Cuando Shinazugawa abrió los ojos se sentía perdido, luego de unos minutos de mirar fijamente el techo en busca de respuestas, los recuerdos de la mañana golpearon con fuerza contra su mente, haciendo que se incorporará de golpe.

El semen que por la embriaguez del orgasmo dejó sobre su cuerpo, se endureció a nivel del estómago, haciéndolo sentir asqueado, de nada ayudó recordar nítidamente al Tomioka imaginario bombear su pene hasta el clímax.

Gruñó con molestía, golpeando con las palmas abiertas su rostro.

Respiró profundamente por unos minutos, escuchando una vocecita en su mente; muy parecida a la de Iguro, que le repetía con insistencia lo estúpido que era por caer tan bajo.

Soltando maldiciones entre dientes, se incorporó, acomodando lo mejor posible la yukata, necesitaba agua para lavarse y quitar esa sensación molesta en su abdomen.

Deslizó la puerta, recibiendo un saludo del cielo, tan celeste y sin ninguna nube que obstaculice el panorama.

El azul era el único color que no desapareció de su visión tras la muerte de su madre. Vaya ironía; el color que tanto apreció por ser el único que se mantuvo sin cambios, era color que más quería evitar.

Por la posición del sol, aún era mediodía, tiempo más que suficiente para centrar su cuerpo y pensamientos en el entrenamiento, camina al baño, sin la pesadez del trasnocho ni la distracción en la que definitivamente no está pensando, su camino es más rápido, concentrando su oído para evitar toparse con los civiles y cazadores que se alojan en la casa de glicina.


Giyū regula su respiración, sus ojos están cerrados y su mente en blanco.

Los demonios no solo atormentan a los humanos en la vida diaria, sino que algunos se encuentran en la mente de cada individuo, a veces callados, esperando el momento preciso para sembrar zozobra, dañando el espíritu, debilitando la mente, desgastando cada fibra que encuentre.

Giyū conoce muy bien sus demonios, y son todo menos silenciosos, repiten una y otra vez lo inútil que es, lo débil sí se compraba con Sabito, como no merece el título de Hashira, Tomioka les daba una y otra vez la razón a todas esas voces, que en lugar de atenuarse solo aumentaban el ruido, cambiando el monólogo con ideas para acabar con toda su inútil existencia, razón por la que evitaba ciertos sitios, incluso no empuñaba su katana a menos que se encuentre en misión, no podía dejar el puesto de pilar de agua vacío, aunque no sentía que no merecía el puesto, tenía que esperar que un verdadero pilar ocupará su lugar.

Esa idea era lo único que lo obligaba a seguir caminando, si él fue culpable de que alguien tan asombroso como Sabito no esté donde pertenece, lo menos que puede hacer es esperar a que alguien más capacitado tomé su lugar, y así poder retirarse... Para ver a Sabito...

Por eso meditaba, más que un gusto, era una necesidad, a la que recurría cada que su mente estaba lo suficientemente agitada como para crear remolinos que amenazan con arrastrarlo a la profundidad del mar.

Mantener el cuerpo ocupado no le dió resultado, no cuando su propia mente era el problema.

Con ayuda de la meditación fue que pudo acallar las voces, encontrando algo de calma... Literal y figurada, pues su onceava postura nació después de mucha meditación.

Nagi, cuando todo se detiene... El mar se estanca por un tiempo... Así como él desea que el mundo se detuviera justo cuando estaba con Sabito, y así entrenar por siempre en el monte Sagiri...

—Maldición, no puedo estar ni un jodido momento tranquilo _La voz de Shinazugawa lo hizo abrir los ojos, topando su vista con ese violeta... Tan similar a los de Sabito.

Apartó la mirada notando la ropa de cazador y la espada enfundada del albino, miró el cielo le confirmando que aún faltaban horas para el atardecer.

Se incorporó, cuidándose de no hacer contacto visual, lo que menos quería era traer imágenes de Sabito o lo que pudo ser si tan solo él no fuera un cobarde.

La acidez subió a su garganta, en esas condiciones no sería capaz de probar bocado, por lo que decidió regresar a la cama.

