Capítulo 2: "La verdad ante todo…"

- ¡Don yoh!- gritó Ryu al ver a su jefe caer desde el peñasco. Llevaban dos días sin descanso tratando de adoptar la nueva técnica con la que podrían detener a Hao, los secretos que el gran onmyoji había guardado hace 1000 mil años.

Enfrentándose a los shikigamis, Zenji y Kouki, que ahora manejaba Anna, la itako no daba tregua de dudas en este nuevo entrenamiento que tanto le encomendó Yohmei que realizara. La presión y el tiempo les jugaban en contra y por ello su afán a que su prometido y el equipo Funbari obtuvieran el poder.

En la mente de Yoh resonaba el nombre de la nueva técnica y lo distraía ¿dónde había escuchado sobre ella? Se repetía constantemente en su cabeza, sin poder concentrar su maná como era debido en la nueva posesión.

- ¡Concéntrate Yoh! – gritó la Itako al ver al joven levantarse lentamente del suelo.

Amidamaru sabía que su amo no actuaba con naturalidad, algo le molestaba, le perturbaba y no podía saber qué era. Sabía que debía darle su espacio, tiempo para asimilar las cosas y lo que vendría por delante. Hao y su equipo eran devastadores y crueles, sin humanidad alguna, sentimientos que a su joven amo le perturbaban en lo más profundo de su corazón.

- Señorito Yoh ¿se encuentra bien? – preguntó el samurái al notar la respiración agitada del shaman. Su rostro era todo lo contrario al que solía demostrar a los demás. Gotas de sudor corrían por su frente y pecho, debía concentrarse, esta era la oportunidad que tenían para estar más cerca del poder de Hao o al menos tener alguna oportunidad de derrotarlo. Con esfuerzo, Yoh se puso de pie y notó la preocupación en el rostro de su espíritu acompañante.

- Todo bien Amidamaru ¿lo intentamos? sonrío el shaman queriendo entregar la tranquilidad que acostumbraba.

- ¿Estás listo Yoh? ¡Una vez más! Esta será tu ultima oportunidad, es hora que aprendas el Chō-Senjiryakketsu …sino será demasiado tarde- comentó la itako acercándose a su prometido.

- sí…lo sé, vamos Shikigamis con todo- contestó el shaman- ¡posesión de almas Chō-Senjiryakketsu! ¡Amidamaru en O·S Espíritu de la Espada!

Ambos shikigamis saltaron a enfrentarlo sin piedad. Si bien Anna los controlaba y podían ser detenidos en cualquier momento, la muchacha sabía que su prometido podría con ellos. Nunca tuvo duda de sus capacidades y menos ahora. Entregando todo su poder, Yoh saltó nuevamente para enfrentarles, golpeó a Zenki con total brutalidad, lo que provocó una quieta y gloriosa sonrisa por parte de su prometida. Sin embargo, nuevamente Yoh se desconcertó "Chō-Senjiryakketsu" repitió y a su mente llegó una voz conocida que nunca pudo olvidar. En ese segundo de duda, Kouki lo atacó por arriba con un golpe feroz, derribando al joven shaman haciéndolo caer otra vez.

Silencio. Al ver a Yoh en el suelo por segunda vez la itako comenzó a dudar ¿Qué sucedía con su prometido? ¿acaso dudaba de la misión que la famila Asakura les había impuesto? Observando el temible entrenamiento que estaba ante sus ojos, Fausto y Ryu se acercaron al joven para saber como se encontraba. El pelinegro se agachó para quedar a la altura del shaman, quien se encontraba arrodillado con algo en sus manos. El collar, el intermediario que le dio vida a Matamune estaba en sus manos. El hilo que lo aferraba a su cuello estaba cortado. Sin expresión en su rostro y perdido en sus pensamientos, Yoh escuchó a lo lejos una voz conocida que lo hizo recapacitar enseguida.

- Anna-chan, Yoh, debemos conversar- en lo alto de una de las montañas que los rodeaban se encontraba un hombre con largo cabello y su característica máscara pájaro de madera... Mikihisa saltó del lugar con habilidad y se acercó a paso lento hacia su segundo hijo. Al sentir su presencia, Yoh lo observó impactado ¿qué es lo que hacía su padre en ese lugar?

- Señor Mikihisa…- se escuchó a lo lejos la voz de la itako, observando luego a su prometido. El ambiente le molestaba y presentía que lo que se vendría sería otra gran prueba para el castaño.

En una de las habitaciones de la posada en la aldea Apache se encontraban Mikihisa junto a Yoh y Anna, lo que escucharían ambos era uno de los más grandes secretos de la familia Asakura y que por ningún motivo, en razón a la misión otorgada y que ha aprisionado a toda una dinastía podía ser revelada. El hombre bebía su té con lentitud ¿quizás buscando paz o una forma de como decirles a ambos muchachos lo que debía comentarles?

-Disculpe, pero llevamos más de 20 minutos viéndonos las caras ¿cuándo escucharemos lo que nos tiene que decir y que era tan importante como para interrumpir nuestro entrenamiento? - Se quejó la muchacha por la lentitud de su suegro.

