A la mañana siguiente, Naruto y Hinata se despidieron de la familia y emprendieron su viaje. Les llevó casi dos horas corriendo por el agua llevar a la isla. El lugar parecía una playa y había una pequeña elevación, por lo que no podían ver más allá.
Una vez subieron, casi se arrepintieron de haberlo hecho, el paisaje era desgarrador, las ruinas de Uzushiogakure junto a todos los cadáveres que allí había, prácticamente eran esqueletos y algunas prendas desgarradas, tanto por el tiempo como por la guerra.
La maleza había invadido todo, cubriendo casi por completo los edificios que había, o más bien lo que quedaba de dichos edificios, solo eran reconocibles ciertas construcciones, tales como el castillo que había encima de una pequeña colina algo distanciada de la aldea.
Dado que era lo único que realmente parecía estar en pie, decidieron ir allí primero. El rubio le había contado sobre la carta que había encontrado esa noche y lo que quería hacer, y ella estaba de acuerdo con él y lo apoyaría en todo lo que pudiera.
También le había hablado sobre los pergaminos de ninjutsu médico que le había dado Tsunade y que quería que los tuviera ella, ya que ella tendría más probabilidades que él de lograrlo, y la chica había aceptado algo nerviosa y sonrojada, en su mente, él había confiado en ella y por tanto no podía fallar.
Las puertas del castillo estaban abiertas, aunque el término correcto sería derribadas, era claro que habían entrado a la fuerza allí, todo estaba revuelto y/o destrozado, no quedaba gran cosa del lujoso palacio que seguramente fue en su tiempo.
Gracias al byakugan, pudieron dar rápidamente con las escaleras que conducían al sótano. Tras una inspección, determinaron que no había trampas y procedieron a descender. Naruto daba gracias de que sus antepasados hubieran creado un sistema de sellos que iluminaban el lugar.
No les llevó mucho tiempo llegar abajo, y pudieron notar que el lugar estaba vacío, o bien se lo habían llevado todo, o allí nunca hubo nada, y no sabían cuál era cierta. Sabiendo que había una cámara oculta, Hinata volvió a activar su línea de sangre, así logró ver a través del genjutsu que había un sello en una parte concreta de una de las paredes.
El Uzumaki no dudó en hacerse un corte con un kunai y pasar su sangre por el sello, rezaba para que su sangre mestiza sirviera, si no, no podrían hacer nada para lograr entrar. Sus plegarias fueron escuchadas y se abrió una puerta en la pared.
La Hyuga no sabía si era correcto entrar allí, ella no era de ese clan, pero su compañero le dijo que fueran y la arrastró llevándola de la mano hacia dentro, la chica no pudo evitar que su cara se pusiera roja.
Después de caminar un poco, descubrieron que el camino se dividía en tres. No estando seguros, fueron primero por el camino de la derecha, y al final del camino, se encontraron con una sala llena de riquezas.
-Esta debe ser la cámara del tesoro del clan - dijo asombrada Hinata, ni siquiera su clan, que era uno de los más ricos de Konoha y de todos los países elementales, tenía tal cantidad de riquezas.
Casi parecía el tesoro de un grupo de piratas como en los cuentos infantiles.
Regresaron por donde habían ido, y tomaron esa vez el camino de la izquierda, la chica se confundió porque fueran a la izquierda y no al centro, pero lo dejó estar, sabía que el rubio al final iría a los tres lugares, no pasaba nada porque fueran a uno antes que a otro.
Al final de ese pasillo, pudieron observar una sala llena de armas y pergaminos, y después de un vistazo más de cerca y exhaustivo, pudieron determinar que se trataba de las armas y jutsus prohibidos, además de información o jutsus demasiado importantes y de alto nivel como para estar incluso en la biblioteca del clan.
Rápidamente volvieron sobre sus pasos para ir al pasillo del medio, Hinata no podía entender el repentino nerviosismo de su amado, pero otra vez no dijo nada, solo dejó que la siguiera guiando, ya que en ningún momento habían separado sus manos.
Para su sorpresa, al final del pasillo había una puerta con un inmenso sello en el centro. Eso los confundió mucho, los otros dos lugares no lo habían tenido, ¿por qué ese sí?