Antes de que pudiera dar un pasó, una mano se cerró con fuerza sobre su muñeca.

—¿Necesitas algo? _Tomioka no volteó, no quería ver de nuevo ese torturador violeta.

Sanemi desde su lugar apretó los dientes molestó, malinterpretando la situación, tomando su gesto como arrogancia.

Sus manos subieron, sujetando de la yukata a Tomioka, con fuerza lo jalo haciéndolo voltear, la sorpresa inundó por pocos segundos los ojos del azabache.

—Bastardo de mierda, ten la decencia de mirarme _Violeta luchaba por chocar contra el lapislázuli, más los esquivos ojos de Giyū parecían rehuir— ¡¿Qué demonios te pasa idiota?!

—Shinazugawa, creí que querías estar solo _Tomioka paseó su vista por cualquier punto que no fuera la mirada de Shinazugawa, que ante su renuencia no hacía más que alterarse más.

—Bastardo _Sanemi apretó la tela entre sus dedos acercando más el rostro de Tomioka— Al menos sirve para calentar _El azabache asintió haciendo que hebras de cabello dance hacía su rostro.

Después de cambiar la katana de Sanemi por algo menos mortal cortesía de la dueña de la casa, ambos pilares se acomodaron en extremos opuestos del jardín, la brisa fría de otoño que anunciaba un pronto cambio de temporada, y eso fue lo único que necesitaron para lanzarse hacía adelante.

Las espadas chocaron con tanta fuerza como para astillar la madera.

Los nudillos se emblaquecieron ante la presión al sujetar el arma. El manejo de pies y manos en ambos pilares no dejaba ni una abertura que aprovechar.

Pesé a la diferencia entre altura y musculatura estaban igualados, sin ceder terreno al otro. Violeta y lapislázuli por fin se encontraron, haciendo que la sonrisa del albino apareciera.

—Así, mantén tu vista en mí, bastardo _Relamió sus labios intentando hacer que el cuerpo cediera por su fuerza.

Giyū se mantuvo firme, ajustando su postura a la nueva fuerza que Shinazugawa ejercía.

Cuando los segundos pasaron, ninguno se doblegó, por lo que, al mismo tiempo dieron marcha atrás y fue Sanemi está vez el que arremetió de nuevo, la respiración de viento estaba conformada por múltiples ataques en diferentes direcciones, Giyū no tuvo más opción que adaptarse al cambio.

Sanemi frunció el ceño, la cara de gato en reposo seguía sin variar ni un centímetro, como si todo esto no le estuviera causando mayor esfuerzo, con un gruñido saliendo de su garganta golpeó con más fuerza, haciendo que su compañero retroceda por la inercia.

La diferencia entre la casa de glicina y sus fincas era la decoración y el espacio en el jardín, algo que le jugó en contra a Tomioka cuando Sanemi lo hizo retroceder hasta tropezar sus pies con las piedras que bordeaba el estanque de peces Koi, la sorpresa fue evidente, cuando su cuerpo se precipitó hacía atrás, cayendo dentro del agua.

La carcajada que soltó el albino, era tan similar a la que Sabito usaba para burlarse de él, aquel blanco esponjoso fue sustituido por un doloroso salmón.

Sus ojos se sintieron borrosos como hace tiempo no lo hacían, el nudo creció en su garganta, al tiempo que sus hombros temblaron, esto no era real, se repitió una y otra vez, justo como hacía cada que los fantasmas de su pasado llegaban a perseguirlo, intentó sujetar su haori, más solo encontró la tela de la yukata.

—Yū, ¡Deja de estar jugando en el agua, Urokodaki, nos golpeará si se entera!

Escucho la voz de Sabito de forma tan nítida como si solo hubieran pasado horas desde la última vez que se vieron.

El picor en sus ojos dió paso a una furtiva lágrima, se reprendió mentalmente por dejar que el llanto llegará tan lejos.

Se limpia las mejillas justo al momento que aquellos violetas ojos se abren, la sonrisa en el rostro de Sabi... No, Giyū se repite en su mente, está frente a Shinazugawa, y es en ese preciso momento que Tomioka cae en cuenta que es la primera vez que el albino ríe en su presencia y no es una sonrisa forzada, sino una carcajada en todo el sentido de la palabra.

