—Hermano _La voz de Genya unos pasos adelante lo hizo tensar.

No tenía tiempo para discutir con su hermano, el bastardo de Giyū lo estaba esperando, y no quería ver esa prepotente cara cuando dijera "llegas tarde", como odiaba a ese tipo, incluso cuando desobedecía las normas todo le salía bien.

Y ahora que salvó a Rengoku debía estar más petulante que de costumbre.

Siguió avanzando hasta pasar a su hermano, como si no estuviera allí, la voz de Genya se escuchó nuevamente, parecía no comprender la indirecta, incluso intentó detenerlo tomándolo de la muñeca.

Sanemi giró su rostro, sus ojos desorbitados enfocaron a su hermano menor, que ahora parecía nervioso.

La tensión en el ambiente se hizo pesada, dando una advertencia silenciosa al Shinazugawa menor y a cualquier incautó que quisiera molestar al Pilar de Viento.

Con aparente molestía, se soltó del agarré, listo para reanudar su camino.

—Shinazugawa _La voz neutral de Giyū se escuchó cercana.

Haciendo que el albino frunciera el ceño, cerró su puño intentando controlar las ganas de golpear la cara de Tomioka, que se acercaba.

¿Acaso ese bastardo no leía el ambiente? O ¿Interrumpir es una nueva forma de demostrar su superioridad?

—Tenemos una misión _El azabache repitió causando que los dientes de Sanemi rechinarán.

Él no era estúpido, sabía que tenía una misión, ese bastardo no tenía que venir a explicarle algo que ya sabía, giró sus ojos dispuesto a gritarle.

—Lo siento, es mi culpa por retrasarlo _La voz de su hermano menor lo hizo girar el rostro de una forma instantánea, alrededor de su cuerpo un aura oscura se hizo presente, dándole un aspecto más aterrador.

Genya no tenía nada que disculparse con ese bastardo, Tomioka ya era demasiado petulante como para que ahora tuviera una nueva razón para sentirse por encima de los demás.

—Oh, no sabía que tenías compañía _El cuello de Sanemi hizo crack por voltear demasiado rápido cuando la voz de Giyū se hizo escuchar.

El ambiente se hizo más pesado.

Acaso ese bastardo, ¿Se estaba burlado de su hermano?

¿Diciéndole que era tan insignificante que no merecía su atención? Pues era imposible que no lo viera ¡Media un jodido metro ochenta!

—Sí _Genya miró a su hermano sin saber exactamente que decir— Es mi culpa que Nemi se retrasará, pueden irse ahora.

—¿Nemi? _Giyū hizo su rostro a un lado confuso, más la expresión de Sanemi lo hizo entender tarde que se refería al Pilar del Viento— Oh son cercanos.

—Somos her...

—¡CÁLLATE! _El albino gritó— ¡DEJA DE CONTESTARLE A ESTE BASTARDO!

Giyū parpadeó un par de veces, sí hasta con alguien cercano, el pilar del viento se comportaba así, entonces no sé llevaba tan mal como pensaba.

Sus ojos azules se enfocaron en el de mayor tamaño, tenía cierto parecido con alguien, pero su mente no podía hilar en quién.

Siguió pensando en eso sin notar que se le quedó viendo a Genya fijamente por más de cinco minutos, logrando que Sanemi se alterará más y que el menor mirará a otro lado intentando evitar la profunda mirada.

—¡¿POR QUÉ DEMONIOS TE LE QUEDAS VIENDO?! _La atención de Giyū fue tomada por los gritos de Sanemi.

—Shinazugawa _Después de unos minutos más de silencio el pilar de agua habló— Este chico se parece a ti .

—¡UNA MIERDA TOMIOKA!

Los ojos azules del azabache se fijaron en el pilar, que parecía temblar.

¿Acaso Shinazugawa tenía frío?

No, su rostro parecía adquirir un carmín profundo.

¿Estaba enfermó?

¿Tenía fiebre?

Miró a su alrededor buscando alguna de las niñas de la finca mariposa con la mirada, pero no había nadie más cerca.

El rojo incluso estaba inundando las orejas de Sanemi, clara señal de su agravamiento, así no podría acompañarlo a buscar el rastro de la luna superior número tres.

