Después de un largo viaje, los ninja de Konoha llegaron al País de las Olas. Su presencia llamó la atención de muchos, pero hubo unos pocos que se preocuparon por ese hecho.

La familia de Tazuna, la cual estaba comprando en el mercado, los notaron rápidamente, y los tres compartieron el mismo pensamiento: algo pasa. Querían ir a Uzu y avisar a sus amigos, pero sabían que eso podría ser peligroso, por lo que solo les quedará rezar para que todo salga bien al final.

No solo las personas apreciaron su movimiento, también un par de cuervos que fueron a avisar a sus invocadores. Y mientras, el grupo siguió avanzando rumbo a la isla de los Uzumaki.

En dos horas, ya estaban en las playas de Uzushiogakure. No sabían qué podrían encontrar, por lo que iban en silencio y completamente atentos a su entorno. Incluso Gai y Rock Lee, que eran los más animados del grupo, se mantuvieron callados y serios.

-¿Quiénes sois y qué queréis? - preguntó una voz, el grupo se giró y podría ver a una mujer, no mucho mayor de 20 años, pelirroja y de ojos verdes, la cual les estaba mirando seria y preparada para el combate si resultaran ser enemigos.

-Mi nombre es Tsunade Senju, soy la quinta hokage y esta es mi escolta, y venimos a hablar con el líder del clan Uzumaki - dijo la rubia mayor del grupo.

La kunoichi de Uzushiogakure los miró con ojo crítico, no era un secreto para nadie lo que había pasado entre su rey y la aldea de las hojas, también su búsqueda para intentar encontrarlo y que regresara junto a Hinata.

-Déjalo estar Kyomi - oyeron otra voz, se giraron en dirección de la nueva voz y se sorprendieron de ver a Gaara.

La chica dudó, seguía sin fiarse de los shinobis recién llegados, pero asintió.

-Gaara, ¿qué haces aquí? - le preguntó incrédula a Tsunade.

-Lo mismo que ustedes, solo que yo tardé menos tiempo - respondió el pelirrojo.

-Entonces, ¿realmente Naruto está aquí? - preguntó la Hokage esperanzada, y no era la única.

El jinchuriki se mostró reacio a decir algo, sabía que esas personas no habían tenido nada que ver con el destierro de su amigo, pero aún así le molestaba bastante su presencia.

Finalmente asintió, él estaba allí por pedido del rubio, era el encargado de llevars al castillo, le gustó o no la idea. Les dijo que le siguieran, y ellos así lo hicieron. Fueron por la playa y las colinas, sin acercarse a la aldea, aunque se podía ver a la distancia.

-En verdad Uzu ha vuelto - comentó Jiraiya, más para sí mismo que para otra persona.

Él intentó hablar al respecto con su guía, pero Gaara no mostró ningún interés en hablar, y aquellos que lo habían conocido durante los exámenes chunnin, a pesar de lo ocurrido en el rescate de Sasuke, estaban nerviosos por su presencia.

No les llevó mucho tiempo llegar al palacio. Todos se quedaron boquiabiertos con la espléndida construcción. Era enorme y estaba en perfecto estado. Al entrar, puede ver a la gente trabajar alegremente y yendo de un lado a otro.

A pesar de estar disfrutando del paisaje y el recorrido, no estaban seguros de si el pelirrojo los estaba llevando a ver al rey del lugar oa su amigo desaparecido, pero dado que estaban en el castillo, supusieron que era lo primero, aunque era comprensible, primero debería hablar con el líder, y luego de conseguir su permiso, irían a por el rubio y lo llevarían de regreso.

Después de recorrer varios pasillos y escaleras, llegaron ante unas puertas de roble con el símbolo de la realeza de la isla. Cada puerta mostraba un escudo dividido en tres partes, a la derecha el remolino de los Uzumaki, a la izquierda un majestuoso árbol, y en la parte inferior el símbolo de Hagoromo, aunque este último era desconocido para ellos.

El jinchuriki abrió las puertas y todos pasaron. Al entrar, podrá apreciar una sala enorme, finamente decorada, con columnas a los lados y un techo elevado. Estaban tan distraídos observando todo, que no se percataron de las personas que allí estaban hasta que su guía habló.

-Majestad, él trajo a los ninja de Konoha como me pediste - anunció y los tocaron miraron al frente para llevarse otra sorpresa.

-No hace falta que seas tan formal, Gaara, somos amigos antes que nada -dijo el rubio en el trono, a lo cual el pelirrojo asintió.

Sin decir una palabra, se movió y se puso en uno de los laterales, y si el grupo no había estado tan conmocionado mirando a las personas delante de ellos, se llevaron otra sorpresa al ver quiénes estaban allí.

-Naruto, Hinata, ¿sois vosotros? - preguntó Tsunade sin creerlo.

-Me alegro de verte, abuela, ha pasado bastante tiempo - respondió feliz el ojiazul.

-Sí, es él - se rió ligeramente Jiraiya.

-No seas envidioso, ero-senin, a ti también te he echado de menos - dijo ahora burlón, logrando que fuera la rubia quien se riera esa vez.

-Hola Tsunade sama, Jiraiya sama - saludó formalmente la ojiperla.

Todos estaban en shock por lo que veían, sus amigos estaban frente a ellos, y no como ninjas renegados o desaparecidos, sino como los reyes de un país que, por lo poco que habían visto, era próspero, y si eso no fuera poco, anteriormente estaba destruido.

-¿Cómo es esto posible? - casi chilló Ino.