"Toma eso Kochō" no puede evitar pensar tratando de concentrarse en otra cosa que no sea el parecido de Sanemi con Sabito.

Shinazugawa siempre ha sido malhumorado, con un vocabulario pintoresco, y un tono de voz fuerte si no es Oyakata-sama a quien se dirige, más verlo así, tan alegre, resulta fascinante, algo que, aún si Tomioka fuera bueno para expresarlo correctamente, no lo diría, no si quería conservar su cabeza sobre los hombros.

Shinazugawa ofrece su mano para ayudarlo a incorporar, sumergiendo al azabache en incontables dudas, mirando la mano ofrecida como si de un espejismo se tratará, desvío la vista al agua, como si eso pudiera ayudarlo con su decisión.

—¿Tan difícil es para ti dejar de ser un maldito engreído un segundo? _Shinazugawa frunce los músculos de su ceño, en otras circunstancias abría alejado su mano.

En vez de eso tomó la mano de Tomioka jalando con tanta fuerza que el cuerpo húmedo de Giyū terminó chocando con el suyo, a la par que sus frentes se golpean, haciendo que Giyū suelte un quejido.

Con timidez Giyū alza la mirada, encontrando a escasos centímetros de ese violeta, la sangre sube a su rostro, sus ojos vuelven a picar y el deseo se extiende por su cuerpo, aunque sea una ilusión, quiere creer que es Sabito y no Shinazugawa que lo tiene sujetado tan cerca...

Sus manos se mueven por inercia, sujetando el chaleco blanco, con fuerza, como si eso pudiera evitar que el contrario se escurra como agua entre sus manos, pensamientos se arremolinan en su mente, creando un mar lleno de caos.

Sanemi se queda quieto, viendo cómo gruesas lágrimas corren por el rostro del contrario y esos ojos lapislázuli recuperan un poco el brillo que con el tiempo se opaco, es como si estuviera viendo algo através de él.

—No pienso repetirlo, así que has que tus estúpidos oídos capten bien y tú estúpido cerebro se lo grabé, mantén tu vista solo en mí _Lanza en forma de gruñido, chocando con más fuerza sus frentes.

—Shinazugawa, eso no era necesario _Tomioka retrocedió, cubriendo con una mano la zona afectada, mientras la otra sigue sobre la ropa del pilar de viento, como si no quisiera separarse del todo.

—Entonces, deja de hacer tonterías que me hagan querer golpearte duró _Sanemi toma la nuca de Tomioka, haciendo que sus rostros se acerquen de nuevo, esta vez con la mano del azabache como una pequeña barrera.

Ambos sincronizan sus respiraciones, sus ojos apenas parpadean, evitan hacer cualquier movimiento que rompa la burbuja que los rodea.

Si alguno de los dos está incómodo por la cercanía ninguno lo dice, o da ademán de apartarse, solo se quedan en esa posición por varios minutos, ignorando lo mojada que está la ropa de Tomioka y como la de Shinazugawa comienza a humedecerse.

El viento frío del otoño hace danzar las hebras azabaches, y el olor a arándanos regresa a la nariz del albino, esa pequeña acción hace que el cerebro de Shinazugawa actúe, inclinándose hacia abajo, juntando sus labios. Tomioka hace un sonido estrangulado, sus manos se aferran a la tela blanca como si su vida dependiera de ello.

Los labios del azabache se sienten suaves, más de lo que Shinazugawa imaginó, sus dientes se encajan en el labio inferior sacando un nuevo quejido en Giyū, aprovecha el espacio entre los dos rosas labios, adentrando su lengua para saborear el suave néctar.

Es evidente la falta de experiencia del Hashira de agua, pues su lengua se mantiene quieta y sus labios apenas se mueven, esa información no hace más que encender el cuerpo del albino.

Su ropa, a pesar de estar abierta en la zona del pecho, se siente sofocante, su mano libre se posiciona en la cintura de Tomioka, jalando contra sí hasta que sus pelvis chocan.