—Shinazugawa, le pediré alguien más que vaya conmigo, no estás en condiciones de acompañarme.

El tic en el ojo de Sanemi se hizo más frecuente. Ese engreído bastardo lo estaba subestimando, tratándolo como alguien inferior.

—¡TÚ, BASTARDO!

—¡Tomioka-san! _Una voz tranquila interrumpió la horda de insultos que Sanemi estaba listo para soltar— ¡Tomioka-san!

Sanemi miró hacía atrás viendo como el hermano menor de Kyōjurō llegaba corriendo, deteniendo sus pies a unos pasos de los hermanos Shinazugawa, sus ojos se mostraban brillantes, levemente inundados en lágrimas.

—Buenos días, perdón por interrumpir _Senjuro hizo una reverencia a los tres presentes— Tomioka-san, quería agradecerle por salvar la vida de mi hermano.

—Cualquiera en mi lugar habría hecho lo mismo _Sanemi apretó los dientes ante la respuesta tan borde, ese bastardo ni siquiera en estos casos se digna a mirar a quien le habla, era tan pretencioso, por eso odiaba a Tomioka.

Senjurō asintió comprendiendo las palabras del pilar de agua, todos los cazadores de demonios se protegían entre ellos, al notar que Tomioka no lo estaba mirando habló.

—Sí, sé que cualquier cazador habría ayudado a mi hermano, pero aún así _Las palabras se atoran en su garganta al tiempo que sus ojos picaban con la aparición de nuevas lágrima— No todos tienen la misma fuerza para hacerle frente a una luna superior, por eso _Inhalo aire sintiendo como un nudo se formaba en su garganta— Por eso... Gracias por traer a mi hermano con vida _El llanto salió más fuerte— Y... Yo no sabría que hacer si algo le hubiera pasado.

Sanemi tragó grueso, recordando a sus hermanos menores muertos, y si no hacía algo para alejar a Genya, su destino sería el mismo.

Los ojos tan profundos como el océano fueron fijados en el menor, y un recuerdo atravesó su mente.

Era como verse a sí mismo cuando Urokodaki lo llevó al monte Sagiri, después de la muerte de su hermana recordaba llorar casi a diario, incluso se le hacía difícil dormir, todas las noches Sabito lo regañaba antes de dejarlo dormir a su lado.

Sus manos se aferraron a las mangas de su haori, extrañaba a Tsutako, sentir sus cálidas manos recorriendo su cabello hasta dormirse. Echaba de menos a Sabito, no importaba lo rudo que era en ocasiones, siempre que llegaba la noche, sentía la protección de sus brazos.

Sí Sabito estuviera vivo, Rengoku no tendría ni un solo rasguño, en cambió, era posible que perdiera la visión de uno de sus ojos.

Se sentía inútil, no era merecedor de ser un pilar, el estar ahí justo a tiempo para evitar la muerte de Rengoku era simple casualidad por la confusión de Kanzaburo, y ahora, debía hacer algo con el niño llorando frente a él que le agradecía por un mérito que no le correspondía.

¿Debía decir algo más? Realmente no sabía que decir, ¿Qué era lo que hacía Sabito cuando él lloraba?

Llevó su mano a la mejilla recordando la bofetada de su antiguo compañero, no, definitivamente no podía proceder de esa manera.

Su mano le dió un par de palmaditas en la cabeza al bicolor, tal y como su hermana solía hacer con él... O eso creía... Hace tanto tiempo que murió su hermana que a veces ni siquiera podía recordar el tono de su voz.

—¿Se va a una misión? _Una sonrisa mucho más pequeña que la de su hermano creció en el rostro del pequeño ante el leve asentimiento de Tomioka— Cuídese mucho y regresé con bien _Senjurō inclinó su cuerpo en señal de respeto.

Sin saber exactamente que responder, Giyū giró su cuerpo avanzando a pasó suave, Sanemi chasqueó la lengua igualando el paso de quién sería su compañero en esa misión.

Con la información que le dió Rengoku tenía una mejor idea de a qué tipo de peligros se enfrentaba. Solo esperaba que su acompañante no terminara siendo un estorbo.

