Menos la historia, nada me pertenece.
La gente ya no sabe que usar para meterse conmigo. Hasta ahora se habían metido con mi físico: dicen que me he sometido a cirugía estética, mi nombre: lo ridiculizan a más no poder y mi cerebro: muchos murmuran, que mis notas son el resultado del dinero de mi padre…se ve que ya solo les queda mi orientación sexual. La originalidad está muerta.
En los dos colegios en los que estudie y también en la universidad acabe teniendo fama de lesbiana. Antiguamente estaría mal visto y podría causarme problemas, pero en pleno siglo XXI era absurdo.
Si eso era lo peor que podían decir de mí, no tendría ningún problema. Ahora bien, no voy a salir del armario siendo heterosexual.
La primera vez que me tacharon de gay, podría haberse considerado culpa mía, de no ser porque lo aclare en el acto.
- ¿Qué chico te gusta? - Me pregunto una compañera.
- No me interesan los chicos - contesté rápidamente queriendo seguir con el libro, que estaba leyendo, aprovechando el cambio de clase.
- Ah…eres lesbiana, hay otra en la clase B, podría liarlas – me contesto con divertida malicia.
- No quise decir eso. Me refiero a que soy muy joven para estar pensando en chicos – aclare de mal humor. La gente oye y entiende lo que le da la gana.
Los rumores por supuesto corren como la pólvora. En cuestión de días lo sabía hasta el último mono.
En el instituto hice dos amigos: Goku que es casi como un hermano para mí y Yajirobe.
El tiempo que estuvimos juntos durante la enseñanza obligatoria, ellos no tenían intención de ir a la facultad, pase de gay a golfa. Decían que nosotros éramos un trío amoroso debido a mi indecisión para elegir entre los dos. Daba igual que Yajirobe estuviera ya preparándose para ser monje. Mucho menos mi relación fraternal con Goku y lo ingenuo que es.
Lo que más me molestó fue el comentario de una chica, que ni siquiera conocía porque era de otra clase, cuando exprese mi conmoción ante semejante habladuría.
- Es que el hecho de que una chica como tú, este con dos chicos a la vez, da que hablar – me escupió.
¿Qué demonios significa eso? Sinceramente no sé cómo no le partí la cara por imbécil. No pude evitar pensar en Blancanieves, de seguro para estas personas su nombre tendría que ser Putanieves. A fin de cuentas vivió con siete enanitos y se hizo amiga de estos.
Después de esta etapa, volví a ser tachada de lesbiana porque en mi grupo de amigos de clase solo había dos chicos y eran gays. Tampoco ayudo el hecho de que una de las muchachas, tuviera mal beber y contara por ahí que estamos experimentando nuestra sexualidad, con juegos como la botella.
De todas formas me hizo gracia pasar de un extremo al otro. Por lo que parece no se deciden ni ellos mismos sobre mis gustos.
Una noche en un bar, reunida con todos mis amigos masculinos, viví una situación surrealista. Una señora de más o menos la edad de mi madre, me pregunto cómo me las arreglaba para salir con siete hombres a la vez.
Me pillo tan harta de este tipo de cotilleos sin sentido que le conteste:
- Pues mire muy sencillo como son siete, uno para cada día de la semana – le sonreí esperando su reacción. La cual me dejo totalmente desprevenida.
- Que lista eres, haces muy bien – me dijo como si acabara de contarle un logro importante.
Pensé en decirle que en verdad le había dado una respuesta sarcástica, pero sencillamente no pude. No me esperaba para nada ese tipo de respuesta. No encontré ningún reproche en su cara, ni que me juzgase con los ojos.
Parecía sincera y encantada con mi estilo de vida. Como si hubiera deseado poder hacer lo mismo cuando tenía mi edad. No estoy segura de si fue mi imaginación y solo vi lo que quise ver, o si de verdad capte sus ideas.
Otra situación de lo más hilarante me ocurrió en la universidad. Al final de cada lección, me giraba para controlar la entrada del profesor en el aula. Cuando estaba mi amigo Ten aprovechaba para hablar con él, ambos coincidimos en estudios, pero no teníamos todas las clases en común.
Al lado de la entrada al salón de clases se sentaban unas chicas. A consecuencia de mi vista fija en la puerta de la clase, comencé a oírlas cuchichear sobre la posibilidad de que fuese lesbiana y cuál de ellas sería la musa de mi fascinación.
No sé porque pensé que mis compañeros serian maduros y se dedicarían a estudiar. En ese momento me di cuenta de porque la gente ve culebrones: les encantan los chismes, las peleas, las discusiones y los enredos. Lo malo es que parecen disfrutar más de los que ocurren en la vida real, hasta el punto de provocarlos.
Pasado el tiempo, me encontré un par de veces con una de estas niñas mientras estaba cogida de la mano con mi pareja. Vegeta, quien no tiene nada de andrógino y por lo tanto, se ve bien claro que es un hombre. La conversación que tuvo el grupo después de estos encuentros, me dejo sin saber si reírme o llevarme las manos a la cabeza.
La que parecía ser la líder, no era precisamente la más adecuada para tacharme de gay. Corte de pelo como un chico, ropa habitual un chándal y maneras de marimacho. Sé que no está bien juzgar y que mi descripción es un tópico, pero es la verdad y además ella empezó primero.
Otra vez pregunto quién sería el objeto de mi deseo, provocando la siguiente conversación:
- Pues al parecer tiene novio – dijo como si tuviera una bola de cristal, la muchacha que nos vio.
- ¡No jodas! – grito la jefa.
Seriamente me plantee agitar los brazos y decir:
- ¡Hola! Estoy aquí, oigo todo lo que decís porque gritáis como las vendedoras en la plaza.
Habría sido gracioso ver sus caras. Lo bueno es que esa fue la última vez que tuve que oír rumores sobre mis preferencias y cualquier otra crítica hacia mi persona. Lo cual después de años, es un verdadero alivio.
Lo confieso menos una situación que me contaron, el resto está basado en mi vida con algunos cambios.