Su excitación es palpable, Giyū se lo confirma separándose de su boca para soltar un jadeo, el azul apagado tiene un brillo lujurioso y su respiración deja de ser controlada, Sanemi sabe que no se encuentra en mejor estado, más a este punto no le importa, todos sus pensamientos y reproches a si mismo fueron desechados apenas sus labios se rozaron.

Con la mano que se mantenía en la nuca, aprovecha de tomar un puñado de hebras azabaches, jalando con fuerza hacia atrás, todo para exponer aquel fino cuello, el cual delinea con su lengua, fijando su mirada en la expresión ahogada de Giyū, quería grabar esa expresión en su memoria, recordar que el bastardo podía ser tan humano como cualquier otro.

Giyū bajó la mano de su frente, cubriendo sus labios ahogando cualquier sonido vulgar que salían por sentir los incisivos de Shinazugawa clavarse en la piel de su cuello. Su espalda se arqueó, y sus piernas se sentían como gelatina, tanto que si no fuera por la posesiva mano en su espalda baja, sus rodillas terminarían doblándose. En el fondo de su mente un fugaz pasa, recordándole que se encuentran afuera, donde cualquiera puede verlos, pero lo deshecha al instante que nuevas mordidas son dejadas en su cuello, se siente bien, demasiado bien como para parar.

Para desconcierto del azabache, Sanemi se detiene, soltando el cuerpo contrario, las piernas de Giyū se tambalean ante el cambio tan brusco, precipitándose al suelo.

Lapislázuli suben, esperando una buena explicación, lo único que encuentra es una sonrisa satisfecha dibujada en el rostro del albino.

—No sabía que te gustaban las exhibiciones, Tomioka _La voz suena con un dejé de burla, al mismo tiempo que sus dedos alzan el mentón del contrario— Yo preferiría llevar esto a un lugar más privado ¿Te parece? _Como un incentivo, inclina su cuerpo, chocando sus labios en un nuevo beso.

Su boca se mueve en un ritmo sensual, hambriento, esparciendo mordidas en aquellos hinchados labios, si es la última vez, tomará todo lo que pueda, Tomioka parece estar en la misma página que él, pues se ve recompensado cuando el contrario corresponde al principio de forma titubeante, pero con es pasar de los segundos, los labios del azabache lo buscan con más desesperó.

—Shi... Shina... zugawa _Tomioka suelta entrecortado cuando el albino se separa nuevamente de él.

Satisfecho con su resultado, el pilar de viento gira su cuerpo, el celeste del cielo lo saluda, justo ahora el azul no es tan irritante como antes, aún faltan algunas horas para el atardecer, tiempo más que suficiente para una sesión de sexo que le quité por fin la calentura que tiene su cuerpo por Tomioka.

Ingresa a lo que es su habitación dejando la puerta abierta, sí ese bastardo no viene, Sanemi regresará sobre sus pasos solo para darle la paliza de su vida. Por suerte para el Hashira de agua, eso no pasará, al menos no hoy, pues Tomioka ingresa a la habitación deslizando la puerta detrás de él para cerrarla, en opinión de Sanemi ese parece ser el límite de su valor, pues no avanza más de allí, incluso sus ojos lapislázuli viajan a cualquier punto que no sea el albino.

Sanemi se acerca, lentamente como lobo que acorrala a su presa.

—Que te quedé claro, no me gustas en absoluto _Sus dedos toman la yukata abriéndola en la parte superior, sus ojos graban en su mente cada detalle de esa pálida piel, pues después que acabé con Tomioka no quedará espacio sin marca— No voy a tomar tu mano, mucho menos actuar como tu jodido novio, esto es solo satisfacción personal. Aclarado eso, puedes ir a joderte si lo deseas, o _Sus dedos recorren los pechos hasta llegar a los pezones, su función no debe distar tanto a la de las mujeres cuando a relaciones sexuales se refieren, por lo que aprieta con la fuerza suficiente para causar placer y no dolor, mueve los pequeños botones rosas entre su pulgar e índice, sacándole a su compañero un gemido ahogado, ahí está lo que buscaba, con una sonrisa en su rostro continúa— Dejar que yo te joda.