Solo han pasado dos días, el tiempo más que suficiente para que Sanemi quisiera golpear su cabeza contra el tatami, respetaba mucho a Oyakata-sama y solo por eso no mandaba a su cuervo con una queja.

Toda esta situación estaba llevando a Sanemi al límite, la frustración y molestía aumentaba con el pasar de las horas.

No era la primera vez que se encontraba con un demonio escurridizo, donde tenía que disfrazarse y pasar varios días rastreando, su molestía no era esa, su disgusto tenía nombre y apellido, y no era más que Giyū Tomioka.

Que pesé a todo lo que ocurría a su alrededor nada parecía perturbar su cara de gato en reposó, tanta tranquilidad y falta de reacción; en especial cuando ese viejo cuervo terminaba metiéndose en medio de las batallas, alteraban los nervios del albino.

En opinión personal de Sanemi ese animal debía ser retirado por su propio bien y el de aquellos que lo rodeaban.

Más Tomioka no parecía compartir sus pensamientos, pues era demasiado apegado al animal, siempre que llegaban a una posada lo dejaba descansar sobre el futón, en las tardes lo acomodaba en su regazo, dándole de su comida como si de un niño se tratará, era irritante para Shinazugawa que ni siquiera al mimar al cuervo esa frialdad se alejará de su rostro.

—Usaremos mi cuervo para informar el avance a Oyakata-sama, no permitiré que tu cuervo extravié la carta _Gruñó enrollando la nota amarrando con cuidado en la pequeña pata de su cuervo.

Como si supiera que estaban hablando de él, Kanzaburo asomó su emplumada cabeza diciendo con una voz temblorosa el nombre de su dueño.

El dedos índice de Giyū pasó por la pequeña cabeza emplumada. Al tiempo cuervo de Sanemi alzó el vuelo y como si fuera una señal Kanzaburo extendió sus alas siguiendo a su compañero.

—Dile a tu estúpido cuervo que regresé.

—No lo hará, cuando Kanzaburo se propone algo es imposible hacerlo cambiar de opinión, volverá después que realice su misión.

—¡NO TIENE NINGUNA MALDITA MISIÓN! _Sanemi golpea su pie contra el tatami impaciente, la reacción a su explosión es un encogimiento de hombros, que solo hace irritar más al albino.

Un silencio se extiende por el lugar, no tienen mucho que decir, Shinazugawa está lo suficientemente molestó para que la mayor parte de las palabras (si no es que todas) que salgan de su boca sean groserías contra su compañero, mientras que Giyū no está interesado en una conversación más allá de compartir información de la misión, por suerte, el atardecer llega rápido y ambos se dirigen a su propia habitación tomando sus cosas para partir.

Los rastros conseguidos hasta ahora los llevaron a demonios de rango menor, y al parecer esta no es la excepción, el demonio es escurridizo como una rata, como a los otros deciden eliminarlo de la manera más eficiente en la que ambos podían manejar; separándose en medio de la batalla y viendo quién lo destruía primero.

La coordinación no era su fuerte, muchos de los ataques de Shinazugawa podían ir en distintas direcciones, razón por la que prefería trabajar solo, mientras que la undécima podía desactivar todo aquello que entrará en su rango, por eso prefieren mantener su distancia, evitando así entorpecer al otro.

La técnica de sangre era algo tediosa, mentirían si negarán la sorpresa que vino con el primer ataque, Shinazugawa que iba por el cuello terminó siendo interceptado por una barrera invisible que lo hizo rebotar con fuerza hacía atrás

Por la velocidad en la que se desplaza, a Tomioka le fue imposible esquivar el cuerpo robusto de Sanemi que chocó contra él, mandando a ambos contra el piso.

—¡Bastardo, no interfieras! _Shinazagawa lanzó un gruñido sintiendo como algo se cernía sobre su espalda.

Intentó incorporarse pero por más que luchaba solo podía alejarse unos pocos centímetros antes de rebotar más cerca de su compañero.

—No lo hago _Tomioka giró su rostro, no solo se encontraba debajo del albino, sino que de alguna manera se encontraban más cerca, tanto que podía sentir la respiración chocar contra su cuello ocasionándole cosquillas— Shinazugawa, ¿Puedes apartarte?

