, por un momento, se tambalea entre la confusión y la sorpresa. Entonces todo se sume en un tenso y horrible silencio. Teddy se niega a decir cualquier cosa, tal vez porque está demasiado turbado, o porque quiere darle la oportunidad a la hija de Harry de retractarse de sus palabras, pero, lejos de hacerlo, Lily va aún más lejos —¡Te odio y no quiero que vuelvas a dirigirme la palabra! ¡Nunca, ¿me oyes?! ¡Nunca! —dice, y el silencio que le sigue ahora es aún más ensordecedor que el primero.

Teddy ni siquiera está enojado ya; ahora es como si alguien lo hubiera empujado a un lago congelado a través de la superficie escarchada. Solo se queda ahí, congelado en su lugar, con la mirada fija en la misma niña que hasta no hacía mucho solía decirle a todo el mundo que él era su hermano favorito, y lloraba casa vez que alguien le recordaba que en realidad no eran familia.

El joven Lupin mira a la muchacha frente a él como si fuera una criatura extraña y monstruosa, alguien que se ha devorada a su pequeña y tierna Lily y la ha hecho desaparecer.

Lily nunca le ha hablado así antes; ella ni siquiera le he levantado la voz, mucho menos lo ha mirada de esa forma, como si sus ojos pudieran escupir lenguas de fuego. Y entonces, en un breve lapso de lucidez, recuerda que no es su Lily la que está hablando, sino la chica tonta que se estaba besuqueando con el mejor amigo de Albus, lo que solo hace que toda su ira regrese contra el chico Malfoy y crezca.

—¿Sí? Pues qué bien —gruñe, tomando a Scorpius por el cuello de la túnica para arrastrarlo fuera —Yo tampoco quiero hablar con una niña tonta e inmadura como tú.

—¡Argh! —grita Lily, y Ted apenas tiene tiempo de cerrar la puerta para evitar ser golpeado por lo que sea que ella arroja a su cabeza y se estrella contra la madera.

—¡Te escribiré más tarde! —grita Scorpius mientras es arrastrado escaleras abajo.

—Cierra la boca —gruñe Ted, luchando con todas sus fuerzas por no maldecirlo en ese instante.

...

Su abuela lo mira por un momento después de que termina de hablar y hace una pausa para calmarse; ella solo lo observa por un instante, sin decir nada a favor o en contra, pero sus ojos oscuros, sin embargo, para Teddy lo dicen todo.

—¿Qué? —pregunta a la defensiva después de unos minutos, más grosero de lo que hubiera querido, pero se encuentra un tanto más alterado de lo usual desde esa tarde después de su pelea con Lily.

La abuela Andrómeda, en cambio, mantiene la calma en todo momento, y hasta se permite soltar una risita.

—Te portas como todo un hermano mayor celoso.

—¡No es verdad! —se defiende el joven Lupin. Su abuela solo ríe un poco más.

—Oh, tienes razón —concede, mirándolo con diversión por un instante —Más bien gimoteas como un novio celoso —anuncia, y aunque Teddy quiere discutir eso, no puede evitar que la lengua se le pegue al paladar por la sorpresa, mientras su cabello se vuelve tan rojo como deben verse sus orejas acaloradas.

—Yo no... No es verdad —murmura, aclarándose la garganta, como si eso le diera más seriedad a sus palabras mientras desesperada e inconscientemente trata de cambiar el tema —¡La sola idea es ridícula, abuela! ¡Lily es solo una niña!

—Es una adolescente —responde su abuela con calma. Teddy casi se atraganta con su propia saliva al recordarlo.

—Ella es como una hermana para mí —busca razonar con ella.

—Pero no es tu hermana de verdad, ¿o sí? —responde Andrómeda Tonks con diversión. Teddy casi puede sentir la palidez de su rostro.

—¡Abuela! —se escandaliza, actuando más exageradamente de lo que se había propuesto —¡Es Lily de quien hablamos! ¡No cualquier chica! ¡Lily!

—Lo sé —responde la abuela Meda con calma, volviendo a su tarea de controlar las agujas de tejer que le hacen otro bonito suéter de punto, escondiendo una sonrisa de triunfo.