Con la curiosidad a flor de piel, Naruto volvió a cortarse la mano y puso su sangre en el sello. Esperaron, pero no pasó nada. Pensando que tal vez era un sello de chacra, el rubio puso algo de su chacra en el sello. Tampoco pasó nada.
-No lo entiendo - casi gritó de exasperación el Uzumaki.
-¿Ahora qué? - preguntó la Hyuga.
Pensando un poco, sacó la carta de su madre con la esperanza de que le diera alguna pista, pero no había nada, solo las palabras que leyó el día anterior.
Volvió a mirar el sello, en ese momento más que nunca le hubiera gustado saber fuinjutsu, tal vez eso le hubiera ayudado a saber qué pasaba con el sello. Suspiró, ya sabía lo primero que haría al entrar en la biblioteca de su clan, tal vez entonces encontrara una solución.
-Bueno, por ahora no podemos hacer nada, no sé mucho de sellos, y está visto que mi sangre o chacra no funciona, tampoco aparece nada en la carta de mi madre, así que habrá que esperar hasta aprenda fuinjutsu - le respondió finalmente el rubio algo deprimido, quería saber lo que había detrás.
-Si quieres, puedo usar mi byakugan y ver lo que hay detrás, tal vez no podremos ir a por ello, pero sabremos lo que hay - sugirió la pelinegra, el chico negó.
-Te lo agradezco Hinata chan, pero no, ciertamente quiero saber lo que hay, pero no lo haré de esa forma - dijo e hizo una pausa - además, el tener como objetivo poder abrir esa puerta de seguro me motivará a aprender más rápido - le aseguró con una sonrisa.
La chica sonrió un poco sonrojada, admiraba todo de él. Justo cuando se habían dado la vuelta para irse, el ruido de la puerta abriéndose los sorprendió. Se dieron la vuelta y pudieron notar que esta estaba ligeramente abierta, lo cual los confundió.
Naruto puso a Hinata detrás de él por si acaso, no quería que ella saliera herida por su culpa, y el gesto fue tan tierno de su parte, que la pelinegra estaba al borde del desmayo, si no fuera por la situación que tenían delante, lo más seguro es que lo hubiera hecho.
El rubio empujó poco a poco la puerta, revelando una sala sumergida completamente en la oscuridad, lo cual le hizo fruncir el ceño. Entró con pasos cautelosos, incluso él, el ninja número uno cabeza hueca e hiperactivo, sabía que ser imprudente en esa situación podría costarle la vida y la de su amiga, que era por la que más se preocupaba en ese momento.
Quiso que ella se quedara detrás de la puerta para su seguridad, pero ella se negó y lo siguió. Cuando ya hubieron dado unos cuantos pasos dentro de la habitación, la puerta se cerró con un crujido, dejándolos a ambos en la completa oscuridad.
Los chicos se pusieron espalda contra espalda para protegerse mejor en caso de ataque, también Hinata activó su byakugan, pero lo extraño era que no percibía nada, solo podía detectar su chacra y el de su compañero, lo cual la ponía más nerviosa, pero no iba a permitir que nada ni nadie lastimara a su Naruto kun.
De repente se encendieron varias antorchas, las cuales iluminaron el lugar hasta cierto punto, podían apreciar que ellos estaban dentro de un círculo formado por las antorchas, en el suelo había un circulo con grabados intrincados en él. Ninguno de los dos podían identificar qué era.
No podían ver más allá de las antorchas, era como si las llamas solo iluminaran su parte de la sala, no el resto, ya que ambos podían apreciar que no se veía ninguna pared, y a cada momento que pasaban, más se arrepentían de haber entrado allí.
Sus latidos iban a mil por hora, sus respiraciones eran irregulares, el aire se sentía sofocante y lleno de tensión. La adrenalina corría por sus cuerpos a gran velocidad, sus músculos preparados para el combate, porque una cosa era clara, eso lo debía estar haciendo alguien, no podía ser un mecanismo.
El aliento de Hinata se atascó en su garganta y liberó un pequeño chillido, lo cual alteró a Naruto aún más y se giró para saber lo que había visto su compañera. Su sangre se heló y un escalofrío recorrió su espalda. Definitivamente no debieron entrar en esa sala.