—¡¿CREES QUE NO LO HARÍA SI PUDIERA?! ¡HAY ALGO MOLESTÓ QUE ME IMPIDE MOVERME, ES IGUAL A LO QUE ME LANZÓ HASTA AQUÍ, ME ENVÍA MÁS CERCA DE TU ESTÚPIDO CUERPO CADA QUE QUIERO ALEJARME! _Sanemi gritó furioso, sus ojos estaban desorbitados al tiempo que sus manos y piernas buscaban la forma de mantener cierto grado de distancia.

—Los humanos son tan estúpidos que solo se concentran en aquello que pueden ver. Son cazadores ¿No? Ya han venido un par antes, y ustedes terminarán igual que ellos, sin el suficiente aire para escapar _El demonio sonrió con sorna, juntando sus manos con el fin de que aquella barrera se redujera más— Vendré más tarde por ustedes, la noche es joven y aún hay muchas presas que atrapar.

Shinazugawa sintió la tensión de su cuerpo ante la presión, la elasticidad en la barrera fue eliminada, dejándolo contra una dura superficie que se cernía presionando contra el suelo, si seguía así los huesos de sus manos y piernas terminarían rompiéndose.

Sin más opciones apoyó su codo contra el piso, al tiempo que sus piernas sostenidas por las rodillas se acomodan para estar completamente estiradas, realizando una perfecta plancha, pues los dedos de sus pies son las que sostienen parte de su peso.

Cuando pudo regular lo suficientemente su respiración para no consumir demasiado oxígeno, pues de nada le serviría buscar como escapar si terminaban asfixiados antes de ejecutar cualquier plan.

Sus ojos violetas escanean el lugar, por el primer impacto su katana terminó rodando lejos de la barrera, baja desvía su visión a la mano derecha de Tomioka, bien, tiene aún la katana, por alguna razón incomprensible la mano dominante aprieta la empuñadura con fuerza.

—Apresurate y envía uno de tus estúpidos ataques a esa estúpida barrera, estoy seguro que hasta un inepto como tú puede hacerlo _Los ojos violetas de Sanemi vuelcan su atención en el rostro de Tomioka, solo ahí se da cuenta de lo limitado que es el espacio que los rodea.

Por la adrenalina del momento el albino acomodó su cuerpo lo más que pudo antes que ese ataúd de aire ahora solidificado destruyera sus extremidades, ni por un momento pasó por su mente lo pegado que quedaría de su compañero, hasta ahora, que notaba que su rostro se encontraba entre en el hueco que se creaba entre el hombro y el cuello de Tomioka, a esa distancia podía notar un leve perfume, que no podía identificar, saliendo de aquel alborotado cabello, la cara del azabache se encontraba girada al lado opuesto donde estaba el albino, con ojos fuertemente cerrados y un sonrojó visible por el brillo de la luna.

—Shinazugawa _El tono generalmente imperturbable contenía pequeñas fluctuaciones que Sanemi no notó— Por el reducido espacio que tenemos, si atacó usando alguna respiración tu cuerpo se verá comprometido.

—¡Deja de actuar como un sabelotodo! ¡Soy consciente de ello cretino, pero si perdemos más tiempo moriremos! ¡Puedo lidiar con el daño colateral! _Shinazugawa exhaló con fuerza ocasionando un temblor en el cuerpo de Tomioka que a esta distancia no pasó desapercibido.

Los ojos de Sanemi pudieron observar como el sonrojó casi sútil pasaba a rojo cereza, extendiéndose por las orejas y moría mucho más abajo de lo que dejaba ver la ropa de cazador.

Un bufido salió de sus labios, notando un nuevo temblor, si Tomioka estaba tan molestó que hasta temblaba y se ponía rojo de la irá no era su problema, él tampoco estaba en el paraíso.

Giyū por su parte trato de concentrarse en otra cosa que no fuera el cuerpo caliente sobre él, cada que el albino respiraba una ráfaga de aire chocaba contra su cuello haciéndolo estremecer, no estaba acostumbrado a tanta cercanía, menos de éste calibre, por lo que su cuerpo actuaba aún más receptivo de lo normal, todo en él se sentía hipersensible, tanto que el calor corporal de Shinazugawa se sentía abrasivo y asfixiante.