- ¡Anna! - gritó Yoh sorprendido por la actitud de su prometida.

- Ella tiene razón Yoh…disculpen por mi demora, pero, lo que van a escuchar es mucho más difícil de decir de lo que creen- comentó Mikihisa fijando su mirada en el menor de los Asakura.

- Otosan…- replicó Yoh al notar la inquietante mirada de su padre.

- Lo que sabrán hoy, es una historia que no me gustaría contar y es la razón del por qué uso esta máscara, como símbolo de vergüenza a pesar de las heridas de quemaduras que ya están curadas en su totalidad- El Shugenja retiró lentamente de su rostro la máscara que lo cubría dejando ver las marcas que tenía en su piel- el causante de esto fue Hao Asakura, tu hermano mayor, Yoh.

- ¿Mi her…hermano mayor? - respondió dubitativo el joven shaman. Por otra parte, la joven itako solo se dedicó a observar el comportamiento de su prometido, la noticia le impactaba de igual manera ¿Cómo Yohmei no se atrevió a contarle de esto con anterioridad al entregarle la Chō-Senjiryakketsu? Sin duda estaba molesta, que le escondieran secretos era lo que más le enfurecía.

- Así es…Cuando tu madre estaba a días de dar a luz, tus abuelos nos comentaron que Hao, el gran Onmouji, renacería una vez más, pero esta vez…en el vientre de keiko – Mikihisa apartó la mirada para tomar valor ante los terribles acontecimientos que procedería a contar a ambos jóvenes- Para poder evitar su resurrección a toda costa, Yohmei y yo tomamos la decisión de quitarle la vida a Hao al momento de nacer…sin embargo…al dividir su alma en dos, no sabíamos en cuál de los dos gemelos iba a…

- ¿Es necesario saber esto? No necesitamos conocer más detalles de esta historia, solo causarán mayores problemas que soluciones. Además, no deseo que Yoh…- planteó la itako, sin embargo, no pudo continuar al escuchar como la voz del shaman le interrumpía.

- Déjalo Anna…es importante escucharlo- comentó calmadamente el muchacho mientras se aferraba del collar que tenía guardado en uno de sus bolsillos. La joven calló inmediatamente. No quería que Yoh continuara dudando, no quería verlo sufrir. Para ella no era necesario manejar el reishi para poder leer con claridad el corazón de su prometido.

- No crean que no dudamos y fue por esa duda que el temible Hao pudo escapar, ni Yohmei ni yo pudimos asesinarlo. Si bien en ese momento estábamos decididos en enfrentarlo, nunca creíamos que apenas siendo un bebé renaciera junto al espíritu del fuego…de todas formas era mi hijo. Disculpen por dudar, si hubiera tenido la fortaleza mental nada de esto estaría ocurriendo…- dijo con pesar Mikihisa.

- Vaya…con razón me sentía extraño ante su presencia– dijo Yoh con una sonrisa relajada en su rostro- ya algo me decía que se parecía mucho a mí.

-¡Yoh! ¡No puedo creer que sigas siendo tan despreocupado incluso en estos momentos! – reprendió Anna.

- Se que esto debe ser difícil de asimilar, más cuando la tarea primordial como familia Asakura es detener a Hao, como sea. Por nuestra poca fortaleza es que ahora toda la humanidad se encuentra en peligro. No podemos permitir que…

- Y el plan es... ¿asesinarlo? – continúo el joven shaman mirando fijamente a los ojos de su padre.

- Es lo que debemos hacer, sabes que su nivel de maná está lejos de poder enfrentarlo Yoh…ni tú ni yo tenemos las condiciones para hacer frente a tal poder, sin embargo…debemos continuar con lo que no acabamos.

- Me rehuso- puntualizó el joven shaman- Tu sabes mejor que nadie que no sacamos nada con acabar con su existencia, ya que el posee la habilidad de manejar su propia alma y a voluntad reencarnar las veces que desee. Además…- la voz del shaman se quebró, poco a poco comenzaba asimilar la difícil tarea que su propia familia le estaba encomendando ¿asesinar a su propio hermano, con quien nunca pudo compartir una conversación o conocer su verdadero corazón? No era posible, iba en contra de todas sus creencias.

- Es tu deber como heredero del clan Yoh, no hay otra manera- puntualizó Mikihisa mientras tapaba su rostro una vez más.

- ¡Ja! - pronunció molesta Anna- Es fácil querer ocultarse tras una máscara por vergüenza y dejar en las manos de su hijo una tarea que como adultos no pudieron enfrentar. Yoh no se merece esto señor Mikihisa y si el no desea hacerlo, contará con todo mi apoyo.

- No lo entiendes… ¡dudamos porque ese bebé podría haber sido Yoh o Hao! Por eso, en ese segundo no fuimos capaces de quitarle la vida. Una mala decisión podría haber arriesgado la vida de Yoh.

- Pero, de todas maneras, la idea de arrebatarle la vida a su propio hijo se le pasó por su mente, me dan asco- enfatizó la itako al levantarse del tatami.