—Shinazugawa.

—Mmm _Tararea agachándose hasta quedar en el espacio entre el hombro del cuello y el hombro, sin poder resistirse encaja sus dientes en el lugar, al tiempo que sus dedos aprietan con mayor fuerte, la recompensa es un gemido en todo su esplendor, muestra que poco a poco el contrario se está soltando.

—Como eres sincero, yo también lo seré contigo, si vine aquí no es porque me gustas _Dice cuando recupera el aliento perdido, su respiración se vuelve pesada al sentir el cuerpo del albino moverse como si estuviera reprimiendo una carcajada— Sino porque me recuerdas a alguien.

Confesión que en otro momento o minutos antes habría calentado la sangre de Sanemi, ahora mismo no hace más que divertirlo, ya le dijo a Tomioka que mantuviera sus ojos en él y no en lo que veía através, pero justo ahora era el momento de enseñarle que era él y nadie más que lo lleva a sentir el placer.

Esparce mordiscos bruscos sobre el cuello, alternando con chupones que espera que no se desvanezcán sino muchos días después.

Tomioka esperó que Shinazugawa se separará de él y lo corriera con un gritó por sus palabras, lo que sin duda no esperaba fue sentir las descargas eléctricas que recorren su columna cada que los dientes de Sanemi se encajan en su piel, o cada vez que aquellos labios succionan con demasiado ahínco, por segunda vez en el día, siente sus piernas temblar, por lo que se aferra al chaleco del contrario. Una nueva presión en los pezones lo hace arquear la espalda, creando una fricción entre su pelvis, Giyū no está acostumbrado a tantas atenciones.

—Dime, Tomioka _Sanemi habla pegado del oído del azabache, usando unos decibeles más bajos de lo normal logrando así que su voz salga más profundo— ¿Cómo se llama esa persona que ves en mi lugar?

Sin darle margen a la respuesta, Sanemi lo toma por las nalgas, alzando lo suficiente el cuerpo como para que Tomioka envuelva sus piernas alrededor de la cintura de Shinazugawa, la nueva fricción es más íntima, ganando un nuevo gemido, más parecido a un maullido de parte de Giyū, mientras el albino gruñe contra el cuello, presiona los incisivos antes de darle una lamida.

Sanemi los conduce al tatami, extender el futón les tomará tiempo, además qué, no quiere hacer pensar al contrario que busca cuidarlo de alguna manera, es solo sexo duro, para saciar su necesidad.

Depositó a Tomioka sin cuidado, sus labios nunca abandonaron el cuello, mientras sus manos recorrieron sobre la tela el redondo trasero, subiendo a ciegas tanteando hasta encontrar el obi.

—Sigo esperando _Shinazugawa ronroneó contra el oído del azabache desprendiendo el obi, sin perder tiempo, su mano se adentró, recorriendo la suave piel hasta llegar a donde se escondía el miembro goteante de almíbar preseminal.

Giyū parpadeó con pesadez, un gemido más alto salió de sus labios al sentir la mano de Shinazugawa acariciar su pene erguido, intentó apartarse del contactó pegándose todo lo posible a la madera del tatami, más con una caricia de aquellas manos a su falo, su cuerpo lo traicionó elevando las caderas.

Sus manos se aferraron a la nuca de Shinazugawa cuando esté dejó de morder su cuello y se separó lo suficiente para que sus ojos se encontrarán. Parecía estar esperando algo.

¿Qué era?

Soltó un nuevo gemido cuando la presión sobre su miembro se hizo más fuerte.

Pensamientos forman remolinos en su mente, Shinazugawa quiere algo... Una respuesta...

¿Qué fue exactamente lo que le pregunto?

Mordió su labio inferior con fuerza cuando la mano libre del albino delineó sus bolas, los dedos estaban húmedos y viscoso, que con su mente revuelta no podía hilar de que se trataba.

Sanemi siguió su juego, avanzando poco a poco hasta llegar al anillo entre las nalgas, aprovechó el estado de letargo del azabache por las caricias al miembro, para llenar su mano derecha con Aloe Vera; que la dueña de la casa le dejó para cuidar sus cicatrices.