Un deslizamiento de los brazos del albino, al igual que el acomodamiento de sus piernas hicieron a Giyū soltar el aire que no sabía que sostenía dentro de sus pulmones, su pecho chocó en su totalidad contra el de Sanemi, una de las rodillas de esté rozó sin notarlo sus muslos en más de una ocasión, y el rostro se encajó en su totalidad contra el espacio entre el hombro del azabache.

—¡Ahí! ¡Tienes más espacio para que hagas tu maldito trabajo! ¡¿Tu ineptitud puede manejar eso?! _Gruño contra el cuello de Tomioka.

Sabiendo que a estas alturas su voz lo traicionaría, el pilar de agua asintió de forma mecánica, entre más rápido lo hiciera más rápido podía alejarse de aquel cuerpo.

Inhaló recordando las instrucciones de su maestro cuando era un novato y abrió los ojos enfocando su atención al frente, no podía ver la barrera pero estaba ahí.

Con el espacio limitado alzó su espada con fuerza, realizando la primera postura; corte de superficie.

La corriente de energía impacto contra la superficie que ninguno de los dos podía ver, por suerte para ambos la barrera se quebró ante el filo de la katana.

Una vez libre Sanemi inhaló de forma regular el ambiente... El aroma dulzón lo inundó, ¿Qué era exactamente ese olor? Le resultaba vagamente familiar, pero no podía identificar bien que era, inhaló más profundo, pegando su nariz a la fuente... Ah, con que era eso, arándanos...

Los ojos violetas se abrieron ante la compresión de lo que eso significaba, por lo que, su cuerpo se alejó, colocando sus manos en la tierra para establecer distancia, lo natural fuera que se incorporará de inmediato, más su cuerpo no parecía responder como de costumbre.

No quería ver esa mirada de suficiencia en Tomioka ante semejante desliz, sin embargo, en una acción masoquista no pudo evitar que sus ojos viajarán hasta el cuerpo del contrario.

Exhaló aire.

Decir que estaba sorprendido era poco.

Su cuerpo se paralizó, ahí donde esperaba ver un molestó gesto socarrón, o incluso la expresión de "no eres lo suficientemente importante como para mirarte" se encontraba una expresión que guardaría cuidadosamente en su memoria.

La respiración siempre controlada ahora iba errática, haciendo que el pecho de Tomioka subiera y bajará con agitación, el rostro a un lado, intentando ocultar con sus manos las mejillas, que parecían un par de cerezas, no por la irá como atribuyó anteriormente, sino por la vergüenza, un sentimiento que Sanemi creía que su compañero no tenía.

Los ojos similares a un pez muerto, se encontraban cerrados, dejándole ver la espesura de sus pestañas, sus labios llenos y rosas estaban entreabiertos, invitándolo a inclinarse.

Shinazugawa se sintió enrojecer, como si recibiera una descarga eléctrica su cuerpo actuó en consecuencia, alejándose por instinto, los ojos de Giyū se abrieron de manera perezosa manteniendo un brillo que anteriormente no tenía.

La mente del albino hizo un clic ante la revelación, eran demasiadas expresiones para un rostro que permanecía siempre en reposó... No debería ser tan satisfactorio, era un humano común y corriente, lo normal es que tuviera más expresiones, solo que ninguna, sin importar las acciones de Shinazugawa o de los demás salía a flote, ni al momento de defender a esos mocosos su expresión dejó de verse controlada.

Anheló provocar esas reacciones, sería tan fácil como recorrer con sus manos el cuerpo frente de él, e ir guardando cada gestó, no importaba si eso conducía al desprecio, eso era mejor que la neutralidad... Casi se pudo reír de si mismo, estaba tan desesperado que recogería cualquier sentimiento y reacción diferente a la normal que Tomioka quisiera darle.

Dejó ir esos absurdos pensamientos cuando el recordatorio que tenía un demonio que cazar tomó fuerza.

Sanemi se aclaró la garganta.

—Vamos bastardo, no tenemos toda la noche _Shinazugaea extendió su mano, que Giyū no dudó en tomar para incorporarse.