- Deténganse, no es momento de discutir decisiones pasadas…agradezco a ambos su sinceridad, pero, encontraré una manera de salvar a Hao- mencionó Yoh calmadamente.

- ¿sal…salvarlo? ¡Qué demonios dices niño! Es el gran onmouji Hao Asakura, ni los grandes espíritus son capaces de controlarlo- Mikihisa desbordaba de enojo ante las palabras seguras de su hijo.

- Existirá una manera…ya lo verás.


Disfrutando de la soledad en el onsen a media noche, Yoh mantenía su mirada perdida. Tras salir de la reunión con su padre pidió a Amidamaru que lo dejara solo por unos momentos, su mente inquieta y llena de dudas le aclamaban permanecer en calma, no quería perjudicar a nadie menos a sus compañeros. La idea que Hao fuera su hermano le perturbaba más al creer que "él" no era más que la mitad del alma de quien debía derrotar por decisiones familiares, compromisos que en el fondo de su corazón no quería llevar a cabo. Toda su existencia era gracias a Hao ¿o no era así? ¿era por ello que él también guardaba rencor a los humanos en lo más puro de su esencia? No quería seguir pensando en ello. Fugazmente hundió su cabeza bajo el agua como si ello pudiera alejarlo de lo que vendría en el futuro.

Hao Asakura, el gran onmouji…finalmente todos los hilos se comenzaban a unir. Él fue la razón del arrepentimiento de Matamune hasta el día de su muerte y el conocimiento que le había otorgado a tan temprana edad sobre el Chō-Senjiryakketsu, él era la razón del poder que tenía su familia y finalmente, él era quien le había dado la vida. Su vida le pertenecía.

- Veo que acá estabas- una voz a lo lejos lo sacó de sus pesados pensamientos- me preocupé al notar que no llegabas a dormir.

- ¡Anna! ¡Qué haces acá! Si alguien te ve…- respondió vergonzoso tratando de tapar sus partes íntimas ante la llegada de su prometida.

- Como si eso fuera lo importante ahora- mencionó la itako acercándose a su prometido mientras le entregada en sus manos el collar que alguna vez le perteneció a Matamune- lo arreglé, tómalo.

- Mu…muchas gracias- pronunció nostálgico el muchacho.

- ¿Les contarás…a los demás? - preguntó la itako mientras se sentaba en el borde del onsen posando sus pies en el agua tibia. Yoh sonrío ante la pregunta y la angustia lo invadió. No quería inmiscuir a ninguno de sus amigos en esto, si debía alguien asumir la existencia de Hao era él y nadie más podía resolvería este problema.

- No lo sé…por el momento, creo que no- respondió cabizbajo el castaño.

- ¿Ni si quiera a Manta? – respondió dudosa la itako.

- Quiero protegerlos, no deseo que sus decisiones se vean mermadas por todo este alboroto. Es más, ni siquiera yo se que debo hacer ahora…- ante sus palabras el shaman sostuvo en sus manos el último regalo de ese gato callejero que acompañó a su familia por mil años.

- Cual sea tu decisión, para mí será la correcta Yoh -pronunció Anna fijando su mirada en las estrellas- solo quiero que tengas la seguridad que tu existencia no fue definida por ese imbécil de Hao- Anna tomó el collar y ayudó a Yoh amarrarlo a su cuello.

- ¿imbécil? - respondió el muchacho dudoso- ¿es que acaso lo conociste?

- Un pequeño percance que es mejor olvidar, si el es tu hermano gemelo, no hay duda que se llevó la peor parte- sonrío la Itako.

- Ya veo…por eso estabas tan molesta cuando nos encontramos en la Aldea Apache hace unos días- sonrío Yoh.

- Ni lo menciones, es todo un personaje…

- Así es- puntualizó el joven. Tras ello levantó la mirada y vio a su prometida, calmada sentada al costado suyo. Pudo observar sus ojos miel con detenimiento, sonrojándose ante su presencia.

- ¿Tú crees que Matamune sabía que yo era el hermano de Hao cuando nos conocimos?

- No lo se Yoh…- respondió a secas la rubia.

- ¿crees que al final de todo esto…podré volver a encontrarme con él?...

- Tú sabes mejor que nadie que no podemos saber qué ocurrirá, menos con todo lo que nos acabamos de enterar. Pero, tal vez, quién sabe…- puntualizó la itako mientras cerraba sus ojos y se levantaba del lugar- Y bueno, ¿te irás a la cama o no? Mañana debemos continuar con el entrenamiento.

- Cla...claro, pero podrías…bueno, ¿salir primero? - mencionó el castaño al notar que solo una pequeña toalla lo acompañaba. La mirada fulminante de la itako lo analizó y en su rostro una sonrisa lasciva se posó en sus labios.

- Como si no nos conociéramos desnudos, me impresionas Yoh- comentó sin vergüenza.

- ¡Anna! – gritó el shaman sonrojado.

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Muuuuchas gracias por leer estas ocurrencias mías, tratando de encajarlas dentro del contexto del manga y la historia en sí que nunca fueron narrada. Agradezco mucho sus reviews y visitas ¡Nos vemos en otro fic!