Teddy detesta que haga eso. Le hace sentir que ella sabe cosas que él ignora, y odia eso. Entonces se deja caer en el sofá de la sala de su abuela, cruzando los brazos y refunfuñando hasta que su abuela parece apiadarse de él.

—Lily es una adolescente. ¿No recuerdas cuando tú eras uno? —le dice, con algo de diversión en sus pequeños ojos negros —Siempre escabulléndote por los rincones para besar a tu novia. ¿Cuál era su nombre?

—¿Cathy?

—No. La alta y bonita que te gustaba desde tu primer año. La niña de Slytherin.

Teddy parpadea, ahora no solo incómodo por todo lo sucedido con Lily, sino también por recordar nuevamente a Arabella Bowles y su pasado juntos. La abuela Meda parece empecinada en avergonzarlo esta noche, decide.

—¿Qué fue de ella? —alcanza a oír que pregunta su abuela, mas Teddy solo se encoge de hombros. Un problema a la vez, se dice, volviendo a enfurruñarse sobre el sofá mientras sigue pensando en Lily.

Un mes se pasa con increíble rapidez; luego viene otro, y otro más, hasta que son seis desde que no visita la casa de su padrino ni ve a sus hijos. Teddy se dice a sí mismo que está demasiado ocupado en el trabajo, pero lo cierto es que solo evita a los Potter. O no a todos ellos, sino a solo una.

Es extraño no ver ni hablar con Lily. Nunca han pasado tanto tiempo sin hacerlo, pero los días parecen sucederse con una velocidad increíble desde que ella le dijo que lo odiaba. Y muchas personas se lo habían dicho a lo largo de sus casi 25 años, pero nunca había dolido tanto como cuando ella se lo gritó a la cara. Adicional, aunque jamás lo admitiría, también estaba molesto con Harry, James y Albus por su reacción al saber que la pequeña de la casa se besuqueaba con el niño Malfoy. Todos habían actuado con tal naturalidad que había sido irritante; incluso parecían felices de darle la bienvenida a Scorpius a la familia. Nadie se había molestado ni sentido traicionado, ni siquiera Albus, a pesar de que su mejor amigo se había metido con su hermanita. Por el contrario, el hijo del medio de Harry le había advertido a su hermana que no se atreviera a lastimar a su mejor amigo. Teddy aún no puede creer lo loco que parece haberse vuelto el mundo.

Así que ahora solo dedica sus ratos libres a su novia, manteniéndose ocupado en lo que sea que ella proponga para siempre tener una excusa y además evitar pensar en nada más. Como en este instante, teniendo que permanecer sentado en el vestíbulo de Madame Malkin mientras Victoire pide su opinión sobre la décima túnica de gala que se prueba frente al espejo.

Teddy detesta las compras, pero es casi lo único que Victoire hace en su tiempo libre, en especial cuando hay alguna fiesta de su oficina en Gringotts, así que no tiene más opción que sentarse y esperar, dándole el visto bueno a todo lo que ella se pone encima. Y no es que mienta, pero Victoire es tan hermosa que literalmente todo lo que usa se le ve despampanante, y, al cabo de unos minutos, Teddy solo termina aburriéndose.

Entonces, mientras Vic discute sobre algunos detalles en su túnica elegida con la anciana modista, Teddy concentra su atención en una pila de revistas junto a su asiento; aunque solo hay ejemplares de Corazón de Bruja y otras revistas para mujeres, sabiendo que estará allí por un buen rato, solo toma la primera revista a mano y empieza a mirarla para matar el tiempo, siguiendo con la de abajo en la pila cuando termina de verla y así.

En la tercera revista hay un reportaje sobre Cathy y su último concierto en Dublín. Teddy sonríe cuando nota que su antigua novia volvió a usar su característico cabello rojo lleno de rizos. Siempre le ha gustado el cabello de Cathy, y la extraña, más como amiga que como novia, en realidad, pero nunca podría admitirlo con Victoire cerca. Sin embargo, hace la nota mental de escribirle una lechuza más tarde.

Entonces pasa la hoja y lee el título del siguiente reportaje sin demasiado interés.