El estoicismo regresó al rostro del azabache, haciendo que el albino frunciera el ceño.

Debían enfocarse en lo más importante ahora; terminar con ese demonio antes que se convierta en un problema mayor.

Sanemi soltó la mano del pilar del agua tomando su katana del suelo, dirigió una mirada a Tomioka, y con un pequeño asentimiento se dirigieron contra el demonio, ahora que sabían cual era su arte de sangre, solo les tocaba atacar una y otra vez.

Shinazugawa se detuvo, alzando su mano llena de cicatrices para hacer que su compañero se detuviera a su lado.

El demonio este se encontraba cerca de cuatro civiles cautivos en sus propios ataúdes, si no terminaban con eso, se hará más fuerte, llegando a ser un problema mayor a futuro.

Los ojos violetas se encontraron con los lapislázuli, quién como si eso fuera suficiente asintió.

Shinazugawa rodó los ojos, antes de lanzarse en un aparente ataque guiado por el impulso.

Fue difícil saber cuándo había una barrera frente a él si no podía verla, por lo que lanzó la cuarta postura; tormenta de polvo ascendente, realizando varios cortes en varias direcciones, cortando a su pasó algunos ataúdes, liberando así algunas personas.

El demonio mandó nuevos ataques al albino que neutralizó con precisión, logrando enfurecer y desesperar al demonio.

Con la atención del demonio en Shinazugawa, Tomioka como el agua que representaba se desplazó silenciosamente, adaptándose al plan de Sanemi.

La octava postura de agua; Lago de la cascada fue la que terminó cortando con precisión la cabeza del demonio, que comenzó a desintegrarse.

La fuerza del demonio iba dirigida en sus molestas barreras, con su atención en atrapar a Sanemi, su cuerpo quedaba desprotegido a cualquier ataque.

Con el demonio eliminado y la verificación de los signos vitales de los civiles, el par de pilares comenzaron su andar por un nuevo rastro.

El amanecer llegó en otra ciudad, donde una casa de Glicina les dió asilo, la mujer les dió una reverencia, conduciendo a cada uno a su propia habitación.

Por los pocos rasguños no fue necesario llamar un médico, cada uno cuidaría de sus propias heridas hechas más que nada en viejas batallas.

La mujer les proporcionó junto a la ropa cómoda, algunos recipientes que contenían hierbas medicinales que podían usar. También les ofreció usar las aguas termales, cosa que Sanemi no desaprovechó, dirigiéndose allí después de dejar su espada en la habitación.

Se quitó la ropa de cazador, dejándola en su respectivo lugar, con un par de toallas sobre los hombros entro a lavarse, encontrándose con Tomioka sentado en uno de los bancos de madera.

Se abstuvo de gruñir con molestía, esperaba tener un tiempo a solas, sobretodo lejos de ese tipo, lo hiciera olvidar su estupidez momentánea después de salir de aquel ataúd. Pero como siempre Tomioka arruinó sus planes.

Lo primero que notó, fue aquellos mechones que hacían ver su cabeza como alas de un cuervo se encontraban domesticados por ayuda del agua, dándole un toque más sedoso a las hebras sueltas que caían suavemente en la espalda desnuda, desprovista de cualquier imperfección, recorrió con sus ojos en busca de cualquier cicatriz de heridas pasadas, más no encontró nada, un completo contraste con su piel, que estaba llena de heridas viejas, la mayoría auto-inflingidas.

Siguió bajando la mirada, sin contar a Muichirō, la mayoría de los pilares masculinos tenían un cuerpo fuerte, esculpido con músculos firmes, hasta Rengoku que era un año menor que Sanemi tenía un cuerpo bien trabajado, ideal para las brutales arremetidas de la respiración de flama, Tomioka por otro lado, si bien tenía músculos, no eran tan marcados, su cuerpo era delgado, con una cintura más pequeña que la del promedio, el albino estaba seguro que su mano sería capaz de rodear perfectamente la circunferencia, la espalda baja tenía un par de hoyuelos, donde sus ojos se quedaron quietos por unos segundos, como si estuviera guardando esa imagen en su memoria.