Al sentir los dedos del pilar de viento delinear su entrada, Giyū abrió los ojos lo máximo que podía encontrándose con una sonrisa divertida.

—¿Demasiada atención te impide unir dos neuronas? _El albino se agachó apenas rozando sus labios.

—Sa _Susurró entre ruidos ahogados.

—Sa _Shinazugawa tarareo moviendo con mayor fluidez su mano.

Sus ojos estaban fijos en el desastre de Tomioka, con el cabello más alborotado que nunca, ojos brillosos, como si fuera a llorar en cualquier momento suplicando por más, labios rojizos entreabiertos con una ligera capa de saliva que los hacia lucir brillosos, cuello con marcas rojizas, pecho expuesto para ser devorado, piernas abiertas, solo para él.

El orgullo lo hizo inflar el pecho, de aquella imagen impasible no quedaba nada, todo quedó destruido solo con un par de besos y sus manos.

—Sa... Sa... Sabi _Gimió sintiendo el cosquilleo de antelación en su estómago— ¡Sabito! _Aulló al sentir como el dígito de Sanemi se adentraba en su interior, sus paredes internas rodeaban el dedo presionando cada que iba más profundo.

—Con que Sabito _Repitió contemplativo, acariciando las paredes con el fin de relajar al contrario, la estrechez era muy diferente a la de una mujer, por lo que debía preparar el camino, no era una bestia para tomar sin más, desgarrando a su paso el interior— No te preocupes _Introdujo un nuevo dedo abriendo y cerrando en forma de tijera, escuchando con deleite como nuevos gemidos salían de los labios de Tomioka al tiempo que el cuerpo se agitaba contra el tatami— Te daré tan fuerte que olvidarás hasta tu nombre.

—Shinazu _Giyū entrecortó sus palabras dejando salir un nuevo gemido, sus dedos se aferraron al hombro del albino, si seguía así no duraría demasiado.

Como si estuviera adivinando sus pensamientos, Shinazugawa adentró más sus dedos, acariciando el interior a la par que su mano sobre el miembro se movía con mayor rapidez.

—Yo... Yo _Gimió Giyū cubriendo con el brazo su rostro sonrojado.

—¿Sí? Te escuchó Tomioka _Sanemi sonrió mirando al contrario deshacerse a su tacto, las caderas subían de forma casi frenética buscando mayor contacto, la propia erección del pilar de viento se sintió insoportable, y estaba seguro que el líquido preseminal manchaba sus prendas, se estaba impacientando ante tanta espera.

Shinazugawa miró con atención a su acompañante, justo cuando vió la vibración en el cuerpo del contrario, tomó el miembro desde abajo, subiendo la piel hasta la punta, usando el índice y pulgar para mantenerlo sellado.

Giyū soltó un jadeó ahogado cuando su orgasmo húmedo se vió interrumpido, bajó el brazo, tratando de tomar la mano del albino y apartarla.

—Tomioka _Shinazugawa enterró más profundo los dedos, para luego sacarlos hasta la mitad y volverlos a enterrar, esta vez doblandolos en el interior, como si buscará algo— Si no quieres que me detenga por completo te quedarás quieto, yo soy el que manda aquí ¿Entendiste?

La única respuesta que obtuvo fue un asentimiento desesperado.

—Palabras Tomioka _Para reafirmar su punto, introdujo un nuevo dedo, acariciando con más vehemencia.

Tomioka se retorció cuando los dedos se doblaron en un sitio que lo hizo sentir extraño, un golpe en el mismo lugar lo hizo gemir alto, más su disfrute no duró mucho, pues los dedos se retiraron lentamente, como si fueran a salir.

—No _Giyū quiso tomar la muñeca de Shinazugawa para dejar los dedos en su interior, más la exigencia de quedarse quieto lo hizo detener su acción— No te detengas.

—¿Me estas dando órdenes? _Frunció el músculo donde deberían estar las cejas.

—No... Yo... _Tomioka miró a su alrededor buscando las palabras, sus mejillas adquirieron una nueva tonalidad de rojo— Sí entendí.

