Disclaimer: Sonic the Hedgehog no me pertenece. Únicamente es de mi propiedad la historia en la que sus personajes se desenvuelven aquí.
Un día más en el día del amor.
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Una composición multicolor de flores se quemaba frente al erizo negro, era un campo entero que llegaba hasta el horizonte, ahora envuelto en llamas. Sus ojos, inexpresivos, apuntaron hacia el cadáver del sentimiento y el amor, que yacía entre rosas calcinadas.
Shadow, el erizo, patinó a velocidades ultrasónicas sobre el campo de flores y, en instantes, un río y un bosque. No importa lo rápido que pudiera acelerar, las llamas condenaban la vida de la naturaleza alrededor de él.
"¡Maldición...!"
Levantó la mirada. Derecha e izquierda. Atrás y adelante. Arriba y abajo. Cruzó llanos y desiertos, montañas de miles de metros, atravesó edificios ignorando la muerte de sus habitantes. No paró por los pueblos desolados ni por las metrópolis sin forma o color. Todo era fuego por todas partes, llamas sea donde fuere su mirada.
Pero solo faltaba una cosa. Necesitaba comprobar algo más para saber de qué se trataba el apocalipsis que el planeta estaba viviendo. Así que corrió y corrió, y una gran multitud lo siguió. Fantasmas, cuerpos demacrados de los que no podía distinguirse su piel, gritaban al unísono que él era el culpable.
Shadow evadió los demonios que lo perseguían, pero sabía que no duraría tanto tiempo, por lo que se apresuró a llegar a su destino. Un acantilado.
Suspiró y su boca se resintió por el calor, sus ojos se irritaron porque no había viento, siquiera el que él producía al correr. Ahora estaba de pie observando sus sospechas hacerse realidad.
Las llamas propagaron el desastre por el mundo entero. La muerte y la desesperación condenaron todo indicio de vida común y corriente en los cuatro puntos cardinales. El agua es el mayor aliado de la vida, sin ella nada tiene sentido. Es por eso que Shadow no volvió a moverse.
Sin un propósito y sin la posibilidad de salvar a la humanidad, el erizo no tenía nada qué hacer. Escuchó los gritos y lamentos de la multitud acercarse, y con ellos también sintió la proximidad del ser diseñado para matar a la forma de vida definitiva.
"Tsk..."
Parpadeó. Las llamas desaparecieron, el desastre y el réquiem de una civilización ya no estaba. El colorido campo de flores que se extendía hasta el infinito, seguía allí. Y, a su lado, estaba la eriza rosa sentada abrazando sus rodillas mientras contemplaba unos tulipanes.
"¡Gracias, gracias por traerme a este sitio! No sabía que algo así podría existir~"
Shadow la miró de reojo, y luego volvió a mirar el cielo azul.
"Amy"
"¿Shadow?"
"¿No te preocupa estar cerca de una máquina?"
Amy se giró, aún sentada, y lo miró. Su expresión rozaba la incredulidad, pero algo así no podía ser, ella nunca negaría los más sinceros sentimientos de una persona.
No pasó mucho tiempo hasta que sonrió.
"¡No eres una máquina! Eres como yo. Y no me preocupa que seas como yo"
Shadow no se había movido, pero sí escuchó atentamente y Amy lo sabía, así que la eriza procedió a levantarse y caminar unos cuantos metros para acercarse a otro grupo floral.
Cuando Rose le daba la espalda, él, con cuidado, se giraba a medias y la observaba. Aquella no fue la excepción. Shadow la observó, y, dentro de su estómago, sintió mariposas que, aunque manchadas con el más grande vacío existencial, dotaban al erizo de amor por su entorno y por el mundo.
"S-shadow... ¡Deja de mirarme!"
Ella río apenada, pero divertida. Y Shadow la siguió mirando perdidamente. Amy se alejó dando pequeños saltos y fue a observar un árbol.
Cada momento entendiendo a los humanos, era información que enriquecía el propósito de Shadow the Hedgehog. Y cada momento entendiendo a Amy Rose, era como abrir una ventana al pasado.
En su conjunto, era un día más en el día del amor.