Sin querer traspasar esa línea imaginaria, apartó la mirada frunciendo el ceño molestó consigo mismo.

¿Qué se suponía que estaba haciendo detallando el cuerpo de otro hombre?

Reanudó su andar, al lado opuesto de la habitación, donde se acomodó comenzando su propia limpieza.

Aparté del ruido que hacía el agua al caer, la habitación se llenó de un silencio tensó, aunque esa era la impresión del pilar de viento, pues Tomioka no reparó en su presencia.

Sanemi lavó su cabello, desenredando los nudos que encontraba a su paso, restregó su cuerpo siendo más cuidadoso con los cortes que aún se encontraban cicatrizando, su cuerpo se mantenía alerta, pero al menos sus ojos no lo traicionaron vagando hasta su acompañante.

Giyū enjuago su cuerpo con el agua restante, acomodó las cosas que uso en su respectivo lugar, se puso el paño en su cintura y otro en su cabello, al momento de girar su cuerpo se encontró con la sorpresa que no estaba tan solo como creía.

—Shinazugawa _Saludo con una expresión neutral.

Los ojos violetas chocaron con el lapislázuli, Sanemi se obligó a mantener la mirada fija en ese punto, fijándose solo en la estúpida expresión en blanco que tanto le irritaba.

¿Acaso no tenía más expresiones?

Como si su cerebro estuviera en su contra, la imagen de Tomioka tendido en el piso, con respiración agitada y rostro ruborizado llegó como un flash, recordándole que esa expresión en blanco no era la única que su acompañante podía hacer.

—¿Necesitas algo? _Arqueo la ceja inexistente manteniendo su tono lo más controlada posible, lo único que quería era que ese bastardo se fuera de una vez por todas.

Giyū paseó la mirada por la habitación, antes de volver sus ojos hasta el de ojos violetas, negó haciendo danzar sobre sus hombros los mechones de su cabello, los ojos del albino se detuvieron en los hombros, tan delicados e inmaculados que pedían ser marcados.

Tomioka giró su cuerpo caminando con dirección a la puerta que seguramente conducía a las aguas termales, sus pasos eran delicados, con casi diminuto balanceó que si no estabas prestando atención lo pasas por alto, los ojos violetas recorrieron la espalda desnuda, su mente lo traicionó trayendo una imagen de él inmovilizando a Tomioka, pegando su pecho lleno de cicatrices a la espalda mientras su miembro se molia contra el redondo trasero.

Sanemi apartó la mirada, pensamientos antes desechados regresaban con más fuerza a su mente.

¿Cuando fue la última vez que pensó en su satisfacción personal?

Mucho tiempo, sí a la mente le llegaba solo la satisfacción de matar demonios.

Tomó una nueva taza con agua, y se la echo, como si eso pudiera lavar los sucios pensamientos que traía su mente utilizando la imagen de un compañero pilar... Peor aún para él, la figura de Tomioka... Que lo veía con ojos cristalinos, pestañas gruesas, rostro sonrojado, tendido de espalda sobre el tatami, usando sus delgadas manos para abrir sus nalgas solo para que Sanemi se adentrará... Si esos pensamientos no eran un indicador que el agua no estaba funcionando, la dureza de su miembro se encargó de hacérselo saber.

Shinazugawa lanzó un gruñido molestó, ¿Cómo su cuerpo lo traicionaba de está manera? Poniéndose duró con una fantasía de Tomioka.

¿Esto era algún tipo de castigo? O tal vez el demonio que derrotaron tenía más trucos, como liberar un afrodisíaco dentro del ataúd o algo similar, hay demonios que solo devoran a los humanos cuando estaban en el clímax, así como también hay otros que se alimentan de personas dormidas.

Dejó ese cuestionamiento para después ahora mismo tenía una erección de la cual ocuparse.

Luego de utilizar agua fría para calmar sus necesidades, Sanemi regresó a su habitación, lo menos que quería era ver ese bastardo sonrojado por el calor de las aguas.

Se acostó en el futón y cerró los ojos buscando conciliar el sueño.

Como un recordatorio de que las cosas no serían tan fáciles, la imagen de Tomioka llegó a joderlo... O mejor dicho, a ser jodido.