-Fácil, mi madre era princesa de esta isla antes de su destrucción, y debido a una serie de cosas que os explicaré después, pues, ya nos veis - dijo como si nada y con una sonrisa Naruto.

-¿Y Hinata? - seguido preguntando la rubia, a lo cual la mencionada no pudo evitar sonrojarse un poco.

El rubio miró a su esposa, no sabía si decirlo él o dejar que ella lo explicara.

-Es muy sencillo, Ino, yo soy la reina de Uzushiogakure, y antes de que preguntes, sí, Naruto y yo estamos casados - Anunció con un tono firme que, si no fuera porque sus palabras eran ya de por sí muy sorprendentes, habrían sorprendido a todos.

El chillido de la Yamanaka no se hizo esperar, logrando que muchos se taparan los oídos para evitar quedarse sordos, en especial Kiba y Akamaru, ya que ellos tenían una audición mayor que el resto. Una vez que terminó el ruido, prácticamente todos la miraron con cara de disgusto, lo cual hizo que se pusiera un poco roja por la vergüenza.

-Naruto, ¿podrías explicarnos exactamente lo que está pasando? - cuestionó la sanidad.

El rubio asintió, suspiró y les relató por encima lo que había pasado en esos 4 años que habían estado allí. Todos, sin excepción, se sorprendieron por todo lo ocurrido, desde lo de la cámara y el rinnegan, hasta la alianza con Kiri, los jinchurikis y Akatsuki.

-Lamentamos no haberle informado, Hokage sama, pero espero que entienda que debemos guardar el secreto - se disculpó Sakura.

Durante la explicación de lo ocurrido, el grupo fue consciente de las personas de la habitación, a parte de Naruto, Hinata y Gaara, estaban Sakura, Sasuke e Itachi. Este último fue quien más impresión causó, pero después de explicar todo, se pudo entender y lamentaron lo que ocurrió con el clan Uchiha.

Como ya era un poco tarde, los chicos les ofrecieron quedarse en palacio esa noche, a lo cual aceptaron, y debido a la insistencia de los sanin, sus antiguos compañeros y senseis, acordaron que los cuatro antiguos genins de Konoha volverían con ellos para hacer una alianza como la habian tenido en el pasado.

La parte de la alianza era algo que no molestaba a ninguno, el hecho de volver a la aldea sí lo era, no querían volver, no querían que los fantasmas de su pasado volvieran a acecharlos, en especial al Uzumaki. No le gustó para nada cuando descubrió que le habían ocultado que su padre era el cuarto hokage, aunque pudo entender sus motivos, pero el hecho de que la gente lo quisiera de vuelta y se lamentaran de haberlo tratado mal solo por su padre lo cabreaba.

Hacía tiempo que se había olvidado de su deseo infantil de ser hokage, ya no pertenecía a la aldea y tenía un reino que dirigir. De los malos tratos y las palabras de odio también se había olvidado, era su pasado, uno que quería olvidar y del cual ya había pasado página, por eso le cabreaba tanto que las personas de la hoja resultaron tan hipócritas, si realmente lo lamentaron, entonces lo dejarían en paz para que pudiera vivir tranquilo lejos del lugar que tanto daño le hizo.

Al final había aceptado ir, pero no se iba a quedar, dijeran lo que dijeran, iría para hacer la alianza, saludaría a las personas importantes para él que no estaban allí como Iruka, Teuchi y Ayame, y volvería a Uzu, ya que no solo era su reino, sino que sus habitantes eran su familia y seres queridos, allí estaba su hogar, aquel que tanto había deseado toda su vida, la gente de Konoha no se lo iba a fastidiar.

Una vez terminada la cena, siguió hablando un rato, hasta que se hizo tarde y todos fueron a sus respectivas habitaciones.

-Estás preocupado - le dijo la Hyuga a su marido, no necesitaba preguntar, sabía muy bien cómo estaba.

El chico suspira.

-Es que sé cómo se comportarán, la gente del pueblo vendrá pidiendo disculpas solo por ser hijo de mi padre, el consejo intentará de todas las maneras posibles que vuelva con ellos, y esa vieja momia de Danzo no desaprovechará la oportunidad de tener a 8 de los 9 jinchurikis bajo su poder - afirmó el rubio.

-Tienes razón, pero sé que no les dejarás manipularte, ya no eres el mismo de antes -comentó Hinata.

Era verdad, había madurado mucho en esos años, y no era el único, su mujer y compañeros de equipo también lo habían hecho, pero su cambio fue más grande que los otros, ya no podía ser el mismo niño ingenioso, bromista y cabeza hueca que había sido, tenía que ser maduro, serio y decisivo, era el rey después de todo.

-Lo sé - dijo en un suspiro, a veces echaba de menos su ser inocente y despreocupado.

La ojiperla lo miró, se acercó y lo abrazó por detrás.

-No estás solo, yo siempre estaré para ti, y estoy seguro de que Sasuke y Sakura opinan igual que yo, no te dejaremos solo - le dijo suavemente.

El ojiazul suspiró, se dio la vuelta y correspondió el abrazo.

-Te amo, le dijo suavemente cerca del oído.

-Yo también te amo, siempre lo he hecho - le respondió en el mismo tono y con una tímida sonrisa, a pesar de estar casados, algunas veces no pudo evitar ser la chica tímida que una vez fue.

- Te protegeré, los protegeré a todos, lo prometo - fue el último pensamiento que tuvo Naruto antes de quedar dormido junto a la mujer que amaba.