—Muy bien, así me gusta _Sanemi soltó por fin el miembro que a este punto no soltó el semen, y a su vez retiró los dedos haciendo que Tomioka lo viera sin entender la situación— Pareces confundido _El albino susurro inclinándose hasta tomar entre sus dientes el pezón, mordiendo con la suficiente fuerza para provocar un gemido— No te preocupes ahora viene lo mejor.

Sanemi se quitó el uniforme, lo menos que quería era ensuciarse, le dió una mirada a Tomioka cuando su miembro goteando esperma en claro estado de erección estuvo libre de la ropa, más esté solo se sonrojó apartando la mirada al instante.

El albino sonrió inclinando su cuerpo, sus manos tomaron el Aloe Vera, esparciendo lo suficiente en la circunferencia, no tenía ninguna experiencia atendiendo hombres, por lo que esperaba que el estiramiento sea suficiente.

Shinazugawa toma las rodillas de Tomioka, separandolas.

—Quédate así, _Sanemi lamió el cuello expuesto mordisqueando hasta la oreja— Usa tus manos, y abre tus nalgas para mí

Shinazugawa se aleja unos centímetros cuando siente los movimientos del contrario, este tipo de cosas es algo que no debe perderse.

Lame sus labios fascinado por lo obediente que puede ser el siempre altivo Tomioka. El albino toma su miembro entre su mano, roza el anillo un par de veces, jugueteando antes de meterlo.

Un gemido unísono cubre la habitación, las manos de Tomioka flaquean, antes de afirmarse de nuevo sobre el agarré, la diferencia entre los dedos y un pene es casi abismal, abriéndolo de forma tan tortuosa que siente su respiración cortarse.

Shinazugawa no está mejor, pues la estrechez de un hombre es muy diferente a la de las mujeres del distrito rojo, con cada centímetro sentía aquellas paredes internas presionando con más ahínco, de forma tan constrictora que apenas puede pensar con claridad.

—Debes relajarte _Gruñó mordisqueando con más firmeza el cuello expuesto— Eres un Hashira ¿no? Controla tu respiración

Sanemi empuja sus caderas, con más firmeza, sintiendo como poco a poco las paredes ceden, con la sensación de aplastamiento desapareciendo, los sentidos del albino se abren para el disfrute, la calidez interna en Tomioka lo hace querer ir más profundo, y así lo hace, empujando sus caderas una y otra vez, encajando con mayor fuerza los dientes, los gemidos no tardan en aparecer, llenando a Shinazugawa de una sensación placentera por ser él y solo él quien hace que la voz de Giyū llegue a decibeles más altos de lo normal.

—Shinazugawa _Soltó en forma de jadeo ahogado— Si quieres, puedes ir más duró, soportaré.

El cerebro del albino parece hacer click, pues años de controlar su fuerza en el sexo olvidó por completo que Giyū, con su cuerpo tan entrenado como el suyo, puede soportar todo lo que le dé.

Con una brillo en los ojos, y una sonrisa de oreja a oreja, que cualquiera categorizaría como demente, toma la parte trasera de las rodillas de Tomioka y las dobla hacia adelante hasta casi tocar el tatami, la flexibilidad del pilar de agua es sorprendente, pero de ninguna forma piensa decirlo en voz alta.

Sin perder tiempo, arremete con más fuerza, el sonido de sus bolas chocar contra las nalgas de Giyū, combinado con los gemidos saliendo de esos rosas labios le sabe a gloria, por lo que disfruta embistiendo una y otra vez hasta que todo el miembro está adentro.

Lame sus propios labios, maravillado como el mar siempre en calma que representa Giyū, se agita por las corrientes de viento.

Tomioka respira de forma entrecortada, la sensación de tener todo el pene adentro, no podía compararlo con nada, al principio el dolor fue algo molestó, ahora sin embargo, era como si su cuerpo se hubiera acostumbrado, dejando la sensación de placer. Nunca algo se sintió tan bien, su mente estaba completamente en blanco.