Inhaló y exhaló aire, sin entender como con la simple imagen del pilar de agua usando la ropa de Sanemi, que le quedaba ridículamente grande, era capaz de provocar una nueva erección.

Lanzó un suspiro, si antes con el agua fría costó que su erección bajará, ahora que no tenía esa ayuda se quedaría despierto un buen rato, esperando que bajará naturalmente, a menos que ayudará a su cuerpo manualmente.

Pareciendo hastiado, Sanemi soltó el obi, dejando que la yukata se abriera, sus manos se cerraron firmemente sobre la circunferencia de su miembro.

¿Desde cuándo no se masturbaba?

Varios años, era posible que no lo hiciera desde aquel tiempo que descubrió que su pene no era solo para orinar, la vida de un cazador lo consumía, reduciendo a cero las ganas de auto-complacerse, si tenía ganas podía ir al distrito rojo, pero ahora solo estaba él, en esa habitación.

De forma gradual fue aumentando la velocidad del bombeo, imaginando pechos ni tan grandes ni tan pequeños, que encajen entre sus manos, pezones rosados a los que podría lamer la circunferencia antes de meterlo en su boca, chupando, gruñó cerrando los ojos, piernas abiertas para que él se adentrará con fuerza, el ritmo de su mano aumentó imaginando embestidas contra un interior cálido, la imagen en su mente tomó mayor nitidez cuando la vio abrir los ojos teñidos de lujuria... Ojos azules... Con cabello negro cayendo desordenadamente sobre su pecho ahora plano...

Maldijo por lo bajo, deteniendo los movimientos de su mano, ¿Cómo de la imagen de una hermosa mujer su mente saltaba hasta la de Tomioka?

Si su cuerpo continuaba siendo un traidor lo mejor era ignorar su erección, total, en algún momento se bajaría, ya no le importaba.

Se metió en el futon y cerró los ojos con fuerza.

Gran error, su mente demostrándole que estaba en una absurda guerra, le trajo una erótica imagen de Tomioka con los labios tan rojos como una cereza abiertos, con la lengua afuera y los ojos nublados por la lujuria, la sangre retenida en su pene se calentó, al tiempo que su miembro se tensaba soltando el almíbar preseminal.

El no caería tan bajo como para tocarse con la imagen de un compañero pilar, menos si era Tomioka, giró su cuerpo de lado, si podía soportar el dolor de las heridas auto-inflingidas, tenía que ser fácil soportar la presión sanguínea reunida en su parte baja.

Imaginó una habitación completamente en blanco, más las imágenes de Tomioka siguieron apareciendo en su mente, esta vez con ruidos anexados.

Después de estar veinte minutos sin poder dormirse, Shinazugawa se rindió, inhaló fuerte, bajando su mano, reanudando el bombeo, maldijo entre dientes cuando la imagen de Tomioka apareció tan nítidamente que pensó estar enloqueciendo.

Las manos níveas sustituyeron las suyas, su estómago dió un vuelco, al tiempo que su pene lanzaba más líquido preseminal, Tomioka subía y bajaba extendiéndose desde la punta hasta el final del miembro, a un ritmo tan tortuoso que Sanemi comenzó a mover sus caderas desesperadas, anhelando más contacto.

Ya no sabía si esto era real, su mente confabulando o una técnica de sangre, lo único que le importaba era que esas manos siguieran sobre su cuerpo.

Con un jadeó se dejó ir, soltando el semen donde el creyó que estaba la boca de Tomioka, aunque realmente los hilos del líquido blanquecino bañaron su estómago, pero eso era lo de menos.

Su cuerpo estaba adormecido por el post orgasmo, algo que le costó horas; si contaba desde que estaba en el baño, se resolvió en unos segundos.

Cerró los ojos, dejándose llevar por la nueva corriente.

Continuará.

Originalmente era un One-shot super largo, pero decidí hacer capítulos relativamente largos.

En mi planteamiento personal, digo que serán tres capítulos, pero estos podrán cambiar.

Subo está historia por el cumpleaños de Giyū Tomioka.

Sin más que decir, esperó que disfrutarán.

Nos leemos luego.

Ángel sin Luz/Blekk-Universe.