"Arabella Bowles te dice cuáles serán los colores de la temporada"

Y bajo el título, la siempre hermosa Arabella sonríe y guiña el hijo una y otra vez, haciendo que el pulso de Teddy se acelere de forma inesperada.

Hace tiempo Arabella se ha convertido en una consultora de modas muy popular, Teddy lo descubrió gracias a la hermanita de Victoire, no obstante, no ha vuelto a verla en verla desde la última vez que se vieron en el Caldero Chorreante, o ha sabido de ella desde el día de su pelea con Lily. Y ahora ella está de nuevo allí frente a sus hijos, y ver su sonrisa, aún en una revista, hace que todo su cuerpo se estremezca. Ni siquiera sabe por qué, pero, aunque ama a Victoire, Arabella siempre ha tenido ese efecto en él desde la primera vez que la vio en el Expreso de Howarts.

El primer amor jamás se olvida, había dicho su abuela Andrómeda la última vez que hablaron de ella. Teddy ha intentando no volver a mencionarla ni pensar en ella desde entonces también, pero de pronto se encuentra devorando el artículo con interés. Y quiere decirse a sí mismo que lee de mala gana, pero lo cierto es que tiene verdadero interés en lo que dice la nota, aunque no se trata de la vida de la propia Arabella en sí, sino de tontos consejos de moda y maquillaje para la temporada de primavera o algo así. Lo único relevante que Teddy encuentra es que Arabella presentará y firmará ejemplares de su último libro sobre hechizos de glamour. Ese día. A las 4 de la tarde. En Flourish&Blotts.

Teddy mira su reloj. Casi son las 6, pero la librería no está muy lejos, solo que un par de esquinas, y ese tipo de evento siempre se retrasa… Pero se niega a moverse de Madame Malkin. Sería muy estúpido ir, se dice, pero para entonces sus labios ya se están moviendo:

—Vic, cariño, acabo de recordar que debía entregar una evaluación de desempeño en la oficina. Tengo que irme —miente, tan natural y descaradamente que se sorprende a sí mismo mientras las palabras fluyen de su boca. Victoire lo mira, algo recelosa, pero no parece desconfiada.

—¿Qué? ¿Ahora? ¡Pero todavía no encuentro la túnica perfecta! —se queja, cruzándose de brazos con enojo, pero Teddy ya está de pie y besándola para despedirse.

—Puedes elegirla y mostrármela en la noche. Siempre tienes el mejor gusto en moda, no necesitas mi visto bueno. Te quiero.

—Y yo a ti —suspira su novia con resignación, girándose de nuevo hacia el espejo de cuerpo entero para seguir observándose mientras Teddy se pone su abrigo y sale a la calle, caminando con calma hasta que deja la tienda de túnicas detrás, y entonces empieza a correr hacia la librería. Ni siquiera piensa lo que hace. Solo acelera el paso entre las personas del callejón y no se detiene hasta llegar a Flourish&Blotts, donde todavía hay algunas personas apiñadas fuera, brujas jóvenes y niñas en su mayoría que se forman para poder entrar en orden, con sus ejemplares entre las manos. Teddy se endereza un poco y se acerca a ellas, dudando entre si formarse o solo entrar en la librería, pero entonces levanta la mirada y ve a Arabella a través del escaparate; ella ríe y platica con un grupo de brujas jóvenes mientras firma sus ejemplares y sonríe para las fotos.

Teddy contiene el aliento y se le queda viendo, embobado por su belleza. Ella se va tan hermosa como la recuerda, un poco más madura, pero feliz y llena de vida. Y, por un instante, no sabe qué decir. Entonces siente como si su cerebro volviera a conectarse al resto de su cuerpo, y se detiene antes de que su mano toque el pasador de la puerta.

No entra a la tienda. Teddy observa al primer amor de su adolescencia una vez más y está a punto de darse la vuelta para salir de allí cuando Arabella levanta la cabeza y atrapa su mirada con la suya. Y tras la sorpresa inicial, ella le sonríe, y Ted le sonríe de regreso. Y es como si los años no hubieran pasado para ellos.