Sanemi retiró la mitad de su miembro, ganando un jadeo ahogado, a la par que las paredes se cierren alrededor de su falo, como si quisieran retenerlo, lapislázuli choca con violeta buscando algún tipo de explicación, más no es necesaria cuando el albino se hunde por completo con más fuerza, dando en un punto en específico que envía estrellas a los párpados de Giyū.

Sanemi mira a su compañero, concentrando sus embestidas a ese punto en específico, si bien sus oídos no son tan buenos como los de Tengen, el albino se sorprende cuando no siquiera los gemidos de Giyū son capaces de opacar el ruido de la madera astillarse.

Reduce la intensidad de los golpes, lo menos que quiere es dañar el piso de una de las casas de glicina, no si esa información llegará al maestro.

—Shi... Shina... Shinazugawa más _Tomioka enredó sus brazos entre el cuello de Sanemi jalando para unir sus labios en un beso, donde lo que menos importaba era la coordinación, cuando se separaron, un hilo plateado unió sus bocas por unos segundos— Más, por favor.

El violeta brilló con más fuerza, desechando los pensamientos anteriores arremetió con mayor fuerza ganado un gemido más alto.

Si terminaban destruyendo el tatami, solo tenían que pagarlo y hacer como si nada, a nadie más que a ellos les importaba que pasaban en esas cuatro paredes.

El ir y venir estaba haciendo estragos en Tomioka, sus caderas se movían buscando mayor contacto, el calor en la habitación era insoportable, más a ninguno le importaba, Tomioka estaba próximo a un orgasmo, por lo que recordando las palabras del albino, intentó sujetar su miembro tal y como Shinazugawa lo hizo antes, más la mano llena de cicatrices lo detuvo.

Sanemi se inclinó, golpeando de forma errática la próstata de Tomioka, su cuerpo se inclinó.

—Puedes venirte _Dijo de forma sensual, y como si fuera una señal, cerró los ojos sintiendo las olas de placer recorrerlo, hormigueando de arriba a abajo por su columna vertebral, chorros de semen bañaron el vientre de Giyū, los músculos de su trasero apretaron el pene y eso fue suficiente como para llevar a Sanemi a su propio orgasmo, liberando el líquido caliente en el interior de Tomioka, logrando un último gemido.

Sanemi dejó que el orgasmo lo recorriera, sin la tensión por estar controlando la fuerza de sus embestidas, se permitió disfrutar mucho más el sexo, decir que estaba gratamente sorprendido por deleitarse con cada segundo de lo que duró el sexo casual era poco, su cuerpo seguía disfrutando de la ola que llegaba con el clímax, tanto así que seguía unido a Tomioka.

Cuando por fin volvió en sí, retiró el miembro flácido del interior del azabache, viendo con morbosa curiosidad como el líquido parecía resbalar hasta gotear contra el tatami.

Giyū respiró varias veces, antes de abrir los ojos.

—Esto... _Sanemi no sabía exactamente que decir.

De nada ayudó ver como Tomioka se incorporaba tomando la tela de la ropa interior para limpiarse los muslos. Ajustó la yukata sin ponerse la ropa interior y avanzó con un cojeó hasta la puerta.

Volteó por última vez a ver a Shinazugawa y le dió una inclinación.

—¡¿Qué demonios?! _Farfullo Sanemi tras unos minutos de incredulidad, después de pensar que Giyū no podría ser más molestó, hace está estupidez— Nunca más tendré sexo con ese bastardo.

Afirma con renovada irá.

Palabras que durán hasta la mañana siguiente, cuando después de otra noche infructuosa, Sanemi se ve arrastrado, como si de un remolino se trata, hasta la habitación de Giyū. Aprovechando con mayor ferocidad de marcar con más ahínco la piel.

Continuará.

Espero que disfrutarán.

Segunda vez que hago una escena explícita chicoxchico así que si les dió algo de cringe me disculpó.

Si van a mandar mensajes de odio, al privado donde nunca los abriré.

La relación de Sanemi con Giyū ya empezó, primero como algo de conveniencia, no se sientan mal por ninguno, ambos están claros en la situación y por ahora están cómodos con ella.

Sin más que agregar.

Nos leemos luego.

Ángel sin Luz/Blekk-